domingo, 24 de marzo de 2013

Los territorios del turismo

Entramos en período de vacaciones. En España se llaman de Semana Santa y en otros países de formas diferentes, pero son las que suelen marcar el fin del invierno. Estos días se producen cientos de miles de desplazamientos con el objetivo de “hacer turismo”. Estoy convencido de que el turismo es la actividad más insostenible que existe porque consiste en desplazar millones de personas a muchos kilómetros de su residencia durante unos días y traerlas de vuelta, no se sabe muy bien con qué objeto (se habla de explorar lo desconocido, conocer otras culturas, y cosas así). Pero claro, estos desplazamientos consumen energía, suelo, materiales, contaminan y perturban los ecosistemas. En este artículo no voy a intentar un alegato en contra del turismo, sobre todo porque somos el segundo país del mundo en llegadas turísticas y es casi el único sector económico que en la actualidad aporta ingresos a nuestra economía. Pero sí me gustaría reflexionar sobre algunas cuestiones relacionadas con esta actividad que afectan de forma importante a la planificación urbanística y ambiental de nuestros territorios.

Turismo insostenible, aeropuerto de Schiphol  Papel en blanco

Hace ya algunos años, en unas Jornadas celebradas en la ETSAM que tenían por título “La sostenibilidad en el proyecto arquitectónico y urbanístico” y en un taller que llevamos entre Margarita de Luxán, José Ricardo Pérez, y yo mismo, titulado Turismo sostenible, ecoturismo, llegamos a unas conclusiones muy parecidas a las que presenté en el Congreso de Turismo del Mercosur en el año 2002 en Tucumán:
  • La actividad turística, tal y como se entiende en la actualidad, es básicamente, insostenible.
  • Su única justificación, de carácter local, es ayudar a reequilibrar las rentas entre la población del lugar y la foránea.
  • El valor ambiental del territorio es siempre superior a su valor turístico y, por tanto, la actividad turística nunca debería impedir el mantenimiento a largo plazo de los valores ambientales.
  • El turismo no debería contribuir a distorsionar los valores culturales del sitio.
Pero hay muchos tipos de turismo y sería bueno precisar algo más. Podríamos agruparlos en dos apartados: uno, basado en los valores del territorio, culturales o naturales; y otro, relacionado con algunas actividades, sobre todo de entretenimiento, no dependientes del mismo (o, por lo menos, no directamente).

Territorios del turismo  La Republica

Al primero podríamos llamarlo turismo “anclado”, ya que se basa en los valores del sitio. Y al segundo, turismo “flotante”, porque su objetivo consiste en reunir a un cierto número de personas para que se diviertan (independientemente de donde lo hagan) olvidándose de su lugar de residencia. Este segundo tipo de actividad turística descontextualizada, para poder prosperar, depende de una serie de factores clave: la seguridad, el clima, los precios, las comunicaciones, la capacidad de acogida y la capacidad de gestión. Si se dan buenas condiciones para los seis puede plantearse una industria turística masificada, con una incidencia importante en la actividad económica de un país o de un área geográfica determinada. Se trata de un turismo muy volátil y especulativo, aparentemente deseable, pero que puede convertirse con el tiempo en algo imposible de controlar y gestionar.

Ibiza, Privilege, se supone la mayor discoteca del mundo  Vicious

Ello es debido a que se trata de un producto muy sensible a dos elementos básicos: los precios y la seguridad. Bajos precios y elevada seguridad fidelizarán a los numerosos visitantes y harán que su número se incremente paulatinamente. Si ambos factores se mantienen el tiempo suficiente, en un contexto climático adecuado, surgirán de forma casi automática unas comunicaciones eficaces y una alta capacidad de alojamiento. Pero si cualquiera de los dos primeros factores evoluciona negativamente las masas de turistas se desplazarán a otros lugares de igual clima, parecida seguridad (incluso inferior) y precios más bajos. Esto es exactamente lo que hace por lo menos diez años se viene vaticinando que ocurrirá en España ya que una parte importante de su turismo es un turismo de estas características. Parece que los responsables políticos empiezan a notar que algo está cambiando y que sería bueno plantear la posiblidad de reconversión.

Territorios del turismo  El Economista

De todas formas, el análisis de este turismo es muy complejo y no es el objeto del artículo de hoy. Le dedico unas líneas únicamente para intentar encuadrar el turismo basado en los valores del sitio. En este último caso se pueden distinguir, simplificando mucho, dos tipos distintos con potencialidades, requisitos y problemas muy diferentes: un turismo que podríamos llamar “cultural”, y otro “de naturaleza”. No es que la naturaleza no sea cultura y que los hechos del hombre no formen parte de la naturaleza, sino que con esta división simplemente intento diferenciar entre el conocimiento y disfrute de las obras humanas y de las de la naturaleza. Tampoco quiere decir que no se puedan producir ambos a la vez en el mismo territorio. Pero lo normal es que si el lugar cuenta con obras admirables de la creación humana tales como museos, catedrales o centros históricos (que suelen estar en sitios muy antropizados), no tenga panoramas naturales espléndidos, bosques vírgenes o ríos cristalinos.

Allá, a lo lejos, está la Gioconda (aparentemente)  Etreparisienne

Además, el denominado turismo cultural forma parte importante de la oferta turística europea mientras que el turismo de la naturaleza lo hace en muy escasa medida. Ello se refleja (como ya he denunciado en este mismo blog) en el intento de convertir el paisaje que es el sustento del turismo territorial o contextualizado en “paisaje cultural”. Es el panorama inverso al que se produce en buena parte de América y África. Las ventajas que presenta el turismo cultural son muy importantes. La primera es que cuenta con una altísima capacidad de carga. Las Meninas o La Gioconda se visitan aunque sea casi imposible su disfrute debido a la gran cantidad de gente que lo hace a la vez y aunque se vean delante de un cristal blindado y sólo durante breves minutos porque los que están detrás exigen rapidez para que la espera no sea eterna. El simple hecho de haber estado “en vivo” delante del cuadro es suficiente para la mayor parte de los turistas.

Para completar la visita de la mañana a La Gioconda 
 unas horitas en el Moulin Rouge por la noche Felixcasanova

Su principal ventaja es que se trata de un producto adecuado para casi todos (los viejecitos no tienen que trepar colinas disfrazados de exploradores). Sobre todo si luego por la noche se puede complementar la visita “cultural” con unas horas de can-can en el Moulin Rouge. Además es turismo urbano. Esto, que puede parecer baladí no lo es si lo que se pretende es que los habitantes se beneficien con la llegada del turista. Dado que el producto se encuentra en la ciudad, al turista no le queda más remedio que ir a ella y gastar en ella. Se trata, por tanto, de un turismo lleno de ventajas. Y por eso, países como Francia, España, Grecia, Egipto o Italia puedan plantearse el futuro en este campo con optimismo. Un país como España, con un medio natural prácticamente destrozado en sus zonas más valiosas por un planteamiento equivocado del turismo flotante, jamás podrá  pretender un turismo de naturaleza. Y cuando los problemas de seguridad dejen de afectar a los competidores las masas que buscan diversión a bajo precio, con seguridad y buen clima, se desplazarán a otros lugares. Pero si antes de que desaparezcan se consigue su reconversión en turismo cultural, probablemente esta fuente de ingresos se podrá mantener durante un tiempo.

Argentina, Mendoza, Rafting en el río Autel  Darío Granato

Pero aquellos lugares que no tengan la suerte de contar con una herencia cultural como la europea (propia o en “depósito”) sólo podrán ofrecer, o bien turismo flotante o bien turismo de naturaleza. El turismo de naturaleza comparte algunas de las características del turismo cultural pero presenta peculiaridades que lo convierten en uno de los productos turísticos de tratamiento más difícil y complejo. Probablemente la más importante es que el territorio no se puede trasladar. Si el territorio presenta elementos de interés, estos elementos sólo se pueden consumir “in situ”. Se cuenta entonces con una base sólida para poder ofrecer algo. Pero su principal diferencia es que su capacidad de carga (tanto ambiental como turística) suele ser baja o muy baja. Así como casi todo el mundo está dispuesto a ver La Gioconda entre decenas de turistas, no lo estaría si se tratara de una maravillosa puesta de sol en el lago Victoria. En este caso la existencia de algunos cientos más de acompañantes y el lago infestado de plásticos y botellas vacías de refrescos sería un problema importante.

Lago Victoria, Tanzania, Lukuba Island  Cananga

Además, los destinos de turismo de naturaleza suelen evolucionar según un modelo que, a menos que se controle, termina con una minusvalía muy importante de su naturalidad (que es la base de su valor turístico). El modelo que más suele utilizarse para su estudio está basado en las propuestas de Butler y Walbrook (1991) y Burton (1995). En él que se pueden distinguir una serie de períodos. Todo empieza con el descubrimiento de la zona por un pequeño número de turistas científicos. Los accesos son difíciles (normalmente a través de ríos o de vehículos todo terreno) lo que supone largos viajes, pero también un bajo impacto ambiental. Y todo termina cuando ya casi no se puede hablar de un turismo de naturaleza: aparece una red de caminos pavimentados, se construyen aparcamientos y hoteles, e incluso surgen desarrollos urbanos condicionados al establecimiento o no de figuras de protección. Todo este proceso pasa por diferentes etapas y, por fortuna, no siempre se llega a la última. Los territorios que están en las primeras fases son los más escasos y, por tanto, los que tarde o temprano, serán más valiosos.

El turismo de naturaleza pasa por diferentes fases  Cabalgando los Andes

Como puede comprenderse la capacidad de carga es muy diferente según el período evolutivo de que se trate. La comunidad residente debería de tener conciencia de en qué momento se encuentra su territorio y en qué estadio quiere parar la evolución del modelo. O establecer estrategias diferentes en lugares distintos de las áreas afectadas. Una parte muy importante del territorio europeo está en el último nivel. Es decir, que a Europa le resulta muy difícil ofrecer turismo de naturaleza en sus primeros estadios evolutivos. Para conseguir este tipo de turismo un europeo, en muchos casos, está dispuesto a recorrer grandes distancias y pagar altísimas sumas de dinero. Por ejemplo, por un safari fotográfico en el Tanzania un alemán está dispuesto a pagar 5.000 euros o más por diez días. En general, cuando se llega al último nivel, el turismo de naturaleza tiende a  convertirse en turismo flotante y el impacto sobre el medio es irreversible. Es lo que ha sucedido en muchos lugares de la costa española. La única salida es reconvertirlo en turismo cultural (si se está en condiciones de hacerlo, claro).

Safari en Tanzania  PlayadelCarmen

La otra cuestión es cómo conseguir que la comunidad residente pueda apropiarse de las plusvalías generadas por el uso de su territorio. Es decir, de qué forma puede conseguirse una trasferencia de rentas entre el habitante de Tanzania y el turista que viene de Berlín. Si la operadora turística y la companía aérea son alemanas, el hotel y la organización del safari son de Chicago y los 4x4 ingleses. ¿Qué queda para los residentes? Se trata de un nuevo colonialismo y, para muchos, tiene un nombre: “secuestro del territorio”. Son riesgos a controlar en el turismo de naturaleza:
  • Que acabe por convertirse en turismo flotante, sin la salvaguarda de un turismo cultural (también basado en el territorio) detrás.
  • Que se supere la capacidad de carga para que funcione en el estadio más conveniente según el tipo de interés que contenga ese territorio.
  • Que el control de lo que está sucediendo con el territorio pase de la comunidad y sus representantes políticos a las empresas turísticas y operadoras. Normalmente este tipo de empresas no atienden a los requerimientos del territorio y suelen tener muchas dificultades para pensar en los impactos (sobre todo en los irreversibles) que produce la actividad turística.
  • Que los beneficios obtenidos se desplacen mayoritariamente a otros lugares, en lugar de servir para aumentar la calidad de vida de los residentes. Como el territorio no se puede llevar sencillamente se secuestra. El problema es que muchas veces, una vez obtenido el rescate, el territorio secuestrado no es más que un cadáver.
Pero también hay beneficios. El turismo de naturaleza puede constituirse en el elemento catalizador de un desarrollo controlado de la economía local: como generador de empleo y como creador de riqueza. Nunca se debería plantear un turismo intensivo si la base es un territorio más o menos "virgen" con determinados valores ambientales. Ya que de lo contrario en un plazo muy corto de tiempo estas bondades desaparecen y, con ellas, la gente que resulta atraída por las mismas. Hay que planificar modelos de turismo más artesanales, con una utilización extensiva y controlada del territorio.

Migajas flolkclóricas para los residentes, el secuestro del territorio  El País

Otra ventaja es que, aunque el impulso necesario (al no existir externalidades de las cuales pudieran apropiarse los particulares) deba venir de la administración, se puede conseguir con un esfuerzo inversor muy pequeño y con unos gastos de explotación y mantenimiento mínimos. A pesar de ello, la actividad o actividades que se propongan han de ser interesantes también para la población local, de forma que si no se observa pronto una cierta afluencia de visitantes, por lo menos la inversión (aunque pequeña, siempre importante para la economía de la administración) no se pierda y pueda ser utilizada para mejorar las condiciones de vida de la comunidad. Una vez planteado lo anterior, estamos ya en condiciones de dar respuesta a una pregunta clave: ¿cuáles son las cuestiones básicas que posibilitan un turismo basado en la naturaleza sin deterioro del medio natural, o incluso de forma que pueda llegar a ser beneficioso para éste?

Artesanía mapuche Milvia Raquel en Picasa

En primer lugar resulta imprescindible controlar su evolución si se desea continuidad. El control se puede hacer de muchas formas pero, en cualquier caso, su finalidad última es la de mantener los valores del territorio. Para ello la sociedad puede valerse de diferentes técnicas: no abrir viarios, controlar de accesos, prohibir determinados usos del suelo, concienciar ecológicamente el visitante, etc. (incluso, directamente, mediante patrullas policiales de vigilancia). Sin embargo las más efectivas suelen ser las que prohíben la urbanización a determinados niveles y las que limitan los usos del suelo. En general las prohibiciones de urbanizar tienen que ser más estrictas cuanto menos antropizado esté el territorio. La experiencia de nuestro país nos enseña que los valores patrimoniales existentes en un territorio, ante la más mínima debilidad de las autoridades, terminan siendo apropiados por los particulares, se consumen en un plazo de tiempo muy corto y acaban por desaparecer de forma irreversible.

El parque nacional de Doñana vigilado por el Seprona La Información 
 Diez agentes de la Guardia Civil se encargan de su custodia

Frecuentemente se olvida que las limitaciones de uso del territorio siempre deben de hacerse de acuerdo con la población residente e intentando que ésta se beneficie de alguna forma. Resulta imposible el mantenimiento de limitaciones de uso si la población residente no está de acuerdo. En el caso de que no fuera posible que se beneficiara directamente de la actividad turística la sociedad debería compensarle. Otra cuestión importante a considerar es que no siempre coinciden los valores dignos de ser conservados desde el punto de vista de la ecología y los culturales del territorio (por ejemplo, el paisaje). Hay que recordar que el paisaje es un constructo cultural cuya belleza, en muchas ocasiones, está muy alejada de su interés ecológico. El turismo puede ayudar a conservar aquellos paisajes que la sociedad considera, por ejemplo, bellos, pero no muchas áreas cuyo interés ecológico no entiende. Además, muchas veces, la capacidad de carga de un territorio desde el punto de vista turístico no coincide con la de sus valores naturales. En este caso siempre debería de prevalecer la segunda.

Creando Patrimonio, Llanes, Cubos de la Memoria, Ibarrola  Efeverde

Una comunidad no debería de basar su principal función exportadora únicamente en el turismo de naturaleza. Su techo es muy bajo y su capacidad de crecimiento pequeña. Inevitablemente tiende a derivar en turismo flotante con mucha mayor capacidad de crecimiento pero también con una altísima volatilidad. Lo ideal sería que parte de ese turismo se reconvirtiera en turismo cultural. Los “monumentos” aunque no se tengan se pueden conseguir. Por ejemplo, el campo de pararrayos de Walter de María en Quemado, Nuevo México. Los túneles solares de Nancy Holt, en el desierto de Utah, el dique del puerto de Llanes de Ibarrola o el museo Guggenheim en Bilbao. Pero no todo el turismo cultural son monumentos: la gastronomía, las ferias y congresos o las fiestas populares, por ejemplo, también. La existencia de un turismo cultural "complementario" ayuda a rebajar la presión sobre el turismo de naturaleza, si se consigue que sea un turismo no volátil mediante técnicas de anclaje al territorio.

Todavía pueden salvarse, Torres del Paine, Chile  Sernatur

Aunque debería parece obvio, la planificación turística no debe realizarse al margen de la planificación ambiental o la urbanística. Los planes de protección del medio natural y los planes de desarrollo turístico no se deben de redactar, aprobar y gestionar de forma independiente. En cualquier caso la planificación ambiental debería de prevalecer sobre la turística (y por supuesto sobre la urbanística) atendiendo al principio de precaución. Lo ideal sería lograr un instrumento de planificación integrado que aprovechara los beneficios turísticos para conservar el medio natural y mejorar la calidad de vida de los residentes, incluyendo también el desarrollo urbanístico. Por último, aunque probablemente tenga tanta importancia o más que todas las indicaciones anteriores: de nada sirve una buena planificación si luego no se gestiona de forma adecuada. El enfoque de usos múltiples del territorio (pero usos controlados) así como los modelos cooperativos o basados en organismos mixtos, deberían de presidir los intentos de gestión turística y ambiental del territorio. Para terminar, y aunque no querría hacerlo en un tono pesimista, habría que ir empezando a replantear la industria turística, su techo y sus posibilidades, con unos precios de los desplazamientos al doble o al tripe de los actuales. Todos los datos que me van llegando de diferentes fuentes coinciden en que uno de los problemas a resolver en el siglo XXI va a ser el de los costes de los desplazamientos de mercancías y personas. Y una industria cuya base fundamental es, precisamente, el transporte de personas (cuanto más lejos, mejor) debería estar pensando alternativas.

domingo, 24 de febrero de 2013

Convirtiendo el paisaje urbano en un tuit

“El 14 de abril de 1921, en París, y a las tres de la tarde, y bajo un diluvio torrencial, Dada fija una cita frente a la iglesia de Saint-Julien-le-Pauvre. Con esta acción los dadaístas pretenden iniciar una serie de incursiones urbanas a los lugares más banales de la ciudad”. Así describe Francesco Careri, en su libro Walkscapes, el inicio de una serie de acciones estéticas relacionadas con lo que llama la “transurbancia”. Es decir, la recuperación del viaje y del descubrimiento en el interior de la ciudad. Precisamente el capítulo de la transurbancia lo dedica a esa periferia fractal (en italiano, citta diffusa) habitada por los difusos, esos entes que nacen, viven, se desarrollan y mueren, en los centenares de miles de hectáreas de sprawl en que se han convertido nuestras ciudades. Careri se fija en los espacios vacíos, esos lugares de la periferia que no son parques, ni calles ni plazas, que tienen usos aparentemente marginales y que propone recorrer a lo zonzo. Pero en el artículo de hoy no voy a reflexionar sobre ellos sino sobre sus contrarios, los espacios llenos. Aquellos donde los difusos duermen, conducen, compran, o se relacionan (casi siempre con difusos muy parecidos a ellos), y donde los habitantes de los no lugares en la ciudad continua deambulan por territorios que les son ajenos.

“Difusa” familia adosada y su ideal de felicidad  Construcciones SHQ

El mes pasado estuve en Bilbao dando una charla en el Colegio Oficial de Arquitectos Vasco-Navarro. Coincidí esa mañana con Florent Marcellesi y con Francesc Muñoz. La mesa redonda que siguió fue bastante interesante por poco convencional. El tema eran los “territorios productivos”. Florent, por una parte, planteando su perspectiva de activista político y ecologista (pertenece al Consejo de Redacción de EcoPolítica), y Francesc y yo, por la otra, intercambiándonos los papeles. Es decir, Francesc que es geógrafo hablando de arquitectura y yo que soy arquitecto hablando de geografía. El caso es que resultó así sin ponernos de acuerdo. Bueno, no sé si al auditorio le pareció la cosa interesante pero yo, por lo menos, me divertí bastante. En el blog he escrito muchas cosas sobre esa ciudad de “baja intensidad” que conforma nuestros actuales suburbios, donde habitan los difusos de Careri, pero casi siempre tratando cuestiones de eficiencia urbana, sociales, de los ecosistemas o, incluso, de ecología del paisaje. Pero no desde el punto de vista del paisaje urbano entendido como percepción estética.

“Los vacíos y los llenos de la ciudad fragmentada” o 
 “colgados de una autopista”  Activa M&O Construction

Como Francesc es el autor de un libro que considero una reflexión profunda sobre el paisaje urbano actual me pareció un buen momento para comentar algunas ideas relacionadas con estos temas. Se titula Urbanalización. Paisajes comunes, lugares globales, está publicado por Gustavo Gili en 2008 y contiene una serie de análisis sobre el urbanismo y la arquitectura que han conformado nuestras ciudades. En el libro se tratan muchos temas, pero hoy me voy a centrar sólo en un par de ellos que me ayuden a explicar, sobre todo, los procesos de conversión de la arquitectura y el paisaje urbano contemporáneos en imágenes susceptibles de ser consumidas por los mass-media. Y ello tanto en lo que se refiere al romanticismo de consumo como al cosmopolitismo brandificado. Para ello voy a empezar retomando el tema de la ciudad genérica, ya tratado en el blog, pero ahora desde un punto de vista más relacionado con la percepción. Dice Rem Koolhaas: “Todas las Ciudades Genéricas surgen de la tabla rasa; si no había nada ahora están  ellas; si había algo lo han remplazado. Debían hacerlo, de otro modo serian históricas”. Mis alumnos saben perfectamente que no puedo entender la ciudad más que como un proceso histórico. Entonces, ¿de que estamos hablando puesto que no existe esa historia? Probablemente de otra cosa que no es una ciudad (todavía).

Esa otra cosa que no es ciudad todavía  Ricardo Melgar

El todavía con el que he terminado el párrafo anterior es importante ya que no descarto la idea de que la llamada ciudad genérica sea estrictamente un tema de escala temporal. Los cientos de miles de hectáreas construidas de esta ciudad fragmentada y de baja densidad, o las áreas brandificadas de zonas muy congestionadas, lo han sido en un plazo de tiempo realmente corto lo que, probablemente ha impedido que estas áreas se conviertan en ciudades o se hayan diferenciando hasta adquirir identidad. Por tanto, es muy posible que, transcurrido el tiempo suficiente esta ciudad genérica se vaya volviendo histórica y relacionada con un contexto cultural y un lugar físico concretos. Y que los difusos pasen a ser ciudadanos completos y los habitantes de los no lugares terminen habitando lugares. Porque a día de hoy no son ciudadanos completos. Les falta construir esa urbanidad que sólo se produce cuando existe interacción entre desiguales. Interacción que no surge ni del suburbio romántico ni de los no lugares. El problema es que no parece que el proceso vaya en esa dirección sino, justamente, en la inversa. Es la ciudad histórica la que se va volviendo genérica y los ciudadanos los que se van convirtiendo poco a poco en difusos de la periferia o extraños de los lugares centrales.

Difusos digitales socializándose con sus "desiguales"  Sanz de Acedo

¿Qué indicios hay de que esto sea así? ¿Qué procesos subyacen en la creación de la ciudad genérica con un poder tan grande como abarcar cada vez más y más territorio? La primera cuestión que deberíamos considerar es el fenómeno que en diversos lugares he denominado “tasa de renovación urbana”. Es decir, lo que se tira respecto a lo que permanece, que se ha ido acelerando de forma progresiva. Esto significa como dice Francesc Muñoz que: “El denominador común de lo metropolitano, en unos casos, o las transformaciones aceleradas en el territorio, en otros, hacen que el paisaje deje de representar permanencias históricas o culturales para mostrar panorámicas líquidas que pronto desaparecerán sustituidas por otras nuevas”. Esta altísima tasa de renovación urbana, que en algunas ciudades como Madrid alcanza el paroxismo, impide que las permanencias creen identidad. Toda mi vida he sido contrario al fachadismo. Pero el mantenimiento de las fachadas vaciando todo el interior de un edificio y sustituyéndolo por uno nuevo, si tiene alguna razón de ser está aquí, en las permanencias que permitan la creación de identidades urbanas.

No todo van a ser adosados… (y el caso es que esta ciudad me suena) 
 Que sí. Que es Londres. Pero ¿no será Sanghai?  ABC

El segundo elemento a considerar es la conversión de procesos culturales cuyo producto son arquitecturas y ciudades concretas, en procesos de entretenimiento destinados a los medios de difusión masivos. Estos medios de difusión, básicamente de imágenes, se centran en aquellas comprensibles para la mayoría de la gente que se convierten en la imagen del suburbio romántico o, justo en el extremo opuesto, en las anomalías, en las extravagancias, en aquello que se sale de lo corriente. Se va formando así una estética que atiende básicamente a la descontextualización. El propio Francesc recoge una cita de Ignasi de Solá-Morales escrita en 1995 que dice: “Nos estamos enfrentando a la experiencia de una nueva cultura mediática en la cual las distancias son cada vez más cortas hasta el punto de hacerse instantáneas. Una cultura mediática caracterizada por el hecho de que la reproducción de imágenes, con toda clase de mecanismos, hace que estas dejen de estar vinculadas a un lugar específico y que fluyan, de forma errática, a lo largo y ancho del planeta”. Estas imágenes dan lugar a unos paisajes caracterizados por la aterritorialidad. El lugar ha dejado de tener importancia para adquirirla el objeto reproducido que va recorriendo, separado completamente del ciudadano y del lugar, las televisiones, la prensa o Internet hasta convertirse en paradigma de un ideal de vida que hay que alcanzar para ser feliz, o cuyo destino (cuando intenta destacar) es agotarse, dejar de ser novedad, y desaparecer.

Y el caso es que esta ciudad me suena… Que sí, que es Shangai.
 Pero, ¿no será Londres? ¿o Buenos Aires?, TheCatOnTheRoof

Esta estética del entretenimiento, que ya hace algunos años Guy Debord retrató magníficamente en La Sociedad del Espectáculo (hay un artículo en el blog al respecto) banaliza la arquitectura y el paisaje urbano, que se convierten en imágenes y, por tanto, en posibles objetos de consumo masivo. Dice Francesc: “Así, simplificados a través de su imagen, los paisajes no solo pueden ser recreados sino, en realidad, también creados. Se pueden así calcar las casas típicas de la Boca de Buenos Aires o de Nueva Orleans y replicarlas en cualquier centro comercial del mundo. Es posible simular los tejados, ventanas y celosías de las ciudades islámicas repitiéndolos por doquier en mil y una urbanizaciones de verano o en resorts turísticos del sur de Europa. Es fácil así seleccionar los elementos visuales más pintorescos de los centros históricos mediterráneos, como los tonos de color de las fachadas, las puertas de madera e incluso sus espacios públicos, y clonarlos en otros centros históricos”. Este comportamiento se convierte en una especie de pescadilla que se muerde la cola y se va retroalimentando de forma que se impide la aparición de elementos nuevos, o cuando aparecen son inmediatamente devorados por las imágenes que surgen a continuación en una especie de broma infinita (parafraseando el título de la novela de Foster Wallace que por fin he conseguido terminar de leer).

Imagen de arquitectura convenientemente empaquetada para regalo
Bodegas Marqués de Riscal (lazo incluido), Frank Gehry  PepeCabrera

Todavía no estamos en el punto central del tema. Así planteado pudiera parecer que lo realmente homogeneizado son las imágenes, los tics visuales. Pero si se rasca un poco debajo de lo homogéneo aparecen las diferencias. Suelo ponerles a mis alumnos una diapositiva en la que se ven dos fragmentos de una calle comercial. Uno corresponde a una ciudad china y el otro es de USA. “Aparentemente” se trata de imágenes con muy pocas diferencias. Pero si se analizan detenidamente se ve que los caracteres chinos de los carteles son diferentes a los occidentales y le dan otra atmósfera. La disposición de los comercios tampoco es la misma. Incluso la disposición de la gente en el espacio. Y sin embargo las “vemos” de la misma forma. Lo que han conseguido los medios es volver uniformes no las imágenes, sino los mecanismos mediante los cuales las percibimos. Dice Francesc: “La urbanalización, se puede entender como un “transformador” que domestica y encuadra las diferencias, en principio difíciles de leer y comprender debido a su propia singularidad, en una narración más plana y fácilmente asimilable”. Este es el sentido que entiendo le otorga a la palabra “banalización” (por cierto, distinto al de los dadaístas con los que empecé el artículo), y que interpreto como la conversión de un paisaje urbano que debería ser cultura en un tuit. Es decir, en una especie de trituradora que, uniformizando los mecanismos de emisión y recepción del mensaje, termina por uniformizar el mensaje mismo.

Las Vegas: consumo caricaturizado de arquitectura-imagen  GlobeImages

La arquitectura y el paisaje urbano llevados a la simplificación de una imagen con mecanismos de lectura idénticos en todo el planeta, no sólo han producido un ideal de vida residencial común, sino que han conducido también de forma directa al marketing y al branding urbano. O (en este último caso) a la inversa, no se sabe muy bien si fue primero el huevo o la gallina. El caso es que la lucha por posicionar nuestra ciudad frente a las otras para atraer más empleos y riqueza (la planificación estratégica como crimen de lesa humanidad) ha producido una verdadera inflación de pretendidas singularidades cuyo objetivo sería el de destacar sobre las demás. Este proceso de consumo de imágenes urbanas ha convertido, paradójicamente, a estas singularidades en auténticas banalidades (lugares comunes) que necesitan ser renovadas a toda velocidad, apareciendo y desapareciendo sin tregua: “Es en ese sentido que se plantea una auténtica paradoja que acompaña hoy al marketing y al branding urbano: tras tres décadas buscando aparecer como diferentes a las otras, utilizando la imagen y el diseño como reclamo para resaltar lo propio especifico y resultar así atractivas a la economía global, las ciudades se muestran hoy como el más común, el más banal, de los lugares”.

Valencia como paradigma y Calatrava en el imaginario, Didactica del Patrimonio Cultural

Ya he dicho antes que en el libro se dicen muchas más cosas. Y, probablemente, bastantes de ellas les resulten conocidas a los lectores del blog. Por ejemplo, el autor habla de los nuevos requerimientos urbanos que acompañan el proceso de urbanalización:
  • La imagen como el primer factor de la producción de la ciudad.
  • La necesidad de condiciones suficientes de seguridad urbana.
  • El consumo del espacio urbano a tiempo parcial.
  • La utilización de algunos elementos morfológicos de la ciudad como el espacio público en términos de playas de ocio.
Ya sabéis el cariño que le tengo a Saskia Sassen. El hecho de que haya prologado el libro es una garantía más de su calidad. Aunque los análisis más impactantes están en el tercer capítulo titulado precisamente “Urbanalización” resulta imprescindible la lectura de los dos primeros para situar el tema (“1000 territorios en deconstrucción” y “La ciudad multiplicada, la ciudad de los territoriantes”). La ejemplificación aparece en el cuarto titulado “Cuatro itinerarios urbanales” donde analiza las políticas urbanas de Londres, Berlín, Buenos Aires y Barcelona. El libro termina con un alegato “Contra la urbanalización”. Después de lo dicho es fácil comprender que no tengo dudas en recomendaros su lectura.

¿Buenos Aires, Madrid, Los Ángeles, Barcelona, Ciudad del Cabo?  FineArt

Hace ya años que vengo “predicando” acerca de la necesidad de invertir el proceso centrífugo por el que están pasando las ciudades, y convertirlo en otro centrípeto de vuelta a su contexto y a sus territorios. La razón no se diferencia demasiado de la que preside el mantenimiento de los ecosistemas. Todo proceso reductor de la complejidad debería entenderse como maligno. La tendencia actual a uniformizar procesos y mecanismos reduce la complejidad de nuestras áreas urbanas. Y la reduce en las dos variables que la caracterizan. Reduce el número de “elementos” que las conforman, y también elimina drásticamente casi todas las relaciones que se producen entre ellos. Esto que se ve con toda claridad en la conversión de la arquitectura y del paisaje urbano, primero en imágenes y luego interviniendo en los mecanismos que permiten su interpretación por el ciudadano, no es algo estrictamente limitado a estos campos sino, en general, a toda la cultura. Así, la desaparición progresiva de los idiomas minoritarios, de las formas cuyas claves de interpretación sean locales, incluso de los cultivos o de los materiales de construcción autóctonos, indican, de hecho, una regresión en lugar de un progreso. Es necesario proteger como un tesoro los sistemas identitarios y su creación, porque sólo la complejidad nos acerca a la resiliencia.

El bambú: material autóctono de Carabanchel 
 La casa de bambú, Ricardo Zaera  El Mundo

Por supuesto esto no significa que tengamos que volver a la autarquía. Ni que el mestizaje haya que denigrarlo como El Mal. La conciencia planetaria, una de las señas más importantes del siglo XXI (junto a la sociedad de la información, y posible gracias a ella), hay que aprender a compaginarla con el mantenimiento de lo local. Si miráramos la naturaleza, esa cosa que según Swyngedouw no existe, sabríamos de la importancia de los ecotonos, áreas de transición donde se producen cosas, a veces fundamentales. Pero no todo debe ser área de transición. Es más, sin ecosistemas definidos no pueden existir ecotonos. No quisiera irme demasiado del tema de hoy pero, probablemente, esta posibilidad está ligada a un cambio esencial del paradigma en el que se ha basado el sistema: hay que certificar la muerte del crecimiento ilimitado como objetivo básico, no sólo de la economía sino también de los valores. Porque este crecimiento ilimitado ya sólo se puede conseguir quitándole a los otros su parte de planeta. Necesitamos volver a un crecimiento endógeno que, en la realidad, limita las posibilidades de expansión de las ciudades en sus territorios. Que ancla a las sociedades en los lugares. Que hace que se identifiquen con su tierra y con su historia. Seguramente entonces desaparecerán las ciudades análogas y podremos dejar de hablar de urbanalización. Entonces Francesc y yo tendremos que hablar de otra cosa.


Algunas referencias por orden de aparición:

lunes, 28 de enero de 2013

Servicios de los ecosistemas

Aunque el tema ya lo he tratado (sobre todo al hablar de la infraestructura verde) vuelvo a plantearlo porque para conseguir un acercamiento global al territorio desde el punto de vista del planeamiento no veo otra forma de hacerlo más que mediante unidades basadas en elementos de la naturaleza. Desde la ciudad, lo verde se entiende como esa cosa tan bonita a la que nos acercamos de vez en cuando provistos de nuestra cámara de fotos, zapatos de trekking, móvil, y demás artilugios necesarios para escalar las más altas montañas y vagabundear por territorios inexplorados. Pero esa cosa tan bonita es mucho más que algo bello. No es que la palabra “servicios” me parezca demasiado adecuada (más bien me suena a W.C.) para describir todo aquello que los ecosistemas nos dan para conseguir una vida digna y sana pero es la que tradicionalmente se viene usando, sobre todo desde que en el año 2005 las Naciones Unidas los definiera y evaluara. Y por eso he terminado por titular el artículo tal y como aparece arriba y no, por ejemplo, de forma parecida al informe cuya portada reproduzco en la imagen.

Todas las imágenes del artículo proceden de este informe

Resulta evidente que los actuales sistemas de planificación basados en considerar a la ciudad como el centro del universo han llegado a su colapso. Durante décadas las ciudades han sido seres extraterrestres posados sobre un territorio ajeno. Se hablaba del sistema de ciudades sin considerar nada más que las grandes aglomeraciones y las relaciones entre ellas. Todavía muchos estudios de planificación sólo saben diseñar estrategias basadas en la competitividad mundial y en situar a la ciudad que les ha encargado el plan en lo más alto de la clasificación con más crecimiento que nadie. Pero ya en la segunda década del siglo XXI estos planteamientos basados en el desarrollo porque sí (y sobre todo en el desarrollo que consiste en quitarle a los demás su cuota de riqueza o progreso), se está constatando que conducen a un callejón sin salida. Las ciudades más avanzadas, y no me refiero a las de mayor tamaño, vuelven ya la mirada a sus territorios. A esos territorios despreciados y degradados durante años, y empiezan a hablar de desarrollo endógeno. Algo es algo. No es suficiente, pero es un comienzo.

Mosaico de ecosistemas que conforman un paisaje cultural ideal

Es decir, se empieza a hablar de regiones con base no sólo económica o cultural, sino también natural. Áreas territoriales en las cuales la propia ciudad, la agricultura, la ganadería, la industria, los aprovechamientos forestales, las áreas de naturaleza más o menos virgen que quedan, deben pensarse como un todo. En este contexto el objetivo ya no es el crecimiento a cualquier precio, sino conseguir que los habitantes vivan de una forma digna y puedan realizarse como personas sin obstáculos debidos a las desigualdades o a la discriminación. Eso supone, por supuesto, que la naturaleza del territorio impone límites a la capacidad de acogida. Tradicionalmente estos límites se han superado mediante el transporte. Que no tenemos cereal suficiente, lo traemos de Rusia. Que no tenemos cobre suficiente, lo traemos de Chile. Que no tenemos petróleo suficiente, lo traemos de Kuwait. Que no tenemos espárragos suficientes, los traemos de Perú. Que tenemos que desprendernos de residuos nucleares, pues los llevamos a África. El problema es que este método funciona mientras el precio del transporte de toda esa energía, materiales y personas es asumible por el sistema. Pues bien, empieza a no serlo.

Marco para el desarrollo de los indicadores del informe

Parece evidente que si esto es así va a producirse un cambio radical en los instrumentos de planificación. Y este cambio pasa por una reconsideración del territorio y de sus posibilidades. Desde cosas tan elementales como los ámbitos (las unidades administrativas actuales son auténticas perversiones del sistema) hasta los objetivos, pasando por las formas de gestión o la reconsideración normativa del plan. Todos los profesionales del planeamiento estamos de acuerdo en que el plan (sobre todo el de urbanismo) tal y como lo conocemos hoy, por lo menos en España, está muerto. No sirve más que para enriquecer, tanto a corruptos como a inversores de buena fe (no corruptos). Desde luego para lo que no sirve es para adecuar recursos y servicios a las necesidades de las personas y organizarlos racionalmente asignándoles lugares en el territorio. Probablemente tan sólo la normativa y planificación de protección, tanto la cultural  como la ambiental, sean las únicas que, en estos momentos, mantienen un mínimo de coherencia y, aunque con grandes dificultades, están intentando salvar lo poco que queda.

Razas ganaderas autóctonas amenazadas 
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Porque ese territorio tan olvidado, esquilmado y despreciado, es la base que permite la existencia de las ciudades y su funcionamiento. Aunque, desde una perspectiva urbana, a algunos les pueda parecer un tópico derivado de una visión romántica de la vida, sin naturaleza no serían posibles las ciudades. Ya hace años que vengo planteando esta cuestión en términos de orden y entropía. Pero no es necesario recurrir a logaritmos neperianos para darse cuenta de que la naturaleza, no sólo sirve para producir bienestar, sino que constituye la misma posibilidad de que existan urbanitas. Simplemente como recordatorio de lo que no hemos tenido en cuenta estos años me gustaría repasar algunos de los beneficios que esta naturaleza, entendida como un ejército de ecosistemas, nos suministra. Es lo que se conoce como “servicios ecosistémicos” o “servicios de los ecosistemas” propuestos, sobre todo, como una forma de ponerlos en valor. De los que más directamente dan soporte a las actividades urbanas y que, normalmente se organizan en redes sustituyendo con ventaja en muchos casos a la infraestructura gris, ya he hablado en varios artículos anteriores con el nombre de “infraestructura verde”.

Los impulsores del cambio en la biodiversidad

Existen diferentes clasificaciones de estos servicios. Para lo que pretendo ahora la elección de una u otra es casi irrelevante, ya que mi objetivo es dar un significado más intencional a expresiones muy de moda tales como desarrollo endógeno, resiliencia o territorios productivos. Por la sencilla razón de su accesibilidad, y porque suministra datos concretos para nuestro país, voy a seguir la propuesta de la Evaluación de los ecosistemas del milenio en España (EME) que comenzó en el año 2009 y todavía con algún capitulo en revisión. Vamos a empezar con algunos números impactantes: “De acuerdo con los cálculos realizados en este proyecto (informe Stern), la biodiversidad tiene un valor económico de entre 10 y 100 veces mayor que el coste relacionado con su conservación y que en la primera década del s. XXI se han perdido servicios por valor de unos 50.000 millones de euros anuales sólo en lo referente a los ecosistemas terrestres. Esta estimación es una aproximación conservadora ya que sólo contempla algunos de los servicios de los ecosistemas suministrados por la biodiversidad terrestre, obviando por el momento los ecosistemas marinos, los desiertos o los Círculos Polares”.

Suministros en función de la gestión realizada

En el informe los servicios se clasifican en tres grandes grupos. En el primero aparecen los llamados “Servicios de Abastecimiento”: aquellas contribuciones directas al bienestar humano que provienen de la estructura biótica y geótica de los ecosistemas. Entre estos servicios podemos destacar:
  • Alimentos procedentes de la agricultura, ganadería, pesca, acuicultura, apicultura, etc.
  • Alimentos obtenidos directamente de los ecosistemas naturales o poco modificados culturalmente.
  • Agua para consumo humano o para usos agrícolas e industriales.
  • Materias primas de origen biótico (madera, celulosa, fibra textil, etc.).
  • Materias primas de origen geótico (sal marina o continental).
  • Energías renovables (biomasa, hidroeléctrica, eólica).
  • Información genética usada en biotecnología.
  • Medicinas naturales, como las obtenidas a partir de plantas silvestres.
Es sencillo entender que la mayor parte de estos servicios son fundamentales, no sólo para la ciudad en concreto, sino para los seres humanos en general, vivan en ciudades, en áreas rurales, o en cualquier tipo de asentamiento que podamos imaginar. 

Estado de los ecosistemas en relación a los servicios

El segundo grupo está formado por aquellos servicios llamados “de regulación”, ya que se trata de contribuciones indirectas al bienestar humano producidas por el funcionamiento de los ecosistemas. Entre otras se pueden destacar las siguientes:
  • Regulación climática.
  • Regulación de la calidad de aire.
  • Regulación hídrica y depuración del agua.
  • Control de la erosión y fertilidad del suelo.
  • Regulación de perturbaciones naturales, como el control de inundaciones.
  • Control biológico, como el control de plagas.
  • Polinización de cultivos agrícolas y plantas aromáticas o medicinales.
Algunos de estos servicios son los que, en otros lugares del blog hemos llamado “infraestructura verde” porque, en muchos casos, pueden suministrarse o bien mediante obras artificiales (infraestructura gris) o aprovechando los propios ecosistemas. Por ejemplo, el control de inundaciones tal y como está planteado en la ciudad de Vitoria-Gasteiz. La cuestión de la regulación climática es paradigmática en el caso de la arquitectura o el urbanismo bioclimáticos frente a la utilización de una infraestructura artificial tal como aparatos de calefacción o aire acondicionado.

Estado de los ecosistemas en relación a los servicios

El tercer grupo está constituido por los llamados “Servicios culturales”, es decir “aquellas contribuciones intangibles que la población obtiene a través de su experiencia directa con los ecosistemas y su biodiversidad”. Puede parecer anecdótico este grupo pero tiene también gran importancia porque está directamente relacionado con cuestiones de salud mental tal y como hemos visto en el artículo anterior y como se refleja en muchos documentos que contienen evidencias científicas al respecto. Como ya he dedicado varios artículos al tema lo dejo aquí:
  • Conocimiento científico.
  • Conocimiento ecológico local.
  • Identidad cultural y sentido de pertenencia.
  • Sentimiento espiritual y religioso.
  • Disfrute estético de los paisajes.
  • Actividades recreativas y de ecoturismo.
  • Educación ambiental.
Todas las cuestiones relacionadas con la identidad cultural y el sentido de pertenencia han sido otra de las constantes abordadas en los artículos del blog (por ejemplo, el dedicado a Patrick Geddes) y que necesitan ser adecuadamente valoradas por los planificadores.

Estado de los ecosistemas en relación a los servicios

Yo mismo he propuesto en alguna publicación otra clasificación de estos servicios enfocada a la planificación urbana (más operativa y menos valorativa): elementos ecológicos, de infraestructura y de equipamiento. En cualquier caso, estos beneficios producidos por los ecosistemas sólo en casos muy excepcionales y puntuales han sido considerados a la hora de planificar nuestros territorios. Pero esta situación está cambiando. Cuando los recursos no pueden venir de fuera hay que buscarlos en casa. El problema es que muchas de nuestras casas (territorios) han sido ya desvalijadas. En este mismo informe puede leerse: “El ecosistema urbano considerado como un consumidor de servicios de otros ecosistemas ha incrementado la demanda del 84% de los servicios evaluados (16 de 19) en los últimos 50 años. Todos los servicios de abastecimiento, regulación y culturales han incrementado su demanda salvo tres que se han mantenido estables básicamente porque no son servicios que se puedan proveer desde el exterior. Por ejemplo, los relacionados con las zonas verdes en las ciudades, que son de regulación (polinización, fertilidad del suelo)”.

Los servicios en el sistema urbano

Recomiendo la lectura completa del informe (aunque tiene partes en revisión, se puede obtener gratuitamente en el enlace que figura al final del artículo). Para el análisis de la situación se han considerado ocho ecosistemas terrestres: bosque y matorral esclerófilo, bosque y matorral mediterráneo continental, bosques atlánticos, montaña alpina, montaña mediterránea, zonas áridas, ecosistemas macaronésicos y agroecosistemas. Cuatro ecosistemas acuáticos: marino, ríos y riberas, lagos y humedales de interior u acuíferos. También el litoral como ecosistema de transición y los ecosistemas urbanos. De todos ellos se hace un análisis desde el punto de vista de los servicios que suministran, el estado actual y su evolución previsible. Por supuesto que unos capítulos son más interesantes que otros, pero en general, el informe es de lectura bastante asequible e interesante. Hay muchos datos que pueden resultar sorprendentes. Por ejemplo, el hecho de que España es el país que más superficie protegida aporta a la red europea Natura 2000 con casi el doble de hectáreas que Suecia que es el segundo, y más del doble de lo que aportan Alemania, Francia o Finlandia.

Número de especies de plantas vasculares por área en Europa 
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De todos los sistemas considerados voy a comentar algunas de las conclusiones relativas a los Agroecosistemas ya que son los que ocupan la mayor superficie de suelo: más o menos un 60%. Aunque las cifras pueden variar, globalmente este es el orden de magnitud. Los principales servicios que produce son, claro está, los de abastecimiento alimentario a través de la agricultura y la ganadería, pero también provee muchos otros tales como “servicios esenciales de regulación (almacenamiento de carbono, fertilidad del suelo, regulación hídrica, polinización) y culturales (conocimiento ecológico local, recreación y ecoturismo, educación ambiental, conocimiento científico)”. En general, dice el informe, “los agroecosistemas españoles mantienen sus servicios de abastecimiento, aunque con pérdida de agrobiodiversidad, lo que incrementa la dependencia respecto a empresas suministradoras de semillas, los pesticidas y fertilizantes. A ello se añade un consumo de energía creciente. Aunque la capacidad de producir alimentos está asegurada, no se aprovechan las enormes posibilidades que ofrece el extenso espacio rural español para la producción ecológica y como opción atractiva para la calidad de vida”.

Los servicios en los agroecosistemas

Esta visión optimista desde el punto de vista del abastecimiento no se mantiene en lo referente a los servicios de regulación: “En cuanto a los servicios de regulación, son los que muestran un estado más débil. Cinco de ellos, los más asociados al mantenimiento de procesos ecológicos esenciales, no mejoran y mantienen una situación mixta, tanto los que podrían contribuir a moderar los efectos del cambio global (regulación climática, de la calidad del aire, de perturbaciones) como los que dependen de dinámicas biológicas (polinización, especies amenazadas). Dos se deterioran claramente, la regulación de la fertilidad del suelo – aumentando la dependencia de materias primas minerales, fertilizantes, en gran medida importadas-, y la regulación morfosedimentaria debido al abandono de usos. Por último, dos tienden a mejorar: la eficiencia en el uso del agua agrícola y los métodos de control biológico”.

Nivel de afectación a los servicios de los agroecosistemas 
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Respecto a los servicios culturales cinco de ellos "aumentan su importancia, debido principalmente a las demandas de la población urbana: servicios de educación, disfrute estético y espiritual, actividades deportivas, etc.; pero ello ocurre en paralelo a una pérdida del conocimiento ecológico local y el deterioro del sentido de identidad y pertenencia de las sociedades rurales. El peligro de terciarización del espacio rural –siguiendo un modelo tipo parque de ocio, con uniformización de contenidos- y la preponderancia de servicios desligados del carácter y función agraria de estos ecosistemas, es muy evidente”. También se destacan en el informe otros problemas relacionados con este ecosistema como, por ejemplo, la pérdida del acervo genético y cultural de la agricultura y ganadería tradicionales. Pérdida que podría impedir un mayor rendimiento, por ejemplo, en la comercialización ecológica ya que, aunque se han producido algunos avances en lo “bio” no se han producido en consonancia con lo que ha ocurrido en otros países. Probablemente sería necesario un apoyo institucional y social decidido para modificar la esta tendencia.

Mosaico de ecosistemas que conforman un paisaje cultural ideal

Estamos en un momento francamente interesante tanto desde el punto de vista de los cambios en la organización social como de nuestros territorios. La necesidad de compatibilizar la vuelta a “la tierra” con una visión de “la Tierra” como un sistema global, está obligando a replantear las bases de un mundo heredado de la Revolución Industrial y que está dando sus últimos estertores. Y esto va a afectar también al planeamiento. La prueba de que algo se mueve es que no son pocas las universidades y centros de investigación en los que estos temas empiezan a considerarse se forma prioritaria. Por no alejarme demasiado del lugar donde trabajo a mi propio grupo de investigación se le ha concedido un I+D+I que lleva por título “Integración de los espacios agrarios periurbanos en la planificación urbana y territorial desde el enfoque de los servicios de los ecosistemas”. Trabajo que se está desarrollando en estos momentos. Y con este mismo enfoque dirijo dos tesis doctorales. Probablemente falta todavía tiempo para que investigaciones de este tipo puedan concretarse en recomendaciones a las que sea sensible la sociedad y puedan ser asumidas por los políticos, pero el camino no parece que pueda ser otro que el de los “servicios de proximidad”. Es decir, el acortamiento de las distancias entre servicios (tangibles o intangibles) y población, frente al dominante en la actualidad que es justo el contrario: buscar estos servicios cada vez más lejos.


Referencias:
  • Los informes de evaluación de los ecosistemas del milenio pueden encontrarse en la página web Millennium Ecosystem Assessment.
  • Para el caso español la página con los informes es la de Ecomilenio donde, además hay noticias, enlaces y la agenda de actividades del EME.
  • El Informe de Síntesis del EME de septiembre de 2011 (el que he comentado en el artículo) puede encontrarse en la página web Ecomilenio.es, y obtenerse gratuitamente bien por capítulos o en su totalidad.
  • El Informe de Resultados del EME de marzo de 2012 puede encontrarse en esta misma página web de Ecomilenio.es y obtenerse gratuitamente por capítulos (aunque algunos están todavía en revisión).
  • Existen muchas publicaciones interesantes pero, por su carácter intermedio entre la divulgación y el rigor recomendaría la titulada “Servicios de los ecosistemas y el bienestar humano” coordinada por Nekane Viota y Maider Maraña, de Unesco Etxea, publicada en el año 2010. Puede obtenerse en pdf en este enlace.

jueves, 3 de enero de 2013

Planificar ciudades saludables

Con el cambio al nuevo plan de estudios de arquitectura hemos tenido que rehacer asignaturas y programas. Esta situación siempre supone un cierto revulsivo en el tradicional inmovilismo de la enseñanza universitaria española. Así, y aunque en pequeña medida, se van introduciendo cambios. Por primera vez en una de las asignaturas de nuestro departamento se va a tratar el tema de la Salud y el Urbanismo. Me ha parecido interesante dedicar este artículo a comentar una publicación que lo aborda de forma bastante concisa y panorámica. También la recomienda Luca Brunelli, uno de los alumnos a los que dirijo la tesis doctoral relacionada con esta temática, en el blog del Colectivo Lazareto del que ya he hablado en alguna ocasión. Su título es: Delivering Healthier Communities in London, y fue redactada en 2007 por el HUDU londinense con ayuda de algunas consultoras. Trataré de centrar mis comentarios en la cuestión de la salud mental por ser un tema poco tratado al hablar de diseño urbano.

Portada de la publicación

Siempre me ha asombrado la capacidad de los anglosajones para producir guías y recomendaciones útiles frente a la habilidad latina de aprobar normas que no se cumplen nunca y que, por tanto, son perfectamente inútiles. Y la guía que voy a comentar es una muestra evidente de por qué se produce esta situación. Un urbanista en el momento de planificar una ciudad o diseñar la sección de una calle se encuentra ante un cuestión (digamos que) matemáticamente indefinida. Es decir, con tantas variables que el resultado final puede ser casi cualquiera. Que sea acertado o no depende, sobre todo, de su habilidad para identificar las cuestiones clave. Para ello resulta imprescindible que comprenda con claridad el funcionamiento de los procesos esenciales y sus relaciones. Eso es lo que se aborda en guías como la que voy a comentar. Y de ahí su utilidad. Por supuesto que no están adaptadas ni a la forma de vida ni a la mentalidad latina pero algunas cuestiones esenciales (las que se refieren precisamente a los procesos) son universales y deberían servir también en nuestro entorno.

El ambiente urbano influye en la salud mental  somospacientes

Esta publicación da respuesta, básicamente, a la siguiente pregunta: ¿qué elementos relacionados con la salud dependen en alguna medida del diseño y organización de la ciudad? La contestación de la guía se centra en cinco apartados:
  • Salud mental.
  • Obesidad y enfermedades cardiovasculares.
  • Enfermedades respiratorias.
  • Incrementos de la mortalidad achacables al excesivo frío o calor.
  • Lesiones.
Después de una serie de conceptos introductorios tales como: ¿qué es la salud?, la salud en Londres, o qué entendemos por comunidades saludables, se estudian luego las relaciones con el urbanismo. Toda la tercera parte está destinada a analizar las principales variables de las que dependen estos elementos. Por último se plantean algunas cuestiones metodológicas y de Buenas Prácticas relativas a la salud y al planeamiento urbano. En el comentario de hoy me centraré en la parte que trata la salud mental.

Tasas de suicidios en España  elsevier

Para concretar la situación voy a dar uno de los datos que figuran en un reciente informe sobre "Salud Pública y Urbanismo en la Unión Europea" que realizamos entre Begoña Merino y yo para la Junta de Andalucía: las muertes por suicidios en la UE alcanzan las 58.000 anuales. Cuando Begoña me lo dijo pensé que era un error porque son más que las debidas a los accidentes de tráfico. Pero en efecto, parece que ese es el orden de magnitud. Para el caso de España, en 2009, según el INE se produjeron 3.429 muertes por suicidio y 2.588 por accidentes de tráfico (las cifras de suicidios son bastante controvertidas, pero las reproduzco sólo para dimensionar el problema). Utilizo datos de 2009, justo al comienzo de la crisis por si este hecho los hubiera distorsionado. Pues bien, resulta que buena parte de los suicidios se deben a trastornos mentales, en concreto a la depresión. El hecho de que dediquemos tanto tiempo y dinero a cuidar de forma exquisita los pasos de cebra, a templar el tráfico, o a limitar la velocidad e ignoremos de forma palmaria la influencia, por ejemplo, de la adecuada distribución de las zonas verdes en la ciudad para mejorar la salud mental de sus habitantes resulta un poco sorprendente.

La calidad de la vivienda y del barrio influyen decisivamente adaygc

Aunque la guía tiene la virtud de ser concisa, clara y muy bien organizada, tampoco profundiza demasiado en cada uno de los apartados. Pero es perfecta para tener una panorámica introductoria al tema. Respecto a la salud mental, resume perfectamente en menos de una página los factores asociados más directamente al llamado "efecto entorno" (barrio y vivienda), y de los que se tienen evidencias científicas más concluyentes:
  • La densidad, relacionada con los espacios libres y el hacinamiento.
  • El diseño, en cuestiones concretas tales como la altura de los edificios, y menos concretas como el desagrado del aspecto que presenta el inmueble.
  • El vandalismo, la falta de mantenimiento o la belleza y cuidado de las plantas bajas.
  • La calidad de la vivienda, por ejemplo: el aislamiento, los materiales o las instalaciones.
  • El miedo a la delincuencia, con la consecuencia del menor uso del espacio público.
  • El ruido, aunque este caso puede depender también en forma importante de la idiosincrasia del individuo.
En la guía se estudian con mayor detalle algunos factores concretos tales como el diseño y la densidad, la calidad de la vivienda, el miedo al delito y el riesgo de inundaciones. Excepto el tema de inundaciones al que ya le he dedicado bastante espacio en el blog, voy a intentar comentar lo más destacado del resto.

Las viviendas en edificios altos no son muy favorables  inmoportalix

Respecto al diseño se constata que tanto las viviendas a gran altura como las situadas a nivel del suelo están relacionadas con una mala salud mental de los residentes. Los edificios de gran altura afectan particularmente al bienestar mental de madres con niños pequeños y, posiblemente, al de los propios niños. Asimismo las viviendas de gran altura tienden a reducir las oportunidades de socialización. Ya hemos comentado en el blog que, precisamente, las relaciones sociales directas son imprescindibles para una buena salud mental. Todo lo que tienda a reducirlas debería evitarse. En lo que se refiere a las densidades, también parecen existir evidencias de que valores muy altos o bajos y problemas de salud mental van de la mano. Sin embargo, en la propia guía se manifiestan con cautela y ello es debido a que la cuestión de la densidad es bastante compleja y en este caso, entiendo, depende bastante de la cultura, las costumbres y el desarrollo del proceso histórico urbano. En términos generales, los índices de hacinamiento (es decir, los límites máximos permitidos tanto en viviendas como en el barrio) habría que fijarlos para cada situación concreta.

Las bajas densidades impiden una socialización real  googlemaps

Pero la cuestión de la densidad no se relaciona tan sólo con los índices de hacinamiento sino también con los ratios mínimos que hagan posible una vida urbana y social, condición imprescindible para una buena salud mental. Así, en la propia guía se señalan las 30 viviendas por hectárea como densidad mínima a considerar. En general, las dificultades no se deben tanto a las densidades máximas como a las mínimas. Y no sólo por temas estrictamente de salud. Por ejemplo, en el documento se mencionan los 100 habitantes por hectárea como el mínimo necesario para hacer posible un transporte colectivo adecuado. Además, las densidades pueden aumentarse sin afectar apreciablemente a la salud mental mediante un diseño y planificación adecuados, ya que también influyen las posibilidades de expansión (espacios abiertos y zonas verdes) que encuentra el ciudadano al salir de casa. En el documento se cita una guía de la CABE, Better Neighbourhoods: Making Higher Densities Work donde se dan algunas indicaciones para conseguir un funcionamiento adecuado en zonas con altas densidades (aunque lo que los ingleses entienden por altas densidades es algo “chocante” visto desde una perspectiva de ciudad mediterránea compacta).

La calidad de la vivienda es otro factor a tener en cuenta  plataformaurbana

También se considera importante la calidad de la vivienda. Aunque en el propio documento se reconoce que la influencia de la planificación y el diseño urbano es escasa en este aspecto, si que se hace mención a la necesidad de que existan normas generales que obliguen a cumplir una serie de estándares mínimos relacionados con la construcción y el proyecto, tales como el Código de Hogares Sostenibles (es España estaríamos hablando de Código Técnico de la Edificación, ordenanzas municipales, normas urbanísticas contenidas en el planeamiento y otras análogas). Es importante que, a la hora de redactar y aprobar estos documentos se atienda a los aspectos de salud. También se plantea la necesidad de identificar los barrios con viviendas de mala calidad para volcar las ayudas a la rehabilitación y regeneración urbana en los mismos. En España las tres administraciones (central, autonómica y local), y en algunos casos concretos, han puesto en marcha trabajos para detectar barrios vulnerables, aunque la perspectiva de salud mental casi no se considera. En relación al tratamiento de barrios vulnerables los trabajos de Jorge Tizón en el barrio barcelonés de La Mina son modélicos y deberían haberse difundido más entre los profesionales de la planificación urbana.

Barrio de la Mina (la Mina vieja), Barcelona  barrimina

Otro de los factores que más influyen es el miedo a la delincuencia. A pesar de que ya he dedicado bastante espacio al tema, me parece interesante ver como se enfoca en la guía desde el punto de vista de la salud mental. Las recomendaciones se basan en una publicación del ODPM (2004) Safer Places: The Planning System and Crime Prevention, cuyos enlaces se incluyen al final del artículo. Aunque a lo lectores del blog les deben sonar bastante después de los artículos que he dedicado al diseño urbano seguro, no me resisto a transcribir los siete puntos que se resumen en la publicación:
  • Acceso y tránsito: con rutas bien definidas y entradas y salidas controladas que no comprometan la seguridad.
  • Estructura clara de usos con lugares diseñados para los mismos.
  • Todo el espacio público debería ser accesible a todos, de forma que sea posible la vigilancia natural.
  • Promoción del “sentido de propiedad” de los habitantes respecto a su entorno urbano.
  • Protección física con un diseño adecuado para las funciones de seguridad.
  • También resulta imprescindible la existencia de actividad en el espacio público y una gestión del mantenimiento adecuada con participación de los vecinos.
De todo esto hay bastante literatura, incluso varios artículos en el blog. La novedad es que aquí se destaca su importancia en relación con un tema clave como es el de conseguir una adecuada salud mental de los ciudadanos. En buena parte de las recomendaciones se estudian y analizan ejemplos concretos de situaciones reales. Para este de la seguridad subjetiva se han elegido los casos de Russell Square y la regeneración del Swanley’s, Northview Estate, West Kent. Eso sí, todo ello de una forma muy clara y concisa (cada análisis de casos no ocupa más allá de un par de páginas).

Inseguridad ¿subjetiva?  unanocheunica

Para terminar esta parte de salud mental se habla en la guía del riesgo de inundaciones (que ya he advertido voy a pasar por alto). A continuación se plantean una serie de recomendaciones, pocas y claras, relativas a cinco temas básicos, que sí quiero comentar. Empezaré por una de las que considero más importantes y que figura bajo el epígrafe de "Comunidad e Infraestructura Social". La recomendación dice textualmente: “Maximizar las oportunidades para la interacción social a través de la inclusión de los servicios sociales y comunitarios tanto en los nuevos desarrollos como en los planes de regeneración”. En España ya lo hemos asumido en lo que se refiere a la actuación sobre áreas consolidadas con el nombre de rehabilitación integrada (o integral, según los momentos). Pero no así en los casos de nuevos desarrollos donde, salvo excepciones, ni se menciona. En la guía se llega a plantear la necesidad de que no se permita la ocupación de las viviendas hasta que no esté asentada la infraestructura física mínima que posibilite una vida de relación: centros sociales, de ancianos, espacios libres o comercios. 

Viviendas en Seseña (Toledo)  alfazentauro

El segundo tema es el relativo a los "Espacios abiertos y zonas verdes". Veamos lo que dice la guía: “Los redactores y las autoridades de planificación deberán incluir suficientes ‘equipamientos para la evasión’ (traducción casi imposible de ‘escape facilities’, en el sentido de "lugares que funcionen como válvulas de escape") tales como espacios abiertos y verdes tanto en los nuevos desarrollos como en los planes de regeneración”. Es muy importante considerar esta función de las zonas verdes ya que pueden proporcionar múltiples beneficios desde el punto de vista de la salud pública. Los planes de urbanismo deberían estudiar la forma de incluir estos espacios con los mínimos necesarios para poder cumplir esta exigencia, tanto en las áreas existentes como en las que se creen. Ya hemos visto al estudiar el tema de las zonas verdes la necesidad de que exista una zona verde de dimensión suficiente para que una persona pueda considerarse “fuera” de un lugar cementado, y que se encuentre a menos de 300 metros de su vivienda. Aunque no se menciona en la guía, ya he analizado en otro artículo del blog los beneficios que supone también para la rápida bajada de los niveles de estrés.

Parques de proximidad aunque sean pequeños, pero cercanos y seguros  wikipedia

En el epígrafe “Diseño y reducción del delito” se recomienda que en la organización y en el diseño de áreas urbanas, tanto de nueva creación como de regeneración, se sigan los principios del diseño urbano seguro. En particular para el caso de las zonas verdes y espacios abiertos, con objeto de que la gente las use en la mayor medida posible. A pesar de tratarse de una recomendación obvia, no es sencillo de llevarla a cabo ya que es imprescindible conjugar el aislamiento del tráfago urbano necesario para que una zona verde se considere beneficiosa para la salud, con el principio de “ver y ser visto” (base del diseño seguro). Como siempre en cuestiones de diseño podemos dar normas generales muy bonitas pero la dura realidad le impone al proyectista, muchas veces, misiones imposibles. Sin embargo un profesional capacitado, es decir que tenga en mente las prioridades de cada momento y conozca las posibilidades, conseguirá en muchos casos “cuadrar el círculo” y hacer compatibles necesidades contradictorias. También en la guía se hace mención a la necesidad de no limitarse estrictamente al área de actuación. Resulta necesaria una visión más global respecto al resto de la ciudad y, en concreto, “a los problemas y condiciones de las áreas circundantes”.

La videocámara como panóptico, control policial versus control social  monsefuradio

El apartado "Calidad del diseño y Tipología" está planteado de una forma algo más etérea. Comprendo que entramos en niveles en los cuales es casi imposible generalizar pero se dicen cosas bastante interesantes en páginas anteriores (algunas ya comentadas) que no se ven reflejadas en este resumen. Sólo se mencionan como aspectos concretos: la necesidad de identificar áreas de baja calidad; y la de promover en los desarrollos de alta densidad la privacidad, la mezcla de usos, las relaciones sociales y la participación en la gestión. Todos ellos, temas que nos son suficientemente conocidos. Por último, en lo que se refiere al quinto punto "Gestión y Mantenimiento", de menor interés para nosotros (aunque de gran importancia), se alude a la necesidad de que, como mínimo, tanto los espacios libres como los equipamientos comunitarios estén en disposición de ser utilizados antes de que los habitantes ocupen las viviendas. También a que los residentes participen en la gestión y en el mantenimiento del espacio público y zonas comunes.

Calles para caminar  kalipedia

En la guía también se estudian el resto de factores que influyen en la salud, no sólo mental, sino también física: obesidad y enfermedades cardiovasculares, enfermedades respiratorias, incrementos de la mortalidad en invierno o verano achacables al excesivo frío o calor, y lesiones. Dado su interés dedicaré, en su momento, otro artículo a la obesidad y las enfermedades cardiovasculares en relación con las posibilidades que proporciona una ciudad diseñada para poder andar, circular en bicicleta o realizar deporte en ambientes más naturales. También la cuestión de las lesiones empieza a tener importancia dado que nos encaminamos de forma muy rápida hacia una ciudad de “superviejos” (la cuarta edad) que no está pensada precisamente con criterios de accesibilidad para todos. Sobre ello, o bien Luca o yo, escribiremos algo en su momento. Sin embargo, todo lo relativo a la contaminación relacionada con el urbanismo, es mucho más conocido casi desde los mismos comienzos de nuestra disciplina. Incluso cuando yo era estudiante, mis profesores de urbanismo me enseñaron que tenía que considerar los vientos en la disposición de las zonas industriales “para evitar la contaminación”. Pero las modernas formas de contaminación (visual, electromagnética o acústica) son mucho menos conocidas, y podrán ser temas interesantes para futuros artículos.

Estético penacho de contaminación  docksud

En definitiva, espero que los comentarios de hoy ayuden a despertar el interés por un campo dentro del urbanismo que considero de vital importancia (y nunca mejor utilizada la palabra vital). Lamento que la práctica totalidad de la literatura esté en inglés pero es lo que hay. Esta ha sido una de las razones que me han movido a escribir el artículo. Como el blog se lee en muchos lugares de Latinoamérica y algunos de mis lectores tienen problemas con el inglés, he pensado que los comentarios que he hecho a la guía les podrían ser de utilidad. Para aquellos que entiendan inglés recomiendo el documento original que se puede obtener en pdf en el enlace que figura abajo. También puede ser interesante visitar el blog del Colectivo Lazareto que lleva Luca. Hay mucha información relacionada con un tema poco tratado en nuestro país. Bueno, acabo. Soy consciente que el artículo de hoy es bastante denso, largo y poco humorístico. Además difícil de leer completo. Pero me parece necesario reivindicar la necesidad de leer más de ciento cuarenta caracteres. Sin lectura, sin la travesía personal que supone la interpretación de un texto (incluso largo), no hay cultura. Y sin cultura no es posible la libertad. Aunque cada vez estoy más convencido de que Internet se está empezando a utilizar básicamente como entretenimiento (pan y circo para contentarnos), todavía sigo creyendo en sus posibilidades docentes y culturales.


Enlaces y documentos (por orden de aparición)