martes, 22 de noviembre de 2011

Urbanismo y Salud Pública

Hace ya unos dos meses que se celebró en Mahón, en el Lazareto que hoy es la sede de la Escuela de Salud Pública de Menorca, un Encuentro de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo que reunió a profesionales de la Salud Pública y a urbanistas para hablar de la ciudad. Lo codirigimos entre Begoña Merino y yo, y el título fue “Urbanismo y Salud Pública. Planificación urbana saludable”. La razón de que no haya hecho un artículo hasta hoy es que el proceso de elaboración de conclusiones se hizo con la participación de todos. Y eso, si se quiere hacer de verdad, requiere tiempo. Se organizó en torno a cuatro mesas: “Naturaleza en la ciudad”, “Participación pública y educación ciudadana: construir nuestra ciudad”, “Ciudad y contaminación, la pasividad o la responsabilidad” y “Ciudades sanas y amables, ciudadanía activa”. No querría extenderme demasiado en el relato de lo que fue el encuentro porque mi intención es centrarme en las conclusiones. Sin embargo, sí me gustaría situar el debate de las cuatro mesas.

Mahón, isla de la Cuarentena, del Blog de Cata

En la primera, relativa a la naturaleza y la ciudad, que me correspondió moderar a mí intervinieron José Antonio Corraliza (catedrático de psicología ambiental), Jorge Luis Tizón (neuro-psiquiatra, psicólogo y psicoanalista) y Luis Andrés Orive (Dr. ingeniero de montes y uno de los impulsores del anillo verde de Vitoria-Gastéiz). Previamente, el arquitecto y urbanista Félix Arias, había inaugurado el Encuentro con un repaso histórico a las relaciones en Urbanismo y Salud Pública. El acuerdo fue unánime: la necesidad de que zonas con naturaleza estén al alcance de todos los ciudadanos. Debería haber remarcado la palabra “todos” porque el problema es que, normalmente, no están al alcance de todos sino sólo de “algunos”. Los mayores, los niños, la gente con problemas no tienen ni un trozo de naturaleza a su “alcance”. Es decir, a una distancia a pie razonable. Y resulta imprescindible ya que, por ejemplo, parece demostrado que ayudan a recuperarse del estrés en mucho menos tiempo que un ambiente cementado característico de la ciudad dura.

Lazareto, isla de la Cuarentena, de Pharmacoseías

En la segunda mesa (en la que se habló de participación) moderada por José Ignacio Casar, arquitecto, profesor de la Universidad Politécnica de Valencia, intervinieron Isabela Velázquez, arquitecta urbanista y Fernando Flores, profesor de derecho constitucional de la universidad de Valencia que venía como representante del movimiento ciudadano del Cabanyal-Canyameler. Probablemente fue una de las mesas que menos sorpresas deparó ya que casi todos los asistentes teníamos claro que la participación es una de las bases fundamentales para reencontrar esa relación imprescindible entre Salud Pública y Urbanismo, perdida a lo largo de la historia de la planificación. Y sobre participación y educación ciudadana se habló en esta segunda sesión. Después de los lamentos imprescindibles relacionados con la exclusión real de la ciudadanía en la elaboración del planeamiento urbano, aparecieron cosas verdaderamente interesantes como la consideración de la participación en materia de Salud Pública no como un instante, como un momento, sino como un proceso relacionado, además, con la educación en esta materia.

Cala Fons (Es Castell) frente al Lazareto, de Martin Willescrof

La tercera sesión se dedicó a la contaminación. La moderó Marisa Rebagliato, de la Escuela de Salud Pública de Menorca, investigadora del CSISP y del CIBERESP. Los ponentes fueron José María Ezquiaga, profesor titular de la UPM, Ferran Ballester, investigador y profesor de la unidad de epidemiología y estadística de la Escuela Valenciana de Estudios para la Salud; y Enric Llorca, presidente de la Red Española de Ciudades Saludables. Quizás los temas más interesantes que trataron fueron los relacionados con los ahorros en materia sanitaria que podrían conseguirse con un adecuado tratamiento urbanístico de la contaminación y con la necesidad de establecer una red de vigilancia adecuada que fuera capaz de transmitir la información obtenida de forma clara, ágil y veraz a los ciudadanos.

El Lazareto visto desde su torre central, de Marblava

En la última, que llevaba el nombre de “Ciudades sanas y amables, ciudadanía activa” moderada por Begoña Merino, intervinieron: Alfonso Sanz, urbanista especializado en movilidad sostenible; Covadonga Monte, de la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía; y José Manuel Ribera, catedrático de Geriatría de la Universidad Complutense de Madrid. En esta sesión, al ser probablemente, la menos específica, inevitablemente se retomaron algunos de los temas anteriores, pero destacaron los relacionados con la necesidad de planificar y construir una ciudad pensada para todos los colectivos sociales pero poniendo especial énfasis en los más vulnerables. También apareció el tema de la evaluación de la actividad urbanística desde el punto de vista del impacto sobre la salud. A continuación voy a reproducir, por su interés, las conclusiones de este Encuentro:

Cartel anunciando el Encuentro

1. Los instrumentos con los que cuenta la planificación urbana en el momento actual son herencia directa de los creados en su momento para resolver el grave problema sanitario producido por la ciudad surgida de la Revolución Industrial. Hasta el punto que las primeras leyes urbanísticas eran, en realidad, leyes sanitarias.  La salubridad se constituyó en el objetivo central de la ordenación urbana y el resultado fue una disminución espectacular de las desigualdades en salud y un aumento notable de la esperanza de vida. Desde entonces, y a pesar de algunos encuentros esporádicos, urbanismo y salud pública se han ido alejando de forma paulatina.

Dudley Street, grabado de Gustavo Doré, 1872

2. Sin embargo, la planificación urbana sigue directamente ligada a la salud pública. Las principales causas de muerte y discapacidad en el siglo XXI son debidas a las enfermedades no trasmisibles -principalmente las cardiovasculares, respiratorias, cáncer y diabetes-, todas ellas enormemente influenciadas por las condiciones de vida de las personas. Los planes, políticas e iniciativas de los planificadores urbanos y las profesiones relacionadas pueden tener un gran impacto en las condiciones en las que las personas viven y trabajan, en el acceso a instalaciones, bienes y servicios, en sus estilos de vida y en su habilidad para desarrollar fuertes redes sociales. La urbanización sigue vinculada a muchos problemas de salud relacionados con el agua, la contaminación, el medio ambiente o los brotes epidémicos. Pero también a otros nuevos como el sedentarismo, la contaminación atmosférica, el ruido, la soledad o la falta de vínculos y apoyos sociales. 

Imagen de Gregory Crewdson el fotógrafo de la soledad, en Iberarte

3. Disfrutar de la mejor salud posible es un derecho y la responsabilidad de respetar este principio es de cada persona, la sociedad civil y los gobiernos. Es necesario reorientar los enfoques tradicionales de cómo se gana salud y bienestar y reconectar el urbanismo con la salud publica en un marco de buena gobernanza que reduzca las desigualdades y facilite el desarrollo y el potencial de salud de cada individuo tanto en los aspectos físicos y psíquicos como en los sociales. Los estilos y condiciones de vida han cambiado de manera notable. Una ciudad se va haciendo generación a generación intentando dar respuesta a las necesidades de cada momento histórico muchas de las cuales ni tan siquiera se sospechaban cuando se aprobaron las primeras leyes higienistas. La sociedad de la información, la globalización, los límites de los recursos y de la biocapacidad del planeta y, en algunos países, una población mucho más envejecida, obligan a que urbanismo y salud pública vuelvan a necesitarse mutuamente.

La sociedad globalizada, de Cadena de suministro

4. El primer derecho de la ciudadanía es que el lugar de residencia posibilite una vida sana que permita su bienestar y el desarrollo físico, psíquico y social. Para ello, tanto el planeamiento como el diseño urbano han de considerar de forma prioritaria los avances y conocimientos del área de salud pública. Los expertos de ambos campos deberían trabajar conjuntamente estableciendo un vocabulario común que permitiera el intercambio de información de forma fluida. Parece, por tanto, necesario que en los equipos encargados de organizar y diseñar la ciudad se integren profesionales de la salud pública y que éstos consideren las posibilidades que ofrece el urbanismo para conseguir disminuir la incidencia de determinadas patologías, bien con carácter general o disminuyendo las desigualdades derivadas de patrones espaciales específicos.

Toneladas de residuos para una sociedad desigual, de Manejo Sólido

5. Resultaría de gran ayuda para planificadores y diseñadores urbanos que se elaboraran, por parte de la administración, guías y recomendaciones que recogieran con bases y consenso científico suficiente los conocimientos en salud pública aplicables a la construcción de la ciudad. Asimismo que se desarrollaran trabajos de investigación conjuntos encaminados a relacionar ambas áreas de conocimiento. También que las autoridades locales, autonómicas y estatales, en el marco de sus competencias, revisaran la legislación para introducir los cambios necesarios para adaptarla a las necesidades actuales. Algunas ordenanzas municipales contienen en su articulado obligaciones para el planificador, el diseñador urbano o incluso para arquitectos o ingenieros, que se aprobaron en su momento para resolver el problema de la ciudad surgida de la Revolución Industrial y que cuentan con más de un siglo de antigüedad. Los avances en urbanismo y arquitectura bioclimática aconsejan una revisión a fondo de la normativa, así como la introducción de elementos nuevos, particularmente en el campo de la salud mental y la contaminación.

Todavía problemas sin resolver, de Asturias Verde

6. Parece imprescindible reconsiderar tanto la información como la formación en estas materias. Respecto a la información el propósito es que sea veraz, en tiempo real y cercana (comprensible para la ciudadanía). Y respecto a la formación se trata de introducir en los planes de estudios de los profesionales en estas materias los conocimientos mínimos que permitan luego proyectar, planificar, investigar y trabajar de forma conjunta con un vocabulario mínimo que facilite la comprensión entre especialistas.

Necesidad de lugares verdes en la ciudad, de Re-moto

7. Algunas conclusiones ya más específicas de la mesa en la que se trató el tema de “La naturaleza en la ciudad”, fueron las siguientes:
  • La introducción de la naturaleza en la ciudad puede ayudar a evitar problemas físicos y mentales. Parece existir una relación directa entre ambientes naturales y recuperación más rápida de los niveles normales de estrés. Asimismo la existencia de entornos naturales propicia la actividad física, básica en la prevención de muchas enfermedades.
  • Las áreas de naturaleza deben estar adecuadamente repartidas por la ciudad de forma que sean accesibles a todos sus habitantes, incluidos niños y personas mayores por lo que las distancias a las viviendas deben calcularse de forma que sea posible llegar a pie a las mismas. Además su configuración y diseño deben ser adecuados para que hagan posible las relaciones sociales entre usuarios facilitando las mismas.
  • Se debería conceder una mayor importancia en el planeamiento a las áreas agrícolas y de naturaleza periurbanas de forma que existiera una relación fluida y, a ser posible, con acceso a pie entre dichas áreas y los centros urbanos. Así como los espacios verdes de proximidad deben cumplir una función de socialización y equipamiento, los menos urbanos parecen fundamentales para conseguir compensar el excesivo número de estímulos que son característicos de la ciudad.

Participación y educación ciudadana, del Ayto. de Candelaria

8. Las relativas a la mesa “Participación pública y educación ciudadana: construir nuestra ciudad”, fueron las siguientes:
  • La ciudad debería construirse y organizarse por sus propios ciudadanos mediante mecanismos de participación reales. Se constata que en la mayor parte de los planes urbanísticos esta participación es un simple requisito casi burocrático. Para que la participación sea verdadera los participantes en el proceso deberían contar con información y formación suficiente para poder decidir conociendo el alcance y consecuencias de las decisiones que tomen.
  • La planificación y organización de la ciudad debería entenderse como un proceso, de forma que la participación no se reduzca a un momento puntual sino que abarque todas las etapas, desde la fijación de objetivos hasta el seguimiento de las actuaciones que se lleven a cabo. Esto significa que debería de existir alguna estructura permanente que lo posibilitara. En particular, las decisiones que afectan a la salud ciudadana deberían ser consideradas de prioritarias por su manifiesta importancia.

Ciudad y contaminación, del Blog más verde

9. Las de la mesa “Ciudad y contaminación, la pasividad o la responsabilidad”:
  • La contaminación ambiental tiene una importante responsabilidad en la carga de enfermedad que padecen las poblaciones. Reduciendo la exposición a factores ambientales de riesgo se consigue un beneficio muy importante en salud con una alta rentabilidad económica. En los costes ambientales habría que incluir los gastos en salud lo que probablemente haría variar el balance global, aún sin tomar en consideración los dramas personales que se producen. Al considerar esta incidencia no habría que hacerlo a partir de las personas sanas sino precisamente desde los grupos de población más vulnerables tales como ancianos, niños,  enfermos crónicos o grupos desfavorecidos, ya que sufren más al ser sometidos a estos factores ambientales de riesgo.
  • En áreas urbanas se debería desarrollar un sistema integrado de vigilancia en salud y medio ambiente mediante la coordinación de los diferentes sectores y administraciones implicadas. Asimismo sería necesario  establecer mecanismos de comunicación efectivos entre los gobernantes y la ciudadanía, con el fin de facilitar la aplicación de medidas de control ambiental y evaluación de su impacto en salud.
  • Las medidas correctoras en materia de contaminación se deben llevar a cabo de manera constante y progresiva, no sólo cuando se alcanzan los niveles máximos, ya que sólo de esta manera se podrá reconducir la situación tendencial desfavorable a otra más deseable. Además, estas medidas deberían incidir en las dos partes del problema: reduciendo las emisiones y aumentando los sumideros capaces de neutralizarlas. Para conseguirlo resulta imprescindible cambiar el modelo de organización urbana mediante un urbanismo participativo.
  • Los impactos generados por la contaminación pueden ser de dos tipos. Aquellos que influyen de manera directa sobre la salud humana y los que lo hacen de forma indirecta incidiendo sobre el entorno, los animales y las plantas con las que conviven los seres humanos. Las actuaciones, tanto de mitigación como de adaptación a las nuevas condiciones, por ejemplo las generadas por el cambio climático, habrán de considerar estos dos aspectos.

Una sociedad envejecida exige adaptar la ciudad, de Salud para mayores

10. Las conclusiones de la última mesa en la que se trató el tema de “Ciudades sanas y amables, ciudadanía activa”:
  • Planificar pensando en todos los colectivos sociales, pero poniendo un énfasis especial en los más vulnerables, como las personas ancianas y menores. El segmento de población mayor de 65 años representa ya el 17% del total, se ha multiplicado por 2.5 en el último siglo y la tendencia es a seguir aumentando. 
  • Proporcionar espacio público con cabida para la diversidad y que fortalezca el tejido social.
  • Las ciudades deberían diseñarse de forma que los servicios y equipamientos básicos fueran accesibles a pie. De cualquier forma, en caso de conflicto habría que establecer claramente las prioridades: en primer lugar el peatón, luego el ciclista y el transporte colectivo y, en último lugar, el automóvil privado. Asimismo, los elementos que configuran el espacio público deberían proyectarse para su uso por las personas más vulnerables.
  • Parece imprescindible integrar las diferentes políticas e instituciones que inciden en la organización y construcción de la ciudad en el escalón local, único que parece adecuado para conseguirlo. Pero, a la vez, la participación ciudadana real aparece como un elemento necesario de buena gobernanza.
  • La reciente Ley General de Salud Publica posibilita la evaluación del impacto de las actuaciones urbanas sobre la salud. Desde el punto de vista técnico habría que configurar un método efectivo que permitiera valorar este impacto integrándolo en el actualmente existente de planes y programas, y en concreto del planeamiento urbanístico, de forma que se garantizara una tutela efectiva de la salud pública previa al proceso urbanizador.

Los participantes en el Encuentro pretendemos que esta reunión tenga continuidad y se difundan sus resultados. Por ello algunos de los participantes decidimos constituirnos en el Colectivo Lazareto de Urbanismo y Salud Pública, con el objetivo de promover el diálogo y el intercambio de conocimientos así como de dar visibilidad a estas conclusiones.

domingo, 23 de octubre de 2011

Recuperando a Patrick Geddes

Lo primero es aclarar el titulo de este artículo. Al escribir recuperando a Patrick Geddes no he querido decir que los planificadores urbanos y territoriales estén “recuperando a Patrick Geddes” porque, en términos generales, bien para denostarlo o bien para ensalzarlo, nunca lo han perdido de todo. Lo que en realidad quiero decir es que yo, personalmente, estoy “recuperando a Patrick Geddes”. Me encontré por primera vez con Ciudades en evolución (la edición española que editorial Infinito de Buenos Aires publicó en 1960) durante mis años de estudiante de postgrado del Instituto de Estudios de Administración Local de Madrid. En aquellos momentos llegué a pensar que algún rayo de sol iluminaba desde Escocia una aproximación a los temas urbanos que incluía el territorio (y mira que es difícil que nos iluminen rayos de sol desde latitudes tan al norte). Es más, desde la comprensión de “todo” el territorio que, a diferencia de algunos acercamientos ecológicos de aquellos momentos, incluía los bichos humanos y su obra.

Sir Patrick Geddes

Para mí, en aquella época, supuso un impacto tan fuerte que, junto con las lecciones de Manuel y de Fernando de Terán profesores por entonces en los cursos del IEAL, influyó de forma bastante notable en la determinación de mi futuro profesional. Sin embargo, con el tiempo, Ciudades en evolución ya no me pareció tan resplandeciente. No era el libro redondo y emocionante de la primera lectura y tampoco exponía una teoría acabada sobre le tema. Pero, sobre todo, no daba respuesta a las cuestiones diarias que me planteaba el planeamiento. Desde este punto de vista el libro de McHarg Design with Nature pronto lo relegó en mis preferencias. Al principio, lo que me seducía de Geddes era la potencia de las imágenes que utilizaba. Y, sobre todo, el planteamiento de que amanecía una nueva era de renacimiento urbano. Planteaba una Eutopía, un ideal realizable para la próxima fase neotécnica de la Era Industrial alejada de "las actuales cacatopías negras y escuálidas en medio de las que el desorden paleotécnico se acerca a su fin. Entre sus cenizas la plantación de futuros bosques ya está comenzando allí y allá; entre sus peores barrios bajos, sobre su suciedad y putrefacción sepultadas, nuestros niños ya comienzan a cultivar rosas". Era todo tan bonito…

Edimburgo, el casco antiguo desde Princes Street
Foto de 'Cities in Evolution' (1915)

¿Cómo un joven que leyera el párrafo que transcribo a continuación y con un mínimo interés por la ciudad podía dejar de sentirse emocionado?: "Estamos hastiados de la mescolanza que actualmente muestran nuestras ciudades de edificios pseudo-clásicos débilmente románticos, que se supone reviven el pasado y de las mezquinas calles o convencionales suburbios de ‘chalets’ que representan a la generación de sus constructores. Pero la apertura de perspectivas y bulevares sin carácter a través de esta confusión del pasado o fuera de ella, que parecería satisfacer a demasiados urbanistas, o los empeños de demasiados proyectos, por repetir aquí, allá y en todas partes pedacitos de Letchworth o de Hampstead Suburb (excelentes como son en su propio sitio y a su modo), solo constituyen muestras esmirriadas de planeamiento urbano; y de hecho se están convirtiendo en nuevas demoras y nuevos obstáculos para el diseño urbano". Y esto está publicado en 1915 ¿qué diría en el momento actual cuando cientos de hectáreas en todo el mundo son repeticiones ad infinitum de “pedacitos de Letchworth o de Hampstead Suburb” creando uno de los mayores problemas de organización del territorio que recuerda la historia de la urbanización?

Una calle en el suburbio jardín de Hampstead
Foto de 'Cities in Evolution' (1915)

Pero como decía al comienzo, poco a poco Ciudades en evolución fue cayendo del pedestal en el que lo había subido. Fue algo gradual, no un golpe repentino. A fuerza de repasarlo llegué a comprender que, en realidad, lo que estaba leyendo no era propiamente un libro. Parecía un conjunto desordenado y abigarrado de cosas, difícilmente relacionadas unas con otras y en las que, además, no entendía su génesis. De forma que decidí ir a las fuentes. Mi tercer idioma no es el inglés (el primero es el gallego, el segundo el castellano y el tercero el francés) por lo que me costó muchísimo trabajo leer Cities in Evolution. Pero lo conseguí. Pronto me dí cuenta de que "mi" Ciudades en evolución no era exactamente Cities in Evolution publicado en 1915. De entrada tenía muchas más cosas. Pero es que, además, el lenguaje era diferente, los epígrafes no se correspondían y la importancia que se le daba a las diferentes secciones variaba ostensiblemente. Incluso algunos capítulos habían desaparecido (literalmente) siendo sustituidos por muñones cercenados. Resulta que, en realidad, “mi libro” debía ser una traducción de la reedición que se hizo en el año 1949 diecisiete años después de su muerte. Si nos vamos a esta reedición resulta que está patrocinada por dos instituciones: una de Edimburgo, la Outlook Tower Association; y otra de Londres, la Association for Planning and Regional Reconstruction. Ambas se encargaron de hacer los cambios, adiciones e interpretaciones que, junto al libro original, habían configurado mi objeto de culto. Comprendí que Geddes era el autor de “mi libro” sólo en parte.

La sección del valle desde las colinas hasta el mar

Comparando detenidamente ambas ediciones me fijé en muchas cosas que, al principio, no me parecieron importantes. En diferentes lugares del texto aparecía Jaqueline Tyrwhitt que fue, en realidad, la persona encargada de preparar esta edición bajo la supervisión de Arthur Geddes y de George L. Pepler. Por ejemplo, se incluía el apartado “La sección del valle desde las colinas hasta el mar” que reproducía una de las conferencias que Geddes pronunció en la New School of Social Research en Nueva York en el año 1923. La Sección del Valle ha sido uno de los conceptos básicos que le ha dado renombre a la figura de Geddes pero no está en Cities in Evolution de 1915, ni en casi ningún sitio. En realidad hay que recurrir a esta transcripción que J. Tywhitt añade en la versión de 1949, y a la serie “Charlas desde la Torre Vigía” que Geddes publica en una pequeña revista de Nueva York llamada Survey. La tercera y la cuarta, correspondientes a junio y a julio de 1925 se llamaban “El plan de civilización del valle” y “El valle en la ciudad” con ilustraciones de Hendrick Willem Van Loon y que fueron recogidas y traducidas en La ciudad: problemas de diseño y estructura (D. Lewis, comp., GG, 1970). Por cierto, en esta recopilación también aparecía un artículo de J. Tywhitt sobre Chios.

Dibujo de Hendrick Van Loon para la Sección del Valle
De 'La ciudad: problemas de diseño y estructura'

Pero la cosa no termina aquí. Resulta que la parte “Exposición de Ciudades” que cierra “mi libro” tampoco estaba en la edición de 1915. En la de 1949, J. Tyrwhitt añade un extracto del catálogo de la primera exposición itinerante Cities and town planning Exhibition de 1910, al que acompañan ilustraciones de la segunda después de la pérdida de aquella en ruta a la India a bordo del "Emden". Y aquí aparece otra vez “La sección del valle”. Dice: "Esto sirve como introducción a la geografía racional de las ciudades, en términos de sus orígenes regionales. Para empezar, a estos se los estudia y comprende mejor si se parte de la sección del valle y sus ocupaciones resultantes y correspondientes tipos de establecimiento humano. Obsérvese al minero, el leñador y el cazador en las alturas; el pastor en las hondonadas con pasto; el campesino pobre (con avena o centeno) en las inclinaciones más bajas; y el campesino rico (con trigo y en el sur posiblemente con vino y aceite) en la llanura; por último, el pescador (marino de guerra, mercante, etc.) al nivel del mar. Pues así han surgido y surgen todavía las ciudades".

Dibujo de Hendrick Van Loon para la Sección del Valle
De 'La ciudad: problemas de diseño y estructura'

El problema es que cuando tuve cierta madurez y capacidad de mirar críticamente, no veía lo que veía Geddes. El trigo de Madrid se cultivaba en Rusia, la energía se extraía de pozos que se abrían en el desierto o de las profundidades marinas, el ganado no pastaba sino que se le alimentaba mecánicamente en Hungría de donde se importaba la carne. Y las ciudades surgían y crecían allí donde los intereses económicos podían obtener altas rentabilidades. Y en el pasado tampoco fue así. Buena parte de las ciudades surgieron por necesidades militares y otras por “incidentes logísticos” (necesidad de efectuar una parada en el camino o de vadear un río, por ejemplo). No era capaz de ver el valle de Geddes y su sección en ningún sitio. Probablemente porque no era escocés ni vivía en Edimburgo. Olvidé Ciudades en evolución en la parte más oculta de mi buhardilla, allí en el noveno círculo de Dante donde se encuentran sumergidos los condenados y se castiga a los traidores, al lado de Judas, Bruto o Casio, donde voy sepultando los libros que no volveré a leer. Pero justo antes de mi periplo médico (hace algo más de tres años) encontré un artículo titulado “L’Outlook Tower, anamorphose du monde” en el número 7 de Le visiteur (no me preguntéis mediante qué mecanismos un individuo como yo puede llegar a leer un artículo como éste). El artículo, de Pierre Chabard, contiene dos citas. Una de D. Marlowe que no viene al caso y otra de Lewis Mumford que dice: “The Tower and Patrick Geddes: it is almost impossible to distinguish them”.

Portada de 'Cities in Evolution' (1915)
A la derecha la Outlook Tower

Lo cierto es que siempre me había centrado en el libro y había olvidado otras cosas. Así que, una vez concluido el periplo médico, he decidido reencontrarme con Geddes porque la cita (y, por supuesto, la lectura del artículo) me hizo sospechar que me había perdido algo. Lo primero era recuperar el libro, cosa imposible ya que lo había relegado a la cuarta fila de la buhardilla lo que significada retirar las tres que tenía delante, de forma que me fui a la maravillosa biblioteca que tenemos en la Escuela de Arquitectura de Madrid (probablemente una de las mejores de las escuelas de arquitectura de Europa tanto en fondos como en funcionamiento) y tardé exactamente dos minutos y medio en tenerlo en mis manos. No era “mi libro” claro, pero era la misma edición. Se me ocurrió mirar su índice de popularidad. En 2011 sólo lo había pedido yo. En 2010 y 2009 tres peticiones, en 2008, 2007 y 2006, una por año. Como hay otra edición en español del 2009 (ver nota al final del artículo) puedo considerar que las peticiones de 2011, 2010 y 2009 no son muy representativas, pero sólo una por año en los anteriores... Bueno, no se puede decir que su popularidad sea enorme. Y, sin embargo, para muchos teóricos del urbanismo se trata de uno de los clásicos imprescindibles. Mis amigos saben que ahora casi no leo nada impreso en papel, me he cambiado al formato digital. Sin embargo, al abrir aquellas páginas, tantas veces repasadas en mis recuerdos, casi me saltan las lágrimas. Lo siguiente era documentarme sobre la Outlook Tower e intentar releer el libro con otra visión diferente. A ver si lo que pasaba era que no había entendido lo importante y me había decepcionado lo accesorio.

Dibujos de la Outlook Tower en 'Cities in Evolution' (1915)

La Outlook Tower es un edificio que Geddes, en el año 1892, convirtió en un lugar "para entender mejor a Edimburgo y su región, y ayudar a la gente a hacerse una idea más clara de su relación con el resto de mundo". Actualmente es una atracción turística abierta al público y que tiene poco que ver con los planteamientos de Geddes. Cada piso estaba destinado a exhibir materiales y colecciones que caracterizaran a: Edimburgo en la quinta planta,  Escocia en la cuarta, Gran Bretaña en la tercera, Europa en la segunda y el Mundo en la primera. Contaba con una Cámara Obscura donde se proyectaban diferentes vistas del entorno y con un Episcopio para observar el globo terráqueo y la esfera celeste. Esta idea de que la única forma de planificar un territorio era entenderlo y que, para ello, toda la sociedad debería estar implicada y que una parte fundamental era, precisamente, la educación de esta sociedad, me permitió empezar a recuperar mi estima por Patrick Geddes. Porque ahora entiendo que la verdadera modernidad de sus planteamientos no está en haber propuesto el concepto de conurbación cincuenta antes de que lo hiciera Gottmann, o en haber escrito que toda planificación debería empezar por el estudio de “las regiones naturales” donde estaban enclavadas las ciudades, sino en esta propuesta educativa radical en la que basaba la posibilidad de un planeamiento compartido.

La Outlook Tower convertida hoy en atracción turística

También es verdad que el sustrato de sus ideas estaba en Francia: Eliseo Reclús, Vidal de la Blache y Frederic Le Play. De la sociología de Le Play tomó la relación: lugar, trabajo, habitantes. Y aplicó esta trilogía a la creación de un modelo, la Outlook Tower, que no era más que un centro local de estudios que compendiara estas tres cosas. De Vidal de la Blache la necesidad de los estudios previos como método de planificación. Y de Reclús el gran globo que nunca se construyó y que debería debía servir al planificador mejor que la inutilidad de los planos urbanísticos. Al no contar con el globo pensó en sustituirlo por el trazado de "secciones de esa ladera general que va de la montaña al mar y que encontramos en cualquier lugar del mundo. Sección que puede adaptarse a cualquier escala y proporción, de nuestro peculiar tipo, de colinas, laderas y llanuras". Así entendida la sección del valle, como instrumento didáctico para hacer comprender a la gente las características del lugar donde viven adquiere un significado distinto al puramente literal de “región natural”. Y también adquiere sentido la importancia que le daba a la exposición Cities and town planning Exhibition que se llevó hasta la India después de haber pasado por diferentes lugares y avatares.

Dibujo de Hendrick Van Loon para la Sección del Valle
De 'La ciudad: problemas de diseño y estructura'
Señalar en la imagen para verla a mayor tamaño

Geddes entendía la región como un instrumento. No necesariamente como un instrumento de análisis para planificar sino más bien como un mecanismo para que los habitantes de la ciudad comprendieran el significado del sitio que habitaban. En el fondo lo que pretendía es lo que pretenden muchos paisajistas en el momento actual: crear identidad. La identidad se crea cuando se establecen lazos con el lugar de manera que, para él, era fundamental el conocimiento de la región, de las labores tradicionales, de las conexiones históricas. La recuperación de la vida urbana, de lo que Bauman llama la relación con “el otro”, tenía que ver con las fiestas populares con las celebraciones cívicas. La región no era tanto un objeto de estudio sino el elemento que permitiría reconstruir la urbanidad. Pero como tantas veces he dicho en este blog, para amar algo primero hay que conocerlo. Este creo que era el sentido de “región natural” para Patrick Geddes. Y por eso la Outlook Tower y la Cities and town planning Exhibition tienen ahora para mí mucha más importancia que Cities in Evolution. Hace un siglo que Geddes entendió que el problema fundamental del planeamiento urbano y territorial no era técnico (ni tan siquiera político o artístico), era un problema de organización social centrado en la identificación con el territorio. La desvinculación entre plan y ciudadano es un efecto más del derrumbe actual de los sistemas identitarios.

Dibujo de 'Cities in Evolution' (1915)

Además, ahora que he conocido la génesis de “mi libro” he podido confirmar algunas de mis pasadas intuiciones. No es solamente que la edición de 1949 (y, por tanto, la traducción al castellano de 1960) fuera un remix. E incluso, para algunos autores, un montaje premeditado de la Association for Planning and Regional Reconstruction de Londres con objeto de defender sus tesis (ver el artículo de Pierre Chabart de 2005 citado al final). Sino que la propia versión original de 1915 no era más que un conjunto heterogéneo de conferencias y contribuciones varias, en algunos casos poco relacionadas entre sí. Por ejemplo, el segundo capítulo reproduce una conferencia que pronunció en el Congreso de Birkenhead, el cuarto es un artículo que publicó en la Town Planning Review, el noveno es el resultado de un viaje de estudios a Alemania o en el dieciséis nos encontramos un documento de trabajo elaborado para una comisión de la Sociological Review. Y es que todos aquellos que conocieron a Geddes coinciden de forma unánime que su contribución era más personal y como orador, como docente en su sentido amplio, que como escritor. Que sus escritos son sólo la punta del iceberg de su pensamiento. Por eso su figura se ha ido “construyendo” por todos los que le conocieron. Lo que significa que, probablemente, esté muy distorsionada por aquellos que han pretendido acomodarla a sus intereses particulares.

Crecimiento de la ciudad industrial escocesa
De 'Cities in Evolution' (1915)

En cualquier caso estoy recuperando a Geddes. He encontrado una versión en .pdf de la edición de 1915 y estoy volviendo a leerla en paralelo a “mi libro” de 1960 que me dejaron en la biblioteca de la ETSAM. Ambas, con el objetivo enfocado en la Outlook Tower y su significado. En estos momentos releo como las nuevas tecnologías neotécnicas (tendré que recuperar también a Proudhon y a Kropotkin) permiten que la ciudad se expanda, y cree “conurbaciones” de forma perniciosa y casi maligna debido a la persistencia del viejo orden paleotécnico en las estructuras sociales. Si Geddes levantara la cabeza en el siglo XXI comprobaría que en muchas partes del planeta todo el territorio es ya urbano y que las incipientes conurbaciones que empezaba a observar se han convertido en cientos de miles de hectáreas urbanizadas donde la naturaleza ha quedado relegada a lugares muy concretos y las culturas enraizadas en su territorio tienen escaso futuro. Donde la "región natural" de algunas ciudades es el mundo entero. Y donde el pensamiento “unificado” va eliminando, uno tras otro, cualquier vestigio de diversidad cultural. La "plantación de futuros bosques que", según él, estaba comenzando "allí y allá", y "las rosas que los niños empezaban a cultivar entre la suciedad y la putrefacción de los peores barrios bajos", han desaparecido (también puede suceder que yo no sea capaz de buscar de forma adecuada). Necesitamos muchas torres vigías, muchas atalayas, muchos lugares de observación, que permitan reencontrar a la gente con el territorio que la cobija. Identificarla con su entorno. Que hagan posible la existencia de formas de vida diferentes, de culturas diferentes, de pensamientos diferentes. No sé definir el paisaje de otra forma.


Materiales

Nota: En este artículo se relata mi evolución personal respecto a la figura de Patrick Geddes. No le aconsejo a mis alumnos que la repitan (ni a nadie, claro, entre otras cosas porque las evoluciones personales son irrepetibles) ni que se dediquen como ratas de biblioteca a rebuscar las distintas ediciones y los sucesivos avatares por lo que ha pasado un libro en concreto como Cities in Evolution. Más bien les aconsejo que lean directamente la edición original que se puede conseguir en Internet en el enlace que incluyo abajo. En caso de tener dificultades con el inglés, o si les resulta más cómodo, la última edición en español (que yo conozca) es de la editorial KRK (Oviedo, 2009). La introducción, traducción y notas son de Miguel Moro Vallina y el Prólogo de Sergio Tomé Fernández y sigue bastante fielmente (a pesar de la intrincada prosa de Geddes) la edición original. Claro que, entonces, se perderán la bonita manipulación que del libro hicieron la Outlook Tower Association de Edimburgo y la londinense Association for Planning and Regional Reconstruction con la transcripción de La Sección del Valle, los apéndices, etc. en la edición de 1949. A cambio ganaran la integridad de la lectura de los capítulos 6, 7, 9 y 10. Respecto a la Sección del Valle que J. Tyrwhitt incluyó en la edición del 1949 y que aparecía traducida en “mi libro” de 1960 puede leerse online en CF+S Biblioteca 'Ciudades para un futuro más sostenible'. También, las dos charlas de la revista Survey donde se describe la Sección del Valle pueden encontrarla en la recopilación de Lewis citada abajo.

Las diferentes ediciones de Ciudades en evolución que he citado:
  • 1915. Cities in Evolution : an introduction to the Town Planning Movement and to the Study of Civics. Londres, Williams & Norgate. Esta edición está digitalizada y se puede encontrar para leerla online, bajarla en .pdf, epub y kindle, en los archivos de la Universidad de Toronto en este enlace.
  • 1949. Cities in Evolution. Nueva edición revisada por la Outlook Tower Association, Édimbourg, y la Association for Planning and Regional Reconstruction, Londres. Londres, Williams & Norgate-New York, Oxford University Press. Se puede encontrar en la biblioteca de la Escuela de Arquitectura de Madrid.
  • 1960. Ciudades en Evolucion, traducción de E. L. Revol. Buenos Aires, Ed. Infinito. Se puede encontrar en la biblioteca de la Escuela de Arquitectura de Madrid. Creo que existe otra edición del año 1934 y, por tanto, anterior a “mi libro” traducida también por Revol y publicada, también en Buenos Aires, por Thornton Butterworth, pero no he podido encontrarla. La parte de la sección del valle puede encontrarse online en la CF+S Biblioteca 'Ciudades para un futuro más sostenible'
También he utilizado para elaborar el texto los siguientes artículos:
  • Chabard, Pierre: “L’Outlook Tower, anamorphose du monde : Patrick Geddes et le thème de la vision”, Le Visiteur, n° 7 : 64-89, 2001. Este artículo traducido al inglés por Charlotte Ellis se puede encontrar en este enlace. También de este mismo autor “Comment un livre change : Cities in Evolution et les usages de Patrick Geddes (1912-1972)”, Gèneses, nº 60, 2005/3.
  • Hall, Peter: Ciudades del mañana. Historia del urbanismo en el siglo XX, ediciones Serbal, Barcelona, 1996, pp. 148-158.
  • Lewis, D.: La ciudad: problemas de diseño y estructura, GG, Barcelona, 1970. Traducción de Teresa Rovira, Abel Enguita, Víctor Morales y J.J. Garrido.
  • Martínez Alier, Joan: “Urbanismo y Ecología en Barcelona” ElisavaTdD, nº 11, 1995. Una visión más ecológica que la mía de Geddes. En cualquier caso un artículo que merece la pena.
  • Masjuan Bracons, Eduard: "La cultura de la naturaleza en el anarquismo ibérico y cubano", Signos Históricos, nº 15, enero-junio, 2006, pp. 98-123. Se plantea la relación entre Geddes y Reclús y se dan algunos datos sobre el intento del Museo Cívico de Cataluña a semejanza de la Outlook Tower de Edimburgo.
  • Meller, Hellen Elizatbeth: Patrick Geddes. Social evolutionist and city planner. Londres, Routledge, 1990.
  • Sica, Paolo: Historia del urbanismo, el siglo XX, IEAL, Madrid, 1981 (página 33 y siguientes). Traducción del original italiano (Storia dell’urbanistica, Il Novecento, Gius. Laterza & Figli Spa, Roma, 1978) de Joaquín Hernández Orozco.
  • Welter, Volker M.: Biopolis : Patrick Geddes and the City of Life. Cambridge (MA)/Londres, The MIT Press, 2002.
Y los siguientes enlaces de Internet:


    domingo, 2 de octubre de 2011

    Coderch, Alejandro de la Sota y la Ciudad Astur

    En los dos últimos viernes he estado en tribunales de tesis doctorales. Tesis muy diferentes entre sí y que probablemente marquen los límites de mi “zona de intereses” que, como podrá verse, son bastante amplios. La lectura de la primera ha sido en Barcelona y la segunda en Oviedo. He pasado en siete días de El exterior como prolongación de la casa (Los espacios intersticiales en clave tipológica, a través de dos obras de Coderch y De la Sota) a La sostenibilidad del crecimiento residencial de baja densidad. El caso del área metropolitana de Asturias. El autor de la primera ha sido Andrés Martínez y sus directores Carlos Martí y Víctor Brosa y se leyó en el departamento de Proyectos Arquitectónicos de la Universitat Politècnica de Catalunya. El tribunal, los directores y el doctorando éramos arquitectos. Cristóbal Manuel Carrero de Roa es el autor de la segunda, su director Fermín Rodríguez, y se leyó en el Departamento de Geografía de la Universidad de Oviedo. Todos geógrafos menos el doctorando y yo que éramos arquitectos. Ha sido maravilloso. Una de esas experiencias que me ratifican en la necesidad que tiene la investigación de ampliar el estrecho campo de visión de las áreas de conocimiento cerradas.

    Coderch, Casa Gili, terraza, porche y vestíbulo. Tesis de AM

    Reconozco que, como algunos de los seres extravagantes que me acompañan en el viaje del urbanismo y la ordenación del territorio, soy un privilegiado. El poder poner uno al lado del otro, casi sin solución de continuidad (una semana es un instante), el espacio exterior de la casa y la forma en la que está organizado el territorio de la parte central de Asturias, a algunos les puede parecer una locura. Y todavía más si explico que ambos trabajos representan dos enfoques de investigación diametralmente opuestos. Pero, desde mi punto de vista, esto no es más que un indicador de la convergencia que en el momento actual se está produciendo en el campo de la organización del espacio, sea territorial, arquitectónico o urbano y en la necesidad de reconsiderar las formas de investigarlo. Como espectador de ambas me sentí afortunado. Amo este trabajo que me permite relacionarme con gente que piensa sobre un tema que me apasiona y que no es otro que tratar de comprender la lógica (o la ilógica) de la organización del espacio en el que nos movemos o que, simplemente, contemplamos, y la mecánica de la disposición de las cosas.

    Urbanización costera en Villaviciosa. Tesis de CMC

    Decía Cristóbal Manuel en la explicación del largo camino que le había conducido a intentar averiguar qué sucedía con el proceso de suburbanización dispersa en la zona central de Asturias (escribo en el tren de vuelta a Madrid desde Oviedo, de memoria, espero recoger más o menos fielmente sus palabras): un día miré por la ventana de mi casa y lo que ví me hizo preguntarme a qué podía deberse esa aparente locura que pautaba la forma de asentarse la población que me rodeaba y la localización de mi propia casa. El intento de buscar una respuesta fue lo que le llevó a dedicar bastantes años a trabajar con datos georreferenciados, estadísticas, inventar técnicas para calcular densidades allí donde no pudo encontrar información, o tratar de delimitar un ámbito de estudio que pasó del espacio exterior que abarcaba su mirada hasta los 880.000 habitantes del área distribuidos en 34 concejos y 244 parroquias. Espacio que denominó área metropolitana de Asturias y que coincide más o menos con lo que su director Fermín Rodríguez (que también lo es de CeCodet) llama la Ciudad Astur.


    De la Sota, casa Guzmán, ventana en esquina. Tesis de AM

    Andrés miró también a través de las grandes cristaleras de la casa Gili de José Antonio Coderch, y de los ventanales en esquina de la casa Guzmán de Alejandro de la Sota volcados al paisaje del Jarama, y decidió intentar explicar esta mirada exclusivamente en clave de dentro afuera. Dicen al comienzo de la tesis: "Hablar de espacios intermedios entre el ámbito doméstico y el mundo exterior supone necesariamente considerar ambas direcciones: la casa busca fuera un necesario desahogo, una línea de fuga, una continuidad que sirva de contrapunto a su carácter eminentemente introvertido. Pero ¡cuidado!, en esa búsqueda no deberá perder su bien más preciado, que es la privacidad. A su vez, el entorno que la rodea trata en todo momento de introducirse en ella: lo intentará la naturaleza del jardín, que tiende a invadirla; lo hará (por supuesto) la luz; también el paso de las estaciones, o el ruido de la calle. Son cosas, algunas, de las que el interior deberá protegerse, y otras que deberá aprovechar; muchas (las que más) las utilizará en mayor o menor medida según la hora, la estación del año, o el ánimo de quien la habita. Pero haber escogido para el título, de las dos direcciones posibles, la de dentro hacia afuera, supone ya implícitamente una toma de posición sobre lo que considero debe de ser la arquitectura en sí misma, y la de la vivienda en particular".

    Coderch, atrio de la casa Gili en 1973. Tesis de AM

    Pero decía antes que no se trataba solamente de ámbitos distintos sino también que las metodologías de investigación respondían a posturas vitales, intelectuales y científicas aparentemente irreconciliables. Dice Andrés en su tesis: "A raíz de esa vinculación entre técnica y forma arquitectónica (en que puso tanto énfasis el Movimiento Moderno, y según la cual se pueden explicar los nuevos tipos de edificios que generó –Giedion-), es interesante volver a preguntarse cuál es el sitio real que debe ocupar nuestra disciplina, la arquitectura, en el viejo debate que siempre ha enfrentado a la ciencia con las humanidades. Aunque considera que dicha polémica le resulta algo pesada, Popper nos aclara que la principal diferencia entre una y otras reside en que las humanidades tienen como objetivo comprender al hombre, y no a la naturaleza, que es el objeto de la ciencia. Los dos enfoques compartirían, no obstante, un método común basado en la resolución de problemas a través de la formulación de conjeturas; en ambos, la comprensión se basaría en nuestro carácter humano común, que viene dado por una especie de identificación intuitiva con los demás hombres, mediante la ayuda de los gestos y el habla. Por eso, para él, el concepto de teoría en las humanidades es equivocado y proviene bien de una ilusión vanidosa, bien de una apropiación indebida del campo de las ciencias. Es más, constituiría una confusión básica, un "error de estrategias" (entendido en el sentido de la metafísica clásica), puesto que la teoría tiene que satisfacer dos criterios, que son la verificabilidad y refutabilidad por medio del experimento y aplicación predictiva. Pero ni en arte ni en poética (tampoco, añado yo, en arquitectura) existen experimentos decisivos, no puede haber conclusiones verificables que impliquen consecuencias predecibles".

    Fotomontaje con la primera propuesta para la casa Guzmán. Tesis de AM

    Casi nada. Esta polémica en las llamadas ciencias sociales es casi tan antigua como su misma denominación. Y la toma de postura en esta cuestión implica muchas cosas. Pero, desde un punto de vista práctico, pienso que depende, esencialmente, de dos cosas. La primera, personal del investigador, tiene que ver con su postura vital y su carácter y, casi siempre, es difícilmente explicable. Pero la segunda depende del objeto sobre el que apunta la mirada. Es muy difícil (aunque no imposible) sentir, emocionarse, tratar de transmitir las vivencias que producen en la mente del observador territorios que abarcan más de doscientas parroquias con una población cercana a los novecientos mil habitantes. De forma que el planteamiento metodológico de Cristóbal Manuel es, digamos, más clásico. Entiende que la realidad puede ser medida, cuantificada, modelizada y, por tanto, aprehendida mediante métodos y técnicas más cuantitativas. Pero es que, claro, cuando se cambia la escala y las personas son apenas puntos o literalmente desaparecen en una fotografía aérea, perdemos los referentes humanos y nuestras habilidades perceptivas se vuelven incapaces de dar una respuesta coherente. La mirada tiende a volverse más teórica, más matemática. La mente necesita muletas para analizar una realidad que no se ve con los ojos, que no se siente al andar o al respirar. Es el momento de los modelos, de las teorías. De la verificación analítica.

    Delimitación del área de estudio. Tesis de CMC
    Señalar en la imagen para verla más grande

    Debo confesar que durante muchos años no entendía la investigación más que de esta forma. Es decir, intentando refutar teorías abstractas mediante métodos pautados y perfectamente establecidos. También debo de confesar que durante todo este tiempo siempre he tenido soterrado (ahí, recomiéndome por dentro) el asunto del método heurístico y la anécdota de Arquímedes corriendo desnudo y gritando ¡eureka! por las calles de Siracusa. Comprendo que ambas cosas no son incompatibles y que no hay que confundir la producción de la idea y la comprobación de su validez o las posibilidades de que sea refutada. Y sin embargo… Prefiero no meterme en jardines laberínticos de los que luego seguramente no podré salir, pero si atendemos a lo que nos dice la física cuántica por el mero hecho de existir un observador el objeto observado ¡puede estar en dos lugares a la vez lo que permite teletransportarlo (si eres un fotón, claro)! Me doy cuenta de que esto me desarma pero también me desarma que el tren antes de llegar a León tenga que ir a una vía muerta, retroceder unos kilómetros a la estación, entrar hacia atrás y luego continuar hacia delante como si tal cosa, en lugar de que ¿alguien? lo observe y pueda teletransportarlo de Oviedo a Madrid con una mirada. Comprendo que no somos fotones pero en algunos momentos me gustaría. Probablemente exista una razón para que haga esto que está haciendo, me refiero al tren, y que no me teletransporte sino que cargue conmigo (y con unos cuantos viajeros más) pero a estas horas de la tarde noche se me escapa. Lo que en realidad quería decir es que la aproximación del observador al objeto observado se puede hacer por caminos muy diferentes. Pero el problema no lo veo ahí sino en la comunicación a los demás de lo observado y en la constatación de que el otro es capaz de ver el objeto con los mismos ojos que uno si le damos una serie de pautas para que lo haga.

    Cálculo de la superficie edificación residencial. Tesis de CMC

    En toda investigación “científica” siempre hay una parte que se da por supuesta y a la que se le concede poca importancia. Suele llamarse hipótesis. Por desgracia es la base fundamental de la investigación y no existen pautas, reglas ni métodos que racionalicen la “producción” de hipótesis. Es de largo, la parte más difícil de toda investigación y, por supuesto, de una tesis doctoral. Sin embargo los investigadores, poco a poco han ido devaluando esta parte, restándole importancia y dándosela al tándem verificación-refutación (depende de los enfoques). Probablemente sea porque esta segunda parte de toda investigación sí se puede pautar y regular. De forma que cualquier persona medianamente inteligente, trabajadora y que se ciña al procedimiento científico puede completarla con una probabilidad de éxito bastante alta. El “profesional de la investigación” tiene que conocer y poner en práctica estos procedimientos. Eso se da por supuesto. Y es lo que se valora en cualquier trabajo de investigación incluida una tesis doctoral. Planteamos una hipótesis (eso es lo de menos) con la condición de que sea “falsable”, horrible palabreja que dice simplemente que se puede poner a prueba. Y luego la ponemos a prueba. El sistema consiste en ir refutando sucesivas hipótesis para ir acercándonos a “la verdad”. Y así avanza la ciencia. El procedimiento ya puede comprenderse que es muy poco eficiente a menos que demos con una hipótesis que se pueda poner a prueba tan cercana a la verdad que resista uno tras otro todos los intentos de refutación. Pero aún en ese caso, tampoco tenemos ninguna seguridad de nada y seguiremos intentando tirar dardos refutatorios que derriben la teoría. Simplemente se va manteniendo ahí como un record de los 100 metros lisos aparentemente insuperable pero que, cualquier día, alguien superará.

    Modelo comparativo de residencial en el no urbanizable. Tesis de CMC
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    Todo parte, claro está, de la suposición de que existe “una verdad” que se sobrentiende somos capaces de encontrar por aproximaciones sucesivas. También presupone que “la realidad” es algo “objetivo”, exterior al sujeto que observa, y que se refiere a las cosas “del mundo”. El problema es cuando trabajamos con cuestiones relativas a las llamadas humanidades. En este caso ya no está tan claro que exista “un mundo” que se pueda describir con “objetividad” y que nos permita aproximarnos a “la realidad” o acercarnos a “la verdad”. Siento las comillas pero si quiero que esto tenga una extensión razonable necesariamente he de recurrir a imágenes para ir directamente a la esencia de la cosa aunque pierda casi todos los matices por el camino e incurra en errores evidentes al generalizar lo no generalizable. Sin embargo, si conseguimos describir lo que observamos de forma que el otro sea capaz de realizar el mismo camino, resulta indiferente que se trate de la verdad o de una verdad. El problema es que resulta imprescindible utilizar la razón que es el único instrumento que garantiza mínimamente que dos mentes lleguen al mismo sitio. No se pueden utilizar otros instrumentos igual de humanos como el amor, el miedo o la emoción (instrumentos que suele utilizar la poética, por ejemplo) porque no hay garantías de que nos permitan ver de la misma forma. Pero la razón no siempre tiene porque recurrir al método científico para conducir al otro en la dirección en la que hemos avanzado. Además, desde que comprendí el experimento de la doble rendija y todas sus implicaciones me he vuelto mucho más tolerante con los métodos de investigación.

    Casa Gili, jardín y el olivo que sustituyó a la higuera, 1987. Tesis AM

    El tren se va acercando a Madrid y ya va siendo hora de que lo deje. El lunes tengo hablarles a los alumnos del postgrado de nuestro departamento sobre cómo investigar en algunos de los temas que me interesan (y que interesan probablemente también a otros lectores de este blog) y me gustaría que este artículo me sirviera como sistema para desencadenar un debate en clase. Tengo muchas preguntas y pocas contestaciones ¿Es posible que existan procedimientos alternativos al método científico para investigar razonablemente acerca de cuestiones relativas a la arquitectura, el urbanismo o el paisaje? ¿en qué casos sería conveniente utilizar el método científico en estas áreas del conocimiento? ¿se le da toda la importancia que se debería al planteamiento de hipótesis? ¿la investigación mediante el método científico se ha convertido en un oficio como el de fontanero o albañil (es decir, que simplemente se aprende y se aplican unas reglas aunque luego unos lo hagan algo mejor que otros? ¿los investigadores se comportan como una especie de secta que implica el conocimiento de unas reglas, el sometimiento a un procedimiento de iniciación y a unas pautas de comportamiento? ¿se trata de un negocio basado en el corporativismo en el que no importan el beneficio social, la creatividad o la eficiencia? ¿existe un código ético basado en la responsabilidad moral o social del investigador?

    Viviendas construidas en el no urbanizable entre 1997-2004. Tesis CMC

    Ahora sí que ya termino. Sólo me queda destacar la parte de las conclusiones de ambas tesis que, personalmente, más me han interesado. Me doy cuenta que ni tan siquiera he explicado de que tratan ambos trabajos (que, por cierto, y en esto se parecen, cuentan con un apartado gráfico, cartográfico y documental extraordinario) pero tengo casi la seguridad de que se van a publicar y podréis leerlos. Cristóbal Manuel Carrero dice en el suyo "El espacio suburbano metropolitano asturiano no responde a una colonización ex novo de grandes áreas abiertas de dominante rural, sino a la transformación de un complejo sistema de poblamiento tradicional existente de base agraria, y este hecho determina la singularidad de la morfología de la ocupación residencial en relación con otras áreas metropolitanas españolas". Esta constatación de la singularidad del proceso y el hecho de que, al final, el sistema y las formas de asentamiento sean convergentes independientemente de la manera en la que se han producido, resulta relevante para fortalecer una hipótesis que estoy tratando de concretar hace ya algún tiempo. Tengo el convencimiento de que la organización de las áreas urbanas en todo el mundo (incluso la forma) en el momento actual es prácticamente idéntica, independientemente del proceso que ha conducido a su establecimiento, sea planificado o no, partiendo de realidades, territorios, países y culturas diferentes. Incluso con legislaciones y formas de gobierno que se podrían calificar de antagónicas. También tengo unos ciertos barruntos de las causas pero ahora no es el momento de plantearlo.

    Secciones comparadas de las casas Gili y Guzmán. Tesis AM
    Señalar en la imagen para verla más grande

    Como las conclusiones de la tesis de Andrés no se parecen demasiado a unas conclusiones tradicionales voy a reproducir un párrafo de las mismas que, en realidad es un conjunto de citas, y que, en cierta medida permiten atizar el fuego de la investigación en arquitectura y urbanismo. Pero antes, para que pueda entenderse el significado voy a reproducir los títulos de los cuatro capítulos que organizan la tesis: Capítulo 1. El exterior como prolongación de la casa (hipótesis). Capítulo 2. La casa Gili (refutación de la hipótesis –primera parte-). Capítulo 3. La casa Guzmán (refutación de la hipótesis –segunda parte-). Capítulo 4. Cruces y proyecciones (verificación de la hipótesis). El párrafo es el siguiente: "Si algo se sentía Bolaño era latinoamericano, que es lo más parecido a una no-pertenencia; Nabokov, ruso exiliado a Norteamérica, llegó a escribir: 'me parece que no pertenezco a ningún continente definido. Soy una plumilla de bádminton volando sobre el Atlántico, y vieran [sic] qué hermoso y azul es mi cielo privado'. Borges, argentino pero anglófilo, que 'cabe sospechar que no hay un universo en el sentido orgánico unificador que tiene esa ambiciosa palabra'. Octavio Paz, mexicano profundamente viajado, defendió que 'Algunos quieren cambiar el mundo / Otros leerlo / Nosotros queremos hablar con él'. Ernesto Nathan Rogers, arquitecto, italiano, y judío perseguido durante la guerra mundial, que 'la vida hay que realizarla no como una sucesión de acciones reacciones, sino como un perpetuarse de causas activas (...). Empresa sobrehumana e inhumana, pero por tanto profundamente humana'. Todos ellos, grandes artistas, no tuvieron empacho en enfrentarse a eso que Bolaño llamó '(...) los combates de verdad, en donde los grandes maestros luchan contra aquello, ese aquello que nos atemoriza a todos, ese aquello que acoquina y encacha, y hay sangre y heridas mortales y fetidez".

    Por cierto, ambas tesis obtuvieron sobresaliente “cum laude”. Mi más sincera enhorabuena a sus autores y a los directores.


    Datos:

    Tesis: El exterior como prolongación de la casa. Los espacios intersticiales en clave tipológica, a través de dos obras de Coderch y De la Sota.
    Autor: Andrés Martínez
    Directores: Carlos Martí y Víctor Brosa
    Universidad: Politècnica de Cataluyna
    Departamento: Proyectos Arquitectónicos
    Tribunal: Félix Solaguren-Beascoa, Moisés Gallego, José Fariña, Antonio Barrionuevo y Víctor Olmos
    Fecha de lectura: 23 de septiembre de 2011
     
    Tesis: La sostenibilidad del crecimiento residencial en baja densidad. El caso del área metropolitana de Asturias.
    Autor: Cristóbal Manuel Carrero de Roa
    Director: Fermín Rodríguez
    Universidad: Oviedo
    Departamento: Geografía
    Tribunal: Tomás Cortizo, Ramón Alvargonzález, José Fariña, Oriol Nel-lo y José-León García.
    Fecha de lectura: 30 de septiembre de 2011

    jueves, 8 de septiembre de 2011

    Paisaje rural y arquitectura popular

    Hace unos días hice una pequeña excursión desde Madrid a los llamados Pueblos Negros, un conjunto de aldeas situadas en el entorno de la sierra del Ocejón en la provincia de Guadalajara (España). El nombre alude al tono obscuro y bastante peculiar producido por la pizarra, material utilizado mayoritariamente en la construcción de sus edificios. No es mi intención describir detalladamente sus formas, estética o elementos funcionales característicos ya que no soy un especialista en arquitectura popular (o vernácula, según los autores) pero su visita me ha llevado a replantearme algunas cosas respecto al paisaje rural, su significado y su conservación. Temas sobre los que sí llevo trabajando bastantes años e íntimamente relacionados con el patrimonio cultural. Tampoco voy a entrar en la polémica planteada hace unos años cuando la Junta subvencionó con bastante dinero a los propietarios que aceptaran rehabilitar los viejos edificios respetando las formas y materiales tradicionales. Pasó de todo. Protestas, plantes e incluso dimisiones de alcaldes. He procurado no hacer sangre con algunas de las “reparaciones respetuosas con la tradición” que se han hecho, y sólo he incluido unos pocos ejemplos “curiosos”. Todas las fotos que ilustran el artículo las hice en Majaelrayo, Robleluengo, Campillo de Ranas y Roblelacasa, procurando fijar la mirada en lo que entendía más auténtico (aparte las excepciones mencionadas).

    Campillo de ranas, arquitectura y lugares colectivos

    Desde el punto de vista de la preservación del patrimonio cultural el mundo rural tiene un gran interés porque aquí si que aparecen de forma descarnada y abrupta toda una serie de problemas que en las ciudades se mezclan con otros y nos impiden ver con claridad la situación. Por ejemplo, no es tan importante la cuestión de la radical injusticia que para la conservación conlleva el planeamiento tal y como están las cosas en la legislación española. Tampoco la que se refiere a las cargas que inciden sobre el bien preservado. De forma que se trata de situaciones distintas que requieren análisis diferentes. Después de recorrer estas pequeñas aldeas reconvertidas en buena parte al turismo y la segunda residencia queda la molesta sensación de que mucho es falso. De que se trata de un parque temático de un antiguo mundo rural que hoy no existe. Pero también de que allí hay algo auténtico. Algo mucho más profundo que sobrepasa lo anecdótico. Voy a intentar razonar sobre esto último porque la cuestión del parque temático es tan evidente que no merece que le dedique demasiado tiempo. Además en el articulo “Paisaje rural y paisaje cultural” (que, por cierto, casi siempre está entre los más leídos) ya he escrito bastante sobre ello.

    Campillo de Ranas, en algunas calles un cierto aire de parque temático

    Vamos a empezar por lo oficial. En el año 1999 se ratificó por la 12ª asamblea general del Intenacional Council on Monuments and Sites (ICOMOS) la llamada Carta del Patrimonio Vernáculo Construido como una ampliación de la Carta de Venecia. Se trata de un documento muy corto dividido en cuatro partes y, desde mi punto de vista, bastante deficiente. Tan deficiente que en el título se habla de Patrimonio Vernáculo y luego en la Introducción de Patrimonio Tradicional haciéndolo sinónimo de Vernáculo caracterizándolo (no definiéndolo) como: “a) Un modo de construir emanado de la propia comunidad, b) Un reconocible carácter local o regional ligado al territorio, c) Coherencia de estilo, forma o apariencia, así como el uso de tipos arquitectónicos tradicionalmente establecidos, d) Sabiduría tradicional en el diseño y en la construcción, que es transmitida de manera informal, e) una respuesta directa a los requerimientos funcionales, sociales y ambientales, y f) La aplicación de sistemas, oficios y técnicas tradicionales de construcción.”

    Campillo de Ranas, detalles bastante auténticos

    Podría ahora, basándome en la asimilación entre Patrimonio Vernáculo y Patrimonio Tradicional que hace la Carta del ICOMOS, iniciar una disquisición erudita acerca del vocabulario que suele adjetivar a la palabra Patrimonio en estos casos (popular, rural, autóctono, doméstico, folk, vernáculo o tradicional, entre otros) pero no lo planteo más que como ejemplo de las dificultades a la hora delimitar el campo de estudio. Y eso sin mencionar los términos arquitectura, construcción, arquitectura anónima o arquitectura sin arquitecto. Lo que si tengo claro es que este tipo de arquitectura es uno de los elementos básicos del paisaje rural. Junto con otros, claro, como los sistemas de cultivos, los aprovechamientos forestales, los aperos de labranza y los muebles, las fiestas, el sistema de caminos, los cercados, el medio natural o la ganadería. Voy a partir de hecho de que estos Pueblos Negros fueron construidos en un sociedad en su momento rural o folk, mediante técnicas tradicionales y materiales del lugar, utilizando un repertorio de formas que se reprodujeron con pequeños cambios a lo largo de generaciones, lo que originó una arquitectura anónima de características íntimamente relacionadas con el entorno.

    Campillo de Ranas, detalles algo menos auténticos

    Para mí, este tipo de arquitectura, siempre será “popular” por la sencilla razón de que mis primeros pasos como arquitecto coincidieron con la publicación de los Itinerarios de Arquitectura Popular española de Luis Feduchi (Blume, 1974) y la Arquitectura Popular española de Carlos Flores (Aguilar, 1973), obras que grabaron indeleblemente en mi cerebro el adjetivo Popular como propio de este tipo de construcciones. Aunque me sigue pareciendo que las cuestiones de vocabulario son fundamentales para centrar los temas, esta vez me voy a evadir un poco del problema porque mucho antes, tanto Teodoro Anasagasti, como Leopoldo Torres Balbás o Fernando García Mercadal, en los años veinte y treinta del pasado siglo XX, ya habían popularizado la expresión “arquitectura popular”. Casi todos estos autores la contraponen a la arquitectura culta y señalan una serie de características que coinciden en buena parte con las descritas anteriormente en la Carta del ICOMOS. Me voy a centrar en la arquitectura, pero exclusivamente como parte del paisaje rural y obviando la discusión (por estéril) sobre si hubiera sido mejor utilizar la palabra construcción. Sencillamente, cuando digo “arquitectura popular” pienso que casi todos los que me leen tiene una idea más o menos parecida a la mía sobre el tema. Y con eso me resulta suficiente para lo que pretendo contar hoy.

    Majaelrayo, “urbanización” con lajas de pizarra

    De las características que casi todos autores señalan como propias de esta arquitectura popular (y no me limito exclusivamente a lo arquitectónico sino también a la organización en sí de la aldea y a la relación con las labores agrícolas, ganaderas y forestales) me voy a fijar en los siguientes elementos que, desde mi punto de vista, tienen una influencia determinante en sus relaciones con el paisaje:
    • Fuerte imposición de consideraciones de carácter utilitario.
    • Participación directa del usuario en la planificación y construcción de los edificios.
    • Uso de un repertorio formal bastante conciso (con algunas alusiones a la arquitectura “culta”) buscando un cierto grado de belleza.
    • Protagonismo de los materiales de la zona.
    • Utilización de las técnicas constructivas más económicas y de corto aprendizaje.
    • Adecuación al clima y a las necesidades rurales.
    Si estas son las bases de las características a considerar, habría que analizar como podemos relacionarlas con los cambios sociales producidos estos años y si existe la posibilidad de que este patrimonio heredado (que es cultura y diversidad) no se pierda para siempre.

    Majaelrayo, elementos ajenos insertados

    Como en anteriores ocasiones, he de advertir que cuando me refiero al mundo rural las hipótesis que manejo se refieren al territorio europeo, pero que no necesariamente se pueden extender a otros lugares (aunque en algunos casos sí, habría que ir particularizando). El problema es que el modo de vida rural ha desaparecido en Europa. Sigue habiendo trabajos rurales, por supuesto, pero la forma de vida rural, aquella a la que se refería Louis Wirth como contraposición al modo de vida urbano que magistralmente caracterizó en su célebre artículo de la Revista Americana de Sociología (puede encontrarse la referencia al final del artículo en el apartado “Materiales”), sencillamente ya no existe. Esto plantea grandes dificultades respecto a la cuestión de la conservación, sobre todo si atendemos a la “fuerte imposición de consideraciones de carácter utilitario”. En general, estas consideraciones ya no son las mismas que originaron ese paisaje. Las labores agrícolas, ganaderas y forestales que dieron lugar a esos volúmenes que tanto nos atraen, a esos espacios tan diferentes a los que estamos acostumbrados, ya no se hacen de la misma forma y con las mismas técnicas, y ya no necesitan de esos espacios y volúmenes, sino de otros distintos.

    Campillo de Ranas, las cubiertas resultado del espacio que cobijan

    Sin embargo, lo cierto es que las necesidades derivadas de las nuevas funciones, en general, son menos exigentes que las antiguas. Ahora no se trata de entrar a fondo en las posibilidades de convertir un pajar en un comedor rural pero me parece que este no es un obstáculo insalvable. En cambio me parece más complicada la adaptación de las primitivas necesidades del campo a las nuevas infraestructuras (incluyendo formas de transporte y comunicación) que plantean, además de los mismos problemas de sostenibilidad que la periferia fragmentada, otros de tipo formal y que afectan, no sólo a los edificios sino también a los espacios colectivos. A pesar de todo entiendo que la cuestión de la “fuerte imposición de consideraciones de carácter utilitario” no debería ser un obstáculo insalvable en la mayoría de los casos. Sobre todo porque las nuevas funciones requeridas por el llamado turismo rural y la segunda residencia suelen tener una capacidad de adaptación importante ya que son muy poco especializadas al ser residenciales o derivadas de la residencia. Esto no quiere decir que no haya dificultades, pero con buen sentido e ingenio suficiente pienso que pueden superarse.

    Majaelrayo, a veces no se encuentra ese ingenio y buen sentido

    Tampoco la participación del usuario y la utilización de un repertorio formal concreto deberían ser objeto de demasiada preocupación. La primera porque es imposible en las circunstancias actuales. La arquitectura popular se ha ido produciendo mediante ensayo y error, introduciendo pequeñas innovaciones en cada generación y viendo su comportamiento. Es decir, la participación no consiste sólo en contar con el usuario que va a utilizar esa construcción sino que participan, a la vez, muchas generaciones anteriores. Y ello no es posible a día de hoy porque el modo de vida rural ha desaparecido y este procedimiento no se puede desarrollar en un sistema urbano en el que los lugares no cuentan con historia generacional. Ya lo planteó Christopher Alexander en sus libros: The Oregon Experiment (1975), A Pattern Language (1977) y The Timeless Way of Building (1979). Las referencias y los títulos de su traducción al español se pueden encontrar al final del artículo en el apartado de “Materiales”. Un especialista, es decir un arquitecto, será el encargado de acumular toda esta sabiduría de generaciones y utilizarla adecuadamente (un buen arquitecto, por supuesto). Aunque el procedimiento no sea el mismo, las distorsiones pueden minimizarse.

    Robleluengo, formas cultas y populares mezcladas

    El párrafo anterior habría que ampliarlo porque estamos justo en el núcleo de la cuestión. Además se puede plantear conjuntamente con el tema del repertorio formal utilizado porque entiendo que ambos son inseparables. La participación entendida como creación de varias generaciones y el repertorio formal como resultado de esta participación. Dice Rudofsky en su publicación Arquitectura sin arquitectos: “Las formas de las casas, transmitidas a veces durante cien generaciones, parecen eternamente válidas, igual que las de sus herramientas”. Esto nos da la clave, no de la solución porque no la hay, sino de una cierta coartada intelectual que justifique la cuadratura del círculo: de qué manera intervenir sobre un patrimonio rural heredado sin desvirtuarlo y, a la vez, adaptarlo a las necesidades del modo de vida actual que es urbano. Si estas formas (y ese lenguaje de patrones que diría Alexander) permanecen válidas con leves retoques a lo largo de decenas de generaciones habría que detectarlas, aislarlas, caracterizarlas y mantener lo esencial en el proceso de adaptación.

    Majaelrayo, portón

    En el párrafo anterior hablaba de coartada intelectual, porque realmente el proceso es perverso. Las formas creadas por este tipo de culturas dan lugar a un lenguaje único e incluyente como respuesta a un estilo de vida muy estable. La estabilidad cultural es básica para producir ese resultado que nos subyuga y emociona. Sin estabilidad cultural, sin una evolución muy lenta de los usos, costumbres y técnicas no se puede producir lo que entendemos por auténtica arquitectura popular. Habría que hablar aquí también de transculturación, pero son tantos los temas relacionados que voy a pasar y dejarlo para otra vez. El problema es que estamos intentando que este lenguaje único e incluyente sea también la respuesta a un estilo de vida muy diferente al que lo produjo (un estilo de vida urbano frente a uno rural), lo que, desde una perspectiva funcionalista es una contradicción en sí misma. También voy a pasar sin entrar en este tema, pero hay otras perspectivas (no tan funcionalistas) que habría que integrar en la discusión y que tienen que ver con la asimilación cultural y la capacidad de adaptación de las formas y los espacios por sociedades distintas. Además, hay dos elementos que pueden ayudar: materiales y adecuación climática. Resulta que la forma resultante no sólo viene condicionada por los requisitos del modo de un modo de vida rural específico, sino también por las posibilidades que ofrecen los materiales con los que concretar estas formas. Y estas posibilidades se derivan tanto de su disponibilidad como de las características técnicas que permiten utilizarlos. Es decir, materiales próximos y técnicas posibles.

    Majaelrayo, el material

    Nunca hay que perder de vista que nos encontramos en un mundo rural en el que frecuentemente se produce la autoconstrucción lo que significa que las técnicas a utilizar han de ser sencillas y no especializadas. Se trata de una ventaja inmensa porque, probablemente no sean necesarios largos procesos de formación para conseguir operarios expertos si se siguen las técnicas tradicionales. Esto no significa que sea barato. Este tipo de técnicas están basadas en la utilización de muchas horas de mano de obra frente a productos elaborados de forma industrial o cuasi industrial (pero, a cambio, crean empleo). Además, desde el punto de vista de la sostenibilidad, la utilización de materiales autóctonos evita los costes energéticos del transporte y, normalmente también los de la extracción y tratamiento. A ninguna comunidad rural se le habrá ocurrido utilizar materiales (aunque estén muy cercanos) cuya obtención signifique altos costes monetarios o técnicas muy sofisticadas. De forma que, en general, la utilización de materiales y técnicas tradicionales no sólo no resulta una carga sino que es una ventaja que no se puede desaprovechar y es parte indisoluble de la arquitectura producida.

    Majaelrayo, el territorio es el material

    El otro elemento que ayuda es la adecuación climática. Es evidente que nos podemos encontrar con desajustes. Los espacios producidos para un uso específico con requisitos de temperatura, humedad o soleamiento concretos pueden no ser adecuados para un uso adaptado. Pero esto podrá ocurrir en los espacios accesorios aunque casi nunca en los dedicados a vivienda. De cualquier manera los avances producidos en las técnicas bioclimáticas han sido tan importantes en los últimos años, que no será difícil conseguir mediante técnicas pasivas no intrusivas que estas formas, que ya eran el resultado de la interacción entre materiales, usos, clima y territorio, logren con pequeños cambios un comportamiento adecuado como envolvente de las nuevas actividades. También es necesario advertir que no siempre las soluciones tradicionales son las más adecuadas. Habría que dejar de mitificar determinadas formas de construir que se han ido elaborando a lo largo de generaciones sucesivas como si fueran las mejores respuestas bioclimáticas. El proceso de ensayo y error es muy lento, las necesidades (aún de las sociedades más estables) cambian también con el tiempo, y la adecuación entre forma construida, entorno y función no siempre termina por conseguirse. Claro, esto representa una dificultad, pero es que estamos ante una cuestión muy compleja.

    Robleluengo, adecuación climática de espacios exteriores

    Lo que parece menos dudoso es que, para errar lo menos posible, habría que seguir una serie de pasos que no siempre se producen. En primer lugar, el estudio y análisis del patrimonio rural heredado. Esta debería ser una misión prioritaria de la sociedad. Ningún particular (bueno, algún mecenas podría hacerlo) está en condiciones de investigar con un rigor mínimo sobre estas formas como lenguaje único que da respuesta a unas exigencias culturales específicas. En cualquier caso debería ser obligación de todos el respeto por este patrimonio. Y el primer paso para respetarlo es conocerlo. Tanto dinero invertido en investigar auténticas estupideces (podría poner unos cuantos ejemplos de algunas en la que he participado, mea culpa) cuando habría que empezar por conocer qué nos han legado las generaciones anteriores. Las razones son muchas pero la básica y fundamental es que el conocimiento no se produce ex novo en cada momento (cosa que parece ignorar el sistema de patentes y los llamados derechos de autor) sino por acumulación, y el desconocimiento de lo anterior nos puede llevar a inventar permanentemente la rueda. Y patentarla, claro.

    Roblelacasa, disonancias en el silencio del campo

    Una vez conocidos y establecidos los elementos formales básicos que configuraban el lenguaje cultural de estas sociedades, y fijado el momento temporal en el que su evolución quedó detenida, habría que plantear cómo trasponerlos a las condiciones actuales de forma que se respeten las características esenciales de los mismos. Es decir, la sociedad actual debería establecer los límites relativos a materiales, formas, orientaciones, disposición de espacios, alturas, elementos de urbanización, etc. Este segundo paso tampoco es sencillo. Hay diferentes formas de hacerlo y, probablemente, la peor de todas sea mediante disposiciones legales. Se pueden recurrir a manuales de recomendaciones, comisiones asesoras, control de los propios habitantes… incluso normativa en determinados casos. Pero sin el paso primero, que explique el significado del lenguaje y que nos enseñe lo irrenunciable (lo imprescindible para que nuestra generación pueda seguir manteniendo el testigo), el segundo lo daremos probablemente en la dirección equivocada. A pesar de todo es complicado. De ahí su interés. Probablemente aquí sería el lugar adecuado para plantear qué sucedió en estos Pueblos Negros para que casi se produjeran revueltas populares y enfrentamientos con ocasión de la rehabilitación del caserío. Pero hoy no va a poder ser.

    Roblelacasa, la arquitectura

    El tercer escalón (mis alumnos de Protección del Patrimonio Natural y Urbano seguro que ya lo han adivinado) es “llamar a un buen arquitecto”. Eso no quiere decir que haya que llamar a Norman Foster o a Calatrava (aunque a lo mejor). Quiere decir que hay que llamar a alguien que se preocupe por el patrimonio heredado, que estudie los trabajos de investigación ya realizados, que se empape del sitio y de los manuales con las recomendaciones pertinentes (aunque sea para transgredirlas, si es que existen, claro), que sea capaz de dedicar su tiempo a una obra aparentemente menor y en la que, si lo hace bien, su contribución va a ser insignificante porque la contribución verdaderamente importante es la de todas las generaciones anteriores que han creado ese lenguaje que nos emociona. De todas formas no vaya a pensarse que toda la culpa de los desmanes es de los arquitectos y que la mayor parte de la profesión está formada por diablos perversos que se encargan de dilapidar la herencia construida. La propia sociedad, los propietarios, los representantes políticos, son también responsables de las auténticas barbaridades que se encuentran en muchos pueblos de  características parecidas.

    Roblelacasa, la arquitectura y el territorio

    Decía al comienzo del artículo que en estos Pueblos Negros de Guadalajara, aparte de la parafernalia turística, hay algo que me parece auténtico. A eso me refería, a que todavía se intuye en ellos ese lenguaje único e incluyente que resulta la respuesta más adecuada de un grupo humano a la necesidad de vivir en un territorio sin violentarlo. Donde los materiales están en perfecta comunión con la naturaleza y los volúmenes son el resultado de acuerdos mutuos entre el clima, la función y la belleza, ofreciendo soluciones específicas, diferentes de unos lugares a otros. No se cómo, pero al final siempre termino escribiendo sobre diversidad. Cuando el pensamiento único nos impone globalmente (porque afectan a todo el planeta) formas únicas, funciones únicas y materiales únicos, resulta que unas pequeñas aldeas, allá por la sierra del Ocejón, resisten con formas y materiales propios aunque alberguen funciones globales (básicamente el turismo y la segunda residencia). Tan sólo esto es, ya de por sí, capaz de emocionarnos. Y si sólo con esto ya nos emocionamos, ¡qué faltos debemos estar de propuestas diferentes que nos hagan felices! Y de cosas, de ideas, de formas, que no sean más de lo mismo. Lo ideal, lo utópico, sería que estas funciones fueran también distintas y producto de una manera de vivir alternativa a la oficial. Ecoaldeas, pueblos en transición, decrecimiento... Pero esto es ya hablar del sexo de los ángeles. Es decir, de la utopía. De una utopía imprescindible, por supuesto, necesaria para avanzar y que nos indica que, a pesar de lo que pueda parecer, existen todavía ideales. Vaya, me he puesto lírico, lo siento. Eso es que va a empezar el curso.


    Materiales complementarios
    • Alexander, C. y otros: Urbanismo y participación, el caso de la universidad de Oregon. Gustavo Gili, Barcelona, 1976 (The Oregon Experiment, Oxford University Press, 1975). Un lenguaje de patrones. Gustavo Gili, Barcelona, 1980 (A Pattern Language, Oxford University Press, 1977). El modo intemporal de construir. Gustavo Gili, Barcelona, 1981 (The Timeless Way of Building, Oxford University Press, 1979). Casi no es necesario decir nada de estos tres libros que han marcado un antes y un después en el tema. Desde mi punto de vista forman una unidad y hay que leerlos conjuntamente.
    • Dacosta, A.: Una mirada a la tradición. La arquitectura popular en Aliste, Tábara y Alba. Alcalá, 2010. A pesar de estar centrado en Aliste, Tábara y Alba, las reflexiones generales que se incluyen pueden interesar a un público más general. Se puede obtener el pdf en este enlace.
    • Drew, P.: Tercera generación, la significación cambiante de la arquitectura. Gustavo Gili, Barcelona, 1973 (Die dritte Generation, Stuttgar, 1972) Con la disculpa de analizar las características de la llamada “Tercera Generación” de arquitectos (Jorn Utzon, Moshe Safdie, Noriaki Kurokawa, Arata Isozaki, Archigram, Frei Otto, James Stirling) Drew dedica un capitulo entero al lenguaje de patrones con un resumen clarísimo del papel de la llamada Arquitectura Popular.
    • García Grinda, J.L.: “Prólogo” en Alonso, J.: Arquitectura tradicional de la comarca de Omaña y valle de Samario, Instituto Leonés de Cultura. Aunque se trata de una publicación muy especializada el prólogo de José Luis García Grinda es lo suficientemente claro y aborda temas generales, de forma que los no especialistas pueden obtener provechosas enseñanzas de su lectura. Además tiene la ventaja de estar on-line en este enlace.
    • ICOMOS: Carta del Patrimonio Vernáculo Construido, UNESCO. Puede leerse y bajarse en pdf en este enlace aunque no es precisamente de lo mejor que ha producido la UNESCO.
    • Morán, M.A.: “Arquitectura popular y medio ambiente”, Observatorio Medioambiental nº 1, pp. 287-294, 1998. Incluye una bibliografía muy extensa, pero seleccionada, que permite ponerse rápidamente en situación acerca del tema (aunque no al día, hay que considerar la fecha de publicación).
    • Pueblos de la Arquitectura Negra: aquellos interesados en una interesante excursión pueden empezar a documentarse en este enlace.
    • Rudofsky, B.: Arquitectura sin arquitectos, Eudeba, Buenos Aires, 1973 (Architecture Without Architects: A Short Introduction to Non-pedigreed Architecture, New York, 1964). Su exposición en el MOMA fue una crítica feroz contra una visión de la arquitectura producida por los “dioses arquitectos” cada vez más separada de la gente y basada en lenguajes propios de la profesión no compartidos por toda la sociedad.
    • Wirth, L.: "El urbanismo como forma de vida". Una traducción al español de este célebre artículo publicado en el número 44 del American Journal of Sociology (1938) puede encontrarse en este enlace de Bifurcaciones.
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