jueves, 1 de octubre de 2015

Ciudades más inclusivas (también)

Hace unos días formé parte del tribunal de una tesis doctoral de gran interés. Estaba básicamente destinada a los primeros pasos del proyecto con objeto de conseguir altas puntuaciones en las herramientas de evaluación de construcciones sostenibles como BREEAM o LEED de la forma más eficiente posible. Pero quedé tan saturado de números, indicadores, marcos de referencia, prácticas habituales, mejores prácticas y variables, que cuando me puse a escribir el artículo mensual para el blog pensé que necesitaba airearme. Así que decidí dejar para otro día todas estas cuestiones relativas a las entidades de certificación, los números y la eficiencia (muy importantes por otra parte) y centrarme en pensar sobre algunos criterios cualitativos para conseguir ciudades más humanas. Y de todos los aspectos que podría tratar me he centrado en aquellos con un objetivo claro relacionado con "lo inclusivo".

"Que incluye o tiene virtud y capacidad para incluir algo"  fepsu

Según el diccionario de la RAE se define el adjetivo inclusivo como: “Que incluye o tiene virtud y capacidad para incluir algo”. Si lo aplicamos a la ciudad hablaríamos de ciudades inclusivas como aquellas que tendrían la virtud y capacidad de incluir casi cualquier cosa que se nos ocurriera. Pero, en particular, se suele utilizar referido a personas o grupos concretos y de forma opuesta a excluyente. Esto es así porque, muchas veces, cuando se piensa, se organiza o se diseña una ciudad, no se atiende a determinados colectivos y se los excluye de los criterios para conseguir que pueda ser utilizada con un mínimo de condiciones favorables. Tradicionalmente han sido las mujeres o los niños. Aunque, dada la evolución de la pirámide de población, cada vez adquieren un mayor protagonismo los ancianos. Pero también ciegos, personas con problemas físicos que les impiden caminar o, sencillamente, sin recursos económicos.

Se trata de no excluir de la ciudad a determinados colectivos  impulsonegocios

Los que leéis regularmente el blog ya sabéis que, de broma, suelo hablar de un diseño urbano pensado para “varones caucásicos, sanos, de treinta años y sin problemas económicos”. Por tanto, como en mi departamento empezamos un curso nuevo en el Máster Universitario en Planeamiento Urbano y Territorial, había pensado que sería interesante darle a unos alumnos que, precisamente, formamos para diseñar nuestras ciudades y territorios, unas bases de discusión que les forzaran a pensar en ciudades para todos. Los criterios a los que hago referencia a continuación están basados en el decálogo que preparamos para el Libro Blanco de  la sostenibilidad en el Planeamiento Urbanístico español que redacté conjuntamente con José Manuel Naredo para el Ministerio de la Vivienda de España hace unos cinco años.

Una acera "muy inclusiva" en Vigo (incluye bidé)  voltairevigo

En el Libro Blanco estudiamos multitud de trabajos, recomendaciones, guías, normas, ordenanzas, y artículos científicos, tanto del estado español como de las Comunidades Autónomas y tuvimos en cuenta informes de los profesionales más relevantes en el campo del planeamiento y la sostenibilidad. A continuación, y casi de puntillas, trataré de asomarme a algunos criterios orientados a conseguir ciudades más inclusivas y que deberían considerarse (o, por lo menos, discutirse) al planificar ciudades en el siglo XXI. Lo haré intentando apartarme del lenguaje académico con objeto de ir lo más directo posible al núcleo de la discusión.

Complejidad de usos

Probablemente sea esta la cuestión más importante a la hora de realizar un urbanismo más inclusivo, eficiente y respetuoso con el medio. La ciudad que surgió de la Revolución Industrial fue una de las ciudades más insanas y desiguales de la historia. Uno de los “inventos” para mejorarla fue, precisamente, la zonificación. La zonificación significó sacar los usos más contaminantes de las zonas residenciales y mejoró de forma notable la esperanza de vida de los urbanitas. Junto con el abastecimiento de agua y el saneamiento contribuyó bastante a mejorar la salud de la población. Sin embargo el sistema de zonificación llevado al límite, se tradujo en una segregación socio-espacial muy importante.

Niño socializándose en un fragmento urbano complejo  lanacion

Esta tendencia a separar todas las funciones y a situarlas sobre el territorio en lugares físicos bastante alejados unos de otros, buscando un suelo más barato y dejando todos los intercambios en manos del automóvil privado, representa uno de los mayores problemas a los que se enfrenta ahora mismo el planeamiento urbano. Sobre todo porque crea, de hecho, áreas de exclusión y ciudades desiguales. Parece necesario volver a la ciudad compleja en la que las tiendas se mezclen con los talleres, las oficinas, las viviendas y en las que no existan guetos (de ricos o de pobres, de jóvenes o de ancianos).

Proximidad

Los equipamientos y los servicios tienen que volver a ser de proximidad. De nada sirve un parque enorme situado a varios kilómetros de la vivienda si, además, no tenemos pequeños parques de proximidad a menos de 400 metros, para que una persona con problemas bien por la edad o de otro tipo, pueda ir y volver sin necesidad de prepararse para una expedición de aventura. Debería de posibilitarse que, por ejemplo, el “camino al colegio”, tan importante según los psicólogos y sociólogos para la formación del niño y para la educación en la urbanidad, pudiera hacerlo andando con los amigos y, en su caso, acompañado por algún adulto. Cosa imposible si el colegio se encuentra en otro fragmento situado a siete kilómetros de la residencia.

El camino al colegio base de la educación en la urbanidad  20minutos

La organización de la ciudad debería posibilitar tiendas de proximidad que hicieran posible realizar las compras diarias sin necesidad de desplazarse en coche. Todo esto sólo se consigue con unas densidades mínimas que permitan el mantenimiento de estos servicios y equipamientos con unos radios de influencia dentro de los límites de la cercanía. Y, además, dejando las reservas de suelo necesarias para su funcionamiento efectivo.

Transporte público

Determinados colectivos, sencillamente, no pueden conducir o no tienen dinero para comprarse un coche. Es decir, necesitan de forma imprescindible del transporte público. Para que el transporte público sea rentable y eficiente requiere también una cierta densidad y políticas que lo promuevan. Por desgracia, las ciudades metropolitanas fragmentadas, tal y como están concebidas, dependen totalmente del transporte privado. Bien sea para los viajes directos desde la residencia a los diferentes fragmentos, o mediante intercambios transporte privado con transporte público. La actual fragmentación de la urbanización solo permite dos posibilidades si se pretende implantar un sistema público de transporte: o bien tiempos muy dilatados con múltiples paradas, o bien tiempos normales pero con pocas paradas.

Un transporte público cómodo, eficiente y accesible
 Elemento básico para una ciudad más inclusiva  antena3

La primera solución es inviable ya que los recorridos entre fragmentos son excesivos en todos los casos, y casi imposibles de diseñar si manejamos tiempos normales. Y la segunda dejaría fuera de cobertura a la mayor parte de los fragmentos o tendría tan pocos usuarios que sería insostenible económicamente. Para los viajes al trabajo (producción) si es posible un sistema mixto coche privado y transporte público. Pero no para las necesidades cotidianas.

Espacio público, seguridad

La esencia de la ciudad es el espacio público. Pero el espacio público en las urbanizaciones periféricas se vuelve privado colectivo y de relación entre iguales. Y en la ciudad tradicional también se va reconvirtiendo progresivamente debido a muchas razones. Entre otras, las tipologías arquitectónicas de manzana cerrada con elementos interiores comunes tales como juegos de niños, piscinas o pistas de deporte. De forma que el espacio público, esencial para la educación en la urbanidad, se va volviendo cada vez más inhóspito. Se van reduciendo progresivamente sus funciones y casi sólo queda la de transitar. Y aún esta con una altísima inseguridad subjetiva. Tenemos miedo cuando estamos en el espacio público. Pero los más débiles todavía más. Mayores, niños, mujeres, son los más perjudicados en esta especie de “selva” en la que se han convertido nuestras calles, parques y plazas. No es extraño que los avances más importantes en diseño urbano seguro hayan venido de las organizaciones feministas.

La seguridad afecta a unos colectivos más que a otros  sinmordaza

Hay determinados diseños urbanos que no sólo aumentan la seguridad subjetiva (básica para que la gente ocupe el espacio público) sino incluso la objetiva. A pesar de ello se trata de un aspecto notoriamente olvidado en la planificación y el diseño urbano. Además de ser seguro el espacio público ha de ser confortable, identitario y funcional. Solo este último aspecto suele considerarse en los proyectos. El resto debería tener la misma importancia pero casi nunca es así.

Equipamientos

Otro de los temas importantes que habría que considerar con una óptica distinta es el de los equipamientos. Básicamente, el objetivo es reconvertir la mayor parte de los equipamientos centralizados en equipamientos de proximidad. Por supuesto que no se trata de eliminar los equipamientos muy especializados sino en no mezclarlos. Los equipamientos de proximidad fundamentales son “genéricos” en el sentido de no especializados y deberían de estar distribuidos por todo el tejido urbano en función de las necesidades. No se trata de “café para todos”. Se trata de atender a las necesidades de la población. Y las necesidades de la población son distintas (aunque hayamos conseguido tejidos complejos) en un sitio o en otro.

Equipamientos para una población envejecida  tenzaragoza

Sin embargo, al tratarse de equipamientos “genéricos” los espacios, sean al aire libre o cubiertos, pueden servir para funciones distintas. En general, y dada la evolución de la población van a adquirir una gran importancia aquellos relacionados con la dependencia ya que una población cada vez más envejecida los va a necesitar. También los asociativos, base de una nueva gobernanza a la que me referiré en el último punto del artículo.

Colegios y docencia

La organización de las ciudades actuales con fragmentación, bajas densidades y una zonificación llevada al límite, impide que una gran parte de las dotaciones puedan ser de proximidad. Pero esto reviste una especial importancia en el caso de los colegidos ya que el camino al colegio andando se ha revelado como uno de los más importantes elementos de socialización y educación en la urbanidad. Los largos desplazamientos en autobuses escolares con los niños encerrados y sentados consumiendo una parte importante no sólo del tiempo de socialización sino también del docente es una anomalía más de las producidas por el sistema urbano actual. No sólo por incidir en una de las lacras de la vida moderna, el sedentarismo, sino por el consumo energético y la contaminación que se produce en los desplazamientos horizontales.

Amarrados en sus asientos mediante cinturones de seguridad
 muchos niños hacen largos trayectos diarios en bus escolar  adn

Y suele convertirse también en un trabajo más que recae sobre la mujer que, muchas veces, no tiene más remedio que encargarse personalmente (en su coche particular o llevando al colegial al punto de parada del autobús escolar) del traslado. Pero el problema no es solo de los colegios. En general, todo el sistema educativo incluyendo algo tan importante como la educación en el conocimiento de la ciudad, debería de ser en su mayor parte de proximidad.

Grandes comercios, pequeños comercios

Se ha hablado muchas veces de las bondades del pequeño comercio distribuido por las calles y las plazas aumentando la complejidad del sistema y favoreciendo la vida social y la convivencia. Pero pocas veces se habla de cuestiones fundamentales como la seguridad que proporciona (Jane Jacobs ya hace décadas que escribió páginas memorables al respecto que todo ciudadano debería conocer) o la disminución en el consumo y la contaminación. Sin embargo, tanto las normas urbanísticas con su excesiva sectorización de los usos, como la propia estructura y densidad urbanas, lo imposibilitan en muchos casos. No se trata de que todo el comercio sea de proximidad. Eso es imposible, por ejemplo, para el caso del comercio especializado necesitado de un radio espacial con población suficiente para ser rentable.

El comercio diario de cercanía necesita cierta
 densidad de población para poder subsistir mapio

Pero esto sí es posible para el comercio diario o de primera necesidad que necesita radios mucho más pequeños para ser rentable, pero que, progresivamente, se va desplazando a los grandes centros comerciales dificultando todavía más la vida de la parte de la familia que se dedica al cuidado, normalmente la mujer. Es decir, que la mujer tiene que invertir gran parte de su tiempo en desplazamientos dedicados a las compras diarias. La situación se agrava si, además, trabaja. En cualquier caso, y aunque los roles se inviertan, esta situación representa un problema local importante y global todavía mayor.

Una nueva gobernanza local

Sin embargo, todas estas pautas (que como tales pautas no siempre habrá que respetar) no tienen ningún significado en sí mismas, sino como ayuda al cambio que tiene que producirse en la planificación y organización de la ciudad. La ciudad no puede ser responsabilidad de los técnicos, ni de los políticos. La ciudad tiene que ser responsabilidad de todos los habitantes que vive en ella. Y al decir habitantes que viven en ella no me refiero sólo al “varón caucásico, sano, de treinta años, y sin problemas económicos”, que mencionaba al comienzo del artículo. Con los actuales sistemas de gobernanza local basados en una estructura de partidos decimonónica, con unos ámbitos de planeamiento urbanístico que terminan en los límites municipales, con unos grupos de presión económicos que están siempre por encima de los ciudadanos, todas las pautas, las buenas intenciones, o los magnificos diseños inclusivos, no servirán para nada. Pero, sobre todo, habría que cambiar la llamada “participación ciudadana en el planeamiento”.

La falacia de la “participación ciudadana”  consultorartesano

Y es que para que exista participación en el ámbito local son imprescindibles dos premisas: que exista información y que sea comprensible por el ciudadano. No se puede participar (o sí se puede pero se cae inmediatamente en la demagogia) si el que participa no cuenta con información veraz, suficiente y comprensible para decantarse por una opción entre diversas posibilidades. En una buena parte de los casos es que la información no existe. No es que no se ponga al alcance de la persona que tiene que participar. Es que no está. Ni en los centros de investigación, ni en las universidades, ni en internet. Sin información real, no sesgada, que se produzca de forma continuada y en tiempo real, cualquier proceso de participación es, en el mejor de los casos, azaroso. Y en el peor, interesado. Por eso, para construir ciudades por los propios ciudadanos, es imprescindible que los planes se reconviertan en oficinas de planificación cuya primera misión sea conseguir saber qué pasa en la ciudad.

Parodiando un anuncio de la empresa Gas Natural:
 Papá, tengo pesadillas, en ocasiones veo técnicos  tvanuncios

Pero esto no es suficiente. Frecuentemente los técnicos que conocen muy profundamente un tema terminan por construir un vocabulario esotérico mediante el que pueden comunicarse con bastante precisión entre ellos, pero que es ajeno al conjunto de los ciudadanos y al resto de técnicos. De forma que se encierran en sus torres de marfil, se aíslan de la vida real. Esto es todavía más grave si se trata de construir una ciudad. Como mucho, se relacionan con los “representantes” de esos ciudadanos. Es decir, con los políticos. Y tratan de explicarse. Si el político es honrado, intentará entender, con buena voluntad, lo que le dice el técnico y actuará en consecuencia. Pero la información no llega al "administrado" de forma que sepa, realmente, qué está pasando y cuáles son las pautas reales de actuación. Por eso las oficinas de planificación urbana no sólo  tienen que conseguir la información, además tienen que hacerla comprensible a los ciudadanos para que puedan tomar las decisiones adecuadas.

Hacer comprensible la información al ciudadano, una de las
tareas básicas del técnico en planificación urbana  laciudadviva

Esta es la causa de que las oficinas deban funcionar, además, como centros educativos para entender la ciudad. Esta sustitución del plan por oficinas de planificación urbana que se constituyan en centros de información en tiempo real de lo que sucede en el territorio y de educación de la población que reside en el mismo, debería ser la base de una ciudad más inclusiva ya que es la única forma en que los colectivos excluidos pueden hacerse oír y saber, en realidad, qué actuaciones les resultan más convenientes. El sistema actual, sencillamente, no lo permite. Para terminar parece evidente, tal y como hemos visto en los ejemplos anteriores, que los criterios que hemos repasado se parecen bastante a los que ya he ido proponiendo en diferentes artículos del blog con la intención de conseguir ciudades “más sostenibles”, o “ciudades más racionales”, o “ciudades más eficientes”, o “ciudades más humanas”. No es ninguna casualidad, todos estos adjetivos están relacionados con el buen diseño urbano, con la buena planificación de la ciudad, sea inclusiva, sostenible, racional o humana.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

A Roland Barthes en su centenario

Roland Barthes muere el 26 de marzo de 1980, a los 65 años atropellado por la furgoneta de una lavandería mientras cruzaba la Rue des Écoles, al lado mismo del Collège de France donde ocupaba la cátedra de Semiología Literaria desde 1977. A quien le interese este suceso absolutamente barthiano puede leer el artículo de Mario Bruzo, “El hombre que atropelló a Roland Barthes”. El autor de El grado cero de la escritura, Elementos de semiología, Sistema de la moda, Fragmentos de un discurso amoroso o La cámara lúcida, había nacido el 12 de noviembre de 1915 y, para mi generación fue, en su momento, un referente. Recordarlo hoy puede parecer extemporáneo pero como él mismo dijo “Réclame de vivre pleinement la contradiction de mon temps, qui peut faire d’un sarcasme la condition de la vérité”. Y, además, en unos días será el centenario de su nacimiento.

Roland Barthes, París, 1973
 École Pratique des Hautes Études  barthes

Es precisamente este “vivir plenamente la contradicción” de mi tiempo lo que hace que tenga que empezar este artículo escribiendo de cosas tan alejadas del momento actual como el estructuralismo, la semiología o la semiótica. Y no es que entienda (siguiendo su cita) que la condición de la verdad sea un sarcasmo, ni que estas palabras puedan usarse hoy en día como insulto a la inteligencia. Es que cada vez más entiendo la historia como crónica hilada de acontecimientos inconexos que organizan un discurso. Es decir, como diría Borges, el texto como cita de citas. Y porque no quiero que muchas de las ideas de los años sesenta y setenta que a pesar de todo, algunas de las vanguardias (suponiendo que “eso” todavía exista) están empezando a descubrir, se pierdan en el tiempo como lágrimas en la lluvia.

C. E. Shannon, primera portada de la publicación para la Bell de
 “A Mathematical Theory of Comumunication”, 1948  earlycomputers

Pero no voy a empezar por el Curso de Lingüística General de Ferdinand de Saussure, ni tampoco por explicar las ideas de Claude Lévi-Strauss que aplica a la antropología los postulados del estructuralismo. No, voy a empezar por una de mis referentes más queridos, Claude Elwood Shannon. Y esto tengo que explicarlo porque tiene que ver con mi propia evolución personal ya que a principios de los setenta me encontraba absolutamente implicado en las cuestiones relacionadas con la teoría de la comunicación, la entropía y todo aquello que tenía que ver con la cibernética y un entendimiento cuantitativo del análisis urbanístico. La obra fundamental de Shannon fue The Mathematical Theory of Communication, publicada en 1948 dentro de las publicaciones de los laboratorios Bell System, filial de la American Telegraph & Telephone.

Teoría de la comunicación según Shannon  line

Para Shannon el objeto de la comunicación consistía en “reproducir en un punto dado, de forma exacta o aproximada, un mensaje seleccionado en otro punto”. Esquemáticamente, estos eran los elementos que organizaban el sistema: la fuente de información que era la parte encargada de producir el mensaje, el codificador encargado de transformar el mensaje en signos, el canal que transportaba los signos, el decodificador que reconstruía el mensaje, y el destino (la persona o cosa a la que se transmitía el mensaje). Lo que en aquellos momentos, y desde el punto de vista práctico, se veía como básico era la necesidad de una comunicación eficiente. Es decir, más económica. Y para conseguirlo había que contar con un problema inherente a todo sistema de comunicación: el ruido. Aparecía entonces la necesidad de redundancia y todo se complicaba. Pero se complicaba poco. O, por lo menos, la complicación era asumible. Sobre todo si se utilizaba un lenguaje máquina a máquina.

Ugarit, en la actual Siria, el primer alfabeto

La cuestión ya adquiere otro aspecto cuando tratamos con palabras y con lenguaje humano. El lenguaje es un instrumento de comunicación que utiliza palabras. El objeto de las palabras es significar. Es decir, las palabras son signos. Esta es la base de todo el edificio estructural saussuriano. Todo lo demás son añadidos, incluso las cuestiones de contexto que luego incorpora Barthes. La semiología trata de comprender esta función básica de la palabra. Pero todo esto sigue siendo relativamente poco complejo. En realidad, las verdaderas dificultades aparecen cuando pasamos de un lenguaje verbal a otro organizado en torno a signos no lingüísticos. Ya Charles Sanders Peirce (1839-1914) un pionero en tantos campos del conocimiento había hecho notar que había tres tipos de signos: el icono, que se parece al objeto; el índice que perdería su carácter si se suprimiera el objeto pero que no lo perdería si no hubiera alguien que interpretara; y el símbolo, un signo convencionalmente asociado a un objeto.

Los tres tipos de signos según Peirce  carlosjavierjimenez

La aportación de Barthes a la semiología de Saussure (de interés para los que nos dedicamos a la arquitectura, el urbanismo o el paisaje) consiste en cambiar el concepto de código lingüístico por el de signo cultural. La otra dirección que toma el análisis es la denominada semiótica. Es la que, por ejemplo, sigue Umberto Eco al que le he dedicado ya parte de un artículo. El texto según Eco se puede entender como un contenedor de diversos signos y símbolos correspondientes a un contexto cultural. Para algunos autores, aunque ambas corrientes parten de los mismos presupuestos enfatizan cosas distintas. La semiología se centra en el análisis de los objetos y su significado, aunque desde una perspectiva cultural; es decir, sobre qué se comunica. En este sentido, Barthes busca comprender las condiciones de comunicabilidad y su legibilidad. Y la semiótica sobre la forma de comunicar; es decir, sobre cómo se comunica. Pero este enfoque de la relación entre semiología y semiótica no es único ni pacífico. Hay diferentes posturas, incluso para algunos autores ambas palabras significan lo mismo.

Otra versión de la relación entre semiología y semiótica  slideshare

Aunque tanto la semiología como la semiótica (incluso el propio estructuralismo) han tenido una fuerte contestación y en muchos ambientes han caído en el descrédito, no se les puede negar que, en su momento, supusieron un avance sobre el que organizar las nuevas teorías. La deconstrucción, la hermenéutica o la simbolización, por ejemplo, no se entenderían sin una crítica a esta forma de entender los sistemas. Por supuesto que ahora no me voy a meter en estas procelosas aguas porque mi objetivo es Barthes y su centenario. Su primera obra importante fue El grado cero de la escritura. Sobre esta obra se han escrito muchas cosas interesantes. Podéis leer un resumen de Javier Seguí en el enlace que os dejo en el apartado final. En este ensayo Barthes se interroga sobre la posibilidad de que exista un grado cero a la hora de escribir ¿es posible que el autor pueda prescindir de sus ideas, su estilo, sus vivencias, y lograr un texto limpio?

¿Es posible un grado cero en la escritura?  perio

En esta obra contrapone el texto al habla, y concluye que el primero (a diferencia del habla) no puede ser nunca ideológico. Esto es así porque el texto es un mensaje en el que no hay diálogo y el texto, en última instancia, pertenece al lector. Esta idea la desarrolla más detenidamente luego en Le plaisir du texte. Traigo aquí el tema sólo para poder traducirlo luego a la ciudad o el paisaje. Entiende, como consecuencia, que el autor se mueve entre dos extremos. Por una parte el uso de un lenguaje concreto, el común denominador, relacionado directamente con la legibilidad. Y por otra, la forma literaria que tiende a la incomprensión. Entre ambos campos se mueve el autor cuya única posibilidad es la introducción de variaciones sobre este lenguaje totalmente comprensible, sobre este común denominador, pero sin que estos cambios lleguen al límite de hacer ilegible el texto.

Fragmento de "Fragmentos de un discurso amoroso", pág. 38
 Siglo XXI editores, 1982  Señalar en la imagen para verla más grande

Para Barthes, el acto de escribir tiene que ver con la erótica. Es lo que llama una forma de Eros: “El texto que usted escribe debe probarme que me desea. Esa prueba existe: es la escritura. La escritura es esto: la ciencia de los goces del lenguaje, su Kamasutra (de esta ciencia no hay más que un tratado, la escritura misma)”. Ya podéis comprender la causa de que se vendieran 15.000 ejemplares en menos de dos semanas de Fragmentos de un discurso amoroso, y que fuera “hombre del mes” de la revista Playboy. Claro que a ello ayudó su intervención en el programa Apostrophes de la televisión francesa discutiendo con François Sagan bajo el título de la canción de Lenoir “Parlez-moi d'amour”. Fragmentos de un discurso amoroso empezó como un seminario sobre el Werther de Goethe que, a lo largo de los dos años que duró fue implicando cada vez más a todos los participantes hasta el punto que su inicial sentido académico terminó suplantado por una proyección subjetiva de cada uno de sus integrantes sobre el texto.

Apostrophes, “Parlez-moi d’amour” (Barthes, Sagan)  youtube

Llevo tres páginas sólo para introducir a Barthes, pero todavía no he hablado más que de literatura. En realidad, sobre lo que quería escribir era sobre una conferencia de Barthes titulada “Semiología y Urbanismo”, organizada en 1967 por el Instituto de Historia y de Arquitectura de la Universidad de Nápoles y luego publicada en L'Architecture d'Aujourd'hui, nº 53, 1971. Está recogida con otros textos en L'aventure sémiologique (Éditions du Seuil, París, 1985). La traducción al castellano de esta recopilación la publicó Paidós en 1990 con el título de La aventura semiológica. La verdad es que son escasamente diez páginas, sin epígrafes y sólo con un par de citas. Lo que significa, para algunos de mis alumnos forofos del tuit, que es legible sin excesivas complicaciones aunque al final de la lectura se queden un tanto exhaustos después de tamaño esfuerzo. Pero el esfuerzo merece la pena porque se trata de un texto lleno de guiños, caminos que recorrer y metáforas todavía no desarrolladas.

La posibilidad de una semiótica de la ciudad  vozpopuli 
 Madrid 2015, manifestación de Podemos en la Puerta del Sol

El comienzo me encanta: “Pero tengo que añadir que quien quisiera esbozar una semiótica de la ciudad tendría que ser a la vez semiológo (especialista en signos), geógrafo, historiador, urbanista, arquitecto y probablemente psicoanalista. Como es muy evidente que no es éste mi caso -de hecho, no soy ninguna de estas cosas, salvo, y aun apenas, semiólogo-, las reflexiones que voy a presentar ante ustedes son reflexiones de amateur, en el sentido etimológico de la palabra, «amante» de los signos, el que ama los signos, amante de ciudades, el que ama la ciudad. Porque amo la ciudad y los signos. Y este doble amor (que probablemente es un solo amor) me impulsa a creer, quizá con cierta presunción, en la posibilidad de una semiótica de la ciudad”. La cita informa, además, de una cierta ambivalencia en el uso de la palabra semiótica. Más bien aconsejaría fijarse en el título de la conferencia “Semiología y urbanismo”.

Madrid, Puerta del Sol, visión cartográfica según GoogleMaps

Pues bien, reducir la ciudad a sus términos funcionales o utilitarios (el grado cero en la gramática urbana) es conducirla a su legibilidad máxima, pero perdiendo todo aquello que tiene que ver con el discurso, con el amor, con el Eros, con ser amante de la ciudad tal y como lo entendía Barthes: “Quisiera de entrada recordar una cosa muy conocida que servirá de punto de partida: el espacio humano en general (y no el espacio urbano solamente) ha sido siempre significante. La geografía científica y sobre todo la cartografía moderna pueden ser consideradas como una especie de obliteración, de censura, que la objetividad ha impuesto a la significación (objetividad que es una forma como cualquier otra del imaginario)”. Claro que en el extremo opuesto la ciudad deja de ser ciudad ya que no permite ni una mínima lectura al volverse incomprensible. Entre estos extremos se deberían de encontrar los discursos urbanos.

Atenas, vista de la Acrópolis  misteriji

En la época griega clásica, según Barthes, la ciudad estaba basada exclusivamente en significados ya que no se entendía una concepción utilitaria de esos espacios basada en funciones, idea que aparece más adelante. Se queja de que, hasta el momento de escribir el texto y frente a estas concepciones fuertemente significantes del espacio urbano, los teóricos del urbanismo (salvo excepciones) no desarrollan este enfoque. Entre estas excepciones menciona a Víctor Hugo y a Kevin Lynch. Aunque le reconoce a Lych su preocupación por la legibilidad de la ciudad y su búsqueda de unidades discretas parecidas a los fonemas y semantemas (recorridos, hitos, nodos, discontinuidades) concluye que, a pesar de todo, su visión es más gestaltista que estructural. Otra cuestión que le preocupa es el enfoque de la planificación urbana, que reduce la organización de la ciudad a las necesidades funcionales desatendiendo su carga semántica. Pero, sobre todo, se refiere a la imposibilidad de una ciudad formada por elementos aislados cuyas funciones se puedan inventariar de forma independiente.

Tejido y elementos singulares forinv
 Londres, vista aérea sobre el Támesis

Y es que concibe la ciudad organizada mediante elementos fuertes y elementos neutros formando un tejido con un ritmo más o menos marcado, pero evidente. Esta es también la idea de Lynch, Aldo Rossi, Quaroni, o Bailly como ya vimos en otro de los artículos del blog. Pero esta dicotomía entre el tejido y las emergencias (o los hitos y los nodos), entre los elementos continuos y discontinuos, entre las diferentes áreas perceptivas, entre los lugares centrales y periféricos, no es única. Hay que acompañarla de los elementos simbólicos de cada uno de ellos, claves para su comprensión. El concepto de símbolo que emplea Barthes en esta conferencia no es el que establece de una forma exacta la relación entre significado y significante, sino más bien atiende a los procesos por los que el significante se relaciona con un significado. Lo que luego se llamaría significancia (aquello relativo a la propiedad de significar). Pero ya me estoy adentrando en esas aguas procelosas en las que no quería entrar.

"Los significados pasan los significantes quedan"  blendspace

Para introducir el análisis semiológico en la comprensión de la ciudad entiende que habría que pasar por tres etapas: disociar el texto urbano en unidades; distribuirlas en clases formales; y “encontrar las reglas de combinación y transformación de estas unidades y estos modelos”. La parte más elemental (la de las funciones a cumplir) dice que ya está muy estudiada, y que se incluso se han realizado listas algunas de las cuales incluyen hasta treinta de estas funciones. Sin embargo, “esta lista puede, por supuesto, ser completada, enriquecida, limada, pero no constituirá más que un nivel sumamente elemental para el análisis semiológico, un nivel que probablemente habrá de revisar más adelante, no solamente por el peso y la presión ejercidos por la historia sino porque, precisamente, los significados son como seres míticos, de cierta imprecisión y que en cierto momento se convierten siempre en significantes de otra cosa: los significados pasan, los significantes quedan”. 

Fragmento de La chambre claire  iniphotonum
Señalar en la imagen para verla más grande

Bueno, como homenaje y recordatorio pienso que, de momento, es suficiente. Con este artículo espero haber despertado el interés por la figura de Roland Barthes que, a día de hoy, no parece que esté pasando precisamente por momentos de esplendor. Sin embargo hay en todos sus textos multitud de sugerencias que es posible que os ayuden a muchos de los que estáis investigando en nuevos enfoques, imprescindibles en momentos críticos como el actual. Necesitamos ideas nuevas pero, muchas veces, las ideas nuevas surgen de adentrarse en caminos ya iniciados pero nunca concluidos. Su último libro, que apareció unos días antes de su fallecimiento, se titula La chambre claire. Note sur la photographie y fue publicado por Cahiers du Cinema en 1980. En esta obra Barthes se enfrenta (premonitoriamente) a una reflexión sobre la muerte y constituye la culminación del proceso de subjetivación de sus escritos que en El grado cero de la escritura o en Mitologías habían comenzado de una forma pretendidamente objetiva.

Otro lenguaje de la ciudad, plano del metro de Londres  trenmonreal

“La ciudad es un discurso, y este discurso es verdaderamente un lenguaje: la ciudad habla a sus habitantes, nosotros hablamos a nuestra ciudad, la ciudad en la que nos encontramos, sólo con habitarla, recorrerla, mirarla. Sin embargo, el problema consiste en hacer surgir del estadio puramente metafórico una expresión como «lenguaje de la ciudad». Es muy fácil hablar metafóricamente del lenguaje de las flores. El verdadero salto científico se dará cuando podamos hablar del lenguaje de la ciudad sin metáforas”. Sí, claro, la idea es sugerente pero me sumo a esta cita de Barthes para decir que las dificultades para lograrlo son evidentes. Para muchos, está forma de acercarse a la ciudad ha sido una vía muerta. Algunos de mis compañeros que se han intentado adentrar por este mar bastante turbulento han empezado con mucho ánimo pero, poco a poco, han ido reduciendo su velocidad hasta quedarse varados en una playa deshabitada. Yo mismo. Pero es posible que todavía no hayamos visto el camino con suficiente claridad. Probablemente sea el momento de retomar determinados enfoques prematuramente abandonados, esperar la marea alta e intentar volver a navegar.



Nota 1. El artículo de Alberto Bruzos al que me refiero a comienzo del artículo y que lleva por título “El hombre que atropelló a Roland Barthes” lo podéis encontrar en pdf en este enlace.

Nota 2. El resumen de Javier Seguí del libro de Barthes titulado “El grado cero de la escritura” lo podéis encontrar en este enlace.

Nota 3. Si queréis empezar a leer a Roland Barthes os recomiendo a continuación, por orden de publicación, los textos que más me han interesado.
  • El grado cero de la escritura (1953)
  • Mitologías (1957)
  • Elementos de semiología (1965)
  • El imperio de los signos (1970)
  • El placer del texto (1973)
  • Fragmentos de un discurso amoroso (1977)
  • La cámara lúcida: nota sobre la fotografía (1980)
  • La aventura semiológica (1985) que contiene algunos textos de interés. Entre otros la conferencia de “Semiología y Urbanismo”.

domingo, 2 de agosto de 2015

Lavapiés, en el corazón del activismo

En estas fechas de vacaciones, y como contraste, he decidido traer este mes un tema denso y, aparentemente, distinto a los tradicionales del blog. Además, es un artículo todavía más largo que los anteriores (mi cruzada anti-tuit sigue a toda máquina). Se trata de documentar como determinados espacios pueden llegar a adquirir personalidad propia, no tanto por tener unos valores estéticos o singulares, por su arquitectura o por la disposición de sus elementos, sino por las tramas sociales que se tejen en sus calles, en sus plazas, en sus bares o en sus parques. Es decir, como en determinados casos, lo que le confiere carácter a un espacio urbano no es precisamente su conformación física sino la gente que lo habita. Y sin embargo… si en el caso que se va a estudiar no existiera un tipo especial de vivienda dotada de unas condiciones muy concretas y unos espacios públicos determinados con unas características muy especiales, probablemente las cosas no se hubieran desarrollado de la misma forma.

Calle del barrio de Lavapiés en Madrid  patriciocoronado

Para ello he elegido el trabajo de uno de mis alumnos del máster que impartimos en nuestro departamento. Se llama Roberto Cilleros y su investigación fue dirigida por Fernando Roch uno de mis compañeros de trabajo que mejor conoce el barrio. Roberto es sociólogo y, por tanto, tiene un punto de vista distinto al de un arquitecto o un ingeniero. Ya sabéis que son precisamente las otras miradas sobre la ciudad las que, para mí, tienen un interés adicional. Siempre me ha parecido que ver el mismo objeto desde diferentes perspectivas es una de las cosas que más enriquecen el conocimiento. Además, metodológicamente, el hecho de que se utilice una técnica (la de la entrevista) bastante ajena a los trabajos más cuantitativos, le confiere un interés adicional. Interés al que se suma el hecho de que Roberto analiza unos acontecimientos en los que ha participado activamente. Esta forma no canónica de enfocar un trabajo de investigación no está exenta de críticas ni de riesgos, pero por eso me apetecía traerlo aquí.

Economía alternativa en Lavapiés  elpaseodejane

Los lectores asiduos ya lo saben, he destrozado el artículo de Roberto para poder acomodarlo blog. Si alguien tiene interés en leerlo en un formato más académico y en su versión original probablemente se publicará pronto en la revista del departamento Territorios en Formación. Las citas sin indicar procedencia son transcripciones de las entrevistas en profundidad realizadas. Todas las imágenes (menos las dos que se reproducen del trabajo) son exclusiva responsabilidad mía. Roberto no tiene culpa ni de su elección ni de su reproducción.


El papel de Lavapiés en el activismo madrileño  
Autor: Roberto Cilleros

Este trabajo no pretende más que realizar un análisis del papel que tiene Lavapiés en el activismo social y político madrileño actual. Mi posición, ligada tanto al barrio como al activismo, es en gran parte la principal motivación y el punto de partida de este estudio. Desde un punto de partida ligado a la experiencia personal, he llevado a cabo una investigación que ha utilizado principalmente dos enfoques: una exhaustiva revisión documental y bibliográfica –artículos en prensa, archivos web, vídeo reportajes, documentales audiovisuales, etc.– en torno al tema, y un acercamiento cualitativo a los relatos de los activistas a través de entrevistas en profundidad. De esta forma, se plantea el interrogante de por qué el barrio de Lavapiés parece tener un papel fundamental en el activismo madrileño, en los ciclos de movilización, y en fenómenos contra-hegemónicos como Podemos o Ahora Madrid.

El método utilizado

La aparición y/o emergencia de campos de investigación de alta complejidad analítica y discursiva reclamaba la atención sobre la necesidad de usar dispositivos de investigación alternativos que se centrarán en aspectos comunicativos de la realidad donde, según Luis Enrique Alonso, “la palabra es vector principal de una experiencia personalizada, biográfica e intransferible”. La entrevista cualitativa surge como técnica que puede aprehender dimensiones demasiado complejas de la realidad, como las ligadas a la acción colectiva, los movimientos sociales o las propuestas de emancipación y contra-hegemónicas. Se enfoca aquí la entrevista en profundidad como  una conversación entre iguales, aunque esta supuesta igualdad entre investigador-entrevistado sea puesta en duda por autores tan reconocidos como Pierre Bourdieu. En este trabajo se ha optado por entrevistas diseñadas en profundidad para cada entrevistado donde el objetivo es asegurar que las preguntas tengan el sentido apropiado.

Lavapiés en marcha  acsur

Cabe señalar aquí que he participado en movimientos sociales y políticos desde hace ya tres lustros. Los diez primeros años en Salamanca ligados al movimiento estudiantil: las movilizaciones anti-LOU, anti-LOCE y contra la guerra; y las movilizaciones contra Bolonia. Luego me mudé a Madrid en pleno post-15M, en octubre de 2011. En esta época, he tenido un contacto bastante intenso con activistas y militantes políticos. Además he acabado viviendo en el barrio de Lavapiés. Con esto, simplemente pretendo exponer que gran parte de los conocimientos que dieron lugar a mi interés por este tema procedían de mi experiencia vital. Lejos de desechar todo este conocimiento experiencial acumulado, he intentado ponerlo bajo vigilancia epistemológica, para que pudiera constituir una herramienta más del trabajo. En definitiva, la propuesta metodológica de esta investigación del activismo madrileño y su relación con el céntrico barrio de Lavapiés, surge de la de la triangulación entre: revisión bibliográfica y documental, entrevistas en profundidad, y observación participante.

El barrio de Lavapiés

El origen de Lavapiés está en los arrabales, en las zonas extramuros del Madrid medieval. Así, autores como Bahamonde y Otero, exponen que en la época de los Reyes Católicos Lavapiés era un arrabal en torno a lo que actualmente son las plazas de la Cebada y Tirso de Molina, donde se concentraba la mayor parte de población judía de la zona. Cuando son expulsados los judíos y árabes el barrio empieza a ser un receptor de inmigración interna, especialmente andaluza, y la mezcla con la población autóctona del lugar daría lugar a lo que se conocería después como “manolería”, o a lo que Armando Vázquez ha llamado “el arquetipo social del Madrid castizo”. De esta forma, nos encontraríamos con una curiosa contradicción del significado de “castizo” como algo “puro” frente a la realidad de Lavapiés caracterizada por su mezcla a lo largo de los siglos entre inmigrantes del interior y autóctonos.

Aquel Lavapiés castizo  uolala

Según Mayte Gómez en su artículo “El barrio de Lavapiés, laboratorio de interculturalidad”, el proceso por el cual se ha llegado a denominar “castizo” a este barrio madrileño forjado por distintas oleadas de inmigración es un ejemplo más del proceso de asimilación a través del cual se ha construido la capital del país, proceso que para la autora sería una especie de melting pot a la madrileña. ¿Pero cómo es el barrio en la actualidad? Dice esta autora refiriéndose a los grupos existentes: “En primer lugar, están los inmigrantes nacionales y sus descendientes, una población ya envejecida a la que todo el mundo –incluso ellos mismos- conoce como «los vecinos de toda la vida». En segundo lugar se encuentran los «nuevos vecinos», inmigrantes internacionales que empezaron a llegar a Lavapiés en los años sesenta y setenta, y pero que protagonizaron un auténtico boom migratorio alrededor de 1995, hasta llegar a ser hoy día casi la mitad de la población del barrio. Esta segunda ola de inmigración trajo nuevos ingredientes que marcaron Lavapiés con renovados aires de marginalidad, pues muchos de estos inmigrantes se encuentran en el país de manera irregular e intentando también dejar su huella en un lugar ya de por sí cargado de connotaciones culturales muy poderosas”.

Plaza de Lavapiés en los 80, sala Olimpia  lacasaenlavapies

Además, habría un tercer grupo formado por una nutrida comunidad de activistas, cuyas ideologías y prácticas socio-políticas transcurren al margen del sistema. Y en cuarto lugar, estarían los “novísimos vecinos” o “nuevos colonos”, que sería una nueva población de ciudadanos de clase media relativamente joven que llega al barrio atraída por el mito de una zona céntrica que es “castiza”, “progre” y “multicultural”. Una cuestión fundamental para entender el barrio y su diversidad social y cultural, es que en el parque de viviendas de Lavapiés existe un gran número que son pequeñas y están en malas condiciones de habitabilidad. Ese parque de infraviviendas es el que ha permitido en gran medida la llegada en distintas oleadas de inmigración al barrio, es decir, esta gran cantidad de pequeñas viviendas en el centro de la ciudad en malas o pésimas condiciones, son las que han permitido en distintos momentos el asentamiento de la población proveniente de diferentes oleadas migratorias.

Verano de 1928, una corrala en Lavapiés  caminandomadrid

Es decir, desde este estudio se parte de la premisa que el origen de la variedad social del barrio y de la fuerte presencia de inmigrantes está ligado a la existencia de ese parque de infraviviendas. Y que esto, a su vez, ha dotado al barrio de un carácter específico: primero el de la “manolería” como fruto del encuentro entre viejos moradores e inmigrantes del interior del país; segundo el de la “multiculturalidad” actual del barrio, como fruto del encuentro entre poblaciones de diferentes países y la cultura propia de Lavapiés. Pero además, habría que mencionar, según las investigaciones de autores como Fernando Roch, lo que serían los dos tipos de parcelario más comunes en el barrio: las corralas por un lado, y el entramado de escaleras y patios interiores por otro. Algo, que podemos ver en el ejemplo de abajo, en el que se muestran dos viviendas de la calle Salitre, siendo la de la izquierda una corrala típica y la de la derecha un edificio alargado de varios patios interiores que aprovecha al máximo las posibilidades.

Viviendas en la calle Salitre  imagen del trabajo

A partir de ahora trataré de realizar un análisis del discurso y de los relatos de los activistas partiendo de las entrevistas en profundidad realizadas. No pretendía conseguir una muestra representativa del activismo, sino que el grupo de entrevistados y entrevistadas incluyera perfiles diversos: entorno Podemos, entorno IU, movimiento okupa, 15M, espacios político-culturales, etc. Además, también buscaba perfiles variados en cuanto al género, relevancia dentro del activismo madrileño, momentos de movilización vividos, y en menor medida el aspecto generacional. En todo momento, se ha tenido presente conseguir perfiles variados en cuanto a su relación con el barrio: gente que viva lejos del barrio, que vivieran lejos y ahora vivan en el barrio, que lleven años viviendo en el barrio, etc.

Desalojos y okupaciones

Una de las cuestiones más destacadas que se han observado está relacionada con las distintas experiencias de okupación que se han vivido en el barrio, especialmente las relacionadas con la creación de centros sociales okupados autogestionados. Esta cuestión no es baladí, y ya en la revisión documental se ha encontrado un fuerte enlace entre los distintos proyectos de okupación y movimientos sociales que marcaban la agenda de movilización. Antes de las experiencias okupas de los llamados Laboratorios, ya habían existido en el barrio numerosas experiencias importantes. De hecho, el primer centro social okupado en Madrid fue en  la calle Amparo en noviembre de 1985 que, aunque sólo duró unos días, es aún hoy referente en los relatos del movimiento. Como señalan los investigadores Raquel Cartas, Manuel Ortiz y Juan Luis de la Rosa, en el barrio de Lavapiés se concentraron el mayor número de okupaciones en los primeros diez años de estas experiencias en Madrid.

18.05.1994 Asedio y desalojo del centro Minuesa  quierescallarte

Una de las okupaciones más representativas realizadas en Lavapiés probablemente sea el CSA Minuesa, una vieja imprenta okupada en un inicio –julio de 1988- por los trabajadores de la imprenta ante las evidencias de que el propietario de la empresa pretendía llevarla a la quiebra para derribarla y especular con el solar. Este centro, referente del movimiento okupa y alternativo de todo el país, no fue desalojado hasta 1994. Desalojo del que surgió una corta ocupación del edificio que hoy es el Teatro Price, en la Ronda de Atocha. En 1996 tuvo lugar la okupación de la casa del número 15 de la calle Lavapiés que tiene especial relevancia por ser el antecedente al Laboratorio 1. Además, fue el lugar desde el que surgió un espacio específico de mujeres desde el que se okuparía La Eskalera Karakola, el centro social autogestionado con mayor antigüedad en el barrio. Aunque no se ubica en su sitio original, sigue siendo, casi veinte años después, un referente dentro del movimiento asociativo del barrio, y del movimiento feminista madrileño.

La Eskalera Karakola  boletincf+s

A raíz de estas experiencias surge lo que sería seguramente el proyecto más conocido: los Laboratorios. Del primer Laboratorio, situado en frente de la Tabacalera en la entrada al Parque del Casino de la Reina, cabría señalar la relevancia que tuvo desde el primer momento, siendo una okupa que seguiría la estela de Lavapiés 15 en su apertura al barrio, y como lugar de encuentro de muy diferentes movimientos sociales y colectivos a finales de los noventa, especialmente ligados al alter-mundismo y a la anti-globalización. El Laboratorio 2, situado en la plaza Cabestreros en lo que hoy es el CSROA La Quimera, estuvo abierto varios años y estaría más encerrado en si mismo que los otros. El Laboratorio 3 volvería a ser un proyecto más abierto, y se convertiría en los años que estuvo funcionando, entre 2002 y 2003, en un espacio donde confluía en gran parte el movimiento anti-LOU y el movimiento contra la guerra, así como muchos otros colectivos de diversa índole. Habría que señalar que tanto por lo analizado en la revisión documental, como por los relatos de los activistas los Laboratorios tuvieron un papel fundamental en los movimientos contra-hegemónicos de aquellos años.

CSOA La Alarma en Sebastián Herrera  okupatutambien

Después de la última experiencia de los Laboratorios se abrió un período de discontinuidad, coincidente con un momento de reflujo de los movimientos sociales, de resaca de las movilizaciones contra el gobierno de Aznar. Sería en 2006 cuando se abriría de nuevo un ciclo de okupaciones, con el CSOA La Escoba Mesón de Paredes. Que continuaría en 2007 con el CSOA La Alarma en Sebastián Herrera; en 2008 con el CSOA Malaya en Atocha; en 2009 con el CSOA La Mácula en Sebastián Elcano: entre abril de 2010 y septiembre de 2012 con el CSOA Casablanca en Santa Isabel; a finales de 2012 con el CSOA Raíces, de nuevo en el edificio donde había estado La Escoba seis años atrás; y, por último, con el CSROA La Quimera abierto desde mayo de 2013 y todavía activo, en el edificio de Plaza Cabestreros donde había estado el Laboratorio 2.

La Quimera en la plaza Cabestreros  google

Cabe señalar que todos estos espacios okupados han jugado un papel central en los movimientos sociales urbanos más importantes de los últimos diez años como se refleja en las entrevistas realizadas. Entre 2006 y 2010 estos centros fueron en gran medida una pata más del movimiento estudiantil contra el Proceso de Bolonia, como se puede deducir de las palabras sobre La Escoba realizadas por uno de los protagonistas de dichas movilizaciones universitarias: “allí hubo muchas reuniones de activismo estudiantil, si había una manifestación y la mani acababa con algo de lío o tal, pues era un buen sitio para volver de punto de encuentro, hacer asambleas, planificar cosas…”. Continuando ese trabajo ligado al movimiento anti-Bolonia las okupas de La Alarma y Malaya, la breve experiencia de la Mácula y finalmente desembocando el activismo estudiantil anti-Bolonia en Casablanca.

La Quimera en Cabestreros, batalla de agua  csrolaquimera

En este sentido, cabe señalar los enlaces entre la lucha anti-Bolonia con la creación, primero de Juventud Sin Futuro (JSF) y el estallido del 15M. Como parte importante de la lucha en Ciudad Universitaria contra el plan Bolonia acabarían siendo protagonistas en esos nuevos espacios con un impacto mayor que los movimientos sociales alternativos previos. Respecto al espacio actualmente okupado, el CSROA La Quimera, merece la pena mencionar algunas observaciones de la entrevista a una de las activistas del centro social: la importante presencia del movimiento feminista en La Quimera y en el barrio, y la fuerte carga de reflexividad llevada a cabo por dicha okupa, cuya mejor muestra es el auto-cierre que hizo la asamblea de la Quimera para repensar mejoras en el aprovechamiento del espacio físico de la okupa, el papel que tenían en el barrio, la imagen que proyectaban, cómo podían mejorar el proyecto, etc.

Espacios de sociabilidad

Una de las cuestiones que aparece de forma recurrente en las entrevistas, es la existencia de espacios que permiten el encuentro y la interacción con otros activistas de diferentes organizaciones y movimientos. Los más mencionados serían los bares, terrazas y cafeterías que suelen frecuentar los activistas de distinto signo, como espacios donde poder encontrarse en un ambiente informal y amable. Lo que se deduce de los discursos de los distintos activistas, es que además de una amplia oferta de actos y eventos culturales y políticos, en el barrio estarían situados sus principales lugares informales de sociabilidad. Respecto a los variados espacios donde “sociabilizar” o tejer “relaciones personales de afinidad”, se señala también la vital importancia que tienen de cara al activismo, aunque es cierto que lo piensan en mayor medida aquellos que tienen algo que ver con procesos de convergencia.

Bares en Argumosa  lamarea

Además de esto se ha señalado, por parte de los dos entrevistados que empezaron su activismo a mediados o inicios de los 2000, un cambio sustancial en las lógicas espaciales del activismo madrileño al entender que Malasaña habría sido sustituida como lugar de encuentro informal a lo largo de la anterior década por Lavapiés donde empezaban a surgir diferentes proyectos cooperativos en que los propios activistas eran los copropietarios de los bares en los que trabajaban. Se apunta a que en la actualidad en Lavapiés habría más de una veintena de bares en cooperativa. Es decir, se habría dado un desplazamiento de Malasaña como lugar de encuentro para el ocio hacia las plazas, los bares y los centros sociales de Lavapiés, sitios donde el activismo parecería encontrarse más cómodo.

Movimientos contra-hegemónicos

Una cuestión sustancial relacionada con las anteriores, sería la centralidad que tiene Lavapiés en los movimientos contra-hegemónicos de Madrid. En este sentido, en los discursos de los entrevistados se muestra que hasta cierto punto es lógico que exista en el activismo cierta tendencia a quedar o juntarse en el centro urbano, dada la disposición espacial de Madrid y lo “difícil que es moverse entre periferias”.

El Universal convertido en Traficantes de sueños  google

Las cuestiones más reseñables sobre esa centralidad de Lavapiés en el activismo madrileño, podrían ir en varios sentidos: (I) el proceso ya mencionado en el que Lavapiés ha ido configurándose como el lugar de referencia para “hablar y discutir de política” desplazando a Malasaña; (II) que esa centralidad supone en cierta medida que se cree una especie de “gueto activista que te aleja un poco de la realidad”; (III) que con la irrupción del 15M y la estrategia tomada por este de “abrirse a los barrios”, se habría revertido en gran parte esta realidad y volvería a ganar centralidad vivir el activismo en tu barrio aunque esté en la periferia; y (IV) que la centralidad de Lavapiés ha tenido un peso especialmente importante a la hora de configurarse los nuevos proyectos de “asalto a las instituciones”. En este último punto habría que referirse especialmente a dos procesos: la gestación de Podemos en torno a la Librería La Marabunta, la primera sede de Podemos en la calle Zurita, y los bares de la zona; y por otro lado, la configuración de Ganemos Madrid y Ahora Madrid, ligadas ambas a espacios como Traficantes de Sueños y Diagonal, pero también a los espacios informales.

Desplazamiento hacia Arganzuela

Aunque se ha visto que hace una década empezó el desplazamiento de Malasaña -ligado a su gentrificación- hacia Lavapiés por parte del activismo, habría que señalar también que existe en todos los entrevistados referencias a la realidad actual de Lavapiés como un lugar que está sufriendo, a su vez, una gentrificación cada vez más visible, aunque algunos de los entrevistados muestren cierto optimismo en que la presencia fuerte del activismo y del cooperativismo pueda impedir esa gentrificación.

“Lavapiés ingentrificable” de Ruina  cabezasdetormenta

Me atrevería a decir, según lo observado este último año en las calles, plantas bajas e interior de los edificios, que en Lavapiés se está dando una intensificación de la gentrificación en las ya bastante gentrificadas calles de Miguel Servet y Argumosa. Y que parece haberse abierto un espacio de oportunidad a la gentrificación en las calles cercanas a Cascorro, donde se mezcla la decrepitud de la zona tras la fuga de decenas de tiendas mayoristas, con el supuesto esplendor de los negocios y empresas de estética hipster. Sin embargo, creo también -aunque quizás esta creencia esté demasiado influenciada por mi posición como activista y como investigador social preocupado por lo que ocurre-, que Lavapiés seguirá resistiendo. Y que la resistencia no se encuentra solo en el cooperativismo o el activismo, sino también -por ejemplo- en las pequeñas viviendas en patios interiores o en los grupos de inmigrantes que utilizan el barrio como puerta de entrada a la ciudad.

Conclusiones e interrogantes

Una conclusión que parecería clara, es que en el barrio de Lavapiés se ha producido una importante concentración de movimientos sociales, organizaciones políticas, centros sociales okupados, bares en sociedad cooperativa o proyectos colectivos de autoempleo. Todo esto, además, se habría ido entremezclando con una presencia creciente de activistas y gente del entorno del activismo, o bien habitando en una vivienda dentro del barrio, o simplemente viviendo el día a día del barrio. Esta concentración de movimientos políticos y sociales estaría especialmente representada por la presencia casi constante de espacios okupados con voluntad de ser centros sociales desde que surgió la primera okupa en Madrid en 1985 hasta la actualidad. En todo Madrid se han ido produciendo okupaciones, pero en ningún barrio se ha dado el número ni la relevancia de las okupas de Lavapiés.

Centros sociales en Madrid  del trabajo según 15mpedia
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Además, podríamos identificar varios momentos en la relación del activismo político y social madrileño respecto al centro urbano de Madrid en lo que llevamos transcurrido de siglo: (1) un primer momento que supondría una especie de desplazamiento del punto de encuentro de ocio del activismo de Malasaña a Lavapiés; y (2) un segundo momento en que el efecto de la decisión del 15M de expansión a los barrios habría ayudado a que empezara a darse cierto desplazamiento del activismo hacia el sur, hacia el distrito de Arganzuela, tendencia agravada por un supuesto proceso de gentrificación que estaría recrudeciéndose en algunas zonas de Lavapiés. En relación con los espacios de sociabilidad hay que señalar su importancia a la hora de establecer confianza y relaciones de afinidad personal, de forma que sirvan para favorecer el entendimiento entre diferentes activistas, para relajar tensiones derivadas de las lógicas asamblearias, y para facilitar la convivencia en los espacios políticos.

Autor: Roberto Cilleros


Hasta aquí el larguísimo artículo de hoy. Me quedan pocas cosas que añadir. Una de carácter técnico. Para realizar su trabajo Roberto utilizó, aparte del soporte documental y bibliográfico, siete entrevistas en profundidad. Una buena parte del tiempo utilizado en diseñar la metodología se empleó en justificar la elección de los entrevistados. Se trata de un aspecto importante del trabajo que he suprimido enteramente porque el artículo ya era suficientemente denso.

Mi barrioooo… no lo reconozco ¿o si?  fotomadrid elpais

Y otra sentimental. Durante un tiempo Lavapiés formó parte de mi entorno vital. Estudié toda la enseñanza media en el instituto Cervantes, en plena glorieta de Embajadores al lado mismo del edificio de La Tabacalera. Cuando leí el artículo de Roberto quedé impactado porque la realidad que describía no parecía tener nada que ver con mis recuerdos ¿activismo? ¿15-M? ¿Podemos? ¿okupaciones? ¿movimientos anti-hegemónicos? La verdad es que yo ya no conocí el Lavapiés multicultural. Pero cuando me contaban que convivían más de ochenta nacionalidades distintas no me resultaba extraño imaginarlas allí. Luego intenté entender este Lavapiés actual y, aunque me costó al principio, poco a poco empecé a pensar que sí, que también podía ser posible. Que, en realidad, el germen ya estaba en lo que yo recordaba. En el fondo, el alma de un barrio está condicionada por su realidad física y la gente responde racional y emocionalmente a cada piedra, a cada espacio, a cada árbol. Aunque cambien los elementos materiales y las generaciones subsiste el carácter, la impronta que, detrás de los cambios, se reconoce por todo aquel que lo ha vivido. Sí, claro que creo posible un Lavapiés corazón del activismo madrileño.