martes, 27 de enero de 2009

Paisaje desde mi habitación

Durante unos días he estado recluido en la habitación de un hospital madrileño. Quien haya estado en esta situación ya puede comprender que no se trata de un sitio demasiado animado. Afortunadamente la habitación que me tocó en suerte tenía un enorme ventanal (casi toda la pared) desde el que se veía un panorama extraordinario de la Sierra de Madrid. De forma que la situación de poder observar desde la cama, el sofá o dando un paseo, semejante vista constituía la mejor terapia para alguien que ama el paisaje. La apreciación no era solamente mía. Todo el que se acercaba a visitarme (poca gente porque mis amigos ya saben que no me gustan las visitas cuando estoy enfermo) antes de decirme si tenía buen o mal aspecto, cómo me encontraba, etc., indefectiblemente hacían referencia a las maravillosas vistas. No es que tuviera celos de tan extraordinaria visión pero alguna vez, incluso llegué a cerrar las cortinas para que las visitas se fijaran en mi.

El paisaje como terapia, la Sierra de Madrid, de Carlos Sieiro

Además me ingresaron justamente después de las grandes nevadas que se produjeron en toda España y la verdad es que la Sierra estaba esplendorosa. Luego, la niebla, las nubes corriendo a toda velocidad, el sol… El espectáculo fue maravilloso (ya en casa, casi me están dando ganas de volver). Bien, el caso es que me pareció imprescindible “inmortalizar” la situación haciendo una serie de fotografías que me recordaran para siempre el espectáculo. Pero el resultado fue desconcertante. En realidad, la Sierra sí que se veía, pero era una parte bastante pequeña del fotograma (y eso que las fotos las hice desde la terraza y no desde el interior de la habitación) y, además, quedaba como “sepultada” bajo una masa de elementos artificiales que, en realidad, constituían la parte esencial de lo fotografiado.

Paisaje desde mi habitación

Después de ver las fotos volví a mirar tras el cristal. Era evidente que ni yo, ni mi familia, ni las visitas, habíamos visto la realidad del panorama a través del gran ventanal de mi habitación. Habíamos visto lo que queríamos ver. Es decir, habíamos eliminado una parte importantísima de la “fotografía” para quedarnos sólo con la parte “agradable”. Porque aquello tenía tres planos, y sólo el plano lejano había sido objeto de nuestra consideración. Tanto el primer plano como el plano medio, sencillamente los habíamos despreciado. La razón estaba bastante clara y tiene que ver con algunas cuestiones perceptivas que me gustaría debatir un poco. Se trata, una vez más, de presupuestos básicos del paisajismo, sobre algunos de los cuales ya he escrito en entradas anteriores.

El plano lejano

En realidad, si uno observa el primer plano puede decirse que la calidad arquitectónica no es muy evidente (¡). Se trata de una zona de servicios del hospital en la que se amontonan extractores, aparatos de aire acondicionado, tuberías de saneamiento y otros elementos de parecido interés y que se caracterizan, ante todo, por su belleza peculiar (lamento ser tan irónico pero, después de haberme percatado de que la vista de la Sierra iba acompañada indefectiblemente de este muestrario de instalaciones se me atragantó un poco). Pero este primer plano para la mayor parte de los espectadores del paisaje serrano sencillamente se obviaba.

Primer plano “arquitectónico”

Lo mismo se podría decir respecto al plano medio en el que se distinguían en una mezcla absolutamente anárquica y azarosa entre otros elementos igualmente bellos: un mástil de iluminación con, al menos 12 focos; una gran torre del tendido eléctrico con los cables correspondientes; la antena repetidora de móviles; un enorme anuncio de venta de un solar con sus vallas de cerramiento; las vías del tren; la M-40; decenas de báculos de iluminación; una parada de autobús; unos pocos árboles perdidos en el mar de “ruido” urbano.

Plano medio urbano

Se podría decir que el acto perceptivo de apropiarse de un paisaje es propio de cada individuo pero tiene pautas comunes en todos los que lo observan. Sin estas pautas comunes la existencia del “paisajista” tal y como se entiende no tendría razón de ser. El descubrimiento de estas pautas comunes ante un paisaje es lo que se le pide al profesional. Una de ellas es, precisamente, el hecho de ver “sólo lo que se quiere ver”. Ello no quiere decir que el resto de la escena no quede grabada (por lo menos subconscientemente) en la memoria. El hecho de que a veces se vea sólo lo bello y otras sólo lo feo probablemente dependa de la circunstancia en la cual se encuentre el espectador. Aquellos que hayan leído otras entradas sobre paisaje en este blog ya conocen mi teoría sobre la necesidad de que el sujeto se ponga en actitud contemplativa ante el objeto para que se pueda decir que estamos ante un paisaje. Y que esto es lo que corrientemente sucede ante un paisaje de naturaleza.

La ciudad como escenario: ágora de Atenas, de dearqueología

Pero ya no lo es tanto ante un paisaje urbano en que el sujeto se encuentra más en el papel de actor. De los tres planos que componían el panorama que veía desde mi habitación, el primer plano era claramente arquitectónico, el plano medio urbano y el lejano de naturaleza. Respecto al primer plano era evidente que, tanto los visitantes como yo mismo lo considerábamos como escenario donde se desarrollaba un rol: el mío como enfermo y el suyo como visitante de enfermo. El segundo tenía casi las mismas características lo que implicaba que se veía como el sitio donde se desarrollaba el rol ciudadano, y sólo el tercero se consideraba como paisaje. Por eso todos hablábamos del maravilloso paisaje que se veía desde mi habitación. Es que, tanto el primer plano como el medio, no los considerábamos como formando parte del mismo. Eran sencillamente escenarios más o menos adecuados para desarrollar nuestros roles ciudadanos en los que la belleza tenía un puesto secundario. Puesto que sobre el plano lejano había poco que decir (aparte de su belleza y otras consideraciones paisajísticas ya muy estudiadas y sabidas) me centré en el análisis de los planos cercano y medio. La pregunta sería ¿por qué en estos casos la vista se entiende como un escenario urbano y no como un paisaje urbano? Dicho de otra manera ¿por qué el sujeto se pone en actitud de actuar (desarrollar un rol) y no de contemplar (desarrollar el rol específico de admirar estéticamente una porción del territorio)?

La ciudad como paisaje: Salzburgo, de Juan

Lo que voy a decir ahora es, sencillamente, una intuición, una hipótesis de trabajo que habría que demostrar pero que, probablemente explicaría, por lo menos, este caso. La respuesta podría ser que, ante un encuadre urbano o arquitectónico normalmente el ciudadano (un urbanita en un tanto por ciento muy elevado de casos) tiende a ponerse en actitud de actuar. Es decir, que el encuadre se ve como el escenario donde actúa normalmente. Sólo tiende a ponerse en actitud de contemplar si ese escenario le resulta muy desconocido (y, por tanto, ajeno) y, además, bello. Los escenarios ajenos y feos no tienden a verse como paisajes (es decir, el sujeto no se pone en actitud contemplativa ante ellos) sino como escenarios de inseguridad o de indiferencia para desarrollar su papel ciudadano.

Ciudad, escenario y paisaje: Paseo del Prado, Madrid, de skyscrapercity

Ante un territorio urbano el paisajista (aparentemente) debería considerar dos aspectos: la adecuación de ese territorio para desarrollar eficientemente el rol ciudadano del sujeto y su embellecimiento para que pudiera plantear su contemplación como paisaje. Tradicionalmente ambos aspectos han correspondido a profesiones distintas: el primero a los planificadores, urbanistas, ingenieros y diseñadores urbanos; y el segundo a los paisajistas. Pienso que no debería ser así por múltiples razones que, algún día, trataré de explicitar en otra entrada del blog. Pero el hecho real es que suele suceder de esta manera. Probablemente la excepción sea el campo del diseño urbano, normalmente en manos de arquitectos (a los que suelen mover, además de la eficacia y la eficiencia, la belleza) que normalmente intentan, aunque no siempre de forma explícita, aunar ambos aspectos, escenario y paisaje, en un único proyecto.

La ciudad crea el paisaje: Toledo según El Greco, de wikipedia

La diferencia, por tanto, entre el paisaje de la naturaleza y el paisaje urbano es muy importante pero no tanta como puede parecer. Depende, esencialmente, del sujeto perceptivo. Porque el sujeto perceptivo del paisaje de naturaleza también puede considerarlo como un escenario donde desarrolla su rol (de agricultor o ganadero, por ejemplo, pero también de alpinista o promotor turístico) en cuyo caso su actitud ante el mismo no es precisamente contemplativa. A lo largo de este blog se puede ver mi interés por planteamientos paisajísticos a través del sujeto más que desde el objeto, porque entiendo que esta es la forma genuina de enfrentarse al tema por parte de un paisajista. Ello no quiere decir que se deba de despreciar al objeto (al contrario). Pero el campo de estudio del objeto debería estar más centrado, probablemente, en otras profesiones que lo analizan más particularmente. Por ejemplo, en el caso de la naturaleza: ecólogos, biólogos, naturalistas, ingenieros de montes o agrícolas. Y en el caso de la ciudad: planificadores, arquitectos, urbanistas, gestores o ingenieros. La realidad, naturaleza o ciudad, es compleja y global y los acercamientos parciales a la misma deberían ser sustituidos por otros de carácter más holístico e interdisciplinar para no cometer errores, muchas veces, irreparables.


domingo, 11 de enero de 2009

Más trabajos del curso de paisaje

Tal y como había prometido en la entrada anterior hoy voy a dedicar el articulo a reseñar otros trabajos que mis alumnas y alumnos han realizado en la asignatura de Paisaje y Territorio que imparto en la UPM de Madrid, además del ya comentado de “Guadalix desconocido”. Como dije, esta vez casi no he podido seguir el curso debido a mis problemas médicos y Esther Higueras se ha encargado de llevar la parte principal de las clases. Aquellos que sigan el blog ya saben que los trabajos que comento no tienen necesariamente porque ser los mejores académicamente (para eso ya están las notas) sino que son los que me parecen más adecuados a la temática y estructura del mismo. Para entender un poco la mecánica docente de la asignatura me remito a la entrada anterior donde se explica de forma bastante resumida. Como siempre y para no complicar la lectura sólo entrecomillo (y no pongo en cursiva) las citas literales cuando, como en este caso, se reproducen muchos párrafos. Todas las imágenes están extraídas de los trabajos y corresponden a sus autores.

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El título del primer trabajo es Rutas sonoras y el equipo estaba formado por Laura Alcubilla, Alejandro Cortizo, Silvia González, Mauricio Gutiérrez y Ana Hernández. El lugar de actuación era el Parque Natural de Peñalara que se encuentra situado en el término municipal de Rascafría en la sierra madrileña. "Está formado por la Cumbre, Lagunas y Circo, precisamente la Cumbre de Peñalara es la cima de la Comunidad de Madrid, con 2.428 metros de altura. Durante el recorrido hasta la Laguna Grande de Peñalara se pueden observar unas magníficas vistas de la Sierra madrileña. Al ser Parque Natural es un espacio protegido que alberga especies de flora y fauna muy valiosas que deben ser respetadas".


El planteamiento (en palabras de sus autores) fue el siguiente: "Nuestra propuesta consiste en realizar una ruta por el Parque Natural de Peñalara, en la que lo primordial sean las experiencias personales que el individuo pueda tener con la naturaleza que le rodea. Esto lo conseguiremos con la ayuda del sonido y del viento, de manera que se plantean dos tipos de elementos. Por un lado proponemos unas estructuras lineales de las que cuelgan varillas metálicas, colocadas en puntos clave del recorrido, y que sirven como guía del mismo. Por otro lado planteamos unas estructuras más grandes, a tipo de escultura, que se colocarán de manera estratégica cerca de las lagunas. En un principio colocaremos 10 de estos elementos. De esta manera, conseguimos que esta ruta se diferencie de otras que existen en el Parque, así como unas experiencias personales que culminan al llegar a los puntos finales de la ruta, donde se encuentran las lagunas".

Árbol sonoro en espiral
 
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Tal y como se lee en el párrafo anterior el equipo propuso la instalación de 10 árboles sonoros. Sin embargo, después del análisis de la valoración y fragilidad del paisaje llegó a la conclusión que 6 de los árboles propuestos no eran aptos, 3 lo podían ser con medidas correctoras y ¡solamente uno resultaba válido! En la propuesta final el grupo decide incluir únicamente tres. Para ello estudiaron criterios de localización basados en el viento, en la accesibilidad y en el análisis valoración - fragilidad. La propuesta final incluía miradores con estructuras lineales de las que colgaban varillas metálicas, y tres “árboles - esculturas sonoras” distintos: en espiral, cilíndrico y piramidal. Las actuaciones en las que el grupo se ha inspirado para su propuesta de esculturas son de sobra conocidas, pero al no tratarse de un proyecto de escultura sino paisajístico, lo que verdaderamente importa es su adecuación a la idea base. Ello no invalida el que resulte imprescindible concretar (y dimensionar) en la medida de lo posible.

Árboles sonoros cilíndrico y piramidal
 
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Este trabajo presenta varios temas interesantes. Pero quizás el que destaque sobre todos ellos sea la consideración del elemento sonoro en el paisaje. Frecuentemente se tiende a reducir el paisaje a lo visual pero también intervienen otros elementos que caracterizan el ambiente tales como el olfato, el tacto, el frío, la humedad relativa o el soleamiento. Y, por supuesto, el sonido. Me ha parecido interesante traerlo aquí para recordar la necesidad de entender el disfrute del paisaje de una forma global de forma que considere todos los estímulos que intervienen y no sólo algunos de ellos. Existen pocos ejemplos de este tipo. Uno realmente espectacular ya lo he comentado en la entrada sobre "El Peine del Viento" (Chillida y Peña Ganchegui, situado en Donostia).


Aunque el articulo va a quedar demasiado largo me gustaría también referirme, aunque de forma más resumida, a otros dos trabajos más. El primero se titula Recorrido multihilo en Villalba y el equipo lo formaban: Beatriz Ortiz, Silvia Esteban, Marta Hijas, María Mayor y Daniel Ovalle. Según sus autores: "Nuestro trabajo se sitúa en la periferia del municipio de Villalba. Es una zona llana que cuenta con el interés no sólo de la vegetación típica de la Sierra (encinas, alcornoques, jara...) sino que desde allí se pueden observar diversas vistas de toda la Sierra de Guadarrama, Navacerrada y en los días claros el perfil de Madrid. Con esta base organizamos una actividad lúdica - paisajística por medio de diferentes recorridos que señalamos mediante un sistema de hilos que se descuelgan de árbol en árbol, llevando el camino 'a nuestras cabezas'. Así se minimiza la alteración del entorno y la modificación del terreno, que serían además completamente reversibles".

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Entre las actividades que proponen están: recorridos para hacer a pie, para bicicletas, disfruta de las vistas, coloca tu farolillo en el lugar que más te guste o deja un mensaje para futuros excursionistas. "Por un lado se pretende que la intervención sobre el terreno sea mínima. Para ello se emplean los árboles como soporte de los hilos que marcan los recorridos. Además de poder recorrer los diferentes caminos le añadimos un nuevo interés por medio de los farolillos. Éstos refuerzan los caminos, los iluminan por la noche gracias a un material especial, pueden marcar lugares que los visitantes consideran importantes o de interés y aporta unas ganancias económicas para el mantenimiento de la actividad". Los hilos se componen de un material fosforescente compuestos por metales alcalinotérreos aluminados que se recarga durante el día y brilla por la noche (hasta 12 horas) siendo resistente a la intemperie hasta diez años.


Pienso que el interés de este trabajo reside, básicamente, en dos aspectos. El primero, aunque no ha sido destacado suficientemente por el equipo, es la interactividad. El turista que recorre el itinerario tiene capacidad para modificar algunas cosas del mismo de forma que, poco a poco, el recorrido irá cambiando. En una sociedad en la cual la interactividad es un elemento que cada vez tiene mayor importancia el pensar que se pueda aplicar al paisaje es un elemento favorable que, poco a poco, se irá haciendo imprescindible. El segundo es la utilización a diferentes horas del recorrido. Es imprescindible buscar actividades que no se concentren en pocos días al año y pocas horas al día si el medio lo permite. El grupo propone su utilización de la siguiente manera:


La última propuesta que me gustaría comentar se llama Parque pedagógico de la Batalla del Jarama en la lagunas de Rivas - Vaciamadrid y corresponde al equipo de Raquel Báscones, Fernanda Cassou, Tiago Dias, María Jesús Sastre y Elizabeth A. del Valle. "El objetivo es que esta intervención sea un destino para actividades escolares en la Naturaleza dentro del marco de la LOE. Se trabajarán aptitudes relacionadas con el entorno social, histórico, cultural y ambiental. Se desarrollará un tipo de recorrido para cada ciclo de educación primaria". El recorrido se complementa con trabajo en el aula de forma que "se enviará al centro una unidad didáctica completa, donde se detallarán las actividades recomendables para realizar los días previos a la visita en las distintas materias. De esta manera se consigue mayor grado de comprensión y atención en la actividad".


Esta dirigido a "estudiantes de Educación Primaria (entre 6 y 11 años) y sus profesores entre semana. Turismo familiar durante los fines de semana. La visita guiada tendrá una duración de dos horas". Se limitará la cantidad de visitantes diarios "ya que nuestra intervención se sitúa en un entorno doblemente protegido. Por un lado, el Parque Regional del Sureste, que pone en valor el río Jarama; y por otros la ZEPA y el LIC 'Cortados y Cantiles de los ríos Jarama y Manzanares' nº ES0000142, por lo que se debe controlar el impacto turístico, reduciendo los ruidos que puedan molestar la anidación de las aves, así como que puedan contribuir a la erosión del terreno y la degradación del paisaje. Entre semana: 180 personas/día. Fin de semana: 240 personas/día. La capacidad de la visita guiada será de 60 personas (capacidad de un autobús). Se dividirán en tres grupos de 20 personas: uno entraría directamente al punto de interpretación, otro tendría una charla al aire libre sobre el paisaje que nos encontramos (fauna, flora, hidrología, etc.); mientras que un tercero aguardaría unos minutos en una zona de juegos infantil próxima al punto de llegada".


Aunque se trata de un ejercicio clásico de recorrido pedagógico el trabajo presenta aspectos interesantes. El primero es que se trate de un recorrido enfocado a facilitar el trabajo de los profesores permitiendo la salida de las aulas tradicionales. Independientemente del interés puramente docente lo tiene el hecho de poder ser utilizado en momentos distintos a los fines de semana. Es complicado encontrar actividades de turismo de trayecto medio y cercano que se puedan desarrollar en días de diario y en el horario normal de trabajo. De ahí el interés de un recorrido de este tipo. El segundo es que resulta sorprendente el hecho de que el equipo se haya molestado en determinar los aforos máximos que puede soportar el entorno natural y proponer unas cifras concretas. Y el tercero es que hayan convertido el hecho de la guerra y la batalla que se produjo en ese lugar en un alegato en favor de la paz: "Educación para la paz (el fin último de esta actividad será la educación en la no violencia y la tolerancia). Homenaje a los caídos (se honrará a todas las victimas del enfrentamiento con independencia del bando al que pertenecieran). Y, por último, educación para la reconciliación".


Para terminar me gustaría recordar lo que ya he escrito hace cosa de un año en la entrada titulada “Reivindicación del color”: Por supuesto que el 90% de los alumnos de arquitectura “se inspiran” en proyectos que han visto en revistas y en otros lugares. Esa parte entra en la dinámica del aprendizaje y la mayor parte de los profesores conocen perfectamente la procedencia de su inspiración. A mí, particularmente, tampoco me importa demasiado que parte del trabajo sea reciclado de otros ejercicios o proyectos. En realidad todos lo hacemos y nos copiamos a nosotros mismos muchas veces y esto sirve para ir creando un camino. La cuestión está en cómo el alumno va siendo capaz de construir su propia iconografía, su mundo. De cómo va introduciendo variaciones sobre aquellos temas que considera están bien y como va descartando otros. Es verdaderamente un privilegio observar como se va haciendo a si mismo. La misión del que enseña, en este complicado camino que hace el alumno, a veces es anecdótica y otras crucial, pero siempre debería limitarse a ser una ayuda. El discípulo disciplinado cuyo único objetivo es interiorizar la experiencia del maestro podrá llegar a ser un buen artesano (lo que no es poco), pero raras veces será capaz de encontrar caminos nuevos. La marca puede llegar a ser demasiado profunda, demoledora. Por eso en las disciplinas artísticas, como la música o la pintura, no siempre los genios, los artistas, son los mejores maestros.


sábado, 27 de diciembre de 2008

Territorios inventados

Hoy voy a comentar uno de los trabajos que realizó este semestre un equipo de alumnos y alumnas de la asignatura de Paisaje y Territorio que imparto en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid. Claro que esta vez, excepto unos días al comienzo y el de la presentación final, no pude asistir a la mayor parte de las clases debido a mis problemas de salud. En mi lugar se encargó de la asignatura Ester Higueras, profesora Titular del Departamento que ha colaborado conmigo en numerosas ocasiones. Quizás por ello me siento libre de poder dedicar más espacio en el blog a contar algunos de los proyectos presentados. Hoy sólo voy a referirme a uno de ellos, el llamado por sus autores “Guadalix desconocido” y en un próximo día lo haré con dos o tres más. El equipo estaba compuesto por: Diana Ávalos, José Esteban, Ana María García, Nadia Mateo y José Ramón Yáñez. Como siempre, los trabajos que comento no son necesariamente los que han obtenido la nota académica más alta sino aquellos que se adaptan mejor al formato y finalidad del blog. Todas las imágenes están sacadas del proyecto y pertenecen a sus redactores.


Aunque ya lo he mencionado alguna otra vez, en esta asignatura seguimos una metodología de trabajo algo peculiar que resulta imprescindible explicar previamente. Se trata de que el equipo (siempre se trabaja en equipo) proponga algún tipo de atracción turística sobre un territorio que, previamente, ha seleccionado. Casi el único requisito es que el proyecto beneficie al pueblo más cercano a dicha actuación. Una vez planteada la propuesta, y sólo entonces, pasamos a la segunda fase: analizar el paisaje. El equipo se olvida de su proyecto y estudia las unidades de paisaje valorándolas y determinando su fragilidad. Cuando ya ha entendido el lugar al que se enfrenta retoma su proyecto e intenta determinar de qué forma modifica los rasgos esenciales del mismo. El resultado: la mayoría de las veces resulta necesario modificar el proyecto para adaptarlo (si es posible) a las características del paisaje introduciendo medidas correctoras. Como se observa seguimos el camino inverso al habitual ya que primero se suele estudiar el territorio y luego proponer una actuación en el mismo considerando sus rasgos esenciales. Lo hacemos así con objeto de que los estudiantes comprendan claramente la barbaridad que supone, en la mayoría de los casos, una intervención sin analizar en profundidad el sitio. Muchas veces es necesario cambiar enteramente el proyecto inicial con la carga suplementaria de trabajo que supone. El equipo no olvidará fácilmente la necesidad de proceder adecuadamente. Normalmente en el blog sólo expongo la actuación final resultante de todo el proceso.


El proyecto que voy a comentar hoy se desarrolla en “los alrededores naturales del embalse de Pedrezuelas, dentro del entorno de Guadalix de la Sierra y adyacente a dicha localidad; todo ello dentro de la Sierra de Madrid. Será en uno de los márgenes del embalse, donde se sitúa una pequeña capilla y al cual se tiene fácil acceso desde el pueblo, caracterizado por una lámina horizontal de agua, con un acceso fácil hasta el borde mismo del agua, un camino de acceso y gran variedad de sendas y rutas naturales ya existentes.” La población está situada a 50 km de la capital. Algunos datos extraídos de la memoria: “Ubicación: 40° 47′ N 3° 41′ O; Altitud: 832 m; Superficie: 61 km²; Población: 5.347 hab. (INE 2007); Densidad: 87,66 hab./km².”

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En realidad, lo que importa de este proyecto no es tanto la actuación en sí (que no es más que un sendero a las orillas del embalse) sino la forma polémica de “vender” el sitio mediante un montaje basado en la supuesta existencia de fenómenos paranormales en la zona. Hace más o menos un mes, el 30 de noviembre, Federico García Barba en su blog “Islas y Territorio” (cuya lectura he recomendado muchas veces) publicaba un artículo titulado “La arquitectura ¿una especialidad del marketing?” El titulo es bastante elocuente de su contenido y está directamente relacionado con lo que diré a continuación (yo siempre he entendido la arquitectura ligada directamente al urbanismo y, por supuesto, al territorio). Quizás ahora se pueda comprender mejor la mini-polémica organizada en los comentarios y el porque no tuve más remedio que participar en ella, ya que mi postura al respecto está directamente relacionada con lo que voy a contar en este articulo. Claro, sin conocer la existencia del trabajo que estaba realizando el equipo de “Guadalix desconocido” y sus implicaciones éticas y sociales, probablemente no se entiendan muy bien los comentarios que hice en el blog de Federico (me refiero a lo sustancial no a los elementos anecdóticos). Espero que, al terminar esta entrada, mi postura quede suficientemente clara para cualquiera que la lea.

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Para que no se me acuse de tergiversar voy a reproducir textualmente la propuesta del proyecto extraída de la memoria: “Nuestra intervención está planeada principalmente sobre la opción de condicionar, orientar y manipular la voluntad del turista a la hora de elegir el entorno “Guadalix desconocido” como su lugar elegido para experimentar aquello que su ya sugestionada voluntad pretende encontrar. Asimismo pretendemos con ello generar experiencias más allá de la simple contemplación natural, un vivir la naturaleza, un disfrutar de un paisaje misterioso, plagado de descubrimientos asombrosos que ya no generarán paz recogimiento, sino una sensación emocional de cierta intranquilidad, incertidumbre, incluso miedo; porque es, al final lo que han venido a visitar.”


Dicho y hecho. En el apartado de “making off” se relatan lo que llaman sus happenings. El equipo se desplaza por la noche al sitio provisto de lámparas led, pilas, precintos, globos, una bombona de helio, cuerda de sedal y cámaras fotográficas. El proceso fue el siguiente: “Se coloca la pila en el led, adecuando los polos positivo y negativo, a continuación se procede a precintar el conjunto para fijarlo e impermeabilizarlo dejando la bombilla libre. Y una vez obtenida la base de la iluminación, introducimos el conjunto en un globo como si fuese una bolsa… Para inflar los globos de helio, se coloca la apertura en la boquilla de la bombona, presionamos para que el helio acceda al interior y le hacemos un nudo para que quede todo dentro… Lo hallado hasta ahora, es un globo con la facultad de elevarse en el aire con una iluminación interna. Para tener el globo bajo control, se utiliza la cuerda de sedal atando un cabo al nudo del globo y el otro cabo a los arbustos de la zona. De esta manera conseguimos obtener una luz difusa flotando en el aire… En este último paso, el objeto requerido es la cámara de fotos. Se programa en el modo nocturno y tiempo de exposición máximo, se apunta hacia las luces flotantes y se presiona el botón de la cámara para capturar las imágenes obtenidas.”


Bueno, bueno. Ya tenemos el engaño funcionando. Se supone que “algo” está pasando en ese lugar porque se ven extrañas luces, etc. Independientemente de lo bien que se lo ha debido de pasar el equipo realizando “su milagro” particular la carga polémica que plantea la actuación es notable. Porque, a continuación abren un blog llamado “Guadalix desconocido”, cuelgan vídeos en Youtube, fotos en Flicker y participan en foros relacionados con lo paranormal y misterioso para llamar la atención sobre lo que está pasando en Guadalix. Dice el equipo en la memoria del proyecto: “Un nuevo concepto extendido cada vez más y en uso cada vez más frecuente por empresas de publicidad y grandes corporaciones: el marketing viral o la publicidad viral son términos empleados para referirse a las técnicas de marketing que intentan explotar redes sociales ya preexistentes para producir incrementos exponenciales en “conocimiento de marca” (Brad Awareness), mediante procesos de autorreplicación viral análogos a la expansión de un virus informático. Se suele basar en el boca a boca mediante medios electrónicos; usa el efecto de “red social” creado por Internet y los modernos servicios de telefonía móvil para llegar a una gran cantidad de personas rápidamente. La popularidad creciente del marketing viral se debe a la facilidad de ejecución de la campaña, su coste relativamente bajo (comparado con campañas de correo directo), buen “targeting” y una tasa de respuesta alta y elevada. La principal ventaja de esta forma de marketing consiste en su capacidad de conseguir una gran cantidad de posibles clientes interesados, a un bajo costo.”


Por supuesto que este planteamiento está sustentado en una base teórica mencionada en el trabajo, en la que el equipo destaca dos publicaciones. La primera es un texto clásico: “La psicología de las masas” del francés Gustave Le Bon publicada en 1895. La segunda, más divulgativa, se titula “Marketing viral” de la que es autora Silvia Sivera Bello profesora de Ciencias de la Información y Comunicación de la Universitat Oberta de Catalunya.


Nos encontramos ante una propuesta polémica, en cierta medida radical, que traspasa el límite de lo “políticamente correcto” para adentrarse en las complicadas aguas de la ética. Y no me estoy refiriendo a la posibilidad de utilizar el marketing (sea viral o no) para difundir una cierta cualidad o propiedad del territorio sino, directamente, para engañar mediante un “montaje” basado en una propiedad inexistente del mismo. Y la cuestión no se circunscribe exclusivamente a determinadas actuaciones turísticas, incluso aunque no sean tan descaradas como la que propone el equipo de “Guadalix desconocido”. Todos los que nos dedicamos de una u otra forma al estudio del territorio sabemos que existe un problema metodológico casi irresoluble en la agregación de datos estadísticos georreferenciados, el de la llamada “unidad espacial modificable”, que nos permite “ver” el territorio (en la mayor parte de los casos) a gusto del consumidor sin traspasar, aparentemente, los estrechos límites de la verdad. Esto se hace de dos formas: modificando la escala del análisis o variando los límites de las áreas de agregación. Se podría decir que variando oportunamente estos dos factores (y con un SIG) podríamos obtener “objetivamente” territorios muy distintos respecto a determinadas variables. Literalmente nos inventamos los territorios. Y si esto se puede hacer “objetivamente” ¡qué no se conseguirá cuando se trabaja con elementos subjetivos como las emociones, el miedo o el misterio!

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En los primeros días de curso cuando el equipo me planteó lo que tenía en mente estuve a punto de decirles que abandonaran, que caminar sobre la delgada línea que separa el “montaje sobre nada” del “montaje para colorear o destacar determinado elemento existente” (pero muchas veces soterrado) en ese territorio o en esa cultura, es complicado. Pero luego lo pensé mejor y decidí animarles a que lo hicieran. Las posibilidades de confrontación que imaginaba en el proyecto y el interés que, probablemente, iba a suscitar superaban ampliamente los peligros que veía. Luego las cosas se torcieron y no pude seguir con la tutela del proyecto. En la exposición final, a la que sí pude asistir, el equipo destacó que, a pesar de sus reducidos y rudimentarios medios, la “propagación viral” había sido un éxito. Por desgracia toda la discusión se centró en esta cuestión (por otra parte de gran interés) y no en la ética de un montaje basado en una mentira. La verdad es que no hubo casi tiempo para hacerlo y por eso he traído hoy aquí este tema.

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Al empezar a escribir he recordado una anécdota que nos contó Antonio Elizalde este verano en Chile. Un pueblo de Latinoamérica (no voy a decir ni tan siquiera el país y maquillaré un poco la historia para que no se reconozca) iba consiguiendo salir de la pobreza gracias a un territorio extraordinario y al turismo. Pero resulta que hicieron una autopista que lo dejaba prácticamente incomunicado. Los turistas dejaron de ir debido a la incomodidad que suponía el acceso y el incipiente desarrollo empezó a caer en picado. Entonces “alguien” decidió convertir al tonto del pueblo en un santo. La cosa funcionó porque la gente empezó a considerar al pueblo como objetivo a visitar (en realidad iban a ver al santo que pronto empezó a hacer milagros) y aquello remontó. Ante la afluencia de gente las autoridades no tuvieron más remedio que hacer accesos adecuados y el turismo basado en el territorio (no en el santo) empezó a recuperarse. Todo absolutamente verídico excepto algunos detalles que he cambiado. La historia no es exacta a la del “Guadalix desconocido” pero ambas se basan en un montaje falso.


Cuando intento hacer comprender a mis alumnos que la intervención sobre el territorio puede ser estrictamente mental sin mover un árbol o una piedra siempre parto del hecho de considerar que dicha intervención necesita de una base real que, de alguna forma, se destaca, se enmarca, se colorea mediante una forma de ver distinta. En realidad eso es lo que hace el artista, decirle al común de los mortales: esta piedra también se puede ver de esta forma y al hacerlo así me produce una emoción especial que espero también te la produzca a ti. El engaño no existe ya que la piedra existe y la emoción que le produce al artista también (se supone). El que luego, a los demás, también nos produzca esa emoción se puede deber a muchas cosas: empatía con el artista, mimetismo social, sugestión publicitaria, emoción verdadera, etc. El siguiente paso es, sencillamente, quitar la piedra. Ahora sólo está el lugar y la historia del artista. Es el caso de tanto sitios que se visitan porque se trata de lugares donde se desarrolla la acción de una novela o de una película. La emoción no está en el sitio sino en la novela o la película. Y ese sitio nunca sería objeto de atención sino existiera esa historia inventada. Hasta aquí nada parece rechinar. El último paso consiste en decir que allí existe una piedra aunque, en realidad, no haya ninguna piedra. Es el caso de “Guadalix desconocido” o la historia de Antonio Elizalde. Parece que aquí si se ha traspasado un límite. Que éticamente sea más o menos reprobable dependerá de la ética de cada uno, de la finalidad que se persiga y de la magnitud del engaño. Para algunos de nosotros, sea cual sea la finalidad que se persiga y la magnitud del engaño, se trata siempre de una actuación inadecuada.


La diferencia, a veces demasiado sutil, entre destacar valores (ya existentes o creados) o inventárselos, la traspasan demasiadas veces las técnicas publicitarias y de marketing sea para vender una ciudad, un edificio, un cepillo de dientes, o un lugar turístico. Pienso que el trabajo que he comentado hoy, independientemente de otros aspectos académicos cuyo análisis correspondería a Ester Higueras, tiene la virtud de poner sobre la mesa un problema que se va agudizando cada vez más en nuestra sociedad: una tendencia imparable a confundir los hechos reales con fantasías. Una prueba evidente de que el síndrome de Peter Pan no afecta ya solamente a nuestra juventud (que va retrasando año tras año el tránsito de la adolescencia a la madurez) sino a la sociedad entera que no está dispuesta a reconocer los verdaderos problemas a los que ha de enfrentarse (cambio climático, consumismo, etc.) y que se distrae con banalidades propias de la fantasía social. Y es que las técnicas de manipulación de la realidad han llegado a tal sofisticación que, muchas veces, es complicado discernir si mis emociones son verdaderamente mías o corresponden a decisiones tomadas en lejanos despachos de psicólogos y publicistas.


Aquella frase que el equipo de “Guadalix desconocido” no ha tenido ningún problema en escribir en la memoria del trabajo (“Nuestra intervención está planeada principalmente sobre la opción de condicionar, orientar y manipular la voluntad del turista…”) no siempre se reconoce con igual sinceridad en otras instancias. Espero que ahora se entienda algo más mi preocupación porque los alumnos puedan llegar a deducir que todo vale. En cualquier caso considero la experiencia interesante y no solo por lo que se haya podido divertir el equipo sino porque, probablemente, la mejor forma de estar prevenido ante las manipulaciones es haber manipulado previamente. Eso sí, de forma experimental, en un contexto académico y siendo conscientes de su significado.


domingo, 14 de diciembre de 2008

Ecocity, manual para el diseño de ecociudades

El pasado día 2 de diciembre, en el marco de CONAMA se celebró la presentación del libro Proyecto ECOCITY, Manual para el diseño de ecociudades en Europa. Por desgracia, dada mi situación médica no pude asistir. Sin embargo, Carlos Verdaguer (uno de los redactores) tuvo la amabilidad de enviarme el libro. Como entiendo que tiene muchos elementos de interés he pensado que sería buena idea realizar algunos comentarios al respecto. Las ilustraciones que van sin referenciar están extraídas del libro o de la presentación de Carlos en el CONAMA.


Físicamente el libro se compone de dos volúmenes. El primero llamado “La ecociudad: un lugar mejor para vivir” y el segundo “La ecociudad: cómo hacerla realidad”. Aunque desde mi punto de vista tiene mucho más interés el segundo volumen que el primero voy a ser ordenado (por una vez y sin que sirva de precedente) y empezaré por el principio. El origen de todo fue un proyecto patrocinado por la Dirección General de Investigación de la Comisión Europea incardinado en el Quinto Programa Marco y titulado “Proyecto ECOCITY: Desarrollo urbano de estructuras adecuadas para el transporte sostenible (2002-2005)”. Como se puede deducir por el título, en principio el proyecto estaba encaminado a estudiar la relación entre estructura urbana y transporte sostenible. Digo “en principio” porque, como se puede leer en la propia introducción, este objetivo original se volvió mucho más ambicioso. Sin embargo, lógicamente, el énfasis se pone en los temas de transporte y movilidad. El libro fue publicado originalmente en inglés en el año 2005 y la presentación fue de la traducción al castellano.


El trabajo se basa en el análisis de siete ejemplos prácticos: la ecociudad de Bad Ischl (Austria), el ecobarrio de Trinitat Nova en Barcelona (España), el ecobarrio de Gyor (Hungría), la ecociudad de Vuores en Tampere (Finlandia), el proyecto de regeneración urbana ecológica de Trnava (Eslovaquia), el proyecto de regeneración urbana ecológica de Tubinga-Derendingen (Alemania) y el ecobarrio de Umbertide (Italia). Como se puede observar ejemplos muy diferentes y que, aparentemente, poco tienen que ver unos con los otros y que no tengo claro hasta que punto permiten extraer generalizaciones. Sin embargo según explican Isabela Velázquez y Carlos Verdaguer en el prólogo a la edición en castellano este es, precisamente, uno de sus valores más importantes:


“…cada uno de los proyectos se ofrecía como un magnífico campo de pruebas para un enfoque alternativo en relación con las tipologías y ámbitos convencionales: desde los desarrollos de baja densidad en un entorno forestal representados por el proyecto de Vuores, en Finlandia, o la propuesta ex novo de Bad Ischl, en Austria, hasta un proceso de remodelación urbano en el tejido consolidado de una capital europea como Barcelona, en el caso de Trinitat Nova, pasando por los proyectos de regeneración urbana de Gyor o Trnava o las combinaciones de actuaciones en suelo recuperado y suelo virgen de Umbertide y Tubinga. La necesidad de abordar realidades tan diversas con criterios e instrumentos de intervención y de evaluación comunes, extrayendo en todo momento pautas y enseñanzas para su aplicación en el ámbito europeo, es lo que le ha otorgado su carácter inédito al proyecto, al margen de cada uno de los planes individuales.”

¿Cualquier cosa puede llamarse ecociudad?
Lilypad, a floating ecopolis for climate refugees
De la web de Vicent Callebaut

En el primer capitulo se intenta caracterizar la ecociudad. En este blog ya hemos hablado bastante de ecoaldeas. Ahora le llega el turno a las ecociudades. Ya en su momento no parecía muy claro que era eso de una ecoaldea y lo mismo me pasa ahora con la ecociudad. En realidad, más que una definición es una aproximación a una idea. Por lo menos esa es la impresión que produce cuando se lee que “la idea fundamental es que una ecociudad debe estar en equilibrio con la naturaleza. Esa situación puede alcanzarse mediante modelos de asentamiento que garanticen la eficiencia desde el punto de vista energético y espacial, y vengan acompañados de sistemas de transporte, flujos de materiales, ciclos de agua y estructuras de hábitat cuyos parámetros se ajusten a los objetivos generales de sostenibilidad”. Me alegra sobremanera que, por fin, la palabra “eficiencia” que vengo manteniendo como clave en todo este tipo de procesos desde hace por lo menos ocho años se vaya introduciendo, no como un baldón neoliberalista sino como un objetivo a conseguir.

Whyalla EcoCity, de la pag. 252 del libro de Paul F. Downton
"Ecopolis: Architecture and Cities for a Changin Climate"

Probablemente empiecen a proliferar en demasía las expresiones “eco” referidas a la ciudad o al barrio. Por ejemplo, Paul F. Downton acaba de publicar recientemente un libro titulado Ecopolis: Architecture and cities for a changing climate en el que define su Ecopolis como una ecociudad (ecocity) basada en los principios de justicia social y democracia directa. Sencillamente para contrastar las diferencias voy a reproducir las cuatro proposiciones que sustentan la idea de Ecopolis. Primera: Ciudad-Región, las ciudades región determinan los parámetros ecológicos de la civilización. Segunda: Conocimiento integrado, el concepto de ecociudad genera el deber de integrar los conocimientos existentes. Tercera: Cambio cultural, la creación de una civilización ecológica requiere un cambio cultural consciente y sistemático. Cuarta: Fractales urbanos, los proyectos ejemplares proporcionan un medio para catalizar el cambio cultural. Quizás habría que explicar un poco el término “fractal urbano” porque no tiene nada que ver con otras aproximaciones con la de Batty y Longley en su libro Fractal Cities. Para Downton sería una red que contiene las características esenciales de la red más amplia que es la ciudad. Cada fractal contiene nodos y patrones de conectividad que definen su organización y presentan características asociadas a los procesos vitales. Una especie de microcosmos que representa el macrocosmos urbano y regional.

Imagen del libro de M. Batty y P. Longley
"Fractal Cities", Academy Press, 1994

He mencionado el libro Ecopolis sencillamente para destacar algunas carencias que veo en el trabajo sobre Ecociudades. Básicamente las que se refieren a la integración del conocimiento y todo el campo de la teoría de la información, sobre las que el proyecto pasa de puntillas pero que, cada vez más, se va viendo que van a ser esenciales en el devenir de la sostenibilidad. También todo el tema del cambio cultural y los mecanismos que lo han de posibilitar. En momentos como los actuales (imposibles de prever en el momento que fue escrito el libro) están cambiando muchas cosas por la fuerza de los hechos. El consumo por el consumo en muchas familias está dando paso a una cierta necesidad de reparación y mantenimiento de los objetos cotidianos, por la sencilla razón de que falta dinero para cambiar una lavadora, un enchufe o un automóvil que fallan. Esta necesidad llega hasta el punto que alguien ha inventado “el marido por horas” que no es lo que parece en principio, sino (como puede verse en la foto que hice de un anuncio pegado sobre un armario de regulación de tráfico de mi barrio) una persona que repara cosas a domicilio. Bien, este anuncio tiene también una segunda lectura (acerca de cómo la figura del macho ha quedado relegada a la realización de las labores más sencillas de la casa o, de cómo no es necesario soportar a un marido a todas horas y para siempre sino que se puede alquilar para labores puntuales).

Marido por horas
Imagen tomada en mi barrio el 9/12/08

El caso es que habría que aprovechar las condiciones actuales para propiciar un cambio cultural imprescindible si se quiere abordar verdaderamente la cuestión de la sostenibilidad. Porque lo cierto es que, como en muchos otros sitios, al final todo descansa en el término “sostenibilidad”. Y este aspecto es uno de los que menos me gustan del trabajo. En realidad, no he conseguido averiguar de forma explícita en qué consiste la “sostenibilidad” para los redactores del libro (porque implícitamente está en todos los criterios y objetivos, por supuesto). Lo que más se aproxima es el concepto de “Desarrollo sostenible” que se incluye en el apartado de definiciones.

Las tres patas de la sostenibilidad
De Punto Focal de Residuos de Cantabria

El volver al Informe Brundtland a estas alturas cuando se ha avanzado tanto desde entonces no parece muy positivo. Sobre todo cuando entre los años 2002 a 2004 en el grupo de trabajo sobre “Sustainable Urban Design” de la Unión Europea en el que trabajé junto a José Miguel Fernández Güell ya había quedado claro que el concepto de desarrollo sostenible había sido sobrepasado y que la sostenibilidad era algo más que una simple relación contable con la naturaleza, siendo lo problemas sociales el eje sobre el que debía gravitar el concepto (sin embargo fue materialmente imposible sustituir la expresión “desarrollo sostenible” por la de “sostenibilidad” en el documento final que redactaron Robert Thaler y Gabriele Langschwert a pesar de que en nuestro informes parciales lo intentamos). Tampoco ayuda a la comprensión de la actual complejidad del asunto el hecho de volver sobre las tres patas de la sostenibilidad: ecología, economía, sociedad, que se ha venido utilizando como un recurso pedagógico que simplifica la explicación, pero que también deforma la idea que es holística y compleja. Probablemente en un libro como este que tiene una fuerte carga didáctica se integre de forma natural pero no termina de convencerme.

Portada del informe final del grupo de trabajo
sobre “Diseño Urbano Sostenible” de la UE

Aunque desde mi punto de vista este primer volumen tenga puntos discutibles, sobre todo en lo que se refiere a los conceptos generales, presenta un indudable interés por el estudio de casos que hace en el apartado 4 y, sobre todo, en los objetivos a conseguir por una ecociudad y su relación con la planificación. Aquí si entiendo que se encuentra la verdadera aportación de este primer volumen. Cuando se plantean las características de una ecociudad los redactores se centran en dos casos específicos que resumen, de forma perfecta, la mayor parte de objetivos a conseguir. Estos casos son: la ciudad de las distancias cortas y la ciudad con densidad cualificada.


“La primera de ellas, Ciudad de distancias cortas, ocupa una posición central, ya que está fuertemente vinculada con el objetivo final del Proyecto ECOCITY. Asimismo, guarda una estrecha relación con el desarrollo urbano (Ciudad como red de barrios urbanos), la elección del área de actuación —preferiblemente cerca del centro de la ciudad o de un subcentro— (Ciudad accesible para todos) y el alto potencial de desarrollo de un sistema de transporte público atractivo (Ciudad de desarrollo concentrado en las zonas adecuadas). Es preciso volver a integrar las zonas residenciales con los lugares de trabajo y prever una amplia dotación de equipamientos que den respuesta a las necesidades diarias de la población (Ciudad con una mezcla equilibrada de usos) dentro de un tejido urbano denso (Ciudad con densidad cualificada). De esta manera, se promueve la accesibilidad a través de medios de transporte ambientalmente compatibles (Ciudad para los peatones, los ciclistas y el transporte público, y Ciudad accesible para todos), se reduce la dependencia del vehículo privado (Ciudad con un estilo de vida sostenible) y por ende el volumen del tráfico motorizado. Esto hace descender los niveles de ruido y contaminación atmosférica (Ciudad saludable, segura y con calidad de vida) y permite generar áreas de uso común que ofrecen amplias posibilidades para el disfrute y donde la circulación de vehículos a motor provoca leves o nulas alteraciones (Ciudad con espacios públicos para la vida cotidiana).”


“La segunda de las características seleccionadas, Ciudad con densidad cualificada, implica un consumo de suelo menor, gracias —entre otras cosas— a la elevada densidad de la estructura urbana y a la recuperación de suelos (Ciudad con la mínima demanda de suelo). Esta característica se convierte en una condición básica para la instalación de redes eficientes de calefacción centralizada, alimentadas con biomasa (virutas de madera) o biogás, por ejemplo (Ciudad con el mínimo consumo de energía), pero también fomenta la diversidad social y favorece un alto grado de interacción humana (Ciudad con espacios públicos para la vida cotidiana). Al mismo tiempo, la densidad está supeditada a la necesidad de espacios abiertos (Ciudad con zonas verdes integradas), a los requisitos impuestos por la gestión de los flujos pluviales e incluso a la introducción de sistemas para el tratamiento in situ de las aguas residuales (Ciudad que contribuye a mantener cerrado el ciclo del agua). Otros condicionantes son el aprovechamiento del soleamiento y la luz natural (Ciudad saludable, segura y con calidad de vida, y Ciudad bioclimáticamente confortable) y la orientación específica de los edificios para conseguir la máxima superficie de exposición a los rayos solares —uso pasivo a través de las fachadas a sur— (Ciudad con el mínimo consumo de energía).”


También es muy importante el énfasis que se pone en el proceso de participación en la planificación. Por supuesto que se trata de otro de los elementos clave en la creación de una ecociudad. En este sentido fue de bastante ayuda el estudio del caso de Trinitat Nova en Barcelona, en el que intervino GEA21. Una de las cosas que se destacan en el libro es la necesidad de entender la participación, no como un conjunto de actividades puntuales o momentos concretos de intervención de los vecinos y los actores implicados, sino como un proceso iterativo relacionado con todas y cada una de las fases del plan o proyecto.


El segundo volumen probablemente sea el más interesante para todos aquellos que se dediquen a la planificación de una u otra forma. Para dar una cierta idea de las propuestas e ideas que se plantean me voy a centrar en la explicación de los capítulos cuatro y cinco. En primer lugar se estudian las diferentes fases del planeamiento como un proceso interactivo en el que el ámbito de la planificación y el de la comunidad se relacionan en procesos de convergencia y divergencia. También, algunos de los instrumentos existentes explicando su interés desde el punto de vista de planificar una ecociudad. Por ejemplo, el método de maximización ambiental desarrollado por Kees Duijvestein o el método EASW (European Awareness Scenario Workshops). Ya en el capitulo cinco el análisis de la eficiencia local del transporte o la herramienta NetzWerkZeug sobre diseño sostenible en red.


Sin embargo, desde mi punto de vista, la parte más interesante es la que se refiere al inventario de objetivos y medidas. El inventario se estructura en cinco apartados: contexto regional y urbano, estructura urbana, transporte, flujos de energía y materiales y aspectos socioeconómicos.


El contexto regional y urbano consta de dos apartados: entorno natural y entorno construido. El entorno natural tiene tres subapartados: procurar la protección del entorno paisajístico y sus elementos naturales; hacer un uso sostenible del paisaje circundante como recurso económico y social; y planificar de acuerdo con las condiciones climáticas, topográficas y geológicas del lugar. El entorno construido otros tres: fomentar una estructura urbana policéntrica, compacta y orientada al transporte público; estudiar las posibilidades de concentración y descentralización de las redes de suministro y de los sistemas de eliminación de residuos; y promover el uso, la reutilización y la revitalización del patrimonio cultural. Cada subapartado se completa con una serie de recomendaciones que no voy a reproducir por no alargar demasiado el artículo.

Evaluación, estructura urbana

La estructura urbana incluye seis apartados: demanda de suelo, usos del suelo, espacios públicos, paisajes y zonas verdes, confort urbano y edificación. A los espacios públicos he dedicado una parte importante de este blog y se ha discutido bastante en los comentarios. ¿Qué elementos destaca del libro de los espacios públicos? En realidad no demasiados. Si los vemos conjuntamente con el confort urbano, el paisaje y las zonas verdes que, desde mi punto de vista deberían formar todos parte del mismo grupo aparecen los siguientes elementos: proporcionar espacios públicos atractivos para la vida cotidiana, teniendo en cuenta el potencial de vitalidad urbana, la legibilidad y la conectividad de las formas de organización espacial utilizadas; integrar los elementos y los ciclos naturales en el tejido urbano; procurar un alto nivel de confort diario, estacional y anual en los espacios exteriores y, por último, minimizar los niveles de ruido y contaminación atmosférica.

Dibujo extraído de Global Warming

El tercer elemento se refiere al transporte que, precisamente, estaba en el origen el trabajo de investigación. Curiosamente sólo aparecen tres apartados. El primero se refiere a modos de transporte no motorizados y transporte público. El segundo está dedicado al transporte motorizado individual y el último trata del transporte de mercancías.

Evaluación, aspectos socio-económicos

El cuarto grupo está dedicado a los flujos de energía y materiales: energía, agua, residuos y materiales de construcción. El quinto se refiere a los aspectos socioeconómicos: cuestiones sociales, economía y costes. He detallado mucho más los elementos que se refieren a entorno y estructura urbana porque son los que más me interesan personalmente, pero los demás están tratados con el mismo nivel de detalle. Por último se propone un cuestionario de autoevaluación como herramienta destinada al equipo responsable del proyecto que consta de 18 preguntas relacionadas con el contexto regional y urbano, estructura urbana, transporte, flujos de energía y materiales, aspectos socioeconómicos y procesos. Esta herramienta está pensada para determinar “si los planes redactados y las soluciones planteadas se adecuan a los principios y a los objetivos de la ecociudad”.


Ecociudades, ecopolis, ecocities, ecobarrios… Parece que lo “eco” ha llegado por fin a la planificación urbana. En algunos casos (como el del libro que estoy comentando o el Plan Especial de Indicadores de Sostenibilidad Ambiental de Sevilla) con bases sólidas sobre las que iniciar una discusión, y en otros como simples argumentos de venta o de moda. Me preocupan los segundos. Sobre todo porque asimilando la palabra y haciéndola parte de un sistema que tiene los días contados, puede poner piedras en un proceso que se adivina imparable. Y estas piedras lo único que hacen es contribuir a que los efectos perversos del sistema actual alcancen con sus “efectos colaterales” a un mayor número de damnificados. En resumen, un libro en dos volúmenes que hay que leer despacio, porque incluye bastantes ideas y algunas propuestas interesantes lo que, dado el panorama actual (ciertamente penoso) constituye una agradable sorpresa.