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domingo, 4 de junio de 2017

Turismo, paisaje e identidad

Simplificando un poco, y como ya he escrito en algún otro artículo del blog, podríamos hablar de dos grandes tipos de turismo. Por una parte, un turismo basado en el territorio y, por otra, el relacionado con actividades ajenas al mismo y que, con determinadas condiciones, se puede producir casi en cualquier sitio. Al primero se le conoce como “turismo anclado”, y al segundo como “turismo flotante”. Hoy voy a centrarme en el primero en el que, a su vez, se pueden distinguir dos modalidades: El turismo que se suele denominar cultural, y el de naturaleza. No es que la naturaleza no sea cultura y que los hechos del hombre no formen parte de la naturaleza sino que, desde el punto de vista práctico se puede diferenciar entre lugares que cuentan con obras admirables de la creación humana, museos, catedrales, centros históricos de aquellos otros con panoramas naturales espléndidos, bosques, acantilados o ríos maravillosos.

Una reunión de negocios global necesita un lenguaje
 común global ¡y un fondo de escritorio tipo Windows XP! icebergci

En ambos casos (y en todos aquellos mezcla de ambos que son los mayoritarios), y para que funcione, hay que competir en un mercado global ya que se supone que el planeta entero debería de ser nuestro mercado turístico. En el momento actual “vender en el mercado global” significa, básicamente, imagen. Además, una imagen que cuente con unas características determinadas. La principal es que pueda ser entendida por la mayor cantidad de gente posible aunque geográfica y culturalmente esté muy alejada del lugar que se pretende vender. Lo que significa que se hace necesario el uso de un lenguaje formal global y no uno local sólo comprensible para los “locales” porque, precisamente, de lo que se trata es de incrustarse, meterse en el alma y en el deseo de los de afuera. Y, con objeto de diferenciarse de la competencia, esto suele reducir la mayor parte de las imágenes que se proponen a banalidades extravagantes pero, eso sí, fácilmente asimilables.

Fachada de la biblioteca pública de Kansas, USA
 La extravagancia con reclamo  idealista

Lo malo de esta situación es que contamos con un vocabulario formal muy limitado que suele reducirse a lo raro o lo fuera de escala. La estructura de madera más larga del mundo, el rascacielos más alto, el mirador más vertiginoso, la casa-libro, o "pitufilandia" el pueblo azul de Júzcar (Málaga). El que un pueblecito de la Serranía de Ronda, de casas tradicionalmente de blanco, decida un día (por sugerencia de Sony) y con motivo del estreno de la película en 3D de Los Pitufos pintar todas sus casas de azul es un ejemplo paradigmático de lo que trato de decir. El problema es que ha funcionado y, a día de hoy, casi toda la actividad del pueblo se basa en el turismo. Vendemos así las imágenes de nuestras ciudades, de nuestros territorios, de nuestros países. Hay ciudades, territorios, países, que ya tienen una imagen consolidada. Dice Ignacio Armada Manrique (ver el artículo de 2008 sobre el skyline de Madrid):

Pitufilandia, el pueblo azul de Júzcar  elmundo

"Ciudades europeas como Londres, París e incluso Berlín con su puerta de Brandemburgo -y no digamos Roma o Venecia-, también cuentan con una suerte de sky-line al que han recurrido no pocas veces los cineastas autóctonos, e igualmente los foráneos que han localizado allí sus filmaciones. Es algo que explicaban en los años sesenta desde Alfred Hitchcock a François Truffaut y que se puede resumir en el siguiente lema: si vas a rodar en una ciudad con un edificio famoso, localiza la acción en ese lugar. No sólo la imagen aporta información sobre el escenario; además, el espectador se sentirá inconscientemente cómodo y satisfecho al poder contemplar lo que en definitiva esperaba ver. Si una película transcurre en Londres, necesitamos ver el Big Ben. No podemos por menos de preguntarnos por qué eso no ha ocurrido en el cine español, ni antes ni ahora, respecto a Madrid".

Madrid no tiene imagen global, solo local. Necesita
 un letrero que diga: estamos en Madrid  foto de tecmerin

Cuando, como en el caso de Madrid, no existe una imagen global, todo en más sencillo: o se pone un cartel con el nombre de Madrid, o se crea una imagen y se vende con la oportuna campaña publicitaria. Aunque crear una imagen partiendo de cero no es tan sencillo. Llevo bastantes años trabajando en temas de imagen e identidad y he llegado a la conclusión que los términos imagen e identidad están mucho más imbricados de lo que parece y que una imagen que no responda a una identidad previa no suele consolidarse. Si es suficientemente extravagante se comporta como los fuegos artificiales o los trending topics: dura unos segundos y luego se desvanece ante el empuje de otras extravagancias mayores. Eso sí, los restos de una mala decisión pueden quedar para siempre condicionando los elementos locales, y en algunos casos la imagen global, como, por ejemplo, la torre Agbar en Barcelona o el rascacielos Cajasol en Sevilla que compiten, respectivamente, con la Sagrada Familia o con la Giralda.

Barcelona no tiene el problema de Madrid. Además de la Sagrada
 Familia cuenta con un gran consolador de referencia  laguiadeviaje

Pero claro, para que las imágenes respondan a los valores identitarios de una sociedad concreta tropezamos con la necesidad de utilizar un repertorio formal local, normalmente incompatible con el global ya que es necesario pertenecer a esa cultura o haberla estudiado con suficiente intensidad. Si un árabe utiliza, de verdad, los recursos formales propios de su cultura jamás podrá posicionarse en un mercado global ya que su vocabulario icónico y de imagen normalmente (a menos que medie el exotismo o la extravagancia) será incomprensible para un sueco, por  ejemplo. Entonces tiene que recurrir a los recursos foráneos, recursos ajenos a su identidad y que, excepto casos muy especiales, son rechazados tarde o temprano entre los locales (o bien se pierden los elementos propios del sitio sustituidos por los foráneos). Y que, también, más pronto que tarde, son superados por otras extravagancias mayores.

La ciudad de Amman en Jordania todavía conserva
 su identidad en parte de su recinto histórico  trekearth

Sea cual sea el producto turístico global creado dependerá, esencialmente, del transporte. Los destinos más alejados, más exóticos, más inaccesibles, son los más deseados. No porque nos proporcione mayor placer el lugar sino por el hecho de estar en un sitio donde muy pocas personas pueden estar o donde es imprescindible haber estado. “¿Ah, pero tú no has estado nunca en Cancún? -dices mientras posas en mí tu mirada azul- pues no debes perdértelo, nosotros estuvimos el año pasado y fue fenomenal, un hotel fantástico con sirvientes nativos que te colmaban de atenciones y daiquiris todo el tiempo, además un día nos llevaron a ver unas piedras de una cultura mayólica o algo así que mataban a los prisioneros y les arrancaban la piel”. De forma que la industria turística, en la actualidad, consiste en llevar a la mayor cantidad posible de personas lo más lejos que nos permita el presupuesto para que puedan contarlo en Twitter, Facebook, o Instagram.

Lo de menos es el sitio, lo que importa es hacerte
 un selfi en el sitio, incluso con "selfie shoes"  demilked

Sin embargo parece que por primera vez en la historia, la humanidad ha visto que existen límites reales que condicionan todo. Desde las expectativas hasta los valores pasando por las propias formas de distribuirse por el territorio. Límites que, además, están muy cercanos. Resulta que una parte muy importante de la huella ecológica se invierte en desplazamientos horizontales: de alimentos, de materiales, de energía, de personas. Yo puedo entender que se importen ordenadores o relojes de China, pero no me cabe en la cabeza que se traigan piedras que pesan cientos de toneladas. Pero lo peor de todo es que, por ejemplo, miles de ingleses se desplacen un viernes a Ibiza, se pasen todo el fin de semana bailando en Pachá y luego el domingo por la noche vuelvan a Londres y sigan con su vida normal ¿no sería mejor que bailaran directamente en Londres y dejaran tranquilo el planeta?

¿Por qué ir a emborracharte en Magaluf pudiendo
 hacerlo en UK con menores costes ecológicos?  thesun

Ya escribí en otro artículo del blog que una de las pocas justificaciones del turismo era el reequilibrio de rentas entre la población autóctona y la foránea. Es decir que, hasta cierto punto, podría ser admisible tanto dispendio si, por lo menos, valiera para que los residentes más pobres pudieran conseguir rentas mayores. Sin embargo no suele ser así. En un estudio que hicimos hace bastantes años calculamos cual era el beneficio económico que dejaba un safari fotográfico en Kenia a los keniatas. Bien, de cada cien marcos (todavía no estaba en vigor el euro) que pagaba un muniqués por el safari sólo quedaban en Kenia dos. Se podrá decir que esto es mejor que nada, pero todo lo demás se lo quedaba la cadena inglesa de hoteles, la operadora turística alemana o la compañía aérea de los Emiratos. Si es que hasta la comida y las bebidas del hotel procedían de  una empresa de suministros canadiense. Espero que esta situación haya cambiado porque se trataba de un nuevo colonialismo territorial.

Safari en Kenia, casi nada para los keniatas  ep24

Pero el problema fundamental no está en que sea un verdadero desperdicio ecológico y un desastre social (no tengo tiempo de meterme en honduras con este tema pero aquí tendría que plantear la teoría de los ecotonos sociales y el necesario mantenimiento de las estructuras culturales autóctonas que salvaguarden la diversidad) sino que no tiene futuro. Algunas estimaciones (foro UNIA) nos dicen que el precio de la energía se va a duplicar hacia el 2030 a igualdad de todos los demás factores. No es que no exista energía, ni tan siquiera que se terminen los combustibles fósiles (mediante el craking tenemos mucho más de lo que podemos gastar en un futuro inmediato). El problema es el coste. Si en 1998 el gasto en transporte y comunicaciones era el 12,6% del presupuesto familiar, y en 2010 el 15,6%, el hecho de superar el 30% va a tener unas implicaciones importantísimas no sólo en el funcionamiento de las ciudades (el sprawl residencial va a ser casi inviable) sino también en el turismo. Pero, para entonces, algunas cosas ya serán irreversibles. Por ejemplo, el cambio climático.

Una de las posibles consecuencias de la caída turística
 Ruinas Modernas, urbanización en Estepona  juliaschulz

El primero que sufrirá bastante será el turismo descontextualizado o, como yo le llamo, el turismo flotante. Una buena parte del mismo sencillamente va a desaparecer. También afectará al turismo cultural, ya que muchas de las actividades que lo mantienen se pueden sustituir. Los turistas se lo pensarán dos veces a la hora de ir a París a ver “La Gioconda” cuando pueden ver hasta las pinceladas en una reproducción accesible en Internet (los museos en la web empiezan a tener una gran importancia). Probablemente el que menos se vaya a resentir sea el turismo de naturaleza porque, claro, la experiencia no es tan sencilla de repetir con sistemas virtuales. Habrá que ir adaptando nuestro turismo a desplazamientos cada vez más cercanos. De forma que los ámbitos locales volverán a ser determinantes y recuperarán el peso que tuvieron en su día. Aquellos lugares que no se planteen su reconversión van a verse muy afectados. Y, sobre todo, parece imperiosa la necesidad de diversificar el producto. 

Iconos globales, “La Gioconda”. El aumento del precio del
 transporte le afectará mucho como destino turístico  lanacion

Y respecto al tema de las marcas y la imagen esperamos que las cosas mejoren bastante. Al no ser necesario competir en un mercado global sino en uno local, más reducido, paradójicamente aumentan las posibilidades de utilizar un vocabulario formal mucho más amplio lo que posibilita convertir valores identitarios en imágenes. Y esto se relaciona directamente con la creación de paisajes. Respecto a este tema, y para terminar, voy a reproducir un texto que envié para publicar en el décimo newsletter del Primer Coloquio Ibérico de Paisaje celebrado en Lisboa hace un par de meses y muy relacionado con el artículo de hoy. Lo titulé “Identidad y Paisaje”. A pesar del tono distendido del mismo, el problema de fondo que plantea es la posibilidad de una diversidad cultural en un mundo globalizado. Sobre todo en lo que se refiere a las imágenes de “usar y tirar” que están en la base de una sociedad del espectáculo con poco futuro. Espero que los profesionales del paisajismo no se enfaden demasiado.

Mis imágenes y recuerdos favoritos, Santiago, Quintanas
 Estado en el que se encontraba mi "locus" en 1926  savoy

Dice Maurice Halbwachs: "Por lo tanto, no es totalmente cierto que para recordar haya que transportarse con el pensamiento fuera del espacio, ya que, al contrario, es sólo la imagen del espacio la que, por su estabilidad, nos ofrece la ilusión de no cambiar en absoluto a lo largo del tiempo y encontrar el pasado en el presente; pero así es como podemos definir la memoria, y el espacio es el único que resulta lo suficientemente estable para poder durar sin envejecer ni perder ninguna de sus partes". Es ese sentido del lugar, el locus, lo que crea identidad, tanto colectiva como individual. Lo que otorga al individuo y al grupo el hecho diferencial que le convierte en algo propio y que da lugar a la aparición del otro. Pero para que esto suceda deben de formalizarse vivencias comunes en ese espacio para que den soporte a las imágenes y al recuerdo. Surge así el paisaje como territorio donde ocurren cosas, como lugar creador de identidad. Este es un aspecto del paisaje frecuentemente olvidado.

Todos los tópicos del paisaje juntos en la misma imagen
 Pertenecen al acervo formal global  traveltop

Se puede entender el paisaje desde muchos puntos de vista: como recurso, como belleza, como ecología, como soporte. Pero, en últimos tiempos, el paisaje se entiende básicamente como objeto de consumo. Ni siquiera tiene que ser estrictamente bello o portador de valores ecológicos. Es suficiente con que sea conocido y objeto de deseo. Cientos de miles de personas visitan Iguazú, la torre de Belem en Lisboa, el casco histórico de la ciudad de Cáceres o el bosque de Irati, y eso crea riqueza para algunos. Pero, poco a poco, esos lugares se van convirtiendo estrictamente en mera tramoya teatral obviando otros valores importantes relacionados con la identidad de pueblos y culturas. Y es así como algunos lugares se transforman en otra cosa, adaptándose a los requisitos que esperan encontrar aquellos que los visitan y perdiendo los elementos que eran referencia para los grupos que, precisamente, los habían ido creando y manteniendo. Es decir, adoptan un lenguaje formal único inexorablemente relacionado con el pensamiento único.

El paisaje de Millana visto por un residente. Del articulo de Teresa Eiroa
 publicado en el blog sobre los aspectos identitarios del paisaje rural

Estamos, por tanto, en un momento delicado, en el que sería interesante que se produjera un cierto equilibrio entre los distintos objetivos que deberían de proponerse a la hora de mantener determinados paisajes. El problema es que casi el único objetivo es conseguir paisajes cuyas formas sean del agrado del mayor número de personas, justamente de aquellas que los visitan, no de aquellas que los viven. Paisajes creados para el turismo. Esto trae consigo implicaciones importantes como son el fortalecimiento de lenguajes formales comunes digeribles por la mayoría de la gente frente a los lenguajes locales, con una pérdida evidente de diversidad. También la consideración de los valores económicos por encima de cualquier otro relativo a la vida de las personas. Y es así como los sistemas masivos de difusión de imágenes están contribuyendo a la creación de patrones formales comunes en detrimento de genius loci tal y como se ilustra en la imagen de abajo.

El fondo de escritorio de Windows XP (ver la primera
imagen del artículo). Creando lenguajes formales globales

Ante esta imposición mayoritaria y casi tiránica del paisaje como “sitio donde hacerme un selfi”, deberíamos reivindicar que el paisaje sea también aquel lugar indisolublemente unido a la creación de la identidad individual o colectiva. No exterminar el genius loci debería ser el primer mandamiento de todos los que, de una forma u otra, intervenimos en el paisaje. Para lo cual, claro, primero hay que encontrarlo. Cosa, por lo que se ve, bastante complicada cuando en la mayoría de los casos ni tan siquiera se considera a la gente directamente relacionada con el mismo. Y mucho menos cuando esta relación no es la actualmente existente sino la que se ha producido a lo largo de años, siglos o milenios. Y es que este geniecillo del lugar muchas veces queda convertido en delicioso manjar que es devorado con fruición (y hasta su completa desaparición) por una masa de turistas ávidos de consumirlo. Eso sí, previamente cocinado al vapor por expertos chefs paisajistas, arquitectos, urbanistas, planificadores y creativos publicitarios, lo suficientemente alejados del sitio como para ser capaces de destruirlo con gran alegría y sin mayores remordimientos.


sábado, 4 de febrero de 2017

Investigar con datos visuales

Todos los métodos de investigación, bien sean cualitativos o cuantitativos, utilizan datos. Los datos pueden ser de muchos tipos: numéricos, verbales, subjetivos, objetivos… Pero, muchas veces, al trabajar en temas relacionados con la ciudad y el territorio nos encontramos con un tipo de datos muy especiales, los datos visuales. Normalmente, los datos visuales (como cualquier otro tipo de datos) se tratan recurriendo a metodologías cualitativas, cuantitativas o mixtas. Sin embargo, presentan algunas características específicas que es necesario conocer. En algunos artículos del blog se han presentado trabajos en los que se utilizan datos visuales para llegar a determinadas conclusiones pero, hasta ahora, no he tratado el tema de forma sistemática. A continuación voy a intentar una introducción al uso de este tipo de datos tan importantes tanto en urbanismo como en paisaje y ordenación del territorio.

Datos visuales como punto de partida  iab

Lo primero que habría que decir es que voy a tratar de “datos visuales”. No del “análisis visual” de otro tipo de datos, bien sean cuantitativos o cualitativos. Esto es importante. El material de partida serán dibujos, fotos, edificios, esculturas, vídeos, paisajes, o películas. Es decir, material gráfico que, incluso, podemos convertir en datos numéricos para luego representarlos gráficamente. Además, aunque tanto en el título como a lo largo del texto hablaré de “datos visuales”, en realidad en algunos casos debería decir “datos audiovisuales” ya que, a veces, se trata de vídeos, películas o programas de TV, en los cuales la información visual es casi inseparable de la auditiva. Buena parte de los investigadores que han utilizado este tipo de datos lo han hecho a partir de planteamientos metodológicos cualitativos. Y, muchas veces, en temas de psicología o investigaciones sociológicas, aunque probablemente haya sido la antropología la que más los ha utilizado y avanzado en técnicas específicas.

Portada del libro de Marcus Banks  edmorata

Para no perderme y simplificar la exposición, voy a seguir en parte el esquema del libro de Marcus Banks titulado Los datos visuales en investigación cualitativa, cuya lectura recomiendo a cualquier investigador no solo por lo que dice, sino por el completo conjunto de referencias que contiene relativas a muchos de los temas que trata. En realidad, probablemente debería de haber empezado hablando de algo relacionado con mis primeros pasos como investigador: la semiología y la semiótica, cuyo máximo esplendor se produjo en los años sesenta y setenta del pasado siglo. Hace ya  tiempo que he prometido que iba a escribir algún artículo sobre el tema pero lo he ido dejando y ahí sigue solo como un proyecto. O acaso debería haber comentado previamente la teoría de la Gestalt con Max Wertheimer al frente, como me enseñaron mis profesores de Introducción al Urbanismo cuando era alumno de la ETSAM. O aquellas cuestiones relacionadas con la hermenéutica... Por eso he dicho que iba a seguir el libro de Banks, porque ya me estoy desviando hacia otras cosas (aunque quizás sea bueno recordarlas) que harían el artículo interminable.

Imagen y fondo según la teoría de la Gestalt  leblogdelagestalt

De cualquier forma resulta imprescindible empezar diciendo que, en realidad, y a pesar de lo que expondré a continuación, no existe un consenso en la forma en la que se deben de tratar este tipo de datos. Podríamos hablar de la eterna dicotomía entre los acercamientos cognitivos a partir de la psicología y la introspección (en algunos casos repudiados como no científicos), y aquellos que entienden lo cognitivo como una experiencia sólo posible en el seno de una colectividad. Luego están los que construyen un discurso narrativo a partir de los mismos, y tantas otras formas de acercarse al tema que hacen de esta cuestión una de las más complejas que podemos tratar desde el punto de vista metodológico o epistemológico. Bueno, una vez escritos los convencionales párrafos de disculpas ya va siendo hora de tratar las cuestiones más prácticas que interesen al lector.

"Through Navajo Eyes"  visonmaker

Banks empieza el libro hablando de un proyecto de finales de los sesenta titulado “Through Navajo Eyes” llevado a cabo por Sol Worth y John Adair. Y me parece una excelente forma de abordar la cuestión. Worth y uno de sus alumnos suministraron cámaras de 16 mm. a siete navajos de Arizona para que, después de unas mínimas nociones sobre su funcionamiento, filmaran lo que quisieran del entorno en el que vivían. El resultado fue una serie de tomas cortas sobre algunas costumbres y ceremonias de este colectivo. Podéis ver algunas secuencias en el enlace que figura al final del artículo. Según Banks: “Aunque se han dirigido criticas al proyecto, este destaca como un ejemplo de investigación empírica bien diseñada, con objetivos y métodos claros”. Se trataba de saber si hacían películas que, de alguna forma, reflejaran su forma de ver el mundo que les rodeaba.

"Through Navajo Eyes"  visonmaker

La interpretación de los resultados obtenidos les llevó a verificar que la hipótesis iba por buen camino pero no era totalmente cierta. La lengua puede servir de ayuda para llegar a la realidad social pero parece que no la determina. La investigación de Worth y Adair, luego revisada por Dick Chalfen, no fue concluyente pero abrió un camino para utilizar el cine en investigación antropológica. Lo mismo que hicieron Worth y Adair con los navajos hay muchísima literatura de investigaciones que han recurrido a suministrar cámaras de cine, vídeo o de fotografía a determinados colectivos para que cuenten sus experiencias a través de un lenguaje que no es el verbal. En el libro de Banks hay bastantes ejemplos. Incluso en el caso de aquellas personas con dificultades de expresión oral puede recurrirse a pedirles que dibujen.

Paisaje rural de Millana según dibujos de los visitantes
De un trabajo de Teresa Eiroa  elblogdefarina

Esta es una forma de realizar investigación con datos visuales en ciencias sociales: solicitar a los sujetos investigados que confeccionen ellos mismos el material que luego se analizará. Pero hay también otra forma de hacerlo a partir de material visual realizado por el propio investigador. Por ejemplo, en el blog hay varios artículos de trabajos realizados mediante fotos elaboradas por los investigadores y que se muestran a los sujetos, para poder llegar a conclusiones sobre algunos elementos urbanos determinantes para la realización de actividades en el espacio público. O también vídeos o notas, diagramas, dibujos, realizados por el propio investigador en el momento de una entrevista o ante una situación específica. Así, los cuadernos de campo tan utilizados por los antropólogos pueden incluir datos visuales además de los puramente escritos.

Uso de datos visuales en etnografía  templeuniversity
 Jay Ruby filmando en la comunidad de Oak Park

Todo trabajo de investigación empieza por un proyecto. En un proyecto que incluya datos visuales hay que ser particularmente cuidadoso con los aspectos prácticos ya que este tipo de datos a veces requieren técnicas muy específicas. Hay que considerar dos cuestiones relevantes. Por una parte el tema económico ya que en algunos casos la obtención de datos visuales o audiovisuales cuesta bastante dinero, y habrá que considerar desde el punto de vista presupuestario esta cuestión. Y por otra, el sistema de difusión de la investigación, generalmente muy complicado. Por ejemplo, la verificación de un dato sobre uso del espacio público puede requerir cientos de fotos tomadas a lo largo de días y meses. Una vez verificado es evidente que cualquier editorial rechazará la publicación de estos cientos de fotos. Pasa lo mismo que con horas de entrevistas filmadas a determinados sujetos de la investigación.

Dunkerke de Gabriele Basilico, Mission DATAR, 1984
 De un trabajo de Ignacio Bisbal  elblogdefarina

Cuando el investigador se enfrenta al análisis de datos visuales debe tener ciertas cautelas. Pero hay dos que no debería olvidar nunca. El tiempo y el contexto. Respecto al primero, habría que decir que el significado de las imágenes cambia con el transcurso de los meses o los años (a veces, de los días o incluso de las horas) aunque se trate de los mismos sujetos. Esto es particularmente importante en el caso, por ejemplo, de fotografías obtenidas de un archivo o de un periódico. En el blog hay un artículo de uno de mis exalumnos, Ignacio Bisbal, sobre la aportación de la Misión DATAR a la construcción del paisaje francés de los años ochenta del pasado siglo XX que puede ilustrar el tema. La otra cuestión se refiere al contexto. Según Banks: “Las imágenes, incluso las creadas por el investigador, deberían considerarse siempre en contexto, en particular, en los contextos de producción, consumo e intercambio. Aunque el proyecto particular de un investigador puede centrarse en detalle solamente en uno de ellos, debería considerar, sin embargo, los otros”.

Cientos de miles de datos visuales en Internet  blogpot

Las fotos de la Misión DATAR son una forma de obtener imágenes a partir de archivos que ya existen. Pero esto se puede extender a muchas otras formas de conseguirlas. Por ejemplo, imágenes contenidas en periódicos, revistas, libros, colecciones fotográficas, museos, particulares, instituciones oficiales… La lista puede llegar a ser muy grande. Generalmente se trata de una fuente bastante barata de obtención de información. Si añadimos todas las procedentes de las redes sociales (Twitter, Facebook, Instagram, Google) y los cientos de miles que se pueden encontrar en Internet, contamos con un “banco de datos” accesible, al alcance del bolsillo de casi todos los investigadores y relativo a un gran número de materias. Probablemente, en el momento actual, sea una fuente de información de las más importantes. Su análisis requiere considerar el contexto de la producción original, la historia del documento analizado y la forma en la que se utiliza (por ejemplo, en una entrevista). En cualquier caso su uso requiere una metodología muy depurada y altas dosis de inventiva e innovación.

Imágenes como ayuda en entrevistas
 De un trabajo de Teresa Eiroa  elblogdefarina

Pero el investigador también puede partir de imágenes elaboradas o seleccionadas directamente para un uso concreto. Normalmente se trata de ayudas para entrevistas estructuradas o semi-estructuradas mediante fotografías, escenas de cine, TV o vídeos. Se trata de provocar recuerdos, asociaciones, o sencillamente que el sujeto entrevistado se encuentre más cómodo si se utiliza un medio “neutro” como forma de limar asperezas. Es un método de los más complejos de abordar y sólo recomendable para casos de investigadores con experiencia en entrevistas. En urbanismo las imágenes elaboradas o seleccionadas por el investigador se utilizan mucho, no en entrevistas sino como sustituto de una situación real. Por ejemplo, una plaza. En lugar de llevar al sujeto a la plaza se le proyecta una foto o un vídeo del sitio. Tiene la ventaja de que se puede manipular e introducir o quitar elementos para analizar la reacción del sujeto ante los cambios. Pero siempre requiere contrastes posteriores en situaciones reales. 

Imagen preparada por José Manuel Gallego para
 una encuesta sobre contaminación visual

Por último están las imágenes elaboradas por los propios sujetos, tal y como se ha ilustrado al comienzo del artículo con el caso del proyecto de Worth y Adair sobre los navajos. Técnicamente la forma más sencilla de obtener datos de este tipo es pedir que hagan fotos. Pero también se les puede pedir que filmen mediante cámaras de vídeo, cine o, incluso, móviles. El caso más complejo es la elaboración de un documental completo, montaje incluido. También es el más complicado y no solo por la necesidad de darles unas mínimas nociones técnicas sobre el uso de los aparatos. A veces, para obviar algunos de estos problemas se puede recurrir, incluso, a un sistema colaborativo entre varias personas (incluido el propio investigador o investigadores). El sistema colaborativo no solo se puede utilizar para la elaboración de un documental o producto análogo sino también para el caso de la toma de fotos. Cuestiones “colaterales” que habría que tratar son las relativas a los permisos y el copyright, a veces de mucha importancia y frecuentemente olvidadas.

Análisis cuantitativo a partir de una foto, Marlown Cuenca
 Trabajo de curso señalar en la foto para verla más grande

En este rápido vistazo a algunas de las formas de procedencia de los datos visuales casi no me he referido a las diferentes técnicas y métodos de análisis de estos datos. En principio podríamos decir que serían las propias de las metodologías tradicionales, bien cuantitativas, cualitativas o mixtas. Por ejemplo, una foto aérea de un bosque nos puede permitir dimensionar áreas urbanas, agrícolas o destinadas a infraestructuras. O cuantificar el número de vehículos que, en un instante determinado, circulan por una carretera. También una foto de una plaza nos permite saber las actividades que están realizando las personas que la ocupan. Incluso la superficie de una fachada comercial dedicada a anuncios. Claro que si filmamos un recorrido urbano podemos también contar cosas que vayamos encontrando en el recorrido. Esta forma cuantitativa de análisis de datos visuales se utiliza mucho en urbanismo y ordenación del territorio y tiene un cierto interés, sobre todo económico.

Restitución fotogramétrica a partir de aerogramas
 Ejemplo de datos bastante poco icónicos

Pero hay otro grupo de aproximaciones más cualitativas al análisis que, probablemente, sean de una mayor riqueza que las puramente cuantitativas. El problema es que las imágenes, como ya he dicho anteriormente, admiten muchas lecturas diferentes dependiendo del contexto, tanto social como personal (incluso temporal), lo que introduce dosis de incertidumbre bastante notables. Pero, aunque este sea su mayor inconveniente desde el punto de la verificación científica, se convierte en uno de los mejores aliados cuando la investigación adquiere la forma de exploración, hallazgo o colaboración en el descubrimiento. Sobre todo en lo que se refiere a las ciencias sociales. Este es su mayor potencial todavía no demasiado utilizado en temas de urbanismo y ordenación del territorio: la posibilidad de encontrar nuevos caminos, nuevas vías que permitan transitar territorios inexplorados. Particularmente en cuestiones relacionadas con la participación pública y la comunicación.

Un plano de Estambul mucho más icónico  familypedia

A lo largo del artículo de hoy, destinado básicamente a los que se inician en la investigación, no he pretendido más que resaltar el hecho de que existen o se pueden conseguir una gran cantidad de datos que no son verbales (orales o escritos) ni numéricos, sino que son imágenes de muy diversos tipos. Y que, muchas veces, estos datos son los únicos que nos van a permitir avanzar en un campo de conocimiento tan complejo como pueden llegar a ser un paisaje, una ciudad o un territorio. También que su análisis, en general, no se puede abordar de la misma forma que otro tipo datos que soportan muy pocas lecturas. Incluso, aunque tratemos solo con imágenes (por ejemplo, en el caso de las representaciones cartográficas) se suele diferenciar entre aquellas más icónicas, que se entienden muy rápidamente, y las más científicas que admiten una o muy pocas lecturas. Cada una tiene sus ventajas e inconvenientes pero las más icónicas son mucho más susceptibles de producir errores de interpretación que las basadas en convenciones simbólicas, aunque también son mucho más sugerentes. En cualquier caso es un tema apasionante y todo investigador debería de hacer algún trabajo a partir de datos visuales, aunque solo fuera para conocer las posibilidades que ofrecen.


  • Nota 1. El libro que me ha servido para organizar el artículo es de Richard Banks, se titula Los datos visuales en investigación cualitativa está publicado por la editorial Morata y la primera edición es de junio de 2010. Previamente había sido publicado en inglés con el título de Using Visual Data in Qualitative Research por SAGE Publications of London en el año 2008.
  • Nota 2. Algunas secuencias sobre el trabajo de Sol Worth y John Adair sobre los navajos se pueden encontrar en diversos sitios de Youtube. Por ejemplo, en este enlace.
  • Nota 3. En blog se recogen varios trabajos en los que se han utilizado datos visuales como fuente de investigación. En esta nota solo voy a enlazar a tres para que los lectores puedan hacerse una idea de las posibilidades que brindan este tipo de datos a la hora de investigar en temas de paisaje, urbanismo y ordenación del territorio. El primero, de febrero del año pasado se titula “Internet y análisis del paisaje”. El segundo, de octubre de 2013, que recoge un trabajo fin de máster de una de mis alumnas, Teresa Eiroa, lleva por título “Paisaje rural: imagen e identidad”. Y el tercero, el más antiguo, de febrero de 2012, también de otro de mis alumnos, Ignacio Bisbal: “Fotografía y creación del paisaje”.

lunes, 2 de mayo de 2016

Contaminación visual

La expresión “contaminación visual”, aunque ya se empieza a utilizar en muchos países, todavía no está demasiado consolidada. Pero es que presenta peculiaridades que la hacen distinta a la acústica, del aire, del agua o de los suelos. Destinada en principio a expresar un exceso de carteles publicitarios en el espacio público de las ciudades y, por tanto, relacionada con el mundo de la publicidad, poco a poco ha ido ampliando su significado hasta abarcar en la actualidad una lista bastante grande de perturbaciones visuales que producen efectos indeseables en las personas afectadas. De los muy variados acercamientos que se producen relacionados con este tema, desde los económicos hasta los epidemiológicos, pasando por los perceptivos o los legales, voy a priorizar los que tienen que ver con el paisaje. Aunque es complicado moverse en un campo que está todavía en sus comienzos intentaré establecer algunas evidencias aunque sean mínimas. Y, sobre todo, plantearé mis dudas, que son muchas.

Paisaje urbano, contaminación visual  ecologiaverde

Ya la propia definición de lo que sea contaminación visual es controvertida. Incluso en aquellos países que han legislado ya sobre esta materia. Méndez, al hablar del caso de Venezuela define la contaminación visual como “el abuso de ciertos elementos ‘no arquitectónicos’ que alteran la estética, la imagen del paisaje rural o urbano”. Se supone, por tanto, que los arquitectónicos no entrarían en el concepto, lo que no deja de ser extraño ya que la arquitectura puede llegar a ser la mayor fuente de perturbación visual de un paisaje. Y Jerez, al estudiar las medidas legales para el caso de la ciudad de Guatemala afirma que “la contaminación visual es el cambio o desequilibrio en el paisaje, ya sea natural o artificial, que afecta las condiciones de vida y las funciones vitales de los seres vivos”. Para Fernández Muerza, es “cualquier elemento que distorsione la observación del paisaje natural o urbano”.

Paisaje natural, contaminación visual  allpe

Pero también se pueden encontrar otras definiciones en las normas de algunos países que ya han legislado sobre la materia. Así, en el artículo 71 de la Ley Orgánica del Ambiente de Costa Rica se podía leer ya en el año 1995 lo siguiente: “Contaminación visual: Se considerarán contaminación visual, las acciones, obras o instalaciones que sobrepasen, en perjuicio temporal o permanente del paisaje, los límites máximos admisibles por las normas técnicas establecidas o que se emitan en el futuro”. Y en el caso español también en la Ley 14/2007, de 26 de noviembre, del Patrimonio Histórico de Andalucía aparece la contaminación visual, aunque restringida al objeto de la ley: “Se entiende por contaminación visual o perceptiva, a los efectos de esta Ley, aquella intervención, uso o acción en el bien o su entorno de protección que degrade los valores de un bien inmueble integrante del Patrimonio Histórico y toda interferencia que impida o distorsione su contemplación”.

Antena en la Colegiata de Osuna  Jaime López

En casi todas las definiciones que he podido encontrar aparece, de forma directa o indirecta, el paisaje, sea natural, rural o urbano. Y también se señala este tipo de contaminación como un obstáculo a su contemplación, bien porque la impida o la distorsione. Incluso se llega a hablar de contaminantes. Por ejemplo, una de las más citadas en Internet (entre otros, en Mendez, aunque la fuente original no la he podido encontrar) la del Instituto Autónomo de Protección Civil y Ambiente de Chacao, Venezuela, se refiere a la “alteración visual de la imagen y fisonomía del entorno urbano causada por acumulación de materia prima, productos, desechos, abandono de edificaciones y bienes materiales, así como, violación en las densidades y características físicas de publicidad”. Como se observa, y aunque centrada en la ciudad, hereda el antiguo concepto de contaminación visual que la relaciona directamente con la publicidad, pero habla también de acumulación de materia prima, desechos, o abandono de las edificaciones.

No toda la contaminación visual es publicidad  vanguardia

Estas aproximaciones desde el paisaje se pueden complementar con otras como, por ejemplo, las que provienen de la psicología ambiental donde se analizan los problemas que pueden producir determinados entornos saturados de estímulos. Se basan en los conceptos de sobrecarga y deprivación ambiental. No es el momento ni el lugar para abordar, ni tan siquiera de forma elemental, estos conceptos pero pueden ampliarse en los apuntes de Sergi Varela, Enric Pol y Tomeu Vidal del departamento de Psicología Social de la Universitat de Barcelona. Resumiendo mucho, podríamos decir que la contaminación visual se produce por una sobrecarga de estímulos en el paisaje. Claro que tampoco es demasiado interesante la deprivación ambiental resultado de una pobre estimulación visual. En ambos casos se producen reacciones indeseables aunque parecen más perniciosas las debidas a la sobrecarga ya que algunos estudios sugieren que la deprivación incluso puede ser conveniente en determinados casos.

Escasa complejidad puede producir deprivación  sibdom

La consecuencia de una sobrecarga de estímulos visuales es el estrés ambiental. Este estrés se manifiesta por molestias, malestar y síntomas de ansiedad. Varela, Pol y Vidal hablan de falta de concentración y alteraciones en la relación con los demás. Pero también advierten que los estudios sobre este tipo de estrés no son concluyentes fuera del laboratorio. De cualquier forma parece que sí se producen modificaciones en el comportamiento de las personas. Incluso algunos autores, como Rozadas, mencionan consecuencias físicas relacionadas, sobre todo, con el cansancio visual o dolores de cabeza. Parece evidente que, como cualquier otra forma de estrés, se producen efectos indeseables para la salud. Pero de lo que no hay duda es que existen consecuencias negativas relacionadas con la percepción de la escena urbana y que afectan a la identidad, la belleza, el arte, la cultura o la capacidad de comunicación de un lugar.

Sobrecarga de estímulos visuales  universiquiz

Según Rapoport parece que existe un límite máximo en la cantidad de información visual que el cerebro puede procesar. Algunos autores, como Jacobson, hacen propuestas numéricas (en bits por segundo) sobre esta cantidad pero pienso que se trata de un dato de relativo interés ya que no hay que considerar tan sólo datos fisiológicos (cantidad que el nervio óptico es capaz de transmitir al cerebro) sino también una parte importante de carácter más psicológico. En cualquier caso lo que sí parece razonable, como dice Rapoport, es suponer que existe una cantidad máxima que el cerebro humano es capaz de procesar (tasa de información utilizable) de tal forma que un escenario con una cantidad excesiva de elementos diferentes, sin relación entre ellos y de gran intensidad de estimulación, pueden llegar a producir problemas en el receptor. Las personas se sienten cómodas en determinados ambientes que no desembocan en estrés por exceso de estimulación o en aburrimiento por escasez de estímulos.

Otros tipos de contaminación son más fáciles de cuantificar  elpais

De cualquier forma, aunque podamos hablar de “contaminación visual” es obvio que se diferencia de otros tipos de contaminación ya que depende en buena medida de las características de cada individuo. Que yo sepa, hasta el momento, no se han establecido patrones de respuesta cuantitativos tales como que "a partir de los 75 decibelios, para el caso del ruido, se produce pérdida de oído a largo plazo". O que, "para exposiciones de larga duración en la contaminación por partículas MP10, una cantidad de 70 microgramos por metro cúbico está asociada a un riesgo de mortalidad a largo plazo un 15% mayor que si se trata de 20 microgramos" (según la OMS). La mayor parte de los trabajos sobre contaminación visual utilizan indicadores subjetivos. Es decir, se trabaja mediante preguntas relacionadas con la percepción de los impactos sobre la población. Otros datos se refieren sobre todo a la cantidad de carteles publicitarios o al porcentaje de ocupación de los mismos, bien en fachadas o en una escena completa.

Las pintadas ¿Contaminante visual? Granada  Ideal

Como vemos, se trata de un campo del que todavía no tenemos certezas (casi en ninguno de sus aspectos). Y todavía podemos entrar en discusiones más enconadas si nos planteamos el tema de los contaminantes. Aquí sí que existen notables divergencias. Desde aquellos que se centran exclusivamente en la publicidad, hasta los que piensan como posibles focos contaminantes los cables, la basura, las antenas, las pintadas, los coches, o incluso la propia arquitectura. Existen bastantes trabajos que han intentado identificar estos contaminantes visuales. En casi todos se pregunta a la población. Como ejemplo voy a comentar el que realizó Carmen Arelys Méndez en Venezuela, en el Barrio Obrero de la ciudad de San Cristóbal publicado en la revista Gestión y Ambiente en el año 2013. Lo he elegido por utilizar una metodología parecida a la de otros muchos trabajos con objetivos similares, y porque se puede encontrar en Internet de forma sencilla y gratuita (ya sabéis que lo intento siempre que puedo).

La basura ¿Contaminante visual? Madrid  aavvmadrid

Carmen Arelys organizó un cuestionario dividido en tres partes. La primera se refería al estilo de vida de los sujetos e incluía cuestiones de carácter general. En la segunda trató de averiguar el concepto de contaminación visual mediante preguntas abiertas. Y en la tercera utilizó un sistema de encuesta para que los participantes trataran de identificar sobre siete fotografías aquellos elementos que, según su opinión, pudieran estar contaminando visualmente el espacio público y qué tipo de molestia les producían. Como ya dije anteriormente, todavía estamos en una fase bastante embrionaria de las investigaciones sobre el tema y ni tan siquiera somos capaces de identificar si, realmente, determinados elementos podemos calificarlos de contaminantes y cómo influyen sobre la percepción del espacio público. Lo que parece fuera de toda duda es que la publicidad, el cableado, las pintadas o la basura se identifican como elementos contaminantes no sólo en los resultados de este trabajo, sino también en muchos otros.

Contaminantes visuales identificados por la población
 Señalar en la imagen para verla más grande  Arelys Mendez

Pero el tema no acaba sólo con la identificación de los contaminantes. El verdadero problema es llegar a determinar en qué momento la publicidad, el cableado, las pintadas o la basura se convierten en contaminación visual. Respecto a la publicidad, en algunos países incluso existe normativa reguladora, que la prohíbe o la limita en cierta medida. En ningún caso he conseguido averiguar la base o los estudios en los que se apoyan las normativas que, por ejemplo, limitan los carteles a un tanto por ciento de la superficie de fachada. Y las dificultadas se multiplican si intentamos cuantificar cables, basura o pintadas. Pero, desde mi punto de vista, no se trata de considerar de forma separada los contaminantes visuales, sino entender las interacciones que se producen entre ellos al actuar de forma conjunta. Es posible que determinada ordenanza que limita la publicidad impida una contaminación por la misma, pero la contaminación de la escena urbana puede aparecer cuando a la publicidad se le suman los cables, las antenas, los coches, las pintadas o la propia arquitectura.

La contaminación visual como suma de contaminantes  ecogeeksta

Pasa igual que en los estudios de paisaje cuando se analizan de forma separada los elementos que lo conforman y se pierde la visión global del mismo. La saturación de estímulos no tiene necesariamente que proceder de una única fuente. Es posible que una ordenanza que limite al 10% la publicidad en la superficie de una fachada no impida que la escena urbana esté contaminada al sumarle muchos otros focos que no son publicidad. Si ya la decisión sobre si se debe limitar al 10%, al 25% o al 50% es controvertida porque, generalmente, y tal y como hemos dicho en el párrafo anterior, no tiene base alguna, estos límites deberían variar en función de otros factores. Entre ellos, por supuesto, la propia tolerancia de la población o el tipo de escena urbana. Vemos, por tanto, que se necesita investigar más en estas cuestiones dado que, aparentemente, las bases científicas en las que se basan determinado tipo de limitaciones aparentan ser, como mínimo, bastante arbitrarias.

¿Cómo cuantificar la cantidad de cables contaminantes? correodelsur

Quizás por eso algunas legislaciones, como la del Patrimonio Histórico de Andalucía, obliguen a considerar el problema pero dejan la solución en manos del planeamiento o de las ordenanzas municipales. Así, el artículo 19.2 de esta ley (14/2007, del 26 de noviembre) dice los siguiente: “Los municipios en los que se encuentren bienes inscritos en el Catálogo General del Patrimonio Histórico de Andalucía deberán recoger en el planeamiento urbanístico o en las ordenanzas municipales de edificación y urbanización medidas que eviten su contaminación visual o perceptiva”. Aunque ya en la legislación española sobre Patrimonio Histórico se prohibía la colocación de publicidad, cables, antenas y conducciones aparentes, en los Monumentos y Jardines Históricos, hasta esta ley andaluza no se ha planteado el tema como tal contaminación visual. Estamos ante la primera norma autonómica española que aborda la contaminación visual como problema específico y parece lógico que sea todavía poco concreta.

Córdoba. El Cristo, los faroles… y la procesión de antenas  abc

Pero es que, además, en el artículo 19.2 de la ley andaluza del Patrimonio Histórico también se identifican, aunque sin llamarlos así, los elementos contaminantes a considerar cuando se dice que: “Tales medidas comprenderán, al menos, el control de los siguientes elementos: a) Las construcciones o instalaciones de carácter permanente o temporal que por su altura, volumetría o distancia puedan perturbar su percepción. b) Las instalaciones necesarias para los suministros, generación y consumo energéticos. c) Las instalaciones necesarias para telecomunicaciones. d) La colocación de rótulos, señales y publicidad exterior. e) La colocación de mobiliario urbano. f) La ubicación de elementos destinados a la recogida de residuos urbanos”. Como vemos están casi todos los “contaminantes visuales” que aparecían en el trabajo de Carmen (y en otros muchos) excepto los automóviles, los solares sin edificar o “el pobre diseño arquitectónico”. Parece que en algunos (no en todos), si existe un cierto acuerdo.

Osuna, iglesia de Sto. Domingo, contenedores de residuos Jaime López

Espero que las consideraciones anteriores puedan despertar el interés y muevan a la apertura de nuevas vías de investigación (sobre todo entre los jóvenes) en un campo que está muy necesitado de certezas. Aunque en mi caso particular me interesan las aproximaciones que tienen que ver con el paisaje sea natural, urbano o rural y la perturbación de su contemplación, comprendo que existen otros aspectos igualmente importantes. Y aún en el  campo del paisaje encontramos determinadas situaciones que podríamos considerar de urgencia. Sobre todo, algunas que se pueden relacionar con el Patrimonio Cultural y que son las que, por ejemplo, se reflejan en la ley andaluza de 2007. O, sin llamarle “contaminación visual”, en otras normas jurídicas parecidas tales como la ya mencionada anteriormente del Patrimonio Histórico Español de 1985, que en su artículo 19.3 dice: “Queda prohibida la publicidad comercial y de cualquier otra clase de cables, antenas y conducciones aparentes en jardines históricos y en las fachadas y cubiertas de los Monumentos declarados de interés cultural”.

Percepción de los efectos de la contaminación visual en Quito
 Señalar en la imagen para verla más grande  Fuentes y Argüello
Eso no quiere decir que otros enfoques relacionados con sus efectos sobre la salud o la seguridad no deban ser considerados también de forma prioritaria. La excesiva estimulación publicitaria en carreteras puede dar lugar a accidentes de tráfico con resultado de muerte o lesiones graves y, por tanto, es de altísimo interés. El problema causado en los conductores ha sido uno de los primeros en regularse. En España la ley 25/1988, de 29 de julio, de Carreteras, en su artículo 24.1 dice: “Fuera de los tramos urbanos de las carreteras estatales queda prohibido realizar publicidad en cualquier lugar visible desde la zona de dominio público de la carretera, sin que esta prohibición dé en ningún caso derecho a indemnización”. Claro que los numerosos resquicios legales que ha dejado la expresión “fuera de los tramos urbanos”, y la normativa autonómica y ordenanzas locales, han conseguido que una gran parte de los lugares más conflictivos estén sobresaturados con decenas de carteles que tratan de llamar la atención de los conductores sin que nadie haga nada al respecto.

Vallas publicitarias y surtido de contaminantes en la A-42, Madrid

Para terminar, simplemente querría recordar que el artículo 20.2 del actual texto refundido de la Ley del Suelo y Rehabilitación Urbana española, aprobado por Real Decreto Legislativo 7/2015 del 30 de octubre y de aplicación en todo el territorio nacional, dice que: “Las instalaciones, construcciones y edificaciones habrán de adaptarse, en lo básico, al ambiente en que estuvieran situadas, y a tal efecto, en los lugares de paisaje abierto y natural, sea rural o marítimo, o en las perspectivas que ofrezcan los conjuntos urbanos de características histórico-artísticas, típicos o tradicionales, y en las inmediaciones de las carreteras y caminos de trayecto pintoresco, no se permitirá que la situación, masa, altura de los edificios, muros y cierres, o la instalación de otros elementos, limite el campo visual para contemplar las bellezas naturales, rompa la armonía del paisaje o desfigure la perspectiva propia del mismo”. A pesar de su aparente “modernidad” dicho párrafo es copia prácticamente literal de la del artículo 70 de la antigua Ley del Suelo franquista de 1956 que, como vemos, ya legislaba contra la “contaminación visual” producida en determinados paisajes. Vivir para ver.


Nota. A continuación incluyo una relación de los trabajos citados a lo largo del texto y, donde ha sido posible, las páginas de internet donde encontrarlos. También algún otro enlace que puede ayudar a la mejor comprensión del tema, sobre todo en lo que se refiere a la contaminación visual en el medio natural que casi no he comentado.
  • Fernández Muerza, A.: "Contaminación visual", Eroski Consumer, 1 de septiembre de 2006. Enlace a la página.
  • Fuentes Correa, V., Argüello Mejía, A.: "Indicadores de contaminación visual y sus efectos en la población", Enfoque UTE, V.6-N.3, pp. 115-132, Sep.2015. Enlace a UTE para acceder al pdf.
  • Hess, Alina A.: "Contaminación visual. Indicadores de vallas", Universidad del nordeste, Comunicaciones científicas y tecnológicas, Resistencia, Argentina, resumen T-024, 2006. Enlace al pdf.
  • Jacobson, H.: “The informational capacity of the human eye”. Science vol. 113, nº 2933, pp. 292-293, 16-03-1951. Enlace al pdf a través de Science.
  • Jaime López, F.: La contaminación visual o perceptiva en el Patrimonio Histórico. Una breve aproximación para el caso de Osuna". Cuadernos de los amigos de los museos de Osuna, nº 14, pp. 98-103, 2012. Enlace al pdf a través de Dialnet.
  • Jerez Paredes de Sajché, M. T.: Eficacia de las medidas legales existentes para evitar la contaminación visual en la ciudad de Guatemala. Tesis Doctoral, Universidad de San Carlos de Guatemala, 2007. Enlace al pdf.
  • Kamičaitytė-Virbašienė, J., Godienė, G., Kavoliūnas, G.: "Methodology of Visual Pollution Assessment for Natural Landscapes", Journal of Sustainable Architecture and Civil Engineering, Vol. 4 No. 13, pp. 80-88, 2015. Enlace al pdf a través de KTU.
  • Méndez Velandia, C. A.: "La contaminación visual de espacios públicos en Venezuela", Revista Gestión y Ambiente, vol. 16 - nº 1, pp. 45-60, mayo de 2013. Enlace al pdf.
  • Nami, P., Jahanbakhsh, P., Fathalipour, A.: "The Role and Heterogeneity of Visual Pollution on the Quality of Urban Landscape Using GIS; Case Study: Historical Garden in City of Maraqeh", Open Journal of Geology, pp. 20-29, Published Online January 2016. Enlace al pdf.
  • Rapoport, A.: Aspectos de la calidad del entorno. Colegio Oficial de Arquitectos de Catalunya y Baleares, Barcelona, 1974.
  • Rozadas, N. H.: "Contaminación visual", Revista Equipo Federal del Trabajo, nº 15, 04-08-2006. Enlace a la página.
  • Sagot Rodríguez, A.: "La contaminación visual en la normativa costarricense. Un enfoque crítico de la ley orgánica del Ambiente y su reglamentación". Actualidad Jurídica Ambiental, 29 julio 2013. Enlace a la página.
  • Varela, S., Pol, E. y Vidal, T.: "Psicología ambiental. Variables ambientales y comportamiento". Corresponde a la unidad didáctica 4 del curso de Elementos Básicos de Psicología Ambiental de la Universitat de Barcelona. Enlace a la página.
  • Yilmaz, D., Sagsoz, A.: "In the Context of Visual Pollution: Effects to Trabzon City Center Silhoutte", Asian Social Science, vol. 7, nº 5, pp. 98-109, May 2011. Enlace al pdf a través de la revista.