domingo, 2 de octubre de 2011

Coderch, Alejandro de la Sota y la Ciudad Astur

En los dos últimos viernes he estado en tribunales de tesis doctorales. Tesis muy diferentes entre sí y que probablemente marquen los límites de mi “zona de intereses” que, como podrá verse, son bastante amplios. La lectura de la primera ha sido en Barcelona y la segunda en Oviedo. He pasado en siete días de El exterior como prolongación de la casa (Los espacios intersticiales en clave tipológica, a través de dos obras de Coderch y De la Sota) a La sostenibilidad del crecimiento residencial de baja densidad. El caso del área metropolitana de Asturias. El autor de la primera ha sido Andrés Martínez y sus directores Carlos Martí y Víctor Brosa y se leyó en el departamento de Proyectos Arquitectónicos de la Universitat Politècnica de Catalunya. El tribunal, los directores y el doctorando éramos arquitectos. Cristóbal Manuel Carrero de Roa es el autor de la segunda, su director Fermín Rodríguez, y se leyó en el Departamento de Geografía de la Universidad de Oviedo. Todos geógrafos menos el doctorando y yo que éramos arquitectos. Ha sido maravilloso. Una de esas experiencias que me ratifican en la necesidad que tiene la investigación de ampliar el estrecho campo de visión de las áreas de conocimiento cerradas.

Coderch, Casa Gili, terraza, porche y vestíbulo. Tesis de AM

Reconozco que, como algunos de los seres extravagantes que me acompañan en el viaje del urbanismo y la ordenación del territorio, soy un privilegiado. El poder poner uno al lado del otro, casi sin solución de continuidad (una semana es un instante), el espacio exterior de la casa y la forma en la que está organizado el territorio de la parte central de Asturias, a algunos les puede parecer una locura. Y todavía más si explico que ambos trabajos representan dos enfoques de investigación diametralmente opuestos. Pero, desde mi punto de vista, esto no es más que un indicador de la convergencia que en el momento actual se está produciendo en el campo de la organización del espacio, sea territorial, arquitectónico o urbano y en la necesidad de reconsiderar las formas de investigarlo. Como espectador de ambas me sentí afortunado. Amo este trabajo que me permite relacionarme con gente que piensa sobre un tema que me apasiona y que no es otro que tratar de comprender la lógica (o la ilógica) de la organización del espacio en el que nos movemos o que, simplemente, contemplamos, y la mecánica de la disposición de las cosas.

Urbanización costera en Villaviciosa. Tesis de CMC

Decía Cristóbal Manuel en la explicación del largo camino que le había conducido a intentar averiguar qué sucedía con el proceso de suburbanización dispersa en la zona central de Asturias (escribo en el tren de vuelta a Madrid desde Oviedo, de memoria, espero recoger más o menos fielmente sus palabras): un día miré por la ventana de mi casa y lo que ví me hizo preguntarme a qué podía deberse esa aparente locura que pautaba la forma de asentarse la población que me rodeaba y la localización de mi propia casa. El intento de buscar una respuesta fue lo que le llevó a dedicar bastantes años a trabajar con datos georreferenciados, estadísticas, inventar técnicas para calcular densidades allí donde no pudo encontrar información, o tratar de delimitar un ámbito de estudio que pasó del espacio exterior que abarcaba su mirada hasta los 880.000 habitantes del área distribuidos en 34 concejos y 244 parroquias. Espacio que denominó área metropolitana de Asturias y que coincide más o menos con lo que su director Fermín Rodríguez (que también lo es de CeCodet) llama la Ciudad Astur.


De la Sota, casa Guzmán, ventana en esquina. Tesis de AM

Andrés miró también a través de las grandes cristaleras de la casa Gili de José Antonio Coderch, y de los ventanales en esquina de la casa Guzmán de Alejandro de la Sota volcados al paisaje del Jarama, y decidió intentar explicar esta mirada exclusivamente en clave de dentro afuera. Dicen al comienzo de la tesis: "Hablar de espacios intermedios entre el ámbito doméstico y el mundo exterior supone necesariamente considerar ambas direcciones: la casa busca fuera un necesario desahogo, una línea de fuga, una continuidad que sirva de contrapunto a su carácter eminentemente introvertido. Pero ¡cuidado!, en esa búsqueda no deberá perder su bien más preciado, que es la privacidad. A su vez, el entorno que la rodea trata en todo momento de introducirse en ella: lo intentará la naturaleza del jardín, que tiende a invadirla; lo hará (por supuesto) la luz; también el paso de las estaciones, o el ruido de la calle. Son cosas, algunas, de las que el interior deberá protegerse, y otras que deberá aprovechar; muchas (las que más) las utilizará en mayor o menor medida según la hora, la estación del año, o el ánimo de quien la habita. Pero haber escogido para el título, de las dos direcciones posibles, la de dentro hacia afuera, supone ya implícitamente una toma de posición sobre lo que considero debe de ser la arquitectura en sí misma, y la de la vivienda en particular".

Coderch, atrio de la casa Gili en 1973. Tesis de AM

Pero decía antes que no se trataba solamente de ámbitos distintos sino también que las metodologías de investigación respondían a posturas vitales, intelectuales y científicas aparentemente irreconciliables. Dice Andrés en su tesis: "A raíz de esa vinculación entre técnica y forma arquitectónica (en que puso tanto énfasis el Movimiento Moderno, y según la cual se pueden explicar los nuevos tipos de edificios que generó –Giedion-), es interesante volver a preguntarse cuál es el sitio real que debe ocupar nuestra disciplina, la arquitectura, en el viejo debate que siempre ha enfrentado a la ciencia con las humanidades. Aunque considera que dicha polémica le resulta algo pesada, Popper nos aclara que la principal diferencia entre una y otras reside en que las humanidades tienen como objetivo comprender al hombre, y no a la naturaleza, que es el objeto de la ciencia. Los dos enfoques compartirían, no obstante, un método común basado en la resolución de problemas a través de la formulación de conjeturas; en ambos, la comprensión se basaría en nuestro carácter humano común, que viene dado por una especie de identificación intuitiva con los demás hombres, mediante la ayuda de los gestos y el habla. Por eso, para él, el concepto de teoría en las humanidades es equivocado y proviene bien de una ilusión vanidosa, bien de una apropiación indebida del campo de las ciencias. Es más, constituiría una confusión básica, un "error de estrategias" (entendido en el sentido de la metafísica clásica), puesto que la teoría tiene que satisfacer dos criterios, que son la verificabilidad y refutabilidad por medio del experimento y aplicación predictiva. Pero ni en arte ni en poética (tampoco, añado yo, en arquitectura) existen experimentos decisivos, no puede haber conclusiones verificables que impliquen consecuencias predecibles".

Fotomontaje con la primera propuesta para la casa Guzmán. Tesis de AM

Casi nada. Esta polémica en las llamadas ciencias sociales es casi tan antigua como su misma denominación. Y la toma de postura en esta cuestión implica muchas cosas. Pero, desde un punto de vista práctico, pienso que depende, esencialmente, de dos cosas. La primera, personal del investigador, tiene que ver con su postura vital y su carácter y, casi siempre, es difícilmente explicable. Pero la segunda depende del objeto sobre el que apunta la mirada. Es muy difícil (aunque no imposible) sentir, emocionarse, tratar de transmitir las vivencias que producen en la mente del observador territorios que abarcan más de doscientas parroquias con una población cercana a los novecientos mil habitantes. De forma que el planteamiento metodológico de Cristóbal Manuel es, digamos, más clásico. Entiende que la realidad puede ser medida, cuantificada, modelizada y, por tanto, aprehendida mediante métodos y técnicas más cuantitativas. Pero es que, claro, cuando se cambia la escala y las personas son apenas puntos o literalmente desaparecen en una fotografía aérea, perdemos los referentes humanos y nuestras habilidades perceptivas se vuelven incapaces de dar una respuesta coherente. La mirada tiende a volverse más teórica, más matemática. La mente necesita muletas para analizar una realidad que no se ve con los ojos, que no se siente al andar o al respirar. Es el momento de los modelos, de las teorías. De la verificación analítica.

Delimitación del área de estudio. Tesis de CMC
Señalar en la imagen para verla más grande

Debo confesar que durante muchos años no entendía la investigación más que de esta forma. Es decir, intentando refutar teorías abstractas mediante métodos pautados y perfectamente establecidos. También debo de confesar que durante todo este tiempo siempre he tenido soterrado (ahí, recomiéndome por dentro) el asunto del método heurístico y la anécdota de Arquímedes corriendo desnudo y gritando ¡eureka! por las calles de Siracusa. Comprendo que ambas cosas no son incompatibles y que no hay que confundir la producción de la idea y la comprobación de su validez o las posibilidades de que sea refutada. Y sin embargo… Prefiero no meterme en jardines laberínticos de los que luego seguramente no podré salir, pero si atendemos a lo que nos dice la física cuántica por el mero hecho de existir un observador el objeto observado ¡puede estar en dos lugares a la vez lo que permite teletransportarlo (si eres un fotón, claro)! Me doy cuenta de que esto me desarma pero también me desarma que el tren antes de llegar a León tenga que ir a una vía muerta, retroceder unos kilómetros a la estación, entrar hacia atrás y luego continuar hacia delante como si tal cosa, en lugar de que ¿alguien? lo observe y pueda teletransportarlo de Oviedo a Madrid con una mirada. Comprendo que no somos fotones pero en algunos momentos me gustaría. Probablemente exista una razón para que haga esto que está haciendo, me refiero al tren, y que no me teletransporte sino que cargue conmigo (y con unos cuantos viajeros más) pero a estas horas de la tarde noche se me escapa. Lo que en realidad quería decir es que la aproximación del observador al objeto observado se puede hacer por caminos muy diferentes. Pero el problema no lo veo ahí sino en la comunicación a los demás de lo observado y en la constatación de que el otro es capaz de ver el objeto con los mismos ojos que uno si le damos una serie de pautas para que lo haga.

Cálculo de la superficie edificación residencial. Tesis de CMC

En toda investigación “científica” siempre hay una parte que se da por supuesta y a la que se le concede poca importancia. Suele llamarse hipótesis. Por desgracia es la base fundamental de la investigación y no existen pautas, reglas ni métodos que racionalicen la “producción” de hipótesis. Es de largo, la parte más difícil de toda investigación y, por supuesto, de una tesis doctoral. Sin embargo los investigadores, poco a poco han ido devaluando esta parte, restándole importancia y dándosela al tándem verificación-refutación (depende de los enfoques). Probablemente sea porque esta segunda parte de toda investigación sí se puede pautar y regular. De forma que cualquier persona medianamente inteligente, trabajadora y que se ciña al procedimiento científico puede completarla con una probabilidad de éxito bastante alta. El “profesional de la investigación” tiene que conocer y poner en práctica estos procedimientos. Eso se da por supuesto. Y es lo que se valora en cualquier trabajo de investigación incluida una tesis doctoral. Planteamos una hipótesis (eso es lo de menos) con la condición de que sea “falsable”, horrible palabreja que dice simplemente que se puede poner a prueba. Y luego la ponemos a prueba. El sistema consiste en ir refutando sucesivas hipótesis para ir acercándonos a “la verdad”. Y así avanza la ciencia. El procedimiento ya puede comprenderse que es muy poco eficiente a menos que demos con una hipótesis que se pueda poner a prueba tan cercana a la verdad que resista uno tras otro todos los intentos de refutación. Pero aún en ese caso, tampoco tenemos ninguna seguridad de nada y seguiremos intentando tirar dardos refutatorios que derriben la teoría. Simplemente se va manteniendo ahí como un record de los 100 metros lisos aparentemente insuperable pero que, cualquier día, alguien superará.

Modelo comparativo de residencial en el no urbanizable. Tesis de CMC
Señalar en la imagen para verla más grande

Todo parte, claro está, de la suposición de que existe “una verdad” que se sobrentiende somos capaces de encontrar por aproximaciones sucesivas. También presupone que “la realidad” es algo “objetivo”, exterior al sujeto que observa, y que se refiere a las cosas “del mundo”. El problema es cuando trabajamos con cuestiones relativas a las llamadas humanidades. En este caso ya no está tan claro que exista “un mundo” que se pueda describir con “objetividad” y que nos permita aproximarnos a “la realidad” o acercarnos a “la verdad”. Siento las comillas pero si quiero que esto tenga una extensión razonable necesariamente he de recurrir a imágenes para ir directamente a la esencia de la cosa aunque pierda casi todos los matices por el camino e incurra en errores evidentes al generalizar lo no generalizable. Sin embargo, si conseguimos describir lo que observamos de forma que el otro sea capaz de realizar el mismo camino, resulta indiferente que se trate de la verdad o de una verdad. El problema es que resulta imprescindible utilizar la razón que es el único instrumento que garantiza mínimamente que dos mentes lleguen al mismo sitio. No se pueden utilizar otros instrumentos igual de humanos como el amor, el miedo o la emoción (instrumentos que suele utilizar la poética, por ejemplo) porque no hay garantías de que nos permitan ver de la misma forma. Pero la razón no siempre tiene porque recurrir al método científico para conducir al otro en la dirección en la que hemos avanzado. Además, desde que comprendí el experimento de la doble rendija y todas sus implicaciones me he vuelto mucho más tolerante con los métodos de investigación.

Casa Gili, jardín y el olivo que sustituyó a la higuera, 1987. Tesis AM

El tren se va acercando a Madrid y ya va siendo hora de que lo deje. El lunes tengo hablarles a los alumnos del postgrado de nuestro departamento sobre cómo investigar en algunos de los temas que me interesan (y que interesan probablemente también a otros lectores de este blog) y me gustaría que este artículo me sirviera como sistema para desencadenar un debate en clase. Tengo muchas preguntas y pocas contestaciones ¿Es posible que existan procedimientos alternativos al método científico para investigar razonablemente acerca de cuestiones relativas a la arquitectura, el urbanismo o el paisaje? ¿en qué casos sería conveniente utilizar el método científico en estas áreas del conocimiento? ¿se le da toda la importancia que se debería al planteamiento de hipótesis? ¿la investigación mediante el método científico se ha convertido en un oficio como el de fontanero o albañil (es decir, que simplemente se aprende y se aplican unas reglas aunque luego unos lo hagan algo mejor que otros? ¿los investigadores se comportan como una especie de secta que implica el conocimiento de unas reglas, el sometimiento a un procedimiento de iniciación y a unas pautas de comportamiento? ¿se trata de un negocio basado en el corporativismo en el que no importan el beneficio social, la creatividad o la eficiencia? ¿existe un código ético basado en la responsabilidad moral o social del investigador?

Viviendas construidas en el no urbanizable entre 1997-2004. Tesis CMC

Ahora sí que ya termino. Sólo me queda destacar la parte de las conclusiones de ambas tesis que, personalmente, más me han interesado. Me doy cuenta que ni tan siquiera he explicado de que tratan ambos trabajos (que, por cierto, y en esto se parecen, cuentan con un apartado gráfico, cartográfico y documental extraordinario) pero tengo casi la seguridad de que se van a publicar y podréis leerlos. Cristóbal Manuel Carrero dice en el suyo "El espacio suburbano metropolitano asturiano no responde a una colonización ex novo de grandes áreas abiertas de dominante rural, sino a la transformación de un complejo sistema de poblamiento tradicional existente de base agraria, y este hecho determina la singularidad de la morfología de la ocupación residencial en relación con otras áreas metropolitanas españolas". Esta constatación de la singularidad del proceso y el hecho de que, al final, el sistema y las formas de asentamiento sean convergentes independientemente de la manera en la que se han producido, resulta relevante para fortalecer una hipótesis que estoy tratando de concretar hace ya algún tiempo. Tengo el convencimiento de que la organización de las áreas urbanas en todo el mundo (incluso la forma) en el momento actual es prácticamente idéntica, independientemente del proceso que ha conducido a su establecimiento, sea planificado o no, partiendo de realidades, territorios, países y culturas diferentes. Incluso con legislaciones y formas de gobierno que se podrían calificar de antagónicas. También tengo unos ciertos barruntos de las causas pero ahora no es el momento de plantearlo.

Secciones comparadas de las casas Gili y Guzmán. Tesis AM
Señalar en la imagen para verla más grande

Como las conclusiones de la tesis de Andrés no se parecen demasiado a unas conclusiones tradicionales voy a reproducir un párrafo de las mismas que, en realidad es un conjunto de citas, y que, en cierta medida permiten atizar el fuego de la investigación en arquitectura y urbanismo. Pero antes, para que pueda entenderse el significado voy a reproducir los títulos de los cuatro capítulos que organizan la tesis: Capítulo 1. El exterior como prolongación de la casa (hipótesis). Capítulo 2. La casa Gili (refutación de la hipótesis –primera parte-). Capítulo 3. La casa Guzmán (refutación de la hipótesis –segunda parte-). Capítulo 4. Cruces y proyecciones (verificación de la hipótesis). El párrafo es el siguiente: "Si algo se sentía Bolaño era latinoamericano, que es lo más parecido a una no-pertenencia; Nabokov, ruso exiliado a Norteamérica, llegó a escribir: 'me parece que no pertenezco a ningún continente definido. Soy una plumilla de bádminton volando sobre el Atlántico, y vieran [sic] qué hermoso y azul es mi cielo privado'. Borges, argentino pero anglófilo, que 'cabe sospechar que no hay un universo en el sentido orgánico unificador que tiene esa ambiciosa palabra'. Octavio Paz, mexicano profundamente viajado, defendió que 'Algunos quieren cambiar el mundo / Otros leerlo / Nosotros queremos hablar con él'. Ernesto Nathan Rogers, arquitecto, italiano, y judío perseguido durante la guerra mundial, que 'la vida hay que realizarla no como una sucesión de acciones reacciones, sino como un perpetuarse de causas activas (...). Empresa sobrehumana e inhumana, pero por tanto profundamente humana'. Todos ellos, grandes artistas, no tuvieron empacho en enfrentarse a eso que Bolaño llamó '(...) los combates de verdad, en donde los grandes maestros luchan contra aquello, ese aquello que nos atemoriza a todos, ese aquello que acoquina y encacha, y hay sangre y heridas mortales y fetidez".

Por cierto, ambas tesis obtuvieron sobresaliente “cum laude”. Mi más sincera enhorabuena a sus autores y a los directores.


Datos:

Tesis: El exterior como prolongación de la casa. Los espacios intersticiales en clave tipológica, a través de dos obras de Coderch y De la Sota.
Autor: Andrés Martínez
Directores: Carlos Martí y Víctor Brosa
Universidad: Politècnica de Cataluyna
Departamento: Proyectos Arquitectónicos
Tribunal: Félix Solaguren-Beascoa, Moisés Gallego, José Fariña, Antonio Barrionuevo y Víctor Olmos
Fecha de lectura: 23 de septiembre de 2011
 
Tesis: La sostenibilidad del crecimiento residencial en baja densidad. El caso del área metropolitana de Asturias.
Autor: Cristóbal Manuel Carrero de Roa
Director: Fermín Rodríguez
Universidad: Oviedo
Departamento: Geografía
Tribunal: Tomás Cortizo, Ramón Alvargonzález, José Fariña, Oriol Nel-lo y José-León García.
Fecha de lectura: 30 de septiembre de 2011

jueves, 8 de septiembre de 2011

Paisaje rural y arquitectura popular

Hace unos días hice una pequeña excursión desde Madrid a los llamados Pueblos Negros, un conjunto de aldeas situadas en el entorno de la sierra del Ocejón en la provincia de Guadalajara (España). El nombre alude al tono obscuro y bastante peculiar producido por la pizarra, material utilizado mayoritariamente en la construcción de sus edificios. No es mi intención describir detalladamente sus formas, estética o elementos funcionales característicos ya que no soy un especialista en arquitectura popular (o vernácula, según los autores) pero su visita me ha llevado a replantearme algunas cosas respecto al paisaje rural, su significado y su conservación. Temas sobre los que sí llevo trabajando bastantes años e íntimamente relacionados con el patrimonio cultural. Tampoco voy a entrar en la polémica planteada hace unos años cuando la Junta subvencionó con bastante dinero a los propietarios que aceptaran rehabilitar los viejos edificios respetando las formas y materiales tradicionales. Pasó de todo. Protestas, plantes e incluso dimisiones de alcaldes. He procurado no hacer sangre con algunas de las “reparaciones respetuosas con la tradición” que se han hecho, y sólo he incluido unos pocos ejemplos “curiosos”. Todas las fotos que ilustran el artículo las hice en Majaelrayo, Robleluengo, Campillo de Ranas y Roblelacasa, procurando fijar la mirada en lo que entendía más auténtico (aparte las excepciones mencionadas).

Campillo de ranas, arquitectura y lugares colectivos

Desde el punto de vista de la preservación del patrimonio cultural el mundo rural tiene un gran interés porque aquí si que aparecen de forma descarnada y abrupta toda una serie de problemas que en las ciudades se mezclan con otros y nos impiden ver con claridad la situación. Por ejemplo, no es tan importante la cuestión de la radical injusticia que para la conservación conlleva el planeamiento tal y como están las cosas en la legislación española. Tampoco la que se refiere a las cargas que inciden sobre el bien preservado. De forma que se trata de situaciones distintas que requieren análisis diferentes. Después de recorrer estas pequeñas aldeas reconvertidas en buena parte al turismo y la segunda residencia queda la molesta sensación de que mucho es falso. De que se trata de un parque temático de un antiguo mundo rural que hoy no existe. Pero también de que allí hay algo auténtico. Algo mucho más profundo que sobrepasa lo anecdótico. Voy a intentar razonar sobre esto último porque la cuestión del parque temático es tan evidente que no merece que le dedique demasiado tiempo. Además en el articulo “Paisaje rural y paisaje cultural” (que, por cierto, casi siempre está entre los más leídos) ya he escrito bastante sobre ello.

Campillo de Ranas, en algunas calles un cierto aire de parque temático

Vamos a empezar por lo oficial. En el año 1999 se ratificó por la 12ª asamblea general del Intenacional Council on Monuments and Sites (ICOMOS) la llamada Carta del Patrimonio Vernáculo Construido como una ampliación de la Carta de Venecia. Se trata de un documento muy corto dividido en cuatro partes y, desde mi punto de vista, bastante deficiente. Tan deficiente que en el título se habla de Patrimonio Vernáculo y luego en la Introducción de Patrimonio Tradicional haciéndolo sinónimo de Vernáculo caracterizándolo (no definiéndolo) como: “a) Un modo de construir emanado de la propia comunidad, b) Un reconocible carácter local o regional ligado al territorio, c) Coherencia de estilo, forma o apariencia, así como el uso de tipos arquitectónicos tradicionalmente establecidos, d) Sabiduría tradicional en el diseño y en la construcción, que es transmitida de manera informal, e) una respuesta directa a los requerimientos funcionales, sociales y ambientales, y f) La aplicación de sistemas, oficios y técnicas tradicionales de construcción.”

Campillo de Ranas, detalles bastante auténticos

Podría ahora, basándome en la asimilación entre Patrimonio Vernáculo y Patrimonio Tradicional que hace la Carta del ICOMOS, iniciar una disquisición erudita acerca del vocabulario que suele adjetivar a la palabra Patrimonio en estos casos (popular, rural, autóctono, doméstico, folk, vernáculo o tradicional, entre otros) pero no lo planteo más que como ejemplo de las dificultades a la hora delimitar el campo de estudio. Y eso sin mencionar los términos arquitectura, construcción, arquitectura anónima o arquitectura sin arquitecto. Lo que si tengo claro es que este tipo de arquitectura es uno de los elementos básicos del paisaje rural. Junto con otros, claro, como los sistemas de cultivos, los aprovechamientos forestales, los aperos de labranza y los muebles, las fiestas, el sistema de caminos, los cercados, el medio natural o la ganadería. Voy a partir de hecho de que estos Pueblos Negros fueron construidos en un sociedad en su momento rural o folk, mediante técnicas tradicionales y materiales del lugar, utilizando un repertorio de formas que se reprodujeron con pequeños cambios a lo largo de generaciones, lo que originó una arquitectura anónima de características íntimamente relacionadas con el entorno.

Campillo de Ranas, detalles algo menos auténticos

Para mí, este tipo de arquitectura, siempre será “popular” por la sencilla razón de que mis primeros pasos como arquitecto coincidieron con la publicación de los Itinerarios de Arquitectura Popular española de Luis Feduchi (Blume, 1974) y la Arquitectura Popular española de Carlos Flores (Aguilar, 1973), obras que grabaron indeleblemente en mi cerebro el adjetivo Popular como propio de este tipo de construcciones. Aunque me sigue pareciendo que las cuestiones de vocabulario son fundamentales para centrar los temas, esta vez me voy a evadir un poco del problema porque mucho antes, tanto Teodoro Anasagasti, como Leopoldo Torres Balbás o Fernando García Mercadal, en los años veinte y treinta del pasado siglo XX, ya habían popularizado la expresión “arquitectura popular”. Casi todos estos autores la contraponen a la arquitectura culta y señalan una serie de características que coinciden en buena parte con las descritas anteriormente en la Carta del ICOMOS. Me voy a centrar en la arquitectura, pero exclusivamente como parte del paisaje rural y obviando la discusión (por estéril) sobre si hubiera sido mejor utilizar la palabra construcción. Sencillamente, cuando digo “arquitectura popular” pienso que casi todos los que me leen tiene una idea más o menos parecida a la mía sobre el tema. Y con eso me resulta suficiente para lo que pretendo contar hoy.

Majaelrayo, “urbanización” con lajas de pizarra

De las características que casi todos autores señalan como propias de esta arquitectura popular (y no me limito exclusivamente a lo arquitectónico sino también a la organización en sí de la aldea y a la relación con las labores agrícolas, ganaderas y forestales) me voy a fijar en los siguientes elementos que, desde mi punto de vista, tienen una influencia determinante en sus relaciones con el paisaje:
  • Fuerte imposición de consideraciones de carácter utilitario.
  • Participación directa del usuario en la planificación y construcción de los edificios.
  • Uso de un repertorio formal bastante conciso (con algunas alusiones a la arquitectura “culta”) buscando un cierto grado de belleza.
  • Protagonismo de los materiales de la zona.
  • Utilización de las técnicas constructivas más económicas y de corto aprendizaje.
  • Adecuación al clima y a las necesidades rurales.
Si estas son las bases de las características a considerar, habría que analizar como podemos relacionarlas con los cambios sociales producidos estos años y si existe la posibilidad de que este patrimonio heredado (que es cultura y diversidad) no se pierda para siempre.

Majaelrayo, elementos ajenos insertados

Como en anteriores ocasiones, he de advertir que cuando me refiero al mundo rural las hipótesis que manejo se refieren al territorio europeo, pero que no necesariamente se pueden extender a otros lugares (aunque en algunos casos sí, habría que ir particularizando). El problema es que el modo de vida rural ha desaparecido en Europa. Sigue habiendo trabajos rurales, por supuesto, pero la forma de vida rural, aquella a la que se refería Louis Wirth como contraposición al modo de vida urbano que magistralmente caracterizó en su célebre artículo de la Revista Americana de Sociología (puede encontrarse la referencia al final del artículo en el apartado “Materiales”), sencillamente ya no existe. Esto plantea grandes dificultades respecto a la cuestión de la conservación, sobre todo si atendemos a la “fuerte imposición de consideraciones de carácter utilitario”. En general, estas consideraciones ya no son las mismas que originaron ese paisaje. Las labores agrícolas, ganaderas y forestales que dieron lugar a esos volúmenes que tanto nos atraen, a esos espacios tan diferentes a los que estamos acostumbrados, ya no se hacen de la misma forma y con las mismas técnicas, y ya no necesitan de esos espacios y volúmenes, sino de otros distintos.

Campillo de Ranas, las cubiertas resultado del espacio que cobijan

Sin embargo, lo cierto es que las necesidades derivadas de las nuevas funciones, en general, son menos exigentes que las antiguas. Ahora no se trata de entrar a fondo en las posibilidades de convertir un pajar en un comedor rural pero me parece que este no es un obstáculo insalvable. En cambio me parece más complicada la adaptación de las primitivas necesidades del campo a las nuevas infraestructuras (incluyendo formas de transporte y comunicación) que plantean, además de los mismos problemas de sostenibilidad que la periferia fragmentada, otros de tipo formal y que afectan, no sólo a los edificios sino también a los espacios colectivos. A pesar de todo entiendo que la cuestión de la “fuerte imposición de consideraciones de carácter utilitario” no debería ser un obstáculo insalvable en la mayoría de los casos. Sobre todo porque las nuevas funciones requeridas por el llamado turismo rural y la segunda residencia suelen tener una capacidad de adaptación importante ya que son muy poco especializadas al ser residenciales o derivadas de la residencia. Esto no quiere decir que no haya dificultades, pero con buen sentido e ingenio suficiente pienso que pueden superarse.

Majaelrayo, a veces no se encuentra ese ingenio y buen sentido

Tampoco la participación del usuario y la utilización de un repertorio formal concreto deberían ser objeto de demasiada preocupación. La primera porque es imposible en las circunstancias actuales. La arquitectura popular se ha ido produciendo mediante ensayo y error, introduciendo pequeñas innovaciones en cada generación y viendo su comportamiento. Es decir, la participación no consiste sólo en contar con el usuario que va a utilizar esa construcción sino que participan, a la vez, muchas generaciones anteriores. Y ello no es posible a día de hoy porque el modo de vida rural ha desaparecido y este procedimiento no se puede desarrollar en un sistema urbano en el que los lugares no cuentan con historia generacional. Ya lo planteó Christopher Alexander en sus libros: The Oregon Experiment (1975), A Pattern Language (1977) y The Timeless Way of Building (1979). Las referencias y los títulos de su traducción al español se pueden encontrar al final del artículo en el apartado de “Materiales”. Un especialista, es decir un arquitecto, será el encargado de acumular toda esta sabiduría de generaciones y utilizarla adecuadamente (un buen arquitecto, por supuesto). Aunque el procedimiento no sea el mismo, las distorsiones pueden minimizarse.

Robleluengo, formas cultas y populares mezcladas

El párrafo anterior habría que ampliarlo porque estamos justo en el núcleo de la cuestión. Además se puede plantear conjuntamente con el tema del repertorio formal utilizado porque entiendo que ambos son inseparables. La participación entendida como creación de varias generaciones y el repertorio formal como resultado de esta participación. Dice Rudofsky en su publicación Arquitectura sin arquitectos: “Las formas de las casas, transmitidas a veces durante cien generaciones, parecen eternamente válidas, igual que las de sus herramientas”. Esto nos da la clave, no de la solución porque no la hay, sino de una cierta coartada intelectual que justifique la cuadratura del círculo: de qué manera intervenir sobre un patrimonio rural heredado sin desvirtuarlo y, a la vez, adaptarlo a las necesidades del modo de vida actual que es urbano. Si estas formas (y ese lenguaje de patrones que diría Alexander) permanecen válidas con leves retoques a lo largo de decenas de generaciones habría que detectarlas, aislarlas, caracterizarlas y mantener lo esencial en el proceso de adaptación.

Majaelrayo, portón

En el párrafo anterior hablaba de coartada intelectual, porque realmente el proceso es perverso. Las formas creadas por este tipo de culturas dan lugar a un lenguaje único e incluyente como respuesta a un estilo de vida muy estable. La estabilidad cultural es básica para producir ese resultado que nos subyuga y emociona. Sin estabilidad cultural, sin una evolución muy lenta de los usos, costumbres y técnicas no se puede producir lo que entendemos por auténtica arquitectura popular. Habría que hablar aquí también de transculturación, pero son tantos los temas relacionados que voy a pasar y dejarlo para otra vez. El problema es que estamos intentando que este lenguaje único e incluyente sea también la respuesta a un estilo de vida muy diferente al que lo produjo (un estilo de vida urbano frente a uno rural), lo que, desde una perspectiva funcionalista es una contradicción en sí misma. También voy a pasar sin entrar en este tema, pero hay otras perspectivas (no tan funcionalistas) que habría que integrar en la discusión y que tienen que ver con la asimilación cultural y la capacidad de adaptación de las formas y los espacios por sociedades distintas. Además, hay dos elementos que pueden ayudar: materiales y adecuación climática. Resulta que la forma resultante no sólo viene condicionada por los requisitos del modo de un modo de vida rural específico, sino también por las posibilidades que ofrecen los materiales con los que concretar estas formas. Y estas posibilidades se derivan tanto de su disponibilidad como de las características técnicas que permiten utilizarlos. Es decir, materiales próximos y técnicas posibles.

Majaelrayo, el material

Nunca hay que perder de vista que nos encontramos en un mundo rural en el que frecuentemente se produce la autoconstrucción lo que significa que las técnicas a utilizar han de ser sencillas y no especializadas. Se trata de una ventaja inmensa porque, probablemente no sean necesarios largos procesos de formación para conseguir operarios expertos si se siguen las técnicas tradicionales. Esto no significa que sea barato. Este tipo de técnicas están basadas en la utilización de muchas horas de mano de obra frente a productos elaborados de forma industrial o cuasi industrial (pero, a cambio, crean empleo). Además, desde el punto de vista de la sostenibilidad, la utilización de materiales autóctonos evita los costes energéticos del transporte y, normalmente también los de la extracción y tratamiento. A ninguna comunidad rural se le habrá ocurrido utilizar materiales (aunque estén muy cercanos) cuya obtención signifique altos costes monetarios o técnicas muy sofisticadas. De forma que, en general, la utilización de materiales y técnicas tradicionales no sólo no resulta una carga sino que es una ventaja que no se puede desaprovechar y es parte indisoluble de la arquitectura producida.

Majaelrayo, el territorio es el material

El otro elemento que ayuda es la adecuación climática. Es evidente que nos podemos encontrar con desajustes. Los espacios producidos para un uso específico con requisitos de temperatura, humedad o soleamiento concretos pueden no ser adecuados para un uso adaptado. Pero esto podrá ocurrir en los espacios accesorios aunque casi nunca en los dedicados a vivienda. De cualquier manera los avances producidos en las técnicas bioclimáticas han sido tan importantes en los últimos años, que no será difícil conseguir mediante técnicas pasivas no intrusivas que estas formas, que ya eran el resultado de la interacción entre materiales, usos, clima y territorio, logren con pequeños cambios un comportamiento adecuado como envolvente de las nuevas actividades. También es necesario advertir que no siempre las soluciones tradicionales son las más adecuadas. Habría que dejar de mitificar determinadas formas de construir que se han ido elaborando a lo largo de generaciones sucesivas como si fueran las mejores respuestas bioclimáticas. El proceso de ensayo y error es muy lento, las necesidades (aún de las sociedades más estables) cambian también con el tiempo, y la adecuación entre forma construida, entorno y función no siempre termina por conseguirse. Claro, esto representa una dificultad, pero es que estamos ante una cuestión muy compleja.

Robleluengo, adecuación climática de espacios exteriores

Lo que parece menos dudoso es que, para errar lo menos posible, habría que seguir una serie de pasos que no siempre se producen. En primer lugar, el estudio y análisis del patrimonio rural heredado. Esta debería ser una misión prioritaria de la sociedad. Ningún particular (bueno, algún mecenas podría hacerlo) está en condiciones de investigar con un rigor mínimo sobre estas formas como lenguaje único que da respuesta a unas exigencias culturales específicas. En cualquier caso debería ser obligación de todos el respeto por este patrimonio. Y el primer paso para respetarlo es conocerlo. Tanto dinero invertido en investigar auténticas estupideces (podría poner unos cuantos ejemplos de algunas en la que he participado, mea culpa) cuando habría que empezar por conocer qué nos han legado las generaciones anteriores. Las razones son muchas pero la básica y fundamental es que el conocimiento no se produce ex novo en cada momento (cosa que parece ignorar el sistema de patentes y los llamados derechos de autor) sino por acumulación, y el desconocimiento de lo anterior nos puede llevar a inventar permanentemente la rueda. Y patentarla, claro.

Roblelacasa, disonancias en el silencio del campo

Una vez conocidos y establecidos los elementos formales básicos que configuraban el lenguaje cultural de estas sociedades, y fijado el momento temporal en el que su evolución quedó detenida, habría que plantear cómo trasponerlos a las condiciones actuales de forma que se respeten las características esenciales de los mismos. Es decir, la sociedad actual debería establecer los límites relativos a materiales, formas, orientaciones, disposición de espacios, alturas, elementos de urbanización, etc. Este segundo paso tampoco es sencillo. Hay diferentes formas de hacerlo y, probablemente, la peor de todas sea mediante disposiciones legales. Se pueden recurrir a manuales de recomendaciones, comisiones asesoras, control de los propios habitantes… incluso normativa en determinados casos. Pero sin el paso primero, que explique el significado del lenguaje y que nos enseñe lo irrenunciable (lo imprescindible para que nuestra generación pueda seguir manteniendo el testigo), el segundo lo daremos probablemente en la dirección equivocada. A pesar de todo es complicado. De ahí su interés. Probablemente aquí sería el lugar adecuado para plantear qué sucedió en estos Pueblos Negros para que casi se produjeran revueltas populares y enfrentamientos con ocasión de la rehabilitación del caserío. Pero hoy no va a poder ser.

Roblelacasa, la arquitectura

El tercer escalón (mis alumnos de Protección del Patrimonio Natural y Urbano seguro que ya lo han adivinado) es “llamar a un buen arquitecto”. Eso no quiere decir que haya que llamar a Norman Foster o a Calatrava (aunque a lo mejor). Quiere decir que hay que llamar a alguien que se preocupe por el patrimonio heredado, que estudie los trabajos de investigación ya realizados, que se empape del sitio y de los manuales con las recomendaciones pertinentes (aunque sea para transgredirlas, si es que existen, claro), que sea capaz de dedicar su tiempo a una obra aparentemente menor y en la que, si lo hace bien, su contribución va a ser insignificante porque la contribución verdaderamente importante es la de todas las generaciones anteriores que han creado ese lenguaje que nos emociona. De todas formas no vaya a pensarse que toda la culpa de los desmanes es de los arquitectos y que la mayor parte de la profesión está formada por diablos perversos que se encargan de dilapidar la herencia construida. La propia sociedad, los propietarios, los representantes políticos, son también responsables de las auténticas barbaridades que se encuentran en muchos pueblos de  características parecidas.

Roblelacasa, la arquitectura y el territorio

Decía al comienzo del artículo que en estos Pueblos Negros de Guadalajara, aparte de la parafernalia turística, hay algo que me parece auténtico. A eso me refería, a que todavía se intuye en ellos ese lenguaje único e incluyente que resulta la respuesta más adecuada de un grupo humano a la necesidad de vivir en un territorio sin violentarlo. Donde los materiales están en perfecta comunión con la naturaleza y los volúmenes son el resultado de acuerdos mutuos entre el clima, la función y la belleza, ofreciendo soluciones específicas, diferentes de unos lugares a otros. No se cómo, pero al final siempre termino escribiendo sobre diversidad. Cuando el pensamiento único nos impone globalmente (porque afectan a todo el planeta) formas únicas, funciones únicas y materiales únicos, resulta que unas pequeñas aldeas, allá por la sierra del Ocejón, resisten con formas y materiales propios aunque alberguen funciones globales (básicamente el turismo y la segunda residencia). Tan sólo esto es, ya de por sí, capaz de emocionarnos. Y si sólo con esto ya nos emocionamos, ¡qué faltos debemos estar de propuestas diferentes que nos hagan felices! Y de cosas, de ideas, de formas, que no sean más de lo mismo. Lo ideal, lo utópico, sería que estas funciones fueran también distintas y producto de una manera de vivir alternativa a la oficial. Ecoaldeas, pueblos en transición, decrecimiento... Pero esto es ya hablar del sexo de los ángeles. Es decir, de la utopía. De una utopía imprescindible, por supuesto, necesaria para avanzar y que nos indica que, a pesar de lo que pueda parecer, existen todavía ideales. Vaya, me he puesto lírico, lo siento. Eso es que va a empezar el curso.


Materiales complementarios
  • Alexander, C. y otros: Urbanismo y participación, el caso de la universidad de Oregon. Gustavo Gili, Barcelona, 1976 (The Oregon Experiment, Oxford University Press, 1975). Un lenguaje de patrones. Gustavo Gili, Barcelona, 1980 (A Pattern Language, Oxford University Press, 1977). El modo intemporal de construir. Gustavo Gili, Barcelona, 1981 (The Timeless Way of Building, Oxford University Press, 1979). Casi no es necesario decir nada de estos tres libros que han marcado un antes y un después en el tema. Desde mi punto de vista forman una unidad y hay que leerlos conjuntamente.
  • Dacosta, A.: Una mirada a la tradición. La arquitectura popular en Aliste, Tábara y Alba. Alcalá, 2010. A pesar de estar centrado en Aliste, Tábara y Alba, las reflexiones generales que se incluyen pueden interesar a un público más general. Se puede obtener el pdf en este enlace.
  • Drew, P.: Tercera generación, la significación cambiante de la arquitectura. Gustavo Gili, Barcelona, 1973 (Die dritte Generation, Stuttgar, 1972) Con la disculpa de analizar las características de la llamada “Tercera Generación” de arquitectos (Jorn Utzon, Moshe Safdie, Noriaki Kurokawa, Arata Isozaki, Archigram, Frei Otto, James Stirling) Drew dedica un capitulo entero al lenguaje de patrones con un resumen clarísimo del papel de la llamada Arquitectura Popular.
  • García Grinda, J.L.: “Prólogo” en Alonso, J.: Arquitectura tradicional de la comarca de Omaña y valle de Samario, Instituto Leonés de Cultura. Aunque se trata de una publicación muy especializada el prólogo de José Luis García Grinda es lo suficientemente claro y aborda temas generales, de forma que los no especialistas pueden obtener provechosas enseñanzas de su lectura. Además tiene la ventaja de estar on-line en este enlace.
  • ICOMOS: Carta del Patrimonio Vernáculo Construido, UNESCO. Puede leerse y bajarse en pdf en este enlace aunque no es precisamente de lo mejor que ha producido la UNESCO.
  • Morán, M.A.: “Arquitectura popular y medio ambiente”, Observatorio Medioambiental nº 1, pp. 287-294, 1998. Incluye una bibliografía muy extensa, pero seleccionada, que permite ponerse rápidamente en situación acerca del tema (aunque no al día, hay que considerar la fecha de publicación).
  • Pueblos de la Arquitectura Negra: aquellos interesados en una interesante excursión pueden empezar a documentarse en este enlace.
  • Rudofsky, B.: Arquitectura sin arquitectos, Eudeba, Buenos Aires, 1973 (Architecture Without Architects: A Short Introduction to Non-pedigreed Architecture, New York, 1964). Su exposición en el MOMA fue una crítica feroz contra una visión de la arquitectura producida por los “dioses arquitectos” cada vez más separada de la gente y basada en lenguajes propios de la profesión no compartidos por toda la sociedad.
  • Wirth, L.: "El urbanismo como forma de vida". Una traducción al español de este célebre artículo publicado en el número 44 del American Journal of Sociology (1938) puede encontrarse en este enlace de Bifurcaciones.
Otros artículos del blog relacionados:


    jueves, 18 de agosto de 2011

    Ci[ur], Urban y Urban-e

    Repasando en estos tórridos días de vagancia y relajo (en España estamos en el período de vacaciones estival) los artículos que llevo escritos en esta columna, me he dado cuenta de que falta una parte fundamental de mi actividad profesional. Aunque hay algunas alusiones, no he escrito casi nada que se refiera al día a día. He hablado de mis correrías por todo el mundo, de lo que he pensado y de lo que pienso relativo a temas actuales o no actuales, de congresos, jornadas y cursos de postgrado, pero no de mis labores cotidianas. Y es algo que también se suele hacer normalmente en un blog. Aprovechando que Marian Leboreiro me escribe un correo diciéndome que (¡por fin!) ha salido a la luz el primer número de la revista Urban-e, me he decidido a dedicar este artículo a las publicaciones de mi lugar de trabajo habitual. A pesar de lo que pueda parecer, la mayor parte de mi vida profesional se desarrolla en Departamento de Urbanística y Ordenación del Territorio de la Universidad Politécnica de Madrid, y tengo un pequeño despacho (muy sostenible debido a sus dimensiones) en la Escuela de Arquitectura. Y digo de lo que pueda parecer, porque lo que debería deducirse de la lectura de los más de cien artículos anteriores, es que estoy siempre en otras movidas. Pero es una impresión equivocada. Lo cierto es que reconozco mi suerte por estar donde estoy y no cambiaría lo que hago y donde lo hago por casi nada.

    Camino de entrada a la ETSAM (xtorm)
    ¿Dónde iba a estar mejor que aquí?

    Pero tampoco voy a contar hoy nada de la actividad docente, de los compañeros, de las reuniones, de las discusiones, de los desánimos, de las alegrías, de esas pequeñas cosas rastreras y también generosas que constituyen el día a día de cualquier grupo humano. Porque eso probablemente no le interese a un exalumno de La Serena, a un profesor de Xalapa, a mi doctoranda de Palermo o a María que está intentando reengancharse al postgrado desde Michigan. Pero lo que sí les puede interesar a todos ellos es algo que este departamento viene intentando potenciar desde hace bastantes años como son sus publicaciones. Sencillamente porque les ayudaran en sus trabajos diarios, bien sean académicos o profesionales. Los diferentes directores que ha tenido el departamento desde su creación, y a pesar de sus posturas personales e ideológicas incluso contrapuestas, siempre han pensado en la difusión como una parte fundamental de la enseñanza y la investigación. Ya José López Zanón (que fue el primero), con la publicación de textos básicos traducidos del alemán y apuntes de algo tan novedoso en aquellos momentos como las cuestiones bioclimáticas, inició el camino. Pero también Juan Jesús Trapero, Fernando de Terán, yo mismo, y el actual director Agustín Hernández, tratamos de cuidar en la medida de nuestras posibilidades esta faceta de la actividad departamental.

    La cabecera de Ci[ur] en 1993

    Nuestras publicaciones más o menos periódicas empezaron con un modesto intento de conseguir un instrumento ágil y barato que nos permitiera difundir en español los resultados de las investigaciones que hacíamos y darles un mínimo respaldo legal. Además, de forma que cada número se dedicara a un único trabajo, con objeto de que la descripción del mismo fuera mucho más completa que un simple artículo en cualquier revista del ramo y sirviera para acercar la investigación real al aprendiz de investigador algo más que de la forma tradicional de hacerlo. Me da un poco de apuro referirme a los Cuadernos de Investigación Urbanística (Ci[ur]) porque estuve implicado en su desarrollo desde el comienzo y todavía sigo trabajando en ellos. Pero como, en realidad, es una labor de mucha gente esta vergüenza se diluye un poco. La idea fue casi conjunta de Julio Pozueta y mía. En cualquier caso los dos impulsamos de forma decidida su creación. Al principio eran simples páginas fotocopiadas, con una cubierta y una sobrecubierta grapadas. Se hacían muy pocos ejemplares (alrededor de ochenta) y su distribución se limitaba a la librería de la Escuela de Arquitectura. Cada número contaba con su propio ISBN (tenían el tratamiento de libros) y se hacía el preceptivo depósito legal.

    Portada de los dos primeros números de Ci[ur]

    Para animar a la gente a que publicara en un proyecto que empezaba, los dos primeros números fueron, uno de Julio y otro mío, básicamente para demostrar que estábamos convencidos de que el sistema era bueno. El nº 1 reflejaba el resultado de parte de una investigación que hice para el Ministerio de Cultura español sobre la trama urbana de Toledo, y la fecha era de abril de 1993 (la versión en pdf es la 2ª revisada y aumentada de 1996). Y el nº 2 de Julio Pozueta sobre las ordenanzas de reducción de viajes, también fechado en abril de 1993. Desde entonces, y a lo largo de estos dieciocho años han pasado muchas cosas. El más reciente en el momento de escribir este artículo (correspondiente a mayo-junio de este año) es el 76 y se titula “Habitabilidad básica: indicador estratégico para superar la pobreza” y su autor es Alessandro Laudiero. Desde los primeros años hasta hoy los Ci[ur] han cambiado mucho, han pasado por etapas muy diferentes y en algunas ocasiones han estado al borde de la desaparición. Pero lo básico se mantiene. Es decir, la agilidad, el coste y el idioma. Entre medias se ha creado una Red de Universidades (más de veinte) que se han comprometido a participar en la evaluación de los números aportando gratuitamente los revisores externos, se ha convertido en una revista (ahora tiene ISNN), los originales están sometidos a un sistema de revisión por pares y sus números están indexados. He sido su director desde su primer número hasta hoy, y conjuntamente con Ester Higueras que es la actual directora del consejo de redacción, nos hemos encargado de su edición.

    Portada y contraportada de un Ci[ur] actual (2011)

    Cualquier persona individual o equipo puede enviar originales a Ci[ur]. Si se trata de un resumen o una parte de cualquier tesis doctoral aprobada por una de las Universidades de la Red sólo necesita la conformidad del consejo de redacción para su publicación puesto que existe ya la “evaluación” y aprobación de un tribunal de expertos en la materia. En caso de no ser así, bien debido a que la aprobación proceda de otra universidad que no pertenezca a la red o porque no sea una tesis doctoral, el trabajo deberá someterse previamente al procedimiento de revisión por pares. Esto garantiza la calidad de los originales publicados. En la actualidad editamos seis números anuales, en papel y en formato electrónico a la vez. Seguimos manteniendo el papel, aunque hacemos muy pocos ejemplares y de forma austera, sobre todo para que esté en las estanterías de las bibliotecas y para asegurar su conservación de forma permanente (mediante el depósito legal). El ejemplar electrónico se publica en color pero, por razones económicas, el de papel lo mantenemos en blanco y negro. Aunque el impreso se vende a un precio muy bajo el digital es totalmente gratuito. Los ejemplares están alojados en Poli-red, un servidor de nuestra universidad pero tenemos un acceso a todos los números desde la página del departamento.

    Portadas de los dos primeros números de Urban

    La revista Urban fue un proyecto de Fernando de Terán cuando era director del Departamento. En realidad, Fernando también fue el padre de Ciudad y Territorio que, durante muchos años se constituyó en la referencia entre las revistas de urbanismo en lengua española y Urban fue su heredera directa, aunque la cabecera de Ciudad y Territorio (unida a Estudios Territoriales) la mantuvo luego la administración del estado y hoy la publica el Ministerio de Fomento. El primer número apareció en el año 1997 subvencionado por la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid. El título del artículo que publicó Terán en el primer número era bastante alegórico de la situación de aquel momento y de su vuelta a la dirección de una revista: “Resurgam, invocación para recuperar el urbanismo y continuar el planeamiento”. Urban, a lo largo de su primera etapa ha producido 14 números, muchos de ellos monográficos: postmetrópolis (1998), sostenibilidad (1999), planeamiento urbano territorial en el siglo XXI (2000), crecimientos suburbanos (2001), la ordenación del territorio europeo (2003), perspectivas de la enseñanza del urbanismo en Europa (2005), experiencias innovadoras en planificación regional y urbana (2006), nuevas regiones urbanas (2007), planeamiento municipal en España (2009) y Madrid Región (2009).

    Resurgam, invocación para recuperar el urbanismo
    y continuar el planeamiento

    Fernando de Terán con la ayuda al principio de José María Ezquiaga y luego (como redactora jefe) de Inés Sánchez de Madariaga se encargó de dirigir los nueve primeros números. A partir del 10, con Fernando como supervisor general y la ayuda de Ramón López de Lucio e Inés Sánchez de Madariaga yo fui el encargado de dirigir la revista. Los dos últimos números sustituí a Fernando en la supervisión y la dirección del consejo pasó a ser de Ramón e Inés de forma conjunta. Para entonces ya habían empezado las dificultades con las subvenciones que, hasta ese momento, nos habían permitido mantener una revista casi de lujo con una alta calidad gráfica a pesar de que el sistema de distribución siempre fue un problema que no conseguimos resolver. A la situación de precariedad debido a la renovación anual de las subvenciones se unió un problema académico. Para que la revista tuviera una cierta consideración como revista de investigación había que someter los originales a un sistema de revisión lo que significaba que algunos serían rechazados. Esto dificultaba notablemente la posibilidad de incluir artículos de encargo y de carácter meramente informativo sobre actividades puramente profesionales. Además, las propias características formales de la revista, que arrastraban a las económicas, la convertían en un producto bastante complicado de mantener.

    Portada y contraportada del último número de
    la primera época de Urban

    Casi coincidiendo con mi enfermedad, el departamento me encargó una reestructuración del sistema de publicaciones. A pesar de mis bajas médicas (obligatorias e inevitables), conseguí organizar una propuesta, luego mejorada por el departamento, cuyo principal objetivo consistía en la separación de Urban en dos publicaciones, una de carácter académico más austera y centrada en la investigación, heredera de la cabecera de Urban, y otra más profesional, electrónica y de distribución gratuita. De forma que Urban entró en una segunda etapa. De esta segunda etapa ya se ha publicado el primer número (al que ya me he referido en la entrada del blog La naturaleza en la ciudad) con artículos de John Friedmann, Erik Swyngdouw, Frank Eckart o Jordi Borja. El segundo número está ya en proceso de maquetación y se trata de un monográfico sobre Henri Lefebvre, con motivo del vigésimo aniversario de su fallecimiento. Cuenta con trabajos de Peter Marcuse, Andy Merrifield, Kanishka Goonewardena, Jean-Pierre Garnier con Gregory Busquet, Thierry Paquot, Lukasz Stanek con Christian Schmid, Cynthia Ghorra-Gobin y Laurence Costes. El número se complementa con una recopilación de textos de Lefebvre que ha reunido Carlos Sánchez-Casas, y la repetición por Claire Revol del experimento de ritmoanálisis de Beaubourg y la rue Rambuteau que Lefebvre hiciera en su libro.

    Fragmento de la portada del primer número
    de la nueva serie de Urban

    El NS03 de Urban va a tratar sobre Conflictos de la ciudad existente, y la recepción de originales todavía está abierta hasta finales de septiembre, por lo que si hay alguien que se anime aún está a tiempo de hacerlo. El call for papers lo podéis encontrar en el apartado convocatorias del enlace a la revista que he incluido de forma permanente en el apartado “páginas de interés” situado a la derecha del blog. La dirección de esta nueva etapa corresponde a Fernando Roch que cuenta con la ayuda de José Miguel Fernández Güell en la subdirección, y de Álvaro Sevilla como jefe de redacción. A día de hoy la revista está ya incluida en algunos de los sistemas de indexación más importantes y pretende hacerse un lugar como referente en la difusión de trabajos de investigación sobre urbanismo, planeamiento y territorio. Cuenta con un consejo asesor internacional verdaderamente importante encabezado por Fernando de Terán, y esperamos que pueda llegar a su autofinanciación mediante suscripciones. Se trata de un momento complicado desde el punto de vista económico lo que hace todavía más meritorio que pueda simplemente mantenerse y poner en las librerías dos números anuales al precio de suscripción de 25 euros por número.

    Fragmento de la página de entrada en Urban-e

    La más joven de nuestras revistas es Urban-e. Su nombre se debe a que sólo se va a publicar en formato digital. Tal y como he explicado anteriormente surge de la separación de la primera etapa de Urban en dos publicaciones diferentes. En este caso su orientación es más profesional y su pretensión es la difusión de trabajos de referencia siendo, por tanto, muy importante su orientación gráfica. La persona que se ha encargado de su dirección y puesta en marcha ha sido Marian Leboreiro. El comienzo de un proyecto de este tipo está siempre sometido a grandes dificultades que nos pueden hacer dudar a veces de su viabilidad. En el caso de una revista electrónica los problemas son mayores ya que, a los propios de cualquier revista, se unen los puramente técnicos derivados de un medio muy específico. No es lo mismo un blog como este, de mantenimiento y puesta en marcha relativamente sencillo, con los esfuerzos que requiere una revista profesional. Hay que agradecer a Marian el trabajo realizado y el hecho de que, casi sin ayuda, haya puesto en marcha un objeto que está llenando un hueco clamoroso en la difusión del trabajo profesional en nuestro país. Está organizada en tres grandes apartados. El más importante es el correspondiente a “artículos”, tanto relacionados con el tema monográfico correspondiente como otros misceláneos. Se complementa con el de “reseñas” de libros, y el de “talleres” donde se exponen algunos trabajos de alumnos (no sólo de nuestros alumnos, está abierto a todos los que se sientan orgullosos de sus trabajos y quieran difundirlos).

    Fragmento del índice de artículos de Urban-e

    El primer número, correspondiente a la primavera de 2011, está dedicado a Los caminos de Santiago. Incluye artículos que van desde “El tramo aragonés del camino de Santiago” de José Félix Méndez , hasta “La fábrica de curtidos de la Ribera de San Lorenzo” de Víctor López Cotelo, pasando por el “Plan Director de la península del cabo Fisterra” de César Portela. Entre los autores, aparte de los citados, están Carmen Andrés, Llanos Masiá, Montejano, Antequera y Pol, Carmen Iglesias, Delfín Jiménez o Javier Fernández Muñoz. En el apartado miscelánea se incluyen proyectos como los de una glorieta en Mula (Murcia) o de la Senda Real en Madrid. Todos ellos se pueden descargar en formato pdf y con una aceptable resolución en algunos casos, y muy buena en otros. La revista esta bastante bien organizada y requiere un tiempo muy corto de aprendizaje para desenvolverse con soltura por sus páginas. De forma que, en cuanto el lector se desplaza un par de veces por los menús se encuentra cómodo y llega a los sitios sin frustraciones innecesarias. Espero que apoyéis esta iniciativa, no sólo difundiéndola entre los conocidos, sino enviando ideas y materiales. Para ello hay un apartado llamado “Colabora con nosotros” donde aparece la forma de hacerlo y el acceso a las “Normas de presentación de trabajos”.

    Fragmento de la página “Talleres” en Urban-e

    Nuestro departamento es pequeño y el esfuerzo que supone mantener vivas estas publicaciones sólo es posible si todos sus miembros colaboramos de una forma u otra. En el momento actual tampoco contamos con ninguna subvención y, a pesar de todo, la única revista no gratuita es la segunda época de Urban porque es necesario pagar los costes de impresión, encuadernación, etc. Por supuesto que ninguno de los directores, subdirectores, miembros de los consejos de redacción o de los asesores cobra ni un céntimo por el desarrollo de una labor que se supone forma parte de su trabajo como docentes e investigadores de la universidad. Del mismo modo esta es la forma en la que entiendo el trabajo en este blog. Sin embargo, tarde o temprano, si se quiere mantener un cierto grado de continuidad va a ser necesario obtener ingresos suplementarios, bien en forma de publicidad o de subvenciones directas porque es necesario pagar becas a estudiantes que nos ayuden, abonar trabajos de mantenimiento, mejora de las páginas web y otros parecidos. De momento, y como miembro del Departamento de Urbanística y Ordenación del Territorio de la Universidad Politécnica de Madrid me siento orgulloso de ser parte integrante del mismo, y pienso que estamos obteniendo un excelente rendimiento de los escasos recursos con los que contamos. Os invito a todos a que leáis detenidamente nuestras publicaciones y que intentéis valorar el esfuerzo que supone hacerlas accesibles a todos. Los enlaces los he incluído de forma permanente en la columna derecha del blog dentro del apartado “Páginas de interés”.

    lunes, 1 de agosto de 2011

    La protección del patrimonio urbano

    Hace ya algunos años, y en colaboración con los hermanos Juan y Miguel González, redacté la modificación del Plan General de Ávila (España) con objeto de adaptarlo a la Ley de Patrimonio Histórico Español. Para acercar más el plan a los abulenses decidimos escribir una serie de artículos en el Diario de Ávila que nos permitieran explicar mejor los objetivos a conseguir. Me he acordado de aquellos artículos en una reciente visita a esta extraordinaria ciudad Patrimonio de la Humanidad y, más por nostalgia que por otra cosa, me entretuve releyéndolos. Estamos en verano y  no quiero ponerme crítico con algunas de las actuaciones incomprensibles (desde mi punto de vista) que se han hecho sin consideración alguna a la categoría de este conjunto histórico. Sólo querría rescatar algunas ideas, que me han sugerido la lectura de aquellos artículos de entonces, revisadas con ojos de hoy. En lo fundamental sigo pensando de forma muy parecida porque los problemas subsisten. Una aproximación más técnica puede encontrarse en el libro que publiqué en la editorial Akal titulado La protección del Patrimonio Urbano, instrumentos normativos que, a pesar del tiempo transcurrido (y a tratarse sólo la legislación nacional cuando estas competencias son compartidas con las Comunidades Autónomas) entiendo que todavía mantiene un cierto interés. Mi pretensión con este artículo no es otra que plantear algunas cuestiones acerca del tema de la protección que me preocupan desde hace bastante tiempo. Y voy a tratar de hacerlo de la forma más clara que pueda porque soy consciente de la variedad de intereses y procedencias de muchos de los lectores del blog y, además porque buena parte de ellos están de vacaciones y tampoco es cuestión de ponerme demasiado evanescente. Ilustro el texto con imágenes de lugares maravillosos declarados Patrimonio de la Humanidad.

    Ciudad amurallada de Ávila, España (Wikimedia)

    El primer escalón de la herencia cultural se refiere a la identidad estrictamente familiar. La vivienda del pueblo, que ha servido de morada a nuestros antepasados más allegados, parece como si tuviera algo de nosotros mismos (esto no son capaces de sentirlo los urbanitas más urbanos, acostumbrados a un peregrinar residencial origen de un creciente desarraigo). Siempre cuesta dejar la vivienda en la que han vivido nuestros padres o abuelos pero, poco a poco, se va quedando fuera de uso hasta que llega un momento en el que es imposible vivir en ella. Se queda, como gusta decir a los arquitectos, obsoleta, disfuncional. Y para mantenerla en un aceptable estado hay que gastar bastante dinero. Aunque probablemente no tanto como tirarla y hacer otra nueva (aparte de consideraciones relacionadas con la sostenibilidad bien conocidas por los lectores del blog). Entonces, ¿por qué se prefiere tirar la casa de los padres y hacer otra nueva, en lugar de acondicionar la existente? Las causas son muchas pero, probablemente, una de las más importantes sea que el hecho de tirar una casa vieja significa aumentar la cantidad de metros cuadrados que se pueden edificar en ese solar. Donde sólo había dos plantas el plan de urbanismo permite hacer cinco o seis, de tal manera que de una sola vivienda se hacen cuatro. El propietario se queda con una y vende las otras tres. Con tan sencilla operación no solamente se encuentra con una casa nueva y adaptada a las necesidades de hoy sino, además, con una ganancia adicional.

    Ciudad de Puebla, México (Luxuriousmexico)

    A veces el propietario, simplemente abandona la vivienda y se va a vivir a otro sitio. La antigua casa probablemente no vale gran cosa (en dinero) pero el solar es mejor que una "supercuenta" en la que meter el dinero sin riesgo de ningún tipo y con el más alto interés. O por lo menos lo era hasta hace poco tiempo. Y ahí permanece, deshabitada, con los cristales rotos que nadie cambia, nido de ratas y cucarachas, degradando día a día el área urbana que la rodea. Y este probablemente sea también el final de todos los planeamientos simplemente proteccionistas que no incentiven, de alguna forma, la recuperación de los antiguos edificios. También puede suceder que la casa esté en régimen de alquiler. Y como es una casa vieja de renta antigua, lo que se suele obtener por ella no llega ni para pagar la contribución. Entonces lo normal es que el propietario deje que se estropee definitivamente, venga el arquitecto municipal la declare en ruina, se eche a los inquilinos, se tire y se haga otra nueva. Una tercera posibilidad es que piense, simplemente, que resulta más barato y queda mejor ("más moderna") una casa nueva dibujada y calculada por un especialista. O la combinación de todo. En cualquier caso el resultado es el mismo: la vivienda del abuelo (o del tatarabuelo) pasa a mejor vida.

    Ciudad colonial de Santo Domingo, R. Dominicana (Wikipedia)

    Claro que si tengo “la ventura de volver a vivir en la nueva casa más moderna” pronto me doy cuenta de que las cosas no son tan bonitas a pesar del Código Técnico. Los viejos muros de ochenta centímetros han sido sustituidos por tabicones y tabiques con resultados pronto notorios. Las estrechas ventanas se han convertido en amplios ventanales a través de los que entra la luz y el sol a raudales. Por desgracia, la mayor parte de las veces, entra justamente cuando no debería: por la tarde y en verano, mientras que en el invierno ni un rayo. Hombre, luz sí que entra, por eso hay que poner cortinas. Además, no se sabe por qué los coches se oyen ahora mucho más. Habrá que poner doble acristalamiento (de color bronce por aquello de la luz). De momento, el ladrillo pintado de la fachada queda bonito. Claro que ya ha empezado a decolorarse por algunos sitios, y eso sin hablar de las manchas (eflorescencias) que pronto se le pasarán (dicen) con la lluvia. La situación es una caricatura, por supuesto, sin otro ánimo que el de mostrar como, a veces, el intento de que un arquitecto pueda resolver mediante un diseño feliz un edificio en una parcelación de otros tiempos y una orientación que corresponde a presupuestos de iluminación, soleamiento y uso distintos, unido a unos condicionantes económicos y de rentabilidad sumamente estrictos, a veces no funciona. El técnico sabe mejor que nadie que aquella vivienda lo que necesitaba era una reforma, una adecuación a los tiempos actuales. Nunca un intento de incrustar en un parcelario histórico el piso 5ªE del bloque H-9 correspondiente al plan parcial del polígono P3 del Plan General. Pero la mayor parte de las veces no tiene otra elección.

    San Salvador de Bahía, Brasil (Viajar y Estudiar)

    Esto con una vivienda normal. Pero así como un edificio específico (o espacio urbano) puede presentar determinadas connotaciones particulares para una familia o un individuo, ocurre lo mismo con otros respecto a la memoria colectiva y la herencia cultural de una ciudad o una región. Esta trascendencia normalmente suele producirse en el ámbito urbano más que en el estrictamente particular. Por ejemplo, si consideramos un edificio con fachada a una plaza, los espacios de puertas para dentro (privados) generalmente corresponderán de forma exclusiva al ámbito familiar, mientras que, de puertas para fuera afectarán, además de a dicho ámbito, al colectivo de la ciudad. Y así, fachadas, volúmenes, plazas, pavimentos, topografía, calles, árboles, jardines, fuentes... van conformando unas vivencias, una historia, en las que se fundamenta la herencia e identidad de una ciudad. Las sucesivas generaciones que van pasando por las mismas calles, viendo las mismas fachadas, resguardándose en los mismos soportales, pisando los mismos pavimentos, han de tener necesariamente sensaciones, recuerdos o, como mínimo, percepciones comunes. La ciudad es centro de servicios y mercado y por generaciones, habitantes de los pueblos cercanos han ido a comprar, a asesorarse, a intercambiar productos a la ciudad. También la memoria colectiva es un poco de ellos. Y el turismo, los viajes, las fotografías, los documentales, Internet, la van haciendo de todos. De forma que el Patrimonio Urbano es siempre un patrimonio colectivo frente a los elementos identitarios individuales o familiares.

    Ciudad de Valparaíso, Chile (Asamblea Nacional)

    En este nivel las cosas empiezan a complicarse. Así como en el ámbito estrictamente familiar la conservación del Patrimonio Cultural heredado es, normalmente, de interés más particular, en el ámbito urbano lo es para un área geográfica concreta o para todo un país. Es decir, pasa a ser de interés de toda una colectividad. Y es bien conocido que, muchas veces, pueden producirse colisiones entre los intereses privados y públicos. Son muchas las preguntas a responder: ¿qué elementos podríamos definir como de interés desde el punto de vista del Patrimonio Urbano? ¿quién estaría capacitado para determinarlos? ¿cómo se podría llegar a establecer un conjunto de medidas de protección? Las dificultades en la respuesta no se suelen presentar en los casos extremos sino en los intermedios. Por ejemplo, casi nadie duda del interés que para la colectividad abulense supone la conservación de las murallas. Sin embargo las dificultades empiezan a surgir si el elemento a considerar son las alineaciones de la calle del Recodo, o los balcones de hierro forjado de Reyes Católicos. Es en estas “zonas grises” donde la discusión, entre aquellos que apuestan por una renovación y los que preferirían una mayor conservación, se hace más virulenta. Y lo cierto es que muchas veces casi no hay razones mínimamente objetivas para mantener una u otra postura. Sin embargo hay una cuestión que nos debería hacer reflexionar. La decisión que se tome no solamente implica a esta generación que es la que tiene en sus manos la opción de preservar o no, sino también a las generaciones futuras, que no pueden manifestarse pero que se ven directamente afectadas lo que hagan los habitantes actuales.

    Colonia de Sacramento, Uruguay (Viajeros)

    Es, por tanto, realmente difícil pronunciarse, con un mínimo de rigor, en un tema que afecta directamente a otros que ni siquiera están. En esta disyuntiva lo menos comprometido es inclinarse por la conservación de la mayor cantidad posible de elementos del pasado a legar a las generaciones futuras. Sin embargo no necesariamente es esta la mejor solución para conseguir una ciudad respetuosa con su herencia cultural. Una ciudad metida en formol en un intento de conservar sus preciosas casas, plazas y monumentos (una ciudad "museo", totalmente muerta es todos los aspectos que no sean los estrictamente turísticos) en la que sus habitantes malvivan lejos del confort del mundo moderno se rebelará probablemente contra esta situación haciendo inviable la conservación de una herencia cultural que no se desea, que es una pesada carga a soportar. Sus habitantes se marcharán, los edificios envejecerán, se caerán los revocos, se romperán los cristales, se hundirán las cubiertas, y nadie moverá un dedo para mantenerlas. Áreas enteras de la ciudad se degradarán ya que sus habitantes irán a otras zonas con el resultado de suciedad, ratas, fealdad. En definitiva, la muerte por abandono y desinterés. El tema es complejo. Y todavía más, si pensamos en términos económicos. Si en un solar pueden edificarse cuatro alturas, y en el colindante sólo dos exclusivamente por el hecho de que su propietario lo sea de bien de interés cultural, debería de existir alguna manera de resolver esta injusticia. En pura teoría el sistema distributivo de cargas y beneficios del plan debería atender a este problema, pero en la práctica todos sabemos que no es así.

    Ciudad de Panamá, Panamá (Wikipedia)

    Pero hay más problemas. Muchas veces el deber de conservar no se reduce a un mero no hacer. Es decir, no es suficiente con no tirar una fachada. Hay que actuar positivamente con objeto de que el Patrimonio a conservar efectivamente se conserve. Y ello implica una actuación diferencial respecto, por ejemplo, a una vivienda moderna. Una carpintería de madera de hace 150 años precisa unos gastos periódicos (hay que barnizarla, o pintarla, lijarla, etc.) que, por ejemplo, una de aluminio no requiere. Ya no estamos ante el hecho de una penalización negativa sino que la conservación supone un coste real y concreto. Así se han llegado a poner a la venta castillos al precio de un euro con el compromiso de su restauración (Ayuntamiento de Coruña del Conde, Burgos, España). Por supuesto que ante el caso de edificios pertenecientes de una u otra forma a la sociedad (Ayuntamiento, Comunidad, Administración Central) las cosas están más o menos claras. Independientemente de que tengan o no dinero para su conservación los gastos deberían ser a costa de la comunidad ya que la comunidad es la que se beneficia de su existencia. No parece haber duda. Ahora bien, ante un edificio particular de interés para la colectividad ¿qué parte de la conservación irá a cuenta de la misma y que parte a cuenta del propietario privado que, por supuesto, también lo usa y disfruta?

    Ciudad de Quito, Ecuador (Skyscrapercity)

    Las cosas todavía se pueden complicar más. Hay ciudades de tal importancia desde el punto de vista de la trascendencia de su herencia cultural que su interés es universal. Para algunas esto está oficialmente reconocido, y para otras no. El significado más obvio es que cualquier tipo de actuación en las mismas afectará, no solamente a sus habitantes y sus descendientes, sino también a todos aquellos que se sientan partícipes de una cultura determinada. Si los conflictos que se podían producir entre propietarios de bienes protegidos de interés nacional o autonómico y dichas colectividades eran importantes, ahora se multiplican. Al ser mayor la cantidad de intereses en juego los niveles de exigencia sobre el propietario son también mayores. Y aunque en teoría la cantidad de personas sobre la que debería de recaer la carga de conservación es mayor (en algunos casos nada menos que toda la humanidad), desde el punto de vista práctico aumentan las exigencias sobre el particular pero sin contraprestaciones aparentes por parte, ni de la comunidad nacional ni de la mundial. Casi todo se queda en declaraciones y palabras cuando se alcanzan determinadas alturas. O, como mucho, una mención en las guías de turismo que no tiene porque beneficiar a ese usuario en particular. Es decir, normalmente el nivel de carga es inverso a la sucesión siguiente: particular, Ayuntamiento, Comunidad, Gobierno Central, Instituciones Internacionales, aunque a veces puedan producirse distorsiones en esta pirámide.

    La vieja Habana, Cuba (My Havana, Yissy)

    No todos los aspectos van a ser negativos. Lo cierto es que el Patrimonio Urbano no debe considerarse exclusivamente bajo el aspecto de la carga que implica su conservación, sino también desde el punto de vista de una valoración adicional del bien que no solamente es escaso sino único en algunos casos (una fachada del XVI lo es). El problema es la dificultad de llevar a la conciencia de los ciudadanos que la mayor parte de los bienes que, de una u otra forma, son significativos para el Patrimonio Cultural o Histórico, tienen un valor añadido que es preciso contabilizar. Hasta el momento, por ejemplo, el hecho de poseer un edificio catalogado se entiende como una penalización a la hora de su venta. Sin embargo la situación debería de ser la inversa. Un edificio, en igualdad de circunstancias (comodidad, habitabilidad, adecuación) debe de valer más si cuenta, por ejemplo, con el añadido de una fachada modernista. Y todavía más si esto está reconocido mediante una catalogación oficial. Piénsese en el aumento de valor de un lienzo que pasa de ser "atribuido" a un autor, a ser oficialmente reconocido como pintado por el mismo. Esto es algo fácilmente comprensible y que nadie discute si se refiere a un bien mueble (una pintura, una alfombra, un tapiz, una escultura). Probablemente nadie se quejaría de la "carga" que supone poseer un Greco o un jarrón chino de la dinastía Ming. Incluso el feliz propietario estaría dispuesto a correr con los gastos de una restauración, o el de acondicionarle un lugar adecuado. Pero esto no pasa con un patio barroco o incluso con un palacio del XVI. ¿Por qué?

    Antigua, Guatemala (Multimedia Gallery)

    Hay varias razones pero hoy sólo voy a plantear dos de las más importantes. La primera se relaciona con el valor de uso. En realidad una pintura tiene poco valor aparte del artístico. Desde el punto de vista funcional "no sirve para nada" (en el sentido de un medicamento, por ejemplo, que "sirve" para curar una enfermedad aunque su valor artístico sea nulo). Pues bien, un edificio fundamentalmente "sirve para algo", residir, vender, reunirse, etc. Lo que sucede es que, además de su valor funcional, puede tener un valor histórico, cultural o artístico en algunos casos tan o más importante que el funcional. Lo lógico, desde el punto de vista del propietario, es que cumpla su misión de residencia, comercio, etc. Cuando el cumplimiento de esta misión choca con la preservación de sus otros valores suele optar por aquella. Aquí es donde entra en juego la necesidad (si es posible) del acondicionamiento, rehabilitación y recuperación funcional de los antiguos edificios sin que pierdan sus valores culturales, históricos o artísticos. Y para hacer esto es imprescindible ayudar al propietario si dichos valores son de interés para la sociedad. De hecho, la actual legislación contempla sistemas que posibilitan, en parte, conseguirlo. Bueno, claro, siendo bastante optimistas.

    Potosí, Bolivia (Aler)

    La segunda está relacionada con el hecho de que un edificio ocupa una porción de suelo generalmente urbano, y en su valor influye también el que tenga el suelo en el que se encuentra que, a su vez, depende de las posibilidades de edificación que le da el plan. Esta cuestión es todavía mucho más compleja que la anterior y se incardina en la esencia misma del derecho de propiedad y el entendimiento que del mismo hace la legislación española sobre el suelo. Sobre el tema ya he escrito bastante en el blog y resulta esencial en el informe que redacté junto a José Manuel Naredo sobre la sostenibilidad del planeamiento urbanístico español. Sobrepasa por tanto, la cuestión relativa a la conservación del Patrimonio y está directamente relacionado con la equidistribución de cargas y beneficios del plan. Debería de resolverse a la vez que se resuelve el problema más general pero se trata de una cuestión demasiado compleja como para poder abordarla en el artículo de hoy. Podría resumir el planteamiento diciendo que debería desvincularse el plan del contenido del derecho de propiedad del suelo. Pero soy consciente de que, diciendo esto, es como si no dijera nada porque la dificultad está en cómo hacerlo. Es posible que se entienda mejor si digo que el valor del suelo debería desvincularse de las posibilidades de edificar sobre el mismo que le da el plan aunque esto también, así dicho, pueda parecer una aleluya. Desde el punto de vista técnico soluciones hay muchas. Desde las más elaboradas como las Trasferencias de Aprovechamiento Urbanístico ya ensayadas años atrás, hasta las más sencillas como la asignación de una edificabilidad única a todo el suelo. La complicación es que estas soluciones hay que hacerlas compatibles con la seguridad jurídica de los inversores en productos inmobiliarios.

    Cuzco, Perú (Skyscraperlife)

    En cualquier caso estamos ante un problema complejo e interesante sobre el que la sociedad debería debatir, con objeto de superar la situación actual en la que la carga de la conservación cae como una losa sobre el propietario del bien a proteger. Sea el propietario una persona física, una entidad jurídica, la Iglesia Católica o un Ayuntamiento. Por el contrario, se deberían premiar las prácticas que han permitido la subsistencia del bien a lo largo de los años. Por supuesto que toda la colectividad tiene que implicarse según los niveles de interés que tenga lo que haya que proteger. Sin embargo esto es complicado de conseguir cuando, muchas veces, este legado no es totalmente conocido o, en algunos casos, absolutamente desconocido. Es imposible amar lo que se no se conoce. Y al referirme a “conocer” no quiero decir sólo “verlo al pasar” o “considerarlo interesante para que vengan los turistas y me permitan ganarme la vida”. Conocer es algo más que esto y tiene que ver con temas identitarios, de legado histórico o relacionados con un entendimiento de la cultura como algo más que una cuestión simplemente monetaria. Este tipo de debate nos debería permitir llegar a un conocimiento más profundo de la realidad heredada y sentirla, efectivamente, como nuestra. No veo otro camino para implicar a toda la sociedad que el del amor a nuestro Patrimonio. Comprendo la dificultad en momentos de penuria como los que pasamos o en algunos lugares como los que ilustran este artículo pero es, precisamente en estos momentos y en estos lugares, cuando y donde resulta imprescindible actuar con la mayor cautela y previsión. Si no somos capaces de entender que está en peligro nuestra identidad, formada por acumulación sucesiva de conocimientos heredados generación tras generación, tenemos un problema: “Houston, we have a problem”. Ojalá pudiéramos decir como Swigert: “Ok, Houston, we've had a problem here” y el problema estuviera ya solucionado, pero por desgracia, todavía vamos a tener que trabajar bastante para conseguirlo.