viernes, 29 de agosto de 2014

Ciudades más equitativas

Uno de los problemas que no ha conseguido resolver el actual sistema es el de las desigualdades sociales. Por desgracia, ni tan siquiera está en vías de solución. Todo lo contrario, parece como si el mero hecho de plantearlo fuera “poco moderno”. Y es que esa poderosa minoría de los más favorecidos económicamente cuenta, a día de hoy, con herramientas formidables que les ayudan a "modelar" la opinión pública y conseguir, no sólo que todo siga como está, sino que sean cada vez mayores las desigualdades sin que la gran mayoría se levante en contra. Incluso han conseguido que lleguemos a creer que el derecho fundamental no es el de la igualdad, sino en de que todos "tengamos la posibilidad" de ser iguales. Y aquí entramos en el cielo de la esperanza en un futuro mejor, de la sana competencia o de la valía personal. Todo esto estaría muy bien si, realmente, al nacer todos fuéramos iguales, si la competencia de verdad fuera sana y si las posibilidades de desarrollo fueran las mismas para todos. La ciudad desigual se puede entender como un síntoma, pero también como parte de esta patología.

Ciudad rica, ciudad pobre  adeevee

Como este no es un blog sobre política (o quizás sí) me gustaría tratar esta cuestión centrándola en las ciudades. Porque la ciudad debería ser, como mínimo, el marco neutro en el que las posibilidades de desarrollo de los ciudadanos fueran idénticas para todos. E, idealmente, que ayudara positivamente a eliminar la discriminación. De hecho, es un tema que hace muchos años que me preocupa. Incluso con publicaciones concretas. Por ejemplo, en el Informe de Valladolid 2002 sobre los derechos humanos y la ciudad, publiqué un artículo titulado “Planificación, competitividad y solidaridad” donde me refería, básicamente, a la insolidaridad que se desprendía de las metodologías adoptadas por los llamados Planes Estratégicos y describía, sobre todo, las consecuencias para la viabilidad del planeta. El caso es que me acordé de aquel antiguo artículo cuando, hace unos días, leí un informe de UN-Habitat publicado este año y titulado Construcción de ciudades más equitativas, políticas públicas para la inclusión en América Latina. Aunque el trabajo está realizado para un área geográfica concreta algunas de sus conclusiones pueden servir para cualquier otro lugar del mundo.

Construcción de ciudades más equitativas  informe

El informe tiene interés y aconsejo su lectura (incluso está en español). Al final del artículo podéis encontrar el enlace para conseguirlo de forma gratuita. Algunos autores tienen fuertes reticencias ante cualquier tipo de informe “oficial” porque la publicación final siempre es el fruto de múltiples presiones explícitas o implícitas, cuyo resultado suele ser un producto de consenso cuya finalidad es la de disgustar lo menos posible a la mayor cantidad de gente. Desde mi punto de vista ahí radica, precisamente, su interés. Tendría que dedicar más de un artículo a explicar esta posición que no suele coincidir con la opinión mayoritaria, pero pienso que ahora no merece la pena. Me parece que se intuye bastante bien cuáles son los argumentos que la avalan. En cualquier caso aconsejo que, de vez en cuando, se repasen las publicaciones de UN-Habitat. Entre las últimas destacaría: Planning for Climate Change: Guide (hay también otra publicación sobre herramientas); Women in Post-Conflict Settlement Planning; o también las Gender Issue Guide en Economía Urbana e Investigación Urbana y Desarrollo.

Desigualdad y discriminación  adeevee

Según el diccionario de la RAE la palabra equidad tiene que ver con el sentido del deber, con la conciencia, la igualdad de ánimo y, en su acepción tercera: “Justicia natural, por oposición a la letra de la ley positiva”. La igualdad aparece relacionada con la equivalencia, correspondencia o proporción. Y la igualdad ante la ley: “Principio que reconoce a todos los ciudadanos capacidad para los mismos derechos”. En un recuadro que aparece en el informe se intenta también diferenciar estos dos conceptos pero, al final, tampoco se consigue de todo. Quizás lo principal sea distinguir entre procesos y resultados. Esto lo explica Urban Jonsson, por ejemplo en temas de género, mediante la llamada discriminación positiva: “…significaría, entonces, el uso de un proceso equitativo, moralmente defendible, pero desigual, que permite lograr la igualdad en los resultados”. Aunque se trata de una polémica ya con un cierto recorrido, para simplificar vamos a entender que todas las personas son iguales ante la ley pero para que esta igualdad pueda cumplirse es necesario admitir las diferencias. Lo que significa poner a los distintos en condiciones de conseguirla: y esto podría entenderse como equidad.

¿Igualdad y equidad?   adeevee

Por ejemplo, en el caso de los salarios, dos trabajadores tendrían que hacer el mismo trabajo en las mismas condiciones, con los mismos presupuestos de partida y obtener los idénticos resultados. En este caso los salarios deberían ser iguales. Pero si hacen trabajos diferentes, o en diferentes circunstancias, o los resultados son diferentes, los salarios deberían ser equitativos. Es decir, que tanto equidad como igualdad son, sencillamente, utopías imposibles de conseguir ya que sólo excepcionalmente se producen situaciones de igualdad o para el caso de la equidad, formas “metodológicamente” sanas de establecer comparaciones. Esto no quiere decir que no deban de ser metas a alcanzar (probablemente “la meta” a alcanzar como base del consenso social, según la exposición que hice en el artículo sobre Park). La traducción para el caso de las ciudades, sería que todos los ciudadanos se encontraran en parecidas condiciones para poder conseguir su desarrollo personal y social, y pudieran desplegar plenamente sus capacidades, independientemente de su condición económica o física, edad, sexo, religión o etnia.

¿Oportunidades para todos?  marcelosereno

La primera pregunta sería ¿el hecho de vivir en una u otra ciudad cambia las posibilidades vitales de los ciudadanos? Y la segunda: ¿aunque se viva en la misma ciudad estas posibilidades son las mismas en los diferentes barrios con independencia de la condición económica, étnica, social o de cualquier otro tipo que pueda producir discriminación? Para contestar a estas preguntas no hay necesidad de hacer ningún informe: es obvio que sí. Sin embargo, los investigadores estamos acostumbrados a no fiarnos de lo obvio y centrarnos en lo demostrado. Esto es lo que hace el informe. Nos ofrece números de lo que está pasando en América Latina tomando como base los ingresos y parcialmente el consumo. Utiliza el índice de Gini que es un valor de la dispersión de los datos en torno a lugares centrales. En planificación urbana y territorial se utiliza bastante con datos georreferenciados. Lo que importa ahora saber, para lo que sigue, es que valores altos significan más desigualdad: valor 0, igualdad perfecta; valor 1, desigualdad total. No es un índice sin problemas, claro (no lo es ningún índice), pero puede servirnos para establecer unos ciertos criterios de comparación.

Desigualdad de ingresos por regiones  informe
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Atendiendo a los valores que figuran en el anexo, podemos leer lo siguiente: “De acuerdo con la base de datos estandarizada sobre desigualdad de ingresos en el mundo, que agrega valores a nivel nacional, América Latina y el Caribe aparece como la región con mayores desigualdades (0.483) seguida de cerca por el África Subsahariana (0.442). Los países de ingresos altos que agrupan varias subregiones emergen como los países más igualitarios (0.309), seguidos por Europa del Este y Asia Central (0.354). Asia se encuentra en medio de estos dos extremos (0.404) cruzada por la línea que ONU Hábitat describe como Alerta Internacional”. Aunque estos valores, que corresponden a 2008, cambian según los sistemas de medición, pueden servir desde el punto de vista comparativo para introducir el tema y obtener una visión panorámica de la situación. En el gráfico de arriba pueden verse los valores del índice de Gini relacionados con el PIB correspondientes para año 2010 según la Base de datos de UN-Habitat. Otros países y regiones, Banco Mundial, WDI, 2013.

Desigualdad de ingresos por países y ciudades  informe
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Pero si ahora nos vamos a ciudades concretas en cada una de estas regiones veremos que las diferencias son muy importantes. Así, y centrándonos directamente en las capitales de la zona estudiada, nos encontramos casos como el de Caracas con un índice de Gini de 0,38 (datos de 2010) frente a Brasilia con un 0,67 (datos de 2009). Lo relevante son las grandes desigualdades que se producen entre ciudades, incluso dentro de un mismo país: “Algo similar ocurre en Centroamérica: grandes diferencias entre el Gini nacional urbano y las ciudades del país se observan también en Nicaragua, donde más del 71 por ciento de sus ciudades (11) tiene valores por abajo del promedio nacional. Por el contrario, 4 de las 10 ciudades brasileñas tienen índices superiores al promedio nacional urbano en el rango de ‘Extrema Desigualdad’ (grupo 6). Estos casos demuestran que con frecuencia, la práctica de presentar valores nacionales agregados ha escondido más de lo que ha revelado, pues impide apreciar la heterogeneidad local y dificulta el diseño de políticas públicas de lucha contra la desigualdad que tomen en cuenta esas diferencias”. Estas cifras se ilustran en el gráfico de arriba.

Las múltiples formas de la desigualdad  informe
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Por tanto, ya vamos teniendo claro que las políticas de lucha contra la desigualdad deberían de abordarse de forma prioritaria desde lo local, ya que no parece lógico aplicar el mismo sistema en Chile a Santiago o a Temuco con un índice de Gini de 0,558, que a Antofagasta con un 0,376. Todavía más: dentro de cada ciudad los espacios de desigualdad llegan a presentar diferencias más importantes que entre ciudades. Dice el informe: “Para profundizar en el análisis, es oportuno recalcar que no solo el ingreso resulta desigual. La riqueza que se distribuye en la ciudad en la forma de servicios básicos, bienes y servicios públicos, infraestructura, es también muy desigual. Es así como la desigualdad económica se convierte en una desigualdad geográfica. El espacio –físico, social, político– de las ciudades latinoamericanas se presenta intrínsecamente desigual, de tal forma que en la mayoría de los casos, se puede hablar de dos o más ciudades al interior de una misma ciudad. Una frase puede resumir parte de los hallazgos de esta investigación: las ciudades son un espacio dividido”.

Segregación espacial, segregación social  opinionmalaga

Bien, ya vamos teniendo algunas cosas claras. La más importante (según he señalado en el párrafo anterior) es que, como en tantas cosas, la lucha contra la desigualdad se debería desarrollar desde el ámbito local dada la diversidad y especificidad de las situaciones que se presentan. Pero también habría que decir algo sobre qué se puede hacer para que las cosas mejoren. Cuáles son los elementos urbanos críticos que se ha constatado pueden ayudar a conseguir ciudades más equitativas aumentando las posibilidades vitales de desarrollo de todos los ciudadanos, y eso es lo que trataré de plantear a continuación. Sin embargo, aunque hasta el momento nos hemos centrado en las desigualdades económicas hay que dejar claro que hay muchas otras que no se refieren a los niveles de renta traducidos en ingresos y consumo. Hay desigualdades de raza, género, edad, etnia o religión, además de las económicas. En varios artículos anteriores ya escribí sobre la necesidad de conseguir ciudades inclusivas que no discriminen por estos motivos. Pero el artículo de hoy, como se basa en el informe al que he aludido al comienzo, trata sobre todo de desigualdades económicas.

¿Ciudades sólo para varones caucásicos, sanos, de 30 años, con dinero?  granadaymedia

Parece que no hay duda de la íntima relación existente entre ingresos y consumo en las áreas urbanas. Una disminución en los ingresos afecta de forma determinante al consumo. Al disminuir el consumo esta disminución repercute, a su vez, en las posibilidades de ingreso al aumentar el desempleo, etc. Una pescadilla que se muerde de cola y de la que, además, tenemos un claro ejemplo actual en el caso europeo aunque en un ámbito diferente. Se podrá discutir (y esto es política dura) sobre la forma de romper este círculo vicioso. Y aquí sí que hay opciones para todos los gustos. Sin embargo, lo que no se puede discutir es la necesidad de que existan unos niveles mínimos para que funcione. Y no sólo para que funcione desde el punto de vista del crecimiento económico, sino desde una perspectiva de que exista equidad. Es decir, de las posibilidades en las que se basa todo el sistema occidental actual de que “cualquiera pueda llegar a ser presidente de gobierno” (o de lo que sea). Sin la existencia de esas condiciones mínimas todo el andamiaje democrático no deja de ser más que una tramoya teatral. Como diría La Lupe: “teatro, puro teatro”.

Asentamiento Tiro al Blanco, Antofagasta, Chile  bid

Respecto al cómo se traducen en las ciudades estas desigualdades dice el informe: “En el análisis de ese nexo ingreso-consumo, resulta interesante acotar que las estructuras urbanas tales como los precios de los bienes inmuebles, la calidad y precio del transporte, o la amplitud, calidad y costo de los servicios educativos públicos dictan pautas distintas para el uso que la población le da al ingreso. De esta manera, las desigualdades del ingreso y el consumo se intersectan con otras formas de desigualdad, ya sea en las esferas sociales, legales, culturales y ambientales. Dicha conjunción de desigualdades refuerza a su vez las privaciones que enfrentan grupos e individuos específicos. Y estas diferencias se expresan casi siempre en las ciudades, creando espacios y barrios fragmentados. Las zonas de abundancia coexisten entonces con zonas de carencias y áreas de oportunidades cohabitan con áreas de desventajas concentradas. Las ciudades pueden convertirse en espacios abiertos o cerrados dependiendo de la capacidad de sus habitantes para acceder, ocupar y utilizar el espacio urbano. También pueden ser espacios abiertos o cerrados de acuerdo con la capacidad de sus moradores para acceder a las decisiones públicas y a diversos tipos de interacción e intercambio”.

¿Quiere vivir distinto?: Alquile una favela en Río  diariomas

A pesar de ser un poco largo me ha parecido interesante reproducir el párrafo entero, porque describe muy bien la forma en la que las cuestiones económicas se reflejan en disposiciones espaciales concretas con el resultado de una falta de equidad en el proceso y una importante discriminación, poniendo en duda las bases de la pretendida meritocracia que sostiene la situación actual. La ciudad es uno de los ámbitos donde se reflejan las incongruencias del sistema y sus fallos. La pregunta, no por antigua (ya la plantearon los marxistas) es menos relevante: ¿la disposición y organización urbana es una consecuencia del sistema o, por si misma, tiene capacidad de producir discriminación? En esta materia entramos, de momento, en territorios especulativos. Sin embargo, desde el punto de vista práctico, no me parece tan importante. Sea un síntoma del Mal, o el Mal mismo, habría que poner remedio. A veces la mejora de los síntomas ayuda a vencer la enfermedad. Es decir, deberíamos planificar ciudades inclusivas que facilitaran o, por lo menos, hicieran posible la promoción personal independientemente de consideraciones económicas, de sexo, edad, religión o étnicas.

Por unas ciudades más inclusivas  bestebi

Según el informe, los aspectos básicos que deberíamos considerar al diseñar y planificar estas ciudades más equitativas serían: vivienda, infraestructuras y servicios y transporte. Respecto a la vivienda, de las ciudades analizadas en el informe (no olvidemos que se refiere exclusivamente a América Latina y Caribe) resulta que las más pobres destinaban un 21% de sus gastos a la vivienda, mientras que las más ricas un 28%. Una diferencia tan pequeña que evidencia una desigualdad muy importante en el gasto. Además del porcentaje de renta, otros elementos importantes que “ayudan” a la desigualdad son: la situación espacial, los materiales y el saneamiento. Los hogares más pobres están construidos en un 27% con materiales precarios y sólo el 55% están conectados a la red de saneamiento, mientras que en los más ricos los materiales precarios sólo constituyen el 4% del total y están conectados a la red de saneamiento en un 90% de los casos. Todas estas diferencias son barreras casi infranqueables en muchos casos para que se pueda hablar de posibilidades reales de mejora y promoción personal.

Vivienda y equidad  informe
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Respecto al tema del transporte no parece existir ningún tipo de duda. Según otro informe de UN-Habitat publicado el año pasado Planificación y diseño para una movilidad urbana sostenible, parece que la movilidad restringida es un elemento cardinal de la exclusión social y un factor determinante de la desigualdad y la pobreza: “De esta manera, unos habitantes pueden acceder a ciertos lugares y bienes y servicios, mientras que otros no, disparidad que establece así una clara relación entre transporte y exclusión. Los expertos en el tema aseveran que la desigualdad no se genera solamente por la falta de oportunidades sociales, sino por la falta de acceso a dichas oportunidades. El transporte público es, pues, un factor que puede coadyuvar a la equidad social”. Resulta además, que la situación de la vivienda precaria lo normal es que sea periférica y, por tanto, muy dependiente del transporte para poder acceder a centros educativos, hospitales, bibliotecas o museos. Servicios y equipamientos de los que estas áreas no suelen estar muy bien dotadas. Además la evolución no es demasiado positiva. De 1995 a 2010 los más pobres aumentaron el gasto en transporte del 6% al 9%, mientras que los más ricos lo disminuyeron del 20% al 13%.

Bogotá, Transmilenio BRT  felipepardo

La base de partida es bastante clara: “De cualquier forma, cuando las familias pobres reciben bienes y servicios públicos, tienen un margen de gasto mayor que el que tendrían sin la intervención del Estado”. Y es precisamente este margen mayor el que permite gastar en otros conceptos distintos e, incluso, considerar el ahorro o la inversión. Parece claro que la reducción de la desigualdad pasa por una intervención decidida de los poderes públicos mediante políticas conscientes y coordinadas entre las instituciones locales y estatales. Esta cuestión de la gobernanza, tantas veces tratada en el blog, es determinante: “Una ciudad que tenga un compromiso político con las reglas claras, con un plan establecido, con una estructura eficiente y basada en resultados, y que tome decisiones con base en criterios técnicos y transparentes ofrecerá a sus ciudadanos oportunidades reales de prosperar. En contraste, un gobierno local que opere desde el clientelismo, la dejadez de funciones de planificación, el cortoplacismo y las decisiones partidistas estará perpetuando las condiciones de desigualdad y, por ende, poniendo en riesgo la prosperidad de su ciudad a largo plazo”. Más claro no se puede decir.

La enseñanza es un elemento crítico para reducir la desigualdad  purochile

Pero el informe también aborda otros temas más técnicos. Por ejemplo, lo que llaman la “conexión espacial” como sistema básico para corregir las desigualdades. El problema se deriva de varios factores, pero uno de los que se consideran críticos es la falta de planificación espacial. Y se ponen ejemplos concretos de la forma en la que esta falta de planificación conduce directamente a un modelo de crecimiento desordenado e informal con la consecuencia de niveles elevados de exclusión. Las políticas no intervencionistas han dado lugar a fuertes contrastes entre urbanización precaria y urbanizaciones cerradas en las que se refugian los más ricos. Así, en el año 2007 en Buenos Aires las urbanizaciones cerradas de la periferia metropolitana ocupaban 360 kilómetros cuadrados habitados por unas 250.000 personas. Mientras que en los límites administrativos de la ciudad de Buenos Aires, en la mitad de esta superficie, vivían alrededor de 3.000.000. El objetivo debería ser el de planificar el suelo y distribuir los servicios para reducir la distancia física y la necesidad de desplazamientos. Lo que hemos dicho tantas veces: cortas distancias con diversidad y complejidad de usos y clases sociales.

Barrio cerrado, Nordelta, Tigre, Argentina  elinmobiliario

Esta segregación espacial se manifiesta en muchos factores pero algunos son más cruciales que otros. En particular la distribución de servicios y equipamientos es clave. Si nos centramos, por ejemplo, en los de tipo educativo entenderemos claramente el problema. Como ya le he dedicado un artículo al geógrafo William Bunge y a los trabajos que hizo en Detroit para concienciar sobre el problema educativo de los ciudadanos negros respecto a los blancos, os remito a lo que publiqué en junio de 2012 y el significado de una desigual distribución de los centros educativos respecto a los fenómenos de exclusión social (y para el momento actual no me refiero sólo a la educación básica y media). Como el contexto analizado es el latinoamericano, aparecen en el informe otros elementos también críticos porque afectan en algunos casos incluso a la salud, tales como problemas con las infraestructuras de saneamiento, agua potable o electricidad. Sin mencionar las cuestiones relacionadas con las nuevas tecnologías tales como el acceso a Internet. Por supuesto que estas desigualdades espaciales afectan de forma muy desigual según las ciudades concretas. 

Siempre se puede encontrar sitio para una biblioteca  bibliobus

En el informe se describen de forma muy clara algunos ejemplos. He elegido dos: “La situación de Belo Horizonte, en Brasil, ayuda a ilustrar cómo se manifiesta este factor de desigualdad en la región. El desequilibrio de la localización de servicios entre el área central y el extrarradio tiene raíces históricas en esta metrópoli. Se trata de la primera ciudad planificada de Brasil a finales del siglo XIX, con el plan de Belo Horizonte, el cual se pensó para resolver preocupaciones higienistas, con amplias calles y avenidas. Pero como fue concebida como un centro político y administrativo, la ciudad no preveía áreas de actividad industrial y suelo para viviendas asequibles. Los propios trabajadores que la construyeron ocuparon irregularmente las áreas colindantes a la ciudad planificada, proyecto que sí contemplaba un sistema de transporte, de educación, de saneamiento y de salud, y edificios públicos para los funcionarios del Estado (…) Otro caso es el de Curitiba, donde los municipios colindantes cuentan con un menor nivel de servicios que el área administrativa de la ciudad, con deficiencias sobre todo en el acceso a la salud y a la educación. La provisión de servicios sería suficiente para la población que vive en el área municipal, donde también se concentra la oferta de empleo. Pero si se consideran los municipios colindantes, la prestación es escasa, y esto pudiera ser un factor que induce la desigualdad extrema que registra la ciudad”.

Curitiba, con BRT desde 1974  floriano

Pero a veces, sobre todo en las grandes áreas metropolitanas, esta distribución más o menos igualitaria es casi imposible. Surge entonces el imperativo de conseguir un transporte público eficaz y barato, que permita poner todos los servicios y equipamientos al alcance de los más desfavorecidos. Diferentes estudios han demostrado la importancia de esta cuestión en términos de reducción de las desigualdades en la ciudad. En el informe se describen los casos de Bogotá, Lima, Quito, Medellín y Curitiba, sobre todo con el caso de la introducción del sistema de buses rápidos (BRT, siglas en inglés). El caso de Curitiba es paradigmático y un ejemplo de que sólo un sistema de transporte bien diseñado no es suficiente. Se trata de un caso bien conocido ya que la ciudad fue pionera en la introducción del BRT (1974) con un éxito notable, lo que hizo que fuera muy imitada. Sin embargo, el no haber logrado que servicios y empleos se fueran distribuyendo a lo largo de los ejes en lugar de acumularse en el área central, unido a otros problemas como que el sistema no alcanzara a todas las zonas periféricas, ya en el año 2000 colapsó el sistema y obligó a la introducción de mejoras como la adquisición de material rodante de mayor capacidad, los MegaBRT, o la introducción de cambios en el sistema de paradas.

Para terminar, MegaBRT en forma de regalo biarticulado  felipepardo

De todo el análisis anterior podemos extraer bastantes conclusiones. Pero, para finalizar este artículo que, como siempre, se ha vuelto demasiado largo, me gustaría mencionar sólo dos. La primera sería que, para reducir las desigualdades no es suficiente sólo centrarse en un único aspecto del problema. Como pasa casi siempre ante cualquier intervención urbana es necesario actuar en varios frentes a la vez. En el informe se plantean cuatro grandes grupos de temas: conexión espacial, cohesión social, capacitación y coordinación institucional. Probablemente a los planificadores físicos nos afecten sobre todo los relacionados con el primer grupo. Pero sin una visión global y un plan para el resto de actividades, las actuaciones exclusivamente centradas en la resolución de las desconexiones espaciales es muy posible que nos lleven al fracaso. La segunda es que los criterios recomendables para conseguir ciudades más inclusivas (lo mismo que, por ejemplo, para la adaptación al cambio climático) no se diferencian demasiado de aquellos que ya hace bastantes años proponíamos como adecuados para mejorar la “sostenibilidad” de nuestras ciudades. En el fondo sólo se cambian los acentos, lo que no deja de ser una suerte y, probablemente, una prueba de que se trata del camino adecuado.


Notas:

Nota 1: El informe al que se refiere el artículo se titula: Construcción de ciudades más equitativas. Políticas públicas para la inclusión en América Latina y está publicado por UN-Habitat en marzo de este mismo año. Ha sido coordinado por José Carrera (CAF) y Eduardo López Moreno (ONU Hábitat) que, además, es el responsable de su autoría. Se puede obtener de forma gratuita (formato pdf) en este enlace. Es interesante revisar las publicaciones y otros materiales de UN-Habitat en esta dirección donde también es posible suscribirse a las novedades y obtener el catálogo en Excel y pdf.

Nota 2: La polémica que en el texto he denominado de “largo recorrido”, respecto a la relación entre igualdad y equidad, tiene varios orígenes. Probablemente el más importante provenga de las organizaciones feministas. Pero todavía hoy la discusión no es precisamente pacífica. Los interesados en el tema podéis buscar los escritos de Amelia Valcárcel que llega a decir de forma bastante contundente que “la igualdad es ética y la equidad política”. Aunque se pueda o no estar de acuerdo con esta afirmación, lo que sí parece claro es que la distinción entre ambos términos fundamenta, en cierta medida, la discriminación positiva que tanta importancia tiene para explicar algunos de los conceptos básicos sobre políticas de género. Probablemente la controversia más conocida se deriva de los trabajos preparatorios de la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer celebrada en Pekín en 1995 en la que las mujeres latinoamericanas pensaban que hablar de equidad en lugar de igualdad cambiaría la idea que llevaba a pensar que igualdad era equipararse a los hombres. En cualquier caso el tema va para mucho allá de una simple nota y un párrafo. Por otra parte, además de los problemas de discriminación por género la relación entre ambos conceptos se aborda también desde el ámbito educativo, el sanitario y también, por supuesto, el urbano.

Nota 3: El problema de la discriminación urbana se puede plantear desde muchas perspectivas diferentes, una de las cuales se refiere a las condiciones de partida que hacen necesarias políticas discriminatorias positivas. Lo que implica la detección de aquellas áreas que no cumplen los mínimos requeridos. Para el caso español, la lectura del informe comentado puede complementarse con las publicaciones siguientes:

domingo, 20 de julio de 2014

Espacios videovigilados

Las formas tradicionales de dotar de seguridad al espacio público eran la vigilancia natural y la que podríamos denominar vigilancia formal (policía, guardia civil). A la primera ya le hemos dedicado bastantes artículos y la segunda escapa a la temática que abordamos en los mismos. Sin embargo, las nuevas tecnologías han hecho aparecer una tercera forma de conseguir mayor seguridad: el uso de cámaras, incluso con posibilidad de grabación. La videovigilancia se va abriendo paso como un sistema bastante eficiente, con importantes capacidades de disuasión y con aparente aumento de la seguridad subjetiva. Pero plantea muchas incógnitas todavía sin resolver, la más importante de las cuales se refiere a la constricción de los derechos individuales y a la evidente intromisión en la intimidad de las personas. La relación entre el deseo social de sentirse seguro al caminar por una calle o disfrutar de un parque urbano, y la salvaguarda de estos derechos produce problemas todavía sin resolver.

Esos ojos que nos miran pero que no vemos  pratique

Una de mis alumnas, Mónica Parra, ha realizado un trabajo de investigación titulado Miedo al delito y privatización de la seguridad en espacios semipúblicos y semiprivados, para nuestro máster de Planeamiento Urbano y Territorial. El trabajo, magnífico por otra parte, consta de diversos apartados que pretenden responder al título mencionado. De las casi cien páginas de que consta he seleccionado aquellas relacionadas precisamente con el tema de la videovigilancia que, pienso, pueden ayudar un poco a los que quieran adentrarse en este campo (como siempre en la frontera de varias disciplinas) bastante complicado y del que existe poca bibliografía de referencia. Era inevitable tratar el caso concreto de España por lo que lectores de otros países pueden sentirlo como algo ajeno. Sin embargo, me parece que de la comparación entre lo que hacemos aquí y la experiencia de otros sitios podrán deducirse, para cada caso particular, algunas enseñanzas sobre cómo enfocar la cuestión.

Más cámaras para el Gòtic y El Raval (Barcelona)  lavanguardia

Además, el planteamiento de Mónica tiene interés para el urbanismo ya que para el análisis, diferencia entre espacios públicos, semipúblicos, semiprivados y privados. La esencia de la ciudad se encuentra, por supuesto, en el espacio público. Sin embargo, a lo largo de la historia y, sobre todo, en el momento actual han ido surgiendo determinados espacios con un estatus menos claro. Centros comerciales, pasajes, aeropuertos, parques cerrados, oficinas, centros religiosos, bares, museos. Unos de dominio público, otros de propiedad privada o pública. Con diferentes requisitos de acceso y enfocados a diversas actividades. Y con regulaciones distintas respecto a la videovigilancia. He reconvertido parte de su trabajo sacrificando matices para hacerlo más legible en ámbitos no académicos. La autoría es suya desde el título hasta la firma, el destrozo de su trabajo es mío. La responsabilidad de la elección de las imágenes con las que, como siempre, trato de introducir una cierta crítica constructiva, es también mía.


Vigilancia material, la videovigilancia
Autora: Mónica Parra

Comenzaremos con la definición del espacio público de Jordi Borja y Zaida Muxi, en Espacio Público, ciudad y ciudadanía (Electa, 2003): “El espacio público supone pues dominio público, uso social colectivo y multifuncionalidad. Se caracteriza físicamente por su accesibilidad, lo que le hace un factor de centralidad. La calidad del espacio público se podrá evaluar sobre todo por la intensidad y la calidad de las relaciones sociales que facilita, por su fuerza mixturante de grupos y comportamientos y por su capacidad de estimular la identificación simbólica, la expresión y la integración culturales. Por ello es conveniente que el espacio público tenga algunas calidades formales como la continuidad del diseño urbano y la facultad ordenadora del mismo, la generosidad de sus formas, de su imagen y de sus materiales y la adaptabilidad a usos diversos a través de los tiempos”.

Asamblea popular en Lavapiés (Madrid)  eldiario

La posibilidad de accesibilidad, la conectividad, el conflicto como consecuencia de la interrelación personal, son características que se repiten entre los diferentes autores, así como la imposibilidad o dificultad del control de la interacción social. La tendencia al abandono, degradación o privatización siempre aparece al mencionar la cuestión de la inseguridad. Por ejemplo, Bauman en La Modernidad Líquida (FCE, 2003): “Puede suponerse que la brecha en cuestión se ha abierto y ensanchado justamente a causa del vaciamiento del espacio público, en particular del ágora, ese espacio intermediario público/privado donde las políticas de vida se encuentran con la Política con mayúsculas, donde los problemas privados son traducidos al lenguaje de la cosa pública y donde se buscan, negocian y acuerdan soluciones públicas para los problemas privados”. Aunque la diferencia entre espacio semipúblico y semiprivado no es muy clara, ambos cumplen distintas funciones y su seguridad debería adecuarse a cada caso.

Niveles de privacidad de los espacios urbanos

Jan Gehl en La humanización del espacio urbano (Reverte, 2003) estableció una gradación de privacidad de los espacios comunitarios: “Con respecto a la introducción de los sistemas jerárquicos de espacios comunitarios -desde el cuarto de estar a la plaza del ayuntamiento de la ciudad- y la relación de estos espacios con los diferentes grupos sociales, es posible definir grados variables en los que los distintos espacios son públicos y privados. En el extremo de la escala se halla la vivienda particular con espacio exterior privado, con un jardín o terraza. Los espacios públicos de carácter residencial son -no cabe duda- accesibles al público, pero tienen un carácter semipúblico debido a la estrecha conexión con un número limitado de viviendas. Los espacios comunitarios de un barrio son algo más públicos, mientras que la plaza del ayuntamiento de la ciudad es un espacio totalmente público”. Parece plantear la privacidad más que en función de la accesibilidad en relación a la conexión con el número de viviendas. Se basa en la teoría de los espacios defendibles de Newman para señalar que la adecuada relación entre estos espacios mejoraría sentimiento de pertenencia y seguridad de los vecinos.

¿Espacio público?  vallecasdigital

Elsa González Galán, autora de la tesis Percepción y uso de espacios públicos madrileños, establece diferencias conceptuales entre estos espacios. Acerca de la propiedad del espacio público indica que esta sería, en todo caso, pública. Abundando en esta diferenciación, debe señalarse que, desde el punto de vista legal, espacio público sería aquel que es de dominio público. Distinta consideración merecen los bienes patrimoniales de la administración pública. Si bien estos con frecuencia pueden tener un uso público, también puede no ser así dado que la titularidad de los mismos es de la administración pública. A diferencia de los anteriores, pueden ser enajenados o gravados, y su acceso puede ser limitado. Esta diferencia resulta fundamental a la hora de estudiar la videovigilancia. La autora de la tesis citada propone la siguiente clasificación en la que compara las características de los espacios públicos, semipúblicos, semiprivados y privados:

Características de los diferentes tipos de espacios
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De acuerdo con esto, en tanto que los espacios semiprivados serán de titularidad privada, los semipúblicos podrán tener titularidad pública o privada. El elemento más diferenciador sería la accesibilidad. En el caso de los semipúblicos, podría estar sujeta al pago de alguna cantidad, aunque no necesariamente. Museos, centros comerciales, discotecas etc. serían ejemplos de espacios semipúblicos. Los semiprivados, por el contrario, son de acceso restringido, no sujeto a pago sino a pertenencia a determinados colectivos. La autora cita aquí aquellos lugares reservados para que clubs, centros religiosos o asociaciones desarrollen sus actividades. Cabe plantearse, por su especial relevancia para el urbanismo, cómo considerar los espacios comunes de urbanizaciones privadas y los inter-bloques. El acceso suele estar restringido a los propietarios de inmuebles incluidos en el conjunto y a visitantes, pudiendo llegar a encontrarnos en ambos casos con restricciones de tipo físico.

Espacio semipúblico, centro comercial  anjoca

Para urbanizaciones, la legislación autonómica es variada. Mientras que en algunas (como Aragón) se reconoce la existencia de urbanizaciones privadas, en otras como la valenciana incluso se prohíbe la constitución de Entidades de Conservación por tiempo indeterminado. En cualquier caso, la tendencia de la jurisprudencia es a considerar que los viales de las urbanizaciones deben cederse al Ayuntamiento. Si bien su recepción suele retrasarse tanto por los promotores como por los Ayuntamientos, los tribunales son cada vez más reacios a tolerarlo, existiendo abundante jurisprudencia. Por otra parte, podemos referirnos a estas urbanizaciones como las que contempla el artículo 17.3 de la Ley del Suelo, dentro de los cuales podrían existir zonas comunes privadas. En tales casos, cabría incluso una restricción de accesos. En principio se pueden entender los espacios comunes de las urbanizaciones como semipúblicos, cuando se hayan realizado las cesiones legales y los viales hayan sido recepcionados. De lo contrario, hablaríamos de espacios semiprivados.

El control de accesos determina el tipo de espacio  wikipedia

Finalmente, en cuanto a los espacios privados, las características parece que serían las contrarias a los públicos: propiedad privada, acceso restringido de forma que son los propietarios los que pueden decidir quién puede acceder, y posibilidad de interrelacionar con un número menor de personas, generalmente entre iguales. Por otra parte, la posibilidad de controlar esta interrelación sería mayor. En estos espacios, no pueden utilizarse de forma preventiva medios materiales ni humanos propios de la seguridad pública. Por ejemplo: las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad no tienen acceso a los mismos salvo que se esté produciendo o se haya producido un delito), pero sí la seguridad privada contratada por los propietarios.

La videovigilancia

En España existe una norma específica, la Ley Orgánica 4/1997, por la que se regula el uso de las videocámaras por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, y que tiene por objeto las grabaciones en espacios públicos y semipúblicos en determinados supuestos. Se desarrolla mediante el RD 596/1999, pero éste no es aplicable a las instalaciones fijas de videocámaras que realicen las Fuerzas Armadas y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad en sus inmuebles, si éstas se dedican exclusivamente a garantizar la seguridad y protección de los mismos. La LO 4/1997 establece que la utilización de videocámaras en espacios públicos “asegura la convivencia ciudadana, la erradicación de la violencia y la utilización pacífica de las vías y espacios públicos, así como de prevenir la comisión de delitos, faltas e infracciones relacionados con la seguridad pública”.

La vigilancia natural progresivamente sustituida por la electrónica  elpais

Debemos destacar el hecho de que se diferencian dos grupos de finalidades: las que tienen que ver con la criminalidad (delitos, faltas e infracciones relacionados con la seguridad pública) y por otra, cuestiones que podrían definirse como de orden público, referidas a cuestiones de convivencia y de las denominadas “incivilidades”, con un fin preventivo o disuasorio. Cuestión que excede del ámbito de este trabajo sería profundizar cuál es la finalidad que predomina en el caso español en cuanto a la utilización de videocámaras en espacios públicos. Parece excesiva una utilización extensiva de videovigilancia a fin de mantener un orden público, de acuerdo con los principios de proporcionalidad, intervención mínima e idoneidad que deben respetarse. Para el caso de los espacios semiprivados tales como las zonas comunes de Comunidades de Propietarios la regulación viene establecida en la Ley de Seguridad Privada.

Activistas contra las videocámaras  veillance

Tanto en un caso como en otro, el uso de videovigilancia está limitado por lo dispuesto en la Ley Orgánica de Protección de Datos, aunque en diferente medida. Así, en todos aquéllos supuestos en los que se lleve a cabo la grabación o captación de datos de personas identificadas o identificables, es aplicable la Ley 5/1999, de Protección de Datos de carácter personal, que actuará como límite de la grabación, incluso cuando se trate de videovigilancia basada en motivos de seguridad. En primer lugar, debe plantearse si existe legitimidad. La legitimidad requerirá como norma general del consentimiento del sujeto grabado. Ahora bien, tanto en el caso de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado como de la seguridad privada, existe una habilitación legal que permite realizar la grabación sin recabar dicho consentimiento de forma individualizada, bastando con que se informe mediante carteles de la existencia de estos dispositivos.

Carteles de información de zona videovigilada  movalen

Del análisis comparado de ambas normas resulta que las grabaciones que puedan realizar las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad están sujetas a un régimen restrictivo, y detallado en la normativa. Por el contrario, resulta llamativa la escasa regulación existente respecto de la videovigilancia en el caso de la seguridad privada, que es ampliamente utilizado en el caso español en espacios privados. La anterior Ley de Seguridad Privada dedicaba un solo artículo al tema, lo que provocó el desarrollo de su regulación mediante una instrucción del año 2006. La nueva Ley de Seguridad Privada como se verá ha introducido pocos cambios, a excepción de dejar abierta alguna posibilidad a la utilización de videocámaras privadas en lugares públicos, posibilidad antes prácticamente inexistente.

Videovigilancia en tiempo real a través del ordenador  dointech

El objeto en este caso es prevenir infracciones y evitar daños a las personas o bienes objeto de protección, así como impedir accesos no autorizados. Como se deduce de este enunciado que establece la propia norma, el objeto de la videovigilancia es preventivo, e incluso disuasorio. Existen diversos estudios que permiten comprobar la existencia de una clara relación entre uso de videocámaras y seguridad subjetiva, incluso se deduce claramente de las encuestas realizadas para el trabajo pero que no se analizan en este artículo. No obstante, la relación entre su uso y la disminución de delitos, no está tan clara, y parece que se circunscribe a los delitos de tipo patrimonial. Por otra parte, no se considera videovigilancia el uso de cámaras para comprobar el estado de instalaciones. A diferencia del caso anterior, esta actividad no está restringida a determinados colectivos, pudiendo prestarse por personal distinto al de seguridad privada. A pesar de los avances técnicos la nueva ley no los considera dejando sin tratar campos importantes ajenos a la grabación tradicional como puede ser el caso de las videocámaras IP que permiten conexión en tiempo real a través de cualquier ordenador.

Videovigilancia y espacios de la privacidad

En el caso de los espacios públicos, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad necesitan autorización para la utilización de cámaras fijas y móviles. Además, el uso de estas últimas se circunscribe a casos de un peligro concreto y riesgo razonable para la seguridad ciudadana. Esto tendría sentido ya que al tratarse de una medida restrictiva de derechos, la norma debía centrarse en garantizar la proporcionalidad de su uso. Pero resulta que las limitaciones para su utilización son mayores que las que se establecen en el caso de la Ley de Seguridad Privada ya que la redacción dada al artículo 42 de la Ley de Seguridad Privada abre la posibilidad de grabación de espacios públicos a la videovigilacia privada sin estas restricciones. Pero además de necesitar autorización, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad no pueden conservar las grabaciones más de un mes, tienen la obligación de informar a los usuarios de la existencia de las cámaras y en el caso de que se generen ficheros hay que inscribirlos en el registro correspondiente.

Cámaras en la calle de la Montera (Madrid)  publico

A todas estas cautelas se suma la de que su uso estará presidido por el principio de proporcionalidad, en su doble versión de idoneidad y de intervención mínima. Idoneidad en tanto que sólo podrá emplearse la videocámara cuando resulte adecuado, en una situación concreta, para el mantenimiento de la seguridad ciudadana. La intervención mínima exige la ponderación, en cada caso, entre la finalidad pretendida y la posible afectación por la utilización de la videocámara al derecho al honor, a la propia imagen y a la intimidad de las personas. Pero no terminan aquí las restricciones. Una limitación al respecto de este tipo de videovigilancia es que no se podrán utilizar videocámaras para tomar imágenes ni sonidos del interior de las viviendas, ni de sus vestíbulos, salvo consentimiento del titular o autorización judicial. Las imágenes y sonidos obtenidos accidentalmente en estos casos deberán ser destruidas inmediatamente, por quien tenga la responsabilidad de su custodia.

Cámaras en parques de Alicante ¿ilegales?  ttcs

Respecto a la seguridad privada, en términos generales se prohíbe captación de imágenes de espacios públicos, aunque con excepciones. Si bien la anterior ley de seguridad privada prohibía la grabación de espacios públicos, la nueva ley ha venido a introducir un curioso párrafo: “salvo en los supuestos y en los términos y condiciones previstos en su normativa específica, previa autorización administrativa por el órgano competente en cada caso”. Nuevamente estamos ante remisiones genéricas a otras normas, presentes o futuras, lo que genera cierta inseguridad. Nos encontramos una vez más ante un rasgo que difumina los límites entre espacios públicos y privados desde el punto de vista de la videovigilancia ya que se amplían los supuestos en los que puede realizarse en espacios públicos, habilitando a particulares para la captación. La Instrucción de 2006, sustituida por la Ley de Seguridad Privada, era bastante clara: “Las cámaras y videocámaras instaladas en espacios privados no podrán obtener imágenes de espacios públicos salvo que resulte imprescindible para la finalidad de vigilancia que se pretende, o resulte imposible evitarlo por razón de la ubicación e aquéllas”.

¿Cumplimiento de la ley o disuasión?  fotosdigitales

Debe destacarse que, según la Guía de Videovigilancia editada por la Agencia Española de Protección de Datos: “La utilización de instalaciones de viodeovigilancia en la vía pública se reserva a Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (...) En ningún caso se admitirá el uso de prácticas de vigilancia más allá del entorno objeto de la instalación y en particular en lo que se refiere a los espacios públicos circundantes, edificios contiguos y vehículos distintos de los que accedan al espacio vigilado”. En la Guía aparece un tipo de espacio denominado “público de uso privado” no muy bien definido, para el caso de establecimientos comerciales, restaurantes o lugares de ocio. Sin embargo no se extiende demasiado al respecto limitándose a señalar que deben ponderarse los derechos y garantizarse el cumplimiento estricto de la proporcionalidad, aunque según la legislación vigente puede utilizarse la videovigilancia privada. De hecho la Ley de Seguridad Ciudadana establece la obligación de determinados establecimientos, como bancos o joyerías, de utilizar medidas de seguridad adicionales debido a que existe un alto riesgo de delito derivado de la actividad privada realizada. En estos supuestos, deberán estar conectadas las videocámaras a centrales de alarma, debiendo prestarse el servicio por empresas de seguridad debidamente autorizadas.

Videovigilancia en lugares especialmente sensibles  camarascctvcali

En el caso de los espacios semiprivados la videovigilancia debe prestarse por parte de empresas de seguridad. En este caso, estaríamos hablando de supuestos típicos tales como zonas comunes en edificios de multivivienda (vestíbulos, zonas de juegos, jardines etc). Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad tampoco pueden llevar a cabo grabaciones en este tipo de espacios. Tal y como se ha señalado para el caso de los espacios semipúblicos, debe evitarse la filmación de espacios públicos como la vía colindante a la vivienda, salvo por motivos de imposible mejor ubicación de la videocámara. Son los titulares de estos espacios (la comunidad de vecinos en caso de bloques de viviendas) los que deberán contratar los servicios de una empresa de seguridad a fin de realizar grabaciones aunque en este caso no sea obligatoria la conexión a la central de alarmas o de videovigilancia.

Guía de Videovigilancia de la Agencia Española de Protección de Datos  aepd

Como se puede apreciar del análisis realizado, en el caso de la vigilancia material destaca el hecho de la escasa regulación existente en el caso de las cámaras de videovigilancia privadas, en contraposición a la clara normativización del uso de esta tecnología por parte de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. En todo caso, las modificaciones que se han producido parecen tendentes a relajar el régimen legal de las primeras. Sigue existiendo, además, escasa regulación del uso de videovigilancia privada, y en el caso concreto de espacios semipúblicos, la técnica legislativa es confusa, por cuanto es el reglamento de seguridad privada el que fija las medidas concretas de una seguridad adicional cuya necesidad se recoge en la ley de seguridad ciudadana. Dado que los fines proclamados de una y otra norma son dispares, no parece adecuado que se produzca esta confusión. Además, la situación difiere bastante según el tipo de espacio que estemos considerando sobre todo porque la normativa no aclara suficientemente las características de cada uno.

Autora: Mónica Parra


Me parece que el planteamiento de Mónica está bastante claro y no requiere mayores explicaciones. Sin embargo si me gustaría destacar un elemento que, aún sin tener una relación directa con la parte del trabajo en que se ha basado este artículo, es de gran importancia: la necesidad de que el ciudadano sea consciente de las diferentes situaciones de seguridad que se puede encontrar cuando pasea por una calle, entra en un centro comercial o va a un banco a retirar dinero de la cuenta. Este planteamiento se deriva de dos premisas. La primera tiene que ver con sus derechos: hasta qué punto la videovigilancia puede introducirse en su intimidad. Y la segunda, del propio aumento de la seguridad subjetiva que se produce cuando sabe que, en algún sitio, y a través de los ojos de una cámara, “alguien” puede estar protegiéndolo. La habilidad y la obligación del urbanista está en saber indicárselo. El problema es que, muchas veces, el propio encargado del diseño de esa calle, de esa plaza, o de ese espacio entre bloques, desconoce la situación respecto a la seguridad en la que se encuentra ese sitio que está diseñando, sencillamente porque visto desde el papel y la lejanía del proyecto no le preocupa demasiado. Y el considerar la seguridad es fundamental para un diseño adecuado no sólo de los espacios privados y semiprivados, sino también de los semipúblicos y de los públicos.

jueves, 26 de junio de 2014

Robert E. Park, sobre ecología y comunicación

En estos momentos estoy trabajando en un conjunto de temas que podrían parecer escasamente relacionados entre sí: ecología, comunicación e identidad. Como siempre, me muevo en los ecotonos de estos temas, bien en bordes o bien en zonas intermedias. Ya he hablado en otros sitios de mi predilección por los lugares frontera, y de mi escaso sentido del ridículo que me permite meterme en campos muy especializados sin ser un especialista en ninguno, pero que me sirve para tener otra óptica acerca de aquellos más cercanos. Intentando establecer conexiones entre ecología urbana e identidad llegué a la importancia de la Teoría de la Comunicación para entenderlas. No aquella teoría cuantitativa aplicada a la ciudad sobre la que hice un trabajo de investigación en los años setenta. No, no estoy hablando ni de Shannon ni de Wiener. Estoy hablando de aquellas cuestiones relacionadas con los “mass media” y sus implicaciones en los temas de identidad. Es así como he llegado a otra forma de acercarme a un clásico de la ecología urbana: Robert Ezra Park.

Robert Ezra Park  uchicago

Porque Park siempre ha sido para los urbanistas, casi exclusivamente el padre de la Escuela de Chicago y, en todo caso, uno de los pioneros de la ecología urbana. Como la lección con la que obtuve la plaza de profesor titular fue sobre la Escuela de Chicago (hace unos años para “acreditarse” como profesor, entre otras cosas, había que explicar una lección) le tengo bastante cariño al tema. Pero en aquella época sólo nos interesaba de este grupo de investigadores cómo estudiaban la población en áreas urbanas y su relación con los presupuestos ecológicos de competencia, conflicto, acomodación y asimilación. También mencionábamos al hablar de Park (aunque sin profundizar) los temas raciales e interculturales, pero poco más. Ya puede comprenderse mi interés cuando encontré un artículo de María Rosa Berganza publicado en Comunicación y Sociedad (revista de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra) titulado “Hacia una recuperación del pensamiento de los pioneros: el concepto de comunicación en la teoría sociológica de Robert E. Park”.

Fragmento página manuscrita de Park  uchicago

El hecho de que a Park se le estudiara como a un personaje de cierta relevancia en Teoría de la Comunicación me hizo ver que, realmente, mis conocimientos sobre su figura debían de ser bastante limitados. Llevo ya algún tiempo trabajando en temas de la comunicación (en relación con las cuestiones de identidad) y el encuentro fue inevitable. Temas aparentemente ajenos a mis áreas habituales de conocimiento, pero con los que me divierto bastante y que, además, me aportan un enfoque fresco y diferente. No trataré ahora de explicar las conclusiones a las que estoy llegando que, entre otras, tienen que ver con cuestiones de aculturación, urbanismo genérico, construcción de las formas urbanas o conservación del Patrimonio heredado. Más bien este artículo va enfocado a tratar de añadir a la figura de Park otras facetas menos consideradas por los urbanistas actuales, e intentar relacionarlas con aquellas más conocidas. Para ello me voy a basar sobre todo en el artículo de María Rosa Berganza y en el libro de recopilación de escritos de Park al que hago referencia en el apartado de notas.

La prensa elemento básico de comunicación en
 la primera mitad del pasado siglo XX  periodistadigital

En 1887 Park obtiene la licenciatura en filosofía por la Universidad de Michigan donde conoce a John Dewey. Dice Emilio Martínez en el estudio preliminar del libro recopilatorio a que me refería en el párrafo anterior: “Dewey mostraba en sus clases, y después en sus libros (School and Society, 1899; The Public and its Problems, 1927), que la sociedad existía en y por la comunicación; es decir, había que entender la comunicación como un factor de integración social que hacía posible la vida individual y colectiva en un conjunto interrelacionado. De algún modo esto queda reflejado en el planteamiento parkiano, en su actividad profesional como reportero y en sus preocupaciones teóricas (la comunicación como instrumento de urdimbre social, los problemas de vertebración, interacción y cohesión en las grandes ciudades, la supervivencia de los pequeños grupos o grupos primarios tal como C.H. Cooley planteaba también desde Michigan y la formación de la opinión pública). Dewey le abrió además tres vías: una le condujo hasta Franklin Ford; otra le conectó con el pragmatismo de William James; y la última consistió en enseñarle a mirar los problemas de la ciudad".

Congoleños sostienen manos amputadas como muestra de las
 atrocidades cometidas por los colonos. Foto Alice Harris  mielost

Después de un tiempo dedicado al periodismo, vuelve a la actividad académica en Harvard estudiando psicología con Münsterherg y filosofía con Josiash Royce y William James. Luego se marcha Alemania donde contacta con Simmel que se convierte en su referente. En 1904 lee su tesis doctoral, que le dirige Windelband, en la Universidad de Heidelberg con el título de Masa y público. Al volver a USA imparte clases como auxiliar de filosofía en Harvard, y luego deja la docencia y se dedica al activismo integrándose en una asociación para la defensa del Congo en la que se implica de forma muy intensa. En el año 1911 conoce al sociólogo WiIliam Thomas que le invita a incorporarse al departamento de sociología de la Universidad de Chicago donde permanece hasta que se jubila. Fue en este período cuando formó su equipo de investigación en ecología humana centrándose, básicamente, en el estudio de la ciudad: “Pero si la ciudad es el mundo que el hombre ha creado, también constituye el mundo donde está condenado a vivir en lo sucesivo. Así pues, indirectamente y sin tener plena conciencia de la naturaleza de su obra, al crear la ciudad, el hombre se recrea a sí mismo. En este sentido y en este aspecto podemos concebir la ciudad como un laboratorio social”.

La lógica de la economía subterránea en la construcción de la ciudad
 Ciudad Solar, Guadalajara. "Ruinas Modernas", J. Schulz-Dornburg  24horas

Muchas veces he comentado en este blog las importantes aportaciones de la sociología a la comprensión de la ciudad. Realmente no se podría concebir una teoría de la urbanización sin la sociología. La paradoja es que la sociología interviene en escasa medida en la construcción de nuestras ciudades siendo sustituida en este papel (como muchas otras disciplinas) por lo que llamo la economía “subterránea”. Y digo “subterránea” porque obscuros intereses y motivaciones de base económica son los que, sin ningún tipo de aparato analítico ni democrático, configuran buena parte de las áreas urbanizadas.  Resulta curioso constatar las dificultades de los análisis casi perfectos a la hora de convertirse en propuestas operativas de actuación, mientras la realidad “subterránea” urbaniza casi a su antojo y sin discusión. Y no estoy hablando de la teoría económica sino de la economía de la depredación. Claro que si empezamos por considerar en los equipos de planificación a los sociólogos exclusivamente como demógrafos empezamos mal. Aunque seguramente un papel de mayor relevancia no cambiaría demasiado las cosas frente al poder de estos intereses espúreos.

Modelo de anillos concéntricos para Chicago según Burgess
 que fue uno de los discípulos destacados de Park  cronodon

Todavía más paradojas. Aunque en algunos ámbitos (particularmente en los de planeamiento) así se le considera, Park no fue ni tan siquiera un pionero de la sociología urbana. Incluso, a pesar de haber sido durante años  presidente de la Asociación Sociológica Americana, su profesión "base" era el periodismo. Para complicar las cosas, y, frente a otros sociólogos de la Escuela de Chicago, no se puede decir que su aportación haya sido la construcción de un corpus teórico asentado, racional y congruente. Más bien tomó materiales, básicamente de Durkheim y Simmel (aunque no sólo de ambos), señaló caminos, elementos críticos y luego sus discípulos, como Burgess, Hoyt o Wirth, se encargaron de construir el entramado teórico. Algunas veces se ha dicho que su metodología era la del reportero: buscar la noticia en la realidad de los hechos, titularla y describirla. De forma que su aportación, desde este punto de vista, no es demasiado canónica. Pero puede ser muy válida, precisamente por impulsar enfoques distintos y salir de los campos disciplinares cerrados. Porque resulta que su territorio de partida no estaba en la ecología ni en la sociología, sino en la comunicación.

El templo del libre mercado, Universidad de Chicago.
 Booth School of Business  chicagobooth

Ante los dos planteamientos básicos de la sociología americana de la época: el no intervencionista y el reformista, Park opta por el segundo. El primero, típicamente americano, que proponía dejar todo en manos de la autorregulación (así por ejemplo, W.G. Sumner) era, esencialmente capitalista y conservador, mientras que el segundo derivaba de un cierto espíritu moral. No hay que olvidar el pasado activista de Park en la asociación para la defensa del Congo. Es complicado este camino de la moral para una explicación ecológica, pero veremos más adelante como Park y sus discípulos lo intentan. Se ha señalado en muchas ocasiones que ecología y economía comparten la misma raíz griega oikos. Parece lógico, por tanto, que estos dos enfoques estén presentes en ambas disciplinas. Lo que resulta sorprendente es que años después, la llamada Escuela Económica de Chicago (con base en la escuela de negocios Booth) optara por el libre mercado, rechazando el keynesianismo frente a la hipótesis de la eficiencia. Aunque el tema sobrepasa este artículo no puedo dejar de apuntar que, así como la sociología urbana de la Escuela de Chicago reconoce la existencia de intereses distintos a los ecológicos, la económica olvida la existencia de un "poder" subterráneo (por si alguien se molesta en llamarle "economía") que es el que construye la ciudad, y no el libre mercado.

Un semáforo como algo más que el orden natural de un árbol
 Londres. "Traffic Light Tree" del escultor Pierre Vivant  viajeros

Para compatibilizar este intervencionismo con los principios ecológicos aplicados a la ciudad (¿no se autorregulan los ecosistemas? ¿para qué intervenir?) Park y sus discípulos necesitan elevarse por encima del plano puramente biológico. Dice Emilio Martínez: “La ciudad no sólo exhibe un orden natural y espacial característico sino también un nuevo orden moral”. Y algo más adelante: “Como expresión de una organización social compleja evolucionada, la ciudad se sitúa en las antípodas de la pequeña comunidad. En efecto, el ambiente urbano, concebido desde ese determinismo ambiental (densidad física) se caracteriza por una potente carga secularizadora y un racionalismo imposible de hallar en el medio rural, mucho más concreto y particular, mucho más apegado al terruño, a sus ritmos cotidianos, a sus interacciones previstas”. Hasta ahora, y ya llevo tres folios, todavía no ha hablado casi nada de comunicación. Pero me resulta imprescindible recordar algunas de las bases de la ecología urbana según la Escuela de Chicago para plantear la relación que se establece.

El mundo rural basado en la tradición. Foto: Dante Fernández  wladimircarcamo

Y todavía no he terminado con ellas. Para Park serían tres las características básicas que nos podrían ayudar a definir una comunidad. La primera, por supuesto, la existencia de una población más o menos organizada territorialmente. Por tanto, el territorio sería un elemento imprescindible para la existencia de una comunidad (ya hemos abordado en el blog este tema en varias ocasiones). La segunda tiene que ver con la vinculación con ese territorio. Es seguro que la palabra arraigo define bastante bien esta característica. Es decir, es necesaria una población establecida en un territorio con una cierta organización y arraigada en el mismo. Y, por último, la existencia de una “interdependencia simbiótica” entre sus miembros. En este contexto comunitario se produce la lucha por la existencia darwiniana. Y, aunque según veremos en el párrafo siguiente, para Park en una comunidad humana este concepto trasciende el puramente biológico, sigue operando en los momentos críticos y se complementa con los de dominio y sucesión, también procedentes de la ecología natural.

La lucha por la existencia al límite, la competitividad como modelo.
 Sociedad distópica de la película "Mad Max"  thefwoosh

Según Park en su libro Ecología Humana: “La competencia opera en la comunidad humana (al igual que lo hace en la comunidad vegetal y animal) para realizar y restaurar el equilibrio comunitario cuando éste es alterado por la aparición de algún factor extraño procedente, del exterior o cuando sencillamente sucede en el curso normal de su ciclo de vida. Así, cada crisis inicia un periodo de rápido cambio durante el cual la competencia se intensifica, desembocando en un periodo de equilibrio más o menos estable y en una nueva división del trabajo. De esta forma la competencia crea una condición por la cual es sustituida por la cooperación. Puede decirse que cuando la competencia declina y en la medida en que lo hace, el tipo de orden que llamamos sociedad existe”. De forma que la lucha por la existencia en la ciudad sublima de alguna forma la puramente biológica. Así se van estableciendo ciertas áreas funcionales ligadas directamente a los principios de competencia y dominación que Park llama “áreas naturales”. Pues bien, estas áreas serían sobre las que el planeamiento, que entiende como “un intento de dirigir y controlar la organización ecológica” (Pak, La organización comunitaria y el temperamento romántico), debería actuar.

El mundo urbano basado en el acuerdo, Osaka, Japón  laeconomia

Esta lucha entre instinto y cultura es la esencia de las propuestas de la Escuela de Chicago. El cómo resolver el conflicto entre ambas tensiones comunitarias es la base de la organización social. Y esta base tiene mucho que ver con el otro aspecto de la obra de Park: la comunicación. Ya escribí en los primeros párrafos lo que le debe Park a Dewey en los aspectos relativos a la comunicación. Según María Rosa Berganza: “Común, comunidad y comunicación son términos muy relacionados para Dewey: los hombres viven en comunidad en virtud de las cosas que tienen en común (una tradición, una cultura); y la comunicación es la forma por la cual las adquieren”.  Un grupo de personas no son sociedad sólo por vivir cerca ni por trabajar en un mismo objetivo.  Para ello es necesario un propósito común y un interés. En este punto es donde aparece la comunicación: “Cada uno tiene que saber lo que opina el otro y poseer algún medio para tener al otro informado de sus propios propósitos y progresos. El consenso exige comunicación”. Estas palabras de María Rosa son claves para entender cómo se resuelve el conflicto entre instinto y cultura: mediante el consenso.

Tradición y acuerdo, bases del consenso, en oposición al instinto
 son posibles gracias a la comunicación  jenchan

El consenso es un concepto básico en las intuiciones de Park y que, más adelante elabora con la ayuda del alguien mucho más sistemático que él, su discípulo Burgess. En su obra conjunta, Introducción a la ciencia de la sociología, plantean que “La sociedad humana, entonces, a diferencia de la animal es principalmente una herencia social, creada y transmitida por la comunicación. La continuidad y la vida de una sociedad depende de su éxito en transmitir de una generación a otra sus costumbres, tradición, técnica e ideales. Desde el punto de vista del comportamiento colectivo estos rasgos culturales pueden todos reducirse a un término: ‘consensus’. La sociedad, vista abstractamente, es una organización de individuos; considerada de forma concreta es un complejo de hábitos organizados, sentimientos, y actitudes sociales, en resumen, consenso”. Aunque nos ha costado cuatro folios y unos cuantos minutos ya hemos llegado al elemento central del artículo: la comunicación. Según Park, se configura como la clave que nos permitirá entender de qué forma una sociedad concreta permite superar los momentos darwinianos de la lucha por la existencia predominantes en las crisis evolutivas o debidas a circunstancias exteriores, pero secundarios en los períodos de estabilidad.

Comunidad y sociedad son necesarios y se sustentan
 en procesos culturales distintos  faecta

Por tanto, lo que permite la existencia de la cultura, de las tradiciones, del establecimiento de vínculos con el territorio, es lo que llama el consenso. Y aquí sí que Park avanza un paso más que Dewey para el cual es consenso es algo más limitado y que atañe sólo a la toma de decisiones colectivas. Se posiciona, además, con las ideas de Tönnies (que ya hemos explicado en otro artículo del blog: La ciudad orgánica) al diferenciar entre comunidad y sociedad. En la primera la mayoría de relaciones son personales y basadas en la tradición, y se corresponden con el tipo de grupos primarios cercanos al territorio. Mientras que la segunda, más propia de la vida urbana, se fundamenta en el contrato y en acuerdos escritos. Aunque en los dos casos son necesarios tanto la tradición como los acuerdos. Para Park la sociedad se compone de comunidades concretas y específicas ligadas por una componente espacial.  Ahora es el momento de recordar lo que escribí unos párrafos más arriba: territorio, arraigo, simbiosis. Es precisamente la comunicación la que hace posible la sociedad y la superación de la lucha por la existencia. Comunidad y sociedad son necesarias pero se sustentan de procesos culturales distintos.

Un hecho es cultural cuando ha sido comprendido por un pueblo
 mediante una experiencia compartida y pública  ciperia

Para terminar simplemente querría establecer unas pinceladas sobre el papel que, según Park, tiene la comunicación en el proceso cultural. Como María Rosa Berganza lo describe maravillosamente en su artículo es suficiente con citarla: “Park afirma que ‘la comunicación, es imprescindible en el proceso cultural, aunque no son lo mismo’. Para este autor, la cultura puede tener muchas y variadas formas, materiales y no materiales, pero lo que convierte a un hecho en cultural es que es comprendido por un pueblo o por un grupo determinado, que ha sido alcanzado a través de una experiencia compartida y pública. La cultura, por tanto, incluye todo lo que es comunicable, cualesquiera que sean sus formas y símbolos. Las actitudes y los sentimientos, las costumbres y los modos de sentir, actuar o pensar de un grupo social, son los componentes esenciales de ese tejido de comprensión que llamamos ‘cultura’. La esencia de la cultura es la comprensión, afirma Park siguiendo a Edward Sapir”.  Esta comunicación sirve para varias cosas: hace posible el consenso y, por tanto, la sociedad; establece el entramado de costumbres y expectativas intercomunitarias; permite el concierto, es decir los acuerdos escritos, mediante la política; transmite tradiciones y valores en las comunidades.

Los nuevos medios planetarios de comunicación digital
¿cambian estos planteamientos?¿de qué forma?  dualshockers

La verdad es que no he podido entrar demasiado en este mundo que es fascinante. Se han quedado en el tintero (bueno, en el teclado) muchas cosas. Desde los medios más válidos para cumplir las funciones asignadas a la comunicación, hasta los procesos de aculturación, pasando por el análisis de los nuevos sistemas planetarios de difusión masiva y su repercusión en el consenso social y la pervivencia de las tradiciones comunitarias, o el significado de la conservación del llamado Patrimonio Cultural y su papel. Espero haber despertado vuestro interés sobre estos temas que considero claves para entender la situación en la que se encuentran nuestras ciudades. Pero, sobre todo, he intentado ofrecer una visión algo más completa de la figura de Robert Ezra Park que la tradicional de los manuales de urbanismo. Se trata de un personaje difícil de comprender, no sólo por su trayectoria vital, sino por su desestructurada teoría (incluso podríamos hablar de ausencia de teoría) construida más bien a golpe de intuiciones que mediante un método riguroso y que, realmente, formalizaron sus discípulos. Siento que el artículo de hoy haya sido todavía más duro de leer que los anteriores (me voy superando en conseguir anti-tuits) pero mi campo de trabajo en estos momentos es así de complejo y, aunque no lo aparente, también divertido.


Notas: Independientemente de todo lo que tengo ya escrito para el trabajo que estoy realizando actualmente y de las referencias y bibliografía que publicaré en su momento, para escribir este artículo me he apoyado básicamente en dos publicaciones:
  • Berganza Conde, María Rosa: “Hacia una recuperación del pensamiento de los pioneros: el concepto de comunicación en la teoría sociológica de Robert E. Park”, Comunicación y Sociedad, vol. 12, nº 1, 1999. El artículo cuenta con abundantes notas a pie de página y referencias imprescindibles. Además se puede leer gratuitamente en línea aquí.
  • Park, Robert Ezra: La ciudad y otros ensayos de ecología urbana, ediciones del Serbal, Barcelona, 1999. Se trata de una recopilación de textos de Park que cuenta con un excelente estudio preliminar de Emilio Martínez que también se encargó de su traducción. El original en inglés es un libro recopilatorio (Human Communities) que corresponde al segundo volumen de las obras completas de Park en el que figuran aquellos textos centrados en los aspectos más sociales y ecológicos de la ciudad. La selección ha sido realizada por sus discípulos: Everelt C. Hughes, Charles S. Johnson, J. Masuoka, Robert Redfield y Louis Wirth. Se incluyen todos los escritos fundamentales como “Ecología humana” o “La ciudad como laboratorio social”. Imprescindible para los que tengan problemas para leer inglés porque, además, la traducción está muy cuidada.