martes, 2 de junio de 2015

Byung-Chul Han y la sociedad transparente

Los lectores del blog ya saben que suelo utilizar bastante una metáfora: “la ciudad transparente”. Aunque ya he advertido otras veces sobre los peligros del uso de metáforas para describir realidades complejas, dado que mi público mayoritario son arquitectos o estudiantes de arquitectura con una educación muy icónica y para los que las metáforas y los símbolos (básicamente visuales) son su lenguaje natural, pienso que sería interesante hacer algunas precisiones sobre esta metáfora concreta. Para ello me voy a ayudar de algunos escritos de Byung-Chul Han, filósofo de los que me gustan (es decir, polémico y dado al pensamiento divergente, como Ortega del que ya sabéis me declaro admirador) y que, además, escribe libros muy cortos con capítulos a su vez también muy cortos y que se pueden leer casi de forma separada unos de otros. Eso sí, a las dos o tres páginas de que consta cada capítulo hay que dedicarle un cierto esfuerzo intelectual para extraer todo lo que encierran.

"Ciudad transparente", talla en acrílico de Lucía Pacenza  luciapacenza

Byunh-Chul Han es un personaje peculiar. Nació en Seúl (Corea del Sur), en 1959. Estudió metalurgia en su país, pero aquello de la metalurgia no terminaba de convencerle y decidió marcharse a Alemania a estudiar literatura, aunque acabó dedicado a la filosofía. Así lo cuenta el propio Han en una excelente entrevista de Francesc Arroyo, publicada en El País de marzo de 2014: “Cuando llegué a Alemania, ni siquiera conocía el nombre de Martin Heidegger. Yo quería estudiar literatura alemana. De filosofía no sabía nada. Supe quiénes eran Husserl y Heidegger cuando llegué a Heidelberg. Yo, que soy un romántico, pretendía estudiar literatura, pero leía demasiado despacio, de modo que no pude hacerlo. Me pasé a la filosofía. Para estudiar a Hegel la velocidad no es importante. Basta con poder leer una página por día”. En 1994 lee su tesis sobre Heidegger en la Universidad de Munich.

Escena de “Byung-Chul Han en Seúl y Berlín”  ABC

Después consigue la habilitación como profesor en Basilea y, desde entonces, se dedica a dar clases y escribir libros. Actualmente es profesor de filosofía en Berlín después de haber pasado por Karlsruhe. Ha escrito muchos libros en alemán pero no todos están traducidos al español. Los que tengo localizados los he reseñado al final del artículo en una de las notas. Dado que se está poniendo de moda, y que sus libros se venden como auténticos best sellers, no sería raro que en estos momentos tenga ya más traducciones al español. Sus temas son recurrentes de forma que no es raro encontrar que las descripciones más claras de la "sociedad del cansancio", por ejemplo, estén En el enjambre. Por eso, a pesar de que uno de sus libros se titula precisamente La sociedad de la transparencia voy a intentar acercarme a la forma en la que entiende esta metáfora a partir de varios de sus textos.

Portada de "La sociedad de la transparencia"  Herder

Me interesa, sobre todo, deshacer el equívoco que puede producirse si se plantea que una “ciudad transparente” procede de una “sociedad transparente”. Nada más lejos de la realidad. En varios artículos del blog ya señalo como uno de los objetivos prioritarios de la vida urbana la educación en la urbanidad. Esa educación que, según las ideas de Richard Sennett, nos permite convivir con el resto de ciudadanos sin traspasar los límites de la intimidad si es que no queremos hacerlo. O traspasarlos si estamos de acuerdo en ello. Esto significa, por supuesto, que la intimidad es un valor importante y el encargado de salvaguardarlo es la urbanidad (la educación ciudadana) tal y como hemos comentado en varios artículos del blog. La cuestión es que la intimidad puede ser casi cualquier cosa pero entre sus cualidades no figura precisamente la transparencia. Esto es importante y se relaciona directamente con lo que dice Han.

La educación en la urbanidad permite la intimidad  4ever

Aunque sea complicado resumir un pensamiento tan complejo (y sobre todo polémico) como el de Byung-Chul Han voy a intentar centrarme sólo en aquellas partes que puedan aclarar el concepto de ciudad transparente. En el primer capítulo de su libro Psicopolítica encontramos un párrafo que me va a dar pie para toda la explicación posterior y que centra algunos de sus análisis: “Al principio se celebró la red digital como un medio de libertad ilimitada. El primer eslogan publicitario de Microsoft, Where do you want to go today?, sugería una libertad y movilidad ilimitadas en la web. Pues bien, esta euforia inicial se muestra hoy como una ilusión. La libertad y la comunicación ilimitadas se convierten en control y vigilancia totales. También los medios sociales se equiparan cada vez más a los panópticos digitales que vigilan y explotan lo social de forma despiadada. Cuando apenas acabamos de liberarnos del panóptico disciplinario, nos adentramos en uno nuevo aún más eficiente”.

Where do you want to go today?  thelogopatrol

Y es que para Han, la era capitalista del liberalismo, que se caracterizaba por el paradigma de la obligación y los sistemas coercitivos que explotaban al ciudadano siguiendo el modelo del panóptico de Bentham (es decir, controlando exteriormente su actividad), ha sido sustituida por otra diferente: la neoliberal. Entiende que el neoliberalismo se caracteriza por un modelo basado en el rendimiento: “El sujeto de rendimiento está libre de un dominio externo que lo obligue a trabajar o incluso lo explote. Es dueño y soberano de sí mismo. De esta manera, no está sometido a nadie, mejor dicho, solo a sí mismo. En este sentido, se diferencia del sujeto de obediencia. La supresión de un dominio externo no conduce hacia la libertad; más bien hace que libertad y coacción coincidan. Así, el sujeto de rendimiento se abandona a la libertad obligada o a la libre obligación de maximizar el rendimiento” (de La sociedad del cansancio). Para que esto suceda es imprescindible desprenderse de lo que llama “negatividad” y centrarse de forma prioritaria en la “positividad”.

Panóptico. New Illinois State Penitentiary at Stateville  educaciocritica

De esta forma suprimiendo la coacción externa, la negatividad que conlleva, se aumenta el rendimiento y aparece la autoexplotación. La autoexplotación es mucho más eficaz que la explotación por otros ya que el autoexplotado se siente libre. Víctima y verdugo ya no pueden diferenciarse: “Esta autorreferencialidad genera una libertad paradójica, que, a causa de las estructuras de obligación inmanentes a ella, se convierte en violencia. Las enfermedades psíquicas de la sociedad de rendimiento constituyen precisamente las manifestaciones patológicas de esta libertad paradójica” (de La sociedad del cansancio). Este exceso de positividad aparece de muchas formas. Por ejemplo, mediante un aumento de la información, que fragmenta la percepción y la dispersa. Desaparece así la atención profunda y contemplativa característica del pensamiento durante buena parte de la historia humana. Según su discurso, esta sociedad del rendimiento conduce, de forma inexorable, a la sociedad del dopaje cuyo reverso es lo que llama la sociedad del cansancio y el agotamiento excesivos.

La excesiva información disminuye la atención profunda  mangasverdes

Este cansancio de la sociedad del rendimiento es un cansancio a solas. En esta cuestión sigue las ideas de Hadke en su Ensayo sobre el cansancio: “Los dos estábamos cayendo ya, cada uno por su lado; cada uno a su cansancio más propio y particular, no al nuestro, sino al mío de aquí y al tuyo de allá”. Se trata de un cansancio que destruye toda comunidad, que termina con la cercanía. Un cansancio “sin mirada, sin habla, y que separa”. En las páginas que finalizan La sociedad del cansancio trata de diferenciar entre este cansancio en soledad y el cansancio fundamental, que inspira, que deja que surja el espíritu. Y es importante para nuestro tema porque es, precisamente, según Hadke “La cosa en este cansancio fundamental no aparece nunca sola para sí, sino siempre junto con otras, y aunque solo pocas cosas, al fin y al cabo todo está junto”. Y aquí es donde voy a tratar de enlazar toda esta larga introducción (imprescindible para plantear algo del vocabulario metafórico que utiliza Byung-Chul Han) con la cuestión de la transparencia que me ha servido para titular el artículo.

La sociedad del rendimiento, el cansancio a solas  entorno

Han dice en las primeras páginas de La sociedad de la transparencia: “Quien refiere la transparencia tan solo a la corrupción y a la libertad de información desconoce su envergadura. La transparencia es una coacción sistémica que se apodera de todos los sucesos sociales y los somete a un profundo cambio. El sistema social somete hoy todos sus procesos a una coacción de transparencia para hacerlos operacionales y acelerarlos”. Es decir, la transparencia así entendida no es más que una forma de aumentar el rendimiento, de conseguir una más perfecta autoexplotación del sujeto. Y luego sigue: “La transparencia estabiliza y acelera el sistema por el hecho de que elimina lo otro o lo extraño. Esta coacción sistémica convierte a la sociedad de la transparencia en una sociedad uniformada”. Espero que vayáis viendo porque me interesa particularmente esta visión y como se relaciona de manera directa con lo local y el alejamiento del pensamiento único, las formas únicas y como aboga por el mantenimiento de la singularidad y la diferenciación. En nuestro caso, de un urbanismo y una arquitectura contextualizados, anclados en el lugar, y alejados de elementos formales universales.

Pensamiento y formas únicas  eufs

De hecho, las relaciones entre información, transparencia, Big Data y teorías y modelos, aparecen en casi todas sus obras (y en casi todos los capítulos de sus obras). En concreto, en Psicopolítica se refiere a la polémica surgida a raíz de la publicación del libro de Chris Anderson The End of Theory y a una especie de nueva religión que el traductor de Psicopolítica llama “dataismo”, y reproduce un texto publicado en 2008 de Wired Magazine: “Adiós a la teoría del comportamiento humano, desde la lingüística hasta la sociología. Olvida la taxonomía, la ontología y la psicología. ¿Quién sabe por qué la gente hace lo que hace? La cuestión es que lo hace y que podemos seguirlo y medirlo con una fidelidad sin precedentes. Con suficientes datos los números hablan por sí mismos”. He reproducido este párrafo porque resume de forma bastante clara como en estos contextos (sobre todo en los políticos) transparencia se hace equivalente a datos, a información, y no a conocimiento.

La nueva religión de los datos  bloomberg

Este exceso de información conduce directamente al IFS (Information Fatigue Syndrom): “Los afectados se quejan de creciente parálisis de la capacidad analítica, perturbación de la atención, inquietud general o incapacidad de asumir responsabilidades. Este concepto fue acuñado en 1996 por el psicólogo crítico David Lewis” (de En el enjambre). El problema básico es que paraliza la capacidad analítica, es decir la capacidad de diferenciar lo esencial de lo que no lo es, que es la base del pensamiento. Nos encontramos, por tanto, que si hacemos equivalentes cantidad de datos y conocimiento resulta que puede suceder que al aumentar la cantidad de datos disminuya el conocimiento. Han entiende que la transparencia “de forma violenta vuelve todo hacia el exterior para convertirlo en información” y que “el secreto, la extrañeza o la otredad representan obstáculos para una comunicación ilimitada. De ahí que sean desarticulados en nombre de la transparencia” (de Psicopolítica).

La transparencia intenta convertir todo en información  cognoscenti

Una ciudad transparente no es, por tanto, una ciudad en la que se abrume al consumidor (según Han en la sociedad noeoliberal el ciudadano ha sido sustituido por el consumidor) con cientos de miles de datos que, en realidad, solo suministran información, sino una ciudad en la que los técnicos y los dirigentes tienen la capacidad de comunicarle al ciudadano aquella información relevante que le sirva para tener un conocimiento real de lo que está sucediendo en su ciudad. Una ciudad cuyo aire haga a las personas libres. Es decir, que no desnude su intimidad hasta volverla pornografía, que no anule su libertad individual haciendo desaparecer su personalidad. Resumiendo, una ciudad transparente no es una Smart City gobernada por las decisiones de millones de datos acumulados, sino una ciudad con un proyecto político verdadero que ponga el énfasis en los “por qué”, en la búsqueda de los fines, en la cooperación y en el conocimiento.Un ciudad construida por los ciudadanos, no por los datos.

Ciudadanos frente a consumidores  informabtl

Espero haber despertado el interés por las ideas Byung-Chul Han y el deseo de leer sus escritos. Se podrá discrepar con sus planteamientos. Acusarle de que, en realidad, no dice nada nuevo. Tacharle de superficial. Pero propone unas metáforas tan potentes que, necesariamente, despiertan la imaginación de los que leen sus ensayos. Querría terminar con un párrafo de Psicopolítica: “Es legendario el anuncio de Apple que en 1984 centelleaba en la pantalla durante la Super Bowl. En él, Apple aparece como libertador contra el Estado vigilante de Orwell. Trabajadores sin voluntad y apáticos se adentran en una gran sala y escuchan el discurso fanático del Big Brother en la telepantalla. Entonces una corredora irrumpe en la sala, perseguida por la policía del pensamiento. Avanza sin vacilar y delante de sus pechos bamboleantes lleva un gran mazo. Corre decidida hacia el Big Brother y arroja con rabia el martillo a la telepantalla que explota. Los hombres despiertan de su apatía. Una voz anuncia: «El 24 de enero Apple Computer introducirá Macintosh. Y verás por qué 1984 no será como 1984». Frente al mensaje de Apple, el año 1984 no marca el fin del estado vigilante de Orwell, sino el comienzo de una nueva sociedad de control que lo supera con creces en eficiencia. Comunicación y control coinciden totalmente. Cada uno es el panóptico de sí mismo”. En los momentos críticos en los que vivimos necesitamos generar interés para pensar sobre las cosas trascendentes, sobre los problemas que nos abruman. Necesitamos conocimiento, no información. Necesitamos transparencia real, no pornografía. Necesitamos ciudadanos, no consumidores. Necesitamos actores, no espectadores.


Nota 1. En el momento de escribir este artículo todos los libros de Byung-Chul Han traducidos al español han sido publicados por la editorial Herder: 
  • El aroma del tiempo (Duft der Zeit: Ein philosophischer Essay zur Kunst des Verwailens, 2009).
  • La sociedad del cansancio (Müdigkeitsgesellschaft, 2010)
  • La sociedad de la transparencia (Transparenzgesellschaft, 2012)
  • La agonía del Eros (Agonie des Eros, 2012)
  • En el enjambre (Im Schwarm. Ansichten des Digitalen, 2013)
  • Psicopolítica (Psychopolitik: Neoliberalismus und die neuen Machttechniken, 2014)

Nota 2. Aunque no es muy dado a conceder entrevistas (o por lo menos esto es lo que sucedía hace un par de años) resulta bastante interesante la que le hizo Francesc Arroyo para El País, publicada el 22 de marzo de 201 titulada “Aviso de derrumbe”. El enlace es este.

Nota 3. También podéis leer la que le hizo Alfonso Armada para El Cultural de ABC del 3 de febrero de este año titulada: "Byung-Chul Han: Hoy no se tortura, sino que se postea y se tuitea". El enlace es este.

Nota 4. Hace unos días, el 12 de mayo, el propio Han publicó un artículo en el diario El Mundo titulado “Añoranza del enemigo” que, aunque bastante alejado del tema que tratamos hoy, incide en sus ideas, ahora aplicadas a las relaciones con el fundamentalismo y a responder a la pregunta: ¿Qué es el enemigo? Otra forma de ver lo que llama “positividad” y “negatividad” de las cosas. El enlace es este.

lunes, 4 de mayo de 2015

Rompiendo con el sedentarismo

Aunque no me gusta convertir las ponencias que presento a congresos en artículos, ya que se corresponden con medios diferentes, en este caso los párrafos que siguen son la adaptación de la que presentaré al congreso “El deporte, cuestión de Estado” que se celebrará dentro de unos días en Santander. Pero resulta que, en este caso, coincide además con un tema muy parecido de la asignatura La Ciudad y el Medio que imparto en la Escuela de Arquitectura, y que acabo de explicar a mis alumnos. Recoge también en parte algunas de las conclusiones que sacamos de un Encuentro de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo celebrado ya hace cuatro años en el Lazareto de Mahón sobre la planificación urbana saludable. En el artículo intento justificar la necesidad de cambiar el enfoque de una ciudad pensada para el automóvil privado y en la que se ha sustituido el modelo de distancia por el de tiempo, centrando las prioridades en la posibilidad de que la mayoría de los desplazamientos se puedan realizar andando.

Necesitamos ciudades para los peatones. 
De la publicación Correr entre coches asetra

El planeamiento urbano surgió a partir de una necesidad concreta: la de construir ciudades más sanas. El resultado de la Revolución Industrial en el ámbito urbano fue una ciudad insalubre y muy poco equitativa. Como respuesta, un instrumento de previsión como fue el plan de urbanismo creó (entre otras muchas técnicas de intervención) la zonificación, atendió a los vientos y al soleamiento e introdujo el saneamiento y las redes de abastecimiento de agua, mejorando notablemente la esperanza de vida de los ciudadanos. Después de estos comienzos tan prometedores, durante bastantes años el urbanismo ha ido cambiando sus originarios intereses de salud pública por los puramente económicos. Sin embargo, en el momento actual, se empieza a recuperar la necesidad de conseguir una ciudad más sana como criterio fundamental. Y es que han surgido nuevos problemas derivados, entre otros elementos, del tráfico rodado cuyas necesidades se han impuesto sobre cualquier otra consideración. Y no se trata sólo de problemas globales como el cambio climático inducido por el consumo de combustibles fósiles, sino también aquellos locales originados por el cambio en la forma de vida de los ciudadanos.

La quema de combustibles fósiles no afecta sólo al
 planeta, afecta también al ámbito local  dailytelegraph

Este uso del coche (muchas veces obligado por estar la ciudad diseñada de esta manera) ha traído consigo una tendencia muy acusada al sedentarismo. A esto se añaden otra serie de hábitos, inventos y comodidades en la misma dirección. Así, la televisión, los ordenadores, internet o la proliferación de empleos de "cuello blanco" inducen al ciudadano a no moverse. Es de sobra conocido el problema que esto representa para la salud. Problema en el que no me voy a detener por estar suficientemente tratado en otros artículos del blog. De forma que tenemos que pensar en otra ciudad basada en el peatón. En la sea posible ir a comprar, distraerse, educarse o relacionarse con los demás sin necesidad de subir a un coche. En la tengamos zonas verdes de proximidad donde se pueda hacer deporte al aire libre a una distancia máxima del domicilio que permita desplazarse a ella andando. También, por supuesto, lugares accesibles mediante otros medios pero de uso más esporádico. Ello redundará en beneficios para la salud mental y física de los ciudadanos, reduciendo la factura en farmacopea y asistencia sanitaria. Es decir, mejorando también la rentabilidad del sistema.

Crear espacios de proximidad para el deporte fmds

En momentos en los que se está reconsiderando el planeamiento urbano sobre unas bases diferentes a las de hace tan sólo unos pocos años, cambiando una perspectiva básicamente de negocio, por otra de convivencia, sería importante priorizar. Desde el punto de vista técnico, los que nos dedicamos de una u otra forma a la planificación sabemos que la primera dificultad que hay que afrontar es la reducción de las distancias. Una de las razones más importantes de la insostenibilidad del sistema es el desperdicio de energía, suelo, materiales y la producción de contaminación que trae consigo el transporte. Transporte de alimentos, de personas, de materiales, de la propia energía. Y es que la ciudad se ha extendido de dos formas. La primera, desparramándose sobre el territorio, ocupándolo todo y sustituyendo la noción de distancia física por la de distancia en tiempo. El automóvil privado ha traído consigo la posibilidad de alejar las cosas, las actividades, los espacios urbanizados, mucho más lejos que nunca. Y la segunda, extendiendo su área de influencia a todo el planeta. Las ciudades importan y exportan a cualquier lugar de la Tierra.

El coche privado ha permitido colocar cualquier trozo de ciudad
 en casi cualquier sitio sin importar la distancia “al centro”  googlemaps

Necesitamos, desde el punto de vista de la eficiencia, una “ciudad de proximidad” en la que los alimentos se produzcan a pocos kilómetros; los materiales sean los del sitio; seamos autosuficientes en agua y energía. Pero también una ciudad en la que el comercio esté cercano a la residencia; en la que sea posible acceder a los equipamientos andando; en la que existan lugares físicos para la convivencia real. Eso significa que es imprescindible repensar desde una nueva perspectiva los lugares donde hacer ejercicio. Necesitamos, por ejemplo, parques de proximidad en los que sea posible el deporte al aire libre. Y equipamientos cerrados cercanos: gimnasios, piscinas. Como veremos más adelante, para conseguirlo resulta necesaria una densidad residencial suficiente para rentabilizar los costes. Hasta ahora el dimensionado de los equipamientos se ha hecho atendiendo tan sólo al número de habitantes sin pensar en las distancias de acceso. La consecuencia es que la gente tiene que venir desde muy lejos y necesita infraestructuras de transporte importantes, consume energía y contamina.

Para mucha gente, la cercanía es una necesidad prioritaria  agapito

Sería una locura fijar densidades mínimas para que todo el mundo tenga una piscina olímpica a menos de 500 metros de su residencia. Pero son necesarias densidades mínimas para muchas cosas básicas: para hacer posible un comercio de proximidad; para que la vigilancia de nuestras calles no sea una misión imposible; para conseguir espacios de convivencia como centros de la tercera edad en los que puedan reunirse las personas mayores. Habría que empezar a cambiar el sistema y organizar toda la distribución de equipamientos (incluidos los deportivos) a base de elementos pequeños, polivalentes y escasamente especializados. Luego sí, habría que complementarlos con otros mucho más especializados, situados en puntos clave y accesibles mediante el transporte público. Incluso algunos, absolutamente excepcionales pero cuya ubicación tendría poco interés ya que afectaría a muy pocos. Así, por ejemplo, la red deportiva básica sería una red de proximidad. Por aquí habría que empezar. Resulta incomprensible tener que conducir diariamente el coche para ir a correr a un parque.

Juegos infantiles, necesariamente de proximidad  20minutos

En planeamiento urbano, las reservas de suelo para equipamientos están pensadas para que la hipotética población que vivirá en un área determinada tenga un número concreto de metros cuadrados de zona verde, deportiva o religiosa, por habitante. Sin embargo, por ejemplo en el caso de Madrid, no es lo mismo un barrio del municipio de Parla que el barrio de Concepción. En Parla seguramente habrá muchos niños y en La Concepción muchas personas mayores. No necesitan los mismos equipamientos, ni los mismos espacios. La concreción de los equipamientos deportivos de proximidad se debería de hacer de acuerdo con la población, de forma que fueran los propios usuarios los que ayudaran a su determinación. Este es otro de los elementos básicos que están cambiando en la nueva concepción del planeamiento. Las decisiones de este tipo deberían ser tomadas por los ciudadanos, no por los políticos o por los técnicos. Y es bastante probable que los habitantes del barrio de la Concepción no pidan las mismas cosas que los de Parla ya que no tienen las mismas necesidades.

El “deporte” de acceder en silla de ruedas a una zona verde  hrw

Además, la población evoluciona. Es posible que hace treinta años se pudiera hablar de pirámides de población en sentido estricto. A día de hoy esta pirámide se ha invertido y, en realidad, nuestra sociedad es una sociedad envejecida cuyas necesidades difieren mucho de las de antes. La población europea se va convirtiendo, es ya, una población de personas mayores. Pensar un sistema de equipamientos, deportivos o no, para “varones, caucásicos, blancos, de treinta años, sin problemas físicos y de clase media” no se sostiene. El deporte debería ser “una cuestión de todos” aunque una parte significativa de esa población tenga más de ochenta años o problemas que la hagan diferente del estándar medio. Desafortunadamente, hasta ahora no lo hemos entendido así y hemos diseñado, no para los casos más desfavorables sino, precisamente, para los más favorables. Y es que la actividad física debería ser una de las bases de la salud pública como así se reconoce en muchos sitios. Parece que seguimos prefiriendo gastar el dinero de todos en pastillas en lugar de invertirlo en conseguir ciudades más sanas.

Antes de instalar cualquier invento hay que preguntar a los ciudadanos
 si lo van a usar (y, en este caso, quién se encarga de las piezas)  patagonianorte

Todo esto quiere decir que no sólo hay que plantear nuestra red deportiva como una red de proximidad, sino que deberíamos adecuarla a las necesidades reales de la población a la que sirve. Y para ello es imprescindible contar con los propios ciudadanos. También empezamos a tener claro que para que esto sea posible estos ciudadanos han de estar informados. Han de conocer las posibilidades que se le ofrecen, las ventajas e inconveniente, los resultados, los costes. Este sistema que en urbanismo empezamos a llamar “la ciudad transparente” implica la necesidad de que el ciudadano sepa qué es lo que de verdad necesita. O el significado de que en su pequeño parque de proximidad se instale una estructura para niños o se diseñe un campo para jugar a la petanca. Lo ideal, claro, es que tuviéramos las dos cosas. Pero en el peor de los casos no caben, o no son necesarias, o el Ayuntamiento no tiene dinero para la instalación y el mantenimiento de ambas. Decisiones de este tipo deberían dejarse en manos de los ciudadanos. Pero hacerlo no es tan sencillo como decirlo.

Cualquier proyecto de este tipo debería incluir también
 un plan de actividades y su financiación  espormadrid

Habría que empezar por el principio. “Alguien” debería de estudiar el tema, convertirlo en alternativas y encargarse de transmitirlas al ciudadano de forma comprensible. Y ese “alguien” necesariamente deberían ser las instituciones públicas que, se supone, velan por el bien común. Y, además, en el ámbito local que parece el más adecuado para abordar esta cuestión. Tantas concejalías de deportes que no saben más que organizar “medio-maratones” absurdos un día al año para justificar su existencia, tendrían una razón de ser evidente. Y es que no se puede decidir, más que desde la demagogia, si no tenemos información y si esta información no se transmite al administrado de forma comprensible. Muchas campañas de publicidad absurdas que sólo duran un tiempo corto en el espíritu del receptor del mensaje podrían ser sustituidas por el conocimiento racional de las cosas, que no es tan efímero como una impresión emocional que depende de circunstancias concretas. Este es el sentido que empieza a tener en urbanismo el término “participación pública” con el que tantas veces nos llenamos de tópicos.

La actividad física, competitiva y/o por placer,
a ser posible al aire libre, base del deporte  zoomnews

Se puede entender el deporte de muchas formas distintas. Según el Diccionario de la RAE tiene dos acepciones. Según la primera es: Actividad física, ejercida como juego o competición, cuya práctica supone entrenamiento y sujeción a normas. Y según la segunda: Recreación, pasatiempo, placer, diversión o ejercicio físico, por lo común al aire libre. Las dos tienen de común el ejercicio o la actividad física y la idea de juego o competición relacionada con el placer o la diversión. Pues bien, la actividad física más barata y elemental es andar. Y andar es, además, la base de una ciudad más sana. Si las ciudades estuvieran pensadas para andar, para desplazarse a pie un sitio a otro, probablemente serían ciudades más placenteras, sanas y divertidas. Interactuaríamos con personas y no con coches, ejercitaríamos los músculos, el corazón, los pulmones (por supuesto estarían mucho menos contaminadas). Y los que pudieran correrían no sólo por los circuitos preparados de los grandes parques sino por los circuitos que diseñaríamos aprovechando las calles y las plazas. O, si físicamente tuvieran la posibilidad, abordarían en bicicleta las distancias más grandes.

Habría que intentar facilitarle la vida al corredor urbano  werunbarcelona

Dicen Pozueta, Lamíquiz y Porto en un libro titulado La ciudad paseable (hay una reseña en un artículo del blog) que “Muchas de las ventajas de caminar tienen que ver con su mayor sostenibilidad ambiental frente a otros modos, pero comprenden, también, aspectos económicos, sociales e, incluso, de salud. La vida humana se desarrolla básicamente a pie; es a pie, fuera de los automóviles, cuando se producen las relaciones más directas e intensas de las personas con el entorno físico y social; y, el espacio público que las acoge es el espacio cívico por excelencia, el espacio de la integración y de la coherencia social”. Son, por tanto, muchas las ventajas, y no sólo desde un aspecto exclusivamente deportivo, de diseñar ciudades para el peatón: un medio de transporte sostenible, una práctica saludable, una actividad económicamente de interés, una inversión equitativa, mejor aprovechamiento del suelo y ausencia de congestión y calidad de vida e integración social.

Aparcar a la puerta como prioridad absoluta  viajaramadrid

Por desgracia, hasta hace pocos años la tendencia era la contraria. Todavía hoy en los procesos de participación ciudadana lo que los vecinos exigen por encima de cualquier otra consideración es la existencia de aparcamientos cercanos. Esto no quiere decir que la gente sea tonta o que “esté dominada por la tiranía del automóvil”. Es, sencillamente, porque lo necesita para desplazarse a casi cualquier sitio. Cuando se diseña (o rediseña en los procesos de rehabilitación o regeneración urbana) no se piensa nada más que en el rendimiento económico del producto inmobiliario pero casi nunca en la vida de las personas que van a “ocupar” ese producto. El primer mandamiento debería ser el de situar los servicios y equipamientos a una distancia razonable. El radio de acción de los desplazamientos peatonales, si se emplean entre  20 y 30 minutos para el recorrido sería de unos 2 kilómetros para velocidades de 4-5 Km/h. Eso si contamos con personas sin problemas. Si lo planteamos para casos más desfavorables estos radios deberían reducirse hasta el medio kilómetro, y para el acceso a los parques de proximidad probablemente a los 400 metros para que las personas de más de ochenta años con ciertos problemas de dependencia, pudieran acceder sin sufrimiento adicional.

Las bajas densidades de la periferia fragmentada imposibilitan
 conseguir servicios y equipamientos que no sean ruinosos  fercavia

Pero para conseguirlo resultan imprescindibles tres condiciones. Y las tres se relacionan directamente con el planeamiento y el diseño urbano. La primera, de la que ya hemos hablado, se resume en contar con densidades suficientes que hagan posible estos radios de recorrido en relación con los equipamientos o los servicios diarios. Con las bajas densidades de la ciudad periférica fragmentada es imposible contar, por ejemplo, con comercio de proximidad rentable y aparece la necesidad de usar el coche privado para acceder al comercio más elemental, incluso para comprar el pan o la leche. Y lo mismo sucede respecto a los equipamientos como los docentes. La segunda condición se refiere a la multiplicidad de usos. Un no rotundo a los usos exclusivos de residencia, de industria (hay muchas menos contaminantes que las viviendas), de equipamiento, comerciales o de oficinas. La mezcla de usos es básica para conseguir ciudades peatonales. Y la tercera tiene que ver con las tipologías arquitectónicas y urbanísticas. Por ejemplo, los patios de manzana privados con equipamientos en el interior de las manzanas hacen inviable un espacio público complejo y educador en la urbanidad.

Calles y plazas confortables son la base de una vida más activa  efarquitectura

Pero la cuestión no se refiere sólo a las distancias. Para que la gente de verdad disfrute andando por  una calle o por un parque tiene que hacerlo en condiciones confortables. Todavía me acuerdo de aquella encuesta que se hizo en los años 80 del pasado siglo XX sobre las plazas duras que se pusieron de moda en Cataluña. Cuando se les preguntaba a los mayores por qué no las usaban, la contestación era parecida a esta: porque nos da el viento en el cogote. El diseñador urbano cuenta con muy pocos elementos para garantizar el confort de una calle, una plaza o un parque. Pero algunos sí que existen: los propios edificios, los árboles, la topografía, los pavimentos. El problema es que suele olvidarlos. O si se acuerda los usa con una grave ignorancia de las normas más elementales. Aceras y árboles situados en sitios inadecuados, pavimentos que no evapotranspiran y que se convierten en bombas de calor por inercia térmica, bancos donde cae el sol a plomo en el verano y están sombreados en el invierno, utilización de especies alergógenas en el arbolado, paisajes urbanos inhóspitos y poco atractivos.

Nuestro espacio público necesita seguridad, no sólo respecto
 a los coches o a los accidentes, también contra la delincuencia  re

Pero necesitamos además un elemento muy importante que muchas veces se desprecia y cuya ausencia está volviendo nuestras zonas urbanas “zonas de guerra” en las que es casi imposible la vida de relación: seguridad. De forma sorprendente, no es una cuestión que normalmente se tenga en cuenta a la hora de planificar o diseñar nuestras áreas urbanas. Estamos ante una especie de tema tabú en el urbanismo que raramente se trata en los centros de enseñanza que forman a los profesionales de la planificación urbana. La consecuencia es que se comenten errores de bulto acerca de cuestiones elementales que luego repercuten en el anómalo funcionamiento de calles, plazas y parques. Existen un buena cantidad de métodos de diseño urbano que permiten conseguir una buena seguridad subjetiva: la llamada Prevención del Delito a Través del Diseño Ambiental (Crime Prevention Through Environmental Design, CPTED, iniciales de las siglas en inglés), la herramienta de Espacios Urbanos Seguros, el Retrato del Delito de Oportunidad en la Calles (Crime Opportunity Profiling of Streets, COPS, iniciales de las siglas en inglés), Los Lugares y los Niños (Kids and Space), Virtual CPTED, los mapas de criminalidad, las encuestas de victimización, y tantos otros.

El siglo XXI necesita ciudades pensadas para los peatones  arquine

Los nuevos enfoques con los que empieza a renovarse el urbanismo en este siglo XXI afectan también a la forma de afrontar el deporte y la actividad física en relación con la ciudad. Y, sobre todo si se consideran ambos aspectos (que, en parte, son el mismo) como un elemento básico de la salud pública. Esa salud pública que dio origen al urbanismo tal y como hoy lo conocemos pero que se fue separando más vez más de sus primitivas metas para convertirse en otra cosa, seguramente un negocio. Y eso no es malo. Lo malo es cuando ese negocio se convierte en el eje fundamental del planeamiento urbano. A lo largo de este artículo sólo he pretendido esbozar los aspectos prioritarios de esta nueva relación, que empiezan a indicar una vuelta a la necesidad de que el aire de las ciudades haga libres a los que en ella viven. Lo que significa que los haga más sanos de mente y de cuerpo, y más solidarios entre sí. El resumen podría ser: tenemos que conseguir una ciudad de proximidad con equipamientos cercanos (incluidos los deportivos de base) y en la que la mayor parte de los desplazamientos se puedan hacer andando. Son muchos los elementos a considerar, unos más importantes que otros (confort, seguridad, distancias, participación) pero es indiscutible la necesidad de que el marco físico y político en el que nos desenvolvemos haga posibles otras prioridades más nobles que las actuales.

miércoles, 1 de abril de 2015

Identidad y marca ciudad

Cuando trabajaba en temas de turismo urbano tuve que acercarme al marketing y a su relación evidente con la imagen de la ciudad. Entonces me interesaba bastante la planificación estratégica porque la veía como una nueva forma de abordar el planeamiento que se adaptaba muy bien a una visión más empresarial del urbanismo. Actualmente sólo me siguen interesando algunos de los métodos que utiliza pero me he alejado bastante, tanto de los fines que persigue, como la ideología implícita en sus presupuestos. Pero resulta que una de mis alumnas ha decidido realizar su trabajo fin de grado sobre los símbolos urbanos de Madrid, lo que me ha devuelto el interés por un tema que está en los mismos cimientos de una de las cuestiones que ahora más me preocupan: la vuelta a lo local. Y lo está, porque es parte de los procesos de creación de identidades urbanas, fundamentales en la reconsideración de las relaciones entre lo local y lo global desde la nueva visión que aportan los problemas a los que nos enfrentamos en el siglo XXI. Así que he decidido recuperar mis querencias empresariales (que las tuve) y escribir este artículo en unos momentos en los que parece que todo se confunde.

Los símbolos de algunas marcas se basan en elementos urbanos  foromarketing

Marca ciudad, city marketing, imagen urbana, urban branding, muchas denominaciones para la misma cosa: asociar el nombre de una ciudad a algún “objeto de deseo” lo más global posible (para abarcar más, claro). Al principio, según la teoría del marketing urbano, este “objeto de deseo” podía ser casi cualquier cosa ya que, con la adecuada campaña de venta, no importaba el objeto, lo que importaba era la calidad de la campaña. Luego se vio que las cosas no eran tan sencillas. Y que, por desgracia para los creativos publicitarios que pretendían aplicar las mismas recetas a la venta de una ciudad que a la venta de un coche, resultaba que ambas cosas se comportaban de forma distinta. El problema básico, como veremos más adelante, es que una empresa y una ciudad no tienen los mismos objetivos. Es decir, no fueron creadas para cumplir funciones ni tan siquiera parecidas. Por su gran complejidad, y por la necesidad de explicar sus connotaciones ideológicas, no pretendo meterme ahora a fondo en esta cuestión en la que trabajé un tiempo, sino solo acercarme al mundo de la imagen urbana y la marca en relación con sus implicaciones identitarias.

Las exposiciones universales como forma temprana de promoción
 Londres, 1851, Hyde Park, el Palacio de Cristal de Paxton,  fau

Pero como el concepto de identidad que he manejado en el blog difiere de lo que se entiende por identidad (en relación a la imagen y a la marca) en teoría del marketing, es necesario precisar algunos conceptos. Podíamos decir que, desde una visión empresarial, la identidad es la realidad, lo que son determinados productos o servicios, en nuestro caso una ciudad o un territorio, mientras que la imagen es la forma en la que los demás la perciben. La marca no es nada más que un elemento diferencial, un valor añadido al producto, que puede asociarse a una imagen. Dice Vanella que “un bien que no tiene marca carece de identidad y puede ser sustituido por cualquier otro producto similar” (en Tinto, 2008). Ya puede comprenderse que ningún bien carece de identidad tal y como lo hemos entendido en otros artículos, pero desde el punto de vista del marketing esta aseveración tiene su razón de ser ya que sin marca no se aporta valor añadido, y la marca se basa en un hecho diferencial. Por tanto existe identidad en tanto que existe una imagen que permite apreciar esta diferencia. Lo más importante es que la imagen no tiene porque coincidir con la realidad, es decir con la identidad.

Buscando desesperadamente el hecho diferencial
 Frank Gehry, bodegas Marques de Riscal en El Ciego, oscaray

Los tres elementos están pues íntimamente relacionados. Sin embargo, esta relación se produce porque el elemento a vender hay que visualizarlo desde el exterior. Es decir, la imagen, el mensaje, la marca, se dirigen a los potenciales clientes. Y en el caso de una ciudad estos potenciales clientes suelen ser el resto del mundo o determinadas poblaciones. Las dificultades empiezan cuando nos percatamos que una ciudad es algo más que un bien a vender. Una ciudad es un lugar habitado. Los ciudadanos forman parte de la ciudad y, en principio, una ciudad no se crea como un producto industrial destinado a la venta. Se crea para procurar un lugar de relación entre sus habitantes. Y, por tanto, la base de la que partimos, la identidad, es algo más que el concepto que maneja el marketing. La identidad, en urbanismo, se relaciona directamente con el sentido de pertenencia de un grupo a un lugar físico concreto. Ya he hablado en otros sitios del blog de los marcos de la memoria de Halbwachs y como esos marcos se pueden entender también como la relación entre los grupos y los lugares.

La plaza de Neptuno puede no ser un símbolo externo de Madrid,
 pero es un lugar relacionado con los aficionados del Atlético  tele5

Ya empezamos a ver que las cosas no son tan sencillas porque la identidad de la que habla el marketing en diferente de la identidad de un grupo relacionado con un lugar físico. La identidad del marketing es la identidad tal y como la perciben los demás y, desde este punto de vista, existe si existe una marca (que, frecuentemente, se relaciona con un símbolo o con una idea, luego volveremos sobre ello) y a esto es a lo que se refiere Vanella. Pero el sentido de pertenencia a un grupo tiene que ver con la percepción de los elementos del propio grupo, y la identidad existe en tanto que existe esta sensación de pertenencia. Por tanto, el hecho diferencial en este segundo caso, está relacionado más con elementos internos que con percepciones externas al grupo. Las dificultades aumentan cuando se comprende que las sensaciones propias del grupo se condicionan también por la imagen que del grupo tienen los demás, los otros, las personas ajenas al mismo. Los vallecanos (habitantes de un barrio de Madrid) crean lazos comunes derivados de compartir un mismo territorio y ello crea elementos identitarios relacionados con un lugar físico, pero parte de esta identidad viene condicionada por cómo se ve el barrio por el resto de madrileños.

El llamado Bulevar de Vallekas (Peña Gorbea),
 elemento espacial identitario del vallecano  madridfree

Antes de existir el marketing urbano o territorial y las marcas ya existían estereotipos. Un estereotipo no es más que un mapa cognitivo simplificado de la realidad (“a los catalanes solo les importa el dinero”, “los bilbaínos se creen los mejores”, “los madrileños son unos chulos”) que utilizamos por comodidad y simplicidad de medios. Según Josep Chias, los estereotipos son “pseudo-imágenes basadas en diferencias culturales o sociales y en el desconocimiento del acto, hecho u objeto correcto o concreto”. Serían una especie de marca, la representación del elemento diferencial y característico, que crearía una identidad externa y que no necesariamente se correspondería con la realidad. Estas creencias arraigadas en el sentimiento del “otro”, del que no pertenece al grupo, del que lo ve desde afuera, actuarían como un componente más en la creación de la identidad de ese grupo. El marketing entiende que, mediante los medios de comunicación, puede crearse o manipularse esta visión externa del hecho diferencial. Los puristas entienden que esta manipulación solo se puede hacer hasta cierto punto y con determinadas condiciones.

Un poco de humor: Estereotipos europeos según los españoles
 Señalar en la imagen para verla más grande  alphadesigner

Además resulta que la aplicación del branding a las ciudades presenta numerosas “anomalías”. Assumpció Huertas señala tres. La dificultad de crear una única marca cuando resulta que una ciudad (o un territorio) se dirige a numerosos sectores distintos, desde inversores a turistas o a estudiantes, por ejemplo. Otro problema es que ciudades diferentes pretendan identificarse con el mismo “objeto de deseo” (París ciudad de Congresos, Madrid ciudad de Congresos). Y, en tercer lugar, la tremenda dispersión existente entre instituciones que proponen distintos “objetos de deseo” asociados al mismo lugar. En un artículo de Sáenz, Mediado y Elizagarate sobre la “Creación de desarrollo de la marca ciudad”, donde se analizan los registros de marca de las diferentes ciudades españolas, puede verse como Zaragoza tiene registradas en la OEPM hasta 22 marcas distintas que van desde “Zaragoza Blue”, hasta “Zaragoza Family”, pasando por “Zaragoza Choco Tour” (literal). El Ayuntamiento de A Coruña tiene registradas 14, o Madrid 11 (desde “Madrid excelente” hasta “Madrid, hostil contra la droga”).

Zaragoza Choco Tour, marca registrada  jallher instawebgram

No me quiero detener ahora, además, en señalar otros problemas añadidos como la variabilidad del propio objeto ciudad a lo largo del tiempo. Por ejemplo, Detroit, en pocos años, ha pasado de ser “la ciudad del automóvil” a “esta ciudad es una ruina”. Esto ha hecho que muchos autores se cuestionen la posibilidad de aplicar el sistema de marcas a ciudades o territorios. En el artículo de Huertas se puede encontrar bastante bibliografía, tanto a favor como en contra. Dejando a un lado las posturas teóricas, la realidad es que este tipo de marcas existen. La marcas ciudad (o país) son hechos consolidados. Y en España todavía más, después del éxito del “modelo Barcelona” debido, en parte, a su consideración de la ciudad como una multinacional. De todas formas, respecto al "modelo Barcelona" y a lo que representa, y antes de opinar, recomendaría leer los trabajos de Horacio Capel sobre El Modelo Barcelona (Ediciones del Serbal, 2005) o el trabajo de Montaner, Álvarez y Muxí Archivo crítico, modelo Barcelona, 1973-2004 (Ayto. Barcelona, 2012). También el artículo de Sutton en Geocrítica titulado “Barcelona y el city branding: la ciudad como una corporación” (2013) o el libro de Manuel Delgado titulado La ciudad mentirosa: fraude y miseria del modelo Barcelona (La Catarata, 2007).

Barcelona, el "nuevo barrio" @22  detail

El caso es que ya llevo tres folios y todavía no he escrito nada sobre el tema de la imagen y sus relaciones con la marca y la identidad. Aquellos que me conocen ya saben que cuando empiezo a escribir (o a hablar) se sabe como empiezo pero no en qué acabará todo. El caso es que se trata de una cuestión compleja, con muchas derivaciones y difícil de abordar en un artículo de un blog. Pero voy a intentar plantear ahora la cuestión de la imagen. En el trabajo de Chias al que me he referido anteriormente se dice que la imagen “es la representación mental, el conjunto de impresiones o incluso los valores, que la gente relaciona o asocia a un determinado sujeto (entidad, organización, empresa). Esta imagen influye en el grado de preferencia del público por el sujeto y por lo tanto en el comportamiento de compra sobre lo que éste ofrece al mercado”. Esta visión, básicamente empresarial, de lo que es una imagen desde el punto de vista la venta de un producto, se opone frontalmente en el caso de la ciudad, a lo que entienden autores clásicos del urbanismo tales como Rossi, Sicca o Lynch.

Londres, por supuesto bhmpics

Casi todos los autores que se ocupan de la imagen urbana distinguen entre dos grandes grupos de “cosas” que se perciben. Por una parte, lo que Bailly llama los elementos constantes (que otros identifican con el tejido o con la áreas de residencia), y por otra los elementos singulares (primarios para Rossi o emergencias para Quaroni). Los elementos singulares, que son los que nos sirven para orientarnos en la ciudad, se producen a varios niveles: hay elementos singulares de ciudad, de distrito, de barrio, incluso de manzana. Los de ciudad serían aquellos conocidos por todos y que permitirían entender la ciudad globalmente, mientras que, por ejemplo, los de barrio o de distrito sólo serían bien conocidos por los habitantes de ese barrio o distrito o por otras personas que los usaran frecuentemente como los que trabajan o reciben enseñanza en ese sitio. Son los que Lynch llama hitos o nodos (incluso bordes y sendas podrían asimilarse) y que nos permiten orientarnos a diferentes niveles.

París, sin duda  miriadna

Si se considera a la ciudad globalmente, es decir, si se atiende a las referencias de primer orden su elección suele ser bastante clara y parecen coincidir la mayor parte de los habitantes. Probablemente sobrepasen la categoría de “banderas de orientación” para adquirir la de símbolos. En algunos casos, por tanto, determinados elementos de primer orden, que destacan entre los destacados por tener una configuración física fuerte y nítida, si se mantienen por tiempo suficiente llegan a adquirir el “status” de verdaderos símbolos con los que puede llegar a identificarse toda una ciudad. Forman parte de esa imagen global de la misma que, muchas veces no responde a su visión de conjunto, ni a su verdadera silueta recortada en el cielo (skyline), sino a una representación ideal. Generalmente se trata de objetos visibles desde muchas posiciones y su misión no es la de servir de orientación aunque sí se pueden considerar como elementos representativos.

Boston, Custom House Tower, otra torre-símbolo  skyscrapercity

Veamos lo que dice Kevin Lynch respecto a Boston: “Pocas personas tenían un sentido preciso de dónde estaban esos mojones distantes y de cómo abrirse camino hasta la base de uno u otro edificio. De hecho, la mayor parte de los mojones distantes de Boston eran “sin fondo”, esto es, daban la impresión peculiar de estar flotando. Tanto el John Hancock Building como la Custom House y la Court House son elementos dominantes en el panorama general de la ciudad, pero la ubicación e identidad de sus bases no es de ningún modo tan significativa como la de sus partes superiores”. De las grandes ciudades actuales es difícil tener una imagen global. En la mayor parte de los casos esta imagen global ha sido sustituida por un símbolo o un conjunto de tópicos. Sin embargo, en las ciudades pequeñas y en algunas de tamaño medio todavía es posible una identificación directa de las mismas por su silueta que, incluso, puede convertirse en simbólica. En cualquier caso, estos símbolos o conjunto de tópicos son básicos (tanto desde el barrio o el distrito como de la ciudad) para que los ciudadanos se identifiquen con ellos.

En otro momento debería dedicar un artículo más extenso
 a los imaginarios de marca, al llamado brandscape  branzai

Existe, por tanto, una identificación interna que relaciona a un grupo de ciudadanos con determinados elementos que no necesariamente forman parte de su identificación externa. Esto es importante porque en muchos casos los símbolos internos, generalmente imágenes, se corresponden con lenguajes formales surgidos en culturas específicas de ámbito territorial reducido. El problema es que, cuando los creativos publicitarios han intentado convertir estas imágenes basadas en formas concretas correspondientes a una cultura local (irónicamente, conteniendo un hecho diferencial indudable) en una imagen de marca comprensible universalmente se han encontrado con que en muchos casos resultaban incomprensibles. Y lo primero que se les ha ocurrido es “traducir” estas formas locales a un lenguaje formal menos local. Es decir, descontextualizarlas. A veces se ha hecho bien y el resultado ha sido un éxito, pero en otras se han cometido verdaderos atentados a las identidades de los grupos, bien por cortedad creativa (no todos los creativos son buenos profesionales) o por imposibilidad de traducir determinadas formas concretas sin equivalente posible.

Madrid ya tiene logo, pero… ¿marca?¿símbolo?  munimadrid

Nos encontramos por tanto que, a veces, las campañas masivas que pretenden crear una marca (a ser posible a partir de una imagen) interfieren en las identidades locales desvirtuándolas y, en algunos casos, aniquilándolas, sólo por el hecho de suponer que ello va a significar mayor crecimiento y, por tanto, felicidad para sus habitantes. Y eso que tiene un reflejo evidente en la desaparición de las formas y cultura locales significa, como tantas veces he denunciado, un importante aumento de la insostenibilidad y la consiguiente pérdida de resiliencia del sistema. Podía poner bastantes ejemplos de este tipo de procesos pero, probablemente, cada uno en su barrio o en su ciudad puede encontrar alguno cercano. Menos mal que la ineptitud de algunos creadores va a favor del mantenimiento de las identidades internas y de las formas y cultura locales que, la mayor parte de las veces, aguantan sin problemas campañas puntuales, mal diseñadas y sin continuidad en el tiempo. A ello es debido, en parte, que Kavaratzis llegue a afirmar que “El City Branding sólo es posible si implicamos a los ciudadanos y lo convertimos en una herramienta para hacer su vida mejor”. Esa debería ser la norma.

City Branding, Melbourne convertido en marca  nuvonium

Ha sido un artículo duro ya que hoy me ha tocado lidiar con un tema muy abstracto, pero ya acabo. En definitiva, una ciudad no se comporta igual que una multinacional. Algunas de las razones he tratado de explicarlas en párrafos anteriores. Pero la fundamental estaría basada en el hecho de que la existencia de una ciudad no se justifica con un objetivo económico. Una ciudad es, por encima de cualquier otra cosa, el marco físico de convivencia de los ciudadanos. Si su reconversión en empresa hace incompatible este objetivo o lo dificulta, deberíamos de meditarlo muy seriamente. Por supuesto, hay que ser honrados y pensar si, detrás de estos programas, no estará en realidad el deseo de todo grupo humano de ser mayor, tener más poder y someter al otro. Solo así se explicaría que las ciudades compitan por ser cada vez más grandes en lugar de competir porque sus residentes sean, por ejemplo, más felices o puedan alcanzar mejor su desarrollo como personas. Y de que, a pesar de que todas las encuestas nos digan que los habitantes de las ciudades medias son más felices que los de las grandes ciudades, nos empeñemos en que nuestra ciudad sea la más rápida, la más alta, la más fuerte (Citius, altius, fortius). Y ahora, además, la más “listilla”. Como esas Smart Cities objeto del deseo de tantas multinacionales (estas sí, genuinas) al acecho.


Nota 1: Lamento haber tenido que incluir bastantes expresiones inglesas en el artículo (algunas de sencilla traducción al español) pero es la mejor forma de que los buscadores lo encuentren. También la proliferación de comillas debido a la necesidad de ayudarme del contexto para abreviar algunos párrafos. Y por último, el haber utilizado una vez más el término identitario no reconocido por la RAE pero es que no consigo encontrar otro equivalente.

Nota 2: Como ya sabéis soy enemigo de poner bibliografía, notas al pie, etc., en los artículos del blog y, sobre todo cuando no se pueden encontrar gratis en internet, pero dada la amplitud del tema no he tenido más remedio que citar muchos autores. Las referencias a los que he citado o que me han servido de ayuda para escribir los párrafos anteriores, son las siguientes:
  • Ashworth, G. y Kavaratzis, M.: "Beyond the logo: Brand management for cities", Journal of Brand Management, vol. 16, Jul/Ago 2009, pp. 520-532.
  • Bailly, A. S.: La Perception de l'espace urbain, Centre de recherche d'Urbanisme, 1977. En español: La percepción del espacio urbano, IEAL, Madrid, 1979.
  • Calvento, M. y Colombo, S. S.: "La marca ciudad como herramienta de promoción turística ¿instrumento de inserción nacional e internacional?", Estudios y perspectivas en turismo, vol. 18, 2009, pp. 262-284.
  • Capel, H.: El modelo Barcelona, Ediciones del Serbal, Barcelona, 2005.
  • Chias, J.: "Spain, an Image worth than 1000 words", en Gartner, W.C.: Temporal influences on Image, Annals of Tourism Research, vol. 13, 1986.
  • Delgado, M.: La ciudad mentirosa: fraude y miseria del modelo Barcelona, Libros de La Catarata, Madrid, 2007.
  • Halbwachs, M.: La topographie légendaire des Évangiles en Terre Sainte, étude de mémoire collective, Presses universitaires de France, Paris, 1941. Existe una traducción reciente al español: La Topografía legendaria de los Evangelios en Tierra Santa: estudio de memoria colectiva, Centro de Investigaciones Sociológicas, Madrid, 2014.
  • Huertas, A.: "Las claves del Citybranding" en Lecciones del Portal de la Comunicación, Institut de la Comunicació, UAB, 2010.
  • Kavaratzis, M.: From city marketing to city branding, Rijksuniversiteit Groningen, Groningen, 2008.
  • Lynch, K.: The Image of the City, MIT Press, Boston, Mass, EE.UU, 1960. Hay varias traducciones al español, la última que conozco es: La imagen de la ciudad, Gustavo Gili, Barcelona, 2014.
  • Montaner, J. M., Álvarez, F. y Muxí, Z.: Archivo crítico. Modelo Barcelona, 1973-2004, Ajuntament de Barcelona, Barcelona, 2012.
  • Quaroni, L.: La Torre di Babele, Marsilio, Padova, 1967. En español: La Torre de Babel, GG, Barcelona, 1970.
  • Rossi, A.: L'architettura della città, Marsilio, Padova, 1966. Hay varias traducciones al español, la última que conozco es: La arquitectura de la ciudad, GG, Barcelona, 2013.
  • Sáez, L, Mediano, L. y Elizagarate, V.: "Creación y desarrollo de marca ciudad. Análisis de los registros de marca de las principales ciudades españolas", Revista de Dirección y Administración de Empresas, nº 18, diciembre 2011, pp. 125-156.
  • Sutton, O.: "Barcelona y el City Branding: La ciudad como una corporación", Geocrítica, vol. XVIII, nº 1049(17), 15 de noviembre de 2013.
  • Tinto, J. A.: “La imagen de marca de las ciudades”, Provincias nº 19, enero-junio, 2008, pp. 91-121.