domingo, 13 de enero de 2008

Dos trabajos del curso de paisaje

En el semestre de invierno impartí junto con Javier Ruiz una asignatura de Paisaje en la Escuela de Arquitectura. Como ya indiqué en la entrada sobre “La Ceja del Atazar” en esta asignatura tratamos, básicamente, que el alumno sea capaz de valorar el territorio y analizar la influencia que tiene sobre el mismo la realización de un proyecto determinado. Para ello utilizamos el método “inverso”. Es decir, en lugar de que trabajen primero el territorio de forma exhaustiva, lo que hacen es plantear un proyecto con un conocimiento “normal” de ese territorio (el que suelen alcanzar en proyectos) y luego, en la segunda parte del curso, analizan el territorio en profundidad estudiando, por ejemplo, la calidad paisajística o la fragilidad. Por último hacen una reflexión sobre la incidencia que su trabajo tiene en ese territorio y, en su caso, lo modifican. Aunque proyectar no sea el objeto del curso lo cierto es que, probablemente debido a la escasa presión que ejercemos sobre el alumno, ya que siempre les aconsejamos que en esta parte del trabajo traten de divertirse, al final del proceso suelen aparecer ideas interesantes (algunas son locuras maravillosas) aunque, a veces, las instalaciones reales suelen superar los proyectos más "locos".

Cornelia Konrads, "Moment of decision", Lulea (Suecia)  Cornelia Konrads

De este semestre voy a publicar dos trabajos. Por desgracia los análisis de valoración y fragilidad escapan a la estructura y finalidad del blog por lo que algunos trabajos realmente buenos en estos aspectos no tienen cabida aquí. Pero sí las ideas sobre algunas de las instalaciones propuestas. Respecto al tema de los lugares donde “se inspiran” los alumnos para algunas de sus ideas, etc., no merece la pena repetir lo ya explicado en la entrada titulada “Reivindicación del color”.

Intervención en el Cerro de San Juan del Viso

Se trata de un trabajo del equipo formado por: Caroline Brochet, Raquel Durán y Michel Macedo. Aunque aquí sólo vamos a mostrar la intervención en un cerro cercano a la ciudad de Alcalá de Henares en Madrid, en realidad se trata de una actuación mayor que incluye la propia ciudad. Aparecen explícitas en la explicación las referencias a Chillida en Tindaya pero el proyecto tiene interés en sí mismo. Veamos su explicación tal y como aparece en el proyecto:

La propuesta comienza en la estación de trenes de Alcalá. Mediante un recorrido peatonal por las zonas más representativas de la ciudad, llegamos al río, de éste a las vegas y por último, tras un ascenso por la ladera, a la entrada de la montaña…

El Cerro testigo de San Juan del Viso


Proponemos un recorrido por el interior del Cerro donde lo importante es estar, pasear, sentir y contemplar las vistas, esas que ahora permanecen ocultas. El final del recorrido está en la cima pero, no es necesario subir hasta allí, es solamente un punto más.

Sección


La propuesta se forma a partir de 3 tipos de tubos: los que se recorren, los que se asoman al paisaje y también se recorren; y los de ascenso a cotas superiores.

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Los tubos, de diferentes materiales , colores y texturas, se asoman al paisaje y a la luz.

La Grieta de la Contaminación


En este caso el equipo estaba formado por Vanina Ballini, Ariadna Barrio, María Sainz y Cristina Vidal. Veamos la explicación del proyecto con frases entresacadas del mismo:

Madrid es una gran ciudad y como tal, sus habitantes se benefician de sus ventajas, pero… ¿quién sufre sus consecuencias?, ¿qué radio de influencia tienen estas consecuencias? La contaminación es un tema estudiado desde muchos campos: ecologistas, investigadores o políticos han elaborado extensos informes sobre las causas, consecuencias y alternativas a los distintos tipos de contaminación: acústica, electromagnética, lumínica… Nuestra propuesta es una forma de exponer esta problemática a través de una experiencia propia de estos tipos de contaminación. Esta exposición se materializaría en forma de visita, que sería especialmente atractiva durante la noche, pero que también puede tener interés durante el día. Para analizar las formas de contaminación de la ciudad de Madrid, es necesario alejarse varios kilómetros de ella, para tomar distancia y verlo como algo externo al lugar en el que nos encontramos. Por otro lado, buscando un lugar donde, junto a la contaminación ambiental y lumínica se pudieran dar otras formas de contaminación, nos acercamos a las proximidades del aeropuerto de Barajas, siguiendo los cables de la alta tensión, que nos van a incrementar la contaminación electromagnética.

Planta de situación
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Con este conjunto de premisas iniciales y tras un minucioso análisis de la zona, nos decantamos por la pendiente Suroeste de las pequeñas elevaciones sobre las que se sitúa el municipio de Paracuellos del Jarama. Más concretamente a las afueras del pueblo, en su parte más occidental. Este borde está parcialmente tratado con un pequeño parque que termina en mirador. Como ya hemos explicado en el apartado dedicado a lugar, en esta zona tiene parada la principal línea que, cada 15 minutos conecta con Madrid, así mismo, se encuentra en la fase final de construcción un aparcamiento subterráneo. Su proximidad a Madrid y la accesibilidad mediante el transporte público, lo convierten en un lugar idóneo para nuestro propósito. La gruta-mirador materializa un recorrido y sirve de guía, de centro de interpretación de lo que se va a ver, oír y sentir:

Sala de las cámaras de infrarrojos

La contaminación lumínica (noche) o el hongo de contaminación atmosférica que envuelve a Madrid (día). Lo que se ve y lo que se debería ver (comparación con un cielo despejado o la imagen de la ciudad en un día en el que el viento o la lluvia hayan bajado los niveles de contaminación).

La sala del ruido

El ruido de los aviones, la influencia en el comportamiento de las aves. Quizá para este momento, la gruta podría cerrarse en por todos sus lados, encerrando al visitante en un espacio oscuro con el potente ruido de los aviones.

Enmarque de la red de torres y cables

La contaminación electromagnética. Este sería el punto fuerte del recorrido. En la explanada final del recorrido encontramos un gran número de torres y cables de alta tensión, aquí planteamos una instalación de fluorescentes (que se iluminan con solo la energía que desprenden los cables) y cámaras de infrarrojos. Los visitantes que han sido guiados a través del recorrido, desembarcan en una explanada en la que puedan interactuar con la exposición, caminando alrededor de los fluorescentes, viendo cómo estos se apagan a su paso…


domingo, 6 de enero de 2008

Preguntas urbanísticamente incorrectas

En este articulo voy a preguntarme sobre algunas cuestiones que, probablemente, sean incómodas para la mayoría de los que hablamos y escribimos sobre la ciudad actual. Pero es que creo que parte de estas voces corresponden a otro siglo (el veinte y en algunos casos el diecinueve). Aquellos que hayan leído las entradas anteriores del blog, se darán cuenta que, casi siempre, intento apoyar mis afirmaciones con números. Es verdad que los números son manipulables y que, en determinados casos, pueden ser objeto de diferentes lecturas pero tienen la virtud de que la manipulación puede denunciarse y que las diferentes lecturas pueden ser contrastadas. También me gustan los discursos racionales congruentes en los que se ve clara la estructura argumental desde la propuesta hasta los resultados. En cambio no me gusta demasiado “citar autoridades”. El sistema de axiomas basado en la credibilidad de quien los pronuncia da lugar a un carrusel de “autoridades citadas” que terminan citándose unas a otras como una pescadilla que se muerde la cola y que nos venden evidencias que, en realidad, son montajes.

 La ciudad funcional, CIAM IV, Atenas, 1933  hasxx

El problema es que la cita de autoridades se ha hecho imprescindible para determinadas revistas (y los revisores de estas revistas). Y lo que es peor, para el sistema de calificación tanto de las revistas como de los investigadores. No hay que confundir el "carrusel de referencias" con las citas a trabajos respaldados, bien por números contrastables o por un trabajo serio que resulta en una estructura del discurso racional y congruente.

Así que la investigación en materias como el Urbanismo, la Ordenación del Territorio, el Paisaje o la Sostenibilidad está, sencillamente, por los suelos. Parte de las afirmaciones que se hacen son simples charlas de café sin más sustento que un conjuntos de opiniones de las llamadas “autoridades” (o sin sustento alguno). Opiniones, como poco, discutibles. Además, estas “autoridades” suelen publicar en revistas bastante inaccesibles, no sólo para la gente de la calle, sino incluso para los propios investigadores. En estas condiciones es casi imposible contra-argumentar (en el supuesto de que existen argumentos) y la afirmación, convenientemente repetida por algunas autoridades más, se convierte en dogma y las fuentes originales quedan ocultas en el espacio y en el tiempo, sepultadas por el axioma de: “si lo dicen los popes será verdad”. Axioma que pronto que se convierte en: “si lo dicen muchos será verdad”. Dado que las capacidades humanas son limitadas, no se sido capaz de encontrar ni los argumentos ni los números de algunas afirmaciones que se hacen corrientemente respecto a estos temas. Voy a intentar describir mis dudas respecto a tres de ellas esperando que alguno de los lectores de este blog me las puedan resolver.

Sobre el consumo de territorio

Desde el trabajo que hicieron para el MOPU García, Gascó, López y Naredo en el que comprobaron que el requerimiento de suelo urbano por habitante de los madrileños se había multiplicado por dos entre 1957 y 1980 es un lugar común decir (yo mismo lo he dicho) que el consumo de suelo es una de las bestias negras de la sostenibilidad y que es necesario pararlo. Aparentemente, de forma general y como criterio parece algo razonable. Sin embargo, para hacer afirmaciones tan rotundas habría que comprobar:

a) El aumento total de suelo construido por habitante en la totalidad del territorio, español, europeo, etc., la superficie respecto al total y su evolución. No sea que, en realidad, estemos hablando de un problema inexistente o despreciable desde el punto de vista global.

b) Esta comprobación habría que hacerla con criterios homogéneos y fuentes igualmente fiables. Por ejemplo, si analizamos los dos inventarios forestales de Madrid de 1992 y 2003 observaremos con asombro que la superficie más antropizada (urbanizada más agrícola) decrece mientras que la forestal aumenta. No es el momento ahora de explicar un trabajo que voy a publicar en breve pero estos datos no se corresponden totalmente, por ejemplo, con los aportados por el proyecto CORINE.



c) El tercer lugar habría que analizar el significado de estos aumentos de las superficies urbanizadas. No es lo mismo construir en terrenos altamente productivos, o talar un bosque para hacerlo, que hacerlo en zonas improductivas. No parece tener la misma repercusión sobre la sostenibilidad (habría que estudiarlo) urbanizar zonas ya “machacadas” por la urbanización, eliminando por ejemplo la fragmentación, que en medio de un paisaje sin edificios ni carreteras en kilómetros a la redonda. Además, ¿qué es eso del suelo urbano: el declarado como tal por el planeamiento, el efectivamente construido? ¿no sería mejor hablar directamente del suelo antropizado incluyendo las áreas agrícolas? ¿no se incluyen los efectos en la distancia de las áreas urbanas tales como la influencia de la luz, del sonido, de las ondas, de las basuras, etc.? ¿cómo se contabilizan las láminas de agua de los embalses? ¿existen criterios de medición comunes? ¿los conceptos legal y funcional (por ejemplo, de área forestal) coinciden? ¿es lo mismo la agricultura extensiva (dehesas) que la intensiva? ¿o la de secano que la de regadío?

Sobre la ciudad mediterránea

Y su bondad, por supuesto. Este si que es un tópico manido hasta la saciedad. Sin embargo como a mí nadie me ha dado números (los únicos que conozco los he calculado yo mismo con ayuda de mis alumnos de doctorado) puedo permitirme expresar algunas dudas. Supongo que al hablar de esta ciudad nos estamos refiriendo a una ciudad de tamaño medio, compacta, compleja, con densidades altas y sistema de calle-corredor.

a) Empecemos por la cuestión del tamaño ¿qué es un tamaño medio? ¿100.00 habitantes? ¿600.000? ¿1.000.000? ¿por qué una ciudad de 600.000 habitantes funciona mejor que otra de 4.000.000? ¿qué significa que funciona mejor? ¿es que los ciudadanos son más felices? ¿viven más? ¿cuentan con más equipamientos? ¿hospitales mejor dotados? ¿universidades en las que se aprenda mejor? ¿traductores especializados en lenguas poco comunes? ¿mayores posibilidades comerciales? ¿son más eficientes? ¿alguien lo ha medido?

b) Supongo que la compacidad se referirá a que no es fragmentada. Aquí, lo admito, si existen bastantes números sobre la perversión que supone la fragmentación del territorio para el funcionamiento del medio natural y para la propia eficiencia de la ciudad. Pero existen muchas ciudades “no mediterráneas” que pueden ser no fragmentadas. Por ejemplo, la denostada “ciudad-jardín” o las periferias de bloques y torres del Movimiento Moderno.

c) La cuestión de la complejidad es, probablemente, una de las más obscuras y complicadas de explicar. Muchas veces cuando tengo que hacerlo recurro a imágenes aún a sabiendas de que puedo estar confundiendo a los alumnos. Pero supongamos que estamos hablando de lo mismo. Resulta que la tendencia de la gente (pueden leerse los argumentos que utiliza, por ejemplo, Bauman) no es a complejizar, sino a simplificar sus entornos vitales. La seguridad es una de las disculpas más utilizadas pero no la única. Todo empezó por la higiene, que expulsó a las industrias de los cascos, luego la zonificación, etc. Lo último es la expulsión de la marginalidad y la “gentrificación” de partes importantes de la ciudad. Esta es una tendencia que se basa en corrientes sociales profundas. Los planificadores con buenas intenciones posibilitan la variedad de usos, la mezcla social (con viviendas destinadas a diferentes segmentos de población), etc. como si estuviéramos viviendo en la sociedad del siglo XIX. Todo inútil, la sociedad termina por conseguir lo que realmente quiere que no siempre es lo que los bienintencionados quieren ¿no nos estaremos equivocando intentando forzar una situación que, en realidad, no es deseada?

d) Respecto al tema de las densidades ya expresé mis dudas en muchos sitios (por ejemplo en un comentario a esta entrada del blog Islas y Territorio) sobre el concepto de densidad. Actualmente, dada su inoperancia, lo estoy sustituyendo por el de radio necesario para hacer rentables (o que, sencillamente funcionen) determinados equipamientos e infraestructuras. En cualquier caso estoy esperando que alguien me demuestre que las 30 viviendas por hectárea de Parker y Unwin son menos eficientes que las 75. Y que las personas que viven en ellas son menos felices. Ya hace muchos años (la primera edición es de 1909) en su libro titulado La práctica del Urbanismo Unwin trató de demostrar que, por lo menos (desde su punto de vista) el coste monetario era mayor. Por tanto, el tema de las densidades es, como mínimo, tan antiguo como la propia construcción del planeamiento como disciplina y no parecemos tener todavía las cosas claras.


e) Sobre las maldades de la calle-corredor simplemente me remitiré a los argumentos del Movimiento Moderno. O, sencillamente, a las áreas ambientales de Buchanan que está intentando revitalizar Salvador Rueda desde la Agencia de Ecología Urbana de Barcelona. Si para que funcionen mejor necesitamos eliminar el tráfico de paso por determinadas calles, es que el sistema tradicional no debe funcionar muy bien en la actualidad. Si en la mayor parte de los centros históricos se está eliminando el tráfico de la calzada (incluso eliminando la calzada como tal y convirtiendo toda la sección en acera) dejando sólo el de residentes, es que el principio de la calle-corredor probablemente no sea muy adecuado para la ciudad del siglo XXI.

Sobre el espacio público

Sobre este tema sí que se pueden encontrar bastantes cosas en el blog (23/sep/2007, 24/sep/2007, 29/sep/2007, 9/oct/2007, 5/dic/2007, 13/dic/2007). Ahora sólo quisiera incidir en dos aspectos que me sugieren preguntas (aunque vayan a contracorriente de la opinión mayoritaria).

a) El primero se refiere a su privatización. Parece algo obvio e indiscutible. Nuestras calles, plazas y jardines se van convirtiendo poco a poco en simples espacios de tránsito, dejando su antigua función de espacios de relación en un lugar muy secundario. Los grandes centros comerciales, los lugares de reunión de ancianos o de jóvenes, las urbanizaciones y equipamientos privados (piscinas, canchas de tenis, clubs de golf) los van sustituyendo de forma acelerada. Pero ya la afirmación sobre la necesidad de luchar contra esta tendencia no parece tan clara. El cambio hacia la individualización (argumentado y cuantificado por sociólogos como Ulrich Beck) amplificado por los nuevos sistemas de comunicación social como los móviles o Internet, ha trasladado de la calle al interior de los domicilios muchas de las necesidades de interacción social. Quiero decir que habría que estudiar los espacios de las nuevas necesidades en lugar de empeñarnos, de forma contumaz, en cambiar los usos sociales para que se adapten a unos espacios que los urbanistas diseñamos para una sociedad que no los reclama. Probablemente para algunas funciones (como lugar de manifestación de la multitud) el espacio público sigue siendo insustituible, pero para otras sencillamente no es el más adecuado para la sociedad del siglo XXI.

b) El segundo se refiere a los llamados “no lugares” ¿Por qué son tan criticados por las llamadas “autoridades urbanísticas”? Probablemente porque han surgido sin que nadie los haya llamado. Porque no son plazas, ni calles, ni parques. Porque no se entiende muy bien su función. Y en lugar de estudiarlos y tratar de explicar su significado resulta que nos hemos dedicado a demonizarlos. Son malos. Representan el resultado más perverso de la ciudad actual ¿Alguien se ha preguntado si, en realidad, sirven para algo? ¿si la gente los desea? ¿por qué, a pesar de todas las críticas, surgen de forma reiterativa cada vez en más sitios? Además, generalmente van asociados (aunque no siempre) a la llamada “arquitectura representativa”. Otro demonio, “vade retro” ¿Pero es que la arquitectura de todas las épocas no ha estado constituida, básicamente, por “arquitectura representativa” que era la referencia y el modelo en que la ciudad se miraba? ¿Es que la “arquitectura representativa” no ha constituido siempre la seña de identidad de los lugares (barrios, ciudades, pueblos)? ¿A qué viene rasgarse las vestiduras? Las sociedades y los grupos necesitan símbolos en los que reconocerse y alrededor de los cuales construir su identidad. Que esos símbolos sean arquitectónicos no me parece particularmente perverso. Más perverso me parece (estoy manifestando una opinión de charla de café) que lo sea una infraestructura como, por ejemplo, la M-30.

Las obras de la M-30 (Google Earth)

Estamos necesitados de estudios, trabajos y experimentos que nos permitan decidir con conocimiento de causa sobre el futuro de nuestras ciudades y territorios. La mayor parte de lo que sabemos se refiere a la ciudad tradicional. Mejor dicho, a la utilización que la sociedad del siglo XIX y buena parte del siglo XX ha hecho de esta ciudad. Pero sabemos bastante poco de los cambios profundos que se están produciendo en la ciudad actual (desde mediados de los años setenta del pasado siglo hasta hoy y, de forma acelerada en la última década) y de cómo su uso debería repercutir en la organización y el diseño de nuestras áreas urbanizadas. Tan sólo nos lamentamos del paraíso perdido, aunque tengo la sospecha de que el tal paraíso sólo existe en el imaginario de algunos urbanistas.


domingo, 30 de diciembre de 2007

Huella ecológica, consumo y felicidad

En las fechas que estamos parece como si las palabras consumo y felicidad estuvieran indisolublemente unidas. De forma que en estos días se desata una especie de furor consumista imposible de parar. Y cuando todo ha pasado, y parece que ya no podemos más de tanta felicidad, llegan las rebajas y resulta que todavía podemos ser más felices. Por tanto, hablar y escribir sobre consumo y felicidad parece adecuado en estas fechas. Uno de los indicadores más fiables para medir nuestro nivel de consumo es la huella ecológica. Ya hemos visto en la entrada anterior que en nuestro país la huella ecológica dobla (como mínimo) la media de la Humanidad, lo que debería indicar que somos doblemente felices. Y no digamos en USA o en los Emiratos Árabes Unidos: deberían derrochar felicidad a raudales. Claro que puede suceder que algunos sean más eficientes que otros en convertir consumo en felicidad. Es decir, que se cumpla el tópico de que el dinero (léase el consumo en este caso) no es la felicidad.

Rebajas, la ceremonia sagrada del consumismo  abcsevilla

Esta misma idea (a los economistas les encanta el término eficiencia) la tuvieron los responsables de la New Economics Foundation, que se pusieron manos a la obra y calcularon lo que llaman el Índice de Felicidad del Planeta (The Happy Planet Index “HPI”)que relaciona tres variables: el índice de satisfacción, la esperanza de vida y la huella ecológica. Para el índice de satisfacción utilizaron el Worl Database of Happiness de Ruut Veenhoven, el World Health Survey correspondiente al año 2002 de la Organización Mundial de la Salud, el Latinobarómetro (con datos del 2004) y el Afrobarómetro. Para aquellos países para los que no se tenían datos publicados, recurrieron a calcularlos mediante regresión estadística basada en una serie de variables que incluyeron en un anexo del informe.

Respecto a la esperanza de vida se utilizaron los datos contenidos en el Human Development Report de 2005 que contiene la esperanza de vida al nacer en el 2003. Por último, las huellas ecológicas se tomaron de la Global Footprint Network que ya conocemos. En concreto del informe del 2004. Por cierto, que no coincidirán algunos de los datos de la entrada anterior ya que los que he ofrecido son más actuales (informe del 2006 con datos del 2003). Por ejemplo, a España le asignan una huella ecológica de 4,8 hag/hab, cuando en realidad la cifra que aparece en las tablas del último informe de la Global Footprint Network es de 5,4. El resto de las huellas de los países que no aparecían en la tabla las calcularon mediante el método de las emisiones de dióxido de carbono corregido con algunas variables (tales como el nivel de urbanización o la latitud).

A todos estos datos les aplicaron una fórmula que, básicamente, lo que hace es multiplicar el índice de satisfacción por la esperanza de vida y dividirlo por la huella ecológica (a la que se suma un factor de corrección) y todo ello afectado por un coeficiente. La cosa es algo más complicada (aquellos que tengan interés viene detalladamente descrito en la parte final del informe) pero para tener una idea es suficiente esta explicación.

De esta forma se obtuvo el Índice de Felicidad del Planeta, HPI (The Happy Planet Index) que, en realidad, lo que pretende medir es la eficiencia en convertir huella ecológica en bienestar por parte de cada uno de los países que lo componen. La lista ordenada según este índice de los 178 países de los que se hicieron los cálculos se incluye en el informe final y en parte reproduzco algo más adelante. El informe final lo podéis bajar de de aquí. Existe, sólo para Europa, otro informe del 2007 que podéis bajar aquí. Para desgracia de muchos (y regocijo de otros) ambos están en inglés.

Relación entre huella ecológica y felicidad
Extraída de The Happy Planet Index
Pinchando en el mapa puede verse más grande

Pero no solamente se consideró el índice simplemente como un número, sino que se hicieron grupos atendiendo a cada una de las tres variables (índice de satisfacción, esperanza de vida y huella ecológica) y se representaron con colores: hacia el verde mejor, hacia el rojo peor. Por eso en los listados además del número que corresponde al HPI aparece un color asociado a cada valor de la variable y al resultado total.

Relación entre huella ecológica y felicidad
Extraída de The Happy Planet Index
Pinchando en el gráfico puede verse más grande

El primero de la lista es Vanuatu, un archipiélago del Pacífico con más de 80 islas de las cuales 65 están deshabitadas. Hay que decir que, en general, todas las islas salen muy favorecidas en este cálculo de la eficiencia. Su índice de satisfacción es de 7,4, la esperanza de vida de 68,6 años, la huella ecológica de 1,1 hag/hab y un HPI de 68,2. El segundo, sorprendente, es Colombia (67,2). Y luego: Costa Rica (66,0), República Dominicana (64,5), Panamá (63,5), Cuba (61,9), Honduras (61,8), Guatemala (61,7)…

Los primeros puestos de la lista
Extraída de
The Happy Planet Index

En el lado más negro (en realidad más rojo) de la lista cuatro países africanos: Congo (20,7), Burundi (19,0), Swaziland (18,4) y Zimbawe (16,6). Como en la entrada anterior nos referíamos al Congo voy a dar los datos completos que expliquen su situación en el puesto 175 sobre 178 países. Su índice de satisfacción es de 3,3, su esperanza de vida de 43,1 años y su huella ecológica de 0,7 hag/hab. Creo que estas cifras lo dicen todo y queda poco que explicar.

Los últimos puestos de la lista
Extraída de The Happy Planet Index

España está en el puesto 87 con un HPI de 43.0 con verde en las dos variables de índice de satisfacción (7,0) y esperanza de vida (79,5), y un rojo (rojísimo) en la huella ecológica (4,8). Con lo cual el color global que le corresponde es el marrón.

España y su entorno
Extraída de The Happy Planet Index

Bien, la referencia. Los Estados Unidos de Norteamérica están en el puesto 150 con un índice de satisfacción de 7,4, una esperanza de vida de 77,4 años y una huella ecológica de 9,5 hag/hab. La verdad es que si nos comparamos con ellos no parece que lo hagamos muy mal. Con la mitad de su huella ecológica nos sentimos casi tan felices y vivimos más años. Pero lo podíamos hacer todavía mejor. Por ejemplo, Costa Rica (ver el listado de los primeros puestos) con un índice de satisfacción superior al nuestro y una esperanza de vida muy parecida tiene una huella ecológica de 2,1 hag/hab muy cercana a la que haría el planeta sostenible. Una vez que sabemos que puede conseguirse esa debería de ser nuestra meta.

Estados Unidos de Norteamérica y su entorno
Extraída de The Happy Planet Index

Además, también podemos aplicarnos a nosotros mismos el invento. Si alguien se siente con fuerzas para calcular su propio HPI puede hacerlo aquí (está en inglés ¡qué le vamos a hacer!, hago lo que puedo pero, a veces, es imposible sustraerse a su dominio). Luego, os recomiendo que os pongáis en la situación de cualquiera de los niños que aparecían en las fotos de Kinshasa de la entrada anterior y comparéis. Probablemente esto nos servirá a todos para ir conociendo el verdadero significado de conceptos aparentemente abstractos y alejados de la vida real como "huella ecológica" o "sostenibilidad".


domingo, 23 de diciembre de 2007

La huella ecológica vista desde Kinshasa

En el año 1996 Rees y Wackernagel proponen el concepto de “huella ecológica” como el área de territorio productivo o ecosistema acuático necesario para producir los recursos utilizados y para asimilar los residuos producidos por una población definida con un nivel de vida específico, donde sea que se encuentre esta área. La introducción de este concepto nos permitió contar con un instrumento (todo lo rudimentario que se quiera) para cuantificar las relaciones entre territorio y consumo. Se trata justamente del negativo fotográfico de otro concepto muy usado en ecología y que se conoce con el nombre de capacidad de carga, que suele definirse como la población máxima de una especie que puede sobrevivir en un territorio sin deteriorar los recursos de los que se nutre. En el año 2000 un grupo de investigadores encabezados por Wackernagel calculó la huella ecológica de la totalidad del planeta atendiendo a siete indicadores y los resultados fueron significativos: resultó que se utilizaban alrededor de 164 millones de unidades de media pero la bio-capacidad del planeta era sólo de 125 millones, lo que significaba que estábamos consumiendo planeta por encima de su capacidad de regeneración.

La ciudad de Kinshasa  thecommongroup

Esto sólo era posible debido a que, además de consumir todo lo que La Tierra era capaz de producir, estábamos agotando los ahorros que se habían ido acumulando a lo largo de milenios en forma de combustibles fósiles y sumideros de contaminación. Pero no siempre ha sido así. En realidad el problema es bastante reciente. Los cálculos indican que en lo años sesenta del pasado siglo XX la actividad humana consumía el 70% de lo que el planeta era capaz de producir. Pero ya a principios de los años ochenta se alcanzaba el 100%, y en estos momentos estamos consumiendo por encima de nuestras posibilidades. Según la edición 2006 de Ecological Footprint and Biocapacity del Global Footprint Networt (datos de 2003), la huella ecológica de La Tierra es de 2,2 hectáreas globales por persona, con un déficit ecológico de -0,5 hag (hectáreas globales)/hab, lo que indica un sobreconsumo de planeta del 23% (una hectárea global es una hectárea con la capacidad mundial promedio de producir recursos y absorber desechos). Dependiendo de los diferentes sistemas de cálculo este porcentaje es variable pero casi todos los autores lo fijan en un mínimo de un 20%.

Evolución del consumo y biocapacidad de la Tierra
Gráfico extraído de Global Footprint Networt

Con ser grave la situación global todavía se agrava más si le añadimos el hecho de que esta excesiva explotación del medio no se hace de forma uniforme en la totalidad del planeta. Si analizamos los que pasa por países veremos que los Emiratos Árabe Unidos tienen el récord, con una huella ecológica de 11,9 hag/hab y un déficit ecológico de -11,0 hag/hab. Le sigue USA con 9,6 y -4,8 respectivamente. En el lado opuesto, Afganistán tiene una huella de 0,1 y un superávit de +0,2. Otros países, aún con huellas ecológicas algo mayores que Afganistán, tienen balances más positivos. Así Gabón (1,4 y +17,8 respectivamente) o Congo (0,6 y +7,2).

Créditos y débitos ecológicos
Mapa extraído de
Global Footprint Networt

En España es de 5,4 hag/hab y la media de la Unión Europea es de 4,8 hag/hab. Si alguien quiere calcular su propia huella ecológica puede hacerlo aquí (cálculo de la huella personal). Claro que este cálculo es genérico ya que se hace en función de una serie de variables contextuales pero puede darnos una idea de que el problema no se circunscribe a una cuestión de justicia interterritorial sino que también afecta a las diferentes clases socio-económicas dentro de un mismo territorio.

Existen, por tanto, dos problemas diferentes pero perfectamente interrelacionados: el primero se refiere a que hemos sobrepasado la capacidad de carga del planeta. Pero el segundo, cada vez más acuciante, es que esta explotación excesiva se hace de unos terrícolas a costa de otros.

Estos datos, fríos y científicos, es posible que se puedan ver como simples cifras pero, en realidad, esconden dramas personales de millones de personas que viven en determinados países (incluso en continentes casi enteros como el caso de África) a los que sería bueno visualizar y poner por delante de los números. Cuando un cayuco con “inmigrantes subsaharianos” llega a la playa de Los Cristianos llena de turistas acomodados de toda Europa no lo hace porque “les guste la aventura” o por “poner la adrenalina a tope”. Lo hace porque, literalmente, esa Europa que se solaza en la playa está utilizando su huella ecológica. Simplemente vienen a reclamar lo que es suyo.

Piraguas en el río Kalamu

Luego están los que se quedan y no nos incordian. José Manuel Gallego, uno de mis alumnos de doctorado (y, sin embargo, amigo) acaba de llegar de Kinshasa donde ha podido ver de primera mano la situación por la que están pasando los que se quedan. Kinshasa debe rondar en estos momentos los diez millones de habitantes, y aunque es uno de los centros culturales más importantes de África (cuenta con tres universidades), está también asolada con la plaga de miles de chabolas que se construyen casi en cualquier sitio. Le pedí a José Manuel que escribiera unas líneas que nos ayudaran a visualizar el significado real de la huella ecológica, el drama de muchas personas a las que estamos condenando a vivir en el límite del nivel de subsistencia para que nuestros países desarrollados puedan consumir mucho más de lo que necesitan. Las fotos que ilustran esta entrada son también suyas.

Crónica sentimental de la alienación

Yo aquí rompo una lanza por los discriminados
los que nunca o pocas veces comparecen
los pobres pajaritos del olvido
que también están llenos de memoria

Mario Benedetti

No es fácil pensar en lo que duele y compartirlo es con frecuencia difícil; decidir escribirlo no puede ser otra cosa que un socializado ejercicio de masoquismo en negro sobre fondo en blanco. Me hieren cosas que no acierto a razonar, me atenazan contradicciones y mala conciencia.

Podrá decirse: Pero hombre, ¿a estas alturas de la Transición viene usted a dar la lata y con temas políticamente incorrectos?... (Farfullaría azorado que lo siento, que me excuso, que ya sé que no son fechas, pero… la responsabilidad… es de tod@s; tendríamos que haber hecho algo mucho antes; pararlo; no sé, algo).

Adelanto también que a mí me sangra todavía Bagdad y vengo de zambullirme en Kinshasa (Por cierto: ¿Recuerdan aquello de las Armas de Destrucción Masiva?) También a mí me asusta verme la mirada tras el regreso, Ivo.

El horror en la mirada.

Un horror no tan distinto al de Conrad.
El horror, el horror otra vez.

El que repta desde el oscuro corazón de las tinieblas, fácilmente accesibles ahora desde vuelos lujosos que incluyen comidas y aperitivos con champán francés. El horror sobrevolado desde el confort sibarita; ¿el Desarrollo era esto?


Viviendas con agua ¿corriente?

El horror que prevalece a la bobalicona y culpable inobservancia de la tragedia y su inmediatez evidente. El que persiste por sobre la dulce ensoñación navideña, la publicidad empalagosa, los opulentos escaparates ó la traca final evanescente de esta primitiva Celebración Agraria transformada después en Religiosa, y devenida ahora en doméstica obscenidad consumista.


El horror sobre-colgado a la instalación de tanto vacuo adorno callejero, deslumbrante y subrepticio cómplice contaminador de conciencias. El que se entromete en las campañas preelectorales; el horror terco que persiste y no renuncia, el que vivaquea renovándose, el que muerde: el horror perro. El conocido pero ignorado por "vulgar y ordinario", como dicen l@s pij@s.


La esperanza

Ese horror que quieren confinar en titulares y que solo permiten enseñar de madrugada. El que se utiliza para generar miedos y justificar atropellos y desafueros. El horror solo aplicado al terrorismo como si fuese único (Horror y/o terrorismo). El que no cede y asoma su hocico húmedo por entre las crónicas sociales y los enredos de alcoba que tanto entretienen.

El horror reencontrado en las calles de Kinshasa y reconocible de suyo; estaba en los reguerones de sangre de Iraq cuajados de moscas y ahora inmerso en las charcas del Congo infectadas de mosquitos (ó en esas basuras tan útiles para nivelar caminos y campos de juegos). El que vi en los ojos de aquel "niño de la calle" abandonado a su suerte, que me alargó la mano gritando: ¡Papá, la vie!... ¡Papá, la vie!...



El comedor a la izquierda

El que se sirve con el desayuno en los Papeles Impresos, como aquellos que contaban los muertos no contados del 25 de Octubre, cuando el Dios de la lluvia volvió a llorar sobre Kinshasa llevándoselo todo a los que ya nada tenían. El que anida en la falta de vacunas, sanidad, trabajo, luz eléctrica, agua potable o alimento que llevarse a la boca. ¿Comida?

El horror que me genera comerme un filete en Madrid sabiéndolo de euro-vaca que pació apacible con más subvenciones diarias de lo que media humanidad araña para sobrevivir; ó el de lavarme la cara con un agua del que millones de criaturas no disponen para retrasar su muerte… (Con todo y que conste: Como y bebo).



Primero se compacta la basura con arena
y luego se construye encima
poco a poco, el río se va llevando la basura
(incluída la ¿vivienda? construída encima)

El horror insufrible de ningunear datos patéticos aún sospechándolos: Como saber que el 80% de la población del mundo vive en condiciones infrahumanas; que un 6% de la misma posee el 59% de la riqueza total (todos norteamericanos); que 2.000 millones no podrían leer esto por analfabetos; que si tienes algún dinero en el banco y alguna moneda en el bolsillo, perteneces al selecto 8% del mundo rico; que si dispones de alguna ropa en el armario y/o comida almacenada, eres más rico que el 75% de la población del Mundo y… ¿para qué más?


...y así a cientos de miles

El horror sin solución ó esperanza, asegurado futuro a plazo fijo y sin posible variación Euribor. El de recordar cuando decían: "Viaja menos, y escucha más el No-do". El de ahora en el Congo al verlos tan pobres viviendo en un país tan rico. El de advertir que siguen sirviendo, aún siendo los dueños de todo.

El horror…

El horror otra vez…

El horror de siempre…


El horror de decir, es un ejemplo: …¡Feliz y próspero Año Nuevo!... y al hacerlo y por ensalmo: …olvidar al instante… que todo lo anterior: …es cierto…


J.M.G.G.



Para concluir

En todas las épocas históricas han existido grupos humanos en el límite del nivel de subsistencia. Sin embargo la situación actual es mucho más terrible. Cuando la huella ecológica de la Tierra era inferior a la superficie del planeta ayudar a que otros contaran con lo mínimo para sobrevivir no implicaba la necesidad de que los que estaban por encima de este nivel disminuyeran su consumo. Pero ahora sí. Lo que la Tierra es capaz de producir y los ahorros de miles de años hay que repartirlos (como una tarta) entre los 6.500 millones de personas que la habitan. Y el reparto no se refiere tanto a los alimentos (según los expertos, con los conocimientos y técnicas actuales se podrían alimentar entre 10.000 y 15.000 millones de personas) como a la energía y a las posibilidades de absorber los desechos por la naturaleza.

A veces tampoco es necesario desplazarse miles de kilómetros para encontrarle significado al término huella ecológica porque las injusticias interterritoriales y sociales también se producen en el llamado “mundo desarrollado”. Pero en la mayor parte de los casos se trata, simplemente, de un reequilibrio de riqueza. En muy pocos afecta a los niveles de subsistencia. En realidad, el derecho a una vida digna (aunque sea a mínimos) debería ser un derecho universal que no supiese de la existencia de fronteras. Por desgracia esto no es así y las fronteras de los países “desarrollados” se blindan, como se blindan las urbanizaciones y los barrios de los ricos en las ciudades, para no tener que convivir con los “efectos colaterales” del término “desarrollo”.

Superficie de los países proporcional a su consumo
Pinchar en la imagen para verla más grande
Mapa extraído de
Global Footprint Networt

La huella ecológica no es más que la simple constatación científica de algo evidente pero que se disfraza de muchas formas para disimular esta evidencia: la Tierra, desde los años ochenta del pasado siglo XX se ha convertido en una tarta a repartir. Y para que a mí me toque el doble me tengo que apoderar de la ración de otro. El dónde se encuentre ese otro, cuál sea el color de su piel o la lengua que hable es indiferente. Lo único que importa es ignorar su existencia. Si no lo veo no existe.


jueves, 13 de diciembre de 2007

El atlas de la seguridad de Madrid

Hace un par de días se presentó el Atlas de la Seguridad de Madrid promovido por el Observatorio de la Seguridad del Ayuntamiento. La coordinación y dirección corrió a cargo de Felipe Javier Hernado, Manuel Correa y yo mismo. El equipo de investigación estaba formado por Juan Carlos García, Roberto Cobo, Elena Escudero, Irene Zúñiga y Miguel Ángel Prieto. El resultado es un libro de casi trescientas páginas donde dibujamos una imagen del riesgo social tanto objetivo como subjetivo de la ciudad de Madrid.


La seguridad objetiva se abordó recogiendo en un SIG dos tipos de fuentes. En primer lugar se georreferenciaron las incidencias en las que intervino la policía municipal durante el período 2003-2006. Esta información fue proporcionada por el CISEM (Centro Integrado de Seguridad y Emergencias de Madrid) y se representa sin agrupar, y agrupada en Distritos, Barrios y Secciones Censales. En segundo lugar las estadísticas oficiales de Seguridad de la Delegación de Gobierno, aunque los datos sólo fue posible obtenerlos agregados por distritos.

Un ejemplo: robo a personas
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El Atlas también incorpora la Primera Encuesta de Victimización realizada en Madrid en el año 2006 que cubre el aspecto de la seguridad subjetiva.

Seguridad subjetiva global
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Por último se realiza un ejercicio de diseño urbano seguro cambiando la configuración de un parque y una plaza de la ciudad (elegidos por el alto número de incidencias con intervenciones policiales que se producen en ellos) con los criterios que proporciona el método CPTED (Crime Prevention Through Environmental Design). Este trabajo se planteó a modo de ejemplo, más para ilustrar una metodología que para hacer un proyecto efectivo. Esto es así porque la metodología no está adaptada a Madrid, porque no se discutieron otras posibilidades alternativas y porque el único criterio utilizado fue el de la seguridad. A pesar de todo los cambios se discutieron en una reunión conjunta entre policías y arquitectos de la que resultó una configuración modificada.

Sesión de trabajo del equipo

Estamos ante el primer paso de un trabajo que se supone permanente. En realidad el Atlas no es nada más que la concreción en un momento temporal específico del mapa de la criminalidad madrileña. Un ejemplo de lo que se puede hacer con los modernos sistemas de información geográfica. En el futuro estos datos se tendrán en tiempo real y permitirán realizar consultas que sirvan para una adecuada planificación policial (por ejemplo: recorridos de las patrullas motorizadas o a pie; establecimiento de prioridades en la asignación de dotaciones, etc.).

Estado actual del parque
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Tampoco ha sido posible en este Atlas establecer correlaciones entre las variables urbanísticas y las incidencias registradas. Probablemente sea este el segundo gran tema de investigación que aborde el Observatorio. Lo único que se incluye, también a modo de ejemplo, son algunas variables urbanísticas del barrio de Embajadores. Cuando se termine esta segunda etapa estaremos en condiciones de preguntarnos (entre otros) por el significado de conceder una licencia para un bar en una zona de copas.

Ejemplos de correcciones a realizar y planta modificada
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En paralelo al establecimiento de correlaciones, sería necesario plantear la realización de manuales de diseño seguro (de arquitectura, de diseño urbano y de planeamiento) que sirvieran de referencia a los profesionales para desarrollar su labor introduciendo también criterios de seguridad en sus planes y proyectos.

Secciones
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Lo cierto es que en la presentación, tanto en la exposición como en las preguntas, se abordaron temas bastante interesantes que iré trayendo a este blog. Para terminar simplemente mencionaré algunas conclusiones de la exposición que hice sobre el diseño ambiental seguro (que ahora no tengo tiempo de argumentar) y que también iré ampliando poco a poco.

a) La gestión del riesgo no es una cuestión exclusivamente técnica sino también social.

b) La prevención de la delincuencia no puede provenir tan sólo de la represión o de los sistemas de vigilancia total de la actividad individual (tipo panóptico de Jeremy Bentham), sino que debe fundamentarse en acciones sociales positivas. El diseño ambiental seguro no es más que un instrumento (ni el más importante ni, probablemente el más efectivo) de ayuda en esta prevención.

c) El diseño seguro, tanto urbano como arquitectónico, parece que reduce de forma objetiva la criminalidad circunstancial (aquella que aparece con la ocasión, pero si no existe ocasión no se produce), ayuda a reducir los demás tipos y aumenta notablemente la percepción de seguridad incrementando de forma espectacular la calidad de vida de los ciudadanos a un coste muy bajo.

d) El paso de la civilidad a la individualidad ha traído consigo dificultades evidentes en la aplicación de determinados principios del CPTED como la vigilancia natural, al desvincularse el individuo de lo colectivo. En las sociedades más avanzadas no es posible confiar la seguridad basándose exclusivamente en el control social. Esta actitud hace recaer toda la responsabilidad sobre los profesionales encargados de la vigilancia al desentenderse el individuo de todo aquello que no le afecte de forma directa.

e) La inseguridad es una característica distintiva de la sociedad moderna y es imposible reducirla a los niveles mínimos, hay que conformarse con niveles aceptables.

f) La planificación y el diseño seguro son, sencillamente, instrumentos que permiten diversificar los métodos de prevención ya que las actuales políticas de seguridad tienden a ir abriendo cada vez más los campos en los que se mueven, desde la prevención represiva tradicional hasta las formas semióticas más modernas.

g) La forma y estructura de las áreas urbanas tiende a aumentar tanto la inseguridad social objetiva como la subjetiva. Sobre todo esta última, ya que la segregación espacial tal y como se está produciendo tanto en la interfase periférica fragmentada como en el interior más compacto, da lugar a que el individuo no se encuentre cómodo fuera de sus nichos socio-territoriales.


sábado, 8 de diciembre de 2007

El concurso del Pertusillo

Mi viaje a Nápoles al que hago referencia en la entrada anterior, surgió de una invitación para ir a Potenza en relación con el concurso de ideas sobre el Lago del Pertusillo. La región de Basilicata está situada al sur de Italia y se compone de dos provincias: Matera y Potenza. Era una de las regiones más pobres del país hasta que se descubrió la mayor reserva de gas y petróleo de la Europa continental.


A finales de los cincuenta y comienzo de los sesenta nace el lago artificial del Pertusillo, en el Espinoso, al represar el río Agri para su uso hidroeléctrico. La construcción de un puente que permita unir de forma más directa la localidad de Espinoso con el resto de los pueblos del fondo del valle se deriva del proyecto “Valle del Agri” basado en el Programa Operativo: Val d’Agri, Melandro, Sauro, Camastra, y pretende que toda el área pueda funcionar de forma conjunta. Además debería servir de elemento aglutinador y de identidad de la zona.

Lago del Pertusillo, imagen de Michele Grieco
extraída de la página del Valle del Agri

A pesar de tratarse de un lago artificial en el momento actual es un área SIC (de importancia comunitaria por sus valores naturales) por lo que la polémica entre conservación y desarrollo está servida. Y no sólo entre conservación y desarrollo. También está la cuestión de reforzar las señas de identidad de un área territorial, de una ciudad, o de un país, a base de grandes proyectos emblemáticos, símbolos que permitan “vender” más fácilmente ese sitio. Estas auténticas operaciones de marketing suelen ser muy costosas y, muchas veces, el rendimiento obtenido no es el esperado. Por eso muchos grupos se cuestionan si estas inversiones no sería mejor hacerlas en escuelas, asilos de ancianos o ayudas para remodelar las viejas viviendas. En el fondo subyace la pregunta: en realidad ¿a qué le estamos llamando desarrollo?

Lago del Pertusillo
Imagen extraída del
foro de Natura Mediterraneo

En este contexto se convocó un concurso de ideas abierto y de carácter internacional para la realización del puente. El resultado fue la inscripción de 121 grupos, casi todos italianos excepto 9 que fueron del resto de Europa (tan sólo uno español). He pensado que podría resultar interesante presentar algunos de los proyectos ya que no siempre es sencillo acceder a la documentación de los concursos (en este caso la tengo de primera mano) sobre todo si se organizan al margen de los circuitos de las revistas de arquitectura o paisaje. Además se trata de una temática muy parecida a la que solemos abordar en la asignatura de Paisaje y Territorio de la Escuela de Arquitectura de Madrid por lo que, probablemente, tengan un interés adicional para los alumnos. La selección que he realizado no está basada sólo en la calidad de los proyectos sino que intervienen otros factores como la adecuación de las imágenes a la estructura material del blog. Pinchando en cada imagen con el ratón puede verse a un tamaño algo mayor.


El primer premio se concedió al grupo de Antonio Galuppo (Eleonora Ferrara, Alfonso Brenna, Guglielmo Losardo, Biagio Tammaro, Alberto Senatore) y toma su inspiración en los restos paleontológicos encontrados en la zona.


Giuseppe Fallacara (Marco Stigliano, Nicola Parisi, Francesco Porco) se centra en conseguir una idea dinámica basada en una planta curva, obtuvo el tercer premio.


Arup Italia srl (Nicholas John O’Riordan, Gabriela Del Mese) que obtuvo un accésit se inspira en la forma del arpa relacionada con el perfil de las montañas de la zona. Esta previsto revestir la estructura de elementos fotovoltaicos para conseguir una autoalimentación energética de la estructura que permita, a costo energético cero, su iluminación nocturna.


Máximo Majowiecki (Vincenzo Ditrani, Nicola Consentino, Sandro Verdone, Ersilia Della Pepa, Giuseppe Afinito) que también obtuvo un accésit propone un elemento central de mucha fuerza iluminado con un generador a coste energético cero.

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Spaccanapoli, uso total de la calle

He estado unos días en el sur de Italia, en unas jornadas relacionadas con el concurso de un puente sobre un lago en la región de Basilicata (en cuanto tenga tiempo lo comentaré), y el azar arregló las cosas para que estuviera en Nápoles el primer domingo del mes de diciembre. En medio del centro histórico de Nápoles está Spaccanapoli que va desde la plaza de Gesù Nuovo hasta la calle Duomo. Su espina dorsal es una calle estrecha que recibe distintos nombres a lo largo de su recorrido pero que comienza como Via B. Croce. Dado que me alojaba justamente en la plaza pude observar como, de forma continua, llegaban grupos y grupos que suponía de turistas ya que los comandaba un guía provisto del correspondiente paraguas, pañuelo, etc., y solían llevar algún distintivo que los diferenciaba tales como gorras o bolsos. Al principio eran pocos, pero luego el flujo era continuado y subían la cuesta hasta cuatro y cinco a la vez. Los grupos llegaban a la plaza, se ponían de acuerdo con el guía para una hora de vuelta y desaparecían Spaccanapoli adelante.

Grupos llegando a la plaza

Al principio me pareció algo simplemente curioso la afluencia incesante de gente, pero luego me di cuenta que existían varias particularidades notables: eran todos italianos (luego supe que de pueblos y lugares relativamente cercanos); no se trataba de turistas convencionales porque no se veían demasiadas cámaras de fotos; iban familias enteras, niños incluidos; era muchísima gente, una enormidad de gente. Y todos se metían, todavía no me explico cómo, por la Via B. Croce. Cuando llegó mi amigo Mario nosotros también nos adentramos Spaccanapoli adelante. Como no seguí en la plaza no lo puedo asegurar, pero estoy convencido de que a lo largo de la mañana siguieron afluyendo grupo tras grupo y todos intentando (y consiguiéndolo) introducirse entre la iglesia del Gesù Nuevo y la de Santa Chiara.

La experiencia fue literalmente inenarrable. Una especie de masa de gente se iba desplazando como un fluido viscoso a lo largo de la calle, se desbordaba por los laterales, se paraba por momentos y volvía a circular, como impulsada por los latidos de algún corazón lejano. En los comercios y puestos que flanqueaban la masa humana compacta pude distinguir cientos, miles, de figuras de belenes, molinillos de agua, escenarios bucólicos, estrellas, cintas, musgo, casitas de todos los tipos y tamaños, ángeles, puentes, ovejitas, Berlusconis de madera, un orondo chef, arbolillos, guindillas, cintas, pesebres, cortezas de árboles, retablos de Maradona y y cuernos de renos de navidad para ponerse en la cabeza. Claro, era muy complicado comprar nada porque era materialmente imposible parar a voluntad. Creo que nunca he sentido más fuerte la sensación de la Humanidad como un cuerpo único que funciona de forma casi independiente a los individuos que la forman. Era el espacio público utilizado de forma total y completa.


Los belenes napolitanos son famosos en todo el mundo pero no se llega a comprender la fuerza de una tradición como ésta hasta que no se siente uno partícipe de ella. La colmatación y ocupación máxima del espacio ocurrió cuando intentamos subir por la calle San Gregorio Armeno donde suelen exponerse los belenes artesanales. Entonces fue donde, literalmente, levité comprimido por la multitud. Son raras las ocasiones en las que todo un pueblo siente al unísono pero en ellas el espacio público cumple un papel imprescindible.

Dibujo original del Prof. Arch. Mario Coletta

Algo así no es posible en un centro comercial, en un parque temático o en un hipermercado. En estos lugares el sentimiento popular es sustituido por un remedo: el consumo. Aquella gente que venía de toda la región no iba simplemente a comprar el musgo, el molinillo de agua o la caricatura de Berlusconi. Iba, sencillamente, a cumplir una tradición. El musgo, el molinillo o la caricatura eran las disculpa. Porque no iban a comprar (en muchos casos esto era así por la imposibilidad material de hacerlo debido a que la excesiva cantidad de gente lo impedía), iban a manifestarse. A manifestarse como ciudadanos y miembros de una comunidad. En Madrid, en las calles Carmen y Preciados, en la esquina del edificio Capitol o en la salida de metro del cine Avenida la multitud probablemente esté igualmente comprimida que en Spaccanapoli, pero el sentimiento no es el mismo: se trata, sencillamente, de comprar. El intento de conseguir que dicho acto se convierta en una manifestación de toda la sociedad será siempre un remedo porque sólo consume el que puede, de forma que el espacio que se usa para consumir es sólo seña de identidad del consumidor. En cambio, si parece una manifestación como la que he descrito de Nápoles, la de oir las doce campanadas de Fin de Año en la Puerta del Sol.


Probablemente no levité sólo yo. Puede observarse en la foto el lugar donde terminó una bicicleta. La foto es real no es un truco y, verdaderamente, no sé si alguien la aparcó allí, si efectivamente flotó (con o sin multitud) o, sencillamente, cayó del cielo por un milagro de San Genaro. Claro que, como la diferencia entre calzada y acera en esta ciudad es irrelevante, no sería nada extraño que ocupado todo el espacio posible de pavimento, los napolitanos estén tratando de usar también los elementos verticales e inclinados y todo plano horizontal que aparezca en su campo visual. A la vuelta, mientras nos dirigíamos en metro a casa de Mario, pensaba que además de servir para transitar, para facilitar las relaciones entre desiguales, o como seña de identidad de un grupo, había que pensar en estos espacios de ciudadanía también como soporte expresivo de la multitud. A lo mejor, todavía no es la hora de entonar el réquiem por el espacio público.

Ciudad extraordinaria en la que el paisaje urbano es, básicamente, la gente. Mario me trataba de explicar la maravillosa arquitectura que se puede encontrar en casi toda la ciudad, los panoramas que se divisan desde sus laderas, pero una y otra vez mi interés se iba hacia la gente y mis ojos se olvidaban de la arquitectura, del Vesubio o de Sorrento. En cualquier caso parece que nada puede sustituir al espacio público tradicional para esta forma de entender la vida. Y ahí es donde está el nudo de todo. Cada manera de vivir necesita su propio soporte espacial. Pero el soporte en sí es algo irrelevante. Lo que le da sentido es la actividad (o la no actividad) que se desarrolla en su seno. Nos lamentamos de la muerte del espacio público pero esta muerte no viene casi nunca de la inadecuación o de la falta de dicho espacio, viene de una forma de vida que no lo necesita.