martes, 3 de enero de 2012

Smart Cities, los inventos del TBO

Después de unos años en retirada las soluciones tecnológicas atacan de nuevo. Todos aquellos que conocen mi defensa de la eficiencia en el funcionamiento de edificios, ciudades y territorios, puede que se sorprendan de este ataque a una de las etiquetas (Smart City) que se presenta como la solución a nuestros males. Pero no creo que la serie de inventos que están apareciendo con el objetivo supuesto de mejorar el funcionamiento del sistema urbano resuelvan los problemas reales a los que nos enfrentamos. A mediados de los años cuarenta del pasado siglo XX el semanario de historietas cómicas TBO, el más famoso de la historia del cómic español, comenzó a publicar una serie humorística que tuvo diferentes nombres tales como Grandes Inventos o Inventos Prácticos, que se caracterizaba por organizar montajes sumamente rebuscados con objeto de solucionar problemas tontos, generalmente cotidianos. Sobre esta serie dice la Wikipedia (la cito, no como el Sr. Houellebeck): “En ella se describían pormenorizadamente inventos estrafalarios, a veces sumamente complejos, con una finalidad banal”.

Modelo de máquina llamadora para pulsar el timbre
Señalar en la imagen para verla más grande

Lo cierto es que se trata de una parte de mis recuerdos realmente maravillosa. Hay que reconocer que todos aquellos que hemos leído sistemáticamente al profesor Franz de Copenhague probablemente hayamos quedado bastante inmunizados frente a los alardes tecnológicos, arquitectura high-tech y demás muestras prodigiosas del pensamiento inventivo humano. Decía la publicidad del propio TBO reproduciendo uno de los “inventos” del dibujante Sabatés: “El profesor Franz, de Copenhague, propugna la creación de un periódico infantil nutritivo”. Efectivamente, según el reputado inventor, “los niños pasarán un rato placentero, leyendo las graciosas historietas de su periódico favorito, y después lamerán las páginas de éste, deleitándose con el dulzor de la tinta y el papel hábilmente combinados. Finalmente se comerán el periódico que, además de ser una deliciosa golosina, constituirá un alimento de alta calidad”. Es una pena que no se pueda hacer lo mismo con el ordenador en el que estáis leyendo este artículo. El hecho de que uno de los inventos, un cómic comestible, sirviera de publicidad al mismo, ya puede dar idea de la ironía que encerraban las historietas.

Periódico infantil nutritivo
Señalar en la imagen para verla más grande

Relaciono a continuación algunos ejemplos (correspondientes a diferentes dibujantes que se han encargado de los Grandes Inventos) para que los jóvenes que se han perdido tamaña aportación a la historia de la humanidad vayan rápidamente a la oficina de patentes, los patenten antes que nadie, y luego exijan el cobro de derechos de autor a través de la SGAE u organismos unicelulares parecidos cuyo objetivo sea patrimonializar privadamente el acervo cultural de la humanidad: dispositivo para hacer vino con zapatos viejos, bicicleta recoge basuras, suministro automático de leche para el bebé, aparato limpia narices, máquina para hacer cosquillas, huevos con cáscara de cristal, melones cuadrados, cepillito filarmónico, bicicleta para limpiar farolas, periódico infantil nutritivo, artilugio para brindar en mesas grandes, plataforma accionada por gallinas para subir el coche a casa, máquina para partir un piñón. En España se ha quedado para siempre la expresión “los inventos del TBO” como sinónimo de artilugio tecnológico creado para realizar una actividad normalmente cotidiana (ficticia o no), organizando un mecanismo cuanto más complicado mejor, y sin preocuparse de los problemas que pueda producir su funcionamiento.

Baldosas con sensores de lluvia, nieve o presión, Wifi y Bluetooth
Pavimentos inteligentes en la Puerta del Sol, Madrid, Xataka

La primera vez que oí la expresión Smart City me pareció que por fin se reconocía la necesidad de racionalizar la construcción de la ciudad. Sin embargo dudé un poco porque dadas mis escasas habilidades lingüísticas, y aunque casi todas las expresiones que conocía (smart phone, smart card, smart terminal) aplicadas a aparatos generalmente tecnológicos parece que se traducían por “inteligente” (teléfono inteligente, tarjeta inteligente, terminal inteligente), visto el tratamiento que se le daba a la ciudad no acababa yo de ver la inteligencia por ningún lado. Tampoco me cuadraba como relacionada con la elegancia, el buen tono y cosas así (to look smart, the smart set). Aunque como “ciudad lista” o más bien “listilla” quizás (sobre todo por parte de determinadas multinacionales). Con lo que sí estaba claro que se relacionaba era con la tecnología, pero no les debía de parecer una etiqueta demasiado “eco” o “verde” y la expresión technology city ni se la debieron plantear. En fin, independientemente de mis subjetivas y limitadas apreciaciones en este campo, se estaba consolidando la expresión con bastante fuerza entre algunos círculos dedicados a la planificación de áreas urbanas concretas tales como la energía, la movilidad o las infraestructuras.

Langfang “eco-smart city”, Master Plan en Inhabitat 
Premio AIA, ¿Alguién puede entender el “eco”? ¿y el “smart”?

Después de las ciudades sostenibles, las ciudades resilientes, las ciudades habitables, las ciudades sanas, las ciudades seguras, las ciudades bioclimáticas, las ciudades verdes o las ciudades de los ciudadanos, los que de una u otra forma nos relacionamos con la organización, diseño y planificación de esas cosas que algunos llaman ciudades teníamos otra etiqueta más, smart cities. Pero, en realidad ¿dónde ponen el acento las ciudades inteligentes? Se supone que en la inteligencia (o la listura) ¿qué es eso aplicado a una ciudad? ¿una ciudad piensa? ¿tiene alma? ¿se condena para siempre en el infierno si se porta mal? Uno teclea en Google smart cities y la primera página que aparece es www.smartcities.es (claro, busco desde España) correspondiente a una consultora. Supongo que habrá pagado a Google para que aparezca en primer lugar ya que en el que día que la visité tenía la fabulosa cifra total de 7.560 visitas aparte de haber registrado el nombre de “smartcities” antes que nadie. En cabecera aprecía el título siguiente: “Smart Cities: un primer paso hacia la internet de las cosas. Informe de la Fundación Telefónica para descarga (pdf)”. Así que me fui a la Fundación Telefónica y leí.

Dubai, una de las ciudades con mayor huella ecológica del mundo 
Además de ciudad sostenible ¿también smart city? FastCompany 
 
No necesité descargar el informe (para lo cual tenía que estar registrado, pero no me gusta que conozcan la dirección del correo más que a mis amigos y me parecía una villanía darles la que utilizo como sumidero de spam) ya que en la propia página se puede leer lo siguiente para sacarnos de dudas sobre lo que es una ciudad de este tipo: “Se define Smart City como aquella ciudad que usa las TIC para hacer que, tanto su infraestructura crítica, como sus componentes y servicios públicos ofrecidos sean más interactivos, eficientes y los ciudadanos puedan ser más conscientes de ellos”. Y más adelante: “El espectacular desarrollo de las tecnologías TIC relacionadas con la IoT en los últimos años (redes de sensores, RFIDs, etc.) y de las comunicaciones de datos móviles (M2M, Mobile Broadband, etc) amplia enormemente las posibilidades de mejora muchos servicios urbanos hasta cotas hasta ahora inimaginables, sólo limitadas por la capacidad financiera de los órganos de gobierno municipales” (curiosa forma de llamar a los Ayuntamientos, y no quiero hacer sarcasmos con el tema de la corrupción que ya está muy tratado). No fue necesario leer más. Una Smart City es aquella que utiliza los servicios de Telefónica.

Uso intensivo de las TIC Fundación Telefónica

Claro que también podemos leer una noticia del 24 de noviembre del servicio de prensa de otra afamada multinacional: “IBM ha presentado el programa Smarter Cities Challenge, cuyo objetivo es contribuir a que los sistemas y procesos urbanos de 100 ciudades de todo el mundo sean más eficientes, más sostenibles y, en definitiva, más inteligentes. Para ello, la Compañía donará servicios y tecnología por valor de alrededor de 50 millones de dólares, a lo largo de los próximos tres años”. El hecho de que IBM esté dispuesta a “donar servicios y tecnología por valor de 50 millones de dólares” a mí, particularmente, me resulta bastante emocionante. Así que, con toda rapidez, me desplacé al apartado de “Ciudades Inteligentes” que IBM tiene en su página web y leí: “Barrios seguros. Escuelas de Calidad. Vivienda asequible. Tráfico fluido. Todo es posible”. Tal muestra de optimismo me dejó, literalmente, paralizado por el ansia. De forma que abrí como pude (las manos me temblaban) los documentos disponibles en español. Su lectura me decepcionó un poco. Sobre todo el que se titulaba “Ciudades más inteligentes para un desarrollo sostenible”.

La smart city de IBM de IBM 
Señalar en la imagen para verla más grande

Al final del documento se detallan los pasos que, según IBM, deben adoptar los responsables urbanos: “Decidir cómo debe ser su ciudad: crear su marca; adoptar políticas que conduzcan a un crecimiento basado en la cualificación, la creatividad y los conocimientos; optimizar los servicios orientándolos al ciudadano; emplear el pensamiento sistémico en todos los aspectos de la planificación y la gestión; desarrollar y aplicar las tecnologías de la información para mejorar los sistemas básicos de la ciudad”. Este último (el más importante según se dice textualmente) está basado en “el poder de la ingente cantidad de datos reales que ya se recogen sobre los patrones de comportamiento de los habitantes y los sistemas de la ciudad, procurando dotar a sus sistemas de tres niveles básicos de capacidad: recoger y gestionar el tipo adecuado de datos; integrar y analizar los datos; basándose en análisis avanzados, optimizar el sistema para lograr el comportamiento deseado”. No quiero poneros los pelos de punta pensando en Orwell pero si pincháis en la pestaña que dice “Sistemas” (está al lado de la que pone “Ciudades”) veréis que lo de Orwell es un juego de niños. En cualquier caso ya comprendo. Una Smart City es aquella que utiliza los servicios de IBM.

Los sensores nos rodean Living PlanIT Valley 
Señalar en la imagen para verla más grande

Pero no vaya a pensarse que Telefónica o IBM están solas en la lucha por la sostenibilidad del planeta. También Microsoft pone su granito de arena. Hace unos meses nos sorprendió la noticia de que la firma Living PlanIT liderada por un ex directivo de Microsoft y con la implicación total de esta compañía pretende construir una smart city cerca de Oporto en Portugal. La sostenibilidad y mayor habitabilidad va a ser conseguida a base de dotar a todos sus edificios y construcciones de variados sensores que se encargaran de detectar múltiples problemas de seguridad (no se especifica qué clase de seguridad: alimentaria, atracos, infidelidades, fuego, escapes de gas, libros incluidos en el Índice) y de otros tipos. Para ello todos estos datos se gestionarían, desde la plataforma Urban Operating System (USO), en tiempo real y en “la nube”, por los diferentes sistemas informáticos de control de infraestructuras, tráfico, distribución de energía, contaminación y otros. Se supone que un cuarto de millón de personas van a vivir en las mejores condiciones en unas 1700 hectáreas. Es coste estimado es de 10.000 millones de euros. Ya voy comprendiendo, una Smart City es aquella que utiliza los servicios de Microsoft.

Planta de la smart city de Paredes (Portugal) inhabitat 
Microsoft y Living PlanIT: Paredes (Oporto)

Sin embargo, no hay que ser tan negativos. Por supuesto que una empresa privada intenta vender sus productos y su objetivo es conseguir los mayores beneficios posibles para sus accionistas. Su comportamiento desinteresado sería perverso y pondría piedras en el engranaje del sistema. De forma que es comprensible que si alguna de ellas, bien sea Telefónica, IBM o Microsoft, ve un nicho de negocio intente explotarlo. Pero una ciudad es algo más que un nicho de negocio empresarial. Y el colectivo de sus habitantes sí que debería pensar inteligentemente. Claro que hay que aplicar las nuevas tecnologías en el siglo XXI. De hecho se están aplicando. No creo que vivamos en la edad de piedra ni que ningún planificador urbano piense que vamos a volver a la Edad Media con el “agua va” y cosas parecidas. Pero eso es una cosa y otra muy distinta es pensar que las nuevas tecnologías van a solucionar problemas que son, esencialmente, políticos y éticos. El "asuntillo" de los límites del planeta no se resuelve sólo mejorando la eficiencia de nuestros sistemas. Por supuesto que hay que mejorarla. Pero ese no es el objetivo principal. El objetivo principal no es construir “ciudades inteligentes”, sino construir ciudades habitables y adecuadas a las condiciones del siglo que nos ha tocado vivir que es el siglo XXI.

Ranking europeo de ciudades inteligentes European Smart Cities 
De las 70 primeras: Pamplona (41), Valladolid (43), Oviedo (50)

La situación extraordinaria en la que nos encontramos es que, por primera vez en la historia de la humanidad, para seguir creciendo tenemos que impedir que otros crezcan si por crecimiento se entiende seguir consumiendo planeta. Porque resulta que ya hemos llegado al límite de su biocapacidad. Así de sencillo. Esta situación nos obliga a repensar la mayor parte de los planteamientos con los que hemos funcionado hasta ahora. No es suficiente con mejorar la eficiencia de los sistemas. Por supuesto que hay que hacerlo. Pero como dije en el Congreso de APIA (Asociación de Periodistas de Información Ambiental) hace más o menos un mes en el CaixaForum de Madrid: “tenemos un enfermo al que hay que operar y pretendemos solucionar el problema con cuidados paliativos” (perdón por la autocita). Claro que son necesarios los cuidados paliativos, el enfermo no debe sufrir. Pero si pensamos que el objetivo es sólo que no sufra probablemente se morirá. El problema de las smart cities no es el intento de mejora en la eficiencia del sistema urbano. Es que este intento oculte el problema básico que debemos afrontar. La tecnología no es más que un instrumento. Y además, un instrumento que hay que aplicar con sumo cuidado no sea que estemos propiciando inventos del TBO, y que las soluciones aportadas sean puras banalidades, resuelvan problemas inexistentes o compliquen más las cosas de lo que están.

Foto de Jevons y portada The Coal Question
Puede leerse esta obra en la Open Library, foto UCL

Aún suponiendo que las smart cities aborden problemas relevantes y consigan resolverlos sin aumentar los costes ecológicos previos, además resulta que el planteamiento es bastante discutible desde el punto de vista teórico en algunos aspectos que no puedo resistirme a plantear (por lo menos de forma indicativa) aunque alargue excesivamente el artículo. La primera es que si se pretende racionalizar el funcionamiento de la ciudad para que consuma menos y contamine menos resulta imprescindible abordar la llamada “paradoja de Jevons”. Ya me he referido en otros lugares del blog al efecto rebote pero no estará de más recordarlo ahora. William Stanley Jevons fue un economista británico que en el año 1865 publicó The Coal Question donde planteaba la dependencia energética de Inglaterra respecto al carbón considerado como un recurso limitado. En esta obra Jevons trató algunas cuestiones que ahora nos pueden sorprender por lo modernas tales como el tema de los “picos” energéticos, la posibilidad de utilizar energías renovables como solución, o su escasa fe en medidas fiscales para reducir el consumo. Aunque las tesis de Jevons se han revisado posteriormente (Polimeri en su libro The Jevons paradox and the myth of resource efficiency improvements) parece que el problema se mantiene en la mayor parte de los casos (elasticidad ligada al precio) a menos que se activen medidas complementarias. Aquellos interesados en el tema pueden revisar también el llamado “Postulado Khazzom-Brookes”.

Efecto rebote: LEDs en edificios que probablemente no se habrían
iluminado por el gasto que supondría. Torre Agar, Barcelona, Techpin

En cualquier caso Jevons constató que “se trata de una confusión de ideas completa suponer que el uso eficiente del combustible equivale a una reducción del consumo. La verdad es exactamente contraria a este supuesto”. Hizo esta afirmación después de demostrar que las mejoras en la eficiencia que Watt introdujo en la máquina de vapor sobre el diseño de Newcomen aumentaron de forma notable el consumo de carbón. Se puede establecer incluso una fórmula matemática que expresa el efecto rebote, pero podría resumirse de una manera sencilla así: aumentos en la eficiencia reducen el consumo instantáneo pero la mejora el modelo trae consigo un aumento del consumo global. Esto significa que los planteamientos puramente tecnológicos no nos llevan a conseguir los objetivos marcados si estos objetivos son reducciones del consumo que permitan una más justa distribución de los recursos. Según Jevons tampoco parece que la vía de la imposición mediante tasas o impuestos haya dado resultado, de forma que la única solución razonable pasa por el cambio de modelo y de valores. Esto es lo que proponen aquellos que optan por el decrecimiento o la vías de desarrollo alternativas. No es ahora el momento de discutir el tema (hay un artículo en el blog sobre decrecimiento) pero es una objeción bastante importante a las propuestas tecnológicas de las smart cities.

Microsoft y Living PlanIT, smart city de Paredes (Porto, Portugal)
Película de terror ¿la bola verde será el cerebro de la ciudad? inhabitat 
 
El segundo problema se refiere a la propia consideración sistémica del planteamiento. Me refiero a la confrontación entre “ciudades resilientes” y “ciudades inteligentes”. Resulta que uno de los principios básicos de la sostenibilidad de los ecosistemas (de su resiliencia) es la diversidad. La diversidad huye del control centralizado de los diferentes subsistemas. A mayor dependencia unos de otros mayor es la probabilidad de que, ante una situación crítica, todo se venga abajo. Precisamente por lo que aboga la resiliencia es por la autosuficiencia de los diferentes elementos que componen el sistema. Cuanto más autosuficientes sean los susbsistemas más posibilidades hay de que todo funcione mejor. La existencia de elementos fundamentales para la resiliencia como son la redundancia (que es lo que primero que se elimina en aras de la eficiencia) o los ecotonos fuertes, diversos y con posibilidades de convertirse en sistemas nucleares, parece imprescindible. Sin embargo, la filosofía básica de las smart cities es justamente la contraria. La centralización e interdependencia de los diferentes procesos permite la racionalización y eficiencia del conjunto. Hay que hacer notar que este sistema que ahora se quiere aplicar a las ciudades ya hace tiempo que ha sido desechado por las mayores empresas del mundo que han optado (en aras precisamente de su resiliencia) de desprenderse de procesos, hacerlos autónomos y dejarlos que se las compongan por sí mismos.

Sensores diversos irán apareciendo en las calles inteligentes
Orwell, te lo has perdido. Smart Cities Platform, Urenio

Para terminar de señalar algunas de las dificultades que veo en estos planteamientos centralizadores sólo quisiera destacar otra de las que me preocupan especialmente. Ya hace tiempo que vengo proponiendo que la alternativa al modelo actual pasa por reforzar las identidades locales de forma que los territorios se empiecen a volver más autistas, más encerrados en sí mismos, con objeto de evitar el mayor peligro del siglo XXI, el pensamiento único. Quisiera diferenciar ahora, y de forma especial, el pensamiento único del pensamiento planetario. Así como el segundo ha sido una de las mayores conquistas de la humanidad el primero es la amenaza más directa a la misma. La tentación de imponer sus tesis de los que tienen las palancas del control, se acrecienta notablemente cuando se puede acceder a una gran cantidad de datos que se cruzan, analizan y organizan para evitar “las anomalías”. Estoy hablando de Orwell, claro. Pero no sólo de Orwell (es decir, de la ficción) sino de los servicios de inteligencia, del espionaje industrial, de la publicidad, del marketing y de los robots buscadores en Internet, por ejemplo. Los sensores de temperatura que se pretenden colocar en las viviendas de la smart city portuguesa permiten monitorizar la temperatura de los inmuebles en tiempo real y los de movimiento la actividad que se produce. El problema es que todo ello está controlado por no se sabe muy bien por quién y de forma no transparente. De nada de esto se habla cuando se diseña un sistema de este tipo. Y es de lo que hay que hablar. Colocar un sensor de temperatura es una tontería y diseñar un sofware que lo controle también. Lo que ya no es tan tonto es proponer como se gobierna toda esta información.

Profesor Lucifer Butts y la servilleta que funciona sola
Máquina de Rube Goldberg sitio oficial de Rube Goldberg

Es realidad, más que hablar de smart cities habría que hablar de “ciudades estúpidas” (stupid cities) o “ciudades tontas” si empezamos a pensar que la solución de nuestros problemas es tecnológica. La tecnología puede ayudar pero el foco no hay que ponerlo ahí. La dificultad está en dotarnos de instrumentos de organización verdaderamente participativos que permitan que una sociedad con una cultura específica, anclada en un territorio, con relaciones no depredatorias sobre el mismo, se aglutine en torno a valores con los que la mayor parte esté de acuerdo. Hablar de tecnología (y no quiero insultar a nadie) es algo simple. Incluso puede ser muy divertido como han demostrado los inventos del TBO. Como divertimento podemos intentar algunas cosas aunque resulte evidente a veces que estamos matando moscas a cañonazos o que, simplemente, estamos matando el tiempo. Los inventos del TBO no son originales, claro (como tampoco lo son las smart cities, en otro artículo hablaré del tema). En USA las máquinas de Rube Goldberg son famosas desde que en 1914 dibujara el primer invento titulado “Automatic Weight Reducing Machine”. Y en Inglaterra William Heath Robinson también dibujó máquinas improbables, desvencijadas que apenas funcionan mediante retoques imposibles.

Copenhagen Wheel, la smart bicycle, ¡quiero una!
Señalar en la imagen para verla más grande, Walyou

Hay que dar la bienvenida a la tecnología como ayuda para que nuestras ciudades funcionen mejor. Pero es que algunas de las innovadoras propuestas merecerían figurar como inventos del profesor Franz de Copenhague o asimilarse a las excéntricas máquinas de W. Heat Robinson. Innovaciones como la Copenhagen Wheel, una bicicleta con una rueda que nos informa en tiempo real de la contaminación, el estado de la calzada (supongo que si hay baches o si el piso está deslizante), o de la densidad del tráfico, no tienen nada que ver con la nueva organización urbana. O el CO2GO, una aplicación para el iphone que nos dice el CO2 que generamos identificando si vamos a pié, en bici o en coche, se han expuesto en un reciente congreso sobre smart cities. Por supuesto que hay cosas más serias e interesantes. En este mismo congreso el teniente de alcalde de Sant Cugat habló de que Plan Local de Innovación persigue dos objetivos: la "Ciudad Verde" junto a la "Ciudad Digital". Juntas las dos confluirán en la "Ciudad Inteligente". Y yo con estos pelos. Lo más asombroso es que ya se hacen estudios como el presentado recientemente en otro evento celebrado recientemente en Madrid en el que una consultora IDC clasifica las ciudades españolas según su “inteligencia”. Para lo que utiliza 94 indicadores y 23 criterios de evaluación. No coincide demasiado con la europea que reproducimos más arriba pero es que criterios e indicadores deben ser distintos (supongo, no quiero pensar mal).

Matriz del índice de ciudades inteligentes de España, IDC
Señalar en la imagen para verla más grande Computing

Como puede verse en el cuadro las ciudades menos smart (no sé si calificarlas directamente de más tontas o estúpidas, en el informe se las denomina discretamente followers) parece que son Las Palmas de Gran Canaria, Badalona, Badajoz, Sabadell, Jerez de la Frontera, Alcorcón, Salamanca o Vigo. Aunque dada la dificultad de interpretación de lo que aparece en los ejes igual me equivoco. Pero las más inteligentes (el top5) para asombro del personal (Anton Ozomek, oído al parche) resultan Málaga, Barcelona, Santander, Madrid y Donosti. De ninguna manera estoy en contra de que se innove. Todos mis alumnos saben que soy orteguiano hasta la médula. Y para Ortega, la técnica es lo específico, lo esencial, del hombre. Pero a veces la tecnología, esa hija no reconocida de la técnica, se comporta de una forma tan rastrera que casi dan ganas de repudiarla. Resumiendo este artículo tan largo: necesitamos soluciones tecnológicas para los cuidados paliativos de un enfermo que empieza a sufrir en muchos lugares del mundo, pero tenemos que saber que estos cuidados paliativos no lo van a curar y que, en algunos casos, pueden ser contraproducentes. Nuestras ciudades tienen que reorganizarse de nuevo como lo hicieron después de la Revolución Industrial. Pero esta reorganización va a venir de la mano de un cambio en la forma de pensar, en los valores y en los objetivos. Para terminar, por favor, dejemos de ponerle etiquetas a la pobre ciudad, ya no aguanta con el peso de más. Comprendo que las empresas tienen que vender y, para la venta, el marketing y los slogans son fundamentales. Pero los ciudadanos y ciudadanas del siglo XXI no tienen que comprar una ciudad nueva a ninguna empresa privada (básicamente porque en estos momentos no hay dinero para hacerlo), tienen que construirla entre todos.



Materiales

Afortunadamente para el artículo de hoy esta sección (que es en la que más tiempo invierto) ya la tenía hecha. Y es que Manu Fernández de Ateneo Naider en “Ciudades a escala humana” hace una recopilación muy buena de referencias sobre el tema de las smart cities (leer también los comentarios al artículo). Incluso ha refundido en Scribb un documento con el título de “Smart City. Tecnologías emergentes para el funcionamiento urbano” que recopila lo que ha escrito al respecto. De forma que lo único que tengo que hacer es poneros el enlace que es este:


Por desgracia casi todas están en inglés (aunque sus artículos no). Como este blog lo lee bastante gente en Latinoamérica y muchos me escriben porque tienen problemas con este idioma he tratado que las imágenes (y, por tanto, los enlaces preceptivos) sean de páginas en español aunque sólo he podido conseguirlo en algunos casos. Por cierto, os recomiendo la lectura regular de “Ciudades a escala humana” de Manu en Ateneo Naider. Veréis que no está incluida en la sección de “Artículos en otros blogs” ya que no he podido al no tener feed asociada (o asociado según se traduzca por fuente o canal), pero la podéis encontrar en el apartado “Páginas de interés” aunque, claro, no salta cada vez que hay un artículo nuevo.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Del CONAMA local a Durban global

En el año 1992 se celebró por primera vez el Congreso Nacional del Medio Ambiente (CONAMA) . Desde entonces, más o menos cada dos años, se ha ido reuniendo esta asamblea española que ya va por su décima edición. A partir del año 2008 se decidió hacer una convocatoria anual de una sección llamada “Encuentro Local” coincidente con el CONAMA en los años pares, y a celebrar en otra ciudad fuera de Madrid en los impares. Surge así el llamado CONAMA local. En el 2009 se reunió en Sevilla, y en esta edición de 2011 en Vitoria-Gasteiz a lo largo de la última semana del pasado mes de noviembre. Bajo el lema Reformulando juntos las ciudades se organizaron una multitud de actividades: desde sesiones plenarias hasta mesas técnicas pasando por reuniones específicas o actividades en las calles. Como parte del Comité Científico me correspondió ayudar en los diálogos (otra vez con mi buen amigo Antonio Serrano) y en las mesas.

Cartel anunciando el 5º CONAMA local

Dada mi implicación no voy a escribir sobre lo sucedido. Pero sí acerca de una de las actividades que tuvo lugar en el marco de su celebración. El primer día, después de la inauguración, se entregaron los premios CONAMA a la sostenibilidad de pequeños y medianos municipios y, por la tarde, se presentaron. De la multitud de actos y actividades que se celebraban a esa misma hora decidí asistir a este acto. Sobre todo porque los que siguen el blog ya saben mi querencia por los temas rurales y la necesidad de soluciones diversas al problema de los asentamientos humanos. Soluciones que pasan por la necesaria diversidad en la forma de establecer la relación entre los grupos humanos y el territorio que ocupan: desde las grandes ciudades al caserío aislado. No me arrepentí. Mientras en otras salas se discutían temas aparentemente importantes, pero que constituyen mi quehacer casi diario, tales como la energía, la movilidad o la introducción del verde en las ciudades, en una pequeña sala los premiados explicaban porque los habían premiado. Éramos pocos, casi sólo los premiados y algún ente anómalo más (como yo), pero fue uno de los actos más emocionantes a los que he asistido en este frenético noviembre en el que he estado en tantos sitios y en tantas ciudades.

El pueblo de Piñel de Abajo imagen rmelgar

De todas las experiencias presentadas sólo voy a contar dos. No porque el resto no fueran de interés o me emocionaran menos, sino porque eran las de los municipios más pequeños y porque me van a permitir reflexionar sobre la identidad y el lugar, que es uno de los temas que más me ocupan en el momento actual. Piñel de Abajo es un pueblecito de la provincia de Valladolid (Comunidad Autónoma de Castilla y León, España) cuya población ronda los 200 habitantes. Según Eduardo Perote, que explicaba la iniciativa, “cabemos todos en una caja de cerillas”. Pues bien, en julio de 2005 empezaron a trabajar. La asociación local Prao de Luyas, constituida por doce miembros entre los que se encuentra Eduardo (el ponente) que es técnico forestal y agente medioambiental de la Junta de Castilla y León, decide que hay que hacer algo para fijar la población en el pueblo creando trabajo mediante la puesta en marcha de pequeñas empresas agrícolas.

Coordinadora de abejas, apicultura extensiva imagen memoria Piñel

Comienza así el proyecto Alimentando pueblos. Jornadas Pueblo de Piñel de Abajo. Con un presupuesto total de 7.000 €, no se sabe cómo consiguieron subvenciones de Proder Duero Esgueva, Caja España, La Caixa y Caja Duero (aunque no creo que las citadas entidades se arruinaran por tamaño dispendio). Así empieza la memoria que presentaron al premio: “El proyecto ‘Alimentando Pueblos. Jornadas Pueblo de Piñel de Abajo’ es una serie de actividades formativas, educativas, culturales, económicas y sociales, creadas desde distintas partes del municipio de Piñel de Abajo; el Ayuntamiento, la Asociaciones, los distintos comercios y gente particular del Pueblo; donde a través de charlas, talleres y experiencias se tratan de abordar los problemas y desafíos en que se encuentran hoy los pueblos. Como de por si el encuentro es excusa, se hace fiesta y se celebra. Cerrada la escuela hace veinte años, esta es la nueva, la de todos y todas edades, la de los oficios, el ruido de herramientas, la fábrica de manos y preguntas abiertas”.

Se aprende en la calle: elaborando cremas medicinales imagen memoria Piñel

La primera decisión fue cambiar la agricultura convencional por agricultura ecológica. No por razones finalistas de “cuidemos la Tierra” (que, probablemente, también) sino por el hecho práctico de que, por cada puesto de trabajo en la agricultura química se necesitan tres en la ecológica. Y, porque además desde el punto de vista de “lo pequeño” sólo con productos diferenciados se puede competir en un espacio económico tan complejo con es el agrícola. Todo empezó con unas Jornadas Agroforestales en el mes de julio de 2005. Luego se “institucionalizaron” cuatro jornadas formativas correspondientes a cuatro períodos anuales: de Fruticultura Local en febrero-marzo (época de injerto y poda), de la Biodiversidad en mayo (época de plantar), Pueblo en verano (época de recolección, cosecha y fiesta) y las de Invierno. Es tan absolutamente increíble lo que se ha hecho con el presupuesto de 7.000 € que invito a todos a que leáis la memoria presentada al premio del CONAMA en la dirección que figura al final del artículo. 

Garbanzos sembrados con sembradora de remolacha imagen memoria Piñel

Pero no sólo esto. Reproduzco parte de la memoria: “Si nuestras paredes caen en ruina reparémoslas y pintémoslas para darlas valor. Si la vivienda es prácticamente inasequible por su precio hagámoslas de paja (más económicas) Si desparecen nuestros frutales y nuestras semillas, recuperémoslas, y hagamos una red de semillas para multiplicarlos y un vivero. Si igual nos pasa con las gallinas pues gallineros en los solares y a mantener nuestras razas. Si queremos dar valor añadido a nuestros productos pues los transformamos y buscamos mercados. Si queremos comer productos sanos y locales pues creamos cooperativas de consumo. Nuestros eriales son menos perdidos si ponemos colmenas o si identificamos las plantas silvestres comestibles y medicinales. Si se pierden oficios, costumbres y nuestros cantos, pronto a rescatarlos. Si no hay dinero para teatro pues se hace una Agrupación de teatro y encima joven. Si Internet es una herramienta de comunicación y cercanía muy necesaria pongamos gratuitamente Internet para todo el municipio con el dinero que ahorramos con las bombillas de bajo consumo”.

Sistema agroforestal de trufa y calabaza imagen memoria Piñel

La exposición que hace Eduardo del proyecto, casi sin palabras, pasando imagen tras imagen con pequeños comentarios, nos pone a todos un nudo en la garganta. Después de oír hablar de periferias fragmentadas, de “smart cities”, de cambio climático, del “peak oil”, de la inseguridad ciudadana, de resiliencia, de la crisis financiera o de la contaminación por ozono, parece como si nos reencontráramos con la realidad de las cosas. Es conveniente que, de vez en cuando, alguien nos diga que el suelo es de verdad. Es decir, que es tierra, la tierra de toda la vida, no un producto inmobiliario. Que esa tierra es la que, en el fondo, nos da de comer, no la deuda soberana. A veces perdemos esto de vista. Cuando alguien que está convencido de esto y además lo vive, te lo cuenta sin ningún tipo de disimulos con toda la sencillez de lo auténtico, se entiende perfectamente. Lamento que no hayáis estado allí cuando lo explicaba. Si este año puedo lo traeré a mis clases de paisaje en Arquitectura para que mis alumnos sean conscientes del significado verdadero de lo que algunos llaman por ahí “paisajes culturales”.

Taller de mermeladas (saúco) imagen memoria Piñel

Para terminar con esta parte voy a reproducir la cita con la que Eduardo comenzó (o terminó, ahora no estoy seguro) su ponencia: “Nació y arraigó ya la opinión generalizada de que la agricultura es una ocupación denigrante y un oficio que no necesita magisterio o de los preceptos de nadie. Muy contraria es mi opinión, pues cuando yo observo en su conjunto la magnitud de la agricultura, a la que comparo a un gigantesco organismo, o la complejidad de sus partes, como si fueran los diversos miembros de aquél, temo que llegue mi última hora antes de poder conocerla en su totalidad. Pues quien pretenda considerarse un experto en esta ciencia necesita ser un gran conocedor de la Naturaleza, no ignorar los cambios de clima, y tener experimentado qué cultivos convienen a cada región y cuáles son incompatibles (…). Siempre he creído que no puede prever todo esto una persona que no tenga una mente despierta y una esmerada instrucción. De los trabajos del campo, Lucio Junio Moderato Columela, agrónomo romano, siglo IV a. de C.)”

Finca de recuperación de variedades locales imagen memoria Piñel

El otro premio sobre el que también me gustaría decir algo es sobre el proyecto del ayuntamiento de Arnedillo denominado El mirador del buitre. Arnedillo está situado en el Alto Valle del río Cidacos, en La Rioja (España). Cuenta con unos 500 habitantes, es decir que caben en “dos o tres cajas de cerillas”. Por cierto, a los urbanitas de la Web les pregunto: ¿cuándo ha sido la última vez que habéis encendido una cerilla? ¿tenéis una caja de cerillas por ahí? ¿y sabéis dónde está? ¿cómo se enciende una cerilla? (hay que sacar la cerilla de la caja, volverla a cerrar no sea que haya un incendio, rascar la parte de la cerilla más abultada en el lateral rasposo que viene en la caja y apartar rápidamente el dedo con el que se ha hecho presión no sea que os queméis). Toda la zona del Alto Cidacos, poblaciones de Arnedillo, Enciso, Munilla y Zarzosa, ha sido declarada Reserva de la Biosfera en el 2003 como una de las mejores zonas buitreras de Europa y una de las más adecuadas para su observación y conservación.

El pueblo de Arnedillo imagen josetxu.com

El proyecto pretende un aprovechamiento racional y sostenible de los recursos turísticos de la zona. Los que leáis el blog de vez en cuando estaréis al tanto de algunas cuestiones fundamentales que se refieren al turismo de la naturaleza y las dificultades de hacerlo bien. Básicamente, que no se puede sobrepasar la capacidad de carga ambiental (de lo contrario se destruye el recurso), pero tampoco se puede sobrepasar la capacidad de carga turística que es bastante baja, lo que impide que este tipo de turismo se convierta en una industria para quedarse en renta complementaria de otras como pueden ser la agrícola, ganadera o forestal. Entiendo y presupongo que el proyecto cumple estas condiciones entre otras cosas porque la base tradicional turística de este pueblo era el termalismo lo que implica una cierta diversificación, por lo menos desde el punto de vista turístico. Pero no me ha llamado la atención el hecho de que se pretenda explotar la existencia de buitres leonados. Un mirador para ver buitres no parece que tenga nada de especial. Lo especial aparece cuando sabemos cómo se ha llevado a la práctica.

Pozas termales en Arnedillo imagen riojafoto

En el año 2002 empiezan las actuaciones adaptando como mirador la antigua caseta de una cantera abandonada. La cantera está a menos de un kilómetro del pueblo, en la garganta del valle Cidacos, y se ha ido restaurando poco a poco para integrarla en el paisaje. Caseta y mirador constituyen un observatorio de buitres bastante peculiar. Veamos: “En el observatorio se distinguen dos zonas: En el exterior, un mirador al aire libre permite contemplar el vuelo de las aves con catalejos y telescopios. Y en su interior, el centro acoge una completa exposición sobre la biología de la fauna silvestre, con especial atención al buitre leonado. Lo más espectacular es la posibilidad de observar quince nidos con gran precisión a través de un circuito cerrado de televisión. Una videocámara telecomandada, con capacidad de giro de 360º, está camuflada entre los riscos donde anida la colonia y permite una visión completa de las zonas donde están los nidos. Su presencia, a 25 metros del nido, es prácticamente imperceptible por los buitres. Las imágenes que capta son recibidas de forma simultánea en el interior, donde los visitantes pueden visionarlas en una gran pantalla”.

Panorama desde el Mirador del Buitre imagen web Arnedillo

La pregunta es la siguiente: ¿cuál es el diferencial de interés para un turista que ve los nidos de buitres en una pantalla de una caseta restaurada respecto a ver esas mismas imágenes en su televisión o monitor del ordenador sentado en su casa? Desde que he vuelvo del CONAMA he estado dándole vueltas al tema que tiene bastante más interés del que aparenta. Y es que detrás de la pregunta está la cuestión sobre la que vengo trabajando desde hace más de un año: lugar e identidad. Aunque a alguien le pueda parecer raro o estrambótico la pregunta es la misma que la siguiente: ¿Qué diferencia a la Web considerada como espacio público del espacio público real constituido por calles, plazas y parques? O lo que es lo mismo ¿qué funciones del espacio público tradicional pueden desaparecer del mismo para recluirse en Internet sin perder su funcionalidad? He hecho una pequeña encuesta con los amigos preguntándoles si irían a Arnedillo a ver en una pantalla nidos de buitres y si no sería igual que verlos en su casa. Sobre si irían hubo diferentes respuestas (unos sí y otros no) pero todos sin excepción contestaron que no era lo mismo verlos en una pantalla en la caseta de la cantera del valle de Cidacos que en el ordenador de casa.

Interior de la caseta rehabilitada imagen web Arnedillo

Sigo trabajando en ello, os mantendré informados. De momento no estoy en condiciones de dar una respuesta. Pero ahora tengo que descender de mi galaxia de intereses y seguir contando una experiencia que sirve para muchas cosas, pero sobre todo para experimentar con formas distintas de acercarse a la relación entre lugar e identidad. Si en el caso de Piñel de Abajo las relaciones de identidad son muy puras y se circunscriben al lugar (aunque ahora con tanto premio esto probablemente ya no sea tan válido), en el caso de Arnedillo se les superpone la imagen que del mismo se crea al funcionar como recurso turístico. Es decir, que para un habitante de Arnedillo su identidad no se basa sólo en las relaciones que se crean con sus vecinos y con el territorio, sino también en la imagen que de Arnedillo tiene el foráneo, y que se refleja como en un espejo deformando la original. Casi veinte mil visitas en un año (lo veremos luego) deforman la imagen que de sí mismo tiene cualquier pueblo de 500 habitantes. Se trata de dos ejemplos fantásticos para entender algunas cosas, ya que en las grandes ciudades es muy complicado detectar (y sobre todo explicar) estos procesos que, cada vez más, me voy dando cuenta que son básicos para construir los nuevos asentamientos del siglo XXI.

Aprendiendo sobre el buitre leonado imagen web Arnedillo

Aunque lo he intentado, no he sido capaz de “descender de mi galaxia de intereses”. Es más, se me ha ocurrido una maldad que voy a contaros. Arnedillo podría dar otro paso como ya se ha hecho en varios lugares turísticos: dejar el disfrute del lugar sólo al alcance de los ricos. Por ejemplo, cerrar el acceso a la cantera abandonada excepto para aquellos que estén dispuestos a pagar un alto peaje por hacerlo. Con esto reducimos la carga turística, la carga ambiental, disminuimos la huella ecológica al reducir los viajes a Arnedillo e, incluso, al hacerlo exclusivo, podemos ganar más. Esto ya se ha pensado para las pozas termales por lo que no parece una locura (ver el enlace al final del artículo). Las implicaciones éticas y morales que presenta este planteamiento son demasiado para un artículo como este, pero voy a ir más lejos. Cabe la posibilidad de que el turista “voyeur” de pollos de buitre ni siquiera se tenga que desplazar a Arnedillo con el consiguiente ahorro de planeta que se consigue. Cobremos a los que miren en Internet los nidos de los buitres o pongamos publicidad en la web. Esta alternativa pueden verse, por ejemplo en la asociación “WebCam unidos por los buitres leonados” (Vultures connecting people, BVCF) donde, por ejemplo, para seguir el crecimiento en directo de un pollo en el ordenador que queramos se puede hacer pagando bien como socio plenario o como sponsor. Así sucede en el enlace que se incluye al final del artículo. Aunque lo recaudado se destine al desarrollo de acciones de conservación no se evitan unas cuantas contradicciones éticas.

Buitre leonado imagen imagen fotolibre.net

Volvamos al proyecto. ¿Qué pasó con el mirador del buitre? Según la memoria, aspectos positivos: “En cuanto al incentivo turístico que ha supuesto para la localidad, y a la apuesta que se hizo por un aprovechamiento sostenible de los recursos naturales compatible con el desarrollo de empresas y negocios; los resultados han sido espectaculares. El número de visitas a Arnedillo, según las estadísticas recogidas por la Oficina de Turismo, se ha incrementado constantemente, pasando de 8.285 visitas en al año 2003 a 18.190 visitas en el 2010. Respecto a la sensibilización social y al programa educativo de escolares, los resultados han sido plenamente satisfactorios. Las visitas al Mirador del Buitre y a su centro han ido aumentado de manera progresiva en el tiempo”. Pero: “La cuestión más delicada y dónde los resultados no son tan positivos, es en la conservación y cuidado de los buitres. El centro ha observado un gran descenso en la colonia; en el año 2003 se observaron unas 300 parejas y en la actualidad no constan más de 60. En cuanto a su reproducción, se llegaron a contar unos 45 pollos en las primeras temporadas; en el año 2010 tan solo 2, y en el 2011 no se ha visto ninguno”. Parece que el problema no es culpa del mirador sino a la falta de comida de los buitres debido a que la normativa europea obliga a recoger los animales muertos después del problema que hubo con las vacas locas.

Buitre leonado imagen calamones

Se otorgaron otros dos premios a la sostenibilidad de municipios de menos de 5.000 habitantes. El primero fue para el Ayuntamiento de Genovés por su agenda 21, y el otro accésit (por ser la actuación más votada en Internet) fue para Carcaboso por el Centro Agroecológico Demostrativo. Sólo los he mencionado sin decir nada de ellos porque los ya comentados ejemplifican mejor la idea que quería transmitir con el artículo de hoy. En cualquier caso en la página de los premios del CONAMA local cuyo enlace se incluye al final puede leerse la memoria que presentaron. Estamos en el ámbito local. Tan local, tan local, que el alcalde de Carcaboso, Alberto Cañedo cuando explicó el Centro Agroecológico llegó a decir que reivindicaba ser “de pueblo”, que no se consideraba de ciudad y que tenía muy claro cuales eran sus problemas y prioridades que no eran precisamente los problemas y las prioridades de los habitantes de las ciudades. Eso es verdad. Y por todas estas cosas salí con esperanza y casi emocionado de las exposiciones de los proyectos de los pequeños municipios. Me devolvieron al contacto con la tierra y la naturaleza. Así, sin mayúscula. Y con la dureza de ambas. De vez en cuando es bueno volver a los orígenes. Pero claro, bajar el consumo un 50% en Piñel de Abajo representa lo que representa, una pizca imperceptible en el consumo mundial. Bajar un 0,05% el consumo en Madrid no es que sea mucho pero es otro orden de magnitud. De ahí la importancia que tiene cambiar de escala.

Durban, descansando antes de la prórroga del partido imagen El Mundo

Y este cambio de escala es el que hace que un artículo que iba a titular Hay esperanza finalice de forma agridulce y le tenga que cambiar el titulo. Hoy mismo terminó la cumbre del clima de Durban con un notorio fracaso. Eduardo en Piñel de Abajo, o Charo en Arnedillo, con un gran esfuerzo por su parte intentan hacer las cosas bien. Trabajan duro para que ellos y sus vecinos vivan lo más dignamente que puedan y sean felices. Y que, además, sus hijos y sus nietos puedan seguir gozando de un planeta maravilloso. Mientras, en una lejana ciudad de tres millones y medio de habitantes situada en Sudáfrica y orillas del Océano Índico con el nombre de Durban (no sé si se entiende la ironía, D-urban) delegaciones de cerca de 200 países han ido literalmente a hacer turismo. Pobrecitos, los “distinguidos delegados” en mangas de camisa, con las caras cansadas, demudado el rostro o durmiendo encima de las mesas, han decidido que lo mejor que se puede hacer es no hacer nada. Ante las preguntas de un ecologista irredento de por qué determinada delegación se marchaba sin haber terminado las negociaciones la respuesta fue que “las cosas verdaderamente importantes se decidían en otros sitios”. ¿Qué son “las cosas verdaderamente importantes”? Supongo que Cameron defendiendo a los “tiburones de La City”, Obama a los “depredadores de Wall Street”, Merkel a sus bancos, Van Rompuy no sabe no contesta, qué decir del dúo Rajoy-Zapatero hermanados en la nada. En España probablemente lo importante era “el duelo del siglo” (me refiero al partido Madrid-Barcelona que se jugó ayer, por cierto con el resultado de 1-3, ya me he enterado). Prefiero cortar el párrafo porque iba a decir barbaridades de algunos políticos, de la política y de la sociedad en general de las que luego, probablemente, me iba a arrepentir.

Pintando murales hacemos nuestra historia imagen memoria Piñel

La secretaria de la ONU para el cambio climático la costarricense Christiana Figueres calificó el pacto de extraordinario (en palabras del enviado especial de El País) y dijo que “se abría una nueva fase en el régimen climático”. Por lo menos su antecesor en el cargo el holandés Yvo de Boer tuvo la decencia de dimitir después del fracaso de la cumbre del Clima de Copenhague. Calificar de extraordinario un pacto que prorroga unos años un protocolo de Kioto que estaba ya muerto es un sarcasmo. A las críticas de Venezuela, Colombia, Bolivia o Egipto se une la negativa India. Además se descuelgan Canadá, Japón, Rusia, EEUU y China que, directamente, se han borrado. En resumen, Kioto sólo controlará el 15% de las emisiones. La otra parte del acuerdo, empezar a negociar el próximo año “algo” para concluirlo en el 2015 y ponerlo en funcionamiento el 2020 la firman todos. La firman porque tanto EEUU como India (responsables conjuntamente de la emisión de la mitad del CO2 producido por la humanidad) han conseguido incluir una cláusula de salvaguardia. Lo único medianamente interesante ha sido la decisión de que el Fondo Verde Climático alcance en el 2020 un trasvase de 100.000 millones de dólares de los países ricos a los pobres. Claro que el 2020 queda muy lejos y antes, probablemente, otra crisis financiera vuelva a poner las prioridades donde deben de estar. Es decir, en Wall Street, en la City londinense y en los bancos alemanes. Menos mal que todavía en pueblos como Piñel de Abajo quedan asociaciones locales como la de Prao de Luyas, y personas como Eduardo, que nos dicen que no todo está perdido. Y que todavía alguien se preocupa en Arnedillo por unos buitres leonados (aunque sea como recurso turístico) mucho menos nocivos que algunos delegados en Durban que sólo estaban allí para defender intereses particulares en lugar del interés del planeta.


Enlaces:


    martes, 22 de noviembre de 2011

    Urbanismo y Salud Pública

    Hace ya unos dos meses que se celebró en Mahón, en el Lazareto que hoy es la sede de la Escuela de Salud Pública de Menorca, un Encuentro de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo que reunió a profesionales de la Salud Pública y a urbanistas para hablar de la ciudad. Lo codirigimos entre Begoña Merino y yo, y el título fue “Urbanismo y Salud Pública. Planificación urbana saludable”. La razón de que no haya hecho un artículo hasta hoy es que el proceso de elaboración de conclusiones se hizo con la participación de todos. Y eso, si se quiere hacer de verdad, requiere tiempo. Se organizó en torno a cuatro mesas: “Naturaleza en la ciudad”, “Participación pública y educación ciudadana: construir nuestra ciudad”, “Ciudad y contaminación, la pasividad o la responsabilidad” y “Ciudades sanas y amables, ciudadanía activa”. No querría extenderme demasiado en el relato de lo que fue el encuentro porque mi intención es centrarme en las conclusiones. Sin embargo, sí me gustaría situar el debate de las cuatro mesas.

    Mahón, isla de la Cuarentena, del Blog de Cata

    En la primera, relativa a la naturaleza y la ciudad, que me correspondió moderar a mí intervinieron José Antonio Corraliza (catedrático de psicología ambiental), Jorge Luis Tizón (neuro-psiquiatra, psicólogo y psicoanalista) y Luis Andrés Orive (Dr. ingeniero de montes y uno de los impulsores del anillo verde de Vitoria-Gastéiz). Previamente, el arquitecto y urbanista Félix Arias, había inaugurado el Encuentro con un repaso histórico a las relaciones en Urbanismo y Salud Pública. El acuerdo fue unánime: la necesidad de que zonas con naturaleza estén al alcance de todos los ciudadanos. Debería haber remarcado la palabra “todos” porque el problema es que, normalmente, no están al alcance de todos sino sólo de “algunos”. Los mayores, los niños, la gente con problemas no tienen ni un trozo de naturaleza a su “alcance”. Es decir, a una distancia a pie razonable. Y resulta imprescindible ya que, por ejemplo, parece demostrado que ayudan a recuperarse del estrés en mucho menos tiempo que un ambiente cementado característico de la ciudad dura.

    Lazareto, isla de la Cuarentena, de Pharmacoseías

    En la segunda mesa (en la que se habló de participación) moderada por José Ignacio Casar, arquitecto, profesor de la Universidad Politécnica de Valencia, intervinieron Isabela Velázquez, arquitecta urbanista y Fernando Flores, profesor de derecho constitucional de la universidad de Valencia que venía como representante del movimiento ciudadano del Cabanyal-Canyameler. Probablemente fue una de las mesas que menos sorpresas deparó ya que casi todos los asistentes teníamos claro que la participación es una de las bases fundamentales para reencontrar esa relación imprescindible entre Salud Pública y Urbanismo, perdida a lo largo de la historia de la planificación. Y sobre participación y educación ciudadana se habló en esta segunda sesión. Después de los lamentos imprescindibles relacionados con la exclusión real de la ciudadanía en la elaboración del planeamiento urbano, aparecieron cosas verdaderamente interesantes como la consideración de la participación en materia de Salud Pública no como un instante, como un momento, sino como un proceso relacionado, además, con la educación en esta materia.

    Cala Fons (Es Castell) frente al Lazareto, de Martin Willescrof

    La tercera sesión se dedicó a la contaminación. La moderó Marisa Rebagliato, de la Escuela de Salud Pública de Menorca, investigadora del CSISP y del CIBERESP. Los ponentes fueron José María Ezquiaga, profesor titular de la UPM, Ferran Ballester, investigador y profesor de la unidad de epidemiología y estadística de la Escuela Valenciana de Estudios para la Salud; y Enric Llorca, presidente de la Red Española de Ciudades Saludables. Quizás los temas más interesantes que trataron fueron los relacionados con los ahorros en materia sanitaria que podrían conseguirse con un adecuado tratamiento urbanístico de la contaminación y con la necesidad de establecer una red de vigilancia adecuada que fuera capaz de transmitir la información obtenida de forma clara, ágil y veraz a los ciudadanos.

    El Lazareto visto desde su torre central, de Marblava

    En la última, que llevaba el nombre de “Ciudades sanas y amables, ciudadanía activa” moderada por Begoña Merino, intervinieron: Alfonso Sanz, urbanista especializado en movilidad sostenible; Covadonga Monte, de la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía; y José Manuel Ribera, catedrático de Geriatría de la Universidad Complutense de Madrid. En esta sesión, al ser probablemente, la menos específica, inevitablemente se retomaron algunos de los temas anteriores, pero destacaron los relacionados con la necesidad de planificar y construir una ciudad pensada para todos los colectivos sociales pero poniendo especial énfasis en los más vulnerables. También apareció el tema de la evaluación de la actividad urbanística desde el punto de vista del impacto sobre la salud. A continuación voy a reproducir, por su interés, las conclusiones de este Encuentro:

    Cartel anunciando el Encuentro

    1. Los instrumentos con los que cuenta la planificación urbana en el momento actual son herencia directa de los creados en su momento para resolver el grave problema sanitario producido por la ciudad surgida de la Revolución Industrial. Hasta el punto que las primeras leyes urbanísticas eran, en realidad, leyes sanitarias.  La salubridad se constituyó en el objetivo central de la ordenación urbana y el resultado fue una disminución espectacular de las desigualdades en salud y un aumento notable de la esperanza de vida. Desde entonces, y a pesar de algunos encuentros esporádicos, urbanismo y salud pública se han ido alejando de forma paulatina.

    Dudley Street, grabado de Gustavo Doré, 1872

    2. Sin embargo, la planificación urbana sigue directamente ligada a la salud pública. Las principales causas de muerte y discapacidad en el siglo XXI son debidas a las enfermedades no trasmisibles -principalmente las cardiovasculares, respiratorias, cáncer y diabetes-, todas ellas enormemente influenciadas por las condiciones de vida de las personas. Los planes, políticas e iniciativas de los planificadores urbanos y las profesiones relacionadas pueden tener un gran impacto en las condiciones en las que las personas viven y trabajan, en el acceso a instalaciones, bienes y servicios, en sus estilos de vida y en su habilidad para desarrollar fuertes redes sociales. La urbanización sigue vinculada a muchos problemas de salud relacionados con el agua, la contaminación, el medio ambiente o los brotes epidémicos. Pero también a otros nuevos como el sedentarismo, la contaminación atmosférica, el ruido, la soledad o la falta de vínculos y apoyos sociales. 

    Imagen de Gregory Crewdson el fotógrafo de la soledad, en Iberarte

    3. Disfrutar de la mejor salud posible es un derecho y la responsabilidad de respetar este principio es de cada persona, la sociedad civil y los gobiernos. Es necesario reorientar los enfoques tradicionales de cómo se gana salud y bienestar y reconectar el urbanismo con la salud publica en un marco de buena gobernanza que reduzca las desigualdades y facilite el desarrollo y el potencial de salud de cada individuo tanto en los aspectos físicos y psíquicos como en los sociales. Los estilos y condiciones de vida han cambiado de manera notable. Una ciudad se va haciendo generación a generación intentando dar respuesta a las necesidades de cada momento histórico muchas de las cuales ni tan siquiera se sospechaban cuando se aprobaron las primeras leyes higienistas. La sociedad de la información, la globalización, los límites de los recursos y de la biocapacidad del planeta y, en algunos países, una población mucho más envejecida, obligan a que urbanismo y salud pública vuelvan a necesitarse mutuamente.

    La sociedad globalizada, de Cadena de suministro

    4. El primer derecho de la ciudadanía es que el lugar de residencia posibilite una vida sana que permita su bienestar y el desarrollo físico, psíquico y social. Para ello, tanto el planeamiento como el diseño urbano han de considerar de forma prioritaria los avances y conocimientos del área de salud pública. Los expertos de ambos campos deberían trabajar conjuntamente estableciendo un vocabulario común que permitiera el intercambio de información de forma fluida. Parece, por tanto, necesario que en los equipos encargados de organizar y diseñar la ciudad se integren profesionales de la salud pública y que éstos consideren las posibilidades que ofrece el urbanismo para conseguir disminuir la incidencia de determinadas patologías, bien con carácter general o disminuyendo las desigualdades derivadas de patrones espaciales específicos.

    Toneladas de residuos para una sociedad desigual, de Manejo Sólido

    5. Resultaría de gran ayuda para planificadores y diseñadores urbanos que se elaboraran, por parte de la administración, guías y recomendaciones que recogieran con bases y consenso científico suficiente los conocimientos en salud pública aplicables a la construcción de la ciudad. Asimismo que se desarrollaran trabajos de investigación conjuntos encaminados a relacionar ambas áreas de conocimiento. También que las autoridades locales, autonómicas y estatales, en el marco de sus competencias, revisaran la legislación para introducir los cambios necesarios para adaptarla a las necesidades actuales. Algunas ordenanzas municipales contienen en su articulado obligaciones para el planificador, el diseñador urbano o incluso para arquitectos o ingenieros, que se aprobaron en su momento para resolver el problema de la ciudad surgida de la Revolución Industrial y que cuentan con más de un siglo de antigüedad. Los avances en urbanismo y arquitectura bioclimática aconsejan una revisión a fondo de la normativa, así como la introducción de elementos nuevos, particularmente en el campo de la salud mental y la contaminación.

    Todavía problemas sin resolver, de Asturias Verde

    6. Parece imprescindible reconsiderar tanto la información como la formación en estas materias. Respecto a la información el propósito es que sea veraz, en tiempo real y cercana (comprensible para la ciudadanía). Y respecto a la formación se trata de introducir en los planes de estudios de los profesionales en estas materias los conocimientos mínimos que permitan luego proyectar, planificar, investigar y trabajar de forma conjunta con un vocabulario mínimo que facilite la comprensión entre especialistas.

    Necesidad de lugares verdes en la ciudad, de Re-moto

    7. Algunas conclusiones ya más específicas de la mesa en la que se trató el tema de “La naturaleza en la ciudad”, fueron las siguientes:
    • La introducción de la naturaleza en la ciudad puede ayudar a evitar problemas físicos y mentales. Parece existir una relación directa entre ambientes naturales y recuperación más rápida de los niveles normales de estrés. Asimismo la existencia de entornos naturales propicia la actividad física, básica en la prevención de muchas enfermedades.
    • Las áreas de naturaleza deben estar adecuadamente repartidas por la ciudad de forma que sean accesibles a todos sus habitantes, incluidos niños y personas mayores por lo que las distancias a las viviendas deben calcularse de forma que sea posible llegar a pie a las mismas. Además su configuración y diseño deben ser adecuados para que hagan posible las relaciones sociales entre usuarios facilitando las mismas.
    • Se debería conceder una mayor importancia en el planeamiento a las áreas agrícolas y de naturaleza periurbanas de forma que existiera una relación fluida y, a ser posible, con acceso a pie entre dichas áreas y los centros urbanos. Así como los espacios verdes de proximidad deben cumplir una función de socialización y equipamiento, los menos urbanos parecen fundamentales para conseguir compensar el excesivo número de estímulos que son característicos de la ciudad.

    Participación y educación ciudadana, del Ayto. de Candelaria

    8. Las relativas a la mesa “Participación pública y educación ciudadana: construir nuestra ciudad”, fueron las siguientes:
    • La ciudad debería construirse y organizarse por sus propios ciudadanos mediante mecanismos de participación reales. Se constata que en la mayor parte de los planes urbanísticos esta participación es un simple requisito casi burocrático. Para que la participación sea verdadera los participantes en el proceso deberían contar con información y formación suficiente para poder decidir conociendo el alcance y consecuencias de las decisiones que tomen.
    • La planificación y organización de la ciudad debería entenderse como un proceso, de forma que la participación no se reduzca a un momento puntual sino que abarque todas las etapas, desde la fijación de objetivos hasta el seguimiento de las actuaciones que se lleven a cabo. Esto significa que debería de existir alguna estructura permanente que lo posibilitara. En particular, las decisiones que afectan a la salud ciudadana deberían ser consideradas de prioritarias por su manifiesta importancia.

    Ciudad y contaminación, del Blog más verde

    9. Las de la mesa “Ciudad y contaminación, la pasividad o la responsabilidad”:
    • La contaminación ambiental tiene una importante responsabilidad en la carga de enfermedad que padecen las poblaciones. Reduciendo la exposición a factores ambientales de riesgo se consigue un beneficio muy importante en salud con una alta rentabilidad económica. En los costes ambientales habría que incluir los gastos en salud lo que probablemente haría variar el balance global, aún sin tomar en consideración los dramas personales que se producen. Al considerar esta incidencia no habría que hacerlo a partir de las personas sanas sino precisamente desde los grupos de población más vulnerables tales como ancianos, niños,  enfermos crónicos o grupos desfavorecidos, ya que sufren más al ser sometidos a estos factores ambientales de riesgo.
    • En áreas urbanas se debería desarrollar un sistema integrado de vigilancia en salud y medio ambiente mediante la coordinación de los diferentes sectores y administraciones implicadas. Asimismo sería necesario  establecer mecanismos de comunicación efectivos entre los gobernantes y la ciudadanía, con el fin de facilitar la aplicación de medidas de control ambiental y evaluación de su impacto en salud.
    • Las medidas correctoras en materia de contaminación se deben llevar a cabo de manera constante y progresiva, no sólo cuando se alcanzan los niveles máximos, ya que sólo de esta manera se podrá reconducir la situación tendencial desfavorable a otra más deseable. Además, estas medidas deberían incidir en las dos partes del problema: reduciendo las emisiones y aumentando los sumideros capaces de neutralizarlas. Para conseguirlo resulta imprescindible cambiar el modelo de organización urbana mediante un urbanismo participativo.
    • Los impactos generados por la contaminación pueden ser de dos tipos. Aquellos que influyen de manera directa sobre la salud humana y los que lo hacen de forma indirecta incidiendo sobre el entorno, los animales y las plantas con las que conviven los seres humanos. Las actuaciones, tanto de mitigación como de adaptación a las nuevas condiciones, por ejemplo las generadas por el cambio climático, habrán de considerar estos dos aspectos.

    Una sociedad envejecida exige adaptar la ciudad, de Salud para mayores

    10. Las conclusiones de la última mesa en la que se trató el tema de “Ciudades sanas y amables, ciudadanía activa”:
    • Planificar pensando en todos los colectivos sociales, pero poniendo un énfasis especial en los más vulnerables, como las personas ancianas y menores. El segmento de población mayor de 65 años representa ya el 17% del total, se ha multiplicado por 2.5 en el último siglo y la tendencia es a seguir aumentando. 
    • Proporcionar espacio público con cabida para la diversidad y que fortalezca el tejido social.
    • Las ciudades deberían diseñarse de forma que los servicios y equipamientos básicos fueran accesibles a pie. De cualquier forma, en caso de conflicto habría que establecer claramente las prioridades: en primer lugar el peatón, luego el ciclista y el transporte colectivo y, en último lugar, el automóvil privado. Asimismo, los elementos que configuran el espacio público deberían proyectarse para su uso por las personas más vulnerables.
    • Parece imprescindible integrar las diferentes políticas e instituciones que inciden en la organización y construcción de la ciudad en el escalón local, único que parece adecuado para conseguirlo. Pero, a la vez, la participación ciudadana real aparece como un elemento necesario de buena gobernanza.
    • La reciente Ley General de Salud Publica posibilita la evaluación del impacto de las actuaciones urbanas sobre la salud. Desde el punto de vista técnico habría que configurar un método efectivo que permitiera valorar este impacto integrándolo en el actualmente existente de planes y programas, y en concreto del planeamiento urbanístico, de forma que se garantizara una tutela efectiva de la salud pública previa al proceso urbanizador.

    Los participantes en el Encuentro pretendemos que esta reunión tenga continuidad y se difundan sus resultados. Por ello algunos de los participantes decidimos constituirnos en el Colectivo Lazareto de Urbanismo y Salud Pública, con el objetivo de promover el diálogo y el intercambio de conocimientos así como de dar visibilidad a estas conclusiones.