jueves, 3 de agosto de 2017

Benevolo: "Orígenes del urbanismo moderno"

Hace unos meses, el 5 de enero de este mismo año, fallecía en su domicilio italiano de Cellatica (muy cerca de Brescia), Leonardo Benevolo. Desde que conocí la noticia me ha parecido que debía de escribir algo sobre su figura. Dado que en los meses de verano suelo comentar alguna publicación importante relacionada con el urbanismo, el paisaje o la ordenación del territorio, me ha parecido oportuno como homenaje a su persona, comentar en este artículo su libro Orígenes del Urbanismo Moderno. No sólo por el interés del análisis que aborda y su enfoque, sino también por la relación casi emocional que me une con este texto con el que me encontré allá por el año 1980 cuando era encargado del curso de Introducción a la Urbanística en la Escuela de Arquitectura de Madrid. En aquellos momentos de mi juventud fue una ayuda inestimable y, en muchos aspectos, casi una revelación.

Leonardo Benevolo en su estudio  corriere

Y además, no sé si como objetivo prioritario, el artículo de hoy es para animar, sobre todo a mis alumnos, a que lo lean ya que se trata de un libro con pocas páginas, bastantes ilustraciones y una estructura casi perfecta. Vamos, un texto legible incluso para la generación del Twitter y del Whatsapp con costumbres de lectura diferentes al momento en el que fue escrito. Pero, antes de empezar con el comentario de algunos aspectos del libro, me gustaría decir algo sobre su autor. Leonardo Benevolo nació en el año 1923 en Orta de San Giulio (Italia) y estudió arquitectura en la universidad de Roma, donde luego sería catedrático de Historia a los treinta y tres años. También fue profesor en Venecia, Florencia y Palermo, así como profesor visitante en varias universidades de todo el mundo como Yale, Columbia o Caracas. Pero de sus relaciones con la de Roma, mejor dejarlas a un lado ya que no terminaron de forma muy amigable.

Centro histórico de Brescia, del PRG de Benevolo de 1980  bmiaa

Fue en Brescia, a partir de mediados de los años setenta donde terminó por establecerse para el desarrollo de su labor profesional. Allí se encargó de asesorar en la compra por parte del Ayuntamiento de los terrenos sobre los que se suponía que iba a crecer la ciudad para dotarlos de infraestructuras y luego vender a los constructores el derecho a edificar. De esta forma evitó la especulación y consiguió un razonable equilibrio entre precio y ganancias. Pero hizo muchas más cosas. Por ejemplo: redujo las posibilidades de edificación del plan de Brescia; intervino, junto con Vittorio Gregotti y Antonio Cederna, en el Proyecto Foros reordenando la zona arqueológica central de Roma; se encargó de redactar el plan de Monza; o, también, se encargó de la construcción de la sede de la Feria de Bolonia.

Maqueta del Proyecto Foros con Gregotti  1988  sab-estudio

Después de la lectura del párrafo anterior parece bastante sencillo deducir que su visión de la arquitectura y el urbanismo no es meramente historiográfica. Lo digo porque, sobre todo, se le conoce por sus publicaciones. Así, su libro Historia de la Arquitectura Moderna, ha sido utilizado como manual de referencia en muchas escuelas de arquitectura. También habría que destacar los cuatro tomos de La Historia de la Ciudad, así como su Introducción a la Arquitectura. Sin embargo, desde mi punto de vista, los Orígenes del Urbanismo Moderno (en mi edición, doscientas páginas en octavo, con ilustraciones) es un texto fundamental para todos los que nos dedicamos a los temas relacionados con la ciudad. Se publicó por primera vez en Roma en 1974 por Gius. Laterza & Figli Spa con el título de Le origini dell’urbanistica moderna.

Fragmento de la portada de la edición de Blume

La edición que voy a comentar es la publicada por Blume en 1979 (compré el libro en 1980) en la colección que dirigía Luis Fernández-Galiano. Como se puede comprender, ya que lo he utilizado sobre todo para la docencia, está totalmente destrozado con múltiples anotaciones mías manuscritas, subrayados de todos los colores y muchas páginas con las esquinas dobladas. Está organizado en cuatro partes. Después del "Prefacio" Benevolo aborda la "Formación de la ciudad industrial". La tercera parte, que es la central del texto se titula "La época de las grandes esperanzas (1815-1848)" y está dividida en dos apartados: "Las utopías del siglo XIX" y "Los comienzos de la legislación urbanística en Inglaterra y Francia". La última parte se titula "1848 y sus consecuencias". Como se puede observar la estructura es de una claridad diáfana, destacando por encima de todas las cosas (luego veremos la causa) una fecha: 1848.

París, plaza Vendôme, el antiguo urbanismo

Su gran aportación es que ofrece una idea sintética y panorámica de un momento crítico en la historia del urbanismo. Precisamente del momento en el que se originó una forma de construir la ciudad que todavía es la vigente en la actualidad. Lo que no deja de ser triste ya que, desde entonces, se han producido (como mínimo) dos hechos determinantes. El primero fue la constatación de los límites planetarios, que ha dado lugar a toda una serie de intentos de respuesta con escaso éxito. Y el segundo, la revolución digital, con fenómenos sociales y económicos como la globalización, de cuyas consecuencias todavía no somos conscientes. Benevolo habla en su libro del desfase que ocurrió en aquellos momentos entre las revoluciones sociales, políticas y económicas y la forma de construir la ciudad. Desfase que, según su opinión, parece haberse acentuado en el momento actual.

Bath, King’s Circus y Royal Crescent, el antiguo urbanismo

En el primer párrafo del libro se puede leer lo siguiente: “El urbanismo moderno no nace al mismo tiempo que los procesos técnicos y económicos que hacen surgir la ciudad industrial y la transforman, sino que se forma en un período posterior, cuando los efectos cuantitativos de las transformaciones en curso se han hecho evidentes y cuando dichos efectos entran en conflicto entre sí, haciendo inevitable una intervención reparadora”. Luego, con el desarrollo del discurso a lo largo del texto, Benevolo explica esta situación que, en definitiva y debido a la presión producida millones de personas que empezaron a trabajar y a vivir de una forma distinta a épocas anteriores, obligó a construir la ciudad de otra forma a como se venía haciendo tradicionalmente. Así que no es extraño que el capítulo dedicado a la formación de la ciudad industrial comience por analizar el aumento de población.

Una forma diferente de trabajar, una nueva era  sobrehistoria

Esto es muy importante, porque precisamente justifica su afirmación de que los cambios en la construcción de la ciudad sólo se producen cuando los efectos cuantitativos de la transformación social producida por la Revolución Industrial se manifiestan en forma de millones de personas que se hacinan en las anticuadas ciudades. Y no antes. La migración del campo a la ciudad con una distribución distinta sobre el territorio debido a las transformaciones económicas va a tener consecuencias importantes. Porque no se trata únicamente de la aparición de la industria, sino también la modificación en las propias condiciones rurales. Por ejemplo, en el texto se estudia la ocupación de las tierras comunales situadas en torno a las antiguas aldeas inglesas que transformó a los antiguos cultivadores directos en jornaleros con una forma muy distinta de producción agrícola y ganadera tradicional.

Tugurio obrero en Glasgow, 1848  Journal del RIBA
 Señalar en la imagen para verla más grande

Y, por supuesto, la propia industria: “La asociación entre la industria y la ciudad fue pronto muy sólida: en las nuevas ciudades, crecidas fuera del sistema tradicional de burgos y parroquias, empresarios y obreros podían eludir los vínculos anacrónicos del sistema corporativo isabelino”. Con todo esto se favorecen de forma notoria las formas de pensar que excluyen cualquier control (y, por supuesto, el urbanístico). Desde Maltus que teorizaba sobre la inutilidad de cualquier forma de ayuda a los pobres, hasta Ricardo que abogaba por la abolición de tasas e impuestos, pasando por Adam Smith que proponía a los entes públicos que vendieran sus propiedades para pagar las deudas. Esto último incluso se produce en el momento actual y se entiende como bueno en algunos ayuntamientos españoles.

La ciudad industrial, grabado de Gustavo Doré, 1872

De forma que se empieza a producir una ciudad verdaderamente terrible. Probablemente la más terrible de la historia, junto con determinados momentos por los que pasó la ciudad medieval. Los nuevos urbanitas procedentes del campo se agolpaban y hacinaban, bien en los centros urbanos degradados, o en barrios que se extendían en torno a la ciudad tradicional construidos por especuladores privados cuyo único objetivo era ganar la mayor cantidad de dinero posible. Ante la ausencia de cualquier regulación el resultado fueron barrios en condiciones higiénicas y sanitarias deplorables en los cuales la esperanza de vida era la mitad que en los lugares donde vivían los ricos. Esto no significa que la viviendas individuales de estos habitantes urbanos fueran peores que las casas del campo. El problema, según Benevolo era que “Las deficiencias higiénicas relativamente tolerables en el campo se vuelven insoportables en la ciudad, debido al apiñamiento y al gran número de las nuevas habitaciones”.

Patio en Nottingham, 1845  del libro

Todo esto, por ejemplo, lo describe Engels en un informe ya clásico sobre de la ciudad de Manchester en La situación de la clase obrera en Inglaterra. Ante este estado de cosas verdaderamente deplorable se empiezan a producir los primeros conflictos de importancia. Así, precisamente en Manchester, en 1919 se produce el episodio que se conoce con el nombre de Peterloo cuando la caballería inglesa carga contra una multitud que solicitaba reformas. La constatación de que este problema no se resolvía por sí mismo dio lugar a una serie de iniciativas políticas y legislativas. De forma que, hasta la revolución de febrero de 1848, hay numerosos intentos de cambio, casi todos basados en la necesidad de unión entre los aspectos técnicos e ideológicos. A partir de entonces, dice Benelovo “surge a la luz el doble carácter, científico y moralista, del urbanismo moderno”.

Robert Owen, una comunidad de armonía y cooperación  courses

Se plantean dos caminos. El primero intenta superar los problemas mediante un modelo alternativo a la ciudad existente. Y el segundo trata de corregir los defectos reformando aspectos parciales. Ambas líneas las analiza en dos apartados separados. En el primero, titulado “Las utopías del siglo XIX”, en el que a partir de Owen y el cooperativismo inglés, analiza las propuestas de Saint-Simon y sus seguidores, Fourier, Godin y Cabet. Se trata de un capítulo de un gran interés ya que, a pesar de su aparente fracaso, muchas de estas propuestas están en la base de algunas ideas posteriores e incluso de algunos proyectos del Movimiento Moderno. También, este caudal utopista será utilizado luego por Howard y su Ciudad Jardín o por los diseñadores alemanes en sus barrios satélites de la primera postguerra.

El familisterio de Godin   rocbor

La otra línea la trata en un capítulo que titula “Los comienzos de la legislación urbanística en Inglaterra y Francia”. Comienza por el análisis de la evolución de los sistemas de comunicaciones (básicamente el ferrocarril) y de como, a partir de su control, el Estado es capaz de modificar profundamente la distribución territorial. Para ello fue fundamental la introducción de la expropiación a gran escala como mecanismo de organización del territorio. Instrumento que se aplicó muy pronto a la ciudad en un intento de superar los problemas higiénicos que diezmaban la población con las epidemias de cólera sucediéndose una detrás de otra. Así, en los años cuarenta del pasado siglo diecinueve se perfeccionaron los sistemas de expropiación que hicieron posible el urbanismo del que todavía estamos viviendo.

Londres, un tren llegando a la estación de Euston  railalbum

Pero no fue solo el sistema de expropiación. Los intentos de mejora de las condiciones higiénicas de las ciudades empezaron en Inglaterra después de la reforma electoral de 1832. En 1835 se organizan los nuevos ayuntamientos dándoles el poder de concentrar las diversas competencias distribuidas en numerosos entes. Esto sucedió, por ejemplo, con las casi trescientas instituciones públicas que en Londres estaban encargadas, entre otras muchas, de la iluminación, el abastecimiento, el alcantarillado o la pavimentación de la ciudad. Por otra parte, después de las conclusiones de la comisión investigadora de la Ley de pobres (a la que encargaron un informe sobre la epidemia de cólera de Whitechapel) se aprueba la llamada primera ley higienista de 9 de agosto de 1844 para Londres y sus contornos.

Public Health Act, 1848  nationalarchives

Dos años después el Parlamento británico empezó a estudiar una ley general que se aprobó por fin el 31 de agosto de 1848. Se puede decir que, con esta ley, empieza el urbanismo moderno. La intervención de “lo público” en lo privado por razones “higiénicas” fue ya irreversible. Y, a partir de ahí, hemos llegado a la situación actual en la que, por ejemplo en España, el contenido del derecho de propiedad del suelo lo determina el plan de urbanismo como sistema para garantizar su función pública. Pero en aquellos momentos de liberalismo sin concesiones las cosas no fueron sencillas. Dice Benevolo: “El 13 de mayo de 1848 el radical ‘Economist’ lamenta que la Public Health Act no haya encontrado una oposición adecuada, y haya desdeñado adentrarse en detalles dado que la ley se refiere a una gran cantidad de materias que ni siquiera podemos enumerar sin acumular en el espacio de que disponemos una multitud de palabras casi ofensivas (se trata de cloacas, desperdicios, etc.)”.

El cólera como indeseado aliado del urbanismo moderno
 Señalar en la imagen para verla más grande  nationalarchives

Y más adelante, en este mismo artículo se puede leer: “Sufrimientos y males son castigos de la naturaleza. No pueden ser eliminados, y los impacientes intentos de la filantropía para proscribirlos del mundo por medio de leyes, antes de haber descubierto su objeto y su fin, han hecho siempre más daño que bien”. Claro que estos “razonamientos” fueron barridos por la siguiente epidemia de cólera que alcanzó también a las capas más favorecidas de la población. A partir de estas leyes sanitarias se produjo otra forma de construir la ciudad, que es la que ahora conocemos. Según Benevolo se podría caracterizar como una reacción reformista (mezclada con algunas ideas utópicas) a la urbanización resultante de la Revolución Industrial. El problema es que las circunstancias actuales no son precisamente las de entonces y, probablemente, estemos necesitados de instrumentos diferentes.

Haussmann, París, Avenida de la Opera karmaschulz 
 Señalar en la imagen para verla más grande

En la última parte del libro analiza lo que sucedió a partir de entonces. Benevolo hace una interpretación de las consecuencias de las rebelión obrera de 1848 y llega a afirmar en uno de los párrafos que el movimiento obrero sale de ella “confundido y disperso”. El Manifiesto de Marx y Engels escrito poco antes, será el germen del que surja en 1864 la Primera Internacional. El acento se pone en la propiedad y el poder y se produce la separación casi irreversible entre “la experiencia urbanística y la izquierda política europea”. Según sus palabras: “En la urbanística, el resultado inmediato es un reforzamiento del aspecto técnico puro. De hecho, en los veinte años que siguen a la revolución de 1848 se realizan los primeros grandes trabajos urbanísticos en las ciudades europeas: les grands travaux de Haussmann en París (1853-69) y de Anspach en Bruselas (1867-71), el trazado del Ring de Viena (de 1857), la transformación de Barcelona (de 1859), la de Florencia…”

La idílica imagen del poblado obrero de Bournville, 1895
 Señalar en la imagen para verla más grande  bvcouncil

Las páginas que siguen dedicadas a la filantropía y a los poblados para trabajadores traslucen una cierta amargura al afirmar que “la urbanística cae profundamente en el ámbito del nuevo conservadurismo europeo”. Al encontrarse Benevolo en la órbita de la democracia cristiana más bien a la izquierda, sus planteamientos no dejan de tener un cierto sesgo ideológico, pero lo que no se le puede negar es la claridad en la forma de ordenar unos acontecimientos convulsos que tuvieron traducción concreta en una forma nueva de ordenar la ciudad. Su tesis sobre la ruptura entre urbanismo y política producida en aquellos momentos a la que nos referíamos en alguno de los párrafos anteriores le lleva a terminar diciendo que: “En este punto los hechos exigirán una nueva confrontación entre los programas urbanísticos y los políticos, que supere la fractura abierta hace cien años. Tal es la tarea ante la cual nos encontramos hoy”.

Nuevos condicionantes de contorno, cambio climático
 NASA, desviación temperatura media en junio 2017  nasa

No estoy demasiado seguro de que esta sea la tarea a la que nos enfrentamos en el siglo XXI. De lo que no cabe duda es que nos encontramos ante un tiempo nuevo, con problemas distintos que requieren soluciones diferentes. Es imprescindible mirar atrás, saber de donde venimos, cuales son los avances que nos han permitido llegar a la situación actual sin haber descarrilado totalmente, pero no sé si es muy acertado suponer que es necesario enmendar los males del pasado para afrontar el futuro. Sobre todo porque, probablemente, los males del pasado no se pueden abordar de la misma forma con un contexto tan diferente. En cualquier caso, este nuevo repaso que le he dado al libro de Benevolo para escribir el artículo me ha descubierto, a pesar de las decenas de anotaciones con diferentes plumas, bolígrafos y lápices con las que he ido colocando señales en el camino de mis sucesivas lecturas, que todavía tenía cosas por descubrir (he escrito unas cuantas notas más). Os recomiendo su lectura, no os arrepentiréis.

domingo, 2 de julio de 2017

Cityland, ciudad de vacaciones

Hasta hace pocos años el turismo (“ese gran invento”) parecía que era iba a ser la panacea para que determinadas ciudades en declive recuperaran su pasado esplendor. Aunque en algunos casos ya se habían detectado problemas. Por ejemplo, siempre se citaba Venecia o Salzburgo. Pero se suponía que eran distorsiones puntuales y que el turismo permitiría recuperar determinados centros históricos que se iban despoblando paulatinamente y para los que no se veía solución. De forma que algunas ciudades empezaron una labor de recomposición de su imagen, tan y como analizaba en el artículo del mes pasado, para colocar su centro histórico en el mercado turístico local o en el global. Esto se hizo mediante distintas estrategias, aunque casi todas pasaban por operaciones puntuales de rehabilitación de edificios concretos o de renovación de espacios urbanos mediante peatonalización y modernización de los mismos.

Imagen tópica del centro histórico de Oporto  voyageprive

Pero hoy no voy a tratar las formas de abordar esta reconversión sino sus consecuencias. Ya se empiezan a alzar voces, no sólo por parte de los vecinos, sino también por expertos en el tema turístico y por urbanistas y planificadores, que señalan los peligros de este tipo de operaciones que terminan por descontrolarse y producir problemas graves en el funcionamiento de la ciudad y en la vida de sus habitantes. Aprovechando que una alumna de la ETSAM presentó hace unos días un TFG sobre esta cuestión relativa a la ciudad de Oporto en Portugal, pensé que sería interesante utilizar parte del mismo para poder tratar el tema con una cierta perspectiva. La alumna se llama Itziar Echebarrieta y su tutora Beatriz Fernández Águeda. Además, dado que en España existe toda una polémica que en estos momentos se concreta en la cuestión de los llamados “pisos turísticos”, que afecta a diversas ciudades, también es bueno mirar a otros sitios para saber si esta situación es privativa de nuestro país.

Antiguos pórticos de descarga de mercancías  Del trabajo de Itziar

Los lectores habituales ya saben que los trabajos de investigación de los alumnos al pasarlos al formato del blog sufren una “reconversión”, no solamente formal sino también relacionada con la finalidad más divulgativa (hasta cierto punto, claro) y polémica. El trabajo entero se podrá encontrar en su momento en el archivo digital de la UPM. Les pido disculpas tanto a la autora como a su tutora por los cambios que he tenido que introducir para adaptarlo.


La identidad [post]industrial. Caso de estudio: Oporto.
Autora: Itziar Echebarrieta
 
Oporto, ciudad con capas  de información superpuestas y yuxtapuestas. Oporto, hipertexto de información descodificado. Oporto, mucho más que “antigua, leal e invicta”, más allá de la ciudad anclada en la historia y la tradición. Oporto como un ente complejo. Podríamos resumir la evolución de esta ciudad portuguesa en tres fases principales: comercial-religiosa, industrial-burguesa y cultural-turística. “O Porto”, desde su origen romano y como su propio nombre indica, ha sido siempre un asentamiento portuario y comercial, punto de entrada, salida y paso de mercancías obligatorio del país. La ciudad fue sede del obispado durante siglos, siendo el obispo quien organizaba la actividad comercial de la ciudad, cuyos éxitos permitieron crear numerosos edificios religiosos. Tal era el poder del obispo, que la nobleza no tenía permitido pernoctar en la ciudad.

Mosteiro de S. Bento da Vitoria portopatrimonio
 
Vila Nova de Gaia, al sur del rio, fue construida como respuesta desafiante del rey hacia el obispo. Sin embargo, su orientación solar norte hizo de ella el lugar idóneo para el almacenaje del vino y construcción de barcos, desarrollándose el espacio más urbano y comercial en Oporto y el más industrial en Gaia. En la segunda fase, la ciudad crece en términos de evolución económica y urbana, decayendo el poder del clero y siendo ahora la burguesía quien posee el poder sobre la ciudad. En este período se realizan proyectos urbanísticos que tratan de dar una imagen monumental y uniforme a la ciudad. Acabado el período de industrialización, la región cae en un decrecimiento profundo de raíces económicas, sociales y políticas. Oporto pierde su función portuaria en 1930 con la construcción del gigantesco puerto de Leixões en la costa.

Puerto de Leixoes, nuevo terminal de cruceros  visitporto

En la última década del siglo XX se inicia la transformación de la ciudad industrial en la ciudad terciaria o de servicios, necesaria dada la grave crisis económica que afecta a las ciudades europeas industriales en los años 70. Después de años de incertidumbre económica, recupera su dinamismo volviéndose una ciudad de economía basada en el turismo, con regeneración urbana y ambiental enfocada hacia instituciones culturales que sirvan de llamada al visitante. Podemos ver claramente este cambio e inicio de la estrategia en el Plan de Acción Turística publicado en 2008 donde se desarrolla una política turística “regional, coherente, realista y original” que, por primera vez, se encuentra contenida en un plan urbanístico que espera sea una referencia común para la expansión del turismo en el Norte.

Imagen de referencia de Oporto en TripAdvisor  tripadvisor

La ciudad de Oporto se convierte en uno de los destinos turísticos destacados en TripAdvisor y empieza a aparecer una y otra vez en los suplementos turísticos de los grandes periódicos como (paradójicamente) el lugar secreto al que hay que ir. No hace más de un par de meses The New York Times la confirmó como el “Portland” de Portugal. Pero ¿qué ha ocurrido con la ciudad real? ¿Qué ha pasado con ella mientras se multiplicaban las tiendas modernas, los salones de té, las terracitas y los apartamentos turísticos con encanto? Hablar de gentrificación cuando se habla de los cambios que ha sufrido el centro de Oporto, “la ciudad antigua” (como reza su lema), no es lo más correcto. Los edificios ruinosos no han dejado paso a viviendas modernas, destinadas a modernos habitantes con un estilo diferente de vida y mayor poder adquisitivo que sus habitantes originales. Se han reconvertido en algo distinto.

Tienda "tradicional" en la Rua das Flores  pfashionmakers

Al pasear por sus calles, se observa que aún cuenta con edificios ruinosos y numerosos carteles de obras en curso o de inmediata realización. Los nombres de las inmobiliarias detrás de los proyectos se repiten constantemente. Varias de estas inmobiliarias se sitúan cerca de la Rúa das Flores, una de las calles más céntricas y uno de los ejemplos de cómo ha cambiado la ciudad en los últimos años, siendo ahora peatonal, abarrotada de terrazas y caras tiendas “tradicionales”. Oporto está cambiando. Vendida a los turistas como portadora de un tradicional señorío, llena de soportales y brisas marinas, con tranvías de madera amarillos fotografiados por miles de cámaras, con fachadas clásicas en empinadas calles o con tiendas de dulces exquisitos y restaurantes de mariscos atendidos por una familia. Veamos los principales problemas consecuencia de lo que se podría llamar “turistificación” de la ciudad.

Aumento de precios

En los últimos años, los precios de los inmuebles en la Baixa  y el centro histórico, se han revalorizado mucho. Según datos de Porto Vivo (la sociedad de rehabilitación urbana) y de Confidencial Imobiliário, en 2015 los precios subieron un 17,1%, siendo el cuarto año consecutivo en el que los precios suben en la zona por encima del 10%. Paralelamente a esta subida, también aumentan los proyectos de restauración con fines hoteleros.

Evolución del precio de residencias  Del trabajo de Itziar
 Señalar en la imagen para verla más grande

En un artículo publicado en 2014 en la revista Metrópole, Luís Mendes explicaba que las leyes de rehabilitación de Portugal han ido cambiando en los últimos tiempos y su consecuente impacto. Dice que: “Este cambio empezó con un giro neoliberal en las políticas urbanas en 2004, con la aprobación de una serie de paquetes de leyes que fueron defendiendo una visión más pro-mercado en lo que respecta a la habitabilidad, favoreciendo la iniciativa privada, la colaboración público-privada y la competitividad en el sector”, explica. “Este giro neoliberal culminó con la aprobación de la Nova Lei do Arrendamento Urbano en 2012 y que facilitó mucho los desalojos y agravó la segregación residencial”.

Número y valor de ventas de alojamientos  Del trabajo de Itziar
 Señalar en la imagen para verla más grande

En 2009, el gobierno de Sócrates implementó el régimen fiscal de los residentes no habituales para atraer a profesionales cualificados y jubilados extranjeros. Los primeros disfrutan de una tasa impositiva reducida sobre la renta del 20% y los segundos (en su mayoría franceses) no pagan impuestos por sus pensiones. En 2012, Passos Coelho liberalizó los alquileres con el resultado de su actualización por encima de la capacidad económica de muchos inquilinos en un contexto de austeridad. Ese mismo año puso en marcha el programa Golden Visa, similar al que existe en España o Grecia, que otorga permisos de residencia a ciudadanos extracomunitarios que hagan inversiones (generalmente inmobiliarias) de 500.000 euros en Portugal. En caso de compra de propiedades de más de 30 años o situadas en áreas de rehabilitación, basta gastar 350.000. Al estimular la demanda en mercados externos con mayor poder adquisitivo, se promueve el aumento de los precios de la vivienda sobre la capacidad de una población local empobrecida por la austeridad.

Modificación del uso habitacional

Nuno Cabral, de la inmobiliaria “100 Domus”, confirma en una entrevista que la zona no se está gentrificando de un modo tradicional. Cuenta que alrededor del 95% de sus clientes están comprando estos edificios restaurados,  reconvertidos en apartamentos para estancias cortas, en espacios turísticos. Reconoce que hay algunos edificios de renta antigua y cuyos habitantes permanecen allí, pero lo más habitual es que fuesen antes viviendas unifamiliares que llevaban mucho tiempo cerradas. Comentando estas opiniones de la inmobiliaria con Rio Fernandes, éste las confirma, y apunta que: “en algunos casos se puedan haber producido presiones para convencer a las personas para que saliesen, no ha ocurrido en muchos casos”.

Alojamientos para alquilar  Del trabajo de Itziar
 Señalar en la imagen para verla más grande

Entonces, si nadie se fue de sus casas y si nadie habitaba allí, ¿ha encontrado Oporto la varita mágica para solucionar los problemas de los centros históricos sin hacer daño a nadie? “Es cierto que una parte significativa de la ocupación por parte del alojamiento turístico de los edificios de uso residencial no implicó el desalojo directo de los habitantes, porque los edificios ya estaban vacantes y en avanzado estado de mala conservación. Estaban vacíos. No vivía nadie allí. Es un hecho. Sin embargo, el desalojo al que estamos asistiendo es indirecto y más grave todavía”, explica por correo electrónico Luís Mendes, profesor de la Universidad de Lisboa y experto en geografía urbana. La ciudad, explica, está cambiando a largo plazo y hace que los habitantes de bajo nivel adquisitivo tengan mucho más complicado quedarse en la zona. En este contexto de demanda acumulada de vivienda de alquiler y poca oferta surge Airbnb, que ofrece a los propietarios la oportunidad de ganar más por sus viviendas si alquilan a corto plazo.

Alojamientos en venta  Del trabajo de Itziar
 Señalar en la imagen para verla más grande

Se dan de dos situaciones: los negocios «profesionales» de edificios convertidos en bloques de apartamentos, y los «amateur», con habitaciones o pisos completos que la población, como medida de desprecarización o invitada al festín del negocio turístico, que pone en alquiler en plataformas digitales. La paradoja es evidente: la población en situación de precariedad contribuye al encarecimiento de unos alquileres que al cabo de poco tiempo acabará expulsándola. Airbnb nació como una buena idea de Internet: compartir, conocer gente y conseguir algo de dinero. Alquilar  a turistas ocasionales la habitación de invitados, desayunar con ellos, orientarles un poco por la ciudad propia. Ése era el propósito inicial. Airbnb peleaba a la vez contra caseros  y hoteles. La economía colaborativa prometía un futuro esplendoroso y horizontal, en el que cada individuo con una propiedad o un medio de producción podía vivir el sueño emprendedor a microescala.

Crecimiento de nuevas formas de alojamiento  Del trabajo de Itziar
 Señalar en la imagen para verla más grande

Para Álvaro Ardura, coautor de First we take Manhattan. La destrucción creativa de las ciudades, Airbnb pudo canalizar en un principio las viviendas que estaban vacías, impulsando a sus dueños a destinarlas al alquiler turístico, “pero lo que sospechamos es que ahora se está produciendo una importante sustitución de vivienda habitual por una vivienda turística”. Al menos la mitad de ellas se alquilan al completo: son viviendas turísticas donde no vive nadie. Gestionadas por agencias que controlan la entrega de llaves, la limpieza de los pisos, hasta ofrecen servicios de interiorismo para perpetuar esa ilusión de que el turista llega a una casa normal. Las residencias se han convertido en simulacros de vivienda. Juguetes en el cuarto de los niños que no han sido usados. Libros que jamás han sido abiertos en las estanterías. Fotos de recuerdo para rememorar viajes que nadie ha realizado. Todo para prolongar esa ilusión de estar en un hogar. Por supuesto, también para que ese "hogar" no sea considerado como piso turístico y pueda evadir impuestos y requisitos.

Alquiler Airbnb en Oporto  Del trabajo de Itziar
 Señalar en la imagen para verla más grande

Y así, en tan solo dos años ha desaparecido casi toda la oferta de alquiler tradicional en el centro urbano. El problema añadido es que la inmensa mayoría (hasta un 90%) son ilegales, es decir, no tienen la licencia correspondiente. Según un informe de principios de año, hay poco más de 900 pisos registrados como turísticos en la ciudad. Sin embargo, según las estadísticas de la web especializada AirDNA, existen más de 10.000 ofertas de alquiler en Airbnb sólo en la ciudad. El 64% son ofertas por la casa entera, frente al 34% que ofrece alquilar una sola habitación. “No son ya propietarios que alquilan la casa que tienen vacía, sino empresas inmobiliarias que compran pisos para destinarlos a esta actividad, sacan del mercado de alquiler residencial miles de pisos, se reduce la oferta y se disparan los precios”, argumenta Castaño.

Exclusividad de servicios

El fin de la renta antigua ha multiplicado también los precios de los alquileres de locales por cuatro o por cinco, lo que ya ha provocado el cierre de multitud de negocios, sustituidos por franquicias o grandes firmas. Siendo el vínculo de la ciudad con el turismo como única vía productiva, y por lo tanto con el sector de la hostelería, se genera otro círculo vicioso. Las instituciones no abogan por alternativas productivas y favorecen solo a este sector. ¿Para qué se va a montar un supermercado si en tu barrio sólo hay turistas? ¿Para qué ofrecer servicios a ciudadanos que no existen? El comercio tradicional es el que más sufre, desapareciendo y, con él, está muriendo un ecosistema urbano.

Sectores de empleo en 2001  Del trabajo de Itziar
 Señalar en la imagen para verla más grande

El sector hostelero, con permisividad administrativa y perfil laboral de baja cualificación, contribuye a la precariedad laboral. Debido a sus corta duración los contratos temporales dejan a los trabajadores sin apenas posibilidad de acceso al desempleo. Así por ejemplo, la famosa librería Lello e Irmão, que siempre aparece en las listas de las librerías más bonitas por su arquitectura modernista, al perder sus clientes habituales por estar siempre llena de visitantes, ha pasado de prohibir hacer fotos, a limitar el aforo y cobrar entrada, cada año más cara, después de hacer una cola que se extiende calle abajo. “Los viejos restaurantes se han adaptado a los nuevos clientes, otros cierran comprados por quienes venden algo ‘neotradicional’ supuestamente típico pero caro”, explica Rio Fernandes. “Con el comercio pasó un poco lo mismo”, recordando que “una mercería que tenía fruta en cestos y bacalao seco colgado en el exterior, la Casa Oriental, al lado de la Torre dos Clérigos, ha sido comprada y ahora es algo totalmente limpio y ordenado y tiene colgados bacalaos de plástico. Es muy ridículo”.

Sectores de empleo en 2011  Del trabajo de Itziar
 Señalar en la imagen para verla más grande

El entorno se ha llenado de bares, entre los que abundan lo de grandes cadenas, franquicias y otros sin apenas singularidad, así como un comercio que, orientado al consumo de masas, deja a los vecinos sin posibilidades de cubrir sus necesidades cotidianas. Estos bares interfieren con la vida de los residentes habituales por el ruido o reciben denuncias por incumplimiento de la normativa sobre accesibilidad que obliga a una separación mínima entre las mesas de las terrazas y las fachadas para facilitar la orientación con el bastón a las personas ciegas. No deben de realizarse demasiadas inspecciones para comprobar su cumplimiento, cuando a simple vista encontramos multitud de establecimientos que la vulneran.

Expulsión de la población del centro

Las viviendas del centro histórico de Oporto se estudian en la Universidad de Arquitectura como “casas burguesas”, dado que la mayoría corresponden a la época de auge de este sector y se realizaron siguiendo los modelos ingleses y holandeses de casas altas y estrechas, con un jardín privado en la parte posterior. Muchos propietarios las describen con techos altos, escaleras centrales y aires victorianos. La topografía de la ciudad, sus calles estrechas y empedradas, la falta de aparcamiento y la construcción antigua hacían de estos inmuebles una propiedad como deseada hasta hace relativamente poco tiempo.

Variación población residente por barrios  Del trabajo de Itziar
 Señalar en la imagen para verla más grande

La población original del centro estaba compuesta básicamente por residentes de edad avanzada que habían crecido en la zona, igual que sus padres, así como de población de bajo o medio poder adquisitivo que fue llegando al irse despoblando. Esto se debía a que la práctica general de los poderes públicos durante décadas fue el abandono de la zona, que decaía entre ruinas, solares, falta de servicios públicos, basura y suciedad. De forma que los precios de la vivienda resultaban accesibles para la población migrante, jóvenes estudiantes o con trabajos precarios formando, entre otros, un cierto tejido innovador. La llegada de otra población, de locales de ocio nocturno, de espacios creativos y culturales, dio dinamismo a una zona que, al mismo tiempo, atraía a perfiles de mayor poder adquisitivo. Debemos sumar a ello la, en principio, positiva peatonalización de grandes áreas, que, no obstante, ha traído consigo la invasión del espacio público por terrazas y “segways” con turistas.

Portopoly  Del trabajo de Itziar

Esta huida del comercio tradicional y este cambio en lo que se vende y en cómo se vende no solo interviene en el paisaje, sino que además modifica por completo la accesibilidad de la zona. Es parte del desalojo indirecto del que hablaba Luís Mendes, que sumado a la subida de precio de los alquileres y los servicios de la zona, hacen que sea imposible que nuevos habitantes y comerciantes de la propia ciudad entren en el barrio. “En este momento, no existen casas en el mercado del alquiler residencial en los centros de Oporto y de Lisboa, ya que todos los apartamentos han sido tomados al asalto para los alquileres de corta duración, los hoteles o el alojamiento, destinados al turismo de city break”, apunta. Las piezas del mecanismo de recambio de población están listas, algo además allanado por una población en permanente rotación y tránsito, que dificulta cualquier relación de vecindad y lazos de comunidad frente al proceso en marcha.

City exit  Del trabajo de Itziar

La población originaria es empujada a abandonar la zona y dar vía libre a su sustitución por una población flotante de turistas, que requiere negocios ruidosos para su ocio, en lo que es parte de ese círculo vicioso de   la “turistificación”.

Pérdida de identidad

El peligro es que los centros de las grandes ciudades asediadas por el turismo se conviertan en disneylandias deshabitadas, en apartahoteles masivos que ofrecen servicios exclusivos para turistas en muchos casos similares a los de sus propios países. Vasconcelos se justifica diciendo que: “las grandes ciudades cosmopolitas del mundo se parecen entre sí”. Y añade que ahora la ciudad es “verdaderamente cosmopolita”. Cabe preguntarse si todos estos cambios no acabarán matando a la ciudad en sí. Las ciudades italianas, que han sufrido este proceso desde que los años del Gran Tour y los viajes de los poetas románticos ingleses, se han convertido ya en muchos casos en un espacio irreal, un escenario. El caso más conocido es Venecia, hasta tal punto que se ha acuñado ya el término “el síndrome de Venecia” para hablar de este fenómeno. Se calcula que en 2030 no quedará ningún habitante en el centro de esta ciudad italiana.

 Porto, A Ribeira con los antiguos soportales reconvertidos  trekearth

“Todo podría haber resultado diferente si la ciudad estuviese orientada a recibir turistas pero sin ser de los turistas”, apunta Rio Fernandes cuando se le pregunta si todo se podría haber hecho de otra manera. Se está cayendo en el riesgo de depender demasiado del turismo y sobre todo de perder por completo lo que caracteriza a la ciudad, su identidad, su particular forma de ser. “La pérdida de características de los barrios históricos y su disneyficación destruyen precisamente su autenticidad, su memoria y la identidad de sus comunidades, condiciones que son las que constituyen el atractivo turístico”, señala. Oporto no es una ciudad con ruinas de más de 2000 años de antigüedad. Italia, incluso en sus casos más extremos, sigue funcionando como llamada turística, pero Oporto capta la atención de los visitantes precisamente por sus habitantes, por las tradiciones que aún se desarrollan en sus calles y fachadas.

Se vende ciudad  Del trabajo de Itziar

No podemos reducir la ciudad a un escenario turístico vacío de habitantes reales, ya que probablemente muchos turistas dejarán de estar interesados en visitarla. Se habría matado a la gallina de los huevos de oro de tanto cebarla. Por tanto, orientar la nueva identidad de la ciudad únicamente hacia el turismo podría llevar, en el futuro, a una nueva decadencia de la ciudad. ¿Qué otros costes incuantificables para la población supone este modelo? Pérdida patrimonial, de opciones de uso del espacio público, de calidad de vida, de comunidad, expulsión del entorno habitual, trastornos en la salud y el descanso, etc. También se corre el riesgo de que este modelo urbano se vaya extendiendo a otras partes de la ciudad como una mancha de aceite.

Autora: Itziar Echebarrieta


Aunque el trabajo de Itziar explica como se ha producido el proceso de reconversión de Oporto desde una ciudad religiosa y comercial a una ciudad turística pasando por una etapa industrial y la situación en la que se encuentra actualmente, me he centrado en recoger la parte exclusivamente dedicada a las consecuencias indeseadas (para algunos) de este cambio. Por supuesto, esto no quiere decir que no existan aspectos positivos que han de ser considerados con el mayor interés. Es más, en muchos casos ha sido la última posibilidad de unos centros cuya degradación no parecía tener solución. Pero estos aspectos positivos son los que normalmente se destacan y es necesario poner el necesario contrapeso en los negativos.

Calle Santa Catarina  otroviaje

Además me ha parecido interesante recoger este trabajo por otras razones, una de las cuales es la polémica que actualmente está planteada en algunas ciudades españolas como Madrid o Barcelona. Incluso Santiago de Compostela a pesar de su experiencia de siglos relacionada con el turismo, y haber conseguido salir relativamente indemne hasta el momento, empieza a dar síntomas de que pierde el control de algunos elementos críticos. La situación es complicada porque en casi todos los casos el problema es de monocultivo turístico y no es fácil plantear alternativas razonables. Se trata, además, de un monocultivo turístico muy específico y sensible a “infecciones” importantes tales como la seguridad, los precios o la moda. Probablemente la recuperación del rumbo de la nave (que ahora mismo está al pairo) pase por introducir algo de complejidad. Complejidad no solo basada en actividades distintas a las propiamente turísticas, sino también en turismo de diferentes formatos tal y como he tratado de razonar en otros artículos del blog desde hace varios años.

El abandono de Holy Land (USA), metáfora de la posible
 decadencia de la ciudad como parque de atracciones  pinsdaddy

En cualquier caso parece básico conseguir vida urbana real en estos centros sometidos a una fuerte presión del selfi. Lo que significa, obviamente, dedicar una parte importante del mismo a la residencia con lo que ello conlleva. En aquellos lugares donde todavía sea posible, habría que incentivar el mantenimiento de las viviendas de uso residencial tradicional tratando de no perder las redes sociales permanentes, básicas para el funcionamiento de los grupos y del modo de vida urbano. En caso de no conseguirlo, el futuro se anuncia complicado al sustentarse este tipo de turismo masivo de forma casi exclusiva en precios del transporte de personas muy bajos por no incluir (de momento) los costes ecológicos. Y en una “sociedad del espectáculo” que, tarde o temprano es probable que cambie, dejando el parque de atracciones en que se han convertido algunos centros urbanos, en un espacio degradado y abandonado con unas posibilidades de reconversión futura bastante limitadas.



Nota.-He optado por no incluir las fuentes y referencias del trabajo que, en su momento, se podrán consultan conjuntamente con el mismo cuando se suba a la plataforma abierta de la UPM, para no alargar un artículo ya demasiado extenso. A continuación incluyo solo algunas páginas accesibles en Internet y que pueden ayudar a completar el tema:


domingo, 4 de junio de 2017

Turismo, paisaje e identidad

Simplificando un poco, y como ya he escrito en algún otro artículo del blog, podríamos hablar de dos grandes tipos de turismo. Por una parte, un turismo basado en el territorio y, por otra, el relacionado con actividades ajenas al mismo y que, con determinadas condiciones, se puede producir casi en cualquier sitio. Al primero se le conoce como “turismo anclado”, y al segundo como “turismo flotante”. Hoy voy a centrarme en el primero en el que, a su vez, se pueden distinguir dos modalidades: El turismo que se suele denominar cultural, y el de naturaleza. No es que la naturaleza no sea cultura y que los hechos del hombre no formen parte de la naturaleza sino que, desde el punto de vista práctico se puede diferenciar entre lugares que cuentan con obras admirables de la creación humana, museos, catedrales, centros históricos de aquellos otros con panoramas naturales espléndidos, bosques, acantilados o ríos maravillosos.

Una reunión de negocios global necesita un lenguaje
 común global ¡y un fondo de escritorio tipo Windows XP! icebergci

En ambos casos (y en todos aquellos mezcla de ambos que son los mayoritarios), y para que funcione, hay que competir en un mercado global ya que se supone que el planeta entero debería de ser nuestro mercado turístico. En el momento actual “vender en el mercado global” significa, básicamente, imagen. Además, una imagen que cuente con unas características determinadas. La principal es que pueda ser entendida por la mayor cantidad de gente posible aunque geográfica y culturalmente esté muy alejada del lugar que se pretende vender. Lo que significa que se hace necesario el uso de un lenguaje formal global y no uno local sólo comprensible para los “locales” porque, precisamente, de lo que se trata es de incrustarse, meterse en el alma y en el deseo de los de afuera. Y, con objeto de diferenciarse de la competencia, esto suele reducir la mayor parte de las imágenes que se proponen a banalidades extravagantes pero, eso sí, fácilmente asimilables.

Fachada de la biblioteca pública de Kansas, USA
 La extravagancia con reclamo  idealista

Lo malo de esta situación es que contamos con un vocabulario formal muy limitado que suele reducirse a lo raro o lo fuera de escala. La estructura de madera más larga del mundo, el rascacielos más alto, el mirador más vertiginoso, la casa-libro, o "pitufilandia" el pueblo azul de Júzcar (Málaga). El que un pueblecito de la Serranía de Ronda, de casas tradicionalmente de blanco, decida un día (por sugerencia de Sony) y con motivo del estreno de la película en 3D de Los Pitufos pintar todas sus casas de azul es un ejemplo paradigmático de lo que trato de decir. El problema es que ha funcionado y, a día de hoy, casi toda la actividad del pueblo se basa en el turismo. Vendemos así las imágenes de nuestras ciudades, de nuestros territorios, de nuestros países. Hay ciudades, territorios, países, que ya tienen una imagen consolidada. Dice Ignacio Armada Manrique (ver el artículo de 2008 sobre el skyline de Madrid):

Pitufilandia, el pueblo azul de Júzcar  elmundo

"Ciudades europeas como Londres, París e incluso Berlín con su puerta de Brandemburgo -y no digamos Roma o Venecia-, también cuentan con una suerte de sky-line al que han recurrido no pocas veces los cineastas autóctonos, e igualmente los foráneos que han localizado allí sus filmaciones. Es algo que explicaban en los años sesenta desde Alfred Hitchcock a François Truffaut y que se puede resumir en el siguiente lema: si vas a rodar en una ciudad con un edificio famoso, localiza la acción en ese lugar. No sólo la imagen aporta información sobre el escenario; además, el espectador se sentirá inconscientemente cómodo y satisfecho al poder contemplar lo que en definitiva esperaba ver. Si una película transcurre en Londres, necesitamos ver el Big Ben. No podemos por menos de preguntarnos por qué eso no ha ocurrido en el cine español, ni antes ni ahora, respecto a Madrid".

Madrid no tiene imagen global, solo local. Necesita
 un letrero que diga: estamos en Madrid  foto de tecmerin

Cuando, como en el caso de Madrid, no existe una imagen global, todo en más sencillo: o se pone un cartel con el nombre de Madrid, o se crea una imagen y se vende con la oportuna campaña publicitaria. Aunque crear una imagen partiendo de cero no es tan sencillo. Llevo bastantes años trabajando en temas de imagen e identidad y he llegado a la conclusión que los términos imagen e identidad están mucho más imbricados de lo que parece y que una imagen que no responda a una identidad previa no suele consolidarse. Si es suficientemente extravagante se comporta como los fuegos artificiales o los trending topics: dura unos segundos y luego se desvanece ante el empuje de otras extravagancias mayores. Eso sí, los restos de una mala decisión pueden quedar para siempre condicionando los elementos locales, y en algunos casos la imagen global, como, por ejemplo, la torre Agbar en Barcelona o el rascacielos Cajasol en Sevilla que compiten, respectivamente, con la Sagrada Familia o con la Giralda.

Barcelona no tiene el problema de Madrid. Además de la Sagrada
 Familia cuenta con un gran consolador de referencia  laguiadeviaje

Pero claro, para que las imágenes respondan a los valores identitarios de una sociedad concreta tropezamos con la necesidad de utilizar un repertorio formal local, normalmente incompatible con el global ya que es necesario pertenecer a esa cultura o haberla estudiado con suficiente intensidad. Si un árabe utiliza, de verdad, los recursos formales propios de su cultura jamás podrá posicionarse en un mercado global ya que su vocabulario icónico y de imagen normalmente (a menos que medie el exotismo o la extravagancia) será incomprensible para un sueco, por  ejemplo. Entonces tiene que recurrir a los recursos foráneos, recursos ajenos a su identidad y que, excepto casos muy especiales, son rechazados tarde o temprano entre los locales (o bien se pierden los elementos propios del sitio sustituidos por los foráneos). Y que, también, más pronto que tarde, son superados por otras extravagancias mayores.

La ciudad de Amman en Jordania todavía conserva
 su identidad en parte de su recinto histórico  trekearth

Sea cual sea el producto turístico global creado dependerá, esencialmente, del transporte. Los destinos más alejados, más exóticos, más inaccesibles, son los más deseados. No porque nos proporcione mayor placer el lugar sino por el hecho de estar en un sitio donde muy pocas personas pueden estar o donde es imprescindible haber estado. “¿Ah, pero tú no has estado nunca en Cancún? -dices mientras posas en mí tu mirada azul- pues no debes perdértelo, nosotros estuvimos el año pasado y fue fenomenal, un hotel fantástico con sirvientes nativos que te colmaban de atenciones y daiquiris todo el tiempo, además un día nos llevaron a ver unas piedras de una cultura mayólica o algo así que mataban a los prisioneros y les arrancaban la piel”. De forma que la industria turística, en la actualidad, consiste en llevar a la mayor cantidad posible de personas lo más lejos que nos permita el presupuesto para que puedan contarlo en Twitter, Facebook, o Instagram.

Lo de menos es el sitio, lo que importa es hacerte
 un selfi en el sitio, incluso con "selfie shoes"  demilked

Sin embargo parece que por primera vez en la historia, la humanidad ha visto que existen límites reales que condicionan todo. Desde las expectativas hasta los valores pasando por las propias formas de distribuirse por el territorio. Límites que, además, están muy cercanos. Resulta que una parte muy importante de la huella ecológica se invierte en desplazamientos horizontales: de alimentos, de materiales, de energía, de personas. Yo puedo entender que se importen ordenadores o relojes de China, pero no me cabe en la cabeza que se traigan piedras que pesan cientos de toneladas. Pero lo peor de todo es que, por ejemplo, miles de ingleses se desplacen un viernes a Ibiza, se pasen todo el fin de semana bailando en Pachá y luego el domingo por la noche vuelvan a Londres y sigan con su vida normal ¿no sería mejor que bailaran directamente en Londres y dejaran tranquilo el planeta?

¿Por qué ir a emborracharte en Magaluf pudiendo
 hacerlo en UK con menores costes ecológicos?  thesun

Ya escribí en otro artículo del blog que una de las pocas justificaciones del turismo era el reequilibrio de rentas entre la población autóctona y la foránea. Es decir que, hasta cierto punto, podría ser admisible tanto dispendio si, por lo menos, valiera para que los residentes más pobres pudieran conseguir rentas mayores. Sin embargo no suele ser así. En un estudio que hicimos hace bastantes años calculamos cual era el beneficio económico que dejaba un safari fotográfico en Kenia a los keniatas. Bien, de cada cien marcos (todavía no estaba en vigor el euro) que pagaba un muniqués por el safari sólo quedaban en Kenia dos. Se podrá decir que esto es mejor que nada, pero todo lo demás se lo quedaba la cadena inglesa de hoteles, la operadora turística alemana o la compañía aérea de los Emiratos. Si es que hasta la comida y las bebidas del hotel procedían de  una empresa de suministros canadiense. Espero que esta situación haya cambiado porque se trataba de un nuevo colonialismo territorial.

Safari en Kenia, casi nada para los keniatas  ep24

Pero el problema fundamental no está en que sea un verdadero desperdicio ecológico y un desastre social (no tengo tiempo de meterme en honduras con este tema pero aquí tendría que plantear la teoría de los ecotonos sociales y el necesario mantenimiento de las estructuras culturales autóctonas que salvaguarden la diversidad) sino que no tiene futuro. Algunas estimaciones (foro UNIA) nos dicen que el precio de la energía se va a duplicar hacia el 2030 a igualdad de todos los demás factores. No es que no exista energía, ni tan siquiera que se terminen los combustibles fósiles (mediante el craking tenemos mucho más de lo que podemos gastar en un futuro inmediato). El problema es el coste. Si en 1998 el gasto en transporte y comunicaciones era el 12,6% del presupuesto familiar, y en 2010 el 15,6%, el hecho de superar el 30% va a tener unas implicaciones importantísimas no sólo en el funcionamiento de las ciudades (el sprawl residencial va a ser casi inviable) sino también en el turismo. Pero, para entonces, algunas cosas ya serán irreversibles. Por ejemplo, el cambio climático.

Una de las posibles consecuencias de la caída turística
 Ruinas Modernas, urbanización en Estepona  juliaschulz

El primero que sufrirá bastante será el turismo descontextualizado o, como yo le llamo, el turismo flotante. Una buena parte del mismo sencillamente va a desaparecer. También afectará al turismo cultural, ya que muchas de las actividades que lo mantienen se pueden sustituir. Los turistas se lo pensarán dos veces a la hora de ir a París a ver “La Gioconda” cuando pueden ver hasta las pinceladas en una reproducción accesible en Internet (los museos en la web empiezan a tener una gran importancia). Probablemente el que menos se vaya a resentir sea el turismo de naturaleza porque, claro, la experiencia no es tan sencilla de repetir con sistemas virtuales. Habrá que ir adaptando nuestro turismo a desplazamientos cada vez más cercanos. De forma que los ámbitos locales volverán a ser determinantes y recuperarán el peso que tuvieron en su día. Aquellos lugares que no se planteen su reconversión van a verse muy afectados. Y, sobre todo, parece imperiosa la necesidad de diversificar el producto. 

Iconos globales, “La Gioconda”. El aumento del precio del
 transporte le afectará mucho como destino turístico  lanacion

Y respecto al tema de las marcas y la imagen esperamos que las cosas mejoren bastante. Al no ser necesario competir en un mercado global sino en uno local, más reducido, paradójicamente aumentan las posibilidades de utilizar un vocabulario formal mucho más amplio lo que posibilita convertir valores identitarios en imágenes. Y esto se relaciona directamente con la creación de paisajes. Respecto a este tema, y para terminar, voy a reproducir un texto que envié para publicar en el décimo newsletter del Primer Coloquio Ibérico de Paisaje celebrado en Lisboa hace un par de meses y muy relacionado con el artículo de hoy. Lo titulé “Identidad y Paisaje”. A pesar del tono distendido del mismo, el problema de fondo que plantea es la posibilidad de una diversidad cultural en un mundo globalizado. Sobre todo en lo que se refiere a las imágenes de “usar y tirar” que están en la base de una sociedad del espectáculo con poco futuro. Espero que los profesionales del paisajismo no se enfaden demasiado.

Mis imágenes y recuerdos favoritos, Santiago, Quintanas
 Estado en el que se encontraba mi "locus" en 1926  savoy

Dice Maurice Halbwachs: "Por lo tanto, no es totalmente cierto que para recordar haya que transportarse con el pensamiento fuera del espacio, ya que, al contrario, es sólo la imagen del espacio la que, por su estabilidad, nos ofrece la ilusión de no cambiar en absoluto a lo largo del tiempo y encontrar el pasado en el presente; pero así es como podemos definir la memoria, y el espacio es el único que resulta lo suficientemente estable para poder durar sin envejecer ni perder ninguna de sus partes". Es ese sentido del lugar, el locus, lo que crea identidad, tanto colectiva como individual. Lo que otorga al individuo y al grupo el hecho diferencial que le convierte en algo propio y que da lugar a la aparición del otro. Pero para que esto suceda deben de formalizarse vivencias comunes en ese espacio para que den soporte a las imágenes y al recuerdo. Surge así el paisaje como territorio donde ocurren cosas, como lugar creador de identidad. Este es un aspecto del paisaje frecuentemente olvidado.

Todos los tópicos del paisaje juntos en la misma imagen
 Pertenecen al acervo formal global  traveltop

Se puede entender el paisaje desde muchos puntos de vista: como recurso, como belleza, como ecología, como soporte. Pero, en últimos tiempos, el paisaje se entiende básicamente como objeto de consumo. Ni siquiera tiene que ser estrictamente bello o portador de valores ecológicos. Es suficiente con que sea conocido y objeto de deseo. Cientos de miles de personas visitan Iguazú, la torre de Belem en Lisboa, el casco histórico de la ciudad de Cáceres o el bosque de Irati, y eso crea riqueza para algunos. Pero, poco a poco, esos lugares se van convirtiendo estrictamente en mera tramoya teatral obviando otros valores importantes relacionados con la identidad de pueblos y culturas. Y es así como algunos lugares se transforman en otra cosa, adaptándose a los requisitos que esperan encontrar aquellos que los visitan y perdiendo los elementos que eran referencia para los grupos que, precisamente, los habían ido creando y manteniendo. Es decir, adoptan un lenguaje formal único inexorablemente relacionado con el pensamiento único.

El paisaje de Millana visto por un residente. Del articulo de Teresa Eiroa
 publicado en el blog sobre los aspectos identitarios del paisaje rural

Estamos, por tanto, en un momento delicado, en el que sería interesante que se produjera un cierto equilibrio entre los distintos objetivos que deberían de proponerse a la hora de mantener determinados paisajes. El problema es que casi el único objetivo es conseguir paisajes cuyas formas sean del agrado del mayor número de personas, justamente de aquellas que los visitan, no de aquellas que los viven. Paisajes creados para el turismo. Esto trae consigo implicaciones importantes como son el fortalecimiento de lenguajes formales comunes digeribles por la mayoría de la gente frente a los lenguajes locales, con una pérdida evidente de diversidad. También la consideración de los valores económicos por encima de cualquier otro relativo a la vida de las personas. Y es así como los sistemas masivos de difusión de imágenes están contribuyendo a la creación de patrones formales comunes en detrimento de genius loci tal y como se ilustra en la imagen de abajo.

El fondo de escritorio de Windows XP (ver la primera
imagen del artículo). Creando lenguajes formales globales

Ante esta imposición mayoritaria y casi tiránica del paisaje como “sitio donde hacerme un selfi”, deberíamos reivindicar que el paisaje sea también aquel lugar indisolublemente unido a la creación de la identidad individual o colectiva. No exterminar el genius loci debería ser el primer mandamiento de todos los que, de una forma u otra, intervenimos en el paisaje. Para lo cual, claro, primero hay que encontrarlo. Cosa, por lo que se ve, bastante complicada cuando en la mayoría de los casos ni tan siquiera se considera a la gente directamente relacionada con el mismo. Y mucho menos cuando esta relación no es la actualmente existente sino la que se ha producido a lo largo de años, siglos o milenios. Y es que este geniecillo del lugar muchas veces queda convertido en delicioso manjar que es devorado con fruición (y hasta su completa desaparición) por una masa de turistas ávidos de consumirlo. Eso sí, previamente cocinado al vapor por expertos chefs paisajistas, arquitectos, urbanistas, planificadores y creativos publicitarios, lo suficientemente alejados del sitio como para ser capaces de destruirlo con gran alegría y sin mayores remordimientos.