Hace unos días recibí un correo de uno de mis alumnos de doctorado, Ignacio de Frutos, que actualmente se encuentra realizando un viaje por la India. Ignacio ya ha colaborado en este blog en la entrada titulada “Recuperación de la Vía de la Plata”. Me sorprendió que los azares del destino le hubieran llevado a Auroville, localidad sobre la que hace unos meses pensaba haber realizado un artículo después de haber leído el libro “Ecopolis” de Downton. Aunque en el libro no aparece más que una referencia (al contrario que Halifax, Whyalla o Ithaca), despertó mi curiosidad la existencia una utopía al estilo de Howard auspiciada por la UNESCO. En realidad la ciudad se fundó siguiendo las ideas de Mirra Alfassa (más conocida como La Madre) compañera del místico hindú Sri Aurobindo. Mirra Alfassa decía: “Debe existir sobre la Tierra un lugar inalienable, un lugar que no pertenezca a ninguna nación, un sitio donde todos los seres de buena voluntad, sinceros en sus aspiraciones, puedan vivir libremente como ciudadanos del mundo”.
Su traza original se debe al arquitecto francés Roger Anger que dijo recoger las enseñanzas de La Madre y diseñó un mandala. Como dice luego Ignacio, la ciudad se inauguró en el año 1968 en presencia del presidente Indio y representantes de 124 países. El que alguien pueda vivir (aunque sólo sea una temporada) en una utopía consagrada por la UNESCO, en el siglo XXI con una crisis mundial de por medio, etc., como está haciendo mi alumno de doctorado, no deja de darme envidia. De forma que lo mejor es que os deje con sus palabras para saber como se ve desde dentro. Todas las imágenes (excepto las referenciadas) son también suyas.
"Auroville, Estado de Tamil Nadu, India a 5 de febrero de 2009
Estimado José:
Según ya le comenté en algún correo electrónico, el pasado enero comencé mi segundo viaje de varios meses a la India. Cuando lo único organizado que se tiene en un viaje es un billete de ida y algo parecido a un billete de vuelta entre ambas fechas pueden suceder muchas circunstancias inesperadas. Cualquier intento de planificar algo (y más en un país como éste) se antoja realmente absurdo. Claro uno siempre lleva en mente un proyecto y ya que en mi anterior viaje había visitado el sur de la India quizás ahora sería un buen momento para quedarme por el norte y hacer un largo recorrido por Delhi, Varanasi (antigua Benarés), Agra (Taj Mahal), Daramshala (lugar donde está el Dalai Lama en el exilio), región del Rajastán.....Pero en fin uno al final no es dueño ni siquiera de su viaje y por distintas circunstancias que ahora no vienen al caso en unos pocos días compro un billete de avión desde Delhi (norte) a Bangalore (sur). Dos semanas de aterrizar y de visitar ciudades sagradas del sur (entre ellas Madurai con su increíble templo) recaigo en la ciudad de Pondicherry, sureste, zona del Golfo de Bengala y colonia francesa hasta los años 50 del siglo XX, incluso tiempo después de que los ingleses abandonaran su Joya de la Corona.
En Pondicherry aún se conserva la arquitectura francesa de ultramar, al menos en aquellas manzanas más cercanas a ese larguísimo paseo marítimo que llaman La Promenade. Las calles se llaman aún Rue y es fácil encontrar numerosos restaurantes y hoteles de ambiente francés. La época de enero-febrero es de gran asistencia turística debido a lo muy benigno del clima en esta zona tropical. En un par de meses comenzará a hacer acto de presencia un calor terrorífico y luego las temibles lluvias monzónicas (aunque aquí son mas suaves que en el norte). Por ello los lugares de alojamiento de cualquier tipo, precio y categoría están completamente llenos. Entonces se me presentó la oportunidad de acercarme a 7 km a la ciudad de Auroville, desde donde le escribo, a buscar cobijo. Aquí pude encontrar algún sitio donde pasar unos días aunque no sin esfuerzo. Vaya, ya había oído hablar yo de este sitio hacía tiempo, la verdad es que me llamaba la atención y al final resulta que acabo aquí instalado en una de las guest houses de Auroville.
Actualmente Auroville es una comunidad donde residen unas 2000 personas de las cuales aproximadamente un 40% son pobladores tamiles locales y el resto provienen de unas 40 naciones, aunque dominados claramente por franceses y alemanes que suman entre ambos otro 30%. La ciudad fue inaugurada en el año 68 (Papá cuéntame otra vez ese cuento tan bonito...) bajo el auspicio ideológico de Sri Aurobindo un político-filósofo hindú fallecido en el 50 aunque fue desarrollada intelectual y materialmente por una de sus más directas colaboradoras, una francesa llamada Mira Alfassa fallecida en el año 73 a una edad muy avanzada.
La implantación del proyecto ha contado desde sus inicios con un apoyo muy importante por parte del Gobierno de la República India y de la UNESCO que ha apoyado la iniciativa en Asamblea General en cuatro ocasiones. De hecho el día de la inauguración oficial asistieron delegaciones de 124 estados y depositaron tierra de cada uno de sus países en una urna de mármol que todavía conservan por aquí. El espíritu de fondo en la Carta Fundacional es algo así como la “unidad humana” (¿Alianza de Civilizaciones?) y en el centro físico y geométrico de la ciudad se erige una gran estructura quasi-esférica de hormigón recubierta de unas escamas metálicas llamada Matriamandir como directo homenaje a ese ideal de unidad (¿la cúpula de Barceló?). Le envío adjuntas algunas fotos de la esfera así como de viviendas, edificios públicos y algunas del paisaje local.
Si observamos un plano de la ciudad lo primero que percibimos es que es un círculo perfecto, en torno a 2,5 km de radio lo que supone que tenga una superficie de alrededor de 22 km2. En el centro geométrico se encuentra según le he comentado anteriormente el Matriamandir. Luego comprobamos que existe un primer cinturón de 1,5 km de radio que se denomina City Area y posteriormente la segunda zona, concéntrica con la primera, llamada Green Belt (Cinturón Verde) que ocupa el resto de la superficie. La City Area está compuesta de cuatro subzonas a su vez: la zona residencial, zona industrial, zona internacional y zona cultural. En el Green Belt se ubican también varios asentamientos residenciales pero sobre todo zonas de granja, regeneración de bosque, zonas de recreo y otros usos no urbanos. La gran parte de las comunidades residenciales a día de hoy son principalmente viviendas unifamiliares y solo aproximadamente en 10 de las 100 comunidades existentes se dispone de edificios de apartamentos de una mayor densidad.
También en la City Area encontramos todos los edificios públicos además de varios restaurantes, auditorios, centro multimedia, colegios y centros deportivos, salas de exposiciones, algunos pabellones internacionales, centro de salud....Y luego los centros para invitados. Son como pequeños hoteles donde se puede estar el tiempo que se desee por un precio bastante asequible y ofrece de alguna manera la posibilidad de integrarte durante un tiempo en la vida de la ciudad. Aunque realmente la ciudad aún no existe como tal. Incluso cuando llegas parece que “no hay nada”.
Una serie de caminos y pistas de tierra de un color rojo arcilla bastante imponente rodeados de una exhuberancia de vegetación a base de banyanos, palmeras, bambúes y buganvillas salvajes con flores de todos los colores conectan los diferentes lugares. Únicamente existe una carretera perimetral asfaltada. Pero todavía no hay calles, ni avenidas, ni plazas, ni parques en una sucesión continua... El coche privado apenas existe. Tampoco el transporte público reducido a la mínima expresión. La bicicleta o la moto son los medios de desplazamiento casi únicos. Existe la posibilidad de hacerlo a pie, pero quizás es un poco duro en determinadas épocas del año donde el calor dicen que llega a ser abrumador.
La oferta cultural y educativa es bastante amplia. Todos los hijos de los aurovilianos tienen garantizada la educación gratuita hasta la edad universitaria. El sistema educativo se basa en corrientes un tanto “alternativas” como las teorías pedagógicas de la italiana María Montessori. La enseñanza de idiomas es importante. Todas las clases son en inglés y francés. Además se enseña el tamil (idioma oficial del estado de Tamil Nadu donde se ubica Auroville) y el sánscrito (el idioma de toda la literatura antigua de la India). Y a todo ello se une por supuesto todas las técnicas orientales que ahora están tan en vanguardia en Europa como el yoga, taichi, artes marciales y demás.
Es importante también destacar la relación tan importante que desde el inicio se ha tenido con el medio físico y con el paisaje. Hace 40 años este lugar por lo visto sufría un proceso de desertificación y erosión importante debido entre otras causas a la sequía durante la mayor parte del año y a lluvias torrenciales durante la época de los monzones. Con el fin de tratar de frenar el proceso se implantó un programa de repoblación forestal por el único medio de especies autóctonas (Tropical Dry Evergreen Forest) y que a día de hoy llega a decenas de miles de árboles. Para controlar el tema del agua durante las tormentas monzónicas se crearon unas canalizaciones que llamaron cañones y que ayudan no solo a disminuir su efecto dañino sino a poder aprovecharla también durante el resto del año. Por ello se han creado varios embalses y láminas de agua artificiales. La agricultura ecológica, como verá en alguna de las fotos adjuntas, es también un aspecto importante que se está desarrollando.
Existe un sistema de organización social bastante curioso donde los ciudadanos no son propietarios de la tierra que ocupan sus viviendas si no que todo pertenece a la comunidad. No existen partidos políticos ni sindicatos. Diferentes grupos de trabajo y comisiones son los que toman las decisiones a cualquiera de los niveles: Social, educativo, económico, industrial....Es lo que ahora en occidente llamamos participación social. Sin duda fomenta el diálogo y el sentido de pertenencia a un lugar pero parece que a veces las reuniones para llegar a acuerdos son innumerables. Un equipo de expertos ajenos a la ciudad y designados cada cuatro años por el gobierno central indio ejercen de supervisores de todas las decisiones trascendentes que se vayan tomando. Dicho equipo se reúne en Auroville dos veces al año y el secretario del mismo vive y trabaja en la ciudad de manera permanente.
Una prioridad especial, como no podía ser de otra manera, es la preocupación medioambiental. Además del tema de la reforestación, la agricultura ecológica, la utilización y recuperación del agua que antes le había comentado existe un equipo de arquitectos e ingenieros dedicados a la implantación de criterios de eficiencia energética en las viviendas y edificios públicos además de la investigación en materiales. Un ejemplo de ello es que se ha desarrollado una pequeña industria dedicada a lo que llaman Compressed Earth Blocks (Bloques de Tierra Comprimida) que es una mezcla de tierra con un 4% de cemento. La ventaja es que se produce en el lugar donde se va a utilizar y que consume entre 3 y 5 veces menos energía durante su fabricación que un ladrillo convencional. Ya se han construido varios de los edificios públicos y numerosas viviendas con este material que además ha pasado las pruebas y los ensayos de resistencia correspondientes.
Otro dato curioso que le quería comentar respecto al uso de energías alternativas es que existe un edificio llamado la Solar Kitchen (la cocina solar) donde cada día se cocinan más de 1000 comidas para su comedor, los colegios y otro tipo de edificios públicos. La energía se capta a través de un gran concentrador solar (como una gran antena parabólica) de 15 metros de diámetro que existe en la cubierta. Dicen que es el mayor aparato de este tipo que existe en la India.
Podría seguir contando temas que he ido aprendiendo en este lugar pero tampoco es cuestión de prolongarme demasiado (creo que ya lo he hecho). En realidad es complicado dar un nombre preciso a este tipo de asentamiento. Quizás ciudad se todavía demasiado pretencioso. Si bien es cierto que el Plan Director de urbanismo ha previsto una capacidad de 50.000 habitantes en el futuro, lo cierto es que a día de hoy lo que existen son decenas de comunidades de aurovilianos desperdigadas sin una cohesión urbana. Es decir, no existe sensación de ciudad. A mí todo esto me recuerda mucho a las corrientes utópicas del siglo XIX, sobre todo a la Ciudad Jardín de Ebenezer Howard tanto morfológicamente con esa forma circular y ese anillo verde perimetral, el contacto tan directo con la naturaleza y el medio como los sistemas de organización social tan peculiares proponiendo además un número ideal de habitantes. No sé a usted que le parece. Esperemos que Auroville no sea un fracaso como las materializaciones de las ideas de Howard.
Existe aquí un edificio llamado Center for Urban Research (Centro de Investigación Urbana) donde trabaja un equipo de más de 20 profesionales entre arquitectos, urbanistas e ingenieros. He tenido la oportunidad de ver en planos y maquetas la idea que tienen los aurovilianos de su ciudad en el futuro. La línea se decanta el tema por un sistema urbano no tan disperso como el actual. La morfología urbana de los años venideros pasa por avenidas ajardinadas dispuestas en el conjunto de forma radial que llaman Líneas de Fuerza donde la calle ya sí que empieza a tomar forma y donde las viviendas se agrupan en edificios de apartamentos de 3-4 alturas.
El transporte público empezaría a ser una realidad. En mi modesta opinión aún queda mucho camino por recorrer. Sobre todo porque la financiación de todo esto es muy complicada. Aunque se obtienen recursos del Gobierno central de la nación y de organismos internacionales como la UNESCO además de los impuestos que pagan los habitantes no es ni mucho menos lo suficiente. Y principalmente el muy lento, lentísimo crecimiento de la ciudad a nivel de población. El Plan Director aprobado en los 90 preveía una población para el año 2010 de unos 15.000 habitantes y apenas hay 2.000 ya casi llegados a la fecha.
Asentamientos de este tipo no son ni mucho menos las soluciones únicas y definitivas a los desafíos medioambientales que se presentan en el planeta a comienzos de siglo XXI, unidos a una gravísima crisis económica de consecuencias aún imprevisibles. Ante este panorama arquitectos y urbanistas tenemos mucho que decir sobre todo cuando hemos sido como colectivo colaboradores directos del daño a veces irreversible que se ha ejercido hasta ahora al medio físico y al paisaje. Cualquier solución llevada a cabo, como esta de Auroville, de la que podamos sacar conclusiones será y es por supuesto bienvenida. Pero solo un proceso que frene una construcción galopante de edificaciones e infraestructuras que cicatrizan el territorio de manera definitiva y donde se comience a recuperar de una manera eficaz y sostenible los centros urbanos y las periferias de viviendas obreras, donde el mundo rural sea de nuevo lo suficientemente atractivo para que el urbanita moderno empiece a plantearse sistemas de vida alternativos, comenzaremos a ver aunque sea un pequeño atisbo de futuro.
En unas cuantas semanas nos volveremos a ver. Un abrazo y hasta pronto,
Ignacio."
jueves, 26 de febrero de 2009
lunes, 9 de febrero de 2009
Jane Jacobs, destellos de sostenibilidad
Hace menos de tres años, en abril del 2006, moría en un hospital de Toronto (Canadá) a los 89 años de edad, Jane Jacobs una de las figuras más notables del urbanismo de la segunda mitad del siglo XX. Con este motivo el Boletín de Ciudades para un Futuro más Sostenible publicó en septiembre de 2006 un pequeño homenaje a su figura “Jane Jacobs en la red”, donde se pueden encontrar los principales enlaces para conocerla más a fondo, y que me libera de colocarlos a lo largo del artículo como en ocasiones anteriores. De Jacobs existen cientos de estudios, de análisis, de tesis. Sin embargo, cada vez que uno lee sus obras (y no solamente Muerte y vida de las grandes ciudades, su texto de referencia) encuentra cosas nuevas y ya sólo por esto merecería la pena dedicarle un artículo. Además entiendo que resulta imprescindible hacer notar su existencia a los jóvenes del siglo XXI que, probablemente, pensarán que una autora cuyo libro fundamental es del año 1961 tiene pocas cosas que decir acerca de los nuevos tiempos. Si es así, se equivocan completamente.
En mi pequeña biblioteca de “libros siempre a mano” uno de los pocos que tengo siempre localizado (estante central en medio de la fila) es Muerte y vida de las grandes ciudades. La mayoría, desde Lo rural y lo urbano de Lefebvre hasta La Arquitectura de la ciudad de Aldo Rossi o La proyectación de la ciudad moderna de Benévolo (por ejemplo, son los primeros que se me han venido a la cabeza) los tengo que buscar específicamente porque van pasando los meses, y a veces los años, sin que tan siquiera los recuerde. Es decir, son libros de su tiempo que, poco a poco, quedan sepultados (en algunos casos injustamente) por la urgencia de lo cotidiano y los nuevos problemas de este siglo pero que, por nostalgia o por lo que sea, no soy capaz de eliminar de “los libros siempre a mano”. Pero al libro de Jacobs no le ocurre lo mismo. Los planteamientos ecologistas, los de seguridad ciudadana, los métodos de planificación, el espacio público (parte importante de Bauman está en Jacobs), la reivindicación de la urbanidad frente a la ingeniería urbana y tantos otros temas claves en este siglo están aquí, siempre dispuestos para una cita, una idea o un consejo.
Por supuesto que la palabra sostenibilidad no aparece en el libro de Jacobs, ni tan siquiera los presupuestos teóricos o ideológicos que tratan de enfrentar este reto del siglo actual. Sin embargo, si tratamos de resumir sus propuestas para la ciudad veremos la extraordinaria coincidencia con los criterios que deben seguir las ciudades sostenibles (o menos insostenibles): mezcla de usos, variación en las tipologías edificatorias, densidades que permitan mantener una vida urbana digna de ese nombre o calles frecuentadas. Casi, punto por punto, podría tratarse de un manual sobre sostenibilidad urbana.
También en sus escritos hay controversia y elementos polémicos, probablemente responsables en mayor medida que los anteriores de su notoriedad. La lucha fundamental fue contra Robert Moses, también conocido como “el zar”, que representaba la prepotencia del urbanismo de renovación centrado en el saneamiento urbano mediante la ingeniería y la cirugía (cortar trozos de ciudad y sustituirlos por otros más “modernos”). Su lucha no fue sólo teórica, se centró en la Lower Manhattan Expressway autopista llena de carriles y de nudos para cuya construcción Moses pretendía eliminar Greenwich Village el barrio de New York donde vivía Jacobs. Afortunadamente nuestra autora le ganó la partida y el barrio es todavía hoy uno de los más vitales de la ciudad. Pero también tuvo otros enfrentamientos. Por ejemplo, con Lewis Mumford que contestó a las propuestas de Jacobs con una crítica titulada “Los remedios de mama Jacobs para el cáncer urbano”. O con Saskia Sassen acerca de si fue primero el comercio y luego el asentamiento (Sassen), o primero el asentamiento y luego el comercio (Jacobs).
Es necesario advertir (lo hace la propia Jacobs en la introducción al libro) que sus análisis y propuestas se refieren a los barrios centrales de las grandes ciudades. No a los suburbios, ni a las ciudades medias o pequeñas. Esto es importante porque una buena parte de sus observaciones atienden a un hecho clave en este tipo de ciudades, lo que Louis Wirth llamaba el anonimato. En un suburbio o en una ciudad pequeña un extraño que pasea por una calle es un desconocido. En un barrio central de una gran ciudad la práctica totalidad de los paseantes son desconocidos. Es así como comienza su análisis del uso de las aceras: “Mantener la seguridad de la ciudad es tarea principal de las calles y aceras”. Esta tarea ha sido palmariamente obviada por la práctica totalidad del urbanismo y la planificación actuales. Ya he discutido en otros artículos de este blog (sobre todo los relativos al espacio público y al diseño urbano seguro) la imperiosa necesidad de que nuestras ciudades sean seguras para que sean sostenibles. La inseguridad conduce directamente a una ciudad segregada, separada en trozos en la que las diferentes clases sociales, el comercio, las oficinas, las áreas de espectáculos, se van separando entre sí constituyendo verdaderas áreas especializadas y propiciando inútiles desplazamientos para poder llevar la cabo las labores más cotidianas con una infrautilización del espacio verdaderamente clamorosa. Es decir, da lugar a ciudades ineficientes.
Aún a riesgo de alargarme demasiado y, puesto que el uso de la calle tiene tanta importancia para Jacobs, no me resisto a reproducir los párrafos siguientes: “Una calle hecha para vérselas con extraños y que aspire a gozar de un determinado nivel de seguridad, al margen de la presencia de esos extraños -así son siempre las calles de una vecindad que ha sabido solucionar el problema-, ha de reunir estas tres condiciones: En primer lugar debe haber una neta demarcación entre lo que es espacio público y lo que es espacio privado (…) Segundo, ha de haber siempre ojos que miren a la calle, ojos pertenecientes a personas a las que podríamos considerar propietarios naturales de la calle (…) Tercero, la acera ha de tener usuarios casi constantemente, para así añadir más ojos a los que normalmente miran a la calle, y también para inducir a los que viven en las casas a observar la calle en número y ocasiones suficientes.”
Algunas de las cosas que, por ejemplo, dice Bauman en sus últimos libros están ya aquí (y eso que ya pronto celebraremos el cincuentenario de su publicación): “En Chatham Village, las casas están agrupadas en colonias que comparten espacios verdes y patios de recreo interiores; la urbanización globalmente, está equipada con muchos otros servicios destinados a una 'participación (comunicación) cerrada', como clubs de vecinos en los que se celebran fiestas, reuniones, bailes, etc.; también hay actividades propias para las señoras, partidas de bridge, sesiones de costura, bailes y guateques para los niños. No hay ningún tipo de vida 'pública' en esta urbanización. Lo que hay son diversos tipos de vida privada ampliada.” Podría seguir reproduciendo párrafos y párrafos sobre las aceras, los parques o las barriadas que constituyen la primera parte del libro. En realidad, el ejemplar que tengo (antes tenía la costumbre de firmar y fechar todos los libros que compraba, éste está fechado en marzo de 1974 y cuenta con mi antigua firma de estudiante) de la editorial Península está prácticamente subrayado por entero prueba inequívoca de que, para mí, no tiene desperdicio.
En la segunda parte titulada “Condiciones previas de diversidad urbana” estudia los factores generadores de diversidad y constituye el resumen y base de sus propuestas. Jacobs dice que “para generar una diversidad exuberante en las calles y distritos de una urbe son indispensable cuatro condiciones”. La primera sería que el distrito (la mayor cantidad posible de partes del mismo) tiene que cumplir más de una función primaria de forma que se garantice la presencia de personas fuera de sus hogares en circunstancias y por motivos distintos dispuestas a usar los servicios comunes. La segunda es que una parte substancial sean manzanas pequeñas de forma que se garanticen muchas esquinas y cruces de calles. La tercera es que exista una mezcla compacta de edificios, viejos y nuevos, caros y baratos, etc. Y la cuarta es que ha de haber una concentración humana suficientemente densa. A lo largo de las setenta y cinco páginas que siguen se estudian de forma detallada estos cuatro factores. Al final en un apartado titulado “Algunos mitos sobre la diversidad” aborda algunos temas de ¡paisaje urbano! congestión e inseguridad relacionados con su propuesta.
En realidad todo este segundo capítulo (desde mi punto de vista el fundamental del libro) se basa en la necesidad de que la ciudad sea compleja y diversa. Y estos son los presupuestos básicos de la ciudad sostenible. Jacobs buscaba una ciudad humana en que las personas desarrollaran sus roles urbanos de la mejor forma posible y, precisamente ahora, nos encontramos con que esta es la mejor ciudad para conseguir un uso eficiente del territorio y los recursos. Resulta sorprendente comprobar como, por distintos caminos puede llegarse al mismo sitio. Ahora hablamos de ciudad sostenible pero, en realidad, podríamos también referirnos a una ciudad más humana, más vital, más vivible, más eficiente, más racional (en el sentido más noble de la palabra racional), y estaríamos hablando de lo mismo. Probablemente los matices podrían ser ligeramente distintos pero el sustrato básico de las propuestas resultantes sería muy parecido.
El resto del libro es también de un enorme interés de forma que le pido a todos los que no lo hayan leído que lo hagan. Merece la pena. Para terminar voy a reproducir unos párrafos del último apartado del libro para que se pueda entender un poco más claramente la razón del título de este artículo. Jacobs intenta establecer una relación entre ciudad y naturaleza. Su tesis es que gracias a la mediación de la ciudad (dicho de forma irónica: el asiento de “la maldad y la perversión”) fue posible que los ciudadanos pudieran contemplar la naturaleza como algo bueno y puro, según sus palabras “como un gran perro de San Bernardo para niños”. Dice algo más adelante: “Hay toda una serie de peligros en sentimentalizar la naturaleza. La mayoría de las ideas sentimentales implican en el fondo una falta de respeto profunda e inconsciente. No es casual que nosotros, los americanos, probablemente campeones del mundo en esto de sentimentalizar la naturaleza, seamos al mismo tiempo, no menos probablemente, los mayores, más voraces y menos respetuosos destructores del idílico y salvaje mundo rural”.
“A esta actitud esquizofrénica no conduce el amor o la falta de respeto a la naturaleza. Por el contrario, es un deseo sentimental de retozar, con un talante más bien condescendiente, con una cierta sombra de naturaleza, insípida, estandarizada y suburbanizada, haciendo con esto clara ostentación de descreimiento respecto a que nosotros y nuestras ciudades, por el simple hecho de ser, somos una parte legítima de la naturaleza, de una manera más profunda y sutil de lo que puedan dejar suponer nuestro cariño por la hierba bien adecentada, los baños de sol y los miradores de panorámicas. De esta forma, todos los días se tragan los bulldozers varios miles más de acres de nuestro campo, que luego se cubren con pavimento y se dotan con suburbanizaciones, con lo cual se mata aquello que se pensaba haber encontrado. Nuestra insustituible herencia de una tierra agrícola de primera calidad (un raro tesoro de la naturaleza en nuestro globo terráqueo) se sacrifica a las autopistas y los aparcamientos de los supermercados con tan poca consideración e inconsciencia como se talan los árboles de los bosques, o como se corrompen las corrientes y los ríos y se llena el aire con los escapes de gas (productos a su vez de la transformación de los subproductos geológicos de la naturaleza), todo ello requerido por ese gran esfuerzo nacional por hacernos agradables una naturaleza falsificada y escapar de la “antinatural” ciudad”.
¿Hay mejor forma de hablar de sostenibilidad sin mencionar la existencia de tal concepto? Recuerdo al lector que estas frases son de 1961. Es verdad que un año después Rachel Carson publicará Silent Spring el mayor éxito de divulgación de las ideas ecologistas de toda la historia del movimiento que, de alguna forma, vino a completar el libro de Jacobs. Pero, sin embargo, las relaciones entre ciudad y naturaleza pocas veces han sido tan profundamente tratadas (precisamente por ser estudiadas desde una perspectiva urbana) como en Muerte y vida de las grandes ciudades. La naturaleza apenas se menciona (sólo al final), pero está siempre ahí, detrás de todo el aparato inductivo que utiliza la autora. Poco importa que Jacobs no fuera ni urbanista, ni arquitecta, ni ecóloga, ni ingeniera, ni matemática (en realidad, su paso por las aulas fue tan fugaz como un meteoro). Lo que hizo, sencillamente, fue mirar lo que tenía delante de sus ojos y describirlo. Muchas veces los urbanistas, los planificadores, los arquitectos, organizamos complicadas teorías y luego intentamos forzar la realidad para que funcione de acuerdo con ellas. Las consecuencias suelen ser desastrosas. Resulta imprescindible vivir previamente las ciudades y mirarlas de forma activa y atenta. De lo contrario corremos el riesgo de organizar complicadas y erróneas teorías frecuentemente imposibles de verificar, planes irreales o proyectos equivocados.
En mi pequeña biblioteca de “libros siempre a mano” uno de los pocos que tengo siempre localizado (estante central en medio de la fila) es Muerte y vida de las grandes ciudades. La mayoría, desde Lo rural y lo urbano de Lefebvre hasta La Arquitectura de la ciudad de Aldo Rossi o La proyectación de la ciudad moderna de Benévolo (por ejemplo, son los primeros que se me han venido a la cabeza) los tengo que buscar específicamente porque van pasando los meses, y a veces los años, sin que tan siquiera los recuerde. Es decir, son libros de su tiempo que, poco a poco, quedan sepultados (en algunos casos injustamente) por la urgencia de lo cotidiano y los nuevos problemas de este siglo pero que, por nostalgia o por lo que sea, no soy capaz de eliminar de “los libros siempre a mano”. Pero al libro de Jacobs no le ocurre lo mismo. Los planteamientos ecologistas, los de seguridad ciudadana, los métodos de planificación, el espacio público (parte importante de Bauman está en Jacobs), la reivindicación de la urbanidad frente a la ingeniería urbana y tantos otros temas claves en este siglo están aquí, siempre dispuestos para una cita, una idea o un consejo.
Por supuesto que la palabra sostenibilidad no aparece en el libro de Jacobs, ni tan siquiera los presupuestos teóricos o ideológicos que tratan de enfrentar este reto del siglo actual. Sin embargo, si tratamos de resumir sus propuestas para la ciudad veremos la extraordinaria coincidencia con los criterios que deben seguir las ciudades sostenibles (o menos insostenibles): mezcla de usos, variación en las tipologías edificatorias, densidades que permitan mantener una vida urbana digna de ese nombre o calles frecuentadas. Casi, punto por punto, podría tratarse de un manual sobre sostenibilidad urbana.
También en sus escritos hay controversia y elementos polémicos, probablemente responsables en mayor medida que los anteriores de su notoriedad. La lucha fundamental fue contra Robert Moses, también conocido como “el zar”, que representaba la prepotencia del urbanismo de renovación centrado en el saneamiento urbano mediante la ingeniería y la cirugía (cortar trozos de ciudad y sustituirlos por otros más “modernos”). Su lucha no fue sólo teórica, se centró en la Lower Manhattan Expressway autopista llena de carriles y de nudos para cuya construcción Moses pretendía eliminar Greenwich Village el barrio de New York donde vivía Jacobs. Afortunadamente nuestra autora le ganó la partida y el barrio es todavía hoy uno de los más vitales de la ciudad. Pero también tuvo otros enfrentamientos. Por ejemplo, con Lewis Mumford que contestó a las propuestas de Jacobs con una crítica titulada “Los remedios de mama Jacobs para el cáncer urbano”. O con Saskia Sassen acerca de si fue primero el comercio y luego el asentamiento (Sassen), o primero el asentamiento y luego el comercio (Jacobs).
Es necesario advertir (lo hace la propia Jacobs en la introducción al libro) que sus análisis y propuestas se refieren a los barrios centrales de las grandes ciudades. No a los suburbios, ni a las ciudades medias o pequeñas. Esto es importante porque una buena parte de sus observaciones atienden a un hecho clave en este tipo de ciudades, lo que Louis Wirth llamaba el anonimato. En un suburbio o en una ciudad pequeña un extraño que pasea por una calle es un desconocido. En un barrio central de una gran ciudad la práctica totalidad de los paseantes son desconocidos. Es así como comienza su análisis del uso de las aceras: “Mantener la seguridad de la ciudad es tarea principal de las calles y aceras”. Esta tarea ha sido palmariamente obviada por la práctica totalidad del urbanismo y la planificación actuales. Ya he discutido en otros artículos de este blog (sobre todo los relativos al espacio público y al diseño urbano seguro) la imperiosa necesidad de que nuestras ciudades sean seguras para que sean sostenibles. La inseguridad conduce directamente a una ciudad segregada, separada en trozos en la que las diferentes clases sociales, el comercio, las oficinas, las áreas de espectáculos, se van separando entre sí constituyendo verdaderas áreas especializadas y propiciando inútiles desplazamientos para poder llevar la cabo las labores más cotidianas con una infrautilización del espacio verdaderamente clamorosa. Es decir, da lugar a ciudades ineficientes.
Aún a riesgo de alargarme demasiado y, puesto que el uso de la calle tiene tanta importancia para Jacobs, no me resisto a reproducir los párrafos siguientes: “Una calle hecha para vérselas con extraños y que aspire a gozar de un determinado nivel de seguridad, al margen de la presencia de esos extraños -así son siempre las calles de una vecindad que ha sabido solucionar el problema-, ha de reunir estas tres condiciones: En primer lugar debe haber una neta demarcación entre lo que es espacio público y lo que es espacio privado (…) Segundo, ha de haber siempre ojos que miren a la calle, ojos pertenecientes a personas a las que podríamos considerar propietarios naturales de la calle (…) Tercero, la acera ha de tener usuarios casi constantemente, para así añadir más ojos a los que normalmente miran a la calle, y también para inducir a los que viven en las casas a observar la calle en número y ocasiones suficientes.”
Algunas de las cosas que, por ejemplo, dice Bauman en sus últimos libros están ya aquí (y eso que ya pronto celebraremos el cincuentenario de su publicación): “En Chatham Village, las casas están agrupadas en colonias que comparten espacios verdes y patios de recreo interiores; la urbanización globalmente, está equipada con muchos otros servicios destinados a una 'participación (comunicación) cerrada', como clubs de vecinos en los que se celebran fiestas, reuniones, bailes, etc.; también hay actividades propias para las señoras, partidas de bridge, sesiones de costura, bailes y guateques para los niños. No hay ningún tipo de vida 'pública' en esta urbanización. Lo que hay son diversos tipos de vida privada ampliada.” Podría seguir reproduciendo párrafos y párrafos sobre las aceras, los parques o las barriadas que constituyen la primera parte del libro. En realidad, el ejemplar que tengo (antes tenía la costumbre de firmar y fechar todos los libros que compraba, éste está fechado en marzo de 1974 y cuenta con mi antigua firma de estudiante) de la editorial Península está prácticamente subrayado por entero prueba inequívoca de que, para mí, no tiene desperdicio.
En la segunda parte titulada “Condiciones previas de diversidad urbana” estudia los factores generadores de diversidad y constituye el resumen y base de sus propuestas. Jacobs dice que “para generar una diversidad exuberante en las calles y distritos de una urbe son indispensable cuatro condiciones”. La primera sería que el distrito (la mayor cantidad posible de partes del mismo) tiene que cumplir más de una función primaria de forma que se garantice la presencia de personas fuera de sus hogares en circunstancias y por motivos distintos dispuestas a usar los servicios comunes. La segunda es que una parte substancial sean manzanas pequeñas de forma que se garanticen muchas esquinas y cruces de calles. La tercera es que exista una mezcla compacta de edificios, viejos y nuevos, caros y baratos, etc. Y la cuarta es que ha de haber una concentración humana suficientemente densa. A lo largo de las setenta y cinco páginas que siguen se estudian de forma detallada estos cuatro factores. Al final en un apartado titulado “Algunos mitos sobre la diversidad” aborda algunos temas de ¡paisaje urbano! congestión e inseguridad relacionados con su propuesta.
En realidad todo este segundo capítulo (desde mi punto de vista el fundamental del libro) se basa en la necesidad de que la ciudad sea compleja y diversa. Y estos son los presupuestos básicos de la ciudad sostenible. Jacobs buscaba una ciudad humana en que las personas desarrollaran sus roles urbanos de la mejor forma posible y, precisamente ahora, nos encontramos con que esta es la mejor ciudad para conseguir un uso eficiente del territorio y los recursos. Resulta sorprendente comprobar como, por distintos caminos puede llegarse al mismo sitio. Ahora hablamos de ciudad sostenible pero, en realidad, podríamos también referirnos a una ciudad más humana, más vital, más vivible, más eficiente, más racional (en el sentido más noble de la palabra racional), y estaríamos hablando de lo mismo. Probablemente los matices podrían ser ligeramente distintos pero el sustrato básico de las propuestas resultantes sería muy parecido.
El resto del libro es también de un enorme interés de forma que le pido a todos los que no lo hayan leído que lo hagan. Merece la pena. Para terminar voy a reproducir unos párrafos del último apartado del libro para que se pueda entender un poco más claramente la razón del título de este artículo. Jacobs intenta establecer una relación entre ciudad y naturaleza. Su tesis es que gracias a la mediación de la ciudad (dicho de forma irónica: el asiento de “la maldad y la perversión”) fue posible que los ciudadanos pudieran contemplar la naturaleza como algo bueno y puro, según sus palabras “como un gran perro de San Bernardo para niños”. Dice algo más adelante: “Hay toda una serie de peligros en sentimentalizar la naturaleza. La mayoría de las ideas sentimentales implican en el fondo una falta de respeto profunda e inconsciente. No es casual que nosotros, los americanos, probablemente campeones del mundo en esto de sentimentalizar la naturaleza, seamos al mismo tiempo, no menos probablemente, los mayores, más voraces y menos respetuosos destructores del idílico y salvaje mundo rural”.
“A esta actitud esquizofrénica no conduce el amor o la falta de respeto a la naturaleza. Por el contrario, es un deseo sentimental de retozar, con un talante más bien condescendiente, con una cierta sombra de naturaleza, insípida, estandarizada y suburbanizada, haciendo con esto clara ostentación de descreimiento respecto a que nosotros y nuestras ciudades, por el simple hecho de ser, somos una parte legítima de la naturaleza, de una manera más profunda y sutil de lo que puedan dejar suponer nuestro cariño por la hierba bien adecentada, los baños de sol y los miradores de panorámicas. De esta forma, todos los días se tragan los bulldozers varios miles más de acres de nuestro campo, que luego se cubren con pavimento y se dotan con suburbanizaciones, con lo cual se mata aquello que se pensaba haber encontrado. Nuestra insustituible herencia de una tierra agrícola de primera calidad (un raro tesoro de la naturaleza en nuestro globo terráqueo) se sacrifica a las autopistas y los aparcamientos de los supermercados con tan poca consideración e inconsciencia como se talan los árboles de los bosques, o como se corrompen las corrientes y los ríos y se llena el aire con los escapes de gas (productos a su vez de la transformación de los subproductos geológicos de la naturaleza), todo ello requerido por ese gran esfuerzo nacional por hacernos agradables una naturaleza falsificada y escapar de la “antinatural” ciudad”.
¿Hay mejor forma de hablar de sostenibilidad sin mencionar la existencia de tal concepto? Recuerdo al lector que estas frases son de 1961. Es verdad que un año después Rachel Carson publicará Silent Spring el mayor éxito de divulgación de las ideas ecologistas de toda la historia del movimiento que, de alguna forma, vino a completar el libro de Jacobs. Pero, sin embargo, las relaciones entre ciudad y naturaleza pocas veces han sido tan profundamente tratadas (precisamente por ser estudiadas desde una perspectiva urbana) como en Muerte y vida de las grandes ciudades. La naturaleza apenas se menciona (sólo al final), pero está siempre ahí, detrás de todo el aparato inductivo que utiliza la autora. Poco importa que Jacobs no fuera ni urbanista, ni arquitecta, ni ecóloga, ni ingeniera, ni matemática (en realidad, su paso por las aulas fue tan fugaz como un meteoro). Lo que hizo, sencillamente, fue mirar lo que tenía delante de sus ojos y describirlo. Muchas veces los urbanistas, los planificadores, los arquitectos, organizamos complicadas teorías y luego intentamos forzar la realidad para que funcione de acuerdo con ellas. Las consecuencias suelen ser desastrosas. Resulta imprescindible vivir previamente las ciudades y mirarlas de forma activa y atenta. De lo contrario corremos el riesgo de organizar complicadas y erróneas teorías frecuentemente imposibles de verificar, planes irreales o proyectos equivocados.
martes, 27 de enero de 2009
Paisaje desde mi habitación
Durante unos días he estado recluido en la habitación de un hospital madrileño. Quien haya estado en esta situación ya puede comprender que no se trata de un sitio demasiado animado. Afortunadamente la habitación que me tocó en suerte tenía un enorme ventanal (casi toda la pared) desde el que se veía un panorama extraordinario de la Sierra de Madrid. De forma que la situación de poder observar desde la cama, el sofá o dando un paseo, semejante vista constituía la mejor terapia para alguien que ama el paisaje. La apreciación no era solamente mía. Todo el que se acercaba a visitarme (poca gente porque mis amigos ya saben que no me gustan las visitas cuando estoy enfermo) antes de decirme si tenía buen o mal aspecto, cómo me encontraba, etc., indefectiblemente hacían referencia a las maravillosas vistas. No es que tuviera celos de tan extraordinaria visión pero alguna vez, incluso llegué a cerrar las cortinas para que las visitas se fijaran en mi.
Además me ingresaron justamente después de las grandes nevadas que se produjeron en toda España y la verdad es que la Sierra estaba esplendorosa. Luego, la niebla, las nubes corriendo a toda velocidad, el sol… El espectáculo fue maravilloso (ya en casa, casi me están dando ganas de volver). Bien, el caso es que me pareció imprescindible “inmortalizar” la situación haciendo una serie de fotografías que me recordaran para siempre el espectáculo. Pero el resultado fue desconcertante. En realidad, la Sierra sí que se veía, pero era una parte bastante pequeña del fotograma (y eso que las fotos las hice desde la terraza y no desde el interior de la habitación) y, además, quedaba como “sepultada” bajo una masa de elementos artificiales que, en realidad, constituían la parte esencial de lo fotografiado.
Después de ver las fotos volví a mirar tras el cristal. Era evidente que ni yo, ni mi familia, ni las visitas, habíamos visto la realidad del panorama a través del gran ventanal de mi habitación. Habíamos visto lo que queríamos ver. Es decir, habíamos eliminado una parte importantísima de la “fotografía” para quedarnos sólo con la parte “agradable”. Porque aquello tenía tres planos, y sólo el plano lejano había sido objeto de nuestra consideración. Tanto el primer plano como el plano medio, sencillamente los habíamos despreciado. La razón estaba bastante clara y tiene que ver con algunas cuestiones perceptivas que me gustaría debatir un poco. Se trata, una vez más, de presupuestos básicos del paisajismo, sobre algunos de los cuales ya he escrito en entradas anteriores.
En realidad, si uno observa el primer plano puede decirse que la calidad arquitectónica no es muy evidente (¡). Se trata de una zona de servicios del hospital en la que se amontonan extractores, aparatos de aire acondicionado, tuberías de saneamiento y otros elementos de parecido interés y que se caracterizan, ante todo, por su belleza peculiar (lamento ser tan irónico pero, después de haberme percatado de que la vista de la Sierra iba acompañada indefectiblemente de este muestrario de instalaciones se me atragantó un poco). Pero este primer plano para la mayor parte de los espectadores del paisaje serrano sencillamente se obviaba.
Lo mismo se podría decir respecto al plano medio en el que se distinguían en una mezcla absolutamente anárquica y azarosa entre otros elementos igualmente bellos: un mástil de iluminación con, al menos 12 focos; una gran torre del tendido eléctrico con los cables correspondientes; la antena repetidora de móviles; un enorme anuncio de venta de un solar con sus vallas de cerramiento; las vías del tren; la M-40; decenas de báculos de iluminación; una parada de autobús; unos pocos árboles perdidos en el mar de “ruido” urbano.
Se podría decir que el acto perceptivo de apropiarse de un paisaje es propio de cada individuo pero tiene pautas comunes en todos los que lo observan. Sin estas pautas comunes la existencia del “paisajista” tal y como se entiende no tendría razón de ser. El descubrimiento de estas pautas comunes ante un paisaje es lo que se le pide al profesional. Una de ellas es, precisamente, el hecho de ver “sólo lo que se quiere ver”. Ello no quiere decir que el resto de la escena no quede grabada (por lo menos subconscientemente) en la memoria. El hecho de que a veces se vea sólo lo bello y otras sólo lo feo probablemente dependa de la circunstancia en la cual se encuentre el espectador. Aquellos que hayan leído otras entradas sobre paisaje en este blog ya conocen mi teoría sobre la necesidad de que el sujeto se ponga en actitud contemplativa ante el objeto para que se pueda decir que estamos ante un paisaje. Y que esto es lo que corrientemente sucede ante un paisaje de naturaleza.
Pero ya no lo es tanto ante un paisaje urbano en que el sujeto se encuentra más en el papel de actor. De los tres planos que componían el panorama que veía desde mi habitación, el primer plano era claramente arquitectónico, el plano medio urbano y el lejano de naturaleza. Respecto al primer plano era evidente que, tanto los visitantes como yo mismo lo considerábamos como escenario donde se desarrollaba un rol: el mío como enfermo y el suyo como visitante de enfermo. El segundo tenía casi las mismas características lo que implicaba que se veía como el sitio donde se desarrollaba el rol ciudadano, y sólo el tercero se consideraba como paisaje. Por eso todos hablábamos del maravilloso paisaje que se veía desde mi habitación. Es que, tanto el primer plano como el medio, no los considerábamos como formando parte del mismo. Eran sencillamente escenarios más o menos adecuados para desarrollar nuestros roles ciudadanos en los que la belleza tenía un puesto secundario. Puesto que sobre el plano lejano había poco que decir (aparte de su belleza y otras consideraciones paisajísticas ya muy estudiadas y sabidas) me centré en el análisis de los planos cercano y medio. La pregunta sería ¿por qué en estos casos la vista se entiende como un escenario urbano y no como un paisaje urbano? Dicho de otra manera ¿por qué el sujeto se pone en actitud de actuar (desarrollar un rol) y no de contemplar (desarrollar el rol específico de admirar estéticamente una porción del territorio)?
Lo que voy a decir ahora es, sencillamente, una intuición, una hipótesis de trabajo que habría que demostrar pero que, probablemente explicaría, por lo menos, este caso. La respuesta podría ser que, ante un encuadre urbano o arquitectónico normalmente el ciudadano (un urbanita en un tanto por ciento muy elevado de casos) tiende a ponerse en actitud de actuar. Es decir, que el encuadre se ve como el escenario donde actúa normalmente. Sólo tiende a ponerse en actitud de contemplar si ese escenario le resulta muy desconocido (y, por tanto, ajeno) y, además, bello. Los escenarios ajenos y feos no tienden a verse como paisajes (es decir, el sujeto no se pone en actitud contemplativa ante ellos) sino como escenarios de inseguridad o de indiferencia para desarrollar su papel ciudadano.
Ante un territorio urbano el paisajista (aparentemente) debería considerar dos aspectos: la adecuación de ese territorio para desarrollar eficientemente el rol ciudadano del sujeto y su embellecimiento para que pudiera plantear su contemplación como paisaje. Tradicionalmente ambos aspectos han correspondido a profesiones distintas: el primero a los planificadores, urbanistas, ingenieros y diseñadores urbanos; y el segundo a los paisajistas. Pienso que no debería ser así por múltiples razones que, algún día, trataré de explicitar en otra entrada del blog. Pero el hecho real es que suele suceder de esta manera. Probablemente la excepción sea el campo del diseño urbano, normalmente en manos de arquitectos (a los que suelen mover, además de la eficacia y la eficiencia, la belleza) que normalmente intentan, aunque no siempre de forma explícita, aunar ambos aspectos, escenario y paisaje, en un único proyecto.
La diferencia, por tanto, entre el paisaje de la naturaleza y el paisaje urbano es muy importante pero no tanta como puede parecer. Depende, esencialmente, del sujeto perceptivo. Porque el sujeto perceptivo del paisaje de naturaleza también puede considerarlo como un escenario donde desarrolla su rol (de agricultor o ganadero, por ejemplo, pero también de alpinista o promotor turístico) en cuyo caso su actitud ante el mismo no es precisamente contemplativa. A lo largo de este blog se puede ver mi interés por planteamientos paisajísticos a través del sujeto más que desde el objeto, porque entiendo que esta es la forma genuina de enfrentarse al tema por parte de un paisajista. Ello no quiere decir que se deba de despreciar al objeto (al contrario). Pero el campo de estudio del objeto debería estar más centrado, probablemente, en otras profesiones que lo analizan más particularmente. Por ejemplo, en el caso de la naturaleza: ecólogos, biólogos, naturalistas, ingenieros de montes o agrícolas. Y en el caso de la ciudad: planificadores, arquitectos, urbanistas, gestores o ingenieros. La realidad, naturaleza o ciudad, es compleja y global y los acercamientos parciales a la misma deberían ser sustituidos por otros de carácter más holístico e interdisciplinar para no cometer errores, muchas veces, irreparables.
Además me ingresaron justamente después de las grandes nevadas que se produjeron en toda España y la verdad es que la Sierra estaba esplendorosa. Luego, la niebla, las nubes corriendo a toda velocidad, el sol… El espectáculo fue maravilloso (ya en casa, casi me están dando ganas de volver). Bien, el caso es que me pareció imprescindible “inmortalizar” la situación haciendo una serie de fotografías que me recordaran para siempre el espectáculo. Pero el resultado fue desconcertante. En realidad, la Sierra sí que se veía, pero era una parte bastante pequeña del fotograma (y eso que las fotos las hice desde la terraza y no desde el interior de la habitación) y, además, quedaba como “sepultada” bajo una masa de elementos artificiales que, en realidad, constituían la parte esencial de lo fotografiado.
Después de ver las fotos volví a mirar tras el cristal. Era evidente que ni yo, ni mi familia, ni las visitas, habíamos visto la realidad del panorama a través del gran ventanal de mi habitación. Habíamos visto lo que queríamos ver. Es decir, habíamos eliminado una parte importantísima de la “fotografía” para quedarnos sólo con la parte “agradable”. Porque aquello tenía tres planos, y sólo el plano lejano había sido objeto de nuestra consideración. Tanto el primer plano como el plano medio, sencillamente los habíamos despreciado. La razón estaba bastante clara y tiene que ver con algunas cuestiones perceptivas que me gustaría debatir un poco. Se trata, una vez más, de presupuestos básicos del paisajismo, sobre algunos de los cuales ya he escrito en entradas anteriores.
En realidad, si uno observa el primer plano puede decirse que la calidad arquitectónica no es muy evidente (¡). Se trata de una zona de servicios del hospital en la que se amontonan extractores, aparatos de aire acondicionado, tuberías de saneamiento y otros elementos de parecido interés y que se caracterizan, ante todo, por su belleza peculiar (lamento ser tan irónico pero, después de haberme percatado de que la vista de la Sierra iba acompañada indefectiblemente de este muestrario de instalaciones se me atragantó un poco). Pero este primer plano para la mayor parte de los espectadores del paisaje serrano sencillamente se obviaba.
Lo mismo se podría decir respecto al plano medio en el que se distinguían en una mezcla absolutamente anárquica y azarosa entre otros elementos igualmente bellos: un mástil de iluminación con, al menos 12 focos; una gran torre del tendido eléctrico con los cables correspondientes; la antena repetidora de móviles; un enorme anuncio de venta de un solar con sus vallas de cerramiento; las vías del tren; la M-40; decenas de báculos de iluminación; una parada de autobús; unos pocos árboles perdidos en el mar de “ruido” urbano.
Se podría decir que el acto perceptivo de apropiarse de un paisaje es propio de cada individuo pero tiene pautas comunes en todos los que lo observan. Sin estas pautas comunes la existencia del “paisajista” tal y como se entiende no tendría razón de ser. El descubrimiento de estas pautas comunes ante un paisaje es lo que se le pide al profesional. Una de ellas es, precisamente, el hecho de ver “sólo lo que se quiere ver”. Ello no quiere decir que el resto de la escena no quede grabada (por lo menos subconscientemente) en la memoria. El hecho de que a veces se vea sólo lo bello y otras sólo lo feo probablemente dependa de la circunstancia en la cual se encuentre el espectador. Aquellos que hayan leído otras entradas sobre paisaje en este blog ya conocen mi teoría sobre la necesidad de que el sujeto se ponga en actitud contemplativa ante el objeto para que se pueda decir que estamos ante un paisaje. Y que esto es lo que corrientemente sucede ante un paisaje de naturaleza.
Pero ya no lo es tanto ante un paisaje urbano en que el sujeto se encuentra más en el papel de actor. De los tres planos que componían el panorama que veía desde mi habitación, el primer plano era claramente arquitectónico, el plano medio urbano y el lejano de naturaleza. Respecto al primer plano era evidente que, tanto los visitantes como yo mismo lo considerábamos como escenario donde se desarrollaba un rol: el mío como enfermo y el suyo como visitante de enfermo. El segundo tenía casi las mismas características lo que implicaba que se veía como el sitio donde se desarrollaba el rol ciudadano, y sólo el tercero se consideraba como paisaje. Por eso todos hablábamos del maravilloso paisaje que se veía desde mi habitación. Es que, tanto el primer plano como el medio, no los considerábamos como formando parte del mismo. Eran sencillamente escenarios más o menos adecuados para desarrollar nuestros roles ciudadanos en los que la belleza tenía un puesto secundario. Puesto que sobre el plano lejano había poco que decir (aparte de su belleza y otras consideraciones paisajísticas ya muy estudiadas y sabidas) me centré en el análisis de los planos cercano y medio. La pregunta sería ¿por qué en estos casos la vista se entiende como un escenario urbano y no como un paisaje urbano? Dicho de otra manera ¿por qué el sujeto se pone en actitud de actuar (desarrollar un rol) y no de contemplar (desarrollar el rol específico de admirar estéticamente una porción del territorio)?
Lo que voy a decir ahora es, sencillamente, una intuición, una hipótesis de trabajo que habría que demostrar pero que, probablemente explicaría, por lo menos, este caso. La respuesta podría ser que, ante un encuadre urbano o arquitectónico normalmente el ciudadano (un urbanita en un tanto por ciento muy elevado de casos) tiende a ponerse en actitud de actuar. Es decir, que el encuadre se ve como el escenario donde actúa normalmente. Sólo tiende a ponerse en actitud de contemplar si ese escenario le resulta muy desconocido (y, por tanto, ajeno) y, además, bello. Los escenarios ajenos y feos no tienden a verse como paisajes (es decir, el sujeto no se pone en actitud contemplativa ante ellos) sino como escenarios de inseguridad o de indiferencia para desarrollar su papel ciudadano.
Ante un territorio urbano el paisajista (aparentemente) debería considerar dos aspectos: la adecuación de ese territorio para desarrollar eficientemente el rol ciudadano del sujeto y su embellecimiento para que pudiera plantear su contemplación como paisaje. Tradicionalmente ambos aspectos han correspondido a profesiones distintas: el primero a los planificadores, urbanistas, ingenieros y diseñadores urbanos; y el segundo a los paisajistas. Pienso que no debería ser así por múltiples razones que, algún día, trataré de explicitar en otra entrada del blog. Pero el hecho real es que suele suceder de esta manera. Probablemente la excepción sea el campo del diseño urbano, normalmente en manos de arquitectos (a los que suelen mover, además de la eficacia y la eficiencia, la belleza) que normalmente intentan, aunque no siempre de forma explícita, aunar ambos aspectos, escenario y paisaje, en un único proyecto.
La diferencia, por tanto, entre el paisaje de la naturaleza y el paisaje urbano es muy importante pero no tanta como puede parecer. Depende, esencialmente, del sujeto perceptivo. Porque el sujeto perceptivo del paisaje de naturaleza también puede considerarlo como un escenario donde desarrolla su rol (de agricultor o ganadero, por ejemplo, pero también de alpinista o promotor turístico) en cuyo caso su actitud ante el mismo no es precisamente contemplativa. A lo largo de este blog se puede ver mi interés por planteamientos paisajísticos a través del sujeto más que desde el objeto, porque entiendo que esta es la forma genuina de enfrentarse al tema por parte de un paisajista. Ello no quiere decir que se deba de despreciar al objeto (al contrario). Pero el campo de estudio del objeto debería estar más centrado, probablemente, en otras profesiones que lo analizan más particularmente. Por ejemplo, en el caso de la naturaleza: ecólogos, biólogos, naturalistas, ingenieros de montes o agrícolas. Y en el caso de la ciudad: planificadores, arquitectos, urbanistas, gestores o ingenieros. La realidad, naturaleza o ciudad, es compleja y global y los acercamientos parciales a la misma deberían ser sustituidos por otros de carácter más holístico e interdisciplinar para no cometer errores, muchas veces, irreparables.
domingo, 11 de enero de 2009
Más trabajos del curso de paisaje
Tal y como había prometido en la entrada anterior hoy voy a dedicar el articulo a reseñar otros trabajos que mis alumnas y alumnos han realizado en la asignatura de Paisaje y Territorio que imparto en la UPM de Madrid, además del ya comentado de “Guadalix desconocido”. Como dije, esta vez casi no he podido seguir el curso debido a mis problemas médicos y Esther Higueras se ha encargado de llevar la parte principal de las clases. Aquellos que sigan el blog ya saben que los trabajos que comento no tienen necesariamente porque ser los mejores académicamente (para eso ya están las notas) sino que son los que me parecen más adecuados a la temática y estructura del mismo. Para entender un poco la mecánica docente de la asignatura me remito a la entrada anterior donde se explica de forma bastante resumida. Como siempre y para no complicar la lectura sólo entrecomillo (y no pongo en cursiva) las citas literales cuando, como en este caso, se reproducen muchos párrafos. Todas las imágenes están extraídas de los trabajos y corresponden a sus autores.
El título del primer trabajo es Rutas sonoras y el equipo estaba formado por Laura Alcubilla, Alejandro Cortizo, Silvia González, Mauricio Gutiérrez y Ana Hernández. El lugar de actuación era el Parque Natural de Peñalara que se encuentra situado en el término municipal de Rascafría en la sierra madrileña. "Está formado por la Cumbre, Lagunas y Circo, precisamente la Cumbre de Peñalara es la cima de la Comunidad de Madrid, con 2.428 metros de altura. Durante el recorrido hasta la Laguna Grande de Peñalara se pueden observar unas magníficas vistas de la Sierra madrileña. Al ser Parque Natural es un espacio protegido que alberga especies de flora y fauna muy valiosas que deben ser respetadas".

El planteamiento (en palabras de sus autores) fue el siguiente: "Nuestra propuesta consiste en realizar una ruta por el Parque Natural de Peñalara, en la que lo primordial sean las experiencias personales que el individuo pueda tener con la naturaleza que le rodea. Esto lo conseguiremos con la ayuda del sonido y del viento, de manera que se plantean dos tipos de elementos. Por un lado proponemos unas estructuras lineales de las que cuelgan varillas metálicas, colocadas en puntos clave del recorrido, y que sirven como guía del mismo. Por otro lado planteamos unas estructuras más grandes, a tipo de escultura, que se colocarán de manera estratégica cerca de las lagunas. En un principio colocaremos 10 de estos elementos. De esta manera, conseguimos que esta ruta se diferencie de otras que existen en el Parque, así como unas experiencias personales que culminan al llegar a los puntos finales de la ruta, donde se encuentran las lagunas".
Tal y como se lee en el párrafo anterior el equipo propuso la instalación de 10 árboles sonoros. Sin embargo, después del análisis de la valoración y fragilidad del paisaje llegó a la conclusión que 6 de los árboles propuestos no eran aptos, 3 lo podían ser con medidas correctoras y ¡solamente uno resultaba válido! En la propuesta final el grupo decide incluir únicamente tres. Para ello estudiaron criterios de localización basados en el viento, en la accesibilidad y en el análisis valoración - fragilidad. La propuesta final incluía miradores con estructuras lineales de las que colgaban varillas metálicas, y tres “árboles - esculturas sonoras” distintos: en espiral, cilíndrico y piramidal. Las actuaciones en las que el grupo se ha inspirado para su propuesta de esculturas son de sobra conocidas, pero al no tratarse de un proyecto de escultura sino paisajístico, lo que verdaderamente importa es su adecuación a la idea base. Ello no invalida el que resulte imprescindible concretar (y dimensionar) en la medida de lo posible.
Este trabajo presenta varios temas interesantes. Pero quizás el que destaque sobre todos ellos sea la consideración del elemento sonoro en el paisaje. Frecuentemente se tiende a reducir el paisaje a lo visual pero también intervienen otros elementos que caracterizan el ambiente tales como el olfato, el tacto, el frío, la humedad relativa o el soleamiento. Y, por supuesto, el sonido. Me ha parecido interesante traerlo aquí para recordar la necesidad de entender el disfrute del paisaje de una forma global de forma que considere todos los estímulos que intervienen y no sólo algunos de ellos. Existen pocos ejemplos de este tipo. Uno realmente espectacular ya lo he comentado en la entrada sobre "El Peine del Viento" (Chillida y Peña Ganchegui, situado en Donostia).

Aunque el articulo va a quedar demasiado largo me gustaría también referirme, aunque de forma más resumida, a otros dos trabajos más. El primero se titula Recorrido multihilo en Villalba y el equipo lo formaban: Beatriz Ortiz, Silvia Esteban, Marta Hijas, María Mayor y Daniel Ovalle. Según sus autores: "Nuestro trabajo se sitúa en la periferia del municipio de Villalba. Es una zona llana que cuenta con el interés no sólo de la vegetación típica de la Sierra (encinas, alcornoques, jara...) sino que desde allí se pueden observar diversas vistas de toda la Sierra de Guadarrama, Navacerrada y en los días claros el perfil de Madrid. Con esta base organizamos una actividad lúdica - paisajística por medio de diferentes recorridos que señalamos mediante un sistema de hilos que se descuelgan de árbol en árbol, llevando el camino 'a nuestras cabezas'. Así se minimiza la alteración del entorno y la modificación del terreno, que serían además completamente reversibles".
Entre las actividades que proponen están: recorridos para hacer a pie, para bicicletas, disfruta de las vistas, coloca tu farolillo en el lugar que más te guste o deja un mensaje para futuros excursionistas. "Por un lado se pretende que la intervención sobre el terreno sea mínima. Para ello se emplean los árboles como soporte de los hilos que marcan los recorridos. Además de poder recorrer los diferentes caminos le añadimos un nuevo interés por medio de los farolillos. Éstos refuerzan los caminos, los iluminan por la noche gracias a un material especial, pueden marcar lugares que los visitantes consideran importantes o de interés y aporta unas ganancias económicas para el mantenimiento de la actividad". Los hilos se componen de un material fosforescente compuestos por metales alcalinotérreos aluminados que se recarga durante el día y brilla por la noche (hasta 12 horas) siendo resistente a la intemperie hasta diez años.

Pienso que el interés de este trabajo reside, básicamente, en dos aspectos. El primero, aunque no ha sido destacado suficientemente por el equipo, es la interactividad. El turista que recorre el itinerario tiene capacidad para modificar algunas cosas del mismo de forma que, poco a poco, el recorrido irá cambiando. En una sociedad en la cual la interactividad es un elemento que cada vez tiene mayor importancia el pensar que se pueda aplicar al paisaje es un elemento favorable que, poco a poco, se irá haciendo imprescindible. El segundo es la utilización a diferentes horas del recorrido. Es imprescindible buscar actividades que no se concentren en pocos días al año y pocas horas al día si el medio lo permite. El grupo propone su utilización de la siguiente manera:

La última propuesta que me gustaría comentar se llama Parque pedagógico de la Batalla del Jarama en la lagunas de Rivas - Vaciamadrid y corresponde al equipo de Raquel Báscones, Fernanda Cassou, Tiago Dias, María Jesús Sastre y Elizabeth A. del Valle. "El objetivo es que esta intervención sea un destino para actividades escolares en la Naturaleza dentro del marco de la LOE. Se trabajarán aptitudes relacionadas con el entorno social, histórico, cultural y ambiental. Se desarrollará un tipo de recorrido para cada ciclo de educación primaria". El recorrido se complementa con trabajo en el aula de forma que "se enviará al centro una unidad didáctica completa, donde se detallarán las actividades recomendables para realizar los días previos a la visita en las distintas materias. De esta manera se consigue mayor grado de comprensión y atención en la actividad".

Esta dirigido a "estudiantes de Educación Primaria (entre 6 y 11 años) y sus profesores entre semana. Turismo familiar durante los fines de semana. La visita guiada tendrá una duración de dos horas". Se limitará la cantidad de visitantes diarios "ya que nuestra intervención se sitúa en un entorno doblemente protegido. Por un lado, el Parque Regional del Sureste, que pone en valor el río Jarama; y por otros la ZEPA y el LIC 'Cortados y Cantiles de los ríos Jarama y Manzanares' nº ES0000142, por lo que se debe controlar el impacto turístico, reduciendo los ruidos que puedan molestar la anidación de las aves, así como que puedan contribuir a la erosión del terreno y la degradación del paisaje. Entre semana: 180 personas/día. Fin de semana: 240 personas/día. La capacidad de la visita guiada será de 60 personas (capacidad de un autobús). Se dividirán en tres grupos de 20 personas: uno entraría directamente al punto de interpretación, otro tendría una charla al aire libre sobre el paisaje que nos encontramos (fauna, flora, hidrología, etc.); mientras que un tercero aguardaría unos minutos en una zona de juegos infantil próxima al punto de llegada".

Aunque se trata de un ejercicio clásico de recorrido pedagógico el trabajo presenta aspectos interesantes. El primero es que se trate de un recorrido enfocado a facilitar el trabajo de los profesores permitiendo la salida de las aulas tradicionales. Independientemente del interés puramente docente lo tiene el hecho de poder ser utilizado en momentos distintos a los fines de semana. Es complicado encontrar actividades de turismo de trayecto medio y cercano que se puedan desarrollar en días de diario y en el horario normal de trabajo. De ahí el interés de un recorrido de este tipo. El segundo es que resulta sorprendente el hecho de que el equipo se haya molestado en determinar los aforos máximos que puede soportar el entorno natural y proponer unas cifras concretas. Y el tercero es que hayan convertido el hecho de la guerra y la batalla que se produjo en ese lugar en un alegato en favor de la paz: "Educación para la paz (el fin último de esta actividad será la educación en la no violencia y la tolerancia). Homenaje a los caídos (se honrará a todas las victimas del enfrentamiento con independencia del bando al que pertenecieran). Y, por último, educación para la reconciliación".

Para terminar me gustaría recordar lo que ya he escrito hace cosa de un año en la entrada titulada “Reivindicación del color”: Por supuesto que el 90% de los alumnos de arquitectura “se inspiran” en proyectos que han visto en revistas y en otros lugares. Esa parte entra en la dinámica del aprendizaje y la mayor parte de los profesores conocen perfectamente la procedencia de su inspiración. A mí, particularmente, tampoco me importa demasiado que parte del trabajo sea reciclado de otros ejercicios o proyectos. En realidad todos lo hacemos y nos copiamos a nosotros mismos muchas veces y esto sirve para ir creando un camino. La cuestión está en cómo el alumno va siendo capaz de construir su propia iconografía, su mundo. De cómo va introduciendo variaciones sobre aquellos temas que considera están bien y como va descartando otros. Es verdaderamente un privilegio observar como se va haciendo a si mismo. La misión del que enseña, en este complicado camino que hace el alumno, a veces es anecdótica y otras crucial, pero siempre debería limitarse a ser una ayuda. El discípulo disciplinado cuyo único objetivo es interiorizar la experiencia del maestro podrá llegar a ser un buen artesano (lo que no es poco), pero raras veces será capaz de encontrar caminos nuevos. La marca puede llegar a ser demasiado profunda, demoledora. Por eso en las disciplinas artísticas, como la música o la pintura, no siempre los genios, los artistas, son los mejores maestros.
El título del primer trabajo es Rutas sonoras y el equipo estaba formado por Laura Alcubilla, Alejandro Cortizo, Silvia González, Mauricio Gutiérrez y Ana Hernández. El lugar de actuación era el Parque Natural de Peñalara que se encuentra situado en el término municipal de Rascafría en la sierra madrileña. "Está formado por la Cumbre, Lagunas y Circo, precisamente la Cumbre de Peñalara es la cima de la Comunidad de Madrid, con 2.428 metros de altura. Durante el recorrido hasta la Laguna Grande de Peñalara se pueden observar unas magníficas vistas de la Sierra madrileña. Al ser Parque Natural es un espacio protegido que alberga especies de flora y fauna muy valiosas que deben ser respetadas".

El planteamiento (en palabras de sus autores) fue el siguiente: "Nuestra propuesta consiste en realizar una ruta por el Parque Natural de Peñalara, en la que lo primordial sean las experiencias personales que el individuo pueda tener con la naturaleza que le rodea. Esto lo conseguiremos con la ayuda del sonido y del viento, de manera que se plantean dos tipos de elementos. Por un lado proponemos unas estructuras lineales de las que cuelgan varillas metálicas, colocadas en puntos clave del recorrido, y que sirven como guía del mismo. Por otro lado planteamos unas estructuras más grandes, a tipo de escultura, que se colocarán de manera estratégica cerca de las lagunas. En un principio colocaremos 10 de estos elementos. De esta manera, conseguimos que esta ruta se diferencie de otras que existen en el Parque, así como unas experiencias personales que culminan al llegar a los puntos finales de la ruta, donde se encuentran las lagunas".
Tal y como se lee en el párrafo anterior el equipo propuso la instalación de 10 árboles sonoros. Sin embargo, después del análisis de la valoración y fragilidad del paisaje llegó a la conclusión que 6 de los árboles propuestos no eran aptos, 3 lo podían ser con medidas correctoras y ¡solamente uno resultaba válido! En la propuesta final el grupo decide incluir únicamente tres. Para ello estudiaron criterios de localización basados en el viento, en la accesibilidad y en el análisis valoración - fragilidad. La propuesta final incluía miradores con estructuras lineales de las que colgaban varillas metálicas, y tres “árboles - esculturas sonoras” distintos: en espiral, cilíndrico y piramidal. Las actuaciones en las que el grupo se ha inspirado para su propuesta de esculturas son de sobra conocidas, pero al no tratarse de un proyecto de escultura sino paisajístico, lo que verdaderamente importa es su adecuación a la idea base. Ello no invalida el que resulte imprescindible concretar (y dimensionar) en la medida de lo posible.
Este trabajo presenta varios temas interesantes. Pero quizás el que destaque sobre todos ellos sea la consideración del elemento sonoro en el paisaje. Frecuentemente se tiende a reducir el paisaje a lo visual pero también intervienen otros elementos que caracterizan el ambiente tales como el olfato, el tacto, el frío, la humedad relativa o el soleamiento. Y, por supuesto, el sonido. Me ha parecido interesante traerlo aquí para recordar la necesidad de entender el disfrute del paisaje de una forma global de forma que considere todos los estímulos que intervienen y no sólo algunos de ellos. Existen pocos ejemplos de este tipo. Uno realmente espectacular ya lo he comentado en la entrada sobre "El Peine del Viento" (Chillida y Peña Ganchegui, situado en Donostia).

Aunque el articulo va a quedar demasiado largo me gustaría también referirme, aunque de forma más resumida, a otros dos trabajos más. El primero se titula Recorrido multihilo en Villalba y el equipo lo formaban: Beatriz Ortiz, Silvia Esteban, Marta Hijas, María Mayor y Daniel Ovalle. Según sus autores: "Nuestro trabajo se sitúa en la periferia del municipio de Villalba. Es una zona llana que cuenta con el interés no sólo de la vegetación típica de la Sierra (encinas, alcornoques, jara...) sino que desde allí se pueden observar diversas vistas de toda la Sierra de Guadarrama, Navacerrada y en los días claros el perfil de Madrid. Con esta base organizamos una actividad lúdica - paisajística por medio de diferentes recorridos que señalamos mediante un sistema de hilos que se descuelgan de árbol en árbol, llevando el camino 'a nuestras cabezas'. Así se minimiza la alteración del entorno y la modificación del terreno, que serían además completamente reversibles".
Entre las actividades que proponen están: recorridos para hacer a pie, para bicicletas, disfruta de las vistas, coloca tu farolillo en el lugar que más te guste o deja un mensaje para futuros excursionistas. "Por un lado se pretende que la intervención sobre el terreno sea mínima. Para ello se emplean los árboles como soporte de los hilos que marcan los recorridos. Además de poder recorrer los diferentes caminos le añadimos un nuevo interés por medio de los farolillos. Éstos refuerzan los caminos, los iluminan por la noche gracias a un material especial, pueden marcar lugares que los visitantes consideran importantes o de interés y aporta unas ganancias económicas para el mantenimiento de la actividad". Los hilos se componen de un material fosforescente compuestos por metales alcalinotérreos aluminados que se recarga durante el día y brilla por la noche (hasta 12 horas) siendo resistente a la intemperie hasta diez años.

Pienso que el interés de este trabajo reside, básicamente, en dos aspectos. El primero, aunque no ha sido destacado suficientemente por el equipo, es la interactividad. El turista que recorre el itinerario tiene capacidad para modificar algunas cosas del mismo de forma que, poco a poco, el recorrido irá cambiando. En una sociedad en la cual la interactividad es un elemento que cada vez tiene mayor importancia el pensar que se pueda aplicar al paisaje es un elemento favorable que, poco a poco, se irá haciendo imprescindible. El segundo es la utilización a diferentes horas del recorrido. Es imprescindible buscar actividades que no se concentren en pocos días al año y pocas horas al día si el medio lo permite. El grupo propone su utilización de la siguiente manera:

La última propuesta que me gustaría comentar se llama Parque pedagógico de la Batalla del Jarama en la lagunas de Rivas - Vaciamadrid y corresponde al equipo de Raquel Báscones, Fernanda Cassou, Tiago Dias, María Jesús Sastre y Elizabeth A. del Valle. "El objetivo es que esta intervención sea un destino para actividades escolares en la Naturaleza dentro del marco de la LOE. Se trabajarán aptitudes relacionadas con el entorno social, histórico, cultural y ambiental. Se desarrollará un tipo de recorrido para cada ciclo de educación primaria". El recorrido se complementa con trabajo en el aula de forma que "se enviará al centro una unidad didáctica completa, donde se detallarán las actividades recomendables para realizar los días previos a la visita en las distintas materias. De esta manera se consigue mayor grado de comprensión y atención en la actividad".

Esta dirigido a "estudiantes de Educación Primaria (entre 6 y 11 años) y sus profesores entre semana. Turismo familiar durante los fines de semana. La visita guiada tendrá una duración de dos horas". Se limitará la cantidad de visitantes diarios "ya que nuestra intervención se sitúa en un entorno doblemente protegido. Por un lado, el Parque Regional del Sureste, que pone en valor el río Jarama; y por otros la ZEPA y el LIC 'Cortados y Cantiles de los ríos Jarama y Manzanares' nº ES0000142, por lo que se debe controlar el impacto turístico, reduciendo los ruidos que puedan molestar la anidación de las aves, así como que puedan contribuir a la erosión del terreno y la degradación del paisaje. Entre semana: 180 personas/día. Fin de semana: 240 personas/día. La capacidad de la visita guiada será de 60 personas (capacidad de un autobús). Se dividirán en tres grupos de 20 personas: uno entraría directamente al punto de interpretación, otro tendría una charla al aire libre sobre el paisaje que nos encontramos (fauna, flora, hidrología, etc.); mientras que un tercero aguardaría unos minutos en una zona de juegos infantil próxima al punto de llegada".

Aunque se trata de un ejercicio clásico de recorrido pedagógico el trabajo presenta aspectos interesantes. El primero es que se trate de un recorrido enfocado a facilitar el trabajo de los profesores permitiendo la salida de las aulas tradicionales. Independientemente del interés puramente docente lo tiene el hecho de poder ser utilizado en momentos distintos a los fines de semana. Es complicado encontrar actividades de turismo de trayecto medio y cercano que se puedan desarrollar en días de diario y en el horario normal de trabajo. De ahí el interés de un recorrido de este tipo. El segundo es que resulta sorprendente el hecho de que el equipo se haya molestado en determinar los aforos máximos que puede soportar el entorno natural y proponer unas cifras concretas. Y el tercero es que hayan convertido el hecho de la guerra y la batalla que se produjo en ese lugar en un alegato en favor de la paz: "Educación para la paz (el fin último de esta actividad será la educación en la no violencia y la tolerancia). Homenaje a los caídos (se honrará a todas las victimas del enfrentamiento con independencia del bando al que pertenecieran). Y, por último, educación para la reconciliación".

Para terminar me gustaría recordar lo que ya he escrito hace cosa de un año en la entrada titulada “Reivindicación del color”: Por supuesto que el 90% de los alumnos de arquitectura “se inspiran” en proyectos que han visto en revistas y en otros lugares. Esa parte entra en la dinámica del aprendizaje y la mayor parte de los profesores conocen perfectamente la procedencia de su inspiración. A mí, particularmente, tampoco me importa demasiado que parte del trabajo sea reciclado de otros ejercicios o proyectos. En realidad todos lo hacemos y nos copiamos a nosotros mismos muchas veces y esto sirve para ir creando un camino. La cuestión está en cómo el alumno va siendo capaz de construir su propia iconografía, su mundo. De cómo va introduciendo variaciones sobre aquellos temas que considera están bien y como va descartando otros. Es verdaderamente un privilegio observar como se va haciendo a si mismo. La misión del que enseña, en este complicado camino que hace el alumno, a veces es anecdótica y otras crucial, pero siempre debería limitarse a ser una ayuda. El discípulo disciplinado cuyo único objetivo es interiorizar la experiencia del maestro podrá llegar a ser un buen artesano (lo que no es poco), pero raras veces será capaz de encontrar caminos nuevos. La marca puede llegar a ser demasiado profunda, demoledora. Por eso en las disciplinas artísticas, como la música o la pintura, no siempre los genios, los artistas, son los mejores maestros.
sábado, 27 de diciembre de 2008
Territorios inventados
Hoy voy a comentar uno de los trabajos que realizó este semestre un equipo de alumnos y alumnas de la asignatura de Paisaje y Territorio que imparto en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid. Claro que esta vez, excepto unos días al comienzo y el de la presentación final, no pude asistir a la mayor parte de las clases debido a mis problemas de salud. En mi lugar se encargó de la asignatura Ester Higueras, profesora Titular del Departamento que ha colaborado conmigo en numerosas ocasiones. Quizás por ello me siento libre de poder dedicar más espacio en el blog a contar algunos de los proyectos presentados. Hoy sólo voy a referirme a uno de ellos, el llamado por sus autores “Guadalix desconocido” y en un próximo día lo haré con dos o tres más. El equipo estaba compuesto por: Diana Ávalos, José Esteban, Ana María García, Nadia Mateo y José Ramón Yáñez. Como siempre, los trabajos que comento no son necesariamente los que han obtenido la nota académica más alta sino aquellos que se adaptan mejor al formato y finalidad del blog. Todas las imágenes están sacadas del proyecto y pertenecen a sus redactores.

Aunque ya lo he mencionado alguna otra vez, en esta asignatura seguimos una metodología de trabajo algo peculiar que resulta imprescindible explicar previamente. Se trata de que el equipo (siempre se trabaja en equipo) proponga algún tipo de atracción turística sobre un territorio que, previamente, ha seleccionado. Casi el único requisito es que el proyecto beneficie al pueblo más cercano a dicha actuación. Una vez planteada la propuesta, y sólo entonces, pasamos a la segunda fase: analizar el paisaje. El equipo se olvida de su proyecto y estudia las unidades de paisaje valorándolas y determinando su fragilidad. Cuando ya ha entendido el lugar al que se enfrenta retoma su proyecto e intenta determinar de qué forma modifica los rasgos esenciales del mismo. El resultado: la mayoría de las veces resulta necesario modificar el proyecto para adaptarlo (si es posible) a las características del paisaje introduciendo medidas correctoras. Como se observa seguimos el camino inverso al habitual ya que primero se suele estudiar el territorio y luego proponer una actuación en el mismo considerando sus rasgos esenciales. Lo hacemos así con objeto de que los estudiantes comprendan claramente la barbaridad que supone, en la mayoría de los casos, una intervención sin analizar en profundidad el sitio. Muchas veces es necesario cambiar enteramente el proyecto inicial con la carga suplementaria de trabajo que supone. El equipo no olvidará fácilmente la necesidad de proceder adecuadamente. Normalmente en el blog sólo expongo la actuación final resultante de todo el proceso.

El proyecto que voy a comentar hoy se desarrolla en “los alrededores naturales del embalse de Pedrezuelas, dentro del entorno de Guadalix de la Sierra y adyacente a dicha localidad; todo ello dentro de la Sierra de Madrid. Será en uno de los márgenes del embalse, donde se sitúa una pequeña capilla y al cual se tiene fácil acceso desde el pueblo, caracterizado por una lámina horizontal de agua, con un acceso fácil hasta el borde mismo del agua, un camino de acceso y gran variedad de sendas y rutas naturales ya existentes.” La población está situada a 50 km de la capital. Algunos datos extraídos de la memoria: “Ubicación: 40° 47′ N 3° 41′ O; Altitud: 832 m; Superficie: 61 km²; Población: 5.347 hab. (INE 2007); Densidad: 87,66 hab./km².”
En realidad, lo que importa de este proyecto no es tanto la actuación en sí (que no es más que un sendero a las orillas del embalse) sino la forma polémica de “vender” el sitio mediante un montaje basado en la supuesta existencia de fenómenos paranormales en la zona. Hace más o menos un mes, el 30 de noviembre, Federico García Barba en su blog “Islas y Territorio” (cuya lectura he recomendado muchas veces) publicaba un artículo titulado “La arquitectura ¿una especialidad del marketing?” El titulo es bastante elocuente de su contenido y está directamente relacionado con lo que diré a continuación (yo siempre he entendido la arquitectura ligada directamente al urbanismo y, por supuesto, al territorio). Quizás ahora se pueda comprender mejor la mini-polémica organizada en los comentarios y el porque no tuve más remedio que participar en ella, ya que mi postura al respecto está directamente relacionada con lo que voy a contar en este articulo. Claro, sin conocer la existencia del trabajo que estaba realizando el equipo de “Guadalix desconocido” y sus implicaciones éticas y sociales, probablemente no se entiendan muy bien los comentarios que hice en el blog de Federico (me refiero a lo sustancial no a los elementos anecdóticos). Espero que, al terminar esta entrada, mi postura quede suficientemente clara para cualquiera que la lea.
Para que no se me acuse de tergiversar voy a reproducir textualmente la propuesta del proyecto extraída de la memoria: “Nuestra intervención está planeada principalmente sobre la opción de condicionar, orientar y manipular la voluntad del turista a la hora de elegir el entorno “Guadalix desconocido” como su lugar elegido para experimentar aquello que su ya sugestionada voluntad pretende encontrar. Asimismo pretendemos con ello generar experiencias más allá de la simple contemplación natural, un vivir la naturaleza, un disfrutar de un paisaje misterioso, plagado de descubrimientos asombrosos que ya no generarán paz recogimiento, sino una sensación emocional de cierta intranquilidad, incertidumbre, incluso miedo; porque es, al final lo que han venido a visitar.”

Dicho y hecho. En el apartado de “making off” se relatan lo que llaman sus happenings. El equipo se desplaza por la noche al sitio provisto de lámparas led, pilas, precintos, globos, una bombona de helio, cuerda de sedal y cámaras fotográficas. El proceso fue el siguiente: “Se coloca la pila en el led, adecuando los polos positivo y negativo, a continuación se procede a precintar el conjunto para fijarlo e impermeabilizarlo dejando la bombilla libre. Y una vez obtenida la base de la iluminación, introducimos el conjunto en un globo como si fuese una bolsa… Para inflar los globos de helio, se coloca la apertura en la boquilla de la bombona, presionamos para que el helio acceda al interior y le hacemos un nudo para que quede todo dentro… Lo hallado hasta ahora, es un globo con la facultad de elevarse en el aire con una iluminación interna. Para tener el globo bajo control, se utiliza la cuerda de sedal atando un cabo al nudo del globo y el otro cabo a los arbustos de la zona. De esta manera conseguimos obtener una luz difusa flotando en el aire… En este último paso, el objeto requerido es la cámara de fotos. Se programa en el modo nocturno y tiempo de exposición máximo, se apunta hacia las luces flotantes y se presiona el botón de la cámara para capturar las imágenes obtenidas.”

Bueno, bueno. Ya tenemos el engaño funcionando. Se supone que “algo” está pasando en ese lugar porque se ven extrañas luces, etc. Independientemente de lo bien que se lo ha debido de pasar el equipo realizando “su milagro” particular la carga polémica que plantea la actuación es notable. Porque, a continuación abren un blog llamado “Guadalix desconocido”, cuelgan vídeos en Youtube, fotos en Flicker y participan en foros relacionados con lo paranormal y misterioso para llamar la atención sobre lo que está pasando en Guadalix. Dice el equipo en la memoria del proyecto: “Un nuevo concepto extendido cada vez más y en uso cada vez más frecuente por empresas de publicidad y grandes corporaciones: el marketing viral o la publicidad viral son términos empleados para referirse a las técnicas de marketing que intentan explotar redes sociales ya preexistentes para producir incrementos exponenciales en “conocimiento de marca” (Brad Awareness), mediante procesos de autorreplicación viral análogos a la expansión de un virus informático. Se suele basar en el boca a boca mediante medios electrónicos; usa el efecto de “red social” creado por Internet y los modernos servicios de telefonía móvil para llegar a una gran cantidad de personas rápidamente. La popularidad creciente del marketing viral se debe a la facilidad de ejecución de la campaña, su coste relativamente bajo (comparado con campañas de correo directo), buen “targeting” y una tasa de respuesta alta y elevada. La principal ventaja de esta forma de marketing consiste en su capacidad de conseguir una gran cantidad de posibles clientes interesados, a un bajo costo.”

Por supuesto que este planteamiento está sustentado en una base teórica mencionada en el trabajo, en la que el equipo destaca dos publicaciones. La primera es un texto clásico: “La psicología de las masas” del francés Gustave Le Bon publicada en 1895. La segunda, más divulgativa, se titula “Marketing viral” de la que es autora Silvia Sivera Bello profesora de Ciencias de la Información y Comunicación de la Universitat Oberta de Catalunya.

Nos encontramos ante una propuesta polémica, en cierta medida radical, que traspasa el límite de lo “políticamente correcto” para adentrarse en las complicadas aguas de la ética. Y no me estoy refiriendo a la posibilidad de utilizar el marketing (sea viral o no) para difundir una cierta cualidad o propiedad del territorio sino, directamente, para engañar mediante un “montaje” basado en una propiedad inexistente del mismo. Y la cuestión no se circunscribe exclusivamente a determinadas actuaciones turísticas, incluso aunque no sean tan descaradas como la que propone el equipo de “Guadalix desconocido”. Todos los que nos dedicamos de una u otra forma al estudio del territorio sabemos que existe un problema metodológico casi irresoluble en la agregación de datos estadísticos georreferenciados, el de la llamada “unidad espacial modificable”, que nos permite “ver” el territorio (en la mayor parte de los casos) a gusto del consumidor sin traspasar, aparentemente, los estrechos límites de la verdad. Esto se hace de dos formas: modificando la escala del análisis o variando los límites de las áreas de agregación. Se podría decir que variando oportunamente estos dos factores (y con un SIG) podríamos obtener “objetivamente” territorios muy distintos respecto a determinadas variables. Literalmente nos inventamos los territorios. Y si esto se puede hacer “objetivamente” ¡qué no se conseguirá cuando se trabaja con elementos subjetivos como las emociones, el miedo o el misterio!
En los primeros días de curso cuando el equipo me planteó lo que tenía en mente estuve a punto de decirles que abandonaran, que caminar sobre la delgada línea que separa el “montaje sobre nada” del “montaje para colorear o destacar determinado elemento existente” (pero muchas veces soterrado) en ese territorio o en esa cultura, es complicado. Pero luego lo pensé mejor y decidí animarles a que lo hicieran. Las posibilidades de confrontación que imaginaba en el proyecto y el interés que, probablemente, iba a suscitar superaban ampliamente los peligros que veía. Luego las cosas se torcieron y no pude seguir con la tutela del proyecto. En la exposición final, a la que sí pude asistir, el equipo destacó que, a pesar de sus reducidos y rudimentarios medios, la “propagación viral” había sido un éxito. Por desgracia toda la discusión se centró en esta cuestión (por otra parte de gran interés) y no en la ética de un montaje basado en una mentira. La verdad es que no hubo casi tiempo para hacerlo y por eso he traído hoy aquí este tema.
Al empezar a escribir he recordado una anécdota que nos contó Antonio Elizalde este verano en Chile. Un pueblo de Latinoamérica (no voy a decir ni tan siquiera el país y maquillaré un poco la historia para que no se reconozca) iba consiguiendo salir de la pobreza gracias a un territorio extraordinario y al turismo. Pero resulta que hicieron una autopista que lo dejaba prácticamente incomunicado. Los turistas dejaron de ir debido a la incomodidad que suponía el acceso y el incipiente desarrollo empezó a caer en picado. Entonces “alguien” decidió convertir al tonto del pueblo en un santo. La cosa funcionó porque la gente empezó a considerar al pueblo como objetivo a visitar (en realidad iban a ver al santo que pronto empezó a hacer milagros) y aquello remontó. Ante la afluencia de gente las autoridades no tuvieron más remedio que hacer accesos adecuados y el turismo basado en el territorio (no en el santo) empezó a recuperarse. Todo absolutamente verídico excepto algunos detalles que he cambiado. La historia no es exacta a la del “Guadalix desconocido” pero ambas se basan en un montaje falso.

Cuando intento hacer comprender a mis alumnos que la intervención sobre el territorio puede ser estrictamente mental sin mover un árbol o una piedra siempre parto del hecho de considerar que dicha intervención necesita de una base real que, de alguna forma, se destaca, se enmarca, se colorea mediante una forma de ver distinta. En realidad eso es lo que hace el artista, decirle al común de los mortales: esta piedra también se puede ver de esta forma y al hacerlo así me produce una emoción especial que espero también te la produzca a ti. El engaño no existe ya que la piedra existe y la emoción que le produce al artista también (se supone). El que luego, a los demás, también nos produzca esa emoción se puede deber a muchas cosas: empatía con el artista, mimetismo social, sugestión publicitaria, emoción verdadera, etc. El siguiente paso es, sencillamente, quitar la piedra. Ahora sólo está el lugar y la historia del artista. Es el caso de tanto sitios que se visitan porque se trata de lugares donde se desarrolla la acción de una novela o de una película. La emoción no está en el sitio sino en la novela o la película. Y ese sitio nunca sería objeto de atención sino existiera esa historia inventada. Hasta aquí nada parece rechinar. El último paso consiste en decir que allí existe una piedra aunque, en realidad, no haya ninguna piedra. Es el caso de “Guadalix desconocido” o la historia de Antonio Elizalde. Parece que aquí si se ha traspasado un límite. Que éticamente sea más o menos reprobable dependerá de la ética de cada uno, de la finalidad que se persiga y de la magnitud del engaño. Para algunos de nosotros, sea cual sea la finalidad que se persiga y la magnitud del engaño, se trata siempre de una actuación inadecuada.

La diferencia, a veces demasiado sutil, entre destacar valores (ya existentes o creados) o inventárselos, la traspasan demasiadas veces las técnicas publicitarias y de marketing sea para vender una ciudad, un edificio, un cepillo de dientes, o un lugar turístico. Pienso que el trabajo que he comentado hoy, independientemente de otros aspectos académicos cuyo análisis correspondería a Ester Higueras, tiene la virtud de poner sobre la mesa un problema que se va agudizando cada vez más en nuestra sociedad: una tendencia imparable a confundir los hechos reales con fantasías. Una prueba evidente de que el síndrome de Peter Pan no afecta ya solamente a nuestra juventud (que va retrasando año tras año el tránsito de la adolescencia a la madurez) sino a la sociedad entera que no está dispuesta a reconocer los verdaderos problemas a los que ha de enfrentarse (cambio climático, consumismo, etc.) y que se distrae con banalidades propias de la fantasía social. Y es que las técnicas de manipulación de la realidad han llegado a tal sofisticación que, muchas veces, es complicado discernir si mis emociones son verdaderamente mías o corresponden a decisiones tomadas en lejanos despachos de psicólogos y publicistas.

Aquella frase que el equipo de “Guadalix desconocido” no ha tenido ningún problema en escribir en la memoria del trabajo (“Nuestra intervención está planeada principalmente sobre la opción de condicionar, orientar y manipular la voluntad del turista…”) no siempre se reconoce con igual sinceridad en otras instancias. Espero que ahora se entienda algo más mi preocupación porque los alumnos puedan llegar a deducir que todo vale. En cualquier caso considero la experiencia interesante y no solo por lo que se haya podido divertir el equipo sino porque, probablemente, la mejor forma de estar prevenido ante las manipulaciones es haber manipulado previamente. Eso sí, de forma experimental, en un contexto académico y siendo conscientes de su significado.

Aunque ya lo he mencionado alguna otra vez, en esta asignatura seguimos una metodología de trabajo algo peculiar que resulta imprescindible explicar previamente. Se trata de que el equipo (siempre se trabaja en equipo) proponga algún tipo de atracción turística sobre un territorio que, previamente, ha seleccionado. Casi el único requisito es que el proyecto beneficie al pueblo más cercano a dicha actuación. Una vez planteada la propuesta, y sólo entonces, pasamos a la segunda fase: analizar el paisaje. El equipo se olvida de su proyecto y estudia las unidades de paisaje valorándolas y determinando su fragilidad. Cuando ya ha entendido el lugar al que se enfrenta retoma su proyecto e intenta determinar de qué forma modifica los rasgos esenciales del mismo. El resultado: la mayoría de las veces resulta necesario modificar el proyecto para adaptarlo (si es posible) a las características del paisaje introduciendo medidas correctoras. Como se observa seguimos el camino inverso al habitual ya que primero se suele estudiar el territorio y luego proponer una actuación en el mismo considerando sus rasgos esenciales. Lo hacemos así con objeto de que los estudiantes comprendan claramente la barbaridad que supone, en la mayoría de los casos, una intervención sin analizar en profundidad el sitio. Muchas veces es necesario cambiar enteramente el proyecto inicial con la carga suplementaria de trabajo que supone. El equipo no olvidará fácilmente la necesidad de proceder adecuadamente. Normalmente en el blog sólo expongo la actuación final resultante de todo el proceso.

El proyecto que voy a comentar hoy se desarrolla en “los alrededores naturales del embalse de Pedrezuelas, dentro del entorno de Guadalix de la Sierra y adyacente a dicha localidad; todo ello dentro de la Sierra de Madrid. Será en uno de los márgenes del embalse, donde se sitúa una pequeña capilla y al cual se tiene fácil acceso desde el pueblo, caracterizado por una lámina horizontal de agua, con un acceso fácil hasta el borde mismo del agua, un camino de acceso y gran variedad de sendas y rutas naturales ya existentes.” La población está situada a 50 km de la capital. Algunos datos extraídos de la memoria: “Ubicación: 40° 47′ N 3° 41′ O; Altitud: 832 m; Superficie: 61 km²; Población: 5.347 hab. (INE 2007); Densidad: 87,66 hab./km².”
En realidad, lo que importa de este proyecto no es tanto la actuación en sí (que no es más que un sendero a las orillas del embalse) sino la forma polémica de “vender” el sitio mediante un montaje basado en la supuesta existencia de fenómenos paranormales en la zona. Hace más o menos un mes, el 30 de noviembre, Federico García Barba en su blog “Islas y Territorio” (cuya lectura he recomendado muchas veces) publicaba un artículo titulado “La arquitectura ¿una especialidad del marketing?” El titulo es bastante elocuente de su contenido y está directamente relacionado con lo que diré a continuación (yo siempre he entendido la arquitectura ligada directamente al urbanismo y, por supuesto, al territorio). Quizás ahora se pueda comprender mejor la mini-polémica organizada en los comentarios y el porque no tuve más remedio que participar en ella, ya que mi postura al respecto está directamente relacionada con lo que voy a contar en este articulo. Claro, sin conocer la existencia del trabajo que estaba realizando el equipo de “Guadalix desconocido” y sus implicaciones éticas y sociales, probablemente no se entiendan muy bien los comentarios que hice en el blog de Federico (me refiero a lo sustancial no a los elementos anecdóticos). Espero que, al terminar esta entrada, mi postura quede suficientemente clara para cualquiera que la lea.
Para que no se me acuse de tergiversar voy a reproducir textualmente la propuesta del proyecto extraída de la memoria: “Nuestra intervención está planeada principalmente sobre la opción de condicionar, orientar y manipular la voluntad del turista a la hora de elegir el entorno “Guadalix desconocido” como su lugar elegido para experimentar aquello que su ya sugestionada voluntad pretende encontrar. Asimismo pretendemos con ello generar experiencias más allá de la simple contemplación natural, un vivir la naturaleza, un disfrutar de un paisaje misterioso, plagado de descubrimientos asombrosos que ya no generarán paz recogimiento, sino una sensación emocional de cierta intranquilidad, incertidumbre, incluso miedo; porque es, al final lo que han venido a visitar.”

Dicho y hecho. En el apartado de “making off” se relatan lo que llaman sus happenings. El equipo se desplaza por la noche al sitio provisto de lámparas led, pilas, precintos, globos, una bombona de helio, cuerda de sedal y cámaras fotográficas. El proceso fue el siguiente: “Se coloca la pila en el led, adecuando los polos positivo y negativo, a continuación se procede a precintar el conjunto para fijarlo e impermeabilizarlo dejando la bombilla libre. Y una vez obtenida la base de la iluminación, introducimos el conjunto en un globo como si fuese una bolsa… Para inflar los globos de helio, se coloca la apertura en la boquilla de la bombona, presionamos para que el helio acceda al interior y le hacemos un nudo para que quede todo dentro… Lo hallado hasta ahora, es un globo con la facultad de elevarse en el aire con una iluminación interna. Para tener el globo bajo control, se utiliza la cuerda de sedal atando un cabo al nudo del globo y el otro cabo a los arbustos de la zona. De esta manera conseguimos obtener una luz difusa flotando en el aire… En este último paso, el objeto requerido es la cámara de fotos. Se programa en el modo nocturno y tiempo de exposición máximo, se apunta hacia las luces flotantes y se presiona el botón de la cámara para capturar las imágenes obtenidas.”

Bueno, bueno. Ya tenemos el engaño funcionando. Se supone que “algo” está pasando en ese lugar porque se ven extrañas luces, etc. Independientemente de lo bien que se lo ha debido de pasar el equipo realizando “su milagro” particular la carga polémica que plantea la actuación es notable. Porque, a continuación abren un blog llamado “Guadalix desconocido”, cuelgan vídeos en Youtube, fotos en Flicker y participan en foros relacionados con lo paranormal y misterioso para llamar la atención sobre lo que está pasando en Guadalix. Dice el equipo en la memoria del proyecto: “Un nuevo concepto extendido cada vez más y en uso cada vez más frecuente por empresas de publicidad y grandes corporaciones: el marketing viral o la publicidad viral son términos empleados para referirse a las técnicas de marketing que intentan explotar redes sociales ya preexistentes para producir incrementos exponenciales en “conocimiento de marca” (Brad Awareness), mediante procesos de autorreplicación viral análogos a la expansión de un virus informático. Se suele basar en el boca a boca mediante medios electrónicos; usa el efecto de “red social” creado por Internet y los modernos servicios de telefonía móvil para llegar a una gran cantidad de personas rápidamente. La popularidad creciente del marketing viral se debe a la facilidad de ejecución de la campaña, su coste relativamente bajo (comparado con campañas de correo directo), buen “targeting” y una tasa de respuesta alta y elevada. La principal ventaja de esta forma de marketing consiste en su capacidad de conseguir una gran cantidad de posibles clientes interesados, a un bajo costo.”

Por supuesto que este planteamiento está sustentado en una base teórica mencionada en el trabajo, en la que el equipo destaca dos publicaciones. La primera es un texto clásico: “La psicología de las masas” del francés Gustave Le Bon publicada en 1895. La segunda, más divulgativa, se titula “Marketing viral” de la que es autora Silvia Sivera Bello profesora de Ciencias de la Información y Comunicación de la Universitat Oberta de Catalunya.

Nos encontramos ante una propuesta polémica, en cierta medida radical, que traspasa el límite de lo “políticamente correcto” para adentrarse en las complicadas aguas de la ética. Y no me estoy refiriendo a la posibilidad de utilizar el marketing (sea viral o no) para difundir una cierta cualidad o propiedad del territorio sino, directamente, para engañar mediante un “montaje” basado en una propiedad inexistente del mismo. Y la cuestión no se circunscribe exclusivamente a determinadas actuaciones turísticas, incluso aunque no sean tan descaradas como la que propone el equipo de “Guadalix desconocido”. Todos los que nos dedicamos de una u otra forma al estudio del territorio sabemos que existe un problema metodológico casi irresoluble en la agregación de datos estadísticos georreferenciados, el de la llamada “unidad espacial modificable”, que nos permite “ver” el territorio (en la mayor parte de los casos) a gusto del consumidor sin traspasar, aparentemente, los estrechos límites de la verdad. Esto se hace de dos formas: modificando la escala del análisis o variando los límites de las áreas de agregación. Se podría decir que variando oportunamente estos dos factores (y con un SIG) podríamos obtener “objetivamente” territorios muy distintos respecto a determinadas variables. Literalmente nos inventamos los territorios. Y si esto se puede hacer “objetivamente” ¡qué no se conseguirá cuando se trabaja con elementos subjetivos como las emociones, el miedo o el misterio!
En los primeros días de curso cuando el equipo me planteó lo que tenía en mente estuve a punto de decirles que abandonaran, que caminar sobre la delgada línea que separa el “montaje sobre nada” del “montaje para colorear o destacar determinado elemento existente” (pero muchas veces soterrado) en ese territorio o en esa cultura, es complicado. Pero luego lo pensé mejor y decidí animarles a que lo hicieran. Las posibilidades de confrontación que imaginaba en el proyecto y el interés que, probablemente, iba a suscitar superaban ampliamente los peligros que veía. Luego las cosas se torcieron y no pude seguir con la tutela del proyecto. En la exposición final, a la que sí pude asistir, el equipo destacó que, a pesar de sus reducidos y rudimentarios medios, la “propagación viral” había sido un éxito. Por desgracia toda la discusión se centró en esta cuestión (por otra parte de gran interés) y no en la ética de un montaje basado en una mentira. La verdad es que no hubo casi tiempo para hacerlo y por eso he traído hoy aquí este tema.
Al empezar a escribir he recordado una anécdota que nos contó Antonio Elizalde este verano en Chile. Un pueblo de Latinoamérica (no voy a decir ni tan siquiera el país y maquillaré un poco la historia para que no se reconozca) iba consiguiendo salir de la pobreza gracias a un territorio extraordinario y al turismo. Pero resulta que hicieron una autopista que lo dejaba prácticamente incomunicado. Los turistas dejaron de ir debido a la incomodidad que suponía el acceso y el incipiente desarrollo empezó a caer en picado. Entonces “alguien” decidió convertir al tonto del pueblo en un santo. La cosa funcionó porque la gente empezó a considerar al pueblo como objetivo a visitar (en realidad iban a ver al santo que pronto empezó a hacer milagros) y aquello remontó. Ante la afluencia de gente las autoridades no tuvieron más remedio que hacer accesos adecuados y el turismo basado en el territorio (no en el santo) empezó a recuperarse. Todo absolutamente verídico excepto algunos detalles que he cambiado. La historia no es exacta a la del “Guadalix desconocido” pero ambas se basan en un montaje falso.

Cuando intento hacer comprender a mis alumnos que la intervención sobre el territorio puede ser estrictamente mental sin mover un árbol o una piedra siempre parto del hecho de considerar que dicha intervención necesita de una base real que, de alguna forma, se destaca, se enmarca, se colorea mediante una forma de ver distinta. En realidad eso es lo que hace el artista, decirle al común de los mortales: esta piedra también se puede ver de esta forma y al hacerlo así me produce una emoción especial que espero también te la produzca a ti. El engaño no existe ya que la piedra existe y la emoción que le produce al artista también (se supone). El que luego, a los demás, también nos produzca esa emoción se puede deber a muchas cosas: empatía con el artista, mimetismo social, sugestión publicitaria, emoción verdadera, etc. El siguiente paso es, sencillamente, quitar la piedra. Ahora sólo está el lugar y la historia del artista. Es el caso de tanto sitios que se visitan porque se trata de lugares donde se desarrolla la acción de una novela o de una película. La emoción no está en el sitio sino en la novela o la película. Y ese sitio nunca sería objeto de atención sino existiera esa historia inventada. Hasta aquí nada parece rechinar. El último paso consiste en decir que allí existe una piedra aunque, en realidad, no haya ninguna piedra. Es el caso de “Guadalix desconocido” o la historia de Antonio Elizalde. Parece que aquí si se ha traspasado un límite. Que éticamente sea más o menos reprobable dependerá de la ética de cada uno, de la finalidad que se persiga y de la magnitud del engaño. Para algunos de nosotros, sea cual sea la finalidad que se persiga y la magnitud del engaño, se trata siempre de una actuación inadecuada.

La diferencia, a veces demasiado sutil, entre destacar valores (ya existentes o creados) o inventárselos, la traspasan demasiadas veces las técnicas publicitarias y de marketing sea para vender una ciudad, un edificio, un cepillo de dientes, o un lugar turístico. Pienso que el trabajo que he comentado hoy, independientemente de otros aspectos académicos cuyo análisis correspondería a Ester Higueras, tiene la virtud de poner sobre la mesa un problema que se va agudizando cada vez más en nuestra sociedad: una tendencia imparable a confundir los hechos reales con fantasías. Una prueba evidente de que el síndrome de Peter Pan no afecta ya solamente a nuestra juventud (que va retrasando año tras año el tránsito de la adolescencia a la madurez) sino a la sociedad entera que no está dispuesta a reconocer los verdaderos problemas a los que ha de enfrentarse (cambio climático, consumismo, etc.) y que se distrae con banalidades propias de la fantasía social. Y es que las técnicas de manipulación de la realidad han llegado a tal sofisticación que, muchas veces, es complicado discernir si mis emociones son verdaderamente mías o corresponden a decisiones tomadas en lejanos despachos de psicólogos y publicistas.

Aquella frase que el equipo de “Guadalix desconocido” no ha tenido ningún problema en escribir en la memoria del trabajo (“Nuestra intervención está planeada principalmente sobre la opción de condicionar, orientar y manipular la voluntad del turista…”) no siempre se reconoce con igual sinceridad en otras instancias. Espero que ahora se entienda algo más mi preocupación porque los alumnos puedan llegar a deducir que todo vale. En cualquier caso considero la experiencia interesante y no solo por lo que se haya podido divertir el equipo sino porque, probablemente, la mejor forma de estar prevenido ante las manipulaciones es haber manipulado previamente. Eso sí, de forma experimental, en un contexto académico y siendo conscientes de su significado.
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