domingo, 31 de enero de 2016

Internet y análisis del paisaje

Los sistemas de obtención de información y de creación de estereotipos visuales colectivos han sufrido una auténtica revolución al aparecer las nuevas tecnologías. En concreto, en lo que se refiere a las imágenes y a la fotografía. Millones de fotos circulan por internet diariamente a través de Google, Whatsapp, Flickr, Instagram, Facebook o Twitter. Fotos realizadas por personas corrientes, no profesionales, que van cambiando la forma de mirar poniendo el acento, por muchos y variados motivos, en determinados elementos del paisaje distintos a los tradicionales. Ya insinuaba en un artículo anterior: a las formas de mirar de siempre hay que añadirle otras nuevas. Pero hoy no voy tratar los cambios en la creación de estereotipos visuales, un tema inmenso que está esperando que aparezca una lluvia de trabajos al respecto, sino Internet como fuente de información para análisis del paisaje.

Millones de fotos viajando por Internet  nosoloios

Hace unos días, uno de mis doctorandos (ya doctor) Ignacio Bisbal leyó su tesis doctoral titulada El estudio del paisaje por medio de la fotografía. Por supuesto no voy ahora a intentar resumir un trabajo imposible de reducir a unos párrafos pero en las páginas 292 y siguientes habla de la cartografía de Eric Fischer. Y esta mención me va a servir de disculpa para plantear algunas cuestiones. Para ser más conciso voy a reproducir un párrafo de la tesis: “En 2010, Eric Fischer diseñó un algoritmo en lenguaje de programación Perl que permitía trasladar los metadatos de georreferenciación de archivos EXIF GPS de imágenes obtenidas de los API de Flickr y Picasa a una cartografía OpenStreetMap situando un punto georreferenciado en el mapa de acuerdo con la localización indicada en el metadato correspondiente a cada imagen y una línea que une dos puntos próximos entre sí en tiempo y espacio realizados por el mismo autor, marcando por tanto un recorrido de un fotógrafo”.

Eric Fisher: localizaciones europeas de Flickr y Twitter  flickr

El caso es que aplicó este algoritmo por una parte a 99 ciudades y por otra a 135 de forma que creó dos álbumes. Con el permiso de Ignacio sigo con la tesis: “El primero, denominado Geotaggers’ World Atlas, muestra la distribución de puntos sobre los planos de 100 lugares del mundo (99 ciudades y el Gran Cañón del Colorado) (…) El plano presenta cuatro colores: el amarillo es la base cartográfica que marca la red viaria; los otros colores representan tipos de movilidad basada en los estudios de Fruin (1992) de acuerdo con la velocidad aparente del movimiento (…): negro para caminantes, rojo para bicicletas, azul para vehículos a velocidad media y verde para vehículos a alta velocidad. Los planos están ordenados en el álbum de acuerdo con el número de imágenes que se han tomado en cada lugar (Barcelona ocupa el puesto número 6, Madrid el 15, Sevilla el 62, Granada el 64 y Bilbao el 86). El período abarcado fue desde mediados de 2002 hasta 2010, si bien la gran mayoría de las imágenes son del período que va desde mediados de 2008 a 2010”.

Eric Fisher: The Geotaggers' World Atlas #15: Madrid  flickr 
 Señalar en la imagen para verla más grande

El segundo, denominado Locals and tourists, pretende diferenciar entre residentes y turistas. El criterio adoptado es un tanto discutible ya que considera como turistas a aquellos que realizan sus fotos en un período menor de un mes y residentes a aquellos que superan este período. Los primeros los marca con puntos azules y los segundos con puntos rojos. Los casos dudosos aparecen en amarillo. Lo que hace Fischer es simplemente cartografiar sin más. Pero no usa datos estadísticos ni analiza, sino que sitúa todos los puntos sobre el plano. De todas formas con esta base cartográfica de Fischer se han hecho, posteriormente, bastantes trabajos de interpretación. En la tesis se mencionan unos cuantos que van, desde la estimación de las tasas de visitas hasta las relaciones con los topónimos. Si alguien está interesado esperemos que Ignacio publique pronto su trabajo y se puedan consultar las referencias.

Eric Fisher: Locals and Tourists #17 (GTWA #6): Barcelona  flickr
 Señalar en la imagen para verla más grande

Sin embargo, también dice que ha encontrado pocos trabajos relativos al tema desde el punto de vista de percepción del paisaje. Cualquiera que haya visto, aunque sea de forma muy superficial, alguno de ellos, podrá entender el tremendo potencial analítico que encierran. Por supuesto que requiere trabajo y conocimientos al respecto, no sólo de paisaje, sino también de tratamiento de datos, funcionamiento de la informática, repositorios de fotos, buscadores y, probablemente, equipos multidisciplinares que permitan abordar esta cuestión con garantías. Pero tampoco hay que desanimarse. Se pueden probar técnicas que permitan abrir nuevos caminos con muy escasos medios y al alcance de un investigador que trabaje en solitario. Incluso de los estudiantes. Os recomiendo que leáis un artículo que publicó en este blog en el año 2008 Domenico di Siena titulado “Internet para la investigación”, o el de María Datseri del año pasado titulado “Plazas urbanas, su imagen turística”.

Internet contiene una ingente cantidad de datos  itproportal

Voy a explicar un par de trabajos realizados con pocos medios, y en los que a pesar de haber recurrido al uso de datos casi al alcance de cualquiera, se han obtenido resultados de interés. Resultados que sería necesario validar, pero su importancia no reside, de momento, en las conclusiones obtenidas, sino más bien en los caminos que abren todo un conjunto de nuevas técnicas que, en definitiva, se apoyan en la utilización de la ingente cantidad de información disponible en Internet, que está a la espera de que alguien la use de forma inteligente. Los ejemplos son del curso que acabo de terminar este semestre en la asignatura que imparto en el máster de nuestro departamento y que se titula La protección del Patrimonio Urbano y del Medio Natural. Se trata de trabajos de pocos créditos y que se hacen de forma individual. A pesar de que utilizan una técnica parecida (búsqueda, clasificación y análisis de imágenes puestas a disposición de todo el mundo en Internet) sus objetivos son muy distintos.

Los vecinos en contra del proyecto  fotoperiodismouv

El primero es de Leticia Alcalde y se titula Cabanyal, una imagen virtual. El Cabanyal es un barrio de la ciudad española de Valencia objeto de una virulenta polémica entre los vecinos y autoridades, ya que se quería prolongar la Avenida de Blasco Ibáñez a través del tejido protegido de este antiguo pueblo de pescadores. Esta prolongación suponía, como se destaca en el trabajo, “el desplazamiento de 1200 familias, el derribo de 1651 viviendas integradas en 500 edificios, de los cuales, un centenar estaban catalogados por el PGOU y la modificación de la estructura urbana histórica”. Después de fuertes enfrentamientos entre vecinos, técnicos y políticos, y de una batalla legal que llegó a las más altas instancias, el Ministerio de Cultura del gobierno español decide que existe expolio y exige al ayuntamiento de Valencia la modificación del planeamiento aprobado con objeto de salvaguardar el patrimonio protegido.

El Cabanyal alberga un valioso y singular patrimonio edificado  eldiario

Pero más allá de la disputa vecinal y legal lo que pretende averiguar Leticia es si existe una correspondencia entre el patrimonio protegido legalmente y su imaginario virtual. Las cuestiones de paisaje urbano, y más cuando se refieren a patrimonio protegido, son muy complejas de abordar. Puede leerse también en el blog el trabajo de mi alumno Antonio Antequera publicado el año pasado y que se titula “Defender el patrimonio identitario” donde plantea el tema de lo que llama “patrimonio invisible” o el de la identidad. En el resumen que hace Leticia del trabajo (mis alumnos presentan los trabajos en forma de artículo para una revista de investigación o comunicación para un Congreso) se lee: “El barrio valenciano del Cabanyal está reconocido como Conjunto Histórico debido a su particular y valioso patrimonio. En 1993 su casco histórico fue declarado Bien de Interés Cultural (BIC). La presente comunicación tiene por objeto una aproximación a la imagen del Cabanyal en la red y a la observación de la existencia de relación entre dicha imagen y el patrimonio protegido por dicha declaración”.

Imágenes totales consideradas en el trabajo
 Cuadro del trabajo de Leticia Alcalde

Para conseguir este objetivo se valió dos motores de búsqueda y dos plataformas para compartir imágenes. Los motores fueron: Duckduckgo que no utiliza información del usuario, e Ixquick que no recopila ni comparte información de búsqueda. Respecto a las plataformas, utilizó: Pinterest (una especie de tablón virtual), y Tumblr que permite publicar imágenes a modo de blog. Al introducir la palabra Cabanyal obtuvo una serie de imágenes cuyo número se detalla en el cuadro de arriba. De estas separó, en primer lugar, aquellas que tenían relación con el patrimonio urbano que, a su vez, clasificó aplicando seis criterios: imágenes de fachadas de un único inmueble, de varios, de un conjunto, históricas, de elementos ornamentales y otras como árboles. Luego, a partir de los porcentajes de clasificación eligió los elementos del patrimonio con mayor representación y los cartografió para ver si coincidían con elementos protegidos por el BIC. Lo más complicado fue la georreferenciación de las imágenes porque no siempre estaban localizadas y, en algunos casos, tuvo que recurrir a street view para hacerlo (incluso parte del antiguo trabajo de campo se puede hacer ahora sin ir al sitio).

El Cabanyal, imagen icónica del barrio  wikipedia

Al terminar el trabajo Leticia escribe lo siguiente: “A modo de conclusión, se puede decir que no es ninguna minucia el que de un total de 283 fotografías, un poco más de la mitad correspondan al patrimonio. Existe una fuerte vinculación del Cabanyal con su estética, su forma y la cultura que se ha gestado a lo largo del tiempo. Aunque no se trata de una afirmación totalmente rigurosa y sustentada no hay que olvidar que el caso de estudio corresponde a un barrio y no a una ciudad o región. Asimismo, se ha de destacar la variedad de imágenes del patrimonio y la escasa, pero no por ello poco relevante, repetición de éstas. Es decir, la puesta en relieve de la composición arquitectónica y ambiental del Cabanyal supone una variedad y riqueza que también queda plasmada en la red. Lo que convierte una ventana de Internet en un pequeño museo o expositor de la riqueza patrimonial del lugar escogido”.

Pueblo y salinas de Añana  tripadvisor

El otro trabajo que quería mostrar hoy es de Carolina Noriega y se titula Salinas de Añana: búsqueda de su imagen en Internet. Lo que intenta su autora es ver si existe en Internet un referente virtual consolidado de estas espectaculares salinas. Se trata de un tema muy complicado por el tipo de objeto estudiado. Así como determinados paisajes de perfiles potentes son fáciles de reconocer los de salinas, en general, no. Estas salinas se encuentran en el llamado Valle Salado, uno de los lugares más impactantes del País Vasco situado a una media hora de Vitoria-Gasteiz. Se trata de salinas de interior y se encuentran cercanas a los pueblos de Artiega y Salinas de Añana. Fue declarado monumento histórico-artístico en el año 1984 (justo un año antes de aprobar la actual ley del Patrimonio Histórico Español) y cuenta con numerosos premios nacionales e internacionales. En el año 2013 su protección se adapta a la nueva ley y se declara Bien de Interés Cultural.

El turismo es una de las actividades más importantes  ananaturismo

La Fundación Valle Salado de Añana impulsa su recuperación, basada en parte en la comercialización de la sal que se orienta a nuevos productos tales como escamas de flor de sal o sal minera de manantial utilizados en la alta cocina, pero sobre todo, volcándose en su atractivo turístico. El turismo es, por tanto (como en tantos otros casos del patrimonio heredado) la vía principal de conservación y mantenimiento de estas salinas. Se hacen recorridos turísticos y se deja que el turista trabaje la sal. Pero, antes que cualquier otra cosa, el turista hace fotos. En algunos casos como recuerdo y en muchos otros como forma de mostrar a las amistades (y al mundo en general) que han estado allí. Las preguntas serían: ¿Qué se fotografía de las salinas de Añana? ¿Existe alguna imagen predominante que nos permita afirmar que “yo he estado allí”? El trabajo de Carolina pretendía dar respuesta a estas preguntas buscando entre miles de imágenes que se pueden encontrar en Internet.

Salinas de Añana, vista desde el mirador  bideoak2

Ha utilizado seis plataformas: Panoramio, Google Imágenes, Twitter, Facebook, Flickr e Instagram. Dice Carolina en su trabajo: “Podemos diferenciar dos categorías principales: las que son redes sociales y las que no lo son. Twitter, Facebook e Intagram componen el grupo de redes sociales y cualquiera de las tres sirve para compartir fotos y videos (con mensaje acompañado o no) al resto de usuarios. Por otro lado, Panoramio, Google Imágenes y Flickr, no son redes sociales pero almacenan, ordenan y comparten las fotografías e imágenes tomadas de lugar visitado. Primero hay que obtener la cantidad de fotos que aparecen en los diferentes buscadores cuando se realiza la búsqueda de Salinas de Añana. Tras cuantificar el número total de las mismas, y en base a ciertas cualidades de las imágenes, se vuelve a cuantificar de nuevo pero esta vez, las que recojan elementos del paisaje del valle salado”. No detallaré el proceso seguido, pero como consecuencia del mismo se obtienen resultados de bastante interés que, por supuesto, habría que confirmar mediante otro tipo de técnicas.

Imagen resultante final combinación de todas las plataformas
 Cuadro del trabajo de Carolina Noriega

Las conclusiones las analiza por plataformas y luego las unifica. Del cómputo global se deduce que hay dos elementos que predominan de forma muy importante: la panorámica general (que suele incluir el paisaje circundante), y la arquitectura de las eras. Ni la sal, ni los salineros ni el pueblo tienen demasiada relevancia (casi ni anecdótica). Hay que señalar que la autora no ha encontrado diferencias significativas entre las seis plataformas que ha estudiado, quizás con la excepción de Facebook en la que los salineros adquieren algo de importancia a costa de la arquitectura de las eras que la disminuye. En cualquier caso, no parece que un único estereotipo sea el encargado de construir la imagen virtual de las Salinas de Añana, sino que son dos casi en igualdad de condiciones. Por una parte, la panorámica general incluyendo el paisaje circundante y, por otra, la arquitectura de las eras que, probablemente, sería la imagen a elegir desde el punto de vista del marketing de estas salinas como producto turístico, al introducir un elemento diferencial que no necesita ser explicado.

Eras de las salinas de Añana  SantiNeira

Las técnicas de investigación sobre paisaje urbano y natural, patrimonio, arquitectura y conjuntos históricos, cuentan con una serie de nuevas fuentes de información que hacen posible conocer mucho más profundamente la realidad subyacente. Claro que ello no invalida las más tradicionales como encuestas o entrevistas en profundidad, bien a la población en general, a turistas o a expertos. Estamos necesitados, además, de teorías que nos permitan ir algo más allá del mero análisis de una situación existente. Dado que, muy probablemente, los sistemas de transmisión de imágenes digitales están revolucionando la forma en la que construimos los arquetipos visuales, deberíamos también estar en condiciones de conocer esta evolución en tiempo real. A la pintura, la fotografía, los periódicos y revistas encargados tradicionalmente de construirlos, se añadieron primero el cine y luego la televisión. Habría que empezar a pensar si hoy, frente a los sistemas tradicionales y por primera vez en la historia, no es la propia sociedad la que está construyendo de forma directa estos imaginarios colectivos, a base de hacer circular millones de fotos y vídeos de un lugar a otro del planeta.


Notas:
  1. Los planos de Eric Fisher se pueden encontrar en este enlace.
  2. Artículos del blog relacionados y que se citan:Internet para la investigación;Las plazas urbanas, su imagen turística; Defender el patrimonio identitario.

domingo, 3 de enero de 2016

Competitividad territorial

Hace unos días estuve en Bilbao en el tribunal de una excelente tesis doctoral titulada La Smart City como imaginario socio-tecnológico: la construcción de la utopía digital. Su autor es Manuel Fernández y el director Imanol Zubero. Se leyó en el departamento de Sociología y Trabajo Social de la Universidad del País Vasco y espero que se publique pronto. Pero en el artículo de hoy no voy a tratar este tema ya que probablemente lo haré más adelante con ocasión de su publicación. Simplemente me va a servir de pie para centrarme en uno de los aspectos que trata la tesis. Cuando en la tercera parte plantea el análisis discursivo de la Smart City, Manu se refiere a nueve mitos que va estudiando uno a uno: el mito de la eficiencia operativa, el de la sostenibilidad, el de la competitividad, el de la integración, el de la simplificación, el de la neutralidad del dato, el de la despolitización, el de la suficiencia tecnológica y el de la deseabilidad intrínseca.

Construcción de la utopía digital  lasallebcn

Al leer la tesis destaca la importancia de la competitividad en la construcción del relato de la Smart City. Cuando analicé este apartado resurgieron mis antiguas querencias empresariales y pensé que sería interesante escribir algo sobre el tema. Por supuesto, relacionándolo con el territorio que es uno de los argumentos del blog. Así que, como ayuda para escribir el artículo, me dediqué a poner al día algunas ideas sobre competencia territorial. En la tesis se aportan muchos ejemplos del lugar destacado de la competitividad en la construcción de la utopía urbana digital, pero sólo voy a reproducir (sobre todo por lo poco difundido del trabajo) el que se refiere al Plan Nacional de Ciudades Inteligentes del Ministerio español de Industria, en el que se puede leer que el objetivo último es contribuir al desarrollo económico “maximizando el impacto de las políticas públicas en TIC para mejorar la productividad y la competitividad, y transformar y modernizar la economía y sociedad española mediante un uso eficaz e intensivo de las TIC, por la ciudadanía, empresas y administraciones”.

Plan Nacional de Ciudades Inteligentes  ministur

Este tema de la competitividad territorial es bastante confuso y difícil de resumir pero voy a intentarlo. Empezó en el ámbito de la empresa y fue evolucionando desde la primitiva concepción de Adam Smith para el que la competencia provenía de las diferencias “naturales” entre naciones que les permitían producir bienes a menor costo, hasta llegar a Porter que a finales de los años ochenta del pasado siglo introduce el concepto de ventaja competitiva. La ventaja competitiva la deriva del tamaño de la aglomeración, la diferenciación del producto y la innovación tecnológica. A pesar de que en estos enfoques las naciones tenían un papel esencial, la base era empresarial. Eran las empresas las encargadas de aprovecharse de las diferencias “naturales” y el tamaño de la aglomeración. También de propiciar la innovación y diferenciación del producto. Entre Adam Smith y Porter me he dejado por el camino otros autores como, por ejemplo, David Ricardo que introduce el tema, siempre conflictivo, de la productividad.

Ventaja competitiva  empresariados

Aquellos interesados en la cuestión de la competitividad empresarial pueden encontrar resúmenes de la evolución del concepto en varias publicaciones. En las notas finales incluyo algunas referencias que se pueden leer gratuitamente. El origen se encuentra en la competencia entre empresas aunque pronto se relaciona con ámbitos nacionales. Sin embargo, en la década de los noventa del pasado siglo XX, de esta competencia entre empresas y naciones se pasa a la competencia entre regiones y ciudades, destacando la importancia del entorno local. ¿De qué forma influye este entorno local a la hora de conseguir una mayor competitividad? Aunque existen bastantes posturas distintas, en la mayor parte de los casos irreconciliables, suelen destacarse dos elementos determinantes: la productividad y la calidad de vida. Ambos han dado lugar a controversias y discusiones sin fin. Y todavía hoy, probablemente no esté suficientemente claro el marco en el que nos movemos.

¿Las ciudades más conectadas serán más productivas?  lowcarbon

De todas formas, para algunos autores, los factores no se pueden resumir tan escuetamente. Ondategui y Gama, en un artículo que aparece referenciado en las notas finales, dicen: "Y, según Castells (1996) en este proceso de globalización, 'la competitividad ya no depende de los recursos naturales o energéticos, de la base industrial tradicional, de la posición geográfica, de la acumulación de capital o de la voluntad política de un estado protector'. Para Borja y Castells la productividad dependerá del funcionamiento eficiente del espacio urbano-regional, de su inserción en los sistemas de comunicación, de la buena información de los agentes económicos, de la cualificación de los recursos humanos, de la posibilidad de un proteccionismo exportador, de la eficacia y transparencia de las instituciones, de las acciones políticas aplicadas al territorio y de la definición y preparación de un proyecto de región (conocimientos, infraestructuras científicas y tecnológicas, planes urbanos) o ciudad."

Al parecer la competitividad ya no depende de los
 recursos naturales o energéticos  minutoya

Si repasamos la bibliografía, no siempre se concluye que calidad de vida y competitividad estén relacionadas de forma determinante. En los casos más radicales sólo se le da importancia a la productividad. El problema es que, aunque el concepto de competitividad empresarial está bastante estudiado y definido, no se puede trasladar directamente puesto que los objetivos de una empresa y de un territorio no parecen los mismos. De todas formas también hay que considerar que cuando se habla de competitividad territorial se suelen mezclar tres ámbitos diferentes: el de las naciones, el de las regiones y el de las ciudades. Aunque ya en párrafos anteriores hemos mencionado a las naciones, muchos de los elementos con los que se intenta caracterizar a la competitividad territorial se refieren precisamente a ellas cuando la realidad es que no son aplicables ni a las ciudades ni a las regiones debido a muchas razones pero, sobre todo, a las relacionadas con el poder político. Además, y esto lo trataremos al final, el comportamiento es diferente según el tamaño y población del territorio.

El programa LEADER de la UE busca mejorar la
 competitividad del territorio rural  somontano

Pero las cosas se complican todavía más si se plantean otras cuestiones que podríamos denominar colaterales al tema. Así sucede si añadimos algunas palabras concretas a la expresión "competitividad territorial". Por ejemplo, la palabra rural, respecto a la que la UE y su programa LEADER dijeron muchas cosas en su momento. O turística, con todo el tema de los destinos asociados a las redes. También se utiliza a veces la palabra sostenible, así cuando Canzanelli habla de soste-competitividad. O el desarrollo económico local, esta vez referido a los procesos endógenos y limitados. También la salud, así se suele hablar de ciudad sanas y competitivas (?) Y podríamos aumentar el ruido si planteamos las relaciones entre competitividad y competencia. Incluso si añadimos todo el campo de la planificación estratégica. Pero me voy a tratar de centrar en el análisis clásico y para ello voy a seguir la pirámide de Lengyel que, por su claridad, también utilizan otros autores. Aunque para algunos sea excesivamente esquemática, ordena con bastante coherencia los elementos más importantes.

La pirámide de Lengyel  del artículo referenciado
 Señalar en la imagen para verla más grande

De cualquier forma el tema es controvertido ya que los problemas no sólo proceden de los factores elegidos sino también de la indefinición de algunos términos. Como se puede ver en la figura de arriba, en la cima aparece la “calidad de vida” que es el objetivo último a conseguir. Y aquellos que siguen el blog ya saben las dificultades que encuentro siempre que me tropiezo con esta expresión y lo nervioso que me pongo al mencionarla. Los indicadores que nos definen en la práctica el concepto varían casi tanto como los autores. Van desde la esperanza de vida o el índice de suicidios, hasta otros más sutiles como ¡la felicidad! Se puede hablar del tema desde un punto de vista económico, social o psicológico. Y si no está claro el objetivo a conseguir ya se pueden comprender las dificultades para señalar el camino. Pero vamos a presuponer que el tema de la “calidad de vida”, “estado de bienestar”, y otros similares está resuelto, con lo que podemos centrarnos en los supuestos elementos de qué dependen.

Incluso se elaboran índices subjetivos de calidad de vida
 como este de Numbeo. Verde más calidad rojo menos  europapress

Así como en la parte superior de la pirámide hay un único elemento, en la inferior vemos hasta ocho: estructura social, económica, actividades de innovación, centros de decisión, accesibilidad, formación de la mano de obra, entorno e identidad regional. Estos elementos configuran los cinco factores que determinan las posibilidades competitivas del territorio: investigación y desarrollo, capital humano, inversión extranjera, pymes e instituciones y capital social. Esta forma de organizarlos engloba bastantes cosas aunque se diferencia, por ejemplo, de la que en párrafos anteriores hacían Borja y Castells. Pero si se repasa la bibliografía veremos que hay bastantes más propuestas que pueden dar lugar a índices de competitividad distintos. Incluso algunas recurren a técnicas de análisis multivariante para obtener factores críticos. Si a todo esto sumamos las dificultades estadísticas, inherentes a los ámbitos territoriales, nos encontramos ante un panorama complejo difícil de sistematizar.

Los ocho elementos de la base  del artículo referenciado

Pero se puede intentar. Ibarra-Armenta y Trejo-Nieto agrupan todos estos estudios en tres grandes bloques. El primero, formado por aquellos que entienden esta competencia como un mecanismo de mercado en el que “las actividades económicas se distribuyen a través de las regiones”. El segundo, tiene que ver con las posibilidades de atraer inversión al territorio considerado “reduciendo o minimizando el nivel impositivo o creando preferencias impositivas”. Y el tercero, que busca aumentar la competitividad promoviendo de una forma u otra la región, haciéndola más atractiva y deseable para el inversor: “De forma similar, Gordon (1999) describe la competencia como una mera estrategia de promoción de las regiones y no necesariamente como un proceso de creación de capacidades competitivas”. En este punto tendría que plantear la cuestión de las relaciones entre competitividad y competencia pero me llevaría por otros caminos que distraerían del objetivo principal.

Seminario de Barcelona  pdfconclusiones

Y eso que también voy a dejar de lado la cuestión de la llamada “cohesión social” y su relación con la competitividad. En marzo de 2015 se celebró en Barcelona un Seminario sobre competitividad territorial  y cohesión social en el que se enfrentaban los dos argumentarios territoriales de la UE (solo faltaba la desigualdad). Como resultado se firmó por "los alcaldes, alcaldesas, presidentes, presidentas y representantes políticos de la metrópolis europeas", una declaración llena de tópicos tal y como corresponde al resultado de este tipo de reuniones. Destaca, sin embargo, el punto cinco por su concreción: “Solicitar a la Unión Europea un trato diferencial en la gestión de los recursos del presupuesto europeo para el período 2014-2020 y post 2020, especialmente respecto a la gestión de los Fondos Estructurales y de Inversión y el Fondo Europeo de Inversiones Estratégicas (Plan Juncker)”. No quiero se mal pensado pero tal parece que este era el objetivo más o menos oculto.

Segunda mesa redonda del seminario de Barcelona  pdfconclusiones

El seminario se organizó en torno a cuatro ejes: competitividad, gobernanza, cohesión social y cooperación. No me resisto a reproducir los ítems del apartado competitividad: "Fomentar la innovación urbana y las Smart Cities, reequilibrar la economía de las metrópolis a nivel territorial y sectorial, potenciar las ciudades secundarias y distribuir la economía, ser atractivo como territorio y atraer economías basadas en el conocimiento, garantizar un desarrollo urbano sostenible y eficiente, mayor financiación estatal y de la Unión Europea hacia las metrópolis, los flujos de la economía son cada vez más inter-metropolitanos y menos interestatales". De acuerdo, todas las palabras-clave juntas: innovación, Smart Cities, reequilibrio, desarrollo sostenible, economías basadas en el conocimiento y flujos inter-metropolitanos. Si las vais salpicando en vuestros textos seréis políticamente correctos hasta el paroxismo. Prefiero no reproducir los epígrafes que corresponden a la cohesión social pero si añadís a las palabra anteriores la de: fragmentación social, participación ciudadana, educación, calidad de vida y bottom-up, ya tenéis el ideario completo.

La expresión “cohesión social” tan querida en la UE nos
 permite proponer imágenes tan enternecedoras como esta   iuic

Lamento haber sido tan obscuro en el tema de hoy y poco conclusivo pero cuando hablamos de competitividad es complicado separar la retórica de lo esencial (a veces me parece que todo es retórica menos el poder del dinero). También siento no haber dedicado más que dos párrafos a la cuestión de la cohesión social, al parecer tan importante en la UE, y que suele enfrentarse al termino puro y duro de competitividad para dulcificarlo, pero trataré de abordarlo otro día que esté menos sarcástico y más positivo. Podría resumir toda la digresión contenida en párrafos anteriores en unas líneas. El concepto de competitividad, tan claro en el ámbito empresarial, se vuelve casi incomprensible cuando se convierte en la expresión “competitividad territorial”. Y esto se debe a razones análogas a las que expliqué en su momento en el artículo de abril sobre "Identidad y marca ciudad", y también a que hay muchas capas superpuestas que impiden establecer un discurso coherente. Veamos algunas de estas capas.

Los países, las regiones, las ciudades en pugna
por venderse en un mercado global  sinoconcep

En primer lugar, la que se refiere al propio concepto, su objetivo último y los caminos para llegar a conseguirlo. Lo que sea calidad de vida es susceptible de diferentes interpretaciones y, además, no está claro que sea realmente el fin perseguido. En segundo lugar, porque muchas veces se mezclan los ámbitos al referirse al territorio: no es lo mismo competitividad territorial nacional, urbana o regional. En tercer lugar resulta que la dimensión también varía: una región o una ciudad global no pueden perseguir los mismos objetivos que una ciudad media o pequeña y, por tanto, las estrategias y las posibilidades no deberían de ser las mismas. Sería también necesario advertir que la pretensión de muchas ciudades de conseguir ser globales y crecer y crecer de forma indefinida está, en bastantes casos, en contradicción directa con la necesidad de incrementar (o, por lo menos, mantener) la “calidad de vida” de sus habitantes. Que, en teoría, debería ser el objetivo último de todo este montaje. Por otra parte, en un contexto en el que hemos sobrepasado la biocapacidad del planeta en buena parte debido a los intercambios energéticos, de mercancías y de personas, deberíamos cuestionar muy seriamente este objetivo de muchas ciudades y regiones de convertirse en globales.

Burgos, ¿necesita ser una ciudad global?  burgosciudad21

Aparte de que las que no consigan este objetivo se podrían considerar “ciudades de segunda” (secundarias según la nomenclatura del seminario mencionado anteriormente), ciudades que han fracasado en el noble empeño de venderse mediante una adecuada campaña publicitaria. Y eso sin contar con que si, además, no son Smart Cities deberíamos hablar de ciudades estúpidas. Es decir, que los cientos de miles de ciudades no globales tendrían sobre sí el estigma de ser ciudades secundarias (y, en su caso, estúpidas) al servicio de las de primer orden. En resumen, ciudades fracasadas. Y ello a pesar de que sus habitantes no encuentren trabas para su desarrollo físico o mental, o sean más felices que los de esas ciudades de éxito tan inteligentes. Esta es la consecuencia de un sistema que pretende crear una identidad competitiva para que se lucren determinadas multinacionales de cuyo nombre no quiero acordarme. Bueno, ya he conseguido terminar hablando también del mismo tema con el que empecé el artículo: ciudades "inteligentes". En fin, habría que dedicar mayores esfuerzos a las ciudades pequeñas y a las intermedias, las realmente generadoras de desarrollo económico local y la base de un futuro posible de este planeta. Pero esa ya es otra historia menos competitiva.



Notas. He procurado que todas las referencias del texto se puedan obtener de forma gratuita en Internet (lo suelo hacer siempre que puedo). Los artículos y ponencias mencionados han sido los siguientes:  
  • La pirámide de Lengyel citada en muchos sitios tiene su origen en un artículo publicado en el nº 3, año 2004, de la revista Acta Oeconomica (pp. 323-342) titulado “The pyramid-model: enhancing Regional Competitiveness in Hungary”. El pdf se puede obtener gratuitamente en este enlace. Pero una revisión mejor explicada también se puede encontrar, esta vez aplicada a las regiones de los países europeos en transición de la Europa central, en otro artículo de Lengyel, I. y Rechnitzer, J. publicado en el número de verano del año 2013 en Macrotheme Review (pp. 106-121) titulado “The competitiveness of Regions in the Central European Transition Countries”. Podéis encontrarlo en este otro enlace.
  • Un excelente acercamiento al estudio de la competencia territorial y sus diferentes enfoques se puede encontrar en el artículo de Cristina Isabel Ibarra-Armenta y Alejandra Berenice Trejo-Nieto titulado “Competencia territorial: Un marco analítico para su estudio” publicado en el número 44, año 2014, de la revista Economía, Sociedad y Territorio, vol. XIV (pp. 49-78). El pdf en este enlace.
  • Sobre el tema de indicadores hay muchos trabajos. Me ha parecido interesante por resumir muchas cosas el artículo de Julio César Ondategui y Rui Gama titulado “Competitividad territorial y sistemas de innovación: una propuesta de indicadores a escala urbana” publicado en Coimbra en el nº 21/23, años 2002-2004, de la revista Cadernos de Geografía, (pp. 105-113). Se puede conseguir gratuitamente en este enlace.
  • Aunque en el artículo me he referido más bien a las ciudades y regiones, respecto a la competitividad territorial en el ámbito rural podéis leer el Cuaderno 6, fascículo 1 del Observatorio Europeo LEADER publicado en el año 1999 titulado “Competitividad territorial. Construir una estrategia de desarrollo territorial con base en la experiencia de LEADER”. El enlace para bajar el pdf es este. Si lo que os interesan son los indicadores relacionados con la competitividad territorial en el ámbito rural podéis leer en este enlace el artículo de Consuelo del Canto Fresno titulado “Nuevos conceptos y nuevos indicadores de competitividad territorial para las áreas rurales” publicado en el nº 20, año 2000, de la revista Anales de Geografía de la Universidad Complutense, (pp. 69-84).

martes, 1 de diciembre de 2015

Paisaje y paisajes

Hace tiempo que no dedico ningún artículo al paisaje. Pero como la semana pasada he tenido que explicar el tema en la asignatura de protección del patrimonio, he decidido retomar unas ideas que desarrollé en su momento para la licenciatura de Ciencias Ambientales, y ampliarlas un poco. Por cuestiones relacionadas con el plan de estudios a esta licenciatura de segundo ciclo (que ya no se imparte) venían alumnos de todas las ingenierías pero no de arquitectura, lo que era un problema si pretendía explicar el paisaje desde el punto de vista de su belleza y, por tanto, subjetivo. Y es que la formación impartida en las ingenierías está bastante alejada de disquisiciones estéticas. Pero esta dificultad me encantaba porque me permitía organizar una interesante discusión con los alumnos. Porque existen diferentes formas de acercarse al tema según la disciplina de que se trate. Así, entre otras muchas, se habla de arquitectura del paisaje, geografía del paisaje, ecología del paisaje o incluso, fotografía del paisaje.

Existe un concepto corriente (no disciplinar) de paisaje
 Uno de los top de “paisajes” en Google  wallpaperup

Todos estos intentos de abordar el tema son, en principio, igualmente lícitos, aunque no necesariamente se encuentran cercanos al concepto corriente (no disciplinar). Se podría afirmar que el paisaje de un geógrafo, de un ecólogo o de un arquitecto, no es exactamente el mismo que el del resto de los mortales. Y, además, es diferente según cada una de las disciplinas implicadas. En la 22ª edición de su diccionario, publicada en 2001, la Real Academia Española ofrece hasta tres acepciones del término paisaje, de las cuales las dos primeras tienen un interés directo para nosotros. Por una parte aparece definido como extensión de terreno que se ve desde un sitio, y por otra como extensión de terreno considerada en su aspecto artístico. De la tercera también pretendo escribir algo en un próximo artículo, ya que se trata de una pintura o dibujo que representa cierta extensión de terreno. Es decir, relacionada con la creación de arquetipos y la propia formación del concepto.

Extensión de terreno que se ve desde un sitio  misimagenesde

De este diccionario ya se puede consultar en línea la llamada Edición del Tricentenario en la que cambia un poco la definición que se propone para estas tres acepciones pero, desde mi punto de vista, no en todos los casos para mejorarlas. Así la primera, extensión de terreno que se ve desde un sitio, se convierte en parte de un territorio que puede ser observada desde un determinado lugar. La segunda, extensión de terreno considerada en su aspecto artístico, en espacio natural admirable por su aspecto artístico. Y la tercera, pintura o dibujo que representa cierta extensión de terreno, en pintura o dibujo que representa un paisaje. Me he detenido en precisiones terminológicas (aunque puedan resultar pedantes) porque me van a permitir centrar el tema de forma bastante rápida. A lo largo del artículo veremos que es sencillo deducir que hay dos elementos clave al manejar el concepto vulgar de paisaje: la necesidad de que alguien observe y la belleza del territorio observado.

Extensión de terreno considerada en su aspecto artístico  cntraveller

Pero antes de seguir adelante voy a ser todavía algo más pedante. Si nos fijamos en la segunda acepción del diccionario actual, extensión de terreno considerada en su aspecto artístico,  no parece que existan demasiados problemas a la hora de ponerle un adjetivo. Así, si la extensión de terreno es una ciudad podemos hablar de paisaje urbano. Si se trata de campos cultivados estamos ante un paisaje rural. Y en el caso de un bosque virgen (eso que no existe en Europa) podemos hablar de paisaje natural. En la edición del Tricentenario esta acepción se convierte, como hemos visto, en espacio natural admirable por su aspecto artístico. Entonces resulta que, según la nueva edición, este aspecto artístico sólo puede ser aplicado a “un espacio natural”. Vaya por Dios, la que ha liado el pollito. Si la utilización del “aspecto artístico” en lugar de “aspecto estético” ya era cuestionable en la edición actual como he comentado en otros artículos, la nueva nos impide hablar de un paisaje urbano o rural en su “aspecto artístico” ya que dicha acepción solo la podemos aplicar a los espacios naturales.

Espacio natural ¿admirable por su “aspecto artístico”?  mvieira

Es decir, que para los espacios urbanos o rurales solo podríamos utilizar la primera acepción de parte de un territorio que puede ser observada desde un determinado lugar. Claro que un territorio se puede observar con diferentes objetivos, algunos muy concretos. Por ejemplo, para medirlo ¿esta observación sería paisaje? O para calcular su valor en euros ¿También sería paisaje? O para estudiar la posibilidad de convertirlo en vertedero ¿También esta observación sería paisaje? Además existe una cierta contradicción en la segunda acepción de la versión del Tricenteario. Puedo entender que exista intencionalidad artística en algunos paisajes urbanos ¿Pero en uno natural? ¿Quién pone dicha intencionalidad? ¿El Sumo Hacedor? ¿La Pachamama? Por supuesto que hay una percepción estética por parte del observador, pero arte implica, en general, la existencia de un artista que comunica. En fin, que si ya esta acepción de la 22ª edición tenía problemas, la actual parece que no la mejora.

Un paisaje se ve, se contempla, se admira
 El banco más bonito del mundo, Ortigueira  amanso

Dejando aparte el tema de que los redactores de la ponencia sobre el término paisaje deberían de revisar sus propuestas, parece evidente que desde el punto de vista del común de los mortales el término paisaje está íntimamente relacionado con la observación. Parece inherente al término la actividad de contemplación. Un paisaje “se ve”, “se contempla”, “se admira”. Incluso según la nueva edición del diccionario de la RAE “se huele” o “se toca” ya que el término ver es sustituido por el de observar lo cual está bien. En todo caso, si la componente emocional es muy fuerte “se siente” o “emociona”. Normalmente estas son las expresiones que se utilizan cuando alguien se encuentra ante algunos de los paisajes más tópicos como puede ser la puesta de sol en un panorama natural o la vista de un pueblecito en la ladera de una montaña. Esta actitud de observar es el primer elemento básico a considerar.

Salvador Dalí, "Muchacha en la ventana", fragmento  algaida

Por tanto se podría decir que un paisaje existe siempre y cuando exista un observador. Lo que no significa que todos los observadores contemplen el paisaje de la misma manera. El robledal que hay a la salida del pueblo no tiene el mismo interés para los niños que van a jugar, que para el dominguero que va a comer la tortilla a la sombra de sus árboles. No lo “observan” igual. Es decir, no buscan las mismas cosas en ese territorio. De los dos elementos que implícitamente plantea el diccionario de la Real Academia, el observador y el territorio observado, resulta que el segundo es bastante irrelevante al lado del primero. Esto es así ya que de forma imprescindible es necesaria la existencia del observador. Sin observador no hay paisaje. Hay una extensión de terreno, claro. Pero es que, además, este observador es el que decide sobre el interés o no de lo observado. En realidad, en el caso del paisaje, sobre su belleza.

Otra forma de ver el paisaje (más alimenticia)
 Picnic en el parque  merseyparkprimary

Esto nos lleva directamente al centro del problema. Podremos hacer descripciones absolutamente perfectas, precisas, de lo observado. Y estas descripciones pueden incluir no solamente su apariencia formal, sino incluso el conjunto de relaciones que subyacen bajo esta apariencia y que nos permiten entender su funcionamiento, tal y como hacen los ecólogos cuando hablan de fenosistema y de criptosistema. Todo esto está muy bien y es muy científico. Un geógrafo nos podrá describir de una forma magistral las relaciones del hombre y el medio que han producido los cultivos en terrazas. O un biólogo la importancia de un biotopo específico para poder conservar los únicos ejemplares que quedan de una araña determinada. O un arquitecto la morfotipología de una manzana. Es decir, habrán descrito geográficamente, biológicamente o urbanísticamente un territorio. ¿Pero esto es lo que entendemos por paisaje cuando nos desprendemos de nuestras capas disciplinares?

 Ecología del paisaje, matriz agrícola  AnalGeogr

O dicho de otra forma ¿Qué es lo que incluye un paisaje si dejamos de lado todas estas explicaciones? Básicamente, una valoración subjetiva. Y precisando todavía más, una valoración estética. Es decir, un paisaje es bonito o feo. No es caro o barato, necesario o superfluo. Cuando decimos bonito o feo lo estamos apreciando estéticamente. Lo estamos comparando con un canon de belleza que guardamos todos en lo más profundo de nuestro ser, derivado de cada experiencia personal y cultura. Aunque el canon varíe entre generaciones o entre sociedades. Incluso de un individuo a otro dentro de la misma sociedad, o para cada individuo concreto según su estado de ánimo o la época de su vida. Pero a pesar de todo, en el fondo, estamos convencidos de que existen determinadas áreas territoriales, urbanas, rurales o naturales que deberían ser preservadas no por ser la muestra de una cultura o por representar la identidad de un colectivo sino, sencillamente, por ser bellas.

Hay paisajes que deberíamos preservar por su belleza
 Bolivia, el salar de Uyuni  bootsnall

Y esto se reconoce incluso en toda la legislación de protección en la cual el término paisaje siempre va asociado a la palabra belleza. Así en el art. 30 de la ley de Patrimonio Natural y Biodiversidad: "Los Parques son áreas naturales, que, en razón a la belleza de sus paisajes, la representatividad de sus ecosistemas o la singularidad de su flora, de su fauna o de su diversidad geológica, incluidas sus formaciones geomorfológicas, poseen unos valores ecológicos, estéticos, educativos y científicos cuya conservación merece una atención preferente". En este caso, por ejemplo, los paisajes se defienden por su belleza, los ecosistemas por su representatividad o la fauna y la flora por su singularidad. Pero esta asociación entre paisaje y belleza no está sólo en la Ley de Patrimonio Natural, está en toda la legislación española de protección, incluso también en el caso del patrimonio arquitectónico o el urbano.  

La literatura también ha creado paisajes que necesitan como
 cualquier otro un observador (lector) para existir  cibermitanios

Si la noción vulgar de paisaje está relacionada con un constructo estético, todo paisaje sería un paisaje cultural. Por tanto, el término paisaje con el añadido “cultural”, aunque se suele aplicar al patrimonio antrópico, sería una redundancia. Parece clara la idea de que el elemento fundamental para que exista un paisaje es que exista un observador que se ponga en actitud contemplativa ante un territorio. Y que esa actitud contemplativa tenga que ver con valores estéticos. Pero también se puede hablar de “paisajes literarios” que sólo están en la mente del escritor y de los lectores. Pero el objeto de la contemplación, aunque literario, debería ser un territorio. Se puede hablar también de paisajes que se ven, se oyen o se huelen, aunque no se correspondan con territorios reales. No sólo existen paisajes literarios creados por un escritor, también existen paisajes dibujados y paisajes virtuales que surgen de las posibilidades de los nuevos medios técnicos. Incluso paisajes creados manipulando realidades existentes (de esto saben mucho los paisajistas y los arquitectos).

Imagen virtual creada por ordenador ¿paisaje?  8z4

Por ejemplo, la trilogía que escribió Dolores Redondo sobre el valle del Baztán ha cambiado la percepción del valle para mucha gente. El paisaje del Baztán ya nunca será el mismo para sus lectores. Lo mismo que nunca será igual París después de haber leído "Rayuela" de Cortázar. En el año 2007 publiqué un artículo en este blog titulado "Quintana de Vivos e Quintana de Mortos" para ver cómo cambiaba en mis alumnos la percepción de ese espacio maravilloso de las Quintanas de Santiago de Compostela después de haber leído algunos datos sobre el significado de dicha plaza y contar una historia real que me sucedió en ella. Pero también se puede estudiar el objeto. Es decir, esa extensión de terreno o esa parte del territorio (literaria, virtual o física) a la que se refiere el diccionario de la RAE. Y para ello, lo primero sería intentar diferenciar entre paisaje natural, rural y urbano. Aparentemente nos estamos refiriendo a objetos distintos: la ciudad, el campo, la naturaleza. El problema es que no es tan sencillo separar estos tres elementos en la mayor parte de los territorios.

Elizondo, valle del Baztan  bibliofilo

La casa de campo de Petrarca en Francia tenía dos jardines: el dedicado a Apolo que personificaba el control y la razón, y el dedicado a Baco que representaba la sexualidad y el instinto. Estos dos elementos parecen básicos para abordar el concepto de paisaje. La palabra lugar (el sitio), el topos griego, se refiere al paisaje natural como morada de los dioses. Ausente de toda geometría, tiempo y distancia y, aparentemente, incomprensible para los humanos. Frente al topos se suele señalar al locus como algo geométricamente determinado en el que existen el tiempo y la distancia. Cuando se funda una ciudad se intenta introducir la racionalidad, el control, frente a la naturaleza. Así, Rykwert afirma refiriéndose a la fundación de la ciudad de Roma que "la parte más importante de todo el rito fundacional, del que ahora me ocupo, era la apertura del sulcus primigenius, el surco inicial".

Apertura del "sulcus primigenius", fundación de Aquileia  eleri

Esta línea de separación entre lo que sería la ciudad y el resto del territorio, y a la que nos hemos referido en otros artículos del blog, era tan importante que los muros construidos siguiéndola eran sagrados mientras que las puertas (únicos elementos de conexión con el exterior) estaban sometidas a las leyes civiles. La narración de la fundación mítica de Cartago por la reina Dido, en el interior del recinto delimitado por la unión de las finas tiras de su capa, adopta una forma similar. Esta fundación inicial nace con vocación de mantenimiento, de permanencia. Muros, murallas, cercas o fosos, van a establecer la separación entre dos mundos y van a permitir conocer de forma inequívoca qué partes del territorio están ordenadas de forma distinta. El límite se vincula a la identidad. Existe un dentro y un fuera no pocas veces relacionados con regímenes legales y de dominio muy diferentes.

Ávila, murallas  sgc

Dentro de estos límites, la sociedad urbana construye un orden diferente del exterior. Manipula el espacio para dar lugar a unas estructuras distintas. Esta manipulación no es, inicialmente, gratuita, sino que responde a motivaciones más o menos conscientes. Para la sociedad urbana se trata, por una parte, de convertir un espacio natural cuyo comportamiento le resulta difícil de predecir en un medio mucho más fácil de comprender, de relaciones conocidas y que genere un espacio de certidumbre para llevar a cabo el conjunto de actividades que la definen como tal sociedad: domesticar, en el más preciso sentido de la palabra, la naturaleza. Lo cual, como sabemos requiere mayor consumo de energía, pero esa es otra historia (¿o no?).

La ciudad como utopía del Paraíso perdido
 “El paraíso” Cosmografía Universal 1559

Históricamente llega un momento en que las cercas y las murallas desaparecen. Es  un momento muy importante en la historia de la Humanidad aunque, a veces, no seamos muy conscientes de ello. Si hasta la aparición del automóvil, y aún sin cercas ni murallas, la extensión de la ciudad estaba razonablemente controlada, este control desaparece cuando la práctica totalidad del territorio es accesible para el sistema urbano al generalizarse el uso del vehículo privado. Se produce entonces un auténtico acorralamiento de la naturaleza que se bate en retirada. Hasta tal punto que, en muchos lugares, esta naturaleza virgen o no hollada ha desaparecido. En los años setenta del siglo XX, el ecólogo español Margalef dijo que el único lugar no antropizado de la Península Ibérica eran poco más de 100 hectáreas en Isaba (Navarra).

Hayedo abetal de Aztaparreta en Isaba (Navarra)  ebaquero

En estas circunstancias, ¿qué sentido puede tener hablar de paisaje natural? En la Unión Europea la práctica totalidad de los paisajes son paisajes antropizados. La mayoría muy antropizados. La confrontación entre el paisaje natural y el urbano en muchos lugares del mundo ya no existe. Lo que existe es una gradación entre la urbanización más dura y las escasas reservas naturales. Incluso hasta el llamado paisaje natural está controlado artificialmente (visitas y accesos restringidos, sistemas de vigilancia vía satélite, control de incendios, etc.). El límite entre la ciudad y la naturaleza ha desaparecido ¿Y qué decir del paisaje rural cuando lo rural, en realidad, se ha convertido en una industria más? ¿Los cultivos bajo plástico son paisaje rural? ¿Son paisaje rural las modernas construcciones donde está estabulado el ganado? ¿Los silos y almacenes de cereal? ¿Las grandes presas y los pantanos? Parece como si el objeto que se observa, sea mental virtual o físico,  no sea lo importante. Lo importante es “como” se observa.

El paisaje de los cultivos bajo plástico ¿rural? 
 Invernaderos en El Ejido (Almería)  wikimapia

Y ahí es donde está, realmente, la verdadera diferencia. Ya hemos visto que parece inherente al término paisaje la actividad de contemplación. Un paisaje “se ve”, “se contempla”, “se admira”. Normalmente estas son las expresiones que se utilizan cuando estamos ante un bosque o un alegre riachuelo que discurre serpenteante por el valle. Pero, en una calle, en una plaza o en un jardín normalmente “se está”, “se pasa”, “se entra”, “se sale”. Uno se comporta de una forma u otra según la parte de la ciudad en la que se encuentre. Es decir, actúa, asume un rol determinado que, en muy contadas ocasiones, es el de espectador ajeno al lugar. Es por esto que normalmente la expresión adecuada al territorio urbano no suele ser la de paisaje urbano sino más bien la de escena urbana. En ella desarrollamos nuestro rol de ciudadanos. Se trata del medio en el que actuamos, en el que vivimos. Solo en muy contadas ocasiones (por ejemplo, cuando nuestro rol es de turistas) contemplamos un paisaje urbano.

La escena urbana, el lugar en el que desarrollamos
nuestro rol como ciudadanos  circulaseguro

Por tanto, el objeto urbano puede entenderse con escena urbana (lugar donde el ciudadano desarrolla su rol cívico) o paisaje urbano (cuando este rol es el de contemplación). Lo normal es entender  los espacios más urbanos como escena porque los usamos como ciudadanos, mientras que un turista suele ponerse en actitud de espectador y verlos como paisaje. Por supuesto que la escena urbana tiene que estar adecuadamente diseñada para que el ciudadano pueda cumplir su rol cívico. Pero no tiene necesariamente porque ser bella para cumplir esta función. Y esta es la razón de que el objeto sí tenga importancia. En un territorio muy urbano nos resulta mucho más difícil dedicarnos con ahínco a la contemplación estética. Pero eso no significa que no lo podamos hacer. Por tanto, esa extensión de terreno de que habla el diccionario de la RAE, aunque sea una ciudad, también puede ser considerada como paisaje. Eso sí, a medida que el territorio está menos antropizado más sencillo nos resulta asumir el rol de admirar su belleza al ir disminuyendo su función como escenario en el que se desarrolla nuestra vida diaria.

El paisaje urbano, la ciudad como territorio de la belleza
 Amanecer en Venecia, San Marco, piazzetta  imgur

Ya he explicado en diferentes artículos del blog que un paisaje además de la belleza puede tener otros muchos atributos también muy importantes. Por ejemplo, aquellos relacionados con la historia, los recursos económicos, la identidad o las relaciones ecológicas. Lo que da lugar a enfoques más especializados, distintos del corriente que es sobre el que he escrito hoy. Y esto significa enriquecer el concepto porque lo vuelve complejo. Pero aquellos que nos dedicamos de una forma u otra al estudio o a la intervención en el paisaje no deberíamos nunca perder de vista que, cuando cualquier persona sin filias ni fobias disciplinares habla de paisaje, no está pensando en lo mismo que un ecólogo, un paisajista, un geógrafo, un arquitecto, un urbanista o ingeniero. Lo que no quiere decir que, en el fondo, si rascamos la capa disciplinar que nos recubre, cuando alguien nos pregunta por los paisajes que recordamos, se nos ilumine la belleza de algunas cosas: de un atardecer en las Torres del Paine, de la vista de La Alhambra desde el Albaicín, de las olas rompiendo en el faro de Corrubedo un día de tempestad, o de las casas de Cuenca colgando sobre la hoz del Huécar.